No dejes de pasar por mi mejor post
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4084661/Mi-amada-esposa.html
No te vas a arrepentir!
Siete de la mañana, suena el despertador, a levantarse rápido, no hay tiempo que perder, Emma se despega como un resorte de la cama y como toda mujer hace todo a la vez, mientras se higieniza prepara el desayuno y acomoda los revoltijos que quedaron en el humilde departamento de la noche anterior.
A media mañana despierta a su pequeño hijo, no tiene mucho tiempo para verlo crecer, ni muchas horas para compartir, y eso es algo que no desea dejar pasar por alto, él es su vida.
Le prepara una rica chocolatada y le calienta unos bizcochos que sobraron del día anterior.
Mientras conversan sonríe con las ocurrencias inocentes de su niño, es pequeño para entender sobre la vida de adultos, y sobre el trabajo de su madre, ella sabe que algún día deberán sentarse a conversar, pero eso será más adelante, no todavía.
Lo ayuda con las tareas del colegio, su pequeño tiene problemas con las divisiones, le acaricia los cabellos ensortijados y solo lo ve con ojos de madre.
El reloj no se detiene, es hora de preparar el almuerzo, improvisa un revuelto con arvejas, huevos y unos trozos de carne, se ofusca con el pequeño, ya le dijo tres veces que dejara de jugar con el celular y se acomodara sus cosas, ella no puede con todo.
Almuerzan, con un oído escucha a su hijo, con el otro las noticias de la tv, con toda la atención puesta en el reloj de pared, le alcanza de postre un chocolate que la había comprado el día anterior, sorpresa! Era conformarse con la humildad y sencillez de pequeñas cosas…
Los platos quedarán para lavar en otro momento, se acumulan en el fregadero, se cambia de ropas, y también a su pequeño, le pone el guardapolvo blanco impecable, acomoda sus rulos y salen camino al colegio.
Lo acompaña hasta la puerta, se siente diferente, la tratan diferente, por más que disimulen ella lo sabe, son demasiados prejuicios, su piel negra, extranjera, su profesión…
Siente en carne propia la hipocresía de la humanidad, mira a algunos papas, ellos la conocen demasiado bien, abrazan a sus esposas en un universo feliz, ella podría hablar, pero le conviene tragar sus palabras.
Camina seis cuadras hasta la casa de su madre, como cada día se asegura que al atardecer recogerá a su nieto del colegio, discuten por nada, siempre discuten, no se llevan bien, pero su madre es el único apoyo que tiene.
Se despide como sacándosela de encima, su siguiente destino es el gimnasio.
Al igual que en el colegio, se siente como sapo de otro pozo, pero no le importa, ella está segura de sí misma.
Se coloca los auriculares para escuchar música y aislarse del mundo, empieza su rutina de ejercicios, invariablemente los acordes calientes de centro américa la llevan a su Panamá natal, tierra que desea volver a pisar, pero ahora no es posible, ahora solo puede soñar.
Recuerda su niñez, cuando con nada era feliz, cuando ser pobre no era un pecado, cuando tener piel morena era normal, recuerda cuando con diez años el destino cruzó a su mamá con Gervasio, una argentino de avanzada edad que podría haber sido su abuelo, recuerda cuan felices fueron los tres y como había sentido en ese hombre al amor de padre que nunca había tenido.
Emma se emociona, su mente viaja nuevamente, revive el viaje en avión hasta Argentina, cuanto miedo tenía!
Sus primeros tiempos en tierra extraña, buscando un futuro mejor, sin duda sus días junto a su madre y a su padrastro había sido lo mejor de su miserable vida.
Recuerda cuando tenía trece, el momento en que Gervasio falleció, un ataque al corazón, cuantas lágrimas derramadas, como la que ahora siente correr por su mejilla y ahí empezaría otra historia, una madre y su pequeña hija, solas en un lugar extraño…
Emma mira el reloj, es hora de ir un rato a correr a la cinta, trata de concentrarse en lo que hace y en la música, basta de recuerdos, positiva, mente positiva.
Se siente transpirada y un tanto molesta, sus grandes pechos saltan de un lado a otro y le cuesta mantenerlos en el sostén, ahora recuerda a su madre, es inevitable, discutieron mucho cuando se sometió al implante de pechos, para su madre era un gasto, pero Emma lo veía como una inversión, como explicarle a esa terca mujer que sus nuevas tetas le habían valido varios clientes y que ya el costo había sido amortizado con creces?
Suficiente, hora de trabajar, no está de ánimos, se acerca su período, se siente hinchada en su bajo vientre y con los dolores típicos, desde que se levantó una jaqueca persistente la tiene fuera de eje, pero ella solo no puede enfermarse, ella debe hacer lo que sabe hacer.
Sabe que está en su esplendor, sabe que todas las flores se marchitan y que por más gimnasio y por más prótesis, cuando llegue ese momento todo será más difícil, ya no habrá tantos clientes, ya no podrá poner precios a sus servicios.
Llaga a casa, ve la esfera amarilla del sol que penetra por la ventana, no falta mucho para recibir a las estrellas, se ducha, rápido, rasura sus axilas y emprolija su sexo, luego se acomoda su larga y enrulada cabellera, se perfuma, le gusta oler bien.
