Tres días en el paraíso - 2 de 3 -

Primero, todas las entregas de los mejores post


http://www.poringa.net/posts/imagenes/4084661/Mi-amada-esposa---parte-1-de-3-.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4389002/Mi-amada-esposa---parte-2-de-3-.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4436535/Mi-amada-esposa---parte-3-de-3.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4802856/Mi-amada-esposa-parte-4.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4802863/Mi-amada-esposa---parte-5.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4868469/Mi-amada-esposa---parte-6.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4896522/Mi-amada-esposa---parte-7.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4905961/Mi-amada-esposa---parte-8.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4915721/Mi-amada-esposa---parte-9.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4956318/Mi-amada-esposa---parte-10.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4965835/Mi-amada-esposa---parte-11.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4974651/Mi-amada-esposa---parte-12.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4985411/Mi-amada-esposa---parte-13.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4991203/Mi-amada-esposa---parte-14.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/5001091/Mi-amada-esposa---parte-15.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/5030636/Mi-amada-esposa---parte-16.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/5156341/Mi-amada-esposa---parte-17.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/5160465/Mi-amada-esposa---parte-18.html

Como siempre, podes escribirnos a dulces.placeres@live.com, te leemos

Gracias por los puntos y comentarios

TRES DIAS EN EL PARAISO



Parte 2 de 3





Clara se descalzó dejando de lado sus zapatillas mojadas, nos dio un par de toallas y solo fue a preparar un par de cafés, puso el agua al fuego, y mientras lo hacía solo monologaba a la distancia, sobre que no tenía novio, que no le gustaban los chicos de sus edad, que le parecían tontos, inmaduros, que en cambio, las parejas que visitaban el complejo solían ser interesantes, personas aplomadas, con experiencia, y que siendo franca, sus pocas parejas siempre habían tenido arriba de cuarenta años.

Todo sabía a provocación de sus labios, no podía confesarlo, pero me ardía la concha en ese momento y Arturo no podía dejar de mirarla con deseo

Volvió a nuestro lado con las bebidas humeantes, probamos unos tragos, tratamos de hablar de otros temas, pero ella una y otra vez volvió a ese lado sexual y provocador, sabiendo usar cada palabra y sacando pecho en forma demasiado caliente, hasta que se cansó de rodeos, me miró directo a los ojos y me dijo



Sandra, quiero chuparle la pija a tu marido



Se hizo un silencio, no esperaba esa jugada, por cierto, Arturo tampoco, entonces aceleró a fondo y dijo



No solo eso, quiero que vos me mires como se lo hago, eso me calentaría mucho



Y si antes quedamos mudos, ahora, además, paralizados



Clara dejó el pocillo a un lado, se fue al piso, de rodillas y se dirigió donde él estaba, mi esposo se acarició la barbilla con justificados temores, su mujer de toda la vida estaba presente y por primera vez, un tercero se metería al medio, separando como una daga filosa años y años de una unión perfecta.

Pero mientras él dudaba y yo solo miraba incrédula a corta distancia, Clara ya se había acomodado entre sus piernas y con suma rapidez le soltaba la hebilla del pantalón, habría su cierre y buscaba bajo el slip. Ya estaba, ya tenía su pija entre sus dedos y la acariciaba muy rico, logrando una rápida erección, y un tanto admirada dijo



¡Guau Arturo! que verga hermosa que tenías escondida!



Era cierto, confieso que mi esposo tenía una respetable pija, generosamente grande y era una de las cosas por las cuales me había enamorado de él.

Clara empezó a chupársela muy rico, muy deseable, a corta distancia, sus cachetes se hundían en cada succión controlada, su lengua se deslizaba devorando su glande rosado, su mano derecha lo rodeaba por la base acariciando al mismo tiempo las bolas, todo se hacía muy caliente, yo miraba contagiada, deseosa, me mordía los labios y tenía la boca seca, casi en inconciencia me acariciaba discretamente los pechos por encima de mi ropa.



Cada tanto ella me miraba, sonreía, como diciéndome que estaba ocupando el lugar que naturalmente era mío, y me sabía excitante, caliente, y sentía fuego en mi concha, como si miles de hormigas se estuvieran introduciendo en mi hueco, Arturo jadeaba y le decía que se la estaba chupando rico y sus palabras endulzaban mis oídos.

El disfrutaba, yo disfrutaba, pero ella tenía el control, ella jugaba con ambos al mismo tiempo y llegado el momento me miró como perra y me dijo



Quiero ver tu concha, mostrame como te caliento, quiero ver que te masturbes mientras juego con él



Levanté mi pollera, me saqué la ropa interior, abrí mis piernas lo suficiente para complacerla, llevé mis dedos a mi clítoris y empecé a masajearlo con fuerzas, no sé, me gustaba y entendí que a mi esposo también le gustó

Clara entonces dejó de chupársela, tomó la pija de Arturo y la pasó por debajo del top, entre sus tetas, quedó rodeada y aprisionada, y empezó a fregársela, adelante, atrás, una vez y otra vez, y solo ahora ya me miraba fijamente, tenía toda su atención, y mientras masturbaba a mi esposo veía como yo misma lo hacía con el espectáculo que me regalaba.

