Segredos Indecentes

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SECRETOS INCONFESABLES


Ha llegado un nuevo verano, y con ello, la rutina vacacional que ya nos tiene acostumbrados, como pocos disfrutamos un mes en las mejores playas de mi país.
Jorge, mi marido, Jesús, su hermano, Antonella, su esposa y yo, Melany, los cuatro siempre nos movemos en manada y además de una relación de parentesco se dio una especial de amistad, que no se daría con Marcos ni con Daiana, los otros dos hermanos de mi esposo y de Jesús.

Primer día de playa, ahí vamos los cuatro, acomodando sombrillas, reposeras, esterillas, bolsos de mano y demás cosas. Jorge y Jesús son como chicos, son hombres, en segundos se desentienden de todo, se quedan en traje de baño y corren una carrera improvisada para meterse al agua, estamos acostumbradas a sus chiquilinadas infantiles, en un abrir de cerrar de ojos los perdemos de vista y nos desentendemos de ellos
Antonella, mi cuñada, y yo nos quedamos a solas, somos mujeres, necesitamos nuestros tiempos, ordenamos todo prolijamente, incluso las prendas que los muchachos dejaron tiradas por cualquier lugar, acomodamos las reposeras hacia donde da el sol, tenemos que ponernos bronceador, emprolijar los cabellos para que no se dañen y ver que todo esté en orden.

Me saco la remera y la falda para dejarlas junto a las ojotas de playa, luzco un sostén multicolor brilloso sin breteles y un culote más que generoso en un rosa chicle que cubre casi por completo mi generoso trasero. Anto, rápidamente cae en el detalle de mi traje de baño, un tanto extrañada por mi cambio de look no tarda en preguntar

Melany, menuda sorpresa! que pasó con ese colaless de infarto que solías usar año tras año?

Le regalo una sonrisa forzada y contesto

Cuñada, ya tengo treinta y cuatro, es hora de dejar esas cosas provocativas para las jovencitas, no te parece?

Ella responde frunciendo el ceño, como no aprobando mis palabras

Querida, si yo tuviera el culo que vos tenés, usaría tangas infartantes por el resto de mis días, en fin...

Ella terminaba de ponerse bronceador y mientras se acostaba boca abajo en una de las esterillas, se colocaba los auriculares para escuchar un poco de música, me senté de lado, en una de las reposeras, cerré los ojos, el sol estaba demasiado fuerte y me puse a revivir los secretos inconfesables que habían provocado un cambio tan drástico en mi forma de lucir



Era cierto, me sabía dueña de uno de los mejores culos de la playa, de esos que cada hombre voltea al pasar y cada mujer lo mira con envidia, me encantaba lucirlo casi desnudo y que se marcaran en mi piel bronceada, los diminutos blancos de los bikinis, esos que enloquecen al sexo masculino, pero había abusado de algunas cosas y si bien el problema era más cerebral, por lo que yo pensaba, o lo que yo imaginaba, lo cierto es que me avergonzaba y me ponía incómoda volver a usar una tanguita casi hilo dental.

Hacía ya muchos años que convivía con Jorge, mi esposo, vivíamos solos en una casa demasiado grande, con cuartos para niños que nunca llegaron, siempre postergando la idea de ser padres por nuestras ambiciones profesionales.
Jorge y Jesús, además de hermanos era socios, ambos eran ingenieros y tenían una empresa de asesoramiento industrial, no sé bien explicar en detalle en que consistían esos trabajos, solo puedo decir que eran de viajar mucho, de ausentarse demasiado, uno, el otro, ambos, recorriendo las fábricas de todas las provincias.
Yo sabía que Jorge me había metido los cuernos más de una vez, una es mujer, se da cuenta, llamadas, mensajes, perfumes en sus camisas, algún rush descuidado en algún cuello, o un largo cabello negro perdido entre sus cosas. Era evidente que en esas escapadas laborales tenía toda la libertad que a mi lado no tenía. Como dije, yo lo sabía, pero jugaba a no saberlo, solo hacía la vista gorda porque aún hoy lo amo con todo mi corazón.

