Esposa gostosa e perfeita

No dejes de pasar por mi mejor post

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4084661/Mi-amada-esposa.html

No te vas a arrepentir!





UNA ESPOSA PERFECTA

Como verán al terminar de leer mi historia, soy una esposa perfecta, hoy con treinta y ocho años de edad, jamas le fui infiel a mi esposo, ni le seré, siempre cumplo todos sus pedidos, siempre atenta con el, no tengo secretos y mi matrimonio es perfecto tal cual es.
El fue mi primer hombre, hace ya muchos años atrás, donde comienza esta historia, nuestra historia.

Tenía apenas dieciséis, jamás había estado con ningún chico, ni siquiera roces de labios, es que vivía en una familia muy tradicional, patriarcal, papá, mamá, mi hermano mayor,yo y mi hermana menor.
Papá por sobre todo era muy celoso de sus dos hijas mujeres, si por el fuera aun seríamos vírgenes, y a veces odiaba mi hermano por gozar libertades que nosotras nunca tendríamos.

Mi abuelo, el padre de mi padre, Antonio García, había sido presidente en uno de los dos clubes mas importantes de la cuidad, mi padre, era socio vitalicio y teníamos toda una historia relacionada con los deportes, ese club era como nuestro segundo hogar.
Domingos de interminables parrilladas y en época estival casi que vivíamos en el natatorio recreativo
Mi hermano practicaba voley, por su altura privilegiada, y también algo de basquet, mi hermana era un poco adicta al tenis, ella es bastante personal y egocéntrica, triunfa sola y se hunde sola, en cambio a mi me iban los deportes de equipos, por lo cual desde muy pequeña me había decantado por el hockey sobre césped.

En esos días pasaba muchas horas en el club, y era inevitable el roce con muchas personas, entre las cuales apareció Alan.
El me llevaba un par de años de edad, jugaba al fútbol en las divisiones inferiores, creo que nos gustamos desde siempre, tal vez porque el medía mas de un metro noventa, y yo, un metro ochenta, yo me sabía bonita, pero el también era un bombón, con su larga cabellera rubia y sus ojos celestes, con un físico privilegiado, era sin dudas el mas llamativo del equipo y mis compañeras de jockey hablaban todo el día de él, tenía mas perfil de modelo masculino de ropa interior que de futbolista profesional.
Alan jugaba en la defensa, yo no entendía demasiado ese deporte pero junto a él poco a poco fui aprendiendo. Esa tarde por casualidad me quedé viendo una práctica, aunque en verdad estuve ahí por el, muchas veces nos habíamos cruzado las miradas y fue ese día, que me invitó a tomar algo.

Así empezaron nuestros días de pareja, Claudia, mi mejor amiga y compañera de juego, me tenía sana envidia porque como decía, me había llevado el premio mayor, y llegaron los besos y llegó nuestra primera vez.
Y mi primera vez fue un fiasco, todo lo bello, todo lo enorme, todo lo espectacular que Alan tenía a la vista se derrumbaba con la pequeñez de su miembro, tenía una miniatura y si bien le dije que lo había pasado bien, en el fondo había sido una pesadilla.
Cuando se lo conté a mi amiga ella no lo podía creer, me dijo que lo dejara, antes que fuera tarde, pero a mi me daba pena por el, yo me había encariñado, Alan era un chico muy bueno y el se mostraba muy ilusionado con nuestra relación, me trataba con respeto y estaba siempre pendiente de mis caprichos, me apenaba decirle en la cara que su micro pena era para mi un problema.

Seguimos adelante, y como me había advertido Claudia, poco a poco solo complicaron las cosas, entré a su casa, conocí a su familia, a sus padres, a su hermana y Alan a la mía, y fue del agrado de papá, y de mi hermano, con quienes se hizo muy confidente hablando y hablando de fútbol, de deportes, de la historia del club y de mi abuelo, el que había sido presidente.
Y poco a poco las cosas entre nosotros dejaron de fluir, tenía un corazón enorme, pero en la cama estaba todo mal, yo nunca había estado con otro pero si lo que él me daba se llamaba sexo, pues entonces el sexo no me gustaba.

