Fotos que tomamos mi esposa y yo, tratando de darle un toque erotico
Total libertad para comentar lo que quieran
Espero sean de vuestro agrado
http://www.poringa.net/posts/imagenes/5909834/Erotismo-en-B-N---01.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/5930158/Erotismo-en-B-N---02.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/5962854/Erotismo-en-B-N---03.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/5981636/Erotismo-en-B-N---04.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/5997767/Erotismo-en-B-N---05.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/6004665/Erotismo-en-B-N---06.html
dulces.placeres@live.com
UN MORENO EN MI CUARTO
Me había recibido muy joven y había empezado a trabajar como pasante, al lado de un tipo de años de experiencia que estaba a punto de retirarse
Era para mi una vocación estar dando soporte a chicos menores de edad que estaban ahí porque la vida los había abandonado, ladronzuelos tirados a su suerte donde el futuro para ellos era solo negro
Muchos caían en la drogadicción, muchos reincidían una y otra vez, y algunos terminaban en el suicidio, era muy duro ver a peques que pensaban, hablaban y actuaban como adultos.
Mi tarea de psicopedagoga era tratar de abrirles un arcoíris de colores a su futuro, una puerta de escape, una idea por la cual luchar
Entendí a la perfección que a mis cortos veinte años había sido una afortunada por todo lo que tenía, mis padres que me amaban, me daban techo, comida, y lo más importante, amor
Me tomaba mis tiempos para pensar sobre ello generalmente por las noches, antes de conciliar el sueño.
Mi cuarto estaba en la planta alta en un viejo caserón, y en esa soledad, me sentía en los momentos para encontrarme conmigo misma, me gustaba dejar las hojas del ventanal abiertas para que ingresara el fresco de la noche, para mirar desde mi cama un cielo de estrellas, y para que la luz de la luna me acariciara el rostro antes de conciliar el sueño
Al día siguiente, al regresar al correccional todo se ponía patas arriba y era un volver a empezar
Carlos Ordoñez, el tipo al que yo secundaba, renunció de una día para otro, no se, le había saltado un tornillo y quería hacer algo totalmente diferente
Así me llamaron y me dijeron que quedaría al frente, como titular y responsable, al menos esa era la idea si es que desde el ministerio no decidían llamar a otra persona
Tomé el desafío, mi padre en especial me decía que estaba loca, que lo pensara, que era joven y no entendía como me gustaba lidiar con problemas ajenos, es que para él, siempre sería su niña, y no podía verme como una mujer que ya se las arreglaba por sí misma
Le hice ver que era una oportunidad, que no importara si era por un corto tiempo, estaba haciendo lo que me gustaba hacer y solo todo estaba bien
Empecé a hacer las cosas a mi manera, charlas con chicos y chicas sin futuro, historias desgarradoras y entre tantos casos, había uno en particular, el de José Tamayo
José tenía dieciséis en esos días, yo era poco mayor, pero parecíamos de mundos diferentes
José era alto, incluso más alto que yo a pesar de su edad, era flacucho en evidencia que nunca había estado bien alimentado, su piel era oscura, morena, de cabellos retorcidos, donde resaltaban dos ojazos verdes que quien sabe de donde habían salido, lo apodaban 'el tripa', por el famoso tamaño de su pene según decían
José no tenía familia, se cansaron de aprenderlo por robar baratijas y al final de la historia un juez lo había encerrado ahí hasta su mayoría de edad
Compartíamos muchas charlas, como con el resto de los chicos, aprendí de todos sus problemas, sus carencias, y trataba de sacarlo a flote, pero José parecía resignado a que no había futuro para él
Y José no era de mucho hablar, solo parecía ser recurrente con un tema que nada tenía que ver, el parecía haberse obsesionado conmigo, me miraba con ojos de lobo, me decía lo bonita que era, a decir verdad, en su mundo, en su lenguaje, era obsceno, sus palabras normales iban por 'el culo' o 'las tetas' que yo tenía, y aunque yo intentara corregir su vocabulario y le hiciera notar que eso estaba mal, José parecía marcado por la vida
