Fotos que tomamos mi esposa y yo, tratando de darle un toque erotico
Total libertad para comentar lo que quieran
Espero sean de vuestro agrado
http://www.poringa.net/posts/imagenes/5909834/Erotismo-en-B-N---01.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/5930158/Erotismo-en-B-N---02.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/5962854/Erotismo-en-B-N---03.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/5981636/Erotismo-en-B-N---04.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/5997767/Erotismo-en-B-N---05.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/6004665/Erotismo-en-B-N---06.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/6041938/Erotismo-en-B-N---07.html
A pedido de muchos... arrancamos en color
http://www.poringa.net/posts/imagenes/6075224/Erotismo-en-color---08.html
dulces.placeres@live.com
PERDEDOR
A veces el límite entre ser un ganador o ser un perdedor es tan delgado que uno no puede percibirlo, a veces uno se siente un ganador aunque en el fondo, siempre es un perdedor, o a veces solo un golpe de suerte te hace pasar de un lado a otro en un parpadear de ojos
Para mi desgracia, mi familia era muy pobre, demasiado, y apenas pude terminar mis estudios primarios, pronto me hice a la calle, a ganarme el pan de cada día, y aun adolescente casi niño, pasaba muchas horas haciendo lo que se pudiera hacer para llevar una moneda a casa
Mi madre limpiaba casas donde tuviera oportunidad, y papá hacía de todo un poco, él había aprendido en la calle, como yo también lo estaba haciendo
Un poco así, a los golpes de la vida, el hacía reparaciones domiciliarias, un poco de pintor, un poco de albañil, cortaba el césped, podaba árboles, y siempre por unas pocas monedas
A veces me llevaba con él, generalmente cuando necesitaba ayuda, digamos un peón, así de paso, aprendía hacer lo que él sabía hacer. Papá era un buen hombre, siempre quería que yo estudiara, que no repitiera su historia, pero pobre hombre apenas podía con sus huesos
Así conocí muchas familias, gente de plata que en general no dudaban enrostrarnos su superioridad en clase social, y que nos explotaban, literal, con mucho trabajo y poca paga
Y entre tantos, Juan De Marcio, sería alguien especial en mi vida
Juan era diferente, a pesar de su status, siempre era generoso con mi papá y también lo era conmigo, yo tenía quince años, y solía peguntarme que haría con mi vida el día de mañana, él me aconsejaba, lo hacía para hacerme pensar, me decía con respeto que no era bueno que fuera un hombre como mi padre, porque siempre trabajaría para otros, pero tampoco como él, que había dedicado su vida al dinero y al trabajo, y que teniendo ya sesenta años, apenas podía disfrutar de Emiliano, su único hijo de apena cinco.
Y Emiliano era un mocosito malcriado, porque su padre, estaba más en edad de ser abuelo, y así lo criaba, a veces solo lo envidiaba, tenía todo! y yo nada...
Don Juan tenía tanto aprecio por mi persona que cuando llegué a mi mayoría de edad no dudó en ofrecerme un puesto en su empresa familiar, una fábrica de quesos y chacinados a nivel industrial
Yo no sabía mucho que hacer, pero no me faltaban ganas de aprender
En pocos años haría carrera, pero no por mis habilidades, no, sino por convertirme en el alcahuete y chupamedias de Don Juan
La verdad, me caía en gracia mi rol, no me importaba que me odiara todo el mundo dentro de la empresa, si yo era el que le llevaba todos los rumores, todos los chismes, y en poco tiempo me convertiría en su mano derecha, el viejo hacía y deshacía según yo le contaba, era sus ojos cuando él no estaba, y tenía un poder que no estaba escrito, incluso por encima de sus jefes de ocasión
Imponía respeto, y se cuidaban de mi, sabían que sus puestos de trabajo dependían de lo que yo pudiera decir
Fueron los mejores años, ganaba bien, me sentía poderoso, aunque solo fuera el bufón de la corte
También conocería a Erica, quién se transformaría en mi esposa, ella era una de las empleadas, y al igual que yo, no le importaba arrastrarse con tal de conseguir un objetivo
Ella era una chica normal, físicamente no destacaba por nada, una mujer promedio digamos, rubia por adopción, que siempre andaba con sus cabellos recogidos
Y yo me enamoré perdidamente de ella, y no por un tema de atracción física, de hecho era una enana que apenas llegaba al metro cuarenta, casi no tenía pechos y su cola era apenas decente, pero ella tenía una manera de ser que para mi era como verme en un espejo, y, además, en la cama era dinamita pura, le gustaba la pija como a pocas
Y recordemos que aunque yo me sintiera el amo del universo en ese sitio, en el fondo era un don nadie que había llegado solo por ser un gusano rastrero
Ese no era mi problema, me sentía ganador, tenía una esposa a mi altura, tenía coche, y hasta estaba comprando mi humilde casita, quien lo hubiera imaginado?
