Total libertad para comentar lo que quieran
Espero sean de vuestro agrado
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MI VIDA DESNUDA
A continuación leerán parte de mi vida, parte de mis gustos, parte de mi ser, espero sea de vuestro agrado… mi vida desnuda.
Desde pequeña fui desinhibida, en mi primera inocencia, recuerdo entre nebulosas los fines de semana, cuando acostumbrábamos a ir en familia a las orillas de un rio que atraviesa la ciudad, los días de verano se hacían demasiados calurosos, y mis padres, al igual que a mis hermanas, solo me ponían sandalias para que no me pinchara con la gramilla y la bombachita de la maya dejándonos con el torso descubierto.
Yo era muy feliz en esa situación, me veía igual que mis primos varones y en ese momento no entendía las conversaciones de los mayores, generalmente mi abuela solía increpar a mamá, diciendo que éramos ‘niñas’ y que no era bueno que no nos acostumbren a vestirnos como tales, mamá por su parte, argumentaba que ‘apenas éramos unas angelicales palomitas’, esas discusiones para mi sin sentido solían prolongarse toda la jornada.
Con el correr de los años, comprendí cual era el problema, o el reclamo de mi abuela, y cuando comencé a usar sostén, aunque no tuviera aun pechos desarrollados, añoré la libertad de la infancia.
Papá nos dejó cuando tenía siete años, nunca más lo vi, seguimos solas en el camino, con mamá y mis dos hermanas, una casa enorme para cuatro mujeres solas…
Mamá hacía lo mejor que podía, y en esos días de calor, sin ningún hombre en casa, era normal para nosotras andar solo en tanga, descalzas, sin siguiera un short, sin sostén, a pesar que ya tenía senos incipientes, pero si mamá era nuestro ejemplo y a ella no le molestaba…
La abuela aún vivía, y venía a cuidarnos a diario y en esas horas debíamos estar más acordes a lo que ella tenía como ideales femeninos, a pesar que nosotras éramos reacias a obedecerle, y todo terminaba como de costumbre, con discusiones sin sentido con mamá.
Y algo pasaba en mi cuando estaba semi desnuda, no sé cómo explicarlo, pero me sentía feliz, me sentía libre, me sentía poderosa, me sentía diosa…
En mi adolescencia soporté el dolor de perder a mi querida abuela, quien hasta último momento debatió el punto de las vestimentas con mamá, la abu era única… pero ya sin ella no hubo barreras para nuestras costumbres.
Mis tetas se desarrollaron más que la del resto, eran la envidia de mi hermana mayor, de la menor y hasta de mi propia madre.
Seré honesta, no soy muy alta, y presumo de ser muy bonita, un culo regordete y respingón, piernas torneadas, grandes pechos y cintura de ángel, eso es lo que suelen admirar los hombres en mí, aunque si me preguntan no dudaría decir que lo mejor que tengo es mi cabello largo y femenino.
Llegaría mi primera vez, me había enamorado del chico perfecto, al menos eso pensaba en ese momento, un compañero de colegio, dos cursos mayor que yo.
Éramos humildes estudiantes por lo que apenas juntábamos monedas y no podíamos darnos el lujo de pagar algún hotel alojamiento, por lo que nos rebuscábamos donde y como podíamos.
Mi lugar favorito? íbamos a una plazoleta a dos cuadras del colegio, a un costado tenía un intrincado complejo de árboles medianos al que llamábamos bosquecito, un lugar tranquilo y bastante reservado al que no iban muchas personas, en general, un sitio para amantes.
Marcos, ese era su nombre, era bastante precoz, él me decía que mi manera de ser lo calentaba demasiado y que no podía aguantarse, sin embargo los mejores orgasmos los tuve en ese bosquecito, era como una droga, rápido, con la posibilidad que nos estuvieran observando, en un espacio público, la locura, todo ese entorno era incluso más afrodisíaco que el mismo sexo que él me daba.
Siempre nos internábamos y empezábamos con los besos y las caricias que se hacían cada vez más profundas, más calientes, el metía las manos bajo mi camisa, bajo el sostén y me masajeaba las tetas por largo tiempo mientras yo hacía lo mismo con su paquete, al final el solo me giraba y me dejaba el culo para su lado, me levantaba la corta pollera de colegiala, me corría la tanga y me la metía toda, me cogía como enfurecido, a toda máquina.
Lo normal era que en ese momento ya estuviera apoyada contra un árbol, sacándole culo, acariciando mis tetas semidesnudas y mi clítoris hambriento, todo hasta sentirlo llenarme la argolla de leche.
Luego debía ir rápido a casa, toda chorreada, a lavarme y cambiarme puesto que en poco tiempo ya largaba un aroma nauseabundo producto de las mezclas de nuestros sexos…
Los años siguieron, Marcos fue historia, pasaron otros chicos, otros hombres, pero en todos buscaba un denominador común, el exhibicionismo, era más fuerte que yo y raramente me excitaba la intimidad de un cuarto.
A los diecinueve conocería al gran amor de mi vida, ya me había inclinado por las artes, me gustaba mucho la pintura, la música, lo clásico.
Lo conocí en un museo, ese fin de semana había una exposición de gente del lugar, estaba contemplado unas muestras fotográficas, retratos de mujeres, erótico, producciones muy cuidadas, en lugares públicos, me sentí identificada, creo que se detuvo el tiempo en ese momento, se mezclaba todo lo que yo era y sentía, exhibicionismo, arte, perfección, belleza…
Una voz a mis espaldas me sacó del letargo
-Qué opinas?