Y asumo que mi cuñada corre con la misma suerte, aunque nunca quise sacar el tema en forma directa, creo que ella también prefiere solo dejar pasar las cosas, pero es que nuestros maridos, los hermanos, parecen calcados, dos gotas de agua y siempre es evidente como se cubren mutuamente en el más mínimo desliz.
Esa situación solo la ignoraba, lo aceptaba, hacía ver que todo estaba bien, pero en el fondo me dolía.

Toda la trama secreta que me perturba empezó unos tres años atrás, yo trabajo en una importante multinacional y soy una de las dos secretarias de gerencia, me toca en suerte manejar agendas, programar viajes, atender llamados, ser un poco administrativa de papeles, documentaciones legales, un poco contable, otro tanto de recursos humanos, un poco de todo, es un trabajo ameno, me gusta y me pagan muy bien.
En esos días, mi compañera de años dejaba el empleo para tomar una posición similar en otra empresa y generó una vacante que un par de meses después sería ocupada.
Maite tomaría ese lugar, una chica mucho más joven que yo que en esos días estudiaba una licenciatura en recursos humanos, resultaría ser una empleada ejemplar y que honestamente era muy superior a mí en ese aspecto, incluso ella manejaba ingles a la perfección.

Pero no era su rol laboral el que me desvelaba, sino lo que ella era fuera del empleo. Maite no era una chica bonita, ni llamativa, pero tenía otra cabeza, diferente a la mía, desprejuiciada, desinhibida, lujuriosa, vivía su sexualidad en una forma muy loca y apenas entró en confianza conmigo no dudó en contarme todos los detalles, vivía de fiesta en fiesta, a veces me pasaba fotos de los chicos con los que estaba, no se ataba a nadie, explotaba una bisexualidad manifiesta y siempre tenía un tema caliente para tratar, dos chicos, otra chica, un chico y otra chica, reuniones de vale todo y sus historias eran tan locas como excitantes, al punto que al escucharla siempre terminaba toda mojada.
Digamos que su forma de encarar la vida era excitante, pero yo jamás me hubiera animado a tanto, yo era la fiel, la de jugar uno a uno, la que se amoldaba a lo que la sociedad dicta como normal.

Maite me encendía, en esas charlas de oficina a escondidas, incluso hasta me sentía acosada por ella, por sus palabras, por sus miradas, por sus gestos, siempre me decía que tenía un culo perfecto, y que tarde o temprano me lo iba a comer y solo me arrancaba calurosas sonrisas, y siempre le decía que eso nunca sucedería, estaba claro que a mí no me gustan las mujeres.
Ella a veces me arrancaba secretos, nunca supe porque alguna vez le confesé que me gustaba mucho el sexo anal, no sé, me hacía sentir sucia, perversa, y cuando mi esposo me lo hacía él se ponía como loco, como un animal, actuando por instinto y eso me hacía sentir poderosa.
También sabía lo malo de mi relación con Jorge, sus viajes, sus infidelidades veladas y mis sufrimientos en soledad, sabía que toda esa historia a Maite no le gustaba, y un poco por mis palabras no le caía en gracia la figura de mi esposo, solía decirme que alguna vez ese bastardo tendría su merecido, aunque esas palabras, nunca pasaron de palabras tiradas al aire.


Segredos IndecentesEstava chegando o dia quatro de setembro, eu ia completar trinta e quatro anos, um dia especial pra mim, pensava em comemorar em família, como todo ano, mas pouco antes meu marido chegou com a notícia de que tinha uma viagem de trabalho inadiável, só ele podia resolver e não teria como mudar o destino.