Don Juan se estaba poniendo viejo y se estaba cansando de renegar con la empresa, el decidía, pero todo pasaba por mis ojos y por mis palabras, había abandonado mi puesto en piso de planta y me había llevado a un escritorio en las puertas de su oficina, aunque yo siempre prefería andar rondando entre los obreros, la cercanía me hacía tener el rebaño bajo control
También había conseguido que Erica, mi esposa, ascendiera al puesto de secretaria gerencial, desplazando a la vieja Alicia quien ya estaba en días de cuidar a sus nietos, por quien no me temblaría el pulso para hacerla a un lado
Me sentía bien, había sido un don nadie que ahora todos odiaban y al que todos temían
Pero el tiempo seguiría pasando y las cosas cambiarían poco a poco con la llegada de una nueva persona al juego, el pequeño Emiliano
El hijo del patrón se había hecho hombre y con unos veinte años venía por todo
El, era un pedante, un fanfarrón, un tipo falso que jamás se había tenido que esforzar por nada, y poco a poco fue desplazando a su padre
Intenté congraciarme y con él, pero rápidamente comprendí que Emiliano no tenía nada que ver con su padre, odiaba los lambe botas, despreciaba a los arrastrados alcahuetes y solo sentí que cada palabra hacia mi persona era falsa, el jamás me miraba a los ojos, y me di cuenta que mis días de gloria se terminarían con rapidez
Y jugué tontamente mis cartas, fui con el viejo, intentado tener su apoyo, con la estúpida ilusión de que podría enfrentarlo a su hijo, porque era joven, inexperto, y porque no conocía a nadie
Pero Don Juan se reía, y decía como relajando la situación
Pero Guillermo, dale una oportunidad al muchacho, tienes que llevarte bien con él, se que es joven y precipitado, pero ten paciencia, al fin y al cabo él seguirá mis pasos...
Me arrepentiría de cada palabra que había salido de mi boca, porque ellos obviamente hablaban todos los días, eran familia, y yo no dejaba de ser un extraño, y no solo que no me congraciaba con el nuevo jefecito, sino que me ganaba aun mas su desprecio
En poco tiempo Don Juan apenas pasaba de tanto en tanto, a saludar, solo un par de horas, Emiliano era el nuevo al frente, llegaba primero, se iba último, hacía y deshacía a su antojo, cambiaba las cosas para ajustarlas a un presente competitivo, y también cambiaba posiciones del personal
Así me llamó a su oficina, la que era de su padre, sin dejar que me sentara me habló de costado, sin dejar de mirar la pantalla de su notebook, como si lo mío fuera secundario, y me dijo que mi nuevo rol estaría en piso de planta, como un empleado más con un poco de ascendencia sobre el resto, pero nada más, en otras palabras, me estaba tirando a la jaula de los leones
Emiliano era astuto, no gastaría un peso en una indemnización, y me ponía en un sitio intrascendente, donde no molestara, donde me harían la vida imposible, donde seguramente no aguantaría demasiado tiempo
Pero para mi, era eso o volver a ser un don nadie, solo que ahora tenía esposa, Erica...
Erica se quedaría como su secretaria personal, muy apegada a él, y ahora solo la veía desde abajo cuando caminaba por el pasillo que daba al piso de planta, siempre vestida impecable, con sus zapatitos de finos tacos, muy femenina, muy audaz
Además, el jefecito le había aumentado el sueldo, muy por encima del mío
Y también sabía que todo lo fabulaba él, se fijaba en ella por un único motivo, porque era mía...
Y también me preocupaba ella, porque sabía como era, sabía porqué se había enamorado de mi, y sabía porqué ahora podría enamorarse de él
Las cosas solo se fueron poniendo más y más turbias, Erica ya no era la misma, estaba cambiada, empezaba a mostrarse distante, distraída, empezaron las escusas en la cama y muchas veces, en discusiones de nuestro presente ella parecía estar mas de acuerdo con Emiliano que conmigo
Así un día subiría a piso de gerencia porque necesitaba una charla sincera con mi jefecito, pero no pude anunciarme porque mi esposa no estaba es su sitio, y dado que tardaba, asumí que tal vez tuviera alguna reunión importante con Emiliano
Me senté en su escritorio, tomé algunas hojas y me entretuve haciendo algunas figuras de origami, algo que alguna vez me había enseñado mi padre
Cuando la puerta del despacho se abrió, mi esposa no notó mi presencia en primera instancia, estaba encerrada en sus pensamientos, pasando el revés de su mano por la comisura de sus labios, como si hubiera terminado de saborear algo prohibido, situación que sería vidente al verme, su nerviosismo fue notorio, no sabía que decir, tartamudeaba, ni siquiera podía mantenerme la vista
Entre al despacho enceguecido, y mi jefecito estaba acomodándose el cierre de su pantalón y su cinturón, al contrario de mi mujer, lejos de intimidarse, pareció refregar la situación en mi rostro, así que reproché
Emiliano, creo que has ido muy lejos, no es necesaria tanta humillación, también te vas a coger a mi mujer?, no lo voy a permitir
Então o rosto dele se transformou, o sorriso sumiu e, no controle total da situação, ele respondeu:
"O que você não vai permitir? Tudo isso, tudo ao seu redor, tudo que você vê, até o ar que respira, existe graças aos De Marcio, ao meu pai, ao meu avô, e agora a mim, porque aqui dentro eu sou Deus. Se você não concorda, já sabe o que tem que fazer."