Se pone una colaless diminuta, demasiado pequeña, mira su imponente culo ante el espejo, luego unas calzas elastizadas que transparentan su prenda íntima, se monta sobre sus veinte centímetros de tacones, arriba apenas un top para cubrir sus enormes pechos, sus pezones se marcan, vuelve a mirarse al espejo, las piedritas brillantes del piercing que adornan su ombligo captan su atención, luego se ve de espaldas y vuelva a acomodar su cabellera, está toda vestida en color blanco, su color favorito, su piel negra resalta haciendo contraste, y ella sabe que ahora corre con ventaja, todo blanco fantasea alguna vez con cogerse una negra, Lizzet ha nacido, como en cada atardecer.
Toma su pequeña cartera de mano, revisa que no falte nada, su celular, la navaja, varios preservativos, lubricante, pañuelo, algunas pinturas y unas toallitas íntimas.
Começa a andar pela rua, como de costume, rebolando a bunda, é a isca, logo os peixes vão cair. Vários passam, vários olham, alguns param, alguns perguntam, nada ainda.
O sol já se escondeu no horizonte, ainda dá pra ver uma luz fraca do dia que morre no poente.
Um carro velho e todo cagado se aproxima, bem antigo, diminuindo a velocidade, para do lado dela. Um coroa de uns cinquenta, desleixado, com uma barriga enorme, pergunta pelos serviços e preços. Ela sabe que não vai arrancar muito dele, mal junta os trocados pra um boquete. Ela entra no carro e eles partem.
O cara dirige olhando de canto pra ela, ela só pensa na grana que agora tá na bolsa dela. O carro é uma lata velha, faz barulho pra todo lado, ela sabe que não vai ter motel, aquele carro vai ser o 'ninho do amor', só é questão de achar um lugar afastado.
Lizzet engole o choro, o cliente dá nojo, com aquele cabelo comprido e bagunçado, um sorriso tarado, e uma camisa xadrez velha, suada e sem botões.
Chega a hora, estacionam num canto, o cara joga o banco pra trás e se ajeita, afrouxando a calça. Lizzet se aproxima e dá um sorriso falso, olhando nos olhos dele, sem beijo. Tira uma camisinha enquanto acaricia a barriga enorme e sebosa dele, depois chega no pau. Naquele momento, pra ela, aquele cara é Deus, e ele tem que acreditar nisso, mas é tão difícil...
Ela fala como o pau dele é lindo, grosso e comprido, ela não tá nem aí, mas sabe que é o que ele quer ouvir.
Ele pega ela pela nuca e empurra pra baixo, só quer ação, chega de conversa.
Ela coloca a camisinha, fecha os olhos, prende a respiração e enfia na boca. Na hora, ela esvazia a mente, só quer que passe, rápido, o mais rápido possível. Se ajuda com a mão, quer que tudo acabe. O cara para ela, quer prolongar o tempo. Então ela pensa no filho dela, o pequeno, já deve estar brincando na casa da avó. Ela mantém o ritmo, sente náusea, não sabe se é a enxaqueca, a menstruação, o otário que caiu na sorte dela, ou uma combinação de tudo. Vem uma ânsia e ela se levanta. O cliente ri e fala:
— Negra putinha... é muito grande? Não seja safada... não precisa engolir tudo...
Ela dá um sorriso pra ele, nem imagina... volta pro trabalho decidida a terminar o mais rápido que consegue. Sente chegando, a camisinha enche de repente com aquele líquido esbranquiçado. O gordo geme, game over.
Lizzet olha disfarçadamente as horas, tá no tempo certo. O cara parece satisfeito, tira o plástico do pau, dá um nó e joga com desprezo pela janela do carro.
Pouco tempo depois, deixa Lizzet no mesmo lugar onde pegou ela. Ela se sente mal, vomita atrás de uma árvore, xinga.
Vai pra um posto de gasolina que costuma frequentar. Raramente percebe que ali ninguém julga ela, todo mundo já viu Lizzet, a putinha. Entra no banheiro e pede uma garrafinha de água mineral. Precisa tirar aquela lembrança da boca. Olha ao redor, um cara mais velho observa ela com atenção. Ela já viu ele, sorri, e o homem levanta uma das mãos e chama ela com um gesto. Ela se aproxima da mesa rebolando de um lado pro outro, sabe como fazer. O cara é mais velho, cabelos grisalhos penteados pra trás, com uma calvície de monge, usa barba, também branca, rosto magro e olhar profundo. Não consegue evitar lembrar do padrasto, Gervásio, tem muitas semelhanças, enternece ela.
Ele convida ela pra sentar e compra um refrigerante. Lizzet sente as narinas se encherem com uma fragrância doce. Conversam, combinam um futuro. Antonio, como ele diz se chamar, se veste bem, paga as bebidas, saem e ele leva ela pra um carro bonito.
Tudo parece perfeito. Ela sente uma simpatia especial por aquele homem que tem o dobro da idade dela. Ele já adiantou o pagamento. Lizzet confere que tem mais do que o combinado.