Sabía qué no tenía mucho tiempo con él, llegada su mayoría de edad sería puesto en libertad inmediatamente, no habrían ya mas motivos por retenerlo a la sombra en un sitio para menores
A José lo podían las tontas películas de super héroes, tal vez fuera la única manera de mantener a ese chico tranquilo. Inspirado por esas aventuras se hizo un poco adicto al gimnasio del lugar y en corto tiempo, el flacucho se transformó en un hombrecito musculoso muy atrayente, y sus ojos claros harían tropezar a cualquier chica, incluso a su psicopedagoga
A pesar de ser de mundos diferentes, mientras más se acercaba el momento de su mayoría de edad, más parecíamos estar en sintonía
Me inquietaba adivinar el futuro de ese joven una vez que estuviera en libertad y trataba de enfocarlo en eso, en cada charla, pero él solo me miraba como a su presa, me decía cuan bonita era, claro, en su lenguaje, lo sorprendía mirando lascivamente mis curvas, cosa que no le daba pudor y confieso que cada tanto me sorprendía a mi misma observándolo ya como a un hombre
José me decía en voz baja, que una vez afuera, me buscaría, me encontraría, y me cogería toda, que solo esperara, que no podría evitarlo
Solo me reía de sus locas palabras con un dejo de oculta excitación por solo imaginar la escena
Llegaría el día de su partida, se firmaron todos los papeles e hicimos una humilde cena de despedida con una rica torta, como hacíamos con todos los chicos que de alguna manera volvían a la vida
Y José se transformaría en un lindo recuerdo con el que alguna vez había fantaseado
Pasarían un par de años más, en esos días estaba ya de novia con Ricardo, un joven arquitecto quien hoy en día es mi esposo, y aunque todavía vivía en casa de mis padres, estábamos en planes de convivencia
Y esa tarde no sería una tarde más, eran los primeros días de primavera y con dos amigas había ido a merendar a un bar del macrocentro, que estaba muy de moda, no había mucha gente y nos mostrábamos distendidas en una charla de chicas, cuando de la nada irrumpieron tres muchachos con el rostro cubierto y empuñando armas empezaron a amedrentar a los clientes
Se los veía nerviosos, sabiendo que el tiempo les jugaba en contra, gritaron un poco y amenazaron otro tanto, gritamos asustadas, como la mayoría de los casuales clientes y solo fueron por las distintas mesas a recoger todo lo que pudieran
Y sucedería lo impensado, el que al azar vino a nuestra mesa recogiendo celulares, dinero y alhajas, pareció congelarse al verme, por unos pocos segundos, un moreno musculoso, con una capucha en donde resaltaban dos enormes ojos verdes, esos ojos que tan bien conocía, creo que el mundo se detuvo en un suspiro y pasado ese shock del momento, Juan tomó un collar que llevaba en mi cuello y me lo arrebató
Pronto uno de los otros dos tipos dio la voz de partida y como había llegado se habían ido
No había salido del estupor, aun temblaba cuando llegó la policía para tomarnos declaración de lo que había sucedido y cuando todo terminó, nos dijimos de terminar la reunión de amigas, ya se había arruinado el encuentro y mejor dejar para otra ocasión
Tomé el ómnibus de regreso a casa, y en el viaje repasé todo lo ocurrido, me dolía haber perdido ese collar y mi celular, pero más me dolía asumir mi fracaso profesional con José, había fallado a pesar de todos mis intentos y José... José estaba en el camino equivocado, y es que sentía un apego especial, como un imán, sus ojos verdes parecían un faro de perdición
Me bajé del ómnibus cuando ya caía la noche, caminé las tres cuadras hasta casa, y cuando iba a ingresar alguien que me había seguido con la sigila de un gato dijo
Martina...
Me sobressaltei, virei e era ele, José, alto, musculoso, com o olhar esquivo disse balbuciando:
— Sinto muito, com você não consigo...
Ao mesmo tempo me devolvia o celular e o colar.
— O que você está fazendo da sua vida, José? Está louco? E todas nossas conversas?
As palavras engasgavam em questionamentos infrutíferos, ele apenas encolheu os ombros e disse:
— Sou um caso perdido...
José respirou fundo, ergueu o olhar e deu uma olhada ao redor.
