Troca de nudes

Fotos que tomamos mi esposa y yo, tratando de darle un toque erotico
Total libertad para comentar lo que quieran
Espero sean de vuestro agrado

http://www.poringa.net/posts/imagenes/5909834/Erotismo-en-B-N---01.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/5930158/Erotismo-en-B-N---02.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/5962854/Erotismo-en-B-N---03.html


INTERCAMBIO VIRTUAL


Esta situación sucedió unos años atrás, esas historias que te marcan y te dejan el recuerdo de por vida
En ese entonces, Dalma y yo llevábamos algunos años de pareja, casi como que aun estábamos conociendo y comprobando que las cosas funcionarían bien conviviendo entre cuatro paredes
Ella ya se había recibido de doctora y estaba haciendo un post grado de cirugía, amaba ese mundo y era un poco cómico porque yo veía una gota de sangre y me desmayaba
Yo iba por algo mas tranqui, lo mío era informática, me gustaba el tema de las pc, los celulares, pantallas, comunicaciones y todo ese mundo futuro de robótica que se nos venía encima
Venía un poco atrasado con mis estudios, puesto que trabajaba en una prestigiosa empresa y me consumía demasiado tiempo de mi jornada

Cuando decidimos mudarnos juntos, no nos llevó demasiado tiempo decidirnos por un lindo semipiso que daba al contrafrente, el departamento B de un octavo piso
Nos hubiera gustado el A, cuya vista acomodada daba al río, pero el valor mensual del B, que por dar a la ciudad era más económico, ya estaba por encima de nuestro presupuesto
Era un barrio bastante acomodado en un edificio bastante acomodado, no es que pretendiéramos ser más de lo que éramos, pero buscábamos algo que realmente nos gustara y poder arrancar con un tema menos de que quejarnos
Igual, nos quedaría un sabor amargo por no poder rentar el A, la vista que tenía era impagable
Así habíamos iniciado un camino de amor que no tendría retorno

En no mucho tiempo más, el departamento contiguo también sería alquilado, y llegarían nuestros nuevo vecinos, sentimos los ruidos de las mudanzas y todas esas cosas propias que se dan naturalmente
Al día siguiente, o a los dos días, no recuerdo bien, golpearían la puerta de nuestro departamento, era un poco tarde ya, Dalma se estaba duchando y yo esperaba mi turno después de un día agotador, eran nuestros vecinos que nos traían un presente como de bienvenida, querían presentarse y demás cosas, muy estilo americano, yo se los agradecí pero les dejé notar la hora, y lo inoportuno del momento, ellos comprendieron y dijeron que no habría problemas, tal vez otro momento
Lo gracioso de es que de ese primer encuentro, lo único que me quedaría grabado serían las enormes tetas de mi nueva vecina

Cuando Dalma vio el presente un poco se molesto conmigo, tal vez había sido descortés, pero bueno, contrapuntos que solo suceden en toda relación de pareja
El sábado por la tarde iríamos por la redención de mi torpe actitud, llevamos unas masas finas, golpeamos la puerta y nos invitaron a pasar cortésmente y llegarían los turnos de las presentaciones, sentados cerca del ventanal que daba a esa preciosa imagen que tanto nos había enloquecido, y por un tema de dinero, no había podido ser nuestra

Dalcio era un tipo delgado, poco musculado, de cabellos castaños, con algunas llamativas canas impropias de una persona que recién pasaba los treinta, parecía de buen carácter, esas personas que enseguida dan charla y es fácil amigarse, se notaba su lucir elegante, puesto que estando en su casa tenía ropa deportiva de marca y resaltaban unas zapatillas blancas impecables
Estaba en negocios de importación según dijo, tenía contactos en aduana y era puente a muchos trámites complicados y sin entender mucho de lo que hablaba, deduje que con eso hacía buena plata
Margarita, su esposa, como dije, solo se me iban los ojos en sus enormes tetas, que a esa altura me intrigaba saber si eran naturales o artificiales, puesto que se veían demasiado perfectas, era bastante petisa y retacona, con lo cual sus pechos resaltaban más todavía
Para mi suerte, Margarita era ingeniera en sistemas, y tuvimos una afinidad, un tema en común del que hablar, y noté que también había afinidad entre mi esposa y mi vecino