Y no supe como encararlo, es que sabia que para el sería humillar su masculinidad, pero no hicieron falta palabras, mis caras de culo ya no eran disimulables después de cada encuentro y era notorio que trataba de evadirlo, él se dió cuenta, pero tampoco me dijo nada, jamás tocó el tema.
No sabía como salir de ese laberinto, el hombre perfecto con un sexo deprimente.

En esos tiempos, me llamó la atención que mi novio, empezara a hablarme de Joao, uno de sus compañeros del equipo.
Joao era brasileño y hacía un tiempo que su representante lo había traído por mis pagos a probar suerte, lo había visto algunas veces, jugaba arriba, delantero, era rápido como la luz y le pegaba muy bien al arco, era morenito, petisito, me llegaba a la altura de mis tetas, de cabellos crispados, chueco, con las piernas encorbadas de manera que sus rodillas quedaban muy distanciadas entre si, también llamaba la atención por su acento, y por su fealdad, el chico era feo con todas las letras, con una boca prominente por donde parecían escapar sus dientes en forma incontenible.

Así tenía varios apodos, 'brazuca', 'chueco', 'petiso', y cuando buscaban ser crueles solo lo llamaban 'el niño rata'

Pero por algo Alan lo traía en forma recurrente a nuestras charlas, el me contaba que en vestuario de caballeros, mientras se duchaban, Joao era tema recurrente de charla, también lo llamaban 'tres piernas' por la enorme verga que parecía llegarle a las rodillas.
Yo no decía mucho, solo escuchaba, pero algún tiempo después Alan me contaría que la forma en que se habrían mis ojos y se dilataban mis pupilas me dejaban en evidencia de cuan interesada me mostraba.
Y solo me hablaba de su compañero, de su verga y también me decía que el estaba enamorado de mi, de mis tetas, y de mi culo y que hasta le había confesado 'que se masturbaba con la imagen de su novia jugando al hockey'.
Noté en mi novio ese juego de indirectas entre su pene y el pene de Joao, que no sabía hacia donde iban, solo que me dejaban bien mojada.

Una mañana de abril, un martes, estaba en una de mis prácticas habituales, fue Claudia, mi amiga quien me advirtió como chimento entre chicas, que en la tribuna, entre casuales curiosos que solían asistir, se encontraba mi novio junto al chico brasileño, pero no le di demasiada relevancia al tema.
Cuando terminamos, estaba toda transpirada, con olor a mujer, ya entienden, quería ir por una ducha pero Alan me salió al cruce, me dijo que tenía un regalo para mi, que era una sorpresa, noté que Joao no estaba ya con él, y no entendí nada, le comenté sobre mi deseos de asearme pero el insistió en que no debíamos esperar.
Fuimos caminando tomados de la mano, el me llevó hacia los viejos vestuarios del club que estaban un tanto apartados del complejo principal, hacía unos cuatro o cinco años que estaban abandonados y clausurados, ya que se habían construido los nuevos y modernos cerca de la piscina de natación, nadie iba a ese sitio ya, y tenía pactada fecha de demolición, apenas de vez en cuando solían juntarse los pequeños a jugar a las escondidas, pero no demasiado mas.

Yo no entendía nada, cuando llegamos, Alan me dijo que entrara tranquila, que él se quedaría en la puerta haciendo de custodia, respondí con una sonrisa nerviosa por la intriga, pero el me animó a entrar, se respiraba humedad y el moho estaba dominando el lugar, un molesto y pausado 'tic tic tic' evidenciaba una gotera de agua, sobre el fondo divisé a Joao, el me esperaba sentado, fui a su lado, nadie dijo palabra, se incorporó, sus ojos como de costumbre estaban a la altura de mis tetas, se estiró en puntas de pies, me tomó por la nuca y llevó mi cabeza contra la suya, metió su lengua en mi boca y al mismo tiempo tomando mi mano la condujo bajo su pantalón, donde me esperaba su pija dura como el acero.
Fue todo tan repentino que no me dio tiempo a nada, no salía de mi asombro, el me seguía besando y no seso la presión hasta que notó que yo no me negaba, por el contrario, empezaba a relajarme, y solo acariciaba incrédula lo que él tenía entre las piernas.