— Sua casa? — perguntou olhando para ela — muito bonita...
Assenti, enquanto ele agora olhando com atenção para a janela do andar superior inquiriu:
— Seu quarto? Esse é o quarto do qual você me contava?
Assenti novamente com a cabeça, José passou a mão pelo meu rosto com ternura.
— Cuide-se... — me disse.
— Você é quem tem que se cuidar! — respondi com ênfase.
— Eu? Eu estou jogado...
Apenas girou sobre si mesmo e foi embora caminhando, fiquei olhando até perdê-lo de vista.
Contaria aos meus pais e ao Ricardo, futuro marido, apenas parte da história, a do roubo, a do bar, o da polícia e não muito mais, José era um segredo meu e assim ficaria. Só confessaria em confidência com a Sandra, uma das duas amigas daquela tarde depois de obter sua promessa de silêncio absoluto.
Ela me dizia que eu estava louca, que devia denunciá-lo e que se não o fazia era porque aquele homem 'me pegava' demais, mais do que estava disposta a admitir. E certamente talvez fosse verdade, não sei, a sensação era impossível de descrever...
Dois de outubro, era uma noite de calor, apenas uma brisa do oeste ajudava a baixar a temperatura da selva de concreto, não vinha num bom dia, problemas no trabalho, tinha discutido por bobagens com o Ricardo e por cima, na hora do jantar encontraria meus pais distanciados, eles também tinham discutido e estavam numa noite de cão e gato.
Papá só olhava a televisão mastigando em silêncio, enquanto mamãe só perdia tempo com o celular no meio de uma... Uma calma tensa que anunciava uma tempestade enorme.
Me senti uma testemunha desconfortável de uma situação que não era minha, já que estava grandinha demais para aqueles barulhos, respirei fundo e disse a mim mesma que era hora de buscar meu futuro fora da casa dos meus pais.
Juntei minhas coisas, mamãe disse que lavaria, que eu não me preocupasse, dei tchau e fui para o andar de cima.
Ia tomar um banho morno, minha cabeça doía um pouco e eu estava meio inchada, precisava relaxar. Depois fui pro quarto, coloquei um fio-dental vermelho que peguei aleatoriamente e uma camiseta curta pra dormir, como fazia toda noite. Abri a janela grande e abri as cortinas, senti a brisa fresca no meu rosto, o céu estava estrelado e a lua quase cheia parecia querer invadir meu quarto.
Fui pra cama perder tempo com meu celular, depois me deitei, apaguei as luzes e só senti a melodia dos grilos enquanto a lua não parava de me espiar. Tentei me masturbar, mas não deu certo, não estava inspirada e em algum ponto só adormeci num sono profundo.
Uma mão me surpreendeu tapando minha boca pra eu não gritar, me assustei e o coração pareceu sair do peito. Uma voz conhecida sussurrou no meu ouvido:
— Oi Martina, vou tirar a mão da sua boca, sou eu, não grita por favor...
Ele me soltou devagar, e eu respondi no mesmo sussurro enquanto tentava acender a luz do abajur:
— José? Você tá louco de pedra? O que você tá fazendo?
— Lembra daqueles dias em que eu era garoto e ficava louco com sua bunda e seus peitos... as punhetas que eu bati por sua causa...
— Mas José...
— Ahhh, não sabia como parar essa locomotiva, e não queria que parasse...
José apagou a luz de novo e se acomodou na minha cama, e eu não resisti, é que não queria resistir. Deixei que ele me dominasse, me colocou de bruços no colchão e veio por cima de mim, senti seus quase cem quilos de puro homem no meu corpo. Começou a beijar minha nuca e pescoço, também apertava meus peitos entre o colchão e a camiseta, e claro, esfregava gostoso o pau dele na minha... O pau duro sobre minhas nádegas
Inconscientemente, eu gemia enquanto empinava minha bunda para que a fricção fosse mais profunda. Passei uma mão por trás para acariciá-lo e lembrei que o apelidavam de 'o Barriga' – ele tinha um pau terrivelmente sedutor.
"Vai logo – apressei – ou você veio só pra me deixar com tesão?"