Eles entram no primeiro motel que encontram e vão direto ao ponto, Antonio toma uma daquelas pílulas mágicas, não tem problema fazer isso na frente dela, e dessa vez, só dessa vez Lizett decide ser mulher e aproveitar o encontro, algo que não acontecia com frequência, ela decide que não vai transar com a cabeça, vai fazer com o coração.
Aproveitam cada minuto e ela faz amor com ele, não sabe o motivo, mas aquele homem a prende, mesmo que só por um tempo, dá sexo oral nele, beija, sente o pau duro de Antonio penetrar uma e outra vez sua buceta molhada, se sente tão gostosa! não entende como pode se perder tanto no jogo, os orgasmos vêm, ela geme, sofre de prazer, dessa vez não precisa fingir, não precisa adoçar os ouvidos do cavalheiro da vez, dessa vez goza por ela mesma…
Quando Antonio termina, fica só lambendo os mamilos dela como se fosse um bebê.
Lizzet então sente vontade, afinal ela é mulher, por que não se dar a chance de aproveitar como quer aproveitar?
O cara ficou atraente pra ela, e ela já cumpriu com o serviço, mas olha pro pau, ainda tá duro, ela olha pra ele então, sorri e fala que vai dar um presente, vai entre as pernas dele, tira a camisinha cheia de porra, e deixa de lado, observa, olha nos olhos daquele homem, busca dar um bom ângulo pra ele poder apreciar o trabalho dela.
Leva a mão direita na base daquele pau, certificando de puxar bem o prepúcio pra baixo, deixando aquela cabecinha rosa indefesa, apoia a palma nas bolas, sente elas macias, se ajeita, sabe que vai ser uma viagem longa e que vai precisar ter paciência, mas sente vontade de fazer assim, apoia então a mão esquerda na barriga peluda do cara, perto do umbigo.
Abre a boca, sabe que vai ser a única arma dela pra lutar, engole, empurra, pra baixo, mais pra baixo, até quase engolir ele por completo, até quase tocar com os lábios os dedos da mão dele, até sentir ele gozar na maciez da garganta dela, o mais fundo que der.
Ela começa a se mover com aquela pica que enche completamente a boca dela e vai além também, ela adora, e percebe no rosto do homem que está fazendo bem o trabalho dela, só brinca, ela gosta de brincar, sabe que tem que manter o ritmo, lento mas constante pra conseguir a excitação suficiente naquela pica linda, as mãos dela ficam paradas, elas não participam da brincadeira.
A penetração constante tão fundo impede ela de engolir, não importa, é sexy, a saliva dela escapa em rios entre os lábios dela, rola como ondas ladeira abaixo, logo o quadril do lado direito do acompanhante dela fica inundado e a saliva segue o caminho até o colchão.
O sortudo da vez se contorce de prazer, vê o momento chegar, implora pra ela não parar, Lizzet curte, é o prêmio dela, ela vai conseguir, a garganta dela se enche de uma vez com um líquido melado, grosso, delicioso, ela tá quase se engasgando com aquela pica tão fundo e os jatos que saltam sem parar, mas ela é uma profissional e só mantém o ritmo enchendo os ouvidos com os gemidos de prazer do cara, apertando com a mão esquerda a barriga dele pra tentar controlar os espasmos.
O trabalho tá terminado, finalmente ela bebeu da fonte de prazer dele, quase não conseguiu saborear, só sabe que foi demais e se sentiu orgulhosa e excitada pela tarefa cumprida.
Começaram a se trocar, ela tava feliz, Antonio tinha tratado ela bem, ela pergunta
- Aliás… não sei teu nome…
- Lizzet, me chamo Lizzet…
- Ok, Lizzet, queria deixar claro que a última coisa que você fez é por sua conta, se você é puta é problema seu…
Lizzet ri, uma risada de sarcasmo, é que fizesse o que fizesse os homens sempre veriam nela isso… só uma puta, jamais veriam uma mulher…
Antonio puxa ela até o lugar de sempre, se despede e logo é uma nova lembrança…
É tarde, ela já tem a arrecadação do dia, a lua Tá enorme sob um céu impecável, faz calor, ela começa a andar, a casa da mãe é o próximo destino.
Passa um carro e buzinam pra ela, já tá acostumada, a história se repete.
Outro carro se aproxima e reduz a marcha, ela não para, o cara então acompanha o passo dela, começa a falar com ela, mas ela não quer mais trabalhar, já deu.
O cara insiste, é direto, fala que ela tem uma bunda linda e que só quer pagar pra comer ela, só isso, não quer outra coisa.
Ela se deixa tentar, avalia prós e contras, lembra daquele boneco caríssimo que o filho dela pediu e que ela nunca vai poder comprar, é muito dinheiro, demais até se for só pra dar o cu, ela arrisca, mete o preço, o cara aceita na hora, é um dia de sorte...
De novo a mesma história de todo dia, entrar no carro de um desconhecido pra ir no primeiro motelzinho de beira de estrada.
O cliente parece extrovertido, não é do gosto dela, pressentimento, experiência, aperta a bolsa com força, tá nervosa.
Chegam no quarto, vão direto ao assunto, se pelam e Lizett amaldiçoa a sorte, o cara tem uma pica enorme, porra! e logo pro cu... pensa em desistir, mas já pegou o dinheiro e já tão no quarto, já é tarde, odeia pica grande, só traz dor, e esse moleque não parece ser muito carinhoso.