Un hombre entre treinta y cuarenta, (tenía en ese momento treinta y siete), perfectamente vestido, con ojos dulces y sonrisa seductora, de manos grandes y perfumado en demasía, su cabello engominado disimulaba algunas canas y su aspecto daba la impresión de una muy buena posición económica, el prosiguió ante mi falta de respuesta
-Yo las tomé, Federico Basiur, para servirte…
Apenas me presenté con una tímida sonrisa y el volvió a hablar
-Mientras miraba las fotos, yo te miraba a ti, eres perfecta y si quisieras podrías ser mi próxima obra de arte…
Ese fue el comienzo de nuestra relación en la que no abundaré en más detalles, lo que empezó como un contacto profesional terminó con el amor más grande que pudiera sentir por un hombre, hombre con el que compartiría los siguientes diez años de mi vida.
Si bien Federico era un solterón, demasiadas mujeres habían pasado por su lecho, las paredes de su loft decoradas con fotografías de su autoría, chicas eróticas sin llegar al porno, de la manera que un cazador que exhibe las cabezas de los animales cazados.
Obviamente yo no era la primera mujer para él, pero me juré en ese momento que intentaría ser la última. Cuando me mudé a su moderno loft, le hice sacar esas fotos y lo decoramos en un tono más familiar, un hogar, alejándolo de ese aspecto de ‘departamento de solteros’, quería que fuera solo mío y esas chicas en la pared me parecían humillantes hacia mi persona.
Al principio todo fue de maravillas, el me llevaba muchos años y con ello mucha experiencia, él tenía otra mirada del mundo, más serena, más calma, nos fuimos conociendo, Federico supo sacar provecho de mi locura por el exhibicionismo y me potenció en ello, me transformó en su única modelo tomándome miles de fotografías.
Poco a poco nuevos cuadros decoraron las paredes del loft, sus obras maestras, y yo su modelo. Y me sentía orgullosa de ello, no me incomodaba los que opinaran nuestras familias y me provocaba alguna risa íntima notar como algunos hombres, como mis cuñados o amigos de Federico parecían quedarse embobados viendo las fotos, como sin poder creer que la modelo estaba en el mismo lugar, en piel y hueso. (Ver nota a pie de página)
O dinheiro de vocês sobrava, então comecei a escrever romances, fiz uma tatuagem de uma pena na lateral da barriga em homenagem à minha profissão, do lado esquerdo, tinha voltado aos meus dias de juventude, em casa ficava só de fio dental, pelada, descalça, livre, as janelas enormes e translúcidas não me davam privacidade pro mundo exterior, e isso me excitava e o Federico geralmente acabava me comendo…
Eu era feliz, e meu homem começou também a me filmar, eu tinha virado o fetiche dele e eu ficava excitada por ser isso…
Tenho grandes momentos de loucura que lembro dos meus dias com o Federico
… a gente costumava ir pra praças públicas, geralmente eu ia sem calcinha, de minissaia, sentava num banco e ele começava a me fotografar, fotos artísticas, onde em algum ponto eu deixava minha buceta pelada à mostra, mas ele sempre queria que fosse ‘uma situação casual’, isso me dava um tesão especial, eu gostava, me aquecia…
… a gente ia num café quando o sol caía, naqueles entardeceres de verão, eu me vestia como uma advogada, ou uma contadora de sucesso, cabelo preso, óculos grandes, terno de corte italiano, sentava numa mesa fingindo trabalhar no meu notebook, e quando ninguém notava, e se notavam eu não ligava, um dos meus peitos ‘casualmente’ ficava pelado…
… várias filmagens no shopping, ele tinha me dado uma saia curta plissada que me lembrava os dias do colégio, curta demais, sem calcinha, e a gente fingia que não se conhecia, ele assumia o personagem de um visitante, daqueles que filmam tudo, e casualmente cruzava comigo, me filmando onde fosse, de pertinho, e o melhor era subir a escada rolante! Me sentir pelada, desprotegida e depois me ver na filmagem, ver minha nudez, ver o que os outros viam…
… ir jantar nos lugares mais caros e exóticos da cidade, pra gente do mais alto nível, gente que o Francisco odiava, mesmo tendo uma grana pra caralho Nunca esqueceu a pobreza extrema da infância dele. Sentar à mesa e me pedir pra entregar minha roupa íntima, e ele simplesmente deixá-la como um enfeite sobre a mesa, diante do olhar incrédulo dos garçons e garçonetes de plantão. Ainda guardo fotos minhas jantando à luz de velas, com bebidas finas e roupa íntima erótica ao lado…
… me deixar dirigir o cupê italiano dele, conversível, com os cabelos ao vento, o sol batendo no meu rosto, em alta velocidade, com estranhos nas laterais, o cinto de segurança atravessando perversamente meus peitos quase nus, com minhas pernas abertas e minha mão entre elas, me masturbando, enquanto ele só me filmava ou fotografava do banco do carona. Uma loucura perigosa, cheia de adrenalina…
Inevitavelmente, de um jeito ou de outro, tudo isso acabava em umas fodas do caralho, boquetes e até umas surubas, em lugares insólitos: banheiros públicos, becos escuros, cinemas, na praia, debaixo da chuva, onde você puder imaginar.
O sexo só dava lugar a mais sexo, e as fotos só refletiam nossos momentos…
Uns anos atrás, tudo começou a desandar entre nós. Minha carreira de escritora estava estagnada, num beco sem saída, e só o dinheiro do Francisco tornava possível eu editar e publicar, mas os resultados eram desastrosos, os números sempre terminavam no vermelho.
Eu tava chegando aos trinta e precisava ser mãe. Um sentimento que brotava do meu interior cada vez mais forte e me obrigava a cobrar isso cada vez mais alto, mas o Francisco pensava diferente. Entendi que não estava nos planos dele me dar um filho, e só a carreira dele o motivava. As fotos e meus nus públicos deixaram de ser excitantes; já me irritava posar pra alguém que parecia não me ouvir, e chegou o momento em que ele começou a procurar novas modelos.
