Tchau, Stefany Gostosa

Fotos que tomamos mi esposa y yo, tratando de darle un toque erotico
Total libertad para comentar lo que quieran
Espero sean de vuestro agrado

http://www.poringa.net/posts/imagenes/5909834/Erotismo-en-B-N---01.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/5930158/Erotismo-en-B-N---02.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/5962854/Erotismo-en-B-N---03.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/5981636/Erotismo-en-B-N---04.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/5997767/Erotismo-en-B-N---05.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/6004665/Erotismo-en-B-N---06.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/6041938/Erotismo-en-B-N---07.html

A pedido de muchos... arrancamos en color

http://www.poringa.net/posts/imagenes/6075224/Erotismo-en-color---08.html

dulces.placeres@live.com


ADIOS STEFANY


Me llamo Jorge, a continuación, leerán la curiosa historia de la forma en que perdí a Stefany, la que creí la mujer de mi vida, tal vez por inocente, tal vez por confiado, tal vez por tonto, tal vez por ciego, tal vez por enamorado, solo tal vez…

Hoy yo tengo cincuenta años, por lo que ella tiene cuarenta, le llevaba diez años, y a pesar de la diferencia de edad, nuestra sexualidad siempre había sido perfecta. En nuestra convivencia tuvimos tres niñas, que poco a poco hoy las veo hacerse mujercitas. Yo fui siempre el de trabajar fuera en una típica familia patriarcal, soy especialista en redes, informática, software y hardware, y presto servicios a distintas empresas, ella por su parte, siempre fue la de cuidar a las peques y trabajaba desde casa, siguiendo la tradición de su madre, se dedicaba a la costura y en pequeño galpón, en el patio trasero, tenía varias máquinas de coser vetustas, un poco pasadas de moda, pero era una actividad que le gustaba hacer, le mantenía la cabeza fresca y conseguía unos pesos que buena falta nos hacía.

Cuando nos conocimos yo tenía veinticinco, ella apenas quince, era menor, fui el primer hombre en su vida, ella aún era virgen, pero a la tercera semana de conocidos ya le había robado esa virginidad.

Lo nuestro era un amor platónico, yo conocía a su familia, pero como era menor nos encontrábamos a escondidas para tener sexo, lo hacíamos casi todos los días y muchas veces me escapaba del empleo que en esos años tenía solo para cogerla, ella sabía que tenía poco tiempo, así que me esperaba lista, íbamos al grano, le encantaba coger.

Dos años después con el consentimiento de sus padres nos casábamos por civil y por iglesia en una hermosa parroquia de la ciudad, y un año después, con dieciocho recién cumplidos llegaba nuestra primera hija.

Stefany era la mayor de cuatro hermanas, y como la mayoría de los hijos primerizos cargaba con la responsabilidad de haber sido un poco madre y ejemplo para sus hermanas menores, además fue criada en el seno de una familia muy católica donde la infidelidad era un tema tabú como pocos.

Estábamos muy enamorados, o al menos eso creí, si yo lo estaba de ella, de eso no tengo dudas, nunca las tuve.

Todo empezó cuando pusieron la casa contigua a la nuestra a remodelar, era una vieja casona con poco mantenimiento y los nuevos vecinos que habían llegado al barrio quisieron darle un aire fresco y moderno. Y se hizo habitual que una plantilla de operarios estuviera haciendo ruido a diario, golpeado, cortando, amolando y todo trabajo referido a la construcción.

Mi mujer era quien me contaba todo lo que sucedía, ella estaba en casa todo el día y yo estaba siempre trabajando fuera, volvía al anochecer. Así, por labios de Stefany me enteré de la existencia del señor Daniel, un muchacho alto y fornido de tez trigueña, mucho más joven que yo, creí entender que tenía veintiséis años, el capataz de la obra, quien disfrutaba sus ratos libres para remar en kayak, algo que en esos momentos solo fue chisme del día.