Hablamos mucho, nos comentaron que su estadía era por poco tiempo, estaban tramitando una visa de trabajo para Estados Unidos, y ya estaba todo muy avanzado
Es que Margarita, ya tenía un empleo casi asegurado en el país del norte, y no me extrañó, yo era bueno en lo que hacía, pero solo cruzar unas palabras con ella me hicieron ver que era una mente brillante, a años luz de mis conocimientos, y obviamente, sería un tesoro en bruto para las grandes corporaciones
Su esposo era quien un poco, gracias a sus contactos estaba acelerando todos los papeleos burocráticos
También nos fuimos un poco por el lado de nuestras historias, nuestras vidas y cuando el sol caía por el horizonte, nos dimos cuenta que había sido suficiente por un día
Y solo siguieron los cruces habituales entre vecinos, a veces cruzando en el ascensor, a veces en la piscina de la terraza, a veces horas en la casa de ellos, a veces en la nuestra y era un poco compartir vida e ir conociéndonos un poco mas

En especial, coincidir la profesión con mi vecina, me llevaba en oportunidades a intercambios de ideas sobre algún tema en común, de nuestra trabajo, pero en verdad, a Margarita no podía mirarla a los ojos, era como que la vista me pesaba y caía inexorablemente a sus pechos que nunca pasaban desapercibidos, usando escotes más que sugerentes, creo que ella siempre lo sabía y jugaba ese juego para beneficio propio

Mi madre siempre decía que a los vecinos había que tenerlos ahí, como vecinos, no demasiado lejos como para ignorarlos, ni demasiado cerca como para que se malentendieran la cosas, y comprendería que Dalcio y Margarita estaban demasiado cerca, más de lo imaginado
En alguna que otra ocasión, nos dejaron saber que eran 'modernos', 'mente abierta' y que se amaban tanto que incluso podrían animarse a experimentar aventuras consensuadas por fuera de la pareja, sin que eso significase un inconveniente
Dalma y yo, a veces conversábamos a solas todo lo que estaba pasando, sin saber si solo nosotros fabulábamos o ellos, nos estaban haciendo propuestas que fingíamos no comprender

Cuando nos cruzábamos por casualidad, Margarita tocaba el tema muy sutilmente de lo linda y apetecible que se veía mi mujer para cualquier hombre y lo afortunado que era en tenerla, cuando esa casualidad se daba con Dalcio, por el contrario, él me hablaba de su mujer, que le hablaba mucho de mi, como agrandando mi ego, y era un poco raro, porque me sentía como que me la estaba ofreciendo en bandeja de plata
Pero lo más raro, era cuando le comentaba estas cosas a mi mujer, porque Dalma tenía la misma percepción que yo tenía pero de su parte, cuando ella se cruzaba con el vecino, él le hablaba muy bien de mi, y cuando ellas se cruzaban, Margarita solo ensalzaba a Dalcio, de lo bueno que era en la cama y lo bien que lo hacía


Intercambio virtualAs coisas iam e vinham assim, e em pouco tempo se criou uma atmosfera sugestivamente sexual.
Lembro que uma vez, nós quatro coincidimos na piscina da cobertura, e os peitos da Margarita num top amarelo fluorescente pareciam explodir. Era impossível não olhar, mesmo que disfarçado, porque o marido dela e minha esposa estavam ali. Ela me pegou de surpresa como um adolescente punheteiro, com meu desejo lascivo.
Me senti um idiota, mas assim que tivemos a primeira chance de privacidade, ela sussurrou discretamente:

— Sérgio, Sérgio, você devia tentar não ser tão óbvio.

— Do que você está falando? — respondi, tentando esconder minhas pegadas.

Minha vizinha empinou os peitos, como se fosse necessário, e acrescentou:

— Deles…

Me senti péssimo pela burrice da minha situação, então ela completou:

— Eles podem ser seus, mas não do jeito que você imagina. Meu marido é um homem muito bom e não faço nada pelas costas dele, e acho que a Dalma não merece uma traição… mas tem formas…

Tudo ficou por ali, porque o marido dela interrompeu o momento. Só que eu não sabia se minha interpretação da situação estava correta.
À noite, antes de dormir, contei à Dalma o que aconteceu. Admito que, por mais vontade que eu tivesse da minha vizinha, não trairia minha mulher. Ela me ouviu com atenção e, longe de ficar chateada, disse que de alguma forma sentia que o Dálcio também dava em cima dela com discrição.
Justamente seria meu vizinho quem daria o próximo passo, quando minha mulher veio me contar que tinham compartilhado o elevador, onde ele, sem rodeios, comentou o que estávamos imaginando: que eles eram swingers e que, além disso, nós estávamos no radar. Que tanto ela quanto eu éramos pessoas muito simpáticas e tínhamos uma boa vibe, mas claro, eles se responsabilizavam pelas ideias deles, e que tudo bem, seríamos apenas bons vizinhos.

