No dejes de pasar por mi mejor post
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4084661/Mi-amada-esposa.html
No te vas a arrepentir!
Todo empezó por casualidad, mientras esperaba en el consultorio del dentista a que e mismo me atendiera, había tomado una vieja revista al azar para matar el tiempo, leí algunos artículos de coches, otros de política y me detuve en una nota de desviaciones sexuales, en ese momento me causó gracia, pero también cierta curiosidad.
Con la mayor de las reservas, corté la hoja, la plegué y la dejé en el bolsillo de mi camisa, para releerla con tiempo, lugar en que quedaría olvidado.
Una semana después, al regresar del trabajo, Ana, mi esposa estaba sentada al borde de la cama leyendo atentamente la nota, ella solía revisar los bolsillos de mis prendas antes de ponerlas a lavar porque yo siempre olvidaba todo en ellos y fue así que dio con ella, al igual que yo, en ese momento sonrió sin darle mucha importancia.
Pero esa tonta nota sería solo el fósforo que desataría el incendio, porque eso estaba en ella, y también estaba en mí, solo teníamos que descubrirlo.
Yo tenía treinta y seis, ella veintinueve, yo trabajaba en una gran ferretería industrial del barrio, ella era cajera en un supermercado.
Ana empezó a interesarse en el tema, primero a escondidas, luego abiertamente, me hizo partícipe de sus deseos y poco a poco me arrastró con ellos.
Las cosas empezaron a cambiar, su círculo de amigas, sus pensamientos, sus reacciones, su temperamento y por qué no decirlo, nuestros encuentros íntimos.
Ana era una mujer que no destacaba de la media por su belleza, de cabellos castaños claro entre lacios y enrulados, gruesas cejas, ojos café y pómulos saltones, tez blanca y labios delgados, mediana estatura, tirando a baja, proporciones un tanto justas, diminutos pechos que causaban en ella un profundo complejo, escueta cintura y prominentes caderas, de piernas cortas y bastante morrudas.
De vestir normal, jeans, zapatillas, remeras holgadas, no era de usar muchas alhajas, menos maquillaje.
Pero eso cambiaría, todo cambiaría…
Todo cambio lleva su tiempo, pero como cambiaron las cosas…
Ana poco a poco dejó de acompañar mis decisiones para tomar un rol dominante, decidió dejar su trabajo, porque necesitaba más tiempo para ella, le dieron unos pesos como gratificación y me dijo que también había decidido agrandar sus pechos y terminar con ese complejo que tan mal la tenía.
El tema de los implantes era demasiado costoso, así que juntó esos billetes que le habían dado con los ahorros que yo estaba haciendo por mi cuenta para comprar un coche nuevo, y ahí se fueron mis proyectos.
Su nueva figura cambió su autoestima, como que contribuyó al cambio y para ser justos, me encantaron las nuevas y enormes tetas de mi esposa.
Y siguieron los cambios, y aclaro, para mí fue todo placentero, yo fui parte de todo, de una nueva forma de vida.
Empezó a ir al gimnasio y se puso en forma, bajó varios kilos de más que tenía, nueva forma de vida, su cabello pronto pasó a un rubio casi blanco, recogido casi siempre en cola de caballos, bien alta, bien de puta, sus orejas luciendo largos pendientes, joyas, maquillaje, llegó la lencería diminuta, mini faldas, calzas, tacos altos, mi esposa pasó de verse como una chica de barrio a un puta barata dispuesta a coger con todos, su cambio fue comentario de la chusma, y eso me volvió loco de placer.
Ella me arrinconó, me empezó a mencionar que su concha era lo más importante, y ya no sería gratis para mí, solo sería una recompensa por ser un chico bueno, así que si quería cogerla, pues tenía que ganarlo, empecé a trocar quehaceres por sexo, quería coger? A lavar los patos, quería coger? A hacer la cama, quería coger? A fregar el baño…
Ana ponía la vara cada vez más alta, les juro que me moría de placer, la humillación a la que me sometía era constante e iba en aumento.
Ella dejó de llamarme por mi nombre, Nery, en cambio empezó a llamarme ‘Nerea’, en tono femenino, se compró una verga de juguete, enorme y poco a poco dejamos de tener sexo, loco no? Ana prefirió empezar a masturbarse con esa enorme verga, y que yo solo la mirara, empezó a decirme mientras lo hacía que ‘eso’ era un buen tamaño para satisfacerla, y no la ‘cosita insignificante’ que yo tenía entre las piernas.