Ela se ajeita de quatro, resignada, ela mesma enfia os dedos tentando relaxar, se lubrifica enquanto ele coloca a camisinha, só precisa aguentar o momento, só o momento, só o momento...
Mas o animal tem uma pica grossa pra caralho, já devia estar acostumada com isso, mas sinceramente dói pra cacete, como fingir prazer quando na verdade tá doendo?
Ele dá um tapa na bunda dela e outro mais forte, chama ela de puta, ela não gosta, não desse jeito... segura ela à força, ela reclama, em que merda ela se meteu...
A pica enorme penetra ela, parece que um burro tá comendo ela, ela grita de dor, e o cliente parece adorar do jeito que arrebenta a buceta dela, não sabe se tá gostando porque imagina que os gemidos dela são de prazer, ou talvez ela realmente curta a dor, fecha e aperta os olhos, xinga o filho da puta, finalmente chega…
Eles se separam, foi uma experiência dolorosamente traumática, sente o cu dela todo dolorido, nem quer se tocar, guarda a calcinha fio dental na bolsa, nem pensar que aquele fio dental roçou o cu dela…
O cara manda ela sentar na cama, quer conversar, mas ela já não quer saber de nada, fez o trabalho dela.
Discutem, ele exige pelo tempo dele, diz que pagou por isso e merece ser ouvido, Lizzet responde que ele pagou pra arrebentar a buceta dela, e bem que tinha arrebentado, o trabalho dela tava feito.
A discussão esquenta, gritam, escândalo, o cliente levanta a mão pra dar um tapa nela, ela se abaixa e a palma da mão acerta bem perto do olho direito dela, Lizzet acaba no chão, não pode perder tempo, se joga trêmula na bolsa, tira o canivete e ameaça ele, fica na expectativa.
O jovem calcula as chances dele, avisa que não tem medo, mas é melhor ir embora, não quer causar escândalo.
É realmente tarde, tarde demais, agora Lizzet caminha rumo à casa da mãe dela, o filho pequeno dela deve estar dormindo, tá sozinha, não tem muita gente na rua, vê ao longe as luzes azuis que a deixam em alerta, uma viatura se aproxima, ela se apressa pra sumir na escuridão, não quer problema com a polícia, cruzar com eles é sinônimo de ser presa e ficar sem um centavo na bolsa, e talvez ter que dar o cu de graça pra algum fardado.
A mãe dela recebe ela, não tá com boa cara, olha com desprezo de cima a baixo, não consegue aceitar que a filha dela é uma puta, nova discussão, pergunta o que aconteceu com o olho dela, o rosto tá inchado, a mãe chora, entende que ela só espera que um dia ela não volte, que um dia matem ela…
O filho pequeno dela dorme num sofá grande, ela vai até ele. Encontro deixando de lado as reclamações da mãe, levanta ele nos braços, entre sonhos, meio consciente o menino fala
-Oi, mamãe Emma!
-Oi, meu amor!
Fica emocionada, ela ainda é Lizzet, mas pra ele sempre será Emma.
Despede da mãe, ainda sente os questionamentos dela, não quer discutir, a enxaqueca não passou.
Anda passo a passo com o menino no colo, caramba, como pesa! Como cresce rápido!
Na escuridão da noite, se sente tão sozinha naquelas quadras, as estrelas olham pra ela em silêncio, a lua ilumina o caminho e uns grilos da meia-noite enchem seus ouvidos com uma serenata improvisada.
Não aguenta mais, os saltos altos parecem se cravar como agulhas nos calcanhares doloridos, como pode, se equilibrando, tira eles, ajusta o pequeno que já parece quebrar a coluna frágil dela, pega os sapatos, arruma a bolsa e faz um último esforço pra chegar descalça em casa.
É tarde demais, nem quer olhar o relógio, só acomoda seu tesouro mais precioso na caminha dele, vai pro banheiro encher a banheira com água morna, é tudo que precisa, vai na geladeira, abre, fecha, é só um reflexo, nunca come nada, tudo dá náusea, só pega um saco de gelo pro olho machucado, passa pelo quarto, pra pegar uma calcinha confortável, se vê por acaso no espelho, Lizzet parece tão puta, tão gostosa…
Mas é hora de se despedir dela, se despe e deixa a roupa no chão, volta pro banheiro, arruma as coisas e mergulha, a água tá deliciosa, ajusta o saco de gelo no rosto e como toda noite revive a tarde vivida, é inconsciente, não consegue evitar, sabe que vai se esfaquear com isso, mas é mais forte que ela.
Lágrimas de dor escorrem pelas bochechas, vê elas caírem, só vê elas caírem…
O tempo passa, ela quer parar ele naquele instante, mas não dá, os mamilos ficam duros porque a temperatura da água baixou, já não sabe quantos minutos passaram…
Dá No final do dia, deixa a banheira pra trás, se seca, vai pro quarto, tá calor, se perfuma antes de dormir, Emma fecha os olhos, amanhã com certeza vai ser um dia longo…
Se você curtiu a história e é maior de idade, pode me escrever com o título ‘UM DIA COM LIZZET’ pra dulces.placeres@live.com
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4084661/Mi-amada-esposa.html
No te vas a arrepentir!