Não demorariam para nos convidar para jantar. Já era comum entre nós, de vez em quando nos encontrávamos, só que dessa vez, já fomos com outras expectativas. A Dalma parecia que não queria ir, mas eu fiz ela ver que seria óbvia a rejeição por causa do que aconteceu no elevador, e para ser honesto, nossos vizinhos eram muito bons vizinhos. E tudo estava dentro dos conformes, até mesmo o fato de a Dalma saber, pelas minhas palavras, o quanto eu gostava dos peitos da Margarita, e além disso, saber que eles faziam trocas, me permitiu devorá-la com os olhos, enfiada num vestidinho azul claro que deixava claro que ela não estava usando sutiã, que só um tecido fino ficava entre seus mamilos e meus olhos.

Tudo começaria a mudar depois do jantar, na sobremesa, com café no meio, minha vizinha foi até o quarto e trouxe um jogo de tabuleiro, a tampa brilhante deixava ver o título 'Verdades e Mentiras do Sexo', e em letras menores, 'um jogo para casais'. Um jogo de corrida num tabuleiro, com dados e cartas de 'verdades' e 'mentiras', muito engenhoso, já que o segredo do jogo não era chegar primeiro, mas conhecer os gostos e fantasias de cada um dos participantes.

Obviamente, minha mulher seria parceira do meu vizinho, e a Margarita dos peitões comigo, de modo que ninguém pudesse mentir, já que teria um rival que te conhecia como ninguém no time adversário. O jogo ficaria muito quente, demais, sem querer, entre essas verdades e mentiras ficariam nus todos os nossos segredos e gostos, oral, vaginal, anal, o que sim, o que não, privacidade, público, trios e tudo o que se possa imaginar, incluindo logicamente a troca de casais.

Perto das duas da manhã, entre jogos, copos e excitação, a Margarita já estava quase nua ao meu lado, e o Dalcio parecia que ia comer minha esposa a qualquer momento. Foi a Dalma que, estando à beira do abismo, deu por encerrada a noite, tinha sido suficiente e o assédio dos nossos vizinhos ficaria truncado.

No entanto, já na nossa cama de casal, conversamos sobre o que aconteceu, e transamos loucamente, desenfreadamente, de um jeito selvagem, como se estivéssemos liberando toda a pressão acumulada. alguns minutos antes

As coisas não demorariam a acontecer, com Dalma conversávamos muito sobre o que estava rolando, ela até me confessou que estava morrendo de vontade pelo Dalcio e já não sabia como evitar, e naquela noite só tinha cortado o jogo pra não se jogar nele na minha frente
E estávamos de acordo em nos permitir uma licença consentida, só tínhamos medos e inseguranças de como seria o dia seguinte

Era um domingo no meio da manhã, Dalma tinha ido tomar um banho e eu estava num labirinto sem saída com uma apresentação que teria que fazer no dia seguinte no trabalho, o tema estava me complicando, e pensei que com certeza minha vizinha resolveria num piscar de olhos, poderia ter ido bater na porta dela, mas preferi ligar pro celular, e coisa de cdf de informática, não tivemos ideia melhor que nos contatar numa videochamada usando os leds respectivos como meio visual
Ela estava suada com uma legging roxa e um top branco, onde seus mamilos marcavam e ficava evidente, mais uma vez, que não usava sutiã, me disse que estava fazendo um pouco de ginástica, e pra mim foi muito sexy, seu marido estava em segundo plano, com uns papéis sobre a mesa e uma xícara de café ao lado, nos cumprimentamos e comecei a explicar qual era meu problema

Dalma estava alheia a tudo, e saiu do banho completamente pelada, com fones nos ouvidos ouvindo música, esfregando os cabelos molhados com uma toalha, ficando como centro das atenções, aos meus olhos, aos da minha vizinha e aos do meu vizinho
Dalcio prendeu os olhos na tela, e se produziu um silêncio constrangedor, até que Margarita quebrando o silêncio reclamou

Pelo amor de Deus! isso não é justo!!!!