Comecei a questionar meu relacionamento. Eu daria a vida pelo Francisco, mas será que ele realmente me amava? Ou eu era só a modelo perfeita dele? para suas obras perfeitas num tempo perfeito? Ele tinha se cansado de mim como se cansou de outras? Talvez dez anos de convivência fossem demais…
As discussões viraram moeda corrente, passávamos dias inteiros sem nem trocar uma palavra, sem olhar nos olhos, como cachorro e puta, eu me perguntava quanto tempo? quanto tempo isso ia durar? Não esperei pra descobrir, preferi largar ele antes que ele me largasse, numa manhã fria a gente se despediu, sem rancor, sem lamento, não teria segunda chance.
Isso aconteceu há dois anos já, dois longos anos em que tudo foi cinza, tudo foi triste, e eu chorei até as lágrimas que não tinha…
Mas minha vida tá mudando e eu começo a ver as cores da primavera de novo.
As mudanças começaram a fazer efeito, larguei a escrita e de repente comecei a pintar, enche minha alma e tenho que dizer que tô indo muito bem.
De novo encontrei o prazer de provocar com minha nudez, só que não faço pra ninguém, faço pra mim…
Pra terminar, há apenas uns meses aconteceu o seguinte…
Mamãe tá muito velha, mora sozinha, depois do meu término com Federico eu me sentia crescida demais pra voltar pra ela, já tinha meus caprichos, meus costumes, mas foi a primeira pessoa que veio na minha cabeça quando resolvi conhecer a Europa.
E a gente partiu as duas, um mês viajando, Itália, França, Inglaterra, Alemanha e claro, Espanha. Esses dias passam voando querendo conhecer demais em pouco tempo, sabia que provavelmente seria minha única chance, então me certifiquei de escolher com cuidado no menu de opções que eu tinha disponível.
Espanha é o lugar dos meus antepassados e foi onde a gente passou a maior parte do tempo, em especial vou guardar pra sempre a lembrança de Torimbia.
Torimbia se destaca por ser uma praia de nudismo, de areia branca bem fina, água transparente e muito fria, só dá pra chegar a pé por uma trilha. É uma das praias mais gostosas das Astúrias, por isso também é frequentada por quem não é nudista.
Um dia naquela praia de nudismo seria um sonho realizado pra mim. Aproveitei um dia de folga, já que a gente viajava sem parar e minha mãe preferiu ficar no hotel. Lembro que não sabia bem como agir, porque na Espanha pode ser algo muito natural, mas na Argentina é uma coisa que não existe.
Me depilei por completo, acho que mais no estilo latino do que no europeu, não me sentiria confortável nem gostosa com minha buceta toda peluda.
O lugar me pareceu o paraíso, e quando me despi por completo senti que estava nele. Ao contrário do que imaginava, cada um parecia seguir sua vida. Apesar de me saber uma mulher gostosa, me sentia estranha por ser só mais uma pessoa no meio da multidão…
Tudo aconteceria no fim da tarde. Eu estava meio entediada de ficar sozinha e fui caminhar, não tinha muito mais o que fazer. De repente, alguém que vinha por trás, que eu não tinha notado, pegou na minha mão. Me virei desconfiada e um pouco assustada. Um jovem de pele negra e brilhante, como a noite, musculoso, alto, de lábios grossos, destacando o brilho dos olhos e dos dentes, com cabelos na altura dos ombros arrumados em milhares de tranças fininhas. Ele começou a falar comigo, percebi que era francês, mas de francês não entendo uma palavra, só um inglês básico. Mas ele falava sem parar e eu não entendia nada, nadinha.
Como não conseguia entender, logo toda a conversa dele ficou monótona, e eu me dediquei a observar o físico perfeito dele, musculoso, atlético. Passei os olhos pelas costas, pelos bíceps, pelo peito, pela barriga e… pelo pau dele…
Deixo claro que não sou dessas mulheres que ficam olhando, mas o que balançava entre as pernas dele era tão comprido e grosso que era impossível desviar o olhar. O rapaz continuava falando e gesticulando, mas meu olhar estava grudado no pau dele. Ele percebeu e, aos poucos, começou a ter uma ereção lenta, mas imparável. E eu, por minha vez, não consegui evitar de começar a rir. Era apetitosamente enorme, como nunca. Imaginei um membro masculino, e aquele tom preto dava um charme especial.
As pessoas ao redor pareciam seguir suas vidas sem reparar na situação, mas tudo aquilo era novo pra mim e me causava uma estranha mistura de timidez com uma excitação pelo desconhecido.
O moreno, ainda sem soltar minha mão, começou a andar em direção a um lugar mais afastado, me obrigando a segui-lo, até chegarmos a um canto bem vazio. Então, ele levou minha mão até o pau dele, fazendo com que eu o segurasse entre meus dedos. Confirmei o que já imaginava: ele queria transar, e eu não ia deixar essa oportunidade passar.
Era tudo muito louco. Eu estava num lugar inóspito, prestes a transar com um desconhecido com quem nem conseguia conversar, que eu tinha cruzado por acaso na praia há poucos minutos. Eu não era assim, mas me senti molhada e excitada, e não estava disposta a perder a chance da minha vida. Nunca tinha ficado com um negro, nunca tinha tido algo tão grande à disposição, nua, em total liberdade.
Ele tomou a iniciativa. Direto começou a beijar meu pescoço, e senti toda a pele morena dele se apertar contra a minha. Tinha um cheiro estranho, diferente, só diferente. Raspei meus mamilos de leve contra o peito dele, de um lado pro outro. Logo uma das mãos dele envolveu um deles com ternura, e senti o polegar dele indo de um lado pro outro no meu mamilo, fazendo ele endurecer. A boca dele chegou na minha, e a língua dele invadiu meu interior. Senti os lábios enormes e grossos dele me dominando por completo, parecendo me engolir. Uma das minhas mãos acariciava a nuca dele, a outra ainda grudada no pau dele.