Al tiempo, ella me dijo que lo había contratado para que hiciera una limpieza profunda del jardín, era cierto, el césped estaba descuidado, las rejas del frente necesitaban un poco de mantenimiento, lucían oxidadas y descoloridas, y las paredes linderas mostraban revoques caídos en varias partes. Así fue que me enteré de que habían cambiado números y se contactaban por WhatsApp, y también se me hizo costumbre que en su boca siempre hubiese un comentario sobre el ‘señor Daniel’.

-‘Sabes, al señor Daniel se le murió una novia en un accidente y nunca ha podido olvidarla’

-‘Pobre señor Daniel, me dice que esta triste, si hasta se nota en su mirada’

-‘Mira lo que hizo el señor Daniel, también le pedí que hiciera esto otro’

Tal vez mi error fue no darles importancia a esas cosas en esos momentos, yo vivía muy abstraído con mis temas laborares. El siguiente llamado de atención fue cuando Stefany me dijo como si nada que había resuelto remodelar la cocina, obviamente había contratado al señor Daniel, y bueno, solo la dejé hacer, estaba en esos momentos con problemas laborales, tenía que presentar el desarrollo de un software y no lograba que funcionara a la perfección, y la fecha de presentación se me venía encima.

Remodelar la cocina completa era un arduo trabajo, así que el señor Daniel y su cuadrilla iban a cada casi todos los días, haciendo jornadas completas, almorzando en el galpón de casa, mientras yo solo trabajaba fuera. No sé cuándo pasó, pero noté que ya Stefany ya no hablaba del ‘señor Daniel’, solo hablaba de ‘Daniel’, y muchas cosas empezaron a llamarme la atención, mi esposa empezaba a darme señales que hicieron sonar mis alarmas.

Después de unos meses de arduos trabajos la cocina quedó terminada y Daniel y su cuadrilla desaparecieron de casa, pero no de la vida de mi esposa, a pesar de eso, ellos seguían chateando a diario. Empecé a averiguar un poco, por internet, cuáles eran los comportamientos por observar para saber si tu mujer te era infiel, había varios tips, y para mi pesar, Stefany encuadraba en muchos de ellos.

Ella había cambiado muchos de sus comportamientos, noté que le daba mayor importancia a su manera de vestir, si bien nunca salía mal vestida, ahora parecía lucir todo el día sexi, con calzas, polleras cortas, remeras ajustadas, se maquillaba y se miraba al espejo seguido para acomodar sus cabellos, su ropa interior había cambiado, conjuntos con transparencia, incluso sus tangas progresivamente habían perdido tamaño. Sus programas de tv, yo también, incluso las niñas parecimos quedar en segundo plano, ella vivía pegada a su celular, chateando, riendo, y no se apartaba de el por nada en el mundo y lo más llamativo, se rasuraba la vagina por completo, nada de bellos, ella me dijo que así lucía más fresca y a la moda, pero conocía a Stefany, ella siempre había preferido su vulva al natural. También cambió algunos horarios, salidas imprevistas con amigas imprevistas, ella era muy ‘de casa’ y de repente tenía una visa social que nunca había existido.

Sabía que mi matrimonio estaba en juego, traté de reconquistarla, sorprendiéndola con regalos, con flores, llevándola a cenar o a bailar como en las viejas épocas, pero era duro asimilar que estaba perdiendo la partida, pero si yo tenía las mejores cartas, incluso nuestra relación, y hasta las niñas eran un plus a mi favor, pero día a día mi esposa parecía desconectarse más y más de nuestras vidas.

Y hasta donde sabía ese bastardo seguía endulzándole los oídos, por lo que apenas podía espiar en su móvil en sus descuidos, eran simples saludos, aunque él le escribía a veces con doble sentido, no pasaba un solo día sin que chatearan y me sentí acorralado, tomé una decisión drástica, no me enorgullezco de lo que hice, pero no sabía qué hacer, cuando se estaba duchando, tomé su celular y le descargué una aplicación, lo cloné con el mío y así yo podría leer en mi móvil todo lo que ella hiciera con el suyo, esas cosas eran parte de mi trabajo, así que en adelante, podría estar al tanto cada palabra que cruzaran Daniel y mi mujer.