"Sabia que tipo de vadia você era..." – respondeu enquanto tentava tirar a calcinha do meio da minha raba – "Vou fazer você engolir meu pau todinho..."
E assim ele enfiou completamente, arrancando um gemido quando bateu no fundo da minha boceta. Começou a me foder com toda a vontade acumulada, parecia tão gostoso, e mais e mais... Ele não estava de camisinha, e eu sentia o sexo pele a pele dentro de mim, tão perigoso quanto excitante. A cama rangia a cada embate, perdi a sanidade, a noção... Ele apertava meu pescoço, me asfixiava, e então gozou dentro. Foi perfeito.
"Como seus gritos me deixaram com tesão!" – exclamou José.
"Gritei? Que gritos?" – perguntei confusa, sem consciência de ter feito isso.
As batidas na porta do quarto nos colocaram em alerta: era meu pai.
"Martu, Martu! Tá tudo bem? Que barulhos são esses?"
Queria morrer, envolta em vergonha. José se levantou silenciosamente e ficou atrás da porta. Eu abri só um pouco, só para ele ver meu rosto fingindo sono, mas impedindo que entrasse.
"Com sua mãe ouvimos barulhos e nos preocupamos..."
Ele esticava o pescoço sobre o meu, como querendo ver além do que podia.
"Tudo bem, pai..." – respondi – "Tava vendo TV, mas já é tarde. Vamos dormir que amanhã tenho um dia complicado."
"Que descanse" – respondeu, voltando para o quarto com mais dúvidas que certezas.
Mal fechei a porta, José pegou minha mão para que eu o acariciasse.
"Chega, José! Foi por pouco, não seja burro..."
Mas José, abusando da força, me levou de joelhos no chão, apoiada contra a mesma porta. Pegou seu pau e enfiou entre meus lábios – não pude detê-lo, só... chupar muito gostoso, para comprovar que ele tinha um pau grande demais para minha boca pequena, e chupei e acariciei e a cabeça do pau dele estava úmida e quente na minha língua.
Ele tirou minha camiseta e voltou a apalpar meus peitos sob a luz da lua, foi muito gostoso, e quando ele gozou pela segunda vez, foi no meu rosto e nos meus seios, ahhh! foi muito quente!
Peguei a camisinha para me limpar, além do sêmen da minha buceta já ter escorrido pelas minhas pernas e eu estava toda melada, José se acomodou e sussurrou para mim:
— Você deveria colocar grades nessa varanda, tem muito maluco solto por aí...
E simplesmente desapareceu.
O quarto tinha ficado impregnado com o perfume dele, e agora sim, precisei me masturbar para conseguir pegar no sono.
Os dias continuariam passando e o mundo não pararia de girar, aquela noite, o que aconteceu no meu quarto ficaria num segredo inconfessável, nem meus pais, nem meu namorado, nem mesmo minhas amigas mais íntimas.
José se transformaria naquele amor proibido, todas as noites eu deixava as portas da varanda abertas, mesmo com frio, mesmo com chuva, caso ele resolvesse voltar, mas noite após noite eu comprovava que ele não retornaria e pouco a pouco a chama da ilusão foi se apagando.
Segui minha vida, meu emprego, Ricardo e eu decidimos nos mudar para um apartamento próprio e as portas indiscretas se fecharam para nunca mais se abrirem.
Fiquei sabendo do triste final de José Tamayo numa manhã como qualquer outra, tinha ocorrido uma rebelião num reformatório, os presos exigiam melhorias nas suas condições e incendiaram os colchões em protesto.
As coisas fugiram do controle e a notícia nos meios de comunicação seria a morte de quatro detentos, nunca ficou claro se foi pelo fogo, por asfixia, ou por confronto com os guardas, ou entre os próprios presos, só soube que meu anjo tinha caído, um final previsível para um garoto isolado do mundo.