Não consegui discutir muito mais, ele não me deu chance. Saí do escritório dele, Erica parecia intrigada. Olhei pra ela com desprezo e falei que a gente ia conversar em casa.
E aquela noite seria uma das piores. Brigamos feio, muito feio. Pressionei ela até não aguentar mais, encurralei ela, quase forcei ela a confessar o que era óbvio: que ela tinha acabado de chupar o pau dele. E não só isso, não era a primeira vez, e além do mais, ele também tava comendo ela.
Não consegui parar de jogar na cara dela. Sabia que ela tava me traindo com o cara que me fazia de otário, mas ela se desculpou dizendo que, assim como eu, era só mais uma vítima das circunstâncias.
Pela primeira vez, dormiria no sofá da sala. E "dormir" é modo de dizer, porque não preguei o olho a noite toda. As coisas estavam ruins, muito ruins.
E só iam piorar. Seguir em frente com meu casamento e fingir um perdão pra dar uma segunda chance pareceu não importar pra Erica, que rapidamente sumia do meu lado e, aos poucos, se transformava na mulher do meu chefe, mostrando mais uma vez que sempre foi uma interesseira. O motivo pelo qual eu me apaixonei por ela agora se virava contra mim.
Percebi que meu emprego e minha esposa estavam por um fio. Era tudo que eu tinha, era tudo que me restava. Meus colegas me odiavam, meu chefe também, e eu só me sentia enlouquecer.
Quanto mais eu reclamava com Emiliano, mais eu tirava ele do sério. Chegou num ponto em que eles eram eles, e eu era eu. Eu estava sozinho, tinha perdido ela. E confirmei isso quando ela pediu o divórcio e disse que ia sair de casa em breve.
Ela era outra. agora ela se enfiava em caros tailorzinhos de secretária executiva, perdia tempo no salão de beleza, fazendo as unhas e comprando sapatos caros de salto fino, e mesmo que lhe dessem uns generosos vinte centímetros, ela simplesmente nunca estaria à minha altura.
Os atritos com Emiliano aumentavam cada vez mais, e cada vez mais frequentes, até que a gota d'água transbordou. Ele simplesmente se cansou de mim numa daquelas discussões no escritório dele, então, chamando minha mulher pelo interfone, me disse:
— Senta aí — apontando para um canto —, eu vou te ensinar quem manda.
Erica entrou e fechou a porta. Não havia surpresa no rosto dela, no fim das contas, ela era parte de tudo e sabia muito bem o que estava rolando.
— Vem — ele disse de forma autoritária —, seu marido quer saber quem manda.
Ele só a puxou para perto, abaixou a calça, deixando o pau de fora, e minha mulher, sem remorso, sem se importar que eu estivesse ali, foi de joelhos no carpete fofo e começou a chupá-lo com gosto. Ela parecia me ignorar, mas ele virava o rosto dela para garantir que eu estivesse vendo.
Eu sabia que nosso divórcio estava selado, que não tinha volta, mas me parecia humilhante que ela fosse tão puta comigo. Não achava que merecia aquilo, ainda mais dela, porque de certa forma, ela estava onde estava só por ter cruzado meu caminho.
Do Emiliano eu não me surpreendia, sabia o quanto ele odiava quem tinha sido o bobo da corte do pai dele, e só fazia aquilo para se regozijar na minha cara.
Depois de um tempo, ele mandou ela se despir, ela obedeceu, e então ele me disse:
— Olha agora quem tem o controle.