Me transformé en sus ojos en la oscuridad, en su espía nocturno, yo me levanto cada día a las cuatro de la mañana para comenzar mi trabajo, ese era el momento, mientras desayunaba solo y en silencio revisaba todos sus chats del día anterior, los cuales ella borraba sistemáticamente, sin imaginar que todo lo que hacía se copiaba a mi propio móvil gracias a la aplicación que yo le había instalado.

Comprobé que Daniel, tal cual lo había imaginado la acorralaba lentamente, como el cazador a la presa, y ella se dejaba acorralar

‘Quiero ver tu cosita, depilada como me gusta’

Ella respondía con un emoji sonrojada

Él nuevamente, la mandaba una foto de su pene erecto, a punto de estallar, no tengo porque negarlo, era llamativamente más grande que el mío, pero esos no eran detalles que le importaran a Stefany, aunque ya a esas alturas empezaba a dudar todo sobre la extraña que vivía a mi lado.

Las siguientes fotos eran de mi mujer, su vagina, su trasero, sus pechos, y aunque en ese momento la furia me invadía también y una erección contenida por mi pantalón me sorprendía por debajo de la mesa. Una vez más traté de ponerla contra las cuerdas, le pedí que ya no se rasurara la vagina, que quería recordarla tal cual la había conocido, sabía que ella pondría excusas, y así lo hizo, una vez más perdía la partida.

Y con el correr de los días mi sorpresa fue en aumento, las primeras fotos promiscuas que le enviaba pasaron a ser fotos de puta pornográfica, incluso aparecían videos masturbándose, todo para él cómo él quería, cuando él quería. Poco a poco mi mujer cayo del pedestal donde en mi mente la tenía puesta como una mujer fiel.

Esas madrugadas en soledad viendo las fotos de mi mujer en el celular me desconcertaban sin remedio, recuerdo una mañana que en mi descuido tomé la cafetera con la mano sin notar que estaba hirviendo, sentí una profunda quemazón, pero saben que es lo que mas me dolía? el corazón…

Cada mañana partía a mi trabajo desconcertado, perdido en mis pensamientos, tenía demasiadas preguntas, tenía pocas respuestas, tratando de atar cabos sueltos. Stefany de repente había tomado la costumbre de chatearme al trabajo, preguntando donde estaba, o que estaba haciendo, cual era mi ruta para ese día o a qué hora llegaría a casa, evidentemente buscaba estar con el otro sin que yo la importunara. Y yo me hacía el tonto, pero no lo era, recuerdo las palabras de una vecina, esas viejas chusmas que se meten en la vida de todos, una tardecita me preguntó ‘cuándo terminaríamos de arreglar nuestra vivienda, puesto que casi todas las mañanas el coche plateado del contratista estaba en la puerta de casa’, maldita vieja víbora, sus palabras no eran simple curiosidad.

Y una mañana volví a casa de improviso, el Chevrolet de Daniel estaba cerca de la entrada de casa, tragué saliva, apreté los puños y abrí la puerta con el mayor de los silencios, Stefany estaba en la cocina, y obviamente se mostró sorprendida ante mi inoportuna visita, sus ojos se abrieron inconscientemente, pero noté que Daniel a un lado, se ponía terriblemente nervioso e incómodo al verme, nada raro estaban haciendo, pero que hacía ahí ese hombre?

Soné casual con una tonta excusa, mi esposa con la culpa sobre sus hombros, sin que yo preguntara, tartamudeando me dijo que lo había llamado porque su plancha se había descompuesto, sonreí, le acaricié con amor sus cabellos, miré en derredor, no estaba la plancha a la vista, ni herramientas, ni nada que sustentara esa nueva mentira.