E só pegou o top branco pra levantar, e pela primeira vez vi os peitos maiores, perfeitos e lindos que poderiam existir, me levantei e só disse

Já vou pra sua casa, abre a porta...

E minha mulher, passado o choque inicial, pareceu querer entrar no jogo
Nos Nos poucos metros de corredor que separavam os dois apartamentos, Dalcio e eu nos cruzamos. Ele estendeu a mão e, em tom de brincadeira, disse:

— Que vença o melhor!

Entrei no apartamento ao lado e ela estava lá. Aqueles peitos enormes me esperavam, e Margarita exibia um sorriso como nunca antes eu tinha visto. Mas, ao mesmo tempo, um pouco mais atrás, na tela de LED, eu via que Dalcio já estava na minha casa e que Dalma, minha Dalma, o esperava completamente nua. A sensação de ver minha esposa com outro cara era, no mínimo, perturbadora.

Mas as cartas estavam lançadas. Minha vizinha e eu começamos a nos beijar loucamente, embriagados não apenas pelo nosso próprio sexo, mas também pelo que víamos do outro lado. Bastaram alguns beijos profundos para que eu a agarasse com força pela cintura e a puxasse sobre mim, fazendo com que seus pechos ficassem na altura da minha cabeça. Eu simplesmente me perdi entre eles e esqueci o resto do mundo. Eram perfeitos, e minhas mãos e rosto não eram suficientes para morrer ali. Margarita apenas gemía enquanto eu lambia seus mamilos — perfeitos, simplesmente perfeitos.

E nós tínhamos todos os segredos de todos os participantes, havíamos jogado aquele jogo perverso. Então, apenas lambi e acariciei seus peitos. Ela não conseguia evitar — sentia sua intimidade se contraindo inconscientemente. Minha vizinha me daria o primeiro orgasmo apenas comendo seus peitos.

— Me fode, estou toda molhada...

Foram suas palavras. Eu apenas a deitei, afastei sua calcinha e enfiei.

A imagem na tela de LED chamou minha atenção: Dalma estava perdida, chupando o pau do meu vizinho, da mesma forma que eu estava perdido nos peitos da minha vizinha. Foi muito louco ver aquilo, porque nunca tinha imaginado ver minha mulher chupando o pau de outro que não fosse eu.

Dalma olhou para a câmera, porque sabia que eu estava assistindo. Ela o chupava todo, ou passava a língua na cabeça do pau, e quando ele começou a gozar na boca da minha amada, foi demais para resistir. O líquido branco começou a... It flowed over her lips and into her mouth. I pulled my cock out of Margarita's pussy, came on her tits with a force I hadn't felt in a long time, and only soiled her skin. She went wild for it, I knew she liked it and just caressed them, smearing them, as big as they were.

We continued with kisses, very hot ones, taking a moment to catch my breath. And on the other side, as we saw on the screen, the same thing was happening.

I couldn't stop caressing her breasts. My semen had already dried and that seemed even sexier to me. They were the most perfect tits that could exist. I was lost in that game when Margarita, taking my face, turned it toward the screen to tell me:

"I think they're getting ahead of us..."

It was that Dalcio was being ridden by my wife. He was fucking her again, and I still couldn't manage a new erection despite the caresses my neighbor was giving me. Now I was only focused on watching my wife's ass going up and down, and I noticed that now he was looking at the camera. It was as if he was looking at me. And Dalma's moans made the fire ignite again between my legs. Margarita noticed it and, knowing what I liked and what my wife didn't like, she told me:

"Now you give it to me in the ass. That's what you wanted, right?"

Margarita got on all fours, very provocative, presenting her rear directly to the camera. She knew it was for me, but deep down it was for him, for Dalcio.

I went at it from behind with great desire. The topic had been touched on in the game—anal sex was something you couldn't even mention to Dalma, and the last time I had done it was a long time ago, with a little girlfriend I had before meeting the woman who would become my wife.

I slid it in very tasty, without difficulty. I felt it tight, and I moved with desire, trying to act like a porn star. I made sure our sexes were evident enough so that on the other side, they would have no doubt about what we were doing.