Ele a levou para um dos sofás laterais, que normalmente era usado para reuniões improvisadas, mandou ela ficar de quatro e começou a meter nela com força, segurando-a pelos quadris, bem fundo. Ela franzia a testa e fechava os olhos, gemia como uma puta, se acariciava os mamilos e o clitóris, embora no fundo, a única coisa que importava era me humilhar
Eu me senti um covarde, porque estava ali olhando, imóvel, e a única coisa que passava pela minha cabeça era aguentar, porque precisava manter aquele emprego a qualquer custo
Ele mudou de lugar, tirou a pica da buceta dela e meteu no cu sem cerimônia, como se fosse nada, e fez ela gritar, mais de dor do que de prazer, aí ajeitou ela dando um tapa na bunda, pegou pelos ombros e partiu pra cima de novo
Ele não só me humilhava, também degradava ela, porque era óbvio que não ligava pra nada de respeitar ela como mulher, só estava usando ela
E num momento, Emiliano gozou tudo dentro do cu da que era minha esposa até pouco tempo atrás
Ele se afastou um pouco e, abrindo as nádegas dela com as mãos, fez o esperma começar a vazar, tinha deixado o cu dela todo aberto, e o líquido viscoso escorreu pela intimidade dela, pelos lábios, por toda a buceta dela
Ela agora me olhava, extasiada com um sorriso de puta que me dava nojo, ele, se afastando um pouco, disse
— Vamos, Guillermo, agora quero ver você limpar isso com a sua língua
— O quê? — reclamei — eu não vou fazer isso!
— Vai sim! porque eu estou mandando, porque sou seu chefe e porque você precisa do emprego, porque você é um verme e porque eu só quero ver
Tentei discutir, mas eu era um merda de pessoa, e agora a própria Erica parecia animada com a situação
Engoli o choro, me ajeitei e comecei a limpar toda a intimidade dela com minha língua, com meus lábios, dava ânsia, mas aos poucos fui engolindo toda a porra morna do meu chefe, enquanto ele se masturbava ao lado se gabando, se sentindo o dono do universo
Pra piorar, quando eu estava terminando, ele partiu pra cima de novo pra gozar pela segunda vez, agora nas nádegas dela, pra me forçar a continuar engolindo
Aquele dia terminaria com meu chefe me expulsando do escritório, eu sairia quase cuspindo, com ânsia, com meu orgulho pisoteado, destruído, assumindo que mais baixo não poderia cair Mal entrei no banheiro pra vomitar todo o ódio que eu carregava dentro de mim.
Mas, uma semana depois, ele me chamou de novo pro andar de cima, e por mais que pareça loucura, eu não queria subir, já não...
Não iria pro escritório dele, ele me esperava na recepção, parado atrás da mesa da Erica, ela desviava o olhar, Emiliano disse:
— Bom dia, meu querido amigo! — era um filho da puta — temos notícias pra você, mas a Erica vai falar por mim.
Olhei de novo com intriga pra quem foi minha mulher, e ela tava claramente desconfortável, era nítido que ia dar um passo só porque ele obrigava.
Ela pegou uma pasta, respirou fundo, constrangida, e sentenciou:
— Guillermo, você tá demitido, me desculpa...
Ela me estendeu um cheque e continuou falando um monte de palavras sobre termos legais que não me interessaram ouvir, já sabia tudo de cor, se era sempre eu quem falava aquilo.
Peguei minhas poucas coisas que tinha no lugar e fui embora como um cachorro, voltei a ser o perdedor que sempre fui.
Não ia conseguir um novo emprego, não tinha estudo, não tinha referência, não tinha ninguém que pudesse falar bem de mim.
Fui meio vagabundo, vendendo qualquer coisa na rua, nos sinais de trânsito, nos parques, onde desse, meia, caneta, adesivo, bandeirinha, o que fosse, sofri a dureza do frio do inverno, as chuvas inesperadas da primavera, o calor do sol de verão no meu rosto e os dias cinzentos e sem graça do outono.
Deixei barba, cabelo comprido, meio largado à própria sorte, me acostumei com esmolas e com o desprezo das pessoas.
Pouco tempo atrás cruzei com ela, coisas do destino, longe daquela imagem de secretária executiva que eu lembrava, Erica parecia uma mina vulgar e comum, tinha voltado pro castanho natural, a camisa branca agora era uma camiseta desbotada, a saia no meio da perna agora era um jeans rasgado, e tinha trocado os sapatos de salto fino por um tênis barato vermelho com cadarço branco. Olhar pra ela de novo foi como me ver no espelho. Ela me disse que depois daquela manhã, as coisas foram de mal a pior com o Emiliano, que ela não tinha visto aquilo chegando, mas ele sempre usou ela como arma contra mim. E quando ela deixou de ser útil, ele não demorou pra botar ela no olho da rua, do mesmo jeito que fez comigo.
A gente se despediu com um "até nunca", cada um seguiu seu rumo. No fim das contas, ela também era só uma perdedora, igual eu vou ser pelo resto dos meus dias.