Hoje me lembro dele com um gosto amargo na boca, não sei, um fracasso profissional já que nunca consegui... corrigir seu destino, um amor que não foi, porque ninguém me comeu como ele fez naquela noite Se você gostou dessa história, pode me escrever com o assunto UM MORENO NO MEU QUARTO para dulces.placeres@live.com
Total libertad para comentar lo que quieran
Espero sean de vuestro agrado
http://www.poringa.net/posts/imagenes/5909834/Erotismo-en-B-N---01.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/5930158/Erotismo-en-B-N---02.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/5962854/Erotismo-en-B-N---03.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/5981636/Erotismo-en-B-N---04.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/5997767/Erotismo-en-B-N---05.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/6004665/Erotismo-en-B-N---06.html
dulces.placeres@live.com
UN MORENO EN MI CUARTO
Me había recibido muy joven y había empezado a trabajar como pasante, al lado de un tipo de años de experiencia que estaba a punto de retirarse
Era para mi una vocación estar dando soporte a chicos menores de edad que estaban ahí porque la vida los había abandonado, ladronzuelos tirados a su suerte donde el futuro para ellos era solo negro
Muchos caían en la drogadicción, muchos reincidían una y otra vez, y algunos terminaban en el suicidio, era muy duro ver a peques que pensaban, hablaban y actuaban como adultos.
Mi tarea de psicopedagoga era tratar de abrirles un arcoíris de colores a su futuro, una puerta de escape, una idea por la cual luchar
Entendí a la perfección que a mis cortos veinte años había sido una afortunada por todo lo que tenía, mis padres que me amaban, me daban techo, comida, y lo más importante, amor
Me tomaba mis tiempos para pensar sobre ello generalmente por las noches, antes de conciliar el sueño.
Mi cuarto estaba en la planta alta en un viejo caserón, y en esa soledad, me sentía en los momentos para encontrarme conmigo misma, me gustaba dejar las hojas del ventanal abiertas para que ingresara el fresco de la noche, para mirar desde mi cama un cielo de estrellas, y para que la luz de la luna me acariciara el rostro antes de conciliar el sueño
Al día siguiente, al regresar al correccional todo se ponía patas arriba y era un volver a empezar
Carlos Ordoñez, el tipo al que yo secundaba, renunció de una día para otro, no se, le había saltado un tornillo y quería hacer algo totalmente diferente
Así me llamaron y me dijeron que quedaría al frente, como titular y responsable, al menos esa era la idea si es que desde el ministerio no decidían llamar a otra persona
Tomé el desafío, mi padre en especial me decía que estaba loca, que lo pensara, que era joven y no entendía como me gustaba lidiar con problemas ajenos, es que para él, siempre sería su niña, y no podía verme como una mujer que ya se las arreglaba por sí misma
Le hice ver que era una oportunidad, que no importara si era por un corto tiempo, estaba haciendo lo que me gustaba hacer y solo todo estaba bien
Empecé a hacer las cosas a mi manera, charlas con chicos y chicas sin futuro, historias desgarradoras y entre tantos casos, había uno en particular, el de José Tamayo
José tenía dieciséis en esos días, yo era poco mayor, pero parecíamos de mundos diferentes
José era alto, incluso más alto que yo a pesar de su edad, era flacucho en evidencia que nunca había estado bien alimentado, su piel era oscura, morena, de cabellos retorcidos, donde resaltaban dos ojazos verdes que quien sabe de donde habían salido, lo apodaban 'el tripa', por el famoso tamaño de su pene según decían
José no tenía familia, se cansaron de aprenderlo por robar baratijas y al final de la historia un juez lo había encerrado ahí hasta su mayoría de edad
Compartíamos muchas charlas, como con el resto de los chicos, aprendí de todos sus problemas, sus carencias, y trataba de sacarlo a flote, pero José parecía resignado a que no había futuro para él
Y José no era de mucho hablar, solo parecía ser recurrente con un tema que nada tenía que ver, el parecía haberse obsesionado conmigo, me miraba con ojos de lobo, me decía lo bonita que era, a decir verdad, en su mundo, en su lenguaje, era obsceno, sus palabras normales iban por 'el culo' o 'las tetas' que yo tenía, y aunque yo intentara corregir su vocabulario y le hiciera notar que eso estaba mal, José parecía marcado por la vida