Sentía punzar mi conchita, mis pezones, muy rico, morir en deseos, y me sentí venir, ella jugaba a dos puntas con el sexo de mi esposo atrapado entre sus pechos y con su mirada concentrada en mi persona, la vi deslizar una de sus manos por su vientre, por debajo de su amplio jean, para tocarse muy rico, evidentemente ella también se perdía con todo el juego.



El semen de Arturo nos tomaría por sorpresa, empezó a llenarle las tetas y el top de leche, y fue inevitable en ese final de película que yo también tuviera un orgasmo inesperado, enorme, raro, distinto y ella, en un grito contenido fue también por lo suyo.

Después de ese momento se produciría un quiebre, mi esposo y yo estábamos en ebullición, pero Clara, como si fuera algo totalmente natural, se incorporó, se sacó el top dejando sus enormes pechos desnudos, limpiándose su piel embardunada en leche, pasando sus dedos y llevándolos a su boca, para saborearlos como si se tratara de un postre, pero no era en tono de provocar, no, su mente había salido del juego, caminó hacia la ventana para cerciorarse que ya no llovía y nos dijo en forma franca



Chicos, mejor lo dejamos acá, es tarde, mañana tengo un día duro por delante



No entendimos mucho, ella usó un 'chicos' como si tuviésemos la misma edad, y notando que nosotros parecíamos no entender, aseveró



Ustedes están de vacaciones, pero yo tengo muchas obligaciones por delante, y mañana, la alarma del celular sonará muy temprano



Volvimos al coche para retornar a casa, viajamos los cortos cinco minutos que separaban su casa del complejo, solo en silencio, es que ambos nos entendíamos sin hablar, y habíamos pasado límites que jamás habíamos imaginado pasar, la fantasía de estar con otra mujer siempre había sido eso, una fantasía, pero esto, esto era diferente, era real, era tangible, tenía rostro, y se llamaba Clara

Fuimos a la cama, hicimos el amor como adolescentes, es que ella nos había dejado calientes y nos había quitado la respiración, me costó conciliar el sueño, un día habíamos tenido más sexo que en el último año, y no había sido un sexo por rutina, por cumplir, era pasión, era calor y aun sentía en los labios la impronta de los labios de mi marido, porque me había besado como hacía tiempo que no me besaba



El sol colándose por la ventana, me acariciaba el rostro en un nuevo despertar, la tormenta había pasado, había refrescado y ese sábado definitivamente no visitaríamos la piscina del complejo

Fuimos por el desayuno, Clara se cruzaría con nosotros nuevamente, y aunque las cosas entre los tres estaban de cabeza, mantuvimos las distancias como una pareja de vacaciones y una empleada del complejo, solo nos permitimos risas cómplices y palabras disimuladas por lo bajo, Arturo se animó a decirle que quería desayunar 'mermelada sobre sus pechos para lamérselos todos', lo que provocó un pellizco cómplice de mi parte.



Pero lo cierto es que nosotros no habíamos ido a ese sitio a buscar una jovencita para enredarnos en una aventura, sino a reencontrarnos como pareja, así que solo salimos a pasear en el coche, dimos algunas vueltas por el pequeño casco céntrico, vimos vidrieras, caminamos, conocimos la antigua parroquia que se levantaba frente a la plaza central y un museo pequeño que resumía la historia del pueblo.

Fuimos a almorzar a la orilla del río, al otro sitio recomendado, el de los pescados, y fue muy lindo, la música amena se mezclaba con el sonido del agua que corría con velocidad muy cerca nuestro, recordamos historias, momentos, es que ahora ya estábamos más lentos, con más tiempo, bebimos, reímos, comimos un postre y partimos nuevamente, habíamos preguntado en ese lugar y nos habían recomendado otro lugar, un paraje donde alquilaban caballos.

Por la tarde, nos encontraríamos en un sitio quedado en el tiempo, donde, además, había quesos, salames y dulces artesanales, hechos en casa, así que, estando fuera de temporada, fuimos los únicos en andar por ahí.

Se pasaron las horas entre cabalgatas entre cerros, meriendas, caminatas y demás cosas que improvisamos en el lugar

Cuando caía el sol, emprendimos el retorno, trayendo con nosotros un poco de todo, esos quesos, salamines y dulces para llevarle a nuestros hijos al regreso.