Se você curtiu essa história, pode me escrever com o título PERDEDOR para dulces.placeres@live.com
Total libertad para comentar lo que quieran
Espero sean de vuestro agrado
http://www.poringa.net/posts/imagenes/5909834/Erotismo-en-B-N---01.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/5930158/Erotismo-en-B-N---02.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/5962854/Erotismo-en-B-N---03.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/5981636/Erotismo-en-B-N---04.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/5997767/Erotismo-en-B-N---05.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/6004665/Erotismo-en-B-N---06.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/6041938/Erotismo-en-B-N---07.html
A pedido de muchos... arrancamos en color
http://www.poringa.net/posts/imagenes/6075224/Erotismo-en-color---08.html
dulces.placeres@live.com
PERDEDOR
A veces el límite entre ser un ganador o ser un perdedor es tan delgado que uno no puede percibirlo, a veces uno se siente un ganador aunque en el fondo, siempre es un perdedor, o a veces solo un golpe de suerte te hace pasar de un lado a otro en un parpadear de ojos
Para mi desgracia, mi familia era muy pobre, demasiado, y apenas pude terminar mis estudios primarios, pronto me hice a la calle, a ganarme el pan de cada día, y aun adolescente casi niño, pasaba muchas horas haciendo lo que se pudiera hacer para llevar una moneda a casa
Mi madre limpiaba casas donde tuviera oportunidad, y papá hacía de todo un poco, él había aprendido en la calle, como yo también lo estaba haciendo
Un poco así, a los golpes de la vida, el hacía reparaciones domiciliarias, un poco de pintor, un poco de albañil, cortaba el césped, podaba árboles, y siempre por unas pocas monedas
A veces me llevaba con él, generalmente cuando necesitaba ayuda, digamos un peón, así de paso, aprendía hacer lo que él sabía hacer. Papá era un buen hombre, siempre quería que yo estudiara, que no repitiera su historia, pero pobre hombre apenas podía con sus huesos
Así conocí muchas familias, gente de plata que en general no dudaban enrostrarnos su superioridad en clase social, y que nos explotaban, literal, con mucho trabajo y poca paga
Y entre tantos, Juan De Marcio, sería alguien especial en mi vida
Juan era diferente, a pesar de su status, siempre era generoso con mi papá y también lo era conmigo, yo tenía quince años, y solía peguntarme que haría con mi vida el día de mañana, él me aconsejaba, lo hacía para hacerme pensar, me decía con respeto que no era bueno que fuera un hombre como mi padre, porque siempre trabajaría para otros, pero tampoco como él, que había dedicado su vida al dinero y al trabajo, y que teniendo ya sesenta años, apenas podía disfrutar de Emiliano, su único hijo de apena cinco.
Y Emiliano era un mocosito malcriado, porque su padre, estaba más en edad de ser abuelo, y así lo criaba, a veces solo lo envidiaba, tenía todo! y yo nada...
Don Juan tenía tanto aprecio por mi persona que cuando llegué a mi mayoría de edad no dudó en ofrecerme un puesto en su empresa familiar, una fábrica de quesos y chacinados a nivel industrial
Yo no sabía mucho que hacer, pero no me faltaban ganas de aprender
En pocos años haría carrera, pero no por mis habilidades, no, sino por convertirme en el alcahuete y chupamedias de Don Juan
La verdad, me caía en gracia mi rol, no me importaba que me odiara todo el mundo dentro de la empresa, si yo era el que le llevaba todos los rumores, todos los chismes, y en poco tiempo me convertiría en su mano derecha, el viejo hacía y deshacía según yo le contaba, era sus ojos cuando él no estaba, y tenía un poder que no estaba escrito, incluso por encima de sus jefes de ocasión
Imponía respeto, y se cuidaban de mi, sabían que sus puestos de trabajo dependían de lo que yo pudiera decir
Fueron los mejores años, ganaba bien, me sentía poderoso, aunque solo fuera el bufón de la corte
También conocería a Erica, quién se transformaría en mi esposa, ella era una de las empleadas, y al igual que yo, no le importaba arrastrarse con tal de conseguir un objetivo
Ella era una chica normal, físicamente no destacaba por nada, una mujer promedio digamos, rubia por adopción, que siempre andaba con sus cabellos recogidos
Y yo me enamoré perdidamente de ella, y no por un tema de atracción física, de hecho era una enana que apenas llegaba al metro cuarenta, casi no tenía pechos y su cola era apenas decente, pero ella tenía una manera de ser que para mi era como verme en un espejo, y, además, en la cama era dinamita pura, le gustaba la pija como a pocas
Y recordemos que aunque yo me sintiera el amo del universo en ese sitio, en el fondo era un don nadie que había llegado solo por ser un gusano rastrero
Ese no era mi problema, me sentía ganador, tenía una esposa a mi altura, tenía coche, y hasta estaba comprando mi humilde casita, quien lo hubiera imaginado?