Solo podía masturbarme una vez que ella terminaba…
Y pasó lo que sabía que iba a pasar, un cornudo consiente, bastó que ella tomara la decisión de cruzar la raya una vez para que no hubiera retorno, empezó a coger con uno, con otro, a salir de fiestas, y me lo decía en la cara, ‘esta noche iré a coger con…’
Y si era buen chico, cuando volvía me contaba lo que había sucedido, pero siempre palabras, nunca me dejaba ver, así que yo solo fantaseaba en base a lo que me contaba…
Pronto mi nombre también estuvo en boca de todos, el cornudo del barrio, Ana se había acostado con vecinos, con amigos suyos, amigos míos, y hasta mis propios compañeros de trabajo…
Era un tanto cómico, a mis espaldas murmuraban lo puta que era mi esposa, como se la habían cogido, cuanto le gustaba la verga y en mi presencia podía notar cuanta lástima sentían por mí, pero ellos que podían saber? El único que no podía cogerse a mi esposa era yo…
Fue curiosa la forma en que me contó cuando perdió la virginidad anal con uno de mis amigos, también me dejó en claro en ese momento que yo nunca metería mi pequeño pene en su culo, que ella ya quería hombre de verdad, que la cogieran toda, apenas si me permitió masturbarme…
Ana, que entre paréntesis, ya la llamaba Ama, con M, daría un nuevo paso.
Una mañana apareció con un obsequio, era una jaula para penes, algo yo ya sabía del tema pero no había imaginado que tendría el orgullo de poseer una!
Me leyó algunas instrucciones, entre tantas advertía que el uso prolongado podía producir achicamiento del tamaño del pene, incluso algunas atrofias que hicieran imposibles futuras erecciones, eso me enloqueció…
Ella me la colocó, mi pene quedo casi comprimido en ese lugar, era de silicona, me lo encerró, me entregó la llave y dijo:
Por un tiempo tendrás la llave, hasta que te acostumbres, pero cuando sea parte de tu cuerpo, me la entregarás, yo será la dueña…
Fue una sabia decisión, hacerla parte de mi cuerpo… tuve que acostumbrarme a ella, los intentos de erecciones se me hacían insoportables, incontrolables, especialmente al amanecer. Los roces con la silicona me causaron algunas lastimaduras, ardores, y demás problemas.
Algo importantísimo, tuve que aprender a orinar sentado, sentir lo que siente una mujer, la necesidad de encontrar un inodoro donde sea, nunca más un mingitorio en un lugar público, fue tan excitante todo este proceso, me sentí tan humillado, exquisitas erecciones que nunca sucederían…
E assim chegamos a este presente, onde vivo em excitante e completa submissão. Vou contar o que aconteceu no fim de semana passado.
Começamos pela sexta-feira. Ana tinha me dito que no dia seguinte queria transar com dois negros pausudos. Bom, parte dos meus novos trabalhos é procurar caras com pau grande pra ela comer – quanto maior, melhor, mais ela me recompensa depois. Então eu contato eles, explico a situação, pago pelos serviços e garanto que ela fique bem satisfeita.
Depois fui a uma loja de lingerie da região e comprei um conjunto branco de calcinha e sutiã bem sensual, com mistura de rendas e tules. Com certeza ia ficar uma gostosa usando aquilo!
No sábado já estava em ebulição, excitado com o que ia rolar. No fim da tarde, antes dela tomar banho, eu depilei a buceta dela, quase por completo, deixando só um retângulo pequenininho em cima do clitóris, bem raspadinho. Ela adorava exibir assim.
Enquanto ela tomava banho, eu preparei o jantar. Ela me chamou pra colocar o conjunto que tinha comprado na pele dela. Abotoei o sutiã pelas costas, subi a calcinha fio dental ajustando entre as bandas dela. Ela tava linda!
Jantamos, depois fomos pro quarto. Ajudei ela a se vestir: uma saia curta e justa e um cinto grosso que realçava o quadril e afinava a cintura, respectivamente, e um top curto e apertado que parecia que os peitos siliconados dela iam explodir pra fora.