Sabía qué no tenía mucho tiempo con él, llegada su mayoría de edad sería puesto en libertad inmediatamente, no habrían ya mas motivos por retenerlo a la sombra en un sitio para menores
A José lo podían las tontas películas de super héroes, tal vez fuera la única manera de mantener a ese chico tranquilo. Inspirado por esas aventuras se hizo un poco adicto al gimnasio del lugar y en corto tiempo, el flacucho se transformó en un hombrecito musculoso muy atrayente, y sus ojos claros harían tropezar a cualquier chica, incluso a su psicopedagoga
A pesar de ser de mundos diferentes, mientras más se acercaba el momento de su mayoría de edad, más parecíamos estar en sintonía
Me inquietaba adivinar el futuro de ese joven una vez que estuviera en libertad y trataba de enfocarlo en eso, en cada charla, pero él solo me miraba como a su presa, me decía cuan bonita era, claro, en su lenguaje, lo sorprendía mirando lascivamente mis curvas, cosa que no le daba pudor y confieso que cada tanto me sorprendía a mi misma observándolo ya como a un hombre
José me decía en voz baja, que una vez afuera, me buscaría, me encontraría, y me cogería toda, que solo esperara, que no podría evitarlo
Solo me reía de sus locas palabras con un dejo de oculta excitación por solo imaginar la escena
Llegaría el día de su partida, se firmaron todos los papeles e hicimos una humilde cena de despedida con una rica torta, como hacíamos con todos los chicos que de alguna manera volvían a la vida
Y José se transformaría en un lindo recuerdo con el que alguna vez había fantaseado
Pasarían un par de años más, en esos días estaba ya de novia con Ricardo, un joven arquitecto quien hoy en día es mi esposo, y aunque todavía vivía en casa de mis padres, estábamos en planes de convivencia
Y esa tarde no sería una tarde más, eran los primeros días de primavera y con dos amigas había ido a merendar a un bar del macrocentro, que estaba muy de moda, no había mucha gente y nos mostrábamos distendidas en una charla de chicas, cuando de la nada irrumpieron tres muchachos con el rostro cubierto y empuñando armas empezaron a amedrentar a los clientes
Se los veía nerviosos, sabiendo que el tiempo les jugaba en contra, gritaron un poco y amenazaron otro tanto, gritamos asustadas, como la mayoría de los casuales clientes y solo fueron por las distintas mesas a recoger todo lo que pudieran
Y sucedería lo impensado, el que al azar vino a nuestra mesa recogiendo celulares, dinero y alhajas, pareció congelarse al verme, por unos pocos segundos, un moreno musculoso, con una capucha en donde resaltaban dos enormes ojos verdes, esos ojos que tan bien conocía, creo que el mundo se detuvo en un suspiro y pasado ese shock del momento, Juan tomó un collar que llevaba en mi cuello y me lo arrebató
Pronto uno de los otros dos tipos dio la voz de partida y como había llegado se habían ido
No había salido del estupor, aun temblaba cuando llegó la policía para tomarnos declaración de lo que había sucedido y cuando todo terminó, nos dijimos de terminar la reunión de amigas, ya se había arruinado el encuentro y mejor dejar para otra ocasión
Tomé el ómnibus de regreso a casa, y en el viaje repasé todo lo ocurrido, me dolía haber perdido ese collar y mi celular, pero más me dolía asumir mi fracaso profesional con José, había fallado a pesar de todos mis intentos y José... José estaba en el camino equivocado, y es que sentía un apego especial, como un imán, sus ojos verdes parecían un faro de perdición
Me bajé del ómnibus cuando ya caía la noche, caminé las tres cuadras hasta casa, y cuando iba a ingresar alguien que me había seguido con la sigila de un gato dijo
Martina...Me sobressaltei, virei e era ele, José, alto, musculoso, com o olhar esquivo disse balbuciando:
— Sinto muito, com você não consigo...
Ao mesmo tempo me devolvia o celular e o colar.
— O que você está fazendo da sua vida, José? Está louco? E todas nossas conversas?
As palavras engasgavam em questionamentos infrutíferos, ele apenas encolheu os ombros e disse:
— Sou um caso perdido...
José respirou fundo, ergueu o olhar e deu uma olhada ao redor.
— Sua casa? — perguntou olhando para ela — muito bonita...