Tragué saliva, besé sus labios, imaginando que el había hecho lo mismo antes que yo llegara, estaban fríos como la muerte, quien era esa extraña?

Yo necesitaba asegurarme, necesitaba saber que sucedía a mis espaldas, solo no sabía cómo hacerlo y cada noche me quedaba en la cama, en la oscuridad de nuestro cuarto, con los ojos abiertos mirando la nada misma pensando y pensando, sintiendo a mi lado la respiración calma y despreocupada de la mujer que tanto amaba y que se me estaba escurriendo como arena entre los dedos, mis ideas daban vueltas en mi cabeza, una y otra vez hasta que el sueño me vencía, y a las cuatro de la mañana, solo era volver a empezar.

Tal vez debí enfrentarlos, mil veces lo pensé, a ella, e él, pero me aterraba el miedo a perderla, y si ella lo eligiera a el? No estaba preparado para eso, creo que nunca lo estaría.

Fue la inocencia de mi hija menor quien me dio una idea, como las mayores por la mañana iban al colegio y no volvían hasta las dos de la tarde, ella se quedaba sola en casa con Stefany. La había llevado a la plaza, y solo bromeaba con ella, hasta que me dijo en su aun no pulido castellano ‘el tío Daniel me empuja más fete’, y eso dio pie a un improvisado interrogatorio. Me enteré por su boca que mamá lo llevaba ‘al tío Daniel’ al galpón a arreglar las máquinas, mientras la dejaban a ella mirando los dibujitos con su mamadera caliente, como no lo había imaginado, cuantas veces no me habían puesto los cuernos!!!

Tenía que hacer algo más, sabía qué hacer y cómo hacerlo. Esperé a que mi mujer no estuviera en casa, fui al cuarto trasero, y cablee en forma bien oculta, tres cámaras donde nadie pudiera notarlas, me aseguré de que todo funcionara, tendría la señal en mi móvil, en vivo y directo, la trampa estaba tendida, solo era cuestión de tiempo para que cayeran las víctimas.

Al día siguiente tendría la primera prueba, los traidores cayeron rápido en la trampa, no hacía ni una hora que me había ido de casa cuando ellos entraron riéndose como tontos enamorados, refregándose uno contra otro, trastabillando, llevándose las cosas por delante, se besaron con pasión, dejé mi trabajo de lado y solo me concentré en las imágenes que me devolvía mi celular, Daniel se apoyó contra unas de las máquinas y manoseaba por todos lados a Stefany, ella solo lo besaba y le preguntaba ‘si la amaba’ y el respondía lo que ella quería escuchar, ‘si, te amo, sabes que te amo’, mi esposa desabrochó la camisa que cubría el torso de ese hombre y empezó a besárselo en forma muy provocativa, fue bajando lentamente hasta arrodillarse a sus pies, soltó el cinto que ajustaba el jean a su cintura y con poco esfuerzo le bajó el pantalón y el calzoncillo hasta las rodillas, su verga erguida quedo en primer plano, Stefany la tomó entre sus dedos y se acarició el rostro con ella, ‘que bonita es’ susurró dulcemente.

Ella empezó a chupársela, le acariciaba las bolas e intentaba meterla toda en su boca, la cámara tenía la suficiente nitidez como para dejarme notar la forma en que ella lo miraba mientras pasaba el glande por su lengua, las palabras de su amante que balbuceaba ‘así, así, me encanta como me la chupas’ y toda esa mierda de cosas que hacían a mis espaldas. Admito que tenía un toque erótico, pero a mí me sonaba a perverso, el advirtió ‘me vas a hacer acabar’, y Stefany solo siguió chupando a sus pies, sentí la excitación de ese hombre al borde de su orgasmo, cerró los ojos y se contrajo con vehemencia, y solo empezó a eyacular en la boca de mi mujer, hasta el final….