Eu só ficava babando olhando pra ela…
Ela se penteou feito uma puta, se maquiou feito uma puta. Que gostosa que ela tava!!! Só faltava uma coisa: ela tinha um plug anal gigante. Mandou eu enfiar no cu dela antes de sair. Disse que ia dar o cu e queria estar preparada pra hora. Mandou eu esperar acordado, limpar todos os utensílios do jantar, e eu, morto de tesão, esperei eles virem buscar ela.
Ela saiu rebolando a raba com aquele objeto enfiado no cu. Fiquei sozinho, coloquei uns vídeos pornô de dominação, de caras corrompidos por amas perversas. Enquanto isso, fui… limpando tudo conforme ela tinha mandado, eu ficava olhando os ponteiros do relógio de parede esperando ela voltar, caralho!
Fui mijar, sentado de novo, já fazia quase trinta dias que meu pinto minúsculo tava na gaiola, mas senti um formigamento e uma excitação incontrolável. Ana foi aumentando os períodos de cativeiro e só me soltava pra me higienizar de vez em quando, ela tinha a chave no pescoço, feito um colar, sempre perdida no meio das tetas dela, tetas que eu só podia olhar, nada mais…
Chegou bem tarde, eu tinha limpado tudo conforme ela mandou, ela deu uma olhada em tudo e fez umas reclamações porque algumas coisas não estavam no lugar, depois fomos pra sala de jantar, ela mandou eu tirar a roupa e sentar no chão, eu obedeci, ela acariciou meu cabelo como se eu fosse o bichinho de estimação dela, disse
-Lindo garoto…
Depois acariciou meu sexo, o tamanho minúsculo que restava, a gaiolinha que prendia meu pau, ela sentou numa das cadeiras e exclamou com uma careta de dor
-Puta que pariu! Me deixaram o cu na merda!
Ela se ajeitou com mais cuidado, abriu a bolsa e tirou o plug anal enorme, lubrificou bem e me fez saber que era pra mim e apesar de não ser a primeira vez, sempre era difícil, encostou no meu esfíncter e empurrou, começou a dilatar, doeu, eu reclamei e ela me deu um tapa na bunda me repreendendo
-Não seja puta, Nerea!
Eu apertei os lábios depois da bronca, não queria irritar ela de novo, senti meu cu se abrir inteiro até passar a parte mais grossa e depois fechar pra comprimir ele, só a base ficava pra fora.
E eu não consigo expressar em palavras o prazer infinito que eu sentia!
Quando eu tava ajoelhado rendido aos pés dela, pelado, com a gaiola e o dildo no meu cu, ela levantou um pouco a saia, tirou a calcinha fio dental branca que eu tinha comprado pra ela e jogou no chão, mandou eu começar a chupar ela…
Eu me inclinei, cheirei, passei a língua, tava cheia dos sucos dela misturados com porra quente dos caras que comeram ela eles tinham fodido.
Morto de excitação, ouvi as palavras dela, o quanto ela tinha aproveitado aqueles dois cocks enormes que eu tinha arranjado, porque aqueles sim eram homens de verdade, eles podiam encher e satisfazer ela, ela não ligava pra ‘insignificância’ que a Nerea podia oferecer.
Ana me confessou como eles eram grandes e grossos, que trataram ela como slut e foderam ela como slut, o quanto ela tinha adorado chupar aquelas picas, como enfiaram até romper o útero dela e como meteram no cu dela deixando tudo aberto, aliás, ela lembrou de novo que o cu dela nunca seria meu, que seria de cada cara com quem ela transasse, mas nunca meu.
Ainda saboreando os sucos da calcinha fio dental dela, ela se ajeitou melhor e abriu as pernas, disse que estava suja e que queria que eu limpasse, fui obediente, fui até a buceta dela que tinha depilado horas antes, o fedor era nauseabundo, as pernas dela estavam escorrendo sucos, passei a língua, o gosto de sêmen era inconfundível, só chupei e chupei o líquido branco grosso que escorria da pussy dela e do cu dela, aberto como uma slut pornográfica, engolindo tudo e limpando a buceta dela, como um bom submisso, ela me guiou até o clitóris dela, enquanto enchia meus ouvidos revivendo o que tinha feito com aqueles caras de pica grande, como aqueles cocks tinham feito ela gozar!