Joao dejó mi boca, levantó mi remera transpirada, soltó mi corpiño y mis ricas tetas fueron todas suyas, era un tanto cómico para mi que el fuera tan petiso, o yo tan alta, como fuera, estaba justo para comerme los pechos y era muy rico, la transpiración de mi conchita empezaba a mezclarse con mis jugos calientes de mujer al tiempo que ya había bajado sus pantalones, mis ojos no daban crédito a la enorme verga que tenía ese chico, no se como su corazón bombeaba tanta sangre para mantenerla erguida.
Se la acariciaba con ambas manos, era tan gruesa que no alcanzaba a rodearla, no pude resistirlo mucho mas, solo lo empujé nuevamente contra el asiento, saqué mi short de gimnasia junto a mi tanga transpirada y mojada para ir sobre el, un tanto en cuclillas, como pude, con mis rodillas sobre el banco, lo abracé y solo me senté haciendo que entrara casi toda, era como si una flecha ardiendo atravesara mi fuego interior, haciendo de los dos uno, no pensaba, no razonaba, solo quería eso que él tenía.

Esposa gostosa e perfeitaComecei a me mexer, a chupar ele todo, que pau gostoso que ele tinha, era enorme, era perfeito, os orgasmos começaram a cair um atrás do outro, com uma dor gostosa impossível de descrever, eu pegava a cabeça dele e enterrava o rosto dele entre meus peitos, pra ele chupar meus mamilos, ele falava como eu era gostosa e eu só conseguia responder com gemidos abafados, ele estava me partindo ao meio, me enchendo de prazer, de um jeito que o Alan jamais conseguiria fazer.

Senti minhas pernas ficarem duras, só virei procurando outra posição, virei a bunda pra ele, e sentei de novo, agora de costas, fundo, mais fundo, era demais, acariciava as bolas dele e percebia que ainda faltavam uns centímetros pra engolir, mas senti a cabeça dele encravada no meu útero e me fazia gritar demais.

Mas o Joao tinha me agarrado pelas cadeiras e me apertava contra o corpo dele, mais e mais fundo, até que me fez engolir ele por completo, sentia ele no estômago, me masturbei com força e gritei meu orgasmo com tanta energia que com certeza o próprio Alan teria me ouvido da porta.

Não aguentava mais, além disso não tinha camisinha e tinha que parar com aquela brincadeira, fui de joelhos chupar ele, era tão grande que me intimidava, levemente torto pra um lado, com um prepúcio curto que tinha se recolhido pela própria ereção deixando a cabeça dele bem aparecendo, sentia meu coração acelerado e minhas mãos suadas, meus cheiros de esporte tinham se misturado com meus cheiros sexuais, eu tava com cheiro de mulher, selvagem, gostosa.

Beijei ele, acariciei ele, o Joao não tinha nada a ver com o Alan, esse garoto definitivamente era pra ligas maiores e eu me vi perdida na situação, a cabeça dele mal cabia na minha boca pequena e eu não sabia como brincar com minhas mãos, era inexperiente e nunca tinha estado com um animal daquele.

Lembrei de algum pornô que tinha visto com as meninas, e tive a ideia de só passar minha língua nele, devagar, bem devagar, como se fosse um sorvete, desde a Da base até a ponta.
Cada vez que passava pela glande dele, o João se estremecia, se contraía de prazer e a respiração dele ficava ofegante. Sabendo que tava fazendo tudo certo, comecei a ficar excitada, sentia meus fluidos escapando da minha buceta e escorrendo pelas minhas pernas. De repente, nos meus movimentos lentos, notei que do furinho dele saía um líquido totalmente transparente, parecia que ele tava começando a chorar, e só escorreu pela glande.

Levei até minha boca, tinha um gosto delicioso, mas não percebi que era o começo do fim. Ele segurou minha cabeça com força e garantiu que eu não pudesse escapar. Os jatos de porra começaram a bater na minha garganta, com uma quantidade inacreditável, quase me afogando, mas me virei pra não deixar escapar nem uma gota.