Luego Stefany se incorporó y se miraron fijamente, el con una sonrisa en su boca limpió la comisura de los labios de mi mujer ya que aún tenía restos de semen pegado, y ella le plantó terrible y profundo beso, de esos que quitan la respiración, cuando se separaron él dijo riendo ‘puta, que gusto a leche tenes, te la tomaste toda…’

Fue suficiente por esa mañana, solo apague el móvil, tenía náuseas y fui al baño a vomitar, todo estaba patas para arribas, esos labios que le chupaban la verga a él, esa boca que se llenaba con su semen, eran los mismos labios y la misma boca que cada noche me besaba, los mismos que me decían que me amaba, los mismos que me juraron fidelidad, no supe que hacer, como seguir adelante, como volvería a besarla, como sonarían sus ‘te amo’ sabiendo que otro la hacía feliz.

Solo dejé correr el agua del río, solo me hice a la idea que la tendría por las noches, pero él lo haría por el día, tal vez compartirla era mejor opción a perderla, tal vez…

Traté de convencerme a mí mismo que yo seguía en carrera, que podría recuperarla, pero noche a noche ella iba cambiando, se hacía distante, siempre tenía excusas, cada mañana cuando veía lo que hacía con su amante solo me llevaba al abismo, jamás imaginé que Stefany hiciera las cosas que estaba haciendo con Daniel, él la manejaba a su antojo, la cogía como y cuando quería, ella se había vuelto su perra, incluso se la daba por el culo y hacían dobles penetraciones con alguna verga de plástico que él le había obsequiado, todo era para él, él la encendía, lencería, juguetes, fotos, lo que imaginen, hasta le daba fuertes nalgadas que la hacían bramar como puta en celo.

Muchas veces habíamos jugado en nuestra intimidad a que ella era una puta, una puta que se revolcaba con todo tipo que se cruzara en nuestro camino, muchas veces habíamos fantaseado en complicidad que ella me metía los cuernos, y que le entregaba todo su cuerpo a algún desconocido, y ahora, cruelmente todo se hacía realidad, hasta sentí culpa por haber sido parte de esos juegos.

Muchas veces tuve las intenciones de ir a casa de improviso, a sorprenderlos mientras cogían, alguna vez invadido en furia pensé en matarlos a ambos y luego suicidarme, alguna vez, invadido en deseo pensé en solo cogerla delante de él, cogerla entre los dos, y hacerla todo lo puta que ella quisiera ser, pero solo fueron intenciones, nunca tuve las agallas suficientes…

Y si el sexo que tenía a mis espaldas me dolía, la conversación de una mañana fue peor aún, el no solo jugaba, estaba enamorándola, después de hacer el amor empezaron a discutir, mientras Daniel se cambiaba dijo

- Ya hablaste con tu esposo?

- No, aun no…

- Y cuando lo harás? Hasta cuando mantendrás esa farsa de matrimonio?

- Daniel, trata de entender… están las chicas, no me la hagas difícil…

- Dificil? Y que hay de mi? cogiéndote a escondidas, como un ladrón, yo te amo Stefi, quiero que formemos una familia, para que sigues con un hombre por el que ya no sientes nada?

Mi mujer se encogió de hombros resignada, suspiró y dijo mirando al suelo

Solo un poco más amor, solo te pido un poco más de tiempo… de todas maneras, creo que Jorge algo sospecha
Fue cuando supe que estaba irremediablemente perdido, Stefany se había enamorado de otro hombre, y no hay como luchar contra el corazón enamorado de una mujer, y honestamente yo no quería vivir una farsa, solo me quedaba una carta por jugar…

Esa mañana llovía torrencialmente, parecía el fin del mundo, pacientemente esperé parado bajo el aguacero a una prudente distancia de la puerta de casa, el Chevrolet plateado estaba ahí, como siempre lo estaba, solo esperé y esperé, hasta que lo vi salir, fue corriendo al auto, encendió las luces, el motor y partió. Era mi turno, fui, golpee la puerta como un extraño, esperé a que ella abriera, sus ojos denotaron la sorpresa al verme, que hacía su esposo, completamente mojado, parado ahí como un tonto, además ella imaginó que por un pelo su esposo y amante no se habían cruzado, pero claro, que iba ella a saber, que iba a saber de un hombre despechado…


Tchau, Stefany Gostosa— Amor, que surpresa… — balbuceei sem nexo.