Meu pinto minúsculo preso na pequena gaiola não aguentou mais, depois de um mês em cativeiro, vivendo só em excitação contínua, aconteceu o que tinha que acontecer, enquanto Ana tinha um orgasmo enorme na minha boca revivendo tudo que tinha acontecido horas antes, do meu lado senti sair cum do meu pequeno, foi grandioso! Indescritível… só sentir o prazer de liberar tensões presas por tanto tempo…
Quando Ana se acalmou, olhou pro chão e notou o que tinha acontecido, me ordenou então que limpasse tudo com a minha língua.
Virei, obedeci e comecei a beber meu próprio sêmen, ela só se distraiu enfiando e tirando sem parar o dildo do meu Traseiro dolorido.
Quando tudo acabou, ela pegou a chave do colar e tirou a gaiola, me senti estranho, como se faltasse uma parte do meu corpo. Ela mandou eu me lavar, meu pau estava encolhido, pequeno, igual de um menino, insensível… mas eu estava desconfortável, algo faltava…
Fui pro quarto, ela me esperava na cama, implorei pra ela devolver minha gaiola, ela curtiu minha súplica e no fim prendeu meu passarinho de novo, me pediu pra abraçar ela…
Antes de dormir, ela disse que eu era um bom garoto, que tava progredindo rápido! Que tava disposta a novas experiências, que tinha planos novos, que em breve a gente ia fazer uma festa em casa, ia chamar cinco ou seis amigos dela, os de pica maior, alguns com quase trinta centímetros…
E se eu me comportasse bem, com certeza ela me deixaria olhar, ela ia dar até encher de porra pra eu limpar ela de novo, um por um, e talvez, talvez, como ato supremo, ela me faria chupar e comer pelo cu uma dessas picas enormes e de verdadeiros homens que ela come, machos de verdade.
Aqui termina minha história, talvez você pense que sou louco, mas só vou te dizer:
Se você é mulher… nunca fantasiou em sentir o poder no sangue e ter um homem aos seus pés?
Se você é homem… se em algum ponto do relato, sentiu um frio na barriga entre as pernas, talvez não sejamos tão diferentes…
Se você gostou dessa história e é maior de idade, pode me escrever com o título ‘A GAIOLA’ para dulces.placeres@live.com
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4084661/Mi-amada-esposa.html
No te vas a arrepentir!
Todo empezó por casualidad, mientras esperaba en el consultorio del dentista a que e mismo me atendiera, había tomado una vieja revista al azar para matar el tiempo, leí algunos artículos de coches, otros de política y me detuve en una nota de desviaciones sexuales, en ese momento me causó gracia, pero también cierta curiosidad.
Con la mayor de las reservas, corté la hoja, la plegué y la dejé en el bolsillo de mi camisa, para releerla con tiempo, lugar en que quedaría olvidado.
Una semana después, al regresar del trabajo, Ana, mi esposa estaba sentada al borde de la cama leyendo atentamente la nota, ella solía revisar los bolsillos de mis prendas antes de ponerlas a lavar porque yo siempre olvidaba todo en ellos y fue así que dio con ella, al igual que yo, en ese momento sonrió sin darle mucha importancia.
Pero esa tonta nota sería solo el fósforo que desataría el incendio, porque eso estaba en ella, y también estaba en mí, solo teníamos que descubrirlo.
Yo tenía treinta y seis, ella veintinueve, yo trabajaba en una gran ferretería industrial del barrio, ella era cajera en un supermercado.
Ana empezó a interesarse en el tema, primero a escondidas, luego abiertamente, me hizo partícipe de sus deseos y poco a poco me arrastró con ellos.
Las cosas empezaron a cambiar, su círculo de amigas, sus pensamientos, sus reacciones, su temperamento y por qué no decirlo, nuestros encuentros íntimos.
Ana era una mujer que no destacaba de la media por su belleza, de cabellos castaños claro entre lacios y enrulados, gruesas cejas, ojos café y pómulos saltones, tez blanca y labios delgados, mediana estatura, tirando a baja, proporciones un tanto justas, diminutos pechos que causaban en ella un profundo complejo, escueta cintura y prominentes caderas, de piernas cortas y bastante morrudas.
De vestir normal, jeans, zapatillas, remeras holgadas, no era de usar muchas alhajas, menos maquillaje.