Fiquei olhando pra ele, satisfeita, acariciando o pau dele que já começava a perder a ereção. Ele me ajudou a me levantar, meus joelhos doíam pra caralho. Nos vestimos em silêncio e naquele momento eu já não conseguia mais olhar nos olhos dele, tava envergonhada, tinha recuperado a sanidade. Não conversamos muito, ele me elogiou num misturado de espanhol com português e só foi embora.

Minutos depois, Alan, meu namorado, veio me encontrar. Tava feliz só de imaginar que eu tava feliz, me abraçou com carinho e me deu um beijo enorme e interminável na boca. Senti minhas bochechas queimando de vergonha, é que ainda sentia o amargor dos fluidos do João na minha boca, mas ele pareceu não se importar.

Tudo seguiu normal, mas minha cabeça era um nó de pensamentos conflitantes. De noite, depois do jantar, depois do banho, no escuro do meu quarto, antes de dormir, só fiquei pensando e pensando, relembrando e revivendo tudo, e notei meus mamilos durinhos e minha buceta toda molhada de novo. Não queria fazer aquilo, mas meus desejos eram fortes demais, e só comecei a me tocar: o rosto, os peitos, minha buceta, meu clitóris, e na minha mente só tinha aquela pica enorme que tinha me dado tanto. Prazer, na porta do meu orgasmo eu mordi os lábios com força pra não fazer barulho nenhum, minha irmã tava descansando na cama do lado, no mesmo quarto.
Só depois da explosão consegui relaxar, enfiava os dedos bem fundo na minha buceta e depois chupava eles, uma vez e outra, adorava fazer isso, adorava meu gosto, só assim consegui pegar no sono.

No dia seguinte, os mesmos pensamentos iam me atacar, precisava falar com alguém porque ia explodir, fui contar pra Cláudia, minha conselheira, que ficou de boca aberta e parecia não acreditar no que eu tava dizendo, mas era a única com quem eu podia falar desses assuntos e tudo ficou difícil de engolir.
Essa situação ia se repetir dias depois, e na semana seguinte, e de novo, e mais, e quanto mais acontecia, mais difícil era pensar com clareza. Alan era meu namorado, eu amava ele, mas João era quem me fazia sentir mulher. Às vezes Alan se contentava só em me entregar pro moreno baixinho, outras vezes, ele vinha do meu lado se masturbar enquanto eu contava os detalhes do que rolou, e toda vez que acontecia, minha amiga ficava sabendo, sempre contava como eu chupava ele, como ele me comia, o tamanho da pica do João e como o Alan era passivo, só não consegui contar o que aconteceu numa manhã especial, manhã que nunca vou esquecer.

A rotina parecia ser a de sempre, a gente sumia nós três, longe da multidão, na surdina, o grandão ficava de vigia enquanto o baixinho me comia. Mas naquele dia, João tinha outros planos.
Ele, como todo mundo, costumava levar uma bolsa de mão com roupas pra trocar e coisas pra se higienizar, e no meio das nossas brincadeiras, quando já tava na cara que ele ia meter, ele foi pegar as coisas dele, e tirou um pote de creme, me mandou ficar de quatro e sem avisar enfiou um par de dedos besuntados no meu cu, eu devia ter resistido, claro, e mesmo com o medo me paralisando, também tava muito curiosa pra saber como era, ele falou pra eu me acalmar, que me deixasse levar, que as coisas só fluiriam. Fechei os olhos, mordi meus lábios e senti ele vindo.
Porra, que dor, achei que ia me rasgar toda, implorei pra ele parar mas ele só foi empurrando devagar, era demais pra mim, o João me segurou pela cintura e me deixou imóvel, e aos poucos a carne dele foi abrindo caminho na minha, era grossa demais, me fazia gritar, não conseguia evitar, e logo me entreguei a ele.
De vez em quando ele tirava e fazia aquele barulho de garrafa de champanhe abrindo, e continuou, continuou, e dessa vez ele gozou tudo dentro de mim, por trás.