Meu rosto de frustração, de decepção, de desesperança com a situação dizia mais do que minhas palavras queriam falar. Maite percebeu, eu era transparente demais pra ela e ela só precisou puxar a ponta do novelo pra me fazer falar, e naquela terça, enquanto algumas lágrimas rolavam pelo meu rosto, ela me disse:

— De jeito nenhum minha Melany vai ficar sem a festa dela! E se o marido não te valoriza, aqui tem uma amiga que vai meter a cara no fogo por você!

Ela foi tão convincente ao falar, e eu estava tão pra baixo que com um sorriso forçado aceitei ir pra casa dela naquele sábado à noite.

Lembro que na sexta, ao terminar o expediente, ela me disse:

— Amiga, pra amanhã depila a pussy toda porque vou te chupar até te fazer menstruar! — sim, assim de putona que ela era pra falar.

— Isso nunca vai acontecer — retruquei enquanto ela caminhava pro carro dela.

— Você por via das dúvidas, depila — ela falou fechando a história.

No sábado eu estava sozinha e entediada em casa, e sabia que não ia transar com ela, mas achei sexy me depilar por completo, embora sempre me depilasse, dessa vez parecia diferente.

E chegou a fatídica noite de comemorar meu aniversário a sós com ela, fui pra casa dela com a ideia fixa de evitar qualquer joguinho lésbico entre a gente, só um jantar pra não ficar sozinha e pronto, mas ao chegar, percebi que meus pensamentos estavam completamente errados e que eu não fazia a menor ideia do que ela realmente tinha na mente perversa dela.

É que ela não estava sozinha, dois caras lindos demais pra serem reais estavam com ela, aqueles homens irritantemente perfeitos que te fazem ficar toda molhada só de olhar, aqueles que Elas fazem você fantasiar com os desejos mais perversos, senti minha respiração acelerar, então Maite falou:

— Melany, te apresento o Denis e o Alexis, eles são velhos conhecidos, dançam sarados e semi nus num clube de mulheres, ha ha!
— Gente, ela é a tal que eu tava falando, trinta e quatro anos, não parece, né?

Tentei ser discreta com minha amiga, puxei ela de lado e quase sussurrei no ouvido:

— Você tá louca? Em que porra você tá pensando?

Mas ela respondeu me dando um tapa forte na bunda:

— Relaxa, meu amor! Você nunca vai esquecer essa noite! Não vai ter outro aniversário igual a esse!

Talvez eu só devesse ter voltado pra casa pra não me afundar nessa merda, mas aqueles caras eram bonitos demais! E só passava pela minha cabeça meu querido marido, onde ele estaria, o que estaria fazendo, se o filho da puta mal tinha me falado bom dia de manhã...

E a gente comeu, e bebeu, e mais um copo, e outro, demais pra mim e rapidamente perdi a sanidade, perdi o controle, meio bêbada, meio frustrada, meio louca, meio machucada, meio inconsciente, meio curiosa.

Perdi a conta das horas, só lembro que em algum momento eles começaram a dançar bem quente, tipo stripper, com uma música melosa de fundo, aos poucos foram deixando as roupas caírem, senti meus mamilos duros e uma cachoeira incontrolável entre minhas pernas, minha amiga uivava e me enlouquecia, sentada do meu lado, duas espectadoras na primeira fila, pegamos mais um copo e eu só queria que aquilo não parasse, nunca mais...cuDenis e Alexis tiraram até as cuecas que tinham, e juro que não consegui acreditar que aquelas rolas eram reais, não que o tamanho fosse importante pra mim, mas eram dois garanhões de assustar, fiquei besta olhando de boca aberta aqueles paus ainda caídos, do tamanho de uma garrafa de água de meio litro.

Maite me pegou de surpresa, num descuido me deu um beijão na boca e senti a língua dela procurando minha garganta, tinha gosto de álcool, afastei ela com medo, mas ela só ria às gargalhadas.