Don Juan se estaba poniendo viejo y se estaba cansando de renegar con la empresa, el decidía, pero todo pasaba por mis ojos y por mis palabras, había abandonado mi puesto en piso de planta y me había llevado a un escritorio en las puertas de su oficina, aunque yo siempre prefería andar rondando entre los obreros, la cercanía me hacía tener el rebaño bajo control
También había conseguido que Erica, mi esposa, ascendiera al puesto de secretaria gerencial, desplazando a la vieja Alicia quien ya estaba en días de cuidar a sus nietos, por quien no me temblaría el pulso para hacerla a un lado
Me sentía bien, había sido un don nadie que ahora todos odiaban y al que todos temían
Pero el tiempo seguiría pasando y las cosas cambiarían poco a poco con la llegada de una nueva persona al juego, el pequeño Emiliano
El hijo del patrón se había hecho hombre y con unos veinte años venía por todo
El, era un pedante, un fanfarrón, un tipo falso que jamás se había tenido que esforzar por nada, y poco a poco fue desplazando a su padre
Intenté congraciarme y con él, pero rápidamente comprendí que Emiliano no tenía nada que ver con su padre, odiaba los lambe botas, despreciaba a los arrastrados alcahuetes y solo sentí que cada palabra hacia mi persona era falsa, el jamás me miraba a los ojos, y me di cuenta que mis días de gloria se terminarían con rapidez
Y jugué tontamente mis cartas, fui con el viejo, intentado tener su apoyo, con la estúpida ilusión de que podría enfrentarlo a su hijo, porque era joven, inexperto, y porque no conocía a nadie
Pero Don Juan se reía, y decía como relajando la situación
Pero Guillermo, dale una oportunidad al muchacho, tienes que llevarte bien con él, se que es joven y precipitado, pero ten paciencia, al fin y al cabo él seguirá mis pasos...
Me arrepentiría de cada palabra que había salido de mi boca, porque ellos obviamente hablaban todos los días, eran familia, y yo no dejaba de ser un extraño, y no solo que no me congraciaba con el nuevo jefecito, sino que me ganaba aun mas su desprecio
En poco tiempo Don Juan apenas pasaba de tanto en tanto, a saludar, solo un par de horas, Emiliano era el nuevo al frente, llegaba primero, se iba último, hacía y deshacía a su antojo, cambiaba las cosas para ajustarlas a un presente competitivo, y también cambiaba posiciones del personal
Así me llamó a su oficina, la que era de su padre, sin dejar que me sentara me habló de costado, sin dejar de mirar la pantalla de su notebook, como si lo mío fuera secundario, y me dijo que mi nuevo rol estaría en piso de planta, como un empleado más con un poco de ascendencia sobre el resto, pero nada más, en otras palabras, me estaba tirando a la jaula de los leones
Emiliano era astuto, no gastaría un peso en una indemnización, y me ponía en un sitio intrascendente, donde no molestara, donde me harían la vida imposible, donde seguramente no aguantaría demasiado tiempo
Pero para mi, era eso o volver a ser un don nadie, solo que ahora tenía esposa, Erica...
Erica se quedaría como su secretaria personal, muy apegada a él, y ahora solo la veía desde abajo cuando caminaba por el pasillo que daba al piso de planta, siempre vestida impecable, con sus zapatitos de finos tacos, muy femenina, muy audaz
Además, el jefecito le había aumentado el sueldo, muy por encima del mío
Y también sabía que todo lo fabulaba él, se fijaba en ella por un único motivo, porque era mía...
Y también me preocupaba ella, porque sabía como era, sabía porqué se había enamorado de mi, y sabía porqué ahora podría enamorarse de él
Las cosas solo se fueron poniendo más y más turbias, Erica ya no era la misma, estaba cambiada, empezaba a mostrarse distante, distraída, empezaron las escusas en la cama y muchas veces, en discusiones de nuestro presente ella parecía estar mas de acuerdo con Emiliano que conmigo
Así un día subiría a piso de gerencia porque necesitaba una charla sincera con mi jefecito, pero no pude anunciarme porque mi esposa no estaba es su sitio, y dado que tardaba, asumí que tal vez tuviera alguna reunión importante con Emiliano
Me senté en su escritorio, tomé algunas hojas y me entretuve haciendo algunas figuras de origami, algo que alguna vez me había enseñado mi padre
Cuando la puerta del despacho se abrió, mi esposa no notó mi presencia en primera instancia, estaba encerrada en sus pensamientos, pasando el revés de su mano por la comisura de sus labios, como si hubiera terminado de saborear algo prohibido, situación que sería vidente al verme, su nerviosismo fue notorio, no sabía que decir, tartamudeaba, ni siquiera podía mantenerme la vista
Entre al despacho enceguecido, y mi jefecito estaba acomodándose el cierre de su pantalón y su cinturón, al contrario de mi mujer, lejos de intimidarse, pareció refregar la situación en mi rostro, así que reproché
Emiliano, creo que has ido muy lejos, no es necesaria tanta humillación, también te vas a coger a mi mujer?, no lo voy a permitir
Então o rosto dele se transformou, o sorriso sumiu e, no controle total da situação, ele respondeu:"O que você não vai permitir? Tudo isso, tudo ao seu redor, tudo que você vê, até o ar que respira, existe graças aos De Marcio, ao meu pai, ao meu avô, e agora a mim, porque aqui dentro eu sou Deus. Se você não concorda, já sabe o que tem que fazer."