Foi minha primeira experiência anal, não vou dizer que foi ruim, também não foi fantástica. A parte cômica foi que fiquei com a imagem da minha bunda pequena toda aberta, igual aquelas minas dos filmes pornô que eu via, e embora hoje em dia não me incomode, naquela época eu era muito novinha e tinha um monte de preconceito. O cu doeu uns dez dias, e como eu disse, não podia falar com ninguém, foi constrangedor ir ao médico e ter que contar parte do que rolou com o João, jurei que nunca mais faria por trás.
Na verdade, essa promessa durou enquanto durou minha dor e meus medos, mas a segunda vez foi melhor que a primeira, e melhor a terceira, na quarta eu já tinha adorado e na quinta fui eu quem pediu pra ele me comer pelo cu, já tinha me adaptado ao diâmetro do meu amante e na seguinte, enquanto ele me comia por trás, eu masturbava meu clitóris pra ter um orgasmo gostoso.

Passaram-se dois anos, as coisas foram se enrolando aos poucos, e tudo ficou confuso na minha cabeça, eu continuava apaixonada pelo porte do Alan, mas também pela pica do João, precisava ter transplantado o pau dele entre as pernas do meu namorado. O Alan me comia quase nada, é que eu não sentia prazer, ele preferia se masturbar do lado, mas as coisas não podiam continuar assim. A Cláudia, minha amiga, enchia minha cabeça, naquela altura ela dizia pra eu terminar com os dois, que eu só estava brincando. com meus sentimentos e que, mais cedo ou mais tarde, tudo desabaria.
Lá pelo fim do ano, eu estava decidida a terminar com o Alan, mesmo ele continuando sendo o homem mais doce da face da terra.
Fiquei sabendo que o Joao voltaria pro Brasil, o empréstimo dele vencia e não seria renovado, tudo parecia estar decidido.
O destino jogou as cartas dele: o Alan, num treino, rompeu os ligamentos cruzados e passou umas semanas do inferno, operado, engessado, de muletas e com o futuro de jogador por um fio. Não tive coragem de terminar, não consegui colocar mais amargura na vida dele, não naquele momento.

Naquele domingo, a gente jogava a última rodada do hóquei, a liga acabava e as festas chegavam. Meu namorado ficou com minha família na arquibancada do estádio e, quando tudo terminou, ele foi com as muletas atravessando o campo todo pelo gramado, chegou do meu lado, se ajoelhou, enfiou a mão no bolso e me ofereceu as alianças, me pedindo em casamento. Todo mundo sabia, todo mundo era cúmplice, todo mundo menos eu.
Assim é a vida: no começo de dezembro, eu estava prestes a terminar com ele, e em fevereiro eu dei o "sim" no altar.

Nunca mais soube do Joao, mas lembro daquela primeira vez como se fosse hoje, mas a ausência dele não seria problema. Eu tinha quase vinte anos, e o Alan tratou de me arrumar um novo amante, um substituto que me fizesse esquecer rápido do Joao. Ele sempre teve bom olho pra encontrar caras que me fizessem sentir mulher, e depois veio outro, e mais outro.
Meu marido nunca se recuperou totalmente da lesão, e a estrela dele como profissional se apagou antes de brilhar, mas ele continuou ligado ao clube, fez o curso de técnico e se deu bem. Ele levou o clube ao título da liga pela primeira vez na história, e meu pai enche a boca pra falar pra quem quiser ouvir: "meu pai foi presidente, e meu genro nos deu a volta olímpica". O nome dele ficou conhecido, contrataram ele de outros clubes, e a bola só começou a rolar. Ele foi pra fora, Chile, Colômbia. México, voltamos pra Argentina, e o mundo continua girando, novos desafios, novos projetos.
Já se passaram muitos anos, tempo demais, Alan dirigiu e dirige muitos garotos, sabe do que eu gosto e sempre anda pelos vestiários, entre vinte e vinte e cinco, anos, e centímetros de pau. Já perdi a conta de quantos amantes ele me arrumou, mas como eu disse, sou uma esposa perfeita, sempre, mas sempre fui fiel.

Se você gostou da história, pode me escrever com o título 'UMA ESPOSA PERFEITA' para dulces.placeres@live.com

2 comentários - Esposa gostosa e perfeita

Esposa perfecta huuufff que deliciosa historia mmm diosa total puta hermosa reprimida tremendo relato besos
Jajajaja esposa perfecta, si el te aceptó así, es porque el sabe que no iba a conseguir otra mujer que lo aceptará tal cual como es.