Depois da minha rejeição, ela só me deixou de lado, foi até os caras, beijou eles apaixonadamente, um e outro, e eles começaram a arrancar as roupas dela, tudo era muito erótico, muito pornô, e eu olhava ainda sem acreditar, com as bochechas queimando de calor. Maite se ajoelhou no chão, acariciando os paus que iam subindo pro céu e ficando intimidantes, e começou a chupar eles, muito gostoso, um e outro, muito desejável, e só se certificava de olhar fixamente pra mim enquanto fazia isso. Senti minha boca seca e passei a língua nos lábios pra umedecer, tava nervosa, envolvida em desejos entre o certo e o proibido.

Alexis saiu do jogo pra vir do meu lado, me oferecer o que ele carregava, mordi os lábios mais forte como tentando me negar ao inevitável, só soltei o ar com força e pronto, fechei os olhos e enfiei tudo que pude daquela rola enorme na minha boca, até doer no fundo da garganta, era tão gostoso, tão apetitoso, tinha gosto de homem, tinha gosto de macho, e ele me deixava fazer, acariciando minha cabeleira loira.

Tava perdida, Denis me surpreendeu do outro lado, não vi ele chegar, mas dei um sorriso pra ele e foi a vez de chupar ele enquanto punhetava o outro com uma mão, e aí me encontrei sem imaginar, sentada no sofá, chupando rola de um lado e do outro, perdida, entregue como uma puta, com a buceta fervendo de desejo, pulsando no fundo, com o sangue quente fervendo pelo meu corpo.

Minha amiga me surpreendeu. então se enfiando entre minhas pernas, também não vi chegando, mas a Maite levantou minha saia e puxou minha calcinha pra baixo, passou os dedos nela e falou

vadia, você tá toda molhada, e vi que depilou pra mim!

Eu tava ocupada demais chupando pica pra responder, e não conseguia manter as pernas fechadas, minha colega de escritório só começou a me dar um boquete delicioso, talvez o melhor da minha vida, não sei se tava bêbada o suficiente, ela tinha me avisado que ia fazer, porra!

Pra mim era tudo muito louco, ainda mais quando o Alexis veio por trás e começou a comer ela, ela gemeu sem parar de chupar minha buceta. E eu fazia o mesmo com a pica do Denis, um trem de loucura sem fim.

Em algum momento parecemos nos separar e trocar, ela com o Denis, de um lado, eu e o Alexis do outro.

Ela tava de costas com as pernas abertas de lado, com o macho comendo ela com vontade, e eu montando no que me tocava na vez.

O lugar se encheu de gemidos, de orgasmos, de pecados, me dava tesão ver eles comendo e a pica enorme do Alexis perfurando minha buceta, me senti puta como nunca, livre, maldita, safada, solta.

Eu mesma decidi trocar de buraco e com uma dor que logo viraria prazer só enfiei no cu, naquele ponto queria mostrar pra minha amiga o que tanto confessei nas conversas de escritório.

A pica do meu macho ficou mais e mais dura, senti ele gozar, acelerei o ritmo, gritei e finalmente ele encheu meu cu de porra.

A Maite largou o que tava fazendo, se enfiou por trás, as mãos dela abriram minhas nádegas e só começou a lamber meu cu enquanto eu expelia sêmen, achei nojento o que ela tava fazendo, mas ao mesmo tempo me pareceu quente.

Nisso a gente tava quando o Alexis chegou se masturbando pra gozar nos meus peitos, o sêmen dele tava quente, grudento e só não parava de gozar, mais e mais até deixar minha testa nevada. De novo a Maite veio pra cima, maldita vadia, só começou a chupar gostoso minha buceta. Peitos, mordiscando meus mamilos e depois, quase à força, me arrancou um novo e profundo beijo de língua, lábios contra lábios, mergulhados naquele manjar branco daqueles cavalheiros que tinham nos fodido como bestas. Foi muito gostoso, admito, muito louco, um lindo beijo entre mulheres compartilhando o melhor dos dois homens.

A gente só se perdeu entre música e álcool, em loucuras e, sem perceber, eu tinha caído no abismo, aquela não era eu, não tinha barreiras, não tinha limites, numa corrida a toda velocidade, sem freio de mão.