Siete de la mañana, suena el despertador, a levantarse rápido, no hay tiempo que perder, Emma se despega como un resorte de la cama y como toda mujer hace todo a la vez, mientras se higieniza prepara el desayuno y acomoda los revoltijos que quedaron en el humilde departamento de la noche anterior.
A media mañana despierta a su pequeño hijo, no tiene mucho tiempo para verlo crecer, ni muchas horas para compartir, y eso es algo que no desea dejar pasar por alto, él es su vida.
Le prepara una rica chocolatada y le calienta unos bizcochos que sobraron del día anterior.
Mientras conversan sonríe con las ocurrencias inocentes de su niño, es pequeño para entender sobre la vida de adultos, y sobre el trabajo de su madre, ella sabe que algún día deberán sentarse a conversar, pero eso será más adelante, no todavía.
Lo ayuda con las tareas del colegio, su pequeño tiene problemas con las divisiones, le acaricia los cabellos ensortijados y solo lo ve con ojos de madre.
El reloj no se detiene, es hora de preparar el almuerzo, improvisa un revuelto con arvejas, huevos y unos trozos de carne, se ofusca con el pequeño, ya le dijo tres veces que dejara de jugar con el celular y se acomodara sus cosas, ella no puede con todo.
Almuerzan, con un oído escucha a su hijo, con el otro las noticias de la tv, con toda la atención puesta en el reloj de pared, le alcanza de postre un chocolate que la había comprado el día anterior, sorpresa! Era conformarse con la humildad y sencillez de pequeñas cosas…
Los platos quedarán para lavar en otro momento, se acumulan en el fregadero, se cambia de ropas, y también a su pequeño, le pone el guardapolvo blanco impecable, acomoda sus rulos y salen camino al colegio.
Lo acompaña hasta la puerta, se siente diferente, la tratan diferente, por más que disimulen ella lo sabe, son demasiados prejuicios, su piel negra, extranjera, su profesión…
Siente en carne propia la hipocresía de la humanidad, mira a algunos papas, ellos la conocen demasiado bien, abrazan a sus esposas en un universo feliz, ella podría hablar, pero le conviene tragar sus palabras.
Camina seis cuadras hasta la casa de su madre, como cada día se asegura que al atardecer recogerá a su nieto del colegio, discuten por nada, siempre discuten, no se llevan bien, pero su madre es el único apoyo que tiene.
Se despide como sacándosela de encima, su siguiente destino es el gimnasio.
Al igual que en el colegio, se siente como sapo de otro pozo, pero no le importa, ella está segura de sí misma.
Se coloca los auriculares para escuchar música y aislarse del mundo, empieza su rutina de ejercicios, invariablemente los acordes calientes de centro américa la llevan a su Panamá natal, tierra que desea volver a pisar, pero ahora no es posible, ahora solo puede soñar.
Recuerda su niñez, cuando con nada era feliz, cuando ser pobre no era un pecado, cuando tener piel morena era normal, recuerda cuando con diez años el destino cruzó a su mamá con Gervasio, una argentino de avanzada edad que podría haber sido su abuelo, recuerda cuan felices fueron los tres y como había sentido en ese hombre al amor de padre que nunca había tenido.
Emma se emociona, su mente viaja nuevamente, revive el viaje en avión hasta Argentina, cuanto miedo tenía!
Sus primeros tiempos en tierra extraña, buscando un futuro mejor, sin duda sus días junto a su madre y a su padrastro había sido lo mejor de su miserable vida.
Recuerda cuando tenía trece, el momento en que Gervasio falleció, un ataque al corazón, cuantas lágrimas derramadas, como la que ahora siente correr por su mejilla y ahí empezaría otra historia, una madre y su pequeña hija, solas en un lugar extraño…
Emma mira el reloj, es hora de ir un rato a correr a la cinta, trata de concentrarse en lo que hace y en la música, basta de recuerdos, positiva, mente positiva.
Se siente transpirada y un tanto molesta, sus grandes pechos saltan de un lado a otro y le cuesta mantenerlos en el sostén, ahora recuerda a su madre, es inevitable, discutieron mucho cuando se sometió al implante de pechos, para su madre era un gasto, pero Emma lo veía como una inversión, como explicarle a esa terca mujer que sus nuevas tetas le habían valido varios clientes y que ya el costo había sido amortizado con creces?
Suficiente, hora de trabajar, no está de ánimos, se acerca su período, se siente hinchada en su bajo vientre y con los dolores típicos, desde que se levantó una jaqueca persistente la tiene fuera de eje, pero ella solo no puede enfermarse, ella debe hacer lo que sabe hacer.
Sabe que está en su esplendor, sabe que todas las flores se marchitan y que por más gimnasio y por más prótesis, cuando llegue ese momento todo será más difícil, ya no habrá tantos clientes, ya no podrá poner precios a sus servicios.
Llaga a casa, ve la esfera amarilla del sol que penetra por la ventana, no falta mucho para recibir a las estrellas, se ducha, rápido, rasura sus axilas y emprolija su sexo, luego se acomoda su larga y enrulada cabellera, se perfuma, le gusta oler bien.