Tres días en el paraíso - 2 de 3 -A gente preferiu jantar no complexo mesmo, o Jorge era o garoto que cobria o refeitório no turno da noite. Não tinha muitas opções, mas a gente também não estava no modo esnobe, só queria algo pra passar o tempo com uma garrafa de vinho tinto deliciosa.

O Arturo aproveitou pra puxar papo com o jovem que nos atendia, sobre o lugar, as pessoas... ele era muito de criar intimidade rápido, mas seria só mais um jantar.

A gente combinou de ir tomar um sorvete onde o Atilio, o encarregado, tinha recomendado na noite anterior.

Nos vestimos normal, como todo mundo, e em dez minutos estávamos pedindo uma taça gelada pra dividir no 'Pingüino', um lugar que, sem querer soar pedante, não passaria de um lugar mais ou menos na minha cidade, mas aqui consideravam excelente.

Ainda era cedo pra voltar, estávamos cansados da longa jornada, mas também estávamos de férias. A noite estava perfeita, sem vento, céu estrelado e temperatura ideal, nem frio nem calor. Aí decidimos caminhar pela margem do rio, pela calçada que margeava os estabelecimentos pequenos do lugar.

Fomos por aqui, por ali, e esbarramos num lugar pra tomar uns drinks. A música estava alta, o Arturo me convidou pra uma taça, e mesmo que provavelmente parecêssemos meio velhos praquele ambiente, havíamos decidido nos dar todos os luxos.

Não ficaríamos muito tempo, só uma bebida, então nos aproximamos do balcão, pedimos e, bom, voltamos a falar dos mesmos assuntos de sempre: os filhos, o trabalho, os problemas... Tudo seguia nessa ordem até que meu marido me indicou que, num canto mais privado, a Clara estava com algumas garotas da idade dela. Coincidência? Destino? Talvez. Num povoado tão pequeno não tinha muitos lugares pra ir e acabava sendo comum - todo mundo conhecia todo mundo, e todo mundo se encontrava nos mesmos lugares.trioNos olhamos, nos cumprimentamos com gestos, olhares, e mantivemos distância, mas alertas. Por alguma razão, saímos da conversa que havíamos começado e, sem planejar, estávamos agora falando sobre o que tínhamos vivido com aquela garota. Naturalmente, o erotismo começou a aflorar na nossa pele.

Clara jogaria mais lenha na fogueira, obviamente só porque estávamos presentes. Ela se aproximou da garota à sua direita e começou a beijá-la na boca, muito quente, muito apaixonado, como se só existissem as duas naquele lugar.

Parecia não importar para aquela garota o motivo pelo qual estavam se beijando, mas Clara só alternava aqueles beijos com olhares diretos para nós.

Não sei como teria terminado aquela noite de domingo se tivesse continuado, porque Arturo já estava se sentindo corajoso e queria ir até a mesa onde elas estavam. Mas eu o segurei pelo braço e, na verdade, era nosso tempo de casal, um tempo que nos devíamos há muitos anos. Nem tudo seria rolar na cama com uma puta que apareceu no caminho.

Então voltamos ao nosso lugar, deixamos o carro no estacionamento e subimos para nosso apartamento. Abrimos as cortinas sem acender as luzes. Na penumbra do lugar, adivinhávamos nossas formas, invadidos pela luz externa do complexo. Apenas o zelador andava entediado de um lado para o outro. Tudo era quietude, como um postal congelado no tempo. A água da piscina parecia calma, como um espelho. Era muito erótico.

Lentamente, deixei minhas roupas caírem em silêncio. Eu tinha depilado tudo porque sabia que meu marido enlouquecia nessa situação. Ele avançou para me beijar, mas, num jogo de sedução, o recusei.

Caminhei até o banheiro, onde estava o ofurô. Enchi-o com água morna enquanto ele entrava na brincadeira, deixando suas roupas de lado.

Em minutos, nossos corpos nus se mimavam pele a pele sob a água. Os jatos acariciavam o ambiente e a espuma do sabão na superfície. impediam de ver por baixo.

Assim nos enchemos de beijos, eu acariciava seu pau enorme, e de vez em quando meus seios afloravam na superfície, onde meus mamilos marcados e pontiagudos despertavam seus instintos mais baixos.

Ele me dava beijos no pescoço e pedia que eu mesma tocasse meus seios, isso ele adorava e, na verdade, tudo que o excitava também me excitava, eu amava provocá-lo.

Arturo então passou uma de suas pernas por baixo dos meus glúteos e me empurrou para a superfície, deixando minha buceta depilada agora exposta. Ele pegou o chuveirinho e o levou direto ao meu sexo, os finos jatos de água morna brincavam no meu clitóris, eu gostava, tentei me afundar, não aguentava aquele contínuo atrito, mas ele ainda tinha sua perna sob mim e com facilidade conseguia me manter à tona.milfImplorei que ele parasse, mas meus gemidos abafados me traíram e já estava acariciando meus seios por puro prazer, mordendo meus lábios enquanto meu marido apenas acelerava mais fundo, mordiscando meu pescoço e ombros com delicadeza. Senti o orgasmo chegando, o maldito não pararia até conseguir o que queria e, à beira do abismo, soltei todo o prazer contido. Só então ele tirou a perna rindo e me permitiu enterrar novamente minha buceta ainda inchada.