Assenti, enquanto ele agora olhando com atenção para a janela do andar superior inquiriu:
— Seu quarto? Esse é o quarto do qual você me contava?
Assenti novamente com a cabeça, José passou a mão pelo meu rosto com ternura.
— Cuide-se... — me disse.
— Você é quem tem que se cuidar! — respondi com ênfase.
— Eu? Eu estou jogado...
Apenas girou sobre si mesmo e foi embora caminhando, fiquei olhando até perdê-lo de vista.
Contaria aos meus pais e ao Ricardo, futuro marido, apenas parte da história, a do roubo, a do bar, o da polícia e não muito mais, José era um segredo meu e assim ficaria. Só confessaria em confidência com a Sandra, uma das duas amigas daquela tarde depois de obter sua promessa de silêncio absoluto.
Ela me dizia que eu estava louca, que devia denunciá-lo e que se não o fazia era porque aquele homem 'me pegava' demais, mais do que estava disposta a admitir. E certamente talvez fosse verdade, não sei, a sensação era impossível de descrever...
Dois de outubro, era uma noite de calor, apenas uma brisa do oeste ajudava a baixar a temperatura da selva de concreto, não vinha num bom dia, problemas no trabalho, tinha discutido por bobagens com o Ricardo e por cima, na hora do jantar encontraria meus pais distanciados, eles também tinham discutido e estavam numa noite de cão e gato.
Papá só olhava a televisão mastigando em silêncio, enquanto mamãe só perdia tempo com o celular no meio de uma... Uma calma tensa que anunciava uma tempestade enorme.
Me senti uma testemunha desconfortável de uma situação que não era minha, já que estava grandinha demais para aqueles barulhos, respirei fundo e disse a mim mesma que era hora de buscar meu futuro fora da casa dos meus pais.
Juntei minhas coisas, mamãe disse que lavaria, que eu não me preocupasse, dei tchau e fui para o andar de cima.
Ia tomar um banho morno, minha cabeça doía um pouco e eu estava meio inchada, precisava relaxar. Depois fui pro quarto, coloquei um fio-dental vermelho que peguei aleatoriamente e uma camiseta curta pra dormir, como fazia toda noite. Abri a janela grande e abri as cortinas, senti a brisa fresca no meu rosto, o céu estava estrelado e a lua quase cheia parecia querer invadir meu quarto.
Fui pra cama perder tempo com meu celular, depois me deitei, apaguei as luzes e só senti a melodia dos grilos enquanto a lua não parava de me espiar. Tentei me masturbar, mas não deu certo, não estava inspirada e em algum ponto só adormeci num sono profundo.
Uma mão me surpreendeu tapando minha boca pra eu não gritar, me assustei e o coração pareceu sair do peito. Uma voz conhecida sussurrou no meu ouvido:
— Oi Martina, vou tirar a mão da sua boca, sou eu, não grita por favor...
Ele me soltou devagar, e eu respondi no mesmo sussurro enquanto tentava acender a luz do abajur:
— José? Você tá louco de pedra? O que você tá fazendo?
— Lembra daqueles dias em que eu era garoto e ficava louco com sua bunda e seus peitos... as punhetas que eu bati por sua causa...
— Mas José...
— Ahhh, não sabia como parar essa locomotiva, e não queria que parasse...
José apagou a luz de novo e se acomodou na minha cama, e eu não resisti, é que não queria resistir. Deixei que ele me dominasse, me colocou de bruços no colchão e veio por cima de mim, senti seus quase cem quilos de puro homem no meu corpo. Começou a beijar minha nuca e pescoço, também apertava meus peitos entre o colchão e a camiseta, e claro, esfregava gostoso o pau dele na minha... O pau duro sobre minhas nádegas
Inconscientemente, eu gemia enquanto empinava minha bunda para que a fricção fosse mais profunda. Passei uma mão por trás para acariciá-lo e lembrei que o apelidavam de 'o Barriga' – ele tinha um pau terrivelmente sedutor.
"Vai logo – apressei – ou você veio só pra me deixar com tesão?"