Não consegui discutir muito mais, ele não me deu chance. Saí do escritório dele, Erica parecia intrigada. Olhei pra ela com desprezo e falei que a gente ia conversar em casa.
E aquela noite seria uma das piores. Brigamos feio, muito feio. Pressionei ela até não aguentar mais, encurralei ela, quase forcei ela a confessar o que era óbvio: que ela tinha acabado de chupar o pau dele. E não só isso, não era a primeira vez, e além do mais, ele também tava comendo ela.
Não consegui parar de jogar na cara dela. Sabia que ela tava me traindo com o cara que me fazia de otário, mas ela se desculpou dizendo que, assim como eu, era só mais uma vítima das circunstâncias.
Pela primeira vez, dormiria no sofá da sala. E "dormir" é modo de dizer, porque não preguei o olho a noite toda. As coisas estavam ruins, muito ruins.
E só iam piorar. Seguir em frente com meu casamento e fingir um perdão pra dar uma segunda chance pareceu não importar pra Erica, que rapidamente sumia do meu lado e, aos poucos, se transformava na mulher do meu chefe, mostrando mais uma vez que sempre foi uma interesseira. O motivo pelo qual eu me apaixonei por ela agora se virava contra mim.
Percebi que meu emprego e minha esposa estavam por um fio. Era tudo que eu tinha, era tudo que me restava. Meus colegas me odiavam, meu chefe também, e eu só me sentia enlouquecer.
Quanto mais eu reclamava com Emiliano, mais eu tirava ele do sério. Chegou num ponto em que eles eram eles, e eu era eu. Eu estava sozinho, tinha perdido ela. E confirmei isso quando ela pediu o divórcio e disse que ia sair de casa em breve.
Ela era outra. agora ela se enfiava em caros tailorzinhos de secretária executiva, perdia tempo no salão de beleza, fazendo as unhas e comprando sapatos caros de salto fino, e mesmo que lhe dessem uns generosos vinte centímetros, ela simplesmente nunca estaria à minha altura.
Os atritos com Emiliano aumentavam cada vez mais, e cada vez mais frequentes, até que a gota d'água transbordou. Ele simplesmente se cansou de mim numa daquelas discussões no escritório dele, então, chamando minha mulher pelo interfone, me disse:
— Senta aí — apontando para um canto —, eu vou te ensinar quem manda.
Erica entrou e fechou a porta. Não havia surpresa no rosto dela, no fim das contas, ela era parte de tudo e sabia muito bem o que estava rolando.
— Vem — ele disse de forma autoritária —, seu marido quer saber quem manda.
Ele só a puxou para perto, abaixou a calça, deixando o pau de fora, e minha mulher, sem remorso, sem se importar que eu estivesse ali, foi de joelhos no carpete fofo e começou a chupá-lo com gosto. Ela parecia me ignorar, mas ele virava o rosto dela para garantir que eu estivesse vendo.
Eu sabia que nosso divórcio estava selado, que não tinha volta, mas me parecia humilhante que ela fosse tão puta comigo. Não achava que merecia aquilo, ainda mais dela, porque de certa forma, ela estava onde estava só por ter cruzado meu caminho.
Do Emiliano eu não me surpreendia, sabia o quanto ele odiava quem tinha sido o bobo da corte do pai dele, e só fazia aquilo para se regozijar na minha cara.
Depois de um tempo, ele mandou ela se despir, ela obedeceu, e então ele me disse:
— Olha agora quem tem o controle.