Só consegui verificar o pau dele - estava duro. Fui até ele, montei, enfiei tudo, e coloquei meus seios em sua boca. Ele os chupou com paixão enquanto eu pressionava sua cabeça contra meu corpo, sentindo todo aquele pau lindo entrando e saindo, tão grande e perfeito como era.

Tive vários pequenos orgasmos sentindo o sexo dele dentro de mim, e só parei quando senti ele explodir dentro de mim. Adorava terminar com a boceta cheia de porra.

Vieram os minutos de carícias pós-sexo. Era tarde, saímos, nos secamos e ainda com a pele úmida fomos para a cama. Deitei de lado, senti Arturo me abraçar por trás e simplesmente adormeci.

Um novo dia me encontrou quase na mesma posição em que havia adormecido. Há tempos não descansava daquele jeito. Respirei fundo, virei um pouco e meu marido estava na mesma situação - meio adormecido, meio acordado. Percebi-me nua e lembrei que ele também estava. Levei minha mão ao sexo dele e, como todas as manhãs, estava duro como pedra. Comecei a acariciá-lo com gosto - nem me reconhecia, tinha um apetite sexual insaciável, vivia com minha boceta fervendo e continuei provocando.

Ele reagiu, passando seus braços por baixo dos meus começou a acariciar meus seios e sussurrou no meu ouvido que puta eu estava sendo. Nos beijamos, ele me virou, levantou minhas pernas e enfiou tudo.

Começou a me comer, forte, mais forte, dizendo como eu estava gostosa e isso me excitava ainda mais. Estava molhada, meus mamilos marcados, levei minha mão até meu clitóris, mas Arturo, abusando da sua masculinidade, impediu que eu me tocasse. Ele disse que não, que queria me deixar bem quente, maldito pervertido. Eu me sentia fervendo e só mordia os lábios, afundada na minha impotência. Ele brincava de me violentar e eu simplesmente não aguentava tanta excitação.

Senti que ele ia gozar, mas ele saiu de repente e veio no meu rosto. Me disse para abrir a boca, era hora do café da manhã.

Eu obedeci. Sua glande nua estava a alguns centímetros dos meus lábios. Estiquei a língua para fora da boca só para acariciar a ponta do seu pau e fiquei esperando.

Seu gozo quente começou a escorrer e eu senti na minha língua, nos meus lábios. Comecei a engolir devagar. Era grosso, saboroso, simplesmente adorei.

Depois ele se curvou sobre mim e me deu um beijo profundo. Ainda tinha um pouco dele na minha boca e não podia haver um final mais perfeito.

Pouco depois, descemos para tomar café da manhã. O sol brilhava no céu, parecia ser um dia perfeito, se não fosse por uma ventania persistente e um tanto fresca que cruzava o complexo vinda do rio, batendo nas montanhas do outro lado.

Cumprimentamos a dona Rosa, trocamos algumas palavras e, entre outras coisas, ela nos indicou, como boa moradora local, que aquele vento traria chuva, era típico do lugar.

Nos sentamos contra a janela que dava para a rua. Foi quando Clara chegou com uma bule de café e outro de chá. A cumprimentamos, mas seu rosto estava cortante, distante, e ela quase se limitou ao seu papel de funcionária atendendo clientes.

"O que há com ela?" - perguntou meu marido quando ela se retirou.

A resposta era óbvia. Sou mulher, percebi que ela estava com ciúmes. Certamente na noite anterior, no bar, ela tinha outras intenções, provavelmente um novo menage, mas não havia espaço para ela no nosso casal.

Quando ela voltou minutos depois, e como se nada tivesse acontecido, perguntei que sugestão ela nos dava para passar aquele domingo, já que seria 'nosso último dia' e não havia muitas opções.

Clara entendeu que nas minhas palavras... mensagem, não tinha tempo pra frescura, o tempo tava acabando, ele pensou bem e nos deu algumas opções pra nos virar, mas o que realmente importou na hora foi que ele deixou um papel com o número do celular dele anotado, enquanto confessava que segunda-feira seria seu dia de folga e que, se a gente quisesse, à noite ele estaria disponível pra nossa despedida.

CONTINUARÁ

Se você gostou da história, pode me escrever com o assunto ‘TRÊS DIAS NO PARAÍSO’ no e-mail dulces.placeres@live.com

0 comentários - Tres días en el paraíso - 2 de 3 -