"Sabia que tipo de vadia você era..." – respondeu enquanto tentava tirar a calcinha do meio da minha raba – "Vou fazer você engolir meu pau todinho..."
E assim ele enfiou completamente, arrancando um gemido quando bateu no fundo da minha boceta. Começou a me foder com toda a vontade acumulada, parecia tão gostoso, e mais e mais... Ele não estava de camisinha, e eu sentia o sexo pele a pele dentro de mim, tão perigoso quanto excitante. A cama rangia a cada embate, perdi a sanidade, a noção... Ele apertava meu pescoço, me asfixiava, e então gozou dentro. Foi perfeito.
"Como seus gritos me deixaram com tesão!" – exclamou José.
"Gritei? Que gritos?" – perguntei confusa, sem consciência de ter feito isso.
As batidas na porta do quarto nos colocaram em alerta: era meu pai.
"Martu, Martu! Tá tudo bem? Que barulhos são esses?"
Queria morrer, envolta em vergonha. José se levantou silenciosamente e ficou atrás da porta. Eu abri só um pouco, só para ele ver meu rosto fingindo sono, mas impedindo que entrasse.
"Com sua mãe ouvimos barulhos e nos preocupamos..."
Ele esticava o pescoço sobre o meu, como querendo ver além do que podia.
"Tudo bem, pai..." – respondi – "Tava vendo TV, mas já é tarde. Vamos dormir que amanhã tenho um dia complicado."
"Que descanse" – respondeu, voltando para o quarto com mais dúvidas que certezas.
Mal fechei a porta, José pegou minha mão para que eu o acariciasse.
"Chega, José! Foi por pouco, não seja burro..."
Mas José, abusando da força, me levou de joelhos no chão, apoiada contra a mesma porta. Pegou seu pau e enfiou entre meus lábios – não pude detê-lo, só... chupar muito gostoso, para comprovar que ele tinha um pau grande demais para minha boca pequena, e chupei e acariciei e a cabeça do pau dele estava úmida e quente na minha língua.
Ele tirou minha camiseta e voltou a apalpar meus peitos sob a luz da lua, foi muito gostoso, e quando ele gozou pela segunda vez, foi no meu rosto e nos meus seios, ahhh! foi muito quente!
Peguei a camisinha para me limpar, além do sêmen da minha buceta já ter escorrido pelas minhas pernas e eu estava toda melada, José se acomodou e sussurrou para mim:
— Você deveria colocar grades nessa varanda, tem muito maluco solto por aí...
E simplesmente desapareceu.
O quarto tinha ficado impregnado com o perfume dele, e agora sim, precisei me masturbar para conseguir pegar no sono.
Os dias continuariam passando e o mundo não pararia de girar, aquela noite, o que aconteceu no meu quarto ficaria num segredo inconfessável, nem meus pais, nem meu namorado, nem mesmo minhas amigas mais íntimas.
José se transformaria naquele amor proibido, todas as noites eu deixava as portas da varanda abertas, mesmo com frio, mesmo com chuva, caso ele resolvesse voltar, mas noite após noite eu comprovava que ele não retornaria e pouco a pouco a chama da ilusão foi se apagando.
Segui minha vida, meu emprego, Ricardo e eu decidimos nos mudar para um apartamento próprio e as portas indiscretas se fecharam para nunca mais se abrirem.
Fiquei sabendo do triste final de José Tamayo numa manhã como qualquer outra, tinha ocorrido uma rebelião num reformatório, os presos exigiam melhorias nas suas condições e incendiaram os colchões em protesto.
As coisas fugiram do controle e a notícia nos meios de comunicação seria a morte de quatro detentos, nunca ficou claro se foi pelo fogo, por asfixia, ou por confronto com os guardas, ou entre os próprios presos, só soube que meu anjo tinha caído, um final previsível para um garoto isolado do mundo.
Hoje me lembro dele com um gosto amargo na boca, não sei, um fracasso profissional já que nunca consegui... corrigir seu destino, um amor que não foi, porque ninguém me comeu como ele fez naquela noite Se você gostou dessa história, pode me escrever com o assunto UM MORENO NO MEU QUARTO para dulces.placeres@live.com
0 comentários - Un moreno en mi cuarto