My neighbor was panting, me... Ele me segurava pelas panturrilhas e dizia para eu não parar de me mexer, e eu só fiz bem gostoso, aproveitando meu momento.

Só tirei e, como um chuveiro, comecei a banhar sua bunda, sua buceta e seu cu dilatado. Senti espetacular e caí de lado, pois minhas pernas começavam a câimbrar.

Ao ver a tela, minha mulher, de novo, pela segunda vez, enchia a boca com os fluidos do Dalcio. Olhei pra Margarita e disse:

"Não mentiu em nada quando jogamos, né? Como ela gosta que gozem na sua boca, muito puta..."

Estava falando assim da minha mulher, mas é que ela estava assim mesmo. A Dalma tinha um fetiche especial em levar gozada na boca.

Naquele momento, eu tinha terminado o jogo. Minha pica não aguentava mais. Me limpei um pouco e me recostei no sofá, deixando minha cabeça sobre as pernas da Margarita. Só queria contemplar os peitos dela, porque ainda não tinha saído do meu espanto e da minha admiração. Os sons da tela atraíram minha atenção, e minha vizinha disse:

"Malditos... não cansam..."

Meu vizinho ia para uma terceira rodada e minha esposa o seguia. A Margarita falou de novo:

"Ele tem uma pica boa, né?"

E eu só fiquei observando até o final, onde, pela terceira vez, como era previsível, ele ejaculou tudo na boca dela.

Tudo tinha concluído dos dois lados. Nos trocamos e nos cruzamos de novo no caminho, cada um para seu apartamento. O Dalcio, sorrindo, estendeu a mão e tentou ser chato, dizendo:

"Hoje foi minha vez de ganhar, três a dois, né?"

Mas eu retruquei:

"Pode ser, mas eu comi ela pelo cu, e isso vale por dois. Além disso... as tetas da sua mulher, amigo..."

Aí a conversa parou. A Dalma já estava tomando banho. Não pude esperar, me despi, me esgueirei atrás dela, a virei de frente para os azulejos da parede e a comi muito gostoso, muito animal, sob a água morna que nos cobria. Só continuei até encher a buceta dela de porra, enquanto só conseguia dizer coisas como:

"E aí? Matou sua vontade de engolir porra? Puta barata?"

A experiência nos tinha... We enjoyed it and thought about doing it again, but our neighbors told us no—it was their rule, just once and that’s it. The first time is just sex, but the second time, other feelings might start to arise that could complicate the relationship.
We accepted it and remained good neighbors—friends, you could say—even though I was still dying over Margarita’s tits. We knew how to take their advice.
We asked them to teach us a bit more about the world of partner swapping. Surely there were other horizons to explore, and although it might seem strange, Dalma was the one most excited about the topic. It was as if having been with another man made her want me to fuck her even more. And in my case, well, maybe I didn’t want to go around fucking like animals. Maybe mine was just a personal desire for my neighbor’s tits, and perhaps in that, I saw a bit of the danger of diverting your attention to a third person who isn’t the one you love.

And our book of swaps would close faster than imagined because our neighbors’ work trip to the United States would arrive sooner than planned.
I remember we had a farewell dinner at our place, where we talked about everything—the future that awaited them, but also the past we had shared. Dalcio would leave me some personal contacts in case we wanted to delve deeper into the topic of swapping, but after their departure, it was as if we had lost our compass, our mentors.
And after a while, Dalma and I cooled off on the subject and preferred to keep it as a nice memory.

It truly felt strange, the silence from Apartment A—those silences that sometimes even hurt your ears. We missed the casual encounters in the elevator, sharing conversations, the rooftop pool, and obviously, the most spectacular tits I’ve ever seen.

New neighbors would arrive, and a return to the normality that society imposes.
Just as a closing to my story—I never tell my wife this, but every time... quando olho nos olhos dela, cada vez que beijo seus lábios, me lembro da imagem da boca dela cheia de porra, da porra do meu vizinho, até parece que sinto o gosto nela e isso faz meu sangue ferver, e me dá vontade de foder ela como um animal Se você gostou dessa história, pode me escrever com o título INTERCÂMBIO VIRTUAL para dulces.placeres@live.com

1 comentários - Troca de nudes