Se pone una colaless diminuta, demasiado pequeña, mira su imponente culo ante el espejo, luego unas calzas elastizadas que transparentan su prenda íntima, se monta sobre sus veinte centímetros de tacones, arriba apenas un top para cubrir sus enormes pechos, sus pezones se marcan, vuelve a mirarse al espejo, las piedritas brillantes del piercing que adornan su ombligo captan su atención, luego se ve de espaldas y vuelva a acomodar su cabellera, está toda vestida en color blanco, su color favorito, su piel negra resalta haciendo contraste, y ella sabe que ahora corre con ventaja, todo blanco fantasea alguna vez con cogerse una negra, Lizzet ha nacido, como en cada atardecer.
Toma su pequeña cartera de mano, revisa que no falte nada, su celular, la navaja, varios preservativos, lubricante, pañuelo, algunas pinturas y unas toallitas íntimas.
Começa a andar pela rua, como de costume, rebolando a bunda, é a isca, logo os peixes vão cair. Vários passam, vários olham, alguns param, alguns perguntam, nada ainda.O sol já se escondeu no horizonte, ainda dá pra ver uma luz fraca do dia que morre no poente.
Um carro velho e todo cagado se aproxima, bem antigo, diminuindo a velocidade, para do lado dela. Um coroa de uns cinquenta, desleixado, com uma barriga enorme, pergunta pelos serviços e preços. Ela sabe que não vai arrancar muito dele, mal junta os trocados pra um boquete. Ela entra no carro e eles partem.
O cara dirige olhando de canto pra ela, ela só pensa na grana que agora tá na bolsa dela. O carro é uma lata velha, faz barulho pra todo lado, ela sabe que não vai ter motel, aquele carro vai ser o 'ninho do amor', só é questão de achar um lugar afastado.
Lizzet engole o choro, o cliente dá nojo, com aquele cabelo comprido e bagunçado, um sorriso tarado, e uma camisa xadrez velha, suada e sem botões.
Chega a hora, estacionam num canto, o cara joga o banco pra trás e se ajeita, afrouxando a calça. Lizzet se aproxima e dá um sorriso falso, olhando nos olhos dele, sem beijo. Tira uma camisinha enquanto acaricia a barriga enorme e sebosa dele, depois chega no pau. Naquele momento, pra ela, aquele cara é Deus, e ele tem que acreditar nisso, mas é tão difícil...
Ela fala como o pau dele é lindo, grosso e comprido, ela não tá nem aí, mas sabe que é o que ele quer ouvir.
Ele pega ela pela nuca e empurra pra baixo, só quer ação, chega de conversa.
Ela coloca a camisinha, fecha os olhos, prende a respiração e enfia na boca. Na hora, ela esvazia a mente, só quer que passe, rápido, o mais rápido possível. Se ajuda com a mão, quer que tudo acabe. O cara para ela, quer prolongar o tempo. Então ela pensa no filho dela, o pequeno, já deve estar brincando na casa da avó. Ela mantém o ritmo, sente náusea, não sabe se é a enxaqueca, a menstruação, o otário que caiu na sorte dela, ou uma combinação de tudo. Vem uma ânsia e ela se levanta. O cliente ri e fala:
— Negra putinha... é muito grande? Não seja safada... não precisa engolir tudo...
Ela dá um sorriso pra ele, nem imagina... volta pro trabalho decidida a terminar o mais rápido que consegue. Sente chegando, a camisinha enche de repente com aquele líquido esbranquiçado. O gordo geme, game over.
Lizzet olha disfarçadamente as horas, tá no tempo certo. O cara parece satisfeito, tira o plástico do pau, dá um nó e joga com desprezo pela janela do carro.
Pouco tempo depois, deixa Lizzet no mesmo lugar onde pegou ela. Ela se sente mal, vomita atrás de uma árvore, xinga.
Vai pra um posto de gasolina que costuma frequentar. Raramente percebe que ali ninguém julga ela, todo mundo já viu Lizzet, a putinha. Entra no banheiro e pede uma garrafinha de água mineral. Precisa tirar aquela lembrança da boca. Olha ao redor, um cara mais velho observa ela com atenção. Ela já viu ele, sorri, e o homem levanta uma das mãos e chama ela com um gesto. Ela se aproxima da mesa rebolando de um lado pro outro, sabe como fazer. O cara é mais velho, cabelos grisalhos penteados pra trás, com uma calvície de monge, usa barba, também branca, rosto magro e olhar profundo. Não consegue evitar lembrar do padrasto, Gervásio, tem muitas semelhanças, enternece ela.
Ele convida ela pra sentar e compra um refrigerante. Lizzet sente as narinas se encherem com uma fragrância doce. Conversam, combinam um futuro. Antonio, como ele diz se chamar, se veste bem, paga as bebidas, saem e ele leva ela pra um carro bonito.
Tudo parece perfeito. Ela sente uma simpatia especial por aquele homem que tem o dobro da idade dela. Ele já adiantou o pagamento. Lizzet confere que tem mais do que o combinado.
Eles entram no primeiro motel que encontram e vão direto ao ponto, Antonio toma uma daquelas pílulas mágicas, não tem problema fazer isso na frente dela, e dessa vez, só dessa vez Lizett decide ser mulher e aproveitar o encontro, algo que não acontecia com frequência, ela decide que não vai transar com a cabeça, vai fazer com o coração.