Falei pra ela me acompanhar, eu precisava que ela fosse comigo, ela não entendia, a chuva, a pequena estava em casa, não era hora, mas mantive minha posição firme, só fiquei parado na chuva, enquanto ela foi buscar guarda-chuva e capas de chuva.

Colocamos a pequena no banco de trás e passamos na casa dos meus pais pra deixar ela um pouco, depois Stefany e eu seguimos viagem, ela não falava, era óbvio que suspeitava que eu sabia de tudo, suspeitava que eu tinha ela na mão, eu só dirigia.

Chegamos na igreja onde a gente tinha casado anos atrás, onde ela tinha me jurado fidelidade, falei pra ela me seguir e ela obedeceu sem dizer uma palavra. Já dentro do templo enorme, tinha um silêncio de morte, nem a tempestade se sentia, só ela, só eu…

Fomos até o sacrário, e já um pouco mais calmo, encarei minha realidade.

— O que você tem com o Daniel? — perguntei seco.

— Com o Daniel? Nada, não tem nada… — respondeu sem conseguir me olhar nos olhos.

— Cê acha que eu não percebi, que ele te visita toda manhã quando eu não tô em casa?, que antes era o senhor Daniel e agora é só Daniel? E que você sempre tem uma desculpa pra ele estar enfiado toda manhã na nossa casa?

— Não, amor, não tenho nada com ele, juro por Deus...

Diante das negações dela, peguei meu celular e mostrei cada uma das fotos que eles tinham tirado, cada uma, com todos os detalhes, e nem tive intenção de mostrar os vídeos do galpão, diante de Deus e da virgem não tinha sentido ouvir os gemidos de puta daquela mulher infiel, ela calou a boca por um momento, como se não soubesse o que dizer.

Só pensou numa saída idiota, e negou tudo de novo, assumiu que tinha tirado as fotos sim, mas que nunca tinha mandado pra ele, e disse que era o Daniel quem atormentava ela e mandava as fotos da rola dele, mas que ela, uma vez e outra, falava pra ele parar de encher o saco!!!

A desgraçada tinha os olhos cheios de lágrimas, eu só continuei brincando com ela, porque ela nem imaginava tudo o que… Eu sabia. Tentei encurralar ela, arrancar as mentiras dela.

—Como assim você não mandou? Se a foto do pau dele aparece no meio das suas!!! Não acha estranho?
—Juro por Deus... o que você quer que eu te diga!!! De qualquer jeito, você já não vai acreditar em mim...

Fiquei satisfeito, só falei que não tinha nada pra perdoar, só sugeri que ela se ajoelhasse e pedisse perdão a Deus, porque não tinha falhado comigo, tinha falhado com quem ela prometeu naquela noite no altar...

Stefany não disse nada, mas o peso da consciência foi maior, era uma carga emocional pesada demais nos ombros dela, e esse peso fez ela se curvar, caiu de joelhos e chorou igual uma criança.

Quando ela se acalmou, peguei na mão dela e só levei ela pra casa.

Mas já em casa, enquanto eu tomava um banho morno pra não pegar uma pneumonia, ela voltou com as estratégias de mentiras dela, repetiu que não tinha transado com ele, que não gostava dele, até falou num tom de acusação: 'agora sou a mais puta e não fiz nada, como você quer que eu te diga?', e a sem-vergonha falou brava, num tom de cobrança: 'a culpa é sua, você me ensinou a ser assim', só porque eu tinha o costume de ligar pra ela de vez em quando e pedir fotos pelada e vídeos dela se masturbando, só por isso, a culpa era minha...