Aos poucos, fomos nos deixando cair, e fiquei deitada na areia morna do entardecer. Ele me envolvia como um polvo, e as mãos dele percorriam meu corpo sem deixar um lugar sem visitar. Eu me sentia derretendo em sucos. Meus olhos só viam o céu azul escuro e algumas copas de palmeiras ao redor. Meus ouvidos só ouviam o canto de alguns pássaros. o som do mar quebrando ondas não muito distante…
Ele tinha descido um pouco e chupava minhas tetas feito um louco, uma, a outra, as duas, os lábios dele sugavam meus bicos duros e eu me derretia naquela loucura, já sentia vontade de ser penetrada mas ele parecia fazer tudo no tempo dele, querendo prolongar o momento, foi descendo devagar, beijando minha barriga, e mais pra baixo, sabia onde ia parar e abri minhas pernas convidando ele a descer, perdi ele de vista, só dava pra ver as tranças dele, fechei meus olhos e minhas mãos foram pros meus peitos, logo a boca dele começou a percorrer minha buceta, meus lábios depilados, meu buraco molhado, meu clitóris, até foi pro meu cu pra lamber devagar, tentando penetrar com a ponta da língua afiada dele.
Senti que ia gozar, não queria, mas não dava pra evitar, minhas coxas se contraíram, ele me segurou com força e só acelerou o ritmo e a constância no meu botãozinho, apertei meus peitos, senti meu rosto queimar e fiquei sem ar, gemi, explodi…
Só falei
-Mete em mim! Mete!
Sabia que ele provavelmente não ia me entender, mas eram palavras que saíam do fundo da minha alma…
Ele subiu um pouco, ainda me tendo toda aberta pra ele, senti o pauzão dele esfregar no meu clitóris que tava super sensível, por fim enfiou no meu buraco, me fez contrair quando bateu no fundo do meu ser, foi uma dor tão gostosa que precisei de outra batida, e outra, e outra, sentia ele tão grosso como nunca tinha sentido um pau dentro de mim, parecia me rasgar aos poucos, fodemos que nem bichos e a cada batida eu soltava um gemido e um orgasminho, era tudo perfeito…
Trocamos de posição várias vezes, queria sentir ele em cada posição possível, brincar de tudo ou nada.
Num momento eu tava por cima montando nele de pernas abertas, buscando a melhor penetração pro meu prazer, esfregando meu clitóris no púbis dele, era erótico demais, nossos corpos suados com areia fina grudada neles, nossos olhos Pecaminosos se encarando, peguei uma das mãos dele e lambi seus dedos, ele me observava atentamente e gostava que eu o provocasse, então levei a mão dele até minha bunda, convidando ele pra brincar ali, logo um dedo acariciou minha entrada, e em pouco tempo se perdia dentro de mim.
O moreno cuspiu na outra mão e foi direto besuntar meu cu, logo tinha dois dedos dentro e depois três…
Não conseguia coordenar nem pensar direito com aquela cock enorme na pussy e aqueles dedos entrando e saindo do meu cu dilatado, simulando uma dupla penetração.
Então entendi que o negro ia me comer pelo cu em breve, e eu teria adorado, mas a areia já começava a irritar minha intimidade, deixando a relação desconfortável, naquele dia ficaríamos com vontade de ter sexo anal, a decisão estava tomada…
Então fui pra cima dele como ele tinha vindo pra cima de mim, me enfiei entre as pernas dele e fiquei só observando aquela coisa enorme, quase tão longa e tão grossa quanto meu antebraço, comecei a acariciar, a beijar desde as bolas até a ponta, pelando a glande dele, linda, enfiando o mais fundo que podia na minha boca, com a fascinação feminina de submissão diante daquele monstro perfeito…
De repente ele me ajudou, a mão dele masturbou a base, a minha ficou no meio, e a boca na ponta, um trabalho a dois, senti ele gozar…
Só tirei minha boca, queria ver…
Na escuridão da pele dele começou a brotar seu mel branco, devagar, da ponta, como um vulcão calmo derramando sua lava, sem conseguir evitar, o suco dele foi escorrendo pra baixo, passando pela minha mão, passando pela dele, mais e mais, até o fim…
Ele abriu então os olhos, nos olhamos, sorrimos, me aproximei um pouco e lambi de novo a cock dele que começava a perder a rigidez, lambi então minha mão, lambi a dele, aos poucos fui bebendo todo o sêmen derramado, limpando com todo cuidado pra não deixar nada, pra beber até a última gota do seu néctar gostoso…
Voltamos a nos beijar docemente, ele pegou o colar de pequenas Caracóis que rodeavam seu pescoço, ele soltou e ajustou no meu, me presenteando com um sorriso.
Não teve muito mais, cada um seguiu seu caminho, como estranhos, como se nada tivesse acontecido…
Quando voltei pro hotel, minha mãe tava meio preocupada com minha ausência, lembro que ela perguntou:
— Filha! Tava preocupada! E esse colar?
— Não pergunta, mãe, melhor não perguntar… — respondi com um sorrisinho safado…
E não me resta muito pra contar. Hoje moro sozinha, e me sinto bem assim. Vocês não podem me ver agora, pra sua desgraça, mas juro que tô perto de uma janela, banhada pela luz quente do sol que atravessa os vidros, descalça, sentada com as pernas cruzadas. Só sinto a seda da calcinha fio dental branca cobrindo minha buceta, enquanto termino de apertar as teclas, vejo meus peitos em segundo plano, com meus bicos duros no meu campo de visão. Afinal, é minha vida nua…
Se você tem comentários, sugestões a respeito, pode me escrever com o título ‘MINHA VIDA NUA’ para dulces.placeres@live.com
Espero sean de vuestro agrado
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MI VIDA DESNUDA
A continuación leerán parte de mi vida, parte de mis gustos, parte de mi ser, espero sea de vuestro agrado… mi vida desnuda.