Ele a levou para um dos sofás laterais, que normalmente era usado para reuniões improvisadas, mandou ela ficar de quatro e começou a meter nela com força, segurando-a pelos quadris, bem fundo. Ela franzia a testa e fechava os olhos, gemia como uma puta, se acariciava os mamilos e o clitóris, embora no fundo, a única coisa que importava era me humilhar
Eu me senti um covarde, porque estava ali olhando, imóvel, e a única coisa que passava pela minha cabeça era aguentar, porque precisava manter aquele emprego a qualquer custo
Ele mudou de lugar, tirou a pica da buceta dela e meteu no cu sem cerimônia, como se fosse nada, e fez ela gritar, mais de dor do que de prazer, aí ajeitou ela dando um tapa na bunda, pegou pelos ombros e partiu pra cima de novo
Ele não só me humilhava, também degradava ela, porque era óbvio que não ligava pra nada de respeitar ela como mulher, só estava usando ela
E num momento, Emiliano gozou tudo dentro do cu da que era minha esposa até pouco tempo atrás
Ele se afastou um pouco e, abrindo as nádegas dela com as mãos, fez o esperma começar a vazar, tinha deixado o cu dela todo aberto, e o líquido viscoso escorreu pela intimidade dela, pelos lábios, por toda a buceta dela
Ela agora me olhava, extasiada com um sorriso de puta que me dava nojo, ele, se afastando um pouco, disse
— Vamos, Guillermo, agora quero ver você limpar isso com a sua língua
— O quê? — reclamei — eu não vou fazer isso!
— Vai sim! porque eu estou mandando, porque sou seu chefe e porque você precisa do emprego, porque você é um verme e porque eu só quero ver
Tentei discutir, mas eu era um merda de pessoa, e agora a própria Erica parecia animada com a situação
Engoli o choro, me ajeitei e comecei a limpar toda a intimidade dela com minha língua, com meus lábios, dava ânsia, mas aos poucos fui engolindo toda a porra morna do meu chefe, enquanto ele se masturbava ao lado se gabando, se sentindo o dono do universo
Pra piorar, quando eu estava terminando, ele partiu pra cima de novo pra gozar pela segunda vez, agora nas nádegas dela, pra me forçar a continuar engolindo
Aquele dia terminaria com meu chefe me expulsando do escritório, eu sairia quase cuspindo, com ânsia, com meu orgulho pisoteado, destruído, assumindo que mais baixo não poderia cair Mal entrei no banheiro pra vomitar todo o ódio que eu carregava dentro de mim.
Mas, uma semana depois, ele me chamou de novo pro andar de cima, e por mais que pareça loucura, eu não queria subir, já não...
Não iria pro escritório dele, ele me esperava na recepção, parado atrás da mesa da Erica, ela desviava o olhar, Emiliano disse:
— Bom dia, meu querido amigo! — era um filho da puta — temos notícias pra você, mas a Erica vai falar por mim.
Olhei de novo com intriga pra quem foi minha mulher, e ela tava claramente desconfortável, era nítido que ia dar um passo só porque ele obrigava.
Ela pegou uma pasta, respirou fundo, constrangida, e sentenciou:
— Guillermo, você tá demitido, me desculpa...
Ela me estendeu um cheque e continuou falando um monte de palavras sobre termos legais que não me interessaram ouvir, já sabia tudo de cor, se era sempre eu quem falava aquilo.
Peguei minhas poucas coisas que tinha no lugar e fui embora como um cachorro, voltei a ser o perdedor que sempre fui.
Não ia conseguir um novo emprego, não tinha estudo, não tinha referência, não tinha ninguém que pudesse falar bem de mim.
Fui meio vagabundo, vendendo qualquer coisa na rua, nos sinais de trânsito, nos parques, onde desse, meia, caneta, adesivo, bandeirinha, o que fosse, sofri a dureza do frio do inverno, as chuvas inesperadas da primavera, o calor do sol de verão no meu rosto e os dias cinzentos e sem graça do outono.
Deixei barba, cabelo comprido, meio largado à própria sorte, me acostumei com esmolas e com o desprezo das pessoas.
Pouco tempo atrás cruzei com ela, coisas do destino, longe daquela imagem de secretária executiva que eu lembrava, Erica parecia uma mina vulgar e comum, tinha voltado pro castanho natural, a camisa branca agora era uma camiseta desbotada, a saia no meio da perna agora era um jeans rasgado, e tinha trocado os sapatos de salto fino por um tênis barato vermelho com cadarço branco. Olhar pra ela de novo foi como me ver no espelho. Ela me disse que depois daquela manhã, as coisas foram de mal a pior com o Emiliano, que ela não tinha visto aquilo chegando, mas ele sempre usou ela como arma contra mim. E quando ela deixou de ser útil, ele não demorou pra botar ela no olho da rua, do mesmo jeito que fez comigo.
A gente se despediu com um "até nunca", cada um seguiu seu rumo. No fim das contas, ela também era só uma perdedora, igual eu vou ser pelo resto dos meus dias.
Se você curtiu essa história, pode me escrever com o título PERDEDOR para dulces.placeres@live.com
2 comentários - Perdedor