Pero eso cambiaría, todo cambiaría…
Todo cambio lleva su tiempo, pero como cambiaron las cosas…
Ana poco a poco dejó de acompañar mis decisiones para tomar un rol dominante, decidió dejar su trabajo, porque necesitaba más tiempo para ella, le dieron unos pesos como gratificación y me dijo que también había decidido agrandar sus pechos y terminar con ese complejo que tan mal la tenía.
El tema de los implantes era demasiado costoso, así que juntó esos billetes que le habían dado con los ahorros que yo estaba haciendo por mi cuenta para comprar un coche nuevo, y ahí se fueron mis proyectos.
Su nueva figura cambió su autoestima, como que contribuyó al cambio y para ser justos, me encantaron las nuevas y enormes tetas de mi esposa.
Y siguieron los cambios, y aclaro, para mí fue todo placentero, yo fui parte de todo, de una nueva forma de vida.
Empezó a ir al gimnasio y se puso en forma, bajó varios kilos de más que tenía, nueva forma de vida, su cabello pronto pasó a un rubio casi blanco, recogido casi siempre en cola de caballos, bien alta, bien de puta, sus orejas luciendo largos pendientes, joyas, maquillaje, llegó la lencería diminuta, mini faldas, calzas, tacos altos, mi esposa pasó de verse como una chica de barrio a un puta barata dispuesta a coger con todos, su cambio fue comentario de la chusma, y eso me volvió loco de placer.
Ella me arrinconó, me empezó a mencionar que su concha era lo más importante, y ya no sería gratis para mí, solo sería una recompensa por ser un chico bueno, así que si quería cogerla, pues tenía que ganarlo, empecé a trocar quehaceres por sexo, quería coger? A lavar los patos, quería coger? A hacer la cama, quería coger? A fregar el baño…
Ana ponía la vara cada vez más alta, les juro que me moría de placer, la humillación a la que me sometía era constante e iba en aumento.
Ella dejó de llamarme por mi nombre, Nery, en cambio empezó a llamarme ‘Nerea’, en tono femenino, se compró una verga de juguete, enorme y poco a poco dejamos de tener sexo, loco no? Ana prefirió empezar a masturbarse con esa enorme verga, y que yo solo la mirara, empezó a decirme mientras lo hacía que ‘eso’ era un buen tamaño para satisfacerla, y no la ‘cosita insignificante’ que yo tenía entre las piernas.
Solo podía masturbarme una vez que ella terminaba…
Y pasó lo que sabía que iba a pasar, un cornudo consiente, bastó que ella tomara la decisión de cruzar la raya una vez para que no hubiera retorno, empezó a coger con uno, con otro, a salir de fiestas, y me lo decía en la cara, ‘esta noche iré a coger con…’
Y si era buen chico, cuando volvía me contaba lo que había sucedido, pero siempre palabras, nunca me dejaba ver, así que yo solo fantaseaba en base a lo que me contaba…
Pronto mi nombre también estuvo en boca de todos, el cornudo del barrio, Ana se había acostado con vecinos, con amigos suyos, amigos míos, y hasta mis propios compañeros de trabajo…
Era un tanto cómico, a mis espaldas murmuraban lo puta que era mi esposa, como se la habían cogido, cuanto le gustaba la verga y en mi presencia podía notar cuanta lástima sentían por mí, pero ellos que podían saber? El único que no podía cogerse a mi esposa era yo…
Fue curiosa la forma en que me contó cuando perdió la virginidad anal con uno de mis amigos, también me dejó en claro en ese momento que yo nunca metería mi pequeño pene en su culo, que ella ya quería hombre de verdad, que la cogieran toda, apenas si me permitió masturbarme…
Ana, que entre paréntesis, ya la llamaba Ama, con M, daría un nuevo paso.
Una mañana apareció con un obsequio, era una jaula para penes, algo yo ya sabía del tema pero no había imaginado que tendría el orgullo de poseer una!
Me leyó algunas instrucciones, entre tantas advertía que el uso prolongado podía producir achicamiento del tamaño del pene, incluso algunas atrofias que hicieran imposibles futuras erecciones, eso me enloqueció…
Ella me la colocó, mi pene quedo casi comprimido en ese lugar, era de silicona, me lo encerró, me entregó la llave y dijo:
Por un tiempo tendrás la llave, hasta que te acostumbres, pero cuando sea parte de tu cuerpo, me la entregarás, yo será la dueña…
Fue una sabia decisión, hacerla parte de mi cuerpo… tuve que acostumbrarme a ella, los intentos de erecciones se me hacían insoportables, incontrolables, especialmente al amanecer. Los roces con la silicona me causaron algunas lastimaduras, ardores, y demás problemas.