Desde pequeña fui desinhibida, en mi primera inocencia, recuerdo entre nebulosas los fines de semana, cuando acostumbrábamos a ir en familia a las orillas de un rio que atraviesa la ciudad, los días de verano se hacían demasiados calurosos, y mis padres, al igual que a mis hermanas, solo me ponían sandalias para que no me pinchara con la gramilla y la bombachita de la maya dejándonos con el torso descubierto.
Yo era muy feliz en esa situación, me veía igual que mis primos varones y en ese momento no entendía las conversaciones de los mayores, generalmente mi abuela solía increpar a mamá, diciendo que éramos ‘niñas’ y que no era bueno que no nos acostumbren a vestirnos como tales, mamá por su parte, argumentaba que ‘apenas éramos unas angelicales palomitas’, esas discusiones para mi sin sentido solían prolongarse toda la jornada.
Con el correr de los años, comprendí cual era el problema, o el reclamo de mi abuela, y cuando comencé a usar sostén, aunque no tuviera aun pechos desarrollados, añoré la libertad de la infancia.
Papá nos dejó cuando tenía siete años, nunca más lo vi, seguimos solas en el camino, con mamá y mis dos hermanas, una casa enorme para cuatro mujeres solas…
Mamá hacía lo mejor que podía, y en esos días de calor, sin ningún hombre en casa, era normal para nosotras andar solo en tanga, descalzas, sin siguiera un short, sin sostén, a pesar que ya tenía senos incipientes, pero si mamá era nuestro ejemplo y a ella no le molestaba…
La abuela aún vivía, y venía a cuidarnos a diario y en esas horas debíamos estar más acordes a lo que ella tenía como ideales femeninos, a pesar que nosotras éramos reacias a obedecerle, y todo terminaba como de costumbre, con discusiones sin sentido con mamá.
Y algo pasaba en mi cuando estaba semi desnuda, no sé cómo explicarlo, pero me sentía feliz, me sentía libre, me sentía poderosa, me sentía diosa…
En mi adolescencia soporté el dolor de perder a mi querida abuela, quien hasta último momento debatió el punto de las vestimentas con mamá, la abu era única… pero ya sin ella no hubo barreras para nuestras costumbres.
Mis tetas se desarrollaron más que la del resto, eran la envidia de mi hermana mayor, de la menor y hasta de mi propia madre.
Seré honesta, no soy muy alta, y presumo de ser muy bonita, un culo regordete y respingón, piernas torneadas, grandes pechos y cintura de ángel, eso es lo que suelen admirar los hombres en mí, aunque si me preguntan no dudaría decir que lo mejor que tengo es mi cabello largo y femenino.
Llegaría mi primera vez, me había enamorado del chico perfecto, al menos eso pensaba en ese momento, un compañero de colegio, dos cursos mayor que yo.
Éramos humildes estudiantes por lo que apenas juntábamos monedas y no podíamos darnos el lujo de pagar algún hotel alojamiento, por lo que nos rebuscábamos donde y como podíamos.
Mi lugar favorito? íbamos a una plazoleta a dos cuadras del colegio, a un costado tenía un intrincado complejo de árboles medianos al que llamábamos bosquecito, un lugar tranquilo y bastante reservado al que no iban muchas personas, en general, un sitio para amantes.
Marcos, ese era su nombre, era bastante precoz, él me decía que mi manera de ser lo calentaba demasiado y que no podía aguantarse, sin embargo los mejores orgasmos los tuve en ese bosquecito, era como una droga, rápido, con la posibilidad que nos estuvieran observando, en un espacio público, la locura, todo ese entorno era incluso más afrodisíaco que el mismo sexo que él me daba.
Siempre nos internábamos y empezábamos con los besos y las caricias que se hacían cada vez más profundas, más calientes, el metía las manos bajo mi camisa, bajo el sostén y me masajeaba las tetas por largo tiempo mientras yo hacía lo mismo con su paquete, al final el solo me giraba y me dejaba el culo para su lado, me levantaba la corta pollera de colegiala, me corría la tanga y me la metía toda, me cogía como enfurecido, a toda máquina.
Lo normal era que en ese momento ya estuviera apoyada contra un árbol, sacándole culo, acariciando mis tetas semidesnudas y mi clítoris hambriento, todo hasta sentirlo llenarme la argolla de leche.
Luego debía ir rápido a casa, toda chorreada, a lavarme y cambiarme puesto que en poco tiempo ya largaba un aroma nauseabundo producto de las mezclas de nuestros sexos…
Los años siguieron, Marcos fue historia, pasaron otros chicos, otros hombres, pero en todos buscaba un denominador común, el exhibicionismo, era más fuerte que yo y raramente me excitaba la intimidad de un cuarto.
A los diecinueve conocería al gran amor de mi vida, ya me había inclinado por las artes, me gustaba mucho la pintura, la música, lo clásico.
Lo conocí en un museo, ese fin de semana había una exposición de gente del lugar, estaba contemplado unas muestras fotográficas, retratos de mujeres, erótico, producciones muy cuidadas, en lugares públicos, me sentí identificada, creo que se detuvo el tiempo en ese momento, se mezclaba todo lo que yo era y sentía, exhibicionismo, arte, perfección, belleza…
Una voz a mis espaldas me sacó del letargo
-Qué opinas?