Aproveitam cada minuto e ela faz amor com ele, não sabe o motivo, mas aquele homem a prende, mesmo que só por um tempo, dá sexo oral nele, beija, sente o pau duro de Antonio penetrar uma e outra vez sua buceta molhada, se sente tão gostosa! não entende como pode se perder tanto no jogo, os orgasmos vêm, ela geme, sofre de prazer, dessa vez não precisa fingir, não precisa adoçar os ouvidos do cavalheiro da vez, dessa vez goza por ela mesma…
Quando Antonio termina, fica só lambendo os mamilos dela como se fosse um bebê.
Lizzet então sente vontade, afinal ela é mulher, por que não se dar a chance de aproveitar como quer aproveitar?
O cara ficou atraente pra ela, e ela já cumpriu com o serviço, mas olha pro pau, ainda tá duro, ela olha pra ele então, sorri e fala que vai dar um presente, vai entre as pernas dele, tira a camisinha cheia de porra, e deixa de lado, observa, olha nos olhos daquele homem, busca dar um bom ângulo pra ele poder apreciar o trabalho dela.
Leva a mão direita na base daquele pau, certificando de puxar bem o prepúcio pra baixo, deixando aquela cabecinha rosa indefesa, apoia a palma nas bolas, sente elas macias, se ajeita, sabe que vai ser uma viagem longa e que vai precisar ter paciência, mas sente vontade de fazer assim, apoia então a mão esquerda na barriga peluda do cara, perto do umbigo.
Abre a boca, sabe que vai ser a única arma dela pra lutar, engole, empurra, pra baixo, mais pra baixo, até quase engolir ele por completo, até quase tocar com os lábios os dedos da mão dele, até sentir ele gozar na maciez da garganta dela, o mais fundo que der.
Ela começa a se mover com aquela pica que enche completamente a boca dela e vai além também, ela adora, e percebe no rosto do homem que está fazendo bem o trabalho dela, só brinca, ela gosta de brincar, sabe que tem que manter o ritmo, lento mas constante pra conseguir a excitação suficiente naquela pica linda, as mãos dela ficam paradas, elas não participam da brincadeira.
A penetração constante tão fundo impede ela de engolir, não importa, é sexy, a saliva dela escapa em rios entre os lábios dela, rola como ondas ladeira abaixo, logo o quadril do lado direito do acompanhante dela fica inundado e a saliva segue o caminho até o colchão.
O sortudo da vez se contorce de prazer, vê o momento chegar, implora pra ela não parar, Lizzet curte, é o prêmio dela, ela vai conseguir, a garganta dela se enche de uma vez com um líquido melado, grosso, delicioso, ela tá quase se engasgando com aquela pica tão fundo e os jatos que saltam sem parar, mas ela é uma profissional e só mantém o ritmo enchendo os ouvidos com os gemidos de prazer do cara, apertando com a mão esquerda a barriga dele pra tentar controlar os espasmos.
O trabalho tá terminado, finalmente ela bebeu da fonte de prazer dele, quase não conseguiu saborear, só sabe que foi demais e se sentiu orgulhosa e excitada pela tarefa cumprida.
Começaram a se trocar, ela tava feliz, Antonio tinha tratado ela bem, ela pergunta
- Aliás… não sei teu nome…
- Lizzet, me chamo Lizzet…
- Ok, Lizzet, queria deixar claro que a última coisa que você fez é por sua conta, se você é puta é problema seu…
Lizzet ri, uma risada de sarcasmo, é que fizesse o que fizesse os homens sempre veriam nela isso… só uma puta, jamais veriam uma mulher…
Antonio puxa ela até o lugar de sempre, se despede e logo é uma nova lembrança…
É tarde, ela já tem a arrecadação do dia, a lua Tá enorme sob um céu impecável, faz calor, ela começa a andar, a casa da mãe é o próximo destino.
Passa um carro e buzinam pra ela, já tá acostumada, a história se repete.
Outro carro se aproxima e reduz a marcha, ela não para, o cara então acompanha o passo dela, começa a falar com ela, mas ela não quer mais trabalhar, já deu.
O cara insiste, é direto, fala que ela tem uma bunda linda e que só quer pagar pra comer ela, só isso, não quer outra coisa.
Ela se deixa tentar, avalia prós e contras, lembra daquele boneco caríssimo que o filho dela pediu e que ela nunca vai poder comprar, é muito dinheiro, demais até se for só pra dar o cu, ela arrisca, mete o preço, o cara aceita na hora, é um dia de sorte...
De novo a mesma história de todo dia, entrar no carro de um desconhecido pra ir no primeiro motelzinho de beira de estrada.
O cliente parece extrovertido, não é do gosto dela, pressentimento, experiência, aperta a bolsa com força, tá nervosa.
Chegam no quarto, vão direto ao assunto, se pelam e Lizett amaldiçoa a sorte, o cara tem uma pica enorme, porra! e logo pro cu... pensa em desistir, mas já pegou o dinheiro e já tão no quarto, já é tarde, odeia pica grande, só traz dor, e esse moleque não parece ser muito carinhoso.