Algo importantísimo, tuve que aprender a orinar sentado, sentir lo que siente una mujer, la necesidad de encontrar un inodoro donde sea, nunca más un mingitorio en un lugar público, fue tan excitante todo este proceso, me sentí tan humillado, exquisitas erecciones que nunca sucederían…
E assim chegamos a este presente, onde vivo em excitante e completa submissão. Vou contar o que aconteceu no fim de semana passado.Começamos pela sexta-feira. Ana tinha me dito que no dia seguinte queria transar com dois negros pausudos. Bom, parte dos meus novos trabalhos é procurar caras com pau grande pra ela comer – quanto maior, melhor, mais ela me recompensa depois. Então eu contato eles, explico a situação, pago pelos serviços e garanto que ela fique bem satisfeita.
Depois fui a uma loja de lingerie da região e comprei um conjunto branco de calcinha e sutiã bem sensual, com mistura de rendas e tules. Com certeza ia ficar uma gostosa usando aquilo!
No sábado já estava em ebulição, excitado com o que ia rolar. No fim da tarde, antes dela tomar banho, eu depilei a buceta dela, quase por completo, deixando só um retângulo pequenininho em cima do clitóris, bem raspadinho. Ela adorava exibir assim.
Enquanto ela tomava banho, eu preparei o jantar. Ela me chamou pra colocar o conjunto que tinha comprado na pele dela. Abotoei o sutiã pelas costas, subi a calcinha fio dental ajustando entre as bandas dela. Ela tava linda!
Jantamos, depois fomos pro quarto. Ajudei ela a se vestir: uma saia curta e justa e um cinto grosso que realçava o quadril e afinava a cintura, respectivamente, e um top curto e apertado que parecia que os peitos siliconados dela iam explodir pra fora.
Eu só ficava babando olhando pra ela…
Ela se penteou feito uma puta, se maquiou feito uma puta. Que gostosa que ela tava!!! Só faltava uma coisa: ela tinha um plug anal gigante. Mandou eu enfiar no cu dela antes de sair. Disse que ia dar o cu e queria estar preparada pra hora. Mandou eu esperar acordado, limpar todos os utensílios do jantar, e eu, morto de tesão, esperei eles virem buscar ela.
Ela saiu rebolando a raba com aquele objeto enfiado no cu. Fiquei sozinho, coloquei uns vídeos pornô de dominação, de caras corrompidos por amas perversas. Enquanto isso, fui… limpando tudo conforme ela tinha mandado, eu ficava olhando os ponteiros do relógio de parede esperando ela voltar, caralho!
Fui mijar, sentado de novo, já fazia quase trinta dias que meu pinto minúsculo tava na gaiola, mas senti um formigamento e uma excitação incontrolável. Ana foi aumentando os períodos de cativeiro e só me soltava pra me higienizar de vez em quando, ela tinha a chave no pescoço, feito um colar, sempre perdida no meio das tetas dela, tetas que eu só podia olhar, nada mais…
Chegou bem tarde, eu tinha limpado tudo conforme ela mandou, ela deu uma olhada em tudo e fez umas reclamações porque algumas coisas não estavam no lugar, depois fomos pra sala de jantar, ela mandou eu tirar a roupa e sentar no chão, eu obedeci, ela acariciou meu cabelo como se eu fosse o bichinho de estimação dela, disse
-Lindo garoto…
Depois acariciou meu sexo, o tamanho minúsculo que restava, a gaiolinha que prendia meu pau, ela sentou numa das cadeiras e exclamou com uma careta de dor
-Puta que pariu! Me deixaram o cu na merda!
Ela se ajeitou com mais cuidado, abriu a bolsa e tirou o plug anal enorme, lubrificou bem e me fez saber que era pra mim e apesar de não ser a primeira vez, sempre era difícil, encostou no meu esfíncter e empurrou, começou a dilatar, doeu, eu reclamei e ela me deu um tapa na bunda me repreendendo
-Não seja puta, Nerea!