Só falei o quanto eu amava ela, que ela era o amor da minha vida e que tava disposto a lutar por ela.

Naquela noite dormimos em quartos separados, e na seguinte, e também na terceira. Eu me remoía por dentro porque entendia que ela era a errada e quem devia pedir perdão, mas Stefany parecia estar além de tudo que tava rolando. Só teve uma situação que me deu um pouco de esperança: nesses três dias, mesmo que nada melhorasse comigo, pelo menos o Daniel não apareceu. O quarto das máquinas de costura não me deu mais os vídeos pornô dela e os chats pecaminosos entre os dois tinham acabado. Mas claro, Stefany... Agora ela sabia que eu tava de olho nela, e teria sido uma jogada muito burra da parte dela continuar com o jogo.

E como um otário apaixonado, fui atrás dela de novo, queria entender o que tinha feito de errado, o que ele tinha que eu não tinha, queria uma segunda chance, perguntei se ela tinha dormido com ele, mas ela negou uma e outra vez, igualzinho Judas negou Cristo, uma, duas, três vezes.

O mais cômico daquela discussão, onde tentei chegar a um acordo, é que minha mulher sempre teve a manha de transformar as culpas dela nas minhas culpas. A gente supostamente ia falar sobre as sacanagens dela com o Daniel, mas a defesa dela foi um ataque melhor. Ela começou a me dizer que eu deixava ela sozinha tempo demais, que ela cuidava das meninas, que eu focava demais no trabalho, e sem perceber, eu tava sentado no banco dos réus. Nem vou falar quando ela me esculachou por ter espionado ela escondido, que isso não era coisa de adulto, que era falta de confiança e não sei mais o quê. Eu só fiquei calado e mordia os lábios pra não deixar o vulcão que eu sentia por dentro explodir. Como flashes, vinham na minha mente todas aquelas fotos que eles tinham trocado, sem falar nos vídeos pornôs que entregavam ela como uma verdadeira *slut*. Se eu quisesse, bastava fazer ela ouvir os próprios gemidos, os gemidos que aquele filho da puta arrancava dela toda manhã, mas não falei nada…

Só deixei o tempo passar. Um ditado diz que o tempo cura as feridas. Deixei ventos novos soprarem sobre nossa relação, uma segunda chance.

E as coisas pareceram se ajeitar. Toda manhã eu olhava o galpão pelo celular, e toda manhã não acontecia nada. Às vezes ela só ia trabalhar, mas aquele quarto parecia não ter mais vida. Também não teve mais vestígios no celular dela. Segundo as próprias palavras dela, Daniel era só uma lembrança. Nas vezes que cheguei fora de hora em casa, também não apareceu o Chevrolet cinza dele. Minha vizinha Chusma só varria a calçada uma vez e outra, e até pra minha filha pequena aquele homem era o nada no passado.

Mas apesar de todos os esforços, as engrenagens já não encaixavam como antes, talvez nunca mais encaixassem. Nossas relações sexuais soavam forçadas, ela tinha mudado comigo, não era uma mulher apaixonada, era uma mulher acostumada, e cada vez que eu a beijava, cada vez que a tocava, cada vez que estava dentro dela, o fantasma do Daniel me atacava e me apunhalava pelas costas, uma vez e outra, sem piedade.

Pouco tempo depois, a Stefany colocou nossa filha mais nova numa escolinha de poucas horas por dia pra poder entregar as roupas que fazia por encomenda, e começou a se ausentar de casa. Jogada complicada, ela era dona do próprio tempo, a verdade é que tava entrando uma grana boa e, bom, também não era minha empregada pra fazer o que eu mandasse, ou não podia acorrentar ela pra prender na minha vida. Não se constrói uma relação de casal em cima da desconfiança, e eu só deixei ela fazer.