Un hombre entre treinta y cuarenta, (tenía en ese momento treinta y siete), perfectamente vestido, con ojos dulces y sonrisa seductora, de manos grandes y perfumado en demasía, su cabello engominado disimulaba algunas canas y su aspecto daba la impresión de una muy buena posición económica, el prosiguió ante mi falta de respuesta
-Yo las tomé, Federico Basiur, para servirte…
Apenas me presenté con una tímida sonrisa y el volvió a hablar
-Mientras miraba las fotos, yo te miraba a ti, eres perfecta y si quisieras podrías ser mi próxima obra de arte…
Ese fue el comienzo de nuestra relación en la que no abundaré en más detalles, lo que empezó como un contacto profesional terminó con el amor más grande que pudiera sentir por un hombre, hombre con el que compartiría los siguientes diez años de mi vida.
Si bien Federico era un solterón, demasiadas mujeres habían pasado por su lecho, las paredes de su loft decoradas con fotografías de su autoría, chicas eróticas sin llegar al porno, de la manera que un cazador que exhibe las cabezas de los animales cazados.
Obviamente yo no era la primera mujer para él, pero me juré en ese momento que intentaría ser la última. Cuando me mudé a su moderno loft, le hice sacar esas fotos y lo decoramos en un tono más familiar, un hogar, alejándolo de ese aspecto de ‘departamento de solteros’, quería que fuera solo mío y esas chicas en la pared me parecían humillantes hacia mi persona.
Al principio todo fue de maravillas, el me llevaba muchos años y con ello mucha experiencia, él tenía otra mirada del mundo, más serena, más calma, nos fuimos conociendo, Federico supo sacar provecho de mi locura por el exhibicionismo y me potenció en ello, me transformó en su única modelo tomándome miles de fotografías.
Poco a poco nuevos cuadros decoraron las paredes del loft, sus obras maestras, y yo su modelo. Y me sentía orgullosa de ello, no me incomodaba los que opinaran nuestras familias y me provocaba alguna risa íntima notar como algunos hombres, como mis cuñados o amigos de Federico parecían quedarse embobados viendo las fotos, como sin poder creer que la modelo estaba en el mismo lugar, en piel y hueso. (Ver nota a pie de página)
O dinheiro de vocês sobrava, então comecei a escrever romances, fiz uma tatuagem de uma pena na lateral da barriga em homenagem à minha profissão, do lado esquerdo, tinha voltado aos meus dias de juventude, em casa ficava só de fio dental, pelada, descalça, livre, as janelas enormes e translúcidas não me davam privacidade pro mundo exterior, e isso me excitava e o Federico geralmente acabava me comendo…Eu era feliz, e meu homem começou também a me filmar, eu tinha virado o fetiche dele e eu ficava excitada por ser isso…
Tenho grandes momentos de loucura que lembro dos meus dias com o Federico
… a gente costumava ir pra praças públicas, geralmente eu ia sem calcinha, de minissaia, sentava num banco e ele começava a me fotografar, fotos artísticas, onde em algum ponto eu deixava minha buceta pelada à mostra, mas ele sempre queria que fosse ‘uma situação casual’, isso me dava um tesão especial, eu gostava, me aquecia…
… a gente ia num café quando o sol caía, naqueles entardeceres de verão, eu me vestia como uma advogada, ou uma contadora de sucesso, cabelo preso, óculos grandes, terno de corte italiano, sentava numa mesa fingindo trabalhar no meu notebook, e quando ninguém notava, e se notavam eu não ligava, um dos meus peitos ‘casualmente’ ficava pelado…
… várias filmagens no shopping, ele tinha me dado uma saia curta plissada que me lembrava os dias do colégio, curta demais, sem calcinha, e a gente fingia que não se conhecia, ele assumia o personagem de um visitante, daqueles que filmam tudo, e casualmente cruzava comigo, me filmando onde fosse, de pertinho, e o melhor era subir a escada rolante! Me sentir pelada, desprotegida e depois me ver na filmagem, ver minha nudez, ver o que os outros viam…
… ir jantar nos lugares mais caros e exóticos da cidade, pra gente do mais alto nível, gente que o Francisco odiava, mesmo tendo uma grana pra caralho Nunca esqueceu a pobreza extrema da infância dele. Sentar à mesa e me pedir pra entregar minha roupa íntima, e ele simplesmente deixá-la como um enfeite sobre a mesa, diante do olhar incrédulo dos garçons e garçonetes de plantão. Ainda guardo fotos minhas jantando à luz de velas, com bebidas finas e roupa íntima erótica ao lado…
… me deixar dirigir o cupê italiano dele, conversível, com os cabelos ao vento, o sol batendo no meu rosto, em alta velocidade, com estranhos nas laterais, o cinto de segurança atravessando perversamente meus peitos quase nus, com minhas pernas abertas e minha mão entre elas, me masturbando, enquanto ele só me filmava ou fotografava do banco do carona. Uma loucura perigosa, cheia de adrenalina…
Inevitavelmente, de um jeito ou de outro, tudo isso acabava em umas fodas do caralho, boquetes e até umas surubas, em lugares insólitos: banheiros públicos, becos escuros, cinemas, na praia, debaixo da chuva, onde você puder imaginar.
O sexo só dava lugar a mais sexo, e as fotos só refletiam nossos momentos…
Uns anos atrás, tudo começou a desandar entre nós. Minha carreira de escritora estava estagnada, num beco sem saída, e só o dinheiro do Francisco tornava possível eu editar e publicar, mas os resultados eram desastrosos, os números sempre terminavam no vermelho.
Eu tava chegando aos trinta e precisava ser mãe. Um sentimento que brotava do meu interior cada vez mais forte e me obrigava a cobrar isso cada vez mais alto, mas o Francisco pensava diferente. Entendi que não estava nos planos dele me dar um filho, e só a carreira dele o motivava. As fotos e meus nus públicos deixaram de ser excitantes; já me irritava posar pra alguém que parecia não me ouvir, e chegou o momento em que ele começou a procurar novas modelos.