Eu apertei os lábios depois da bronca, não queria irritar ela de novo, senti meu cu se abrir inteiro até passar a parte mais grossa e depois fechar pra comprimir ele, só a base ficava pra fora.
E eu não consigo expressar em palavras o prazer infinito que eu sentia!
Quando eu tava ajoelhado rendido aos pés dela, pelado, com a gaiola e o dildo no meu cu, ela levantou um pouco a saia, tirou a calcinha fio dental branca que eu tinha comprado pra ela e jogou no chão, mandou eu começar a chupar ela…
Eu me inclinei, cheirei, passei a língua, tava cheia dos sucos dela misturados com porra quente dos caras que comeram ela eles tinham fodido.
Morto de excitação, ouvi as palavras dela, o quanto ela tinha aproveitado aqueles dois cocks enormes que eu tinha arranjado, porque aqueles sim eram homens de verdade, eles podiam encher e satisfazer ela, ela não ligava pra ‘insignificância’ que a Nerea podia oferecer.
Ana me confessou como eles eram grandes e grossos, que trataram ela como slut e foderam ela como slut, o quanto ela tinha adorado chupar aquelas picas, como enfiaram até romper o útero dela e como meteram no cu dela deixando tudo aberto, aliás, ela lembrou de novo que o cu dela nunca seria meu, que seria de cada cara com quem ela transasse, mas nunca meu.
Ainda saboreando os sucos da calcinha fio dental dela, ela se ajeitou melhor e abriu as pernas, disse que estava suja e que queria que eu limpasse, fui obediente, fui até a buceta dela que tinha depilado horas antes, o fedor era nauseabundo, as pernas dela estavam escorrendo sucos, passei a língua, o gosto de sêmen era inconfundível, só chupei e chupei o líquido branco grosso que escorria da pussy dela e do cu dela, aberto como uma slut pornográfica, engolindo tudo e limpando a buceta dela, como um bom submisso, ela me guiou até o clitóris dela, enquanto enchia meus ouvidos revivendo o que tinha feito com aqueles caras de pica grande, como aqueles cocks tinham feito ela gozar!
Meu pinto minúsculo preso na pequena gaiola não aguentou mais, depois de um mês em cativeiro, vivendo só em excitação contínua, aconteceu o que tinha que acontecer, enquanto Ana tinha um orgasmo enorme na minha boca revivendo tudo que tinha acontecido horas antes, do meu lado senti sair cum do meu pequeno, foi grandioso! Indescritível… só sentir o prazer de liberar tensões presas por tanto tempo…
Quando Ana se acalmou, olhou pro chão e notou o que tinha acontecido, me ordenou então que limpasse tudo com a minha língua.
Virei, obedeci e comecei a beber meu próprio sêmen, ela só se distraiu enfiando e tirando sem parar o dildo do meu Traseiro dolorido.
Quando tudo acabou, ela pegou a chave do colar e tirou a gaiola, me senti estranho, como se faltasse uma parte do meu corpo. Ela mandou eu me lavar, meu pau estava encolhido, pequeno, igual de um menino, insensível… mas eu estava desconfortável, algo faltava…
Fui pro quarto, ela me esperava na cama, implorei pra ela devolver minha gaiola, ela curtiu minha súplica e no fim prendeu meu passarinho de novo, me pediu pra abraçar ela…
Antes de dormir, ela disse que eu era um bom garoto, que tava progredindo rápido! Que tava disposta a novas experiências, que tinha planos novos, que em breve a gente ia fazer uma festa em casa, ia chamar cinco ou seis amigos dela, os de pica maior, alguns com quase trinta centímetros…
E se eu me comportasse bem, com certeza ela me deixaria olhar, ela ia dar até encher de porra pra eu limpar ela de novo, um por um, e talvez, talvez, como ato supremo, ela me faria chupar e comer pelo cu uma dessas picas enormes e de verdadeiros homens que ela come, machos de verdade.
Aqui termina minha história, talvez você pense que sou louco, mas só vou te dizer:
Se você é mulher… nunca fantasiou em sentir o poder no sangue e ter um homem aos seus pés?
Se você é homem… se em algum ponto do relato, sentiu um frio na barriga entre as pernas, talvez não sejamos tão diferentes…
Se você gostou dessa história e é maior de idade, pode me escrever com o título ‘A GAIOLA’ para dulces.placeres@live.com
1 comentários - A gaiola da gostosa