Depois de recuperar as energias, a Maite assumiu um papel de espectadora, com uma taça de vinho sentou de lado e deixou claro que eu era a homenageada e ela só ficou num sofá grande, se masturbando pacientemente com a imagem que dois homens e uma mulher lhe davam.

Aqueles caras de corpos perfeitos e esculpidos me flanquearam, não consegui, ou não quis resistir, um enfiou de novo no meu cu, depois o outro, se revezavam na minha bunda e por mais grandes que fossem, já tinha me acostumado com seus diâmetros.

Percebi que queria algo louco, tinha a oportunidade na minha mão e não sabia se algum dia poderia fazer de novo, pedi diretamente, sem rodeios, sentei na pica de um enfiando por trás, e recostei minhas costas no peito dele, me abrindo toda pra receber a outra pela frente, o Denis se ajeitou e encheu minha pussy, me encheram dos dois lados, enormes, completas, só gritei morrendo de prazer, só queria mais e mais e naufraguei nos meus mares de orgasmos. Perdi a noção de tempo e espaço, aquela não era eu, e a Maite do lado me incentivava a não parar, me chamava de puta e dizia o quanto amava aquelas picas que estavam me perfurando fundo.

O Denis então tirou da minha pussy, e apontou pra minha bunda, onde estava a pica do Alexis, e começou a forçar, achei que ia morrer, respirava fundo tentando pegar ar, mais do que conseguia, pensei que ia me rasgar, doía pra caralho, mas não conseguia parar, simplesmente não conseguia. Resistir e a tentação do pecado era grande demais.
Aos poucos, meu esfíncter foi se esticando até não aguentar mais, aqueles dois enormes caralhos tinham entrado no meu cu, eu gritava igual uma porca, adorava aquilo, me masturbei até não aguentar mais sentindo aqueles paus enormes se mexendo ao mesmo tempo dentro do meu cu.
Maite veio para o meu lado, e enquanto eles me davam uma dupla penetração anal, ela comeu minha boca com beijos intermináveis e profundos, eternos, femininos, perversos.

Eram quase quatro horas da tarde de domingo quando acordei enroscada nos lençóis da minha própria cama, não lembrava quando tinha chegado lá, nem como, só tinha lembranças nebulosas de ter transado sem controle até o amanhecer, minha cabeça estava explodindo e sentia cheiro de porra no corpo todo, doía tudo, como se um trem tivesse passado por cima de mim, ardia fundo na minha intimidade, e notei meu esfíncter destruído, mudado, esticado, um antes e um depois, maldita perversão.

Segunda-feira, novo dia de escritório e voltei a ser a recatada de sempre, não conseguia olhar minha colega nos olhos, mas ela só tinha aquele sorriso macabro nos lábios.

— Não se preocupa! — ela disse, colocando a mão sobre a minha — vai ser nosso segredo, tá tudo bem, só se vive uma vez.

O sol queima demais, Jorge e Jesus continuam dentro do mar, alheios à situação, já não posso usar fio dental na praia, tenho medo de meu esfíncter dilatado ficar exposto, e eu sei, provavelmente a situação passa mais pela minha cabeça, pela minha imaginação, do que pelo que realmente é, até meu marido deve ter notado, mas acho que, assim como eu, ele preferiu não perguntar, olhar para o lado e só se fazer de desentendido.

— Antonela! Antonela! — chamo minha cunhada, que parece ter dormido no sol enquanto a sacudo discretamente — tá calor, vamos para a água um pouco?

Se você gostou dessa história, pode me escrever com o título 'SEGREDOS INCONFESSÁVEIS' para dulces.placeres@live.com

3 comentários - Segredos Indecentes

Realmente me encantó, lo viví de principio a fin
Muy buena historia y me encanto la foto del culo detonado y concha grande, se sabe de quien es?
Son solo fotos que encontré en la web