Comecei a questionar meu relacionamento. Eu daria a vida pelo Francisco, mas será que ele realmente me amava? Ou eu era só a modelo perfeita dele? para suas obras perfeitas num tempo perfeito? Ele tinha se cansado de mim como se cansou de outras? Talvez dez anos de convivência fossem demais…
As discussões viraram moeda corrente, passávamos dias inteiros sem nem trocar uma palavra, sem olhar nos olhos, como cachorro e puta, eu me perguntava quanto tempo? quanto tempo isso ia durar? Não esperei pra descobrir, preferi largar ele antes que ele me largasse, numa manhã fria a gente se despediu, sem rancor, sem lamento, não teria segunda chance.
Isso aconteceu há dois anos já, dois longos anos em que tudo foi cinza, tudo foi triste, e eu chorei até as lágrimas que não tinha…
Mas minha vida tá mudando e eu começo a ver as cores da primavera de novo.
As mudanças começaram a fazer efeito, larguei a escrita e de repente comecei a pintar, enche minha alma e tenho que dizer que tô indo muito bem.
De novo encontrei o prazer de provocar com minha nudez, só que não faço pra ninguém, faço pra mim…
Pra terminar, há apenas uns meses aconteceu o seguinte…
Mamãe tá muito velha, mora sozinha, depois do meu término com Federico eu me sentia crescida demais pra voltar pra ela, já tinha meus caprichos, meus costumes, mas foi a primeira pessoa que veio na minha cabeça quando resolvi conhecer a Europa.
E a gente partiu as duas, um mês viajando, Itália, França, Inglaterra, Alemanha e claro, Espanha. Esses dias passam voando querendo conhecer demais em pouco tempo, sabia que provavelmente seria minha única chance, então me certifiquei de escolher com cuidado no menu de opções que eu tinha disponível.
Espanha é o lugar dos meus antepassados e foi onde a gente passou a maior parte do tempo, em especial vou guardar pra sempre a lembrança de Torimbia.
Torimbia se destaca por ser uma praia de nudismo, de areia branca bem fina, água transparente e muito fria, só dá pra chegar a pé por uma trilha. É uma das praias mais gostosas das Astúrias, por isso também é frequentada por quem não é nudista.
Um dia naquela praia de nudismo seria um sonho realizado pra mim. Aproveitei um dia de folga, já que a gente viajava sem parar e minha mãe preferiu ficar no hotel. Lembro que não sabia bem como agir, porque na Espanha pode ser algo muito natural, mas na Argentina é uma coisa que não existe.
Me depilei por completo, acho que mais no estilo latino do que no europeu, não me sentiria confortável nem gostosa com minha buceta toda peluda.
O lugar me pareceu o paraíso, e quando me despi por completo senti que estava nele. Ao contrário do que imaginava, cada um parecia seguir sua vida. Apesar de me saber uma mulher gostosa, me sentia estranha por ser só mais uma pessoa no meio da multidão…
Tudo aconteceria no fim da tarde. Eu estava meio entediada de ficar sozinha e fui caminhar, não tinha muito mais o que fazer. De repente, alguém que vinha por trás, que eu não tinha notado, pegou na minha mão. Me virei desconfiada e um pouco assustada. Um jovem de pele negra e brilhante, como a noite, musculoso, alto, de lábios grossos, destacando o brilho dos olhos e dos dentes, com cabelos na altura dos ombros arrumados em milhares de tranças fininhas. Ele começou a falar comigo, percebi que era francês, mas de francês não entendo uma palavra, só um inglês básico. Mas ele falava sem parar e eu não entendia nada, nadinha.
Como não conseguia entender, logo toda a conversa dele ficou monótona, e eu me dediquei a observar o físico perfeito dele, musculoso, atlético. Passei os olhos pelas costas, pelos bíceps, pelo peito, pela barriga e… pelo pau dele…
Deixo claro que não sou dessas mulheres que ficam olhando, mas o que balançava entre as pernas dele era tão comprido e grosso que era impossível desviar o olhar. O rapaz continuava falando e gesticulando, mas meu olhar estava grudado no pau dele. Ele percebeu e, aos poucos, começou a ter uma ereção lenta, mas imparável. E eu, por minha vez, não consegui evitar de começar a rir. Era apetitosamente enorme, como nunca. Imaginei um membro masculino, e aquele tom preto dava um charme especial.
As pessoas ao redor pareciam seguir suas vidas sem reparar na situação, mas tudo aquilo era novo pra mim e me causava uma estranha mistura de timidez com uma excitação pelo desconhecido.
O moreno, ainda sem soltar minha mão, começou a andar em direção a um lugar mais afastado, me obrigando a segui-lo, até chegarmos a um canto bem vazio. Então, ele levou minha mão até o pau dele, fazendo com que eu o segurasse entre meus dedos. Confirmei o que já imaginava: ele queria transar, e eu não ia deixar essa oportunidade passar.
Era tudo muito louco. Eu estava num lugar inóspito, prestes a transar com um desconhecido com quem nem conseguia conversar, que eu tinha cruzado por acaso na praia há poucos minutos. Eu não era assim, mas me senti molhada e excitada, e não estava disposta a perder a chance da minha vida. Nunca tinha ficado com um negro, nunca tinha tido algo tão grande à disposição, nua, em total liberdade.
Ele tomou a iniciativa. Direto começou a beijar meu pescoço, e senti toda a pele morena dele se apertar contra a minha. Tinha um cheiro estranho, diferente, só diferente. Raspei meus mamilos de leve contra o peito dele, de um lado pro outro. Logo uma das mãos dele envolveu um deles com ternura, e senti o polegar dele indo de um lado pro outro no meu mamilo, fazendo ele endurecer. A boca dele chegou na minha, e a língua dele invadiu meu interior. Senti os lábios enormes e grossos dele me dominando por completo, parecendo me engolir. Uma das minhas mãos acariciava a nuca dele, a outra ainda grudada no pau dele.