Claro, agora eu já não podia controlar ela, não podia colocar câmeras em qualquer lugar, e com aquela espinha cravada, começou o princípio do meu fim.

Percebi que o love dela por mim era fingido, não se pode brincar de estar apaixonado quando já não se está. Os cristais do copo tinham quebrado e nada mais seria como antes. Daniel teria sido um bom oponente de xadrez, tava ganhando a partida, tava me humilhando…

O que eu entendi como um novo começo, pelas minhas costas tava sendo o fim. Talvez eu soubesse e fingia que não, preferia viver numa triste fantasia a encarar a dura realidade.

E talvez a última jogada cruel do destino veio com a nova gravidez da Stefany. Ela me disse que tava com dois meses de atraso, e em pouco tempo confirmamos que na barriga dela tava germinando uma nova sementinha de love. Eu fiquei feliz, claro, depois de três meninas Sempre sonhei com um filho homem, e talvez essa criatura linda a caminho pudesse, como num passe de mágica, endireitar uma história que já vinha bem torta. E eu, feito um idiota, comecei a fazer planos, projetar futuros, imaginar uma vida nova, reescrever a história, uma família nova e de verdade.

Mas enquanto os dias passavam e minha alegria só aumentava, minha esposa, pelo contrário, ficava cada vez mais perturbada, trancada dentro dela mesma, nos pensamentos dela, de cada palavra tirava uma briga e eu, sem entender os motivos, botava a culpa nos hormônios, nas mudanças da gravidez, e toda vez que tentava tocar nela, ela só sentia vontade de vomitar.

Numa manhã de abril, estávamos sozinhos em casa, as meninas tinham ido pra escola e eu fiquei um pouco mais só pra mimar ela, mesmo ela não querendo, fiquei mesmo assim, fui ajudar na cozinha, enquanto ela lavava a louça da noite anterior eu fiquei do lado secando, um escorregou e caiu no chão se quebrando em pedaços, um acidente besta, mas ela começou a me esculachar, era um jogo de pratos novo e agora aquele jogo ia ficar com uma peça faltando, e aquele pequeno incidente desatou uma onda sem fim de discussões que foram subindo de tom, ela soltando um monte de coisa que tava guardada, e eu deixando claro que não aguentava mais tanta indiferença injusta da parte dela, até que ela explodiu com uma confissão forte que saiu lá do fundo dela:

— Mas Jorge, não seja burro, você não percebe? O moleque que eu carrego na barriga não é filho seu! Tô grávida do Daniel! Amo o Daniel!

Stefany desabou no choro e eu fiquei petrificado, como se a lâmina fria de uma faca tivesse atravessado meu coração naquele instante, me levando direto pro inferno, como eu disse, Daniel teria sido um bom enxadrista, e naquelas palavras meu rei caía no fim da partida, eles só tinham mudado a estratégia, toda manhã minha esposa deixava a pequena na escola e depois corria pros braços do amante, não. Não era nenhum tipo de entrega como eu pensava, eles só se juntavam pra trepar igual bicho. E era o Daniel quem, de tarde, terminava o serviço que, na teoria, era da minha mulher.

Foi foda aceitar isso. Acho que ainda não aceitei. A gente se divorciou, ela não quis nada do que era nosso: nem a casa, nem o carro, nem a poupança, nada material. Só queria recomeçar a vida ao lado do Daniel. E foi com ele. Levou, de comum acordo, só a nossa filha mais nova, que ainda precisava da mãe todo dia. As duas mais velhas, quando descobriram tudo, preferiram ficar comigo. Elas me dão uma força no dia a dia, e eu vou tocando. No meu coração não tem espaço pra outra mulher. No fundo, ainda sou apaixonado pela Stefany.

Se você curtiu essa história, pode me escrever com o título TCHAU STEFANY para dulces.placeres@live.com

0 comentários - Tchau, Stefany Gostosa