Ela se ajeita de quatro, resignada, ela mesma enfia os dedos tentando relaxar, se lubrifica enquanto ele coloca a camisinha, só precisa aguentar o momento, só o momento, só o momento...
Mas o animal tem uma pica grossa pra caralho, já devia estar acostumada com isso, mas sinceramente dói pra cacete, como fingir prazer quando na verdade tá doendo?
Ele dá um tapa na bunda dela e outro mais forte, chama ela de puta, ela não gosta, não desse jeito... segura ela à força, ela reclama, em que merda ela se meteu...
A pica enorme penetra ela, parece que um burro tá comendo ela, ela grita de dor, e o cliente parece adorar do jeito que arrebenta a buceta dela, não sabe se tá gostando porque imagina que os gemidos dela são de prazer, ou talvez ela realmente curta a dor, fecha e aperta os olhos, xinga o filho da puta, finalmente chega…
Eles se separam, foi uma experiência dolorosamente traumática, sente o cu dela todo dolorido, nem quer se tocar, guarda a calcinha fio dental na bolsa, nem pensar que aquele fio dental roçou o cu dela…
O cara manda ela sentar na cama, quer conversar, mas ela já não quer saber de nada, fez o trabalho dela.
Discutem, ele exige pelo tempo dele, diz que pagou por isso e merece ser ouvido, Lizzet responde que ele pagou pra arrebentar a buceta dela, e bem que tinha arrebentado, o trabalho dela tava feito.
A discussão esquenta, gritam, escândalo, o cliente levanta a mão pra dar um tapa nela, ela se abaixa e a palma da mão acerta bem perto do olho direito dela, Lizzet acaba no chão, não pode perder tempo, se joga trêmula na bolsa, tira o canivete e ameaça ele, fica na expectativa.
O jovem calcula as chances dele, avisa que não tem medo, mas é melhor ir embora, não quer causar escândalo.
É realmente tarde, tarde demais, agora Lizzet caminha rumo à casa da mãe dela, o filho pequeno dela deve estar dormindo, tá sozinha, não tem muita gente na rua, vê ao longe as luzes azuis que a deixam em alerta, uma viatura se aproxima, ela se apressa pra sumir na escuridão, não quer problema com a polícia, cruzar com eles é sinônimo de ser presa e ficar sem um centavo na bolsa, e talvez ter que dar o cu de graça pra algum fardado.
A mãe dela recebe ela, não tá com boa cara, olha com desprezo de cima a baixo, não consegue aceitar que a filha dela é uma puta, nova discussão, pergunta o que aconteceu com o olho dela, o rosto tá inchado, a mãe chora, entende que ela só espera que um dia ela não volte, que um dia matem ela…
O filho pequeno dela dorme num sofá grande, ela vai até ele. Encontro deixando de lado as reclamações da mãe, levanta ele nos braços, entre sonhos, meio consciente o menino fala
-Oi, mamãe Emma!
-Oi, meu amor!
Fica emocionada, ela ainda é Lizzet, mas pra ele sempre será Emma.
Despede da mãe, ainda sente os questionamentos dela, não quer discutir, a enxaqueca não passou.
Anda passo a passo com o menino no colo, caramba, como pesa! Como cresce rápido!
Na escuridão da noite, se sente tão sozinha naquelas quadras, as estrelas olham pra ela em silêncio, a lua ilumina o caminho e uns grilos da meia-noite enchem seus ouvidos com uma serenata improvisada.
Não aguenta mais, os saltos altos parecem se cravar como agulhas nos calcanhares doloridos, como pode, se equilibrando, tira eles, ajusta o pequeno que já parece quebrar a coluna frágil dela, pega os sapatos, arruma a bolsa e faz um último esforço pra chegar descalça em casa.
É tarde demais, nem quer olhar o relógio, só acomoda seu tesouro mais precioso na caminha dele, vai pro banheiro encher a banheira com água morna, é tudo que precisa, vai na geladeira, abre, fecha, é só um reflexo, nunca come nada, tudo dá náusea, só pega um saco de gelo pro olho machucado, passa pelo quarto, pra pegar uma calcinha confortável, se vê por acaso no espelho, Lizzet parece tão puta, tão gostosa…
Mas é hora de se despedir dela, se despe e deixa a roupa no chão, volta pro banheiro, arruma as coisas e mergulha, a água tá deliciosa, ajusta o saco de gelo no rosto e como toda noite revive a tarde vivida, é inconsciente, não consegue evitar, sabe que vai se esfaquear com isso, mas é mais forte que ela.
Lágrimas de dor escorrem pelas bochechas, vê elas caírem, só vê elas caírem…
O tempo passa, ela quer parar ele naquele instante, mas não dá, os mamilos ficam duros porque a temperatura da água baixou, já não sabe quantos minutos passaram…
Dá No final do dia, deixa a banheira pra trás, se seca, vai pro quarto, tá calor, se perfuma antes de dormir, Emma fecha os olhos, amanhã com certeza vai ser um dia longo…
Se você curtiu a história e é maior de idade, pode me escrever com o título ‘UM DIA COM LIZZET’ pra dulces.placeres@live.com
1 comentários - Um dia com a Lizzet gostosa