Aos poucos, fomos nos deixando cair, e fiquei deitada na areia morna do entardecer. Ele me envolvia como um polvo, e as mãos dele percorriam meu corpo sem deixar um lugar sem visitar. Eu me sentia derretendo em sucos. Meus olhos só viam o céu azul escuro e algumas copas de palmeiras ao redor. Meus ouvidos só ouviam o canto de alguns pássaros. o som do mar quebrando ondas não muito distante…
Ele tinha descido um pouco e chupava minhas tetas feito um louco, uma, a outra, as duas, os lábios dele sugavam meus bicos duros e eu me derretia naquela loucura, já sentia vontade de ser penetrada mas ele parecia fazer tudo no tempo dele, querendo prolongar o momento, foi descendo devagar, beijando minha barriga, e mais pra baixo, sabia onde ia parar e abri minhas pernas convidando ele a descer, perdi ele de vista, só dava pra ver as tranças dele, fechei meus olhos e minhas mãos foram pros meus peitos, logo a boca dele começou a percorrer minha buceta, meus lábios depilados, meu buraco molhado, meu clitóris, até foi pro meu cu pra lamber devagar, tentando penetrar com a ponta da língua afiada dele.
Senti que ia gozar, não queria, mas não dava pra evitar, minhas coxas se contraíram, ele me segurou com força e só acelerou o ritmo e a constância no meu botãozinho, apertei meus peitos, senti meu rosto queimar e fiquei sem ar, gemi, explodi…
Só falei
-Mete em mim! Mete!
Sabia que ele provavelmente não ia me entender, mas eram palavras que saíam do fundo da minha alma…
Ele subiu um pouco, ainda me tendo toda aberta pra ele, senti o pauzão dele esfregar no meu clitóris que tava super sensível, por fim enfiou no meu buraco, me fez contrair quando bateu no fundo do meu ser, foi uma dor tão gostosa que precisei de outra batida, e outra, e outra, sentia ele tão grosso como nunca tinha sentido um pau dentro de mim, parecia me rasgar aos poucos, fodemos que nem bichos e a cada batida eu soltava um gemido e um orgasminho, era tudo perfeito…
Trocamos de posição várias vezes, queria sentir ele em cada posição possível, brincar de tudo ou nada.
Num momento eu tava por cima montando nele de pernas abertas, buscando a melhor penetração pro meu prazer, esfregando meu clitóris no púbis dele, era erótico demais, nossos corpos suados com areia fina grudada neles, nossos olhos Pecaminosos se encarando, peguei uma das mãos dele e lambi seus dedos, ele me observava atentamente e gostava que eu o provocasse, então levei a mão dele até minha bunda, convidando ele pra brincar ali, logo um dedo acariciou minha entrada, e em pouco tempo se perdia dentro de mim.
O moreno cuspiu na outra mão e foi direto besuntar meu cu, logo tinha dois dedos dentro e depois três…
Não conseguia coordenar nem pensar direito com aquela cock enorme na pussy e aqueles dedos entrando e saindo do meu cu dilatado, simulando uma dupla penetração.
Então entendi que o negro ia me comer pelo cu em breve, e eu teria adorado, mas a areia já começava a irritar minha intimidade, deixando a relação desconfortável, naquele dia ficaríamos com vontade de ter sexo anal, a decisão estava tomada…
Então fui pra cima dele como ele tinha vindo pra cima de mim, me enfiei entre as pernas dele e fiquei só observando aquela coisa enorme, quase tão longa e tão grossa quanto meu antebraço, comecei a acariciar, a beijar desde as bolas até a ponta, pelando a glande dele, linda, enfiando o mais fundo que podia na minha boca, com a fascinação feminina de submissão diante daquele monstro perfeito…
De repente ele me ajudou, a mão dele masturbou a base, a minha ficou no meio, e a boca na ponta, um trabalho a dois, senti ele gozar…
Só tirei minha boca, queria ver…
Na escuridão da pele dele começou a brotar seu mel branco, devagar, da ponta, como um vulcão calmo derramando sua lava, sem conseguir evitar, o suco dele foi escorrendo pra baixo, passando pela minha mão, passando pela dele, mais e mais, até o fim…
Ele abriu então os olhos, nos olhamos, sorrimos, me aproximei um pouco e lambi de novo a cock dele que começava a perder a rigidez, lambi então minha mão, lambi a dele, aos poucos fui bebendo todo o sêmen derramado, limpando com todo cuidado pra não deixar nada, pra beber até a última gota do seu néctar gostoso…
Voltamos a nos beijar docemente, ele pegou o colar de pequenas Caracóis que rodeavam seu pescoço, ele soltou e ajustou no meu, me presenteando com um sorriso.
Não teve muito mais, cada um seguiu seu caminho, como estranhos, como se nada tivesse acontecido…
Quando voltei pro hotel, minha mãe tava meio preocupada com minha ausência, lembro que ela perguntou:
— Filha! Tava preocupada! E esse colar?
— Não pergunta, mãe, melhor não perguntar… — respondi com um sorrisinho safado…
E não me resta muito pra contar. Hoje moro sozinha, e me sinto bem assim. Vocês não podem me ver agora, pra sua desgraça, mas juro que tô perto de uma janela, banhada pela luz quente do sol que atravessa os vidros, descalça, sentada com as pernas cruzadas. Só sinto a seda da calcinha fio dental branca cobrindo minha buceta, enquanto termino de apertar as teclas, vejo meus peitos em segundo plano, com meus bicos duros no meu campo de visão. Afinal, é minha vida nua…
Se você tem comentários, sugestões a respeito, pode me escrever com o título ‘MINHA VIDA NUA’ para dulces.placeres@live.com
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