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LA CHINA
CAPITULO 4
PROBLEMAS GREMIALES
La puerta se cerró, y Carlos empezó a monologar, el quería hablar conmigo y yo solo respondía con monosílabos, mi cabeza estaba en otro sitio, tratando de recordar donde diablos estaba mi tanga, no habría vuelta atrás si ella la encontraba, y para colmo de males sentía que mi concha desnuda no paraba de expulsar leche, sentía mi intimidad toda húmeda y mi conciencia sucia me hacía imaginar un escenario catastrófico…
Las palabras del encargado empezaban a hastiarme, Carlos era de esos tipos bonachones que le encantaba hablar, de esos que te cuentas sus historias una y mil veces y que no le importa que nadie los escuche, yo quería limpiar mi conchita, ir al baño, ponerme presentable, acomodar mis ropas, pero el parecía anclado al costado de mi escritorio, así que solo me resignaba a ver las agujas del reloj de pared, tratando de escuchar algo de lo que sucedía al otro lado, por encima del bullicio atolondrado de Carlos.
Al fin se abrió la puerta que separaba ambas oficinas, Valeria salió con sus aires de diva y apenas si me saludó al pasar, se fue meneando como de costumbre su culo perfecto, secundada por Carlos, que oficiaba de alcahuete de turno cada vez que era necesario. Tenía las manos transpiradas, Claudio me miraba desde el marco de la puerta que separaba ambas oficinas, con una sonrisa morbosa muy marcada, lo que me tranquilizó, evidentemente nada había pasado…
El caminó hacia la planta baja, hacia el taller, y al pasar a mi lado me tiró la tanga en la cara, y riéndose me dijo
- Chinita, chinita, no seas tan puta… deberías tener mas cuidado donde dejas tus cosas…
Así eran los días con mi jefe, mezclar trabajo con placer, si las paredes de esa oficina hubieran hablado…
Mi vida se encarrilaba poco a poco, ya me había adaptado a vivir nuevamente con papá y mamá, Jorge, mi ex, ya era solo un recuerdo de un amargo pasado que no hubiera querido vivir, estaba bien como estaba, no quería nuevos amoríos, no quería compromisos, mi rol de puta con mi jefe era muy bueno, si, ciertamente yo vivía a espaldas de su mujer, siendo apenas una parte pequeña en la vida de Claudio, también era cierto que toda nuestra sexualidad se reducía a esas oficinas, y era cierto que no podía aventurarme a imaginar mucho más, era consiente que las cosas así eran y así se mantendrían…
El me cogía a su manera, cuando, como y donde quería, yo era quien le sacaba las ganas, la reina de sus fantasías, y era quien ejecutaba sus perversas locuras, porque admiraba en él la astucia para sorprenderme, como ese día de los obsequios, como ese día en que me depiló por completo, porque yo solo me excitaba con sus órdenes, hubiera hecho cualquier cosa que ese hombre me hubiera ordenado, como la tarde en que me crucé con la señorita Micaela Astudillo.
Estaba totalmente sometida a los juegos de mi jefe, me excitaban sus juegos, me tenían siempre caliente, pero nunca imaginé que llegaría a hacer lo que hice…
Esa mañana el tenía una cita de trabajo con una representante gremial, había algunos problemas en el taller con los empleados, supuestos incumplimientos de parte de Claudio y todo había desencadenado en una charla conciliadora con una representante gremial.
Yo misma, bajo su pedido, había hablado por teléfono con Micaela Astudillo, incluso había intercambiado con ella varios correos electrónicos, pero jamás sospeché que solo se trataba de otra espectacular puesta en escena de mi jefe…
Ella llegó muy puntual, demasiado, incluso antes que Claudio, por lo que me vi obligada a entretenerla café mediante, Micaela era una mujer de unos cincuenta años, al menos esa impresión me dio por las arrugas de su rostro, delgada, alta, muy alta para ser mujer, de cabello negro azabache teñido, brilloso, lacio a media espalda, su rostro me llamaba la atención, una cara cuadrada, de rasgos duros, donde se adivinaban varias operaciones, inclusos labios saltones seguramente inflamados con Botox, profundo maquillaje disimulaba un poco el paso de los años, honestamente, dadas sus facciones y su altura, pensé que en verdad era un travesti.
Lucía una camisa blanca con flores bordadas en hilos dorados, y un trajecito muy de moda, de chaqueta y pantalón recto en rojo furioso, además zapatos cerrados en negro mate, con altos tacos que en verdad no le hacía falta usar.
Charlamos un poco, su voz ronca acentuó mis sospechas sobre su sexualidad, ella había dejado la carpeta y su cartera de mano sobre el escritorio, se había cruzado de piernas y tomaba el café saboreando cada trago. Solamente en esos minutos, que intercambiamos palabras, hablamos tonteras, eso me sorprendió un poco, normalmente, una representante sindical hubiera tratado de sacarme información para usar en beneficio propio.
Claudio llegó media hora después y se excusó por temas de tránsito, saludaron con mucho respeto, como señor Monardes y señorita Astudillo, y se dirigieron hacia la otra oficina, cerrando la puerta tras sus pasos.
En minutos me había desentendido del tema y me encaminé en mis actividades diarias.
En poco tiempo la voz de mi jefe me llamaba por el intercomunicador, al entrar, mi él estaba parado cerca de la puerta, Micaela sentada en una de las sillas, noté que se había sacado su trajecito, solo estaba con su pantalón rojo furioso y su camisa blanca, por la cual se marcaban llamativamente sus pezones, seguramente excitados por el frío extremo del acondicionador de aire.
Estaba cruzada de piernas en una forma muy femenina, Claudio, a mis espaldas cerró la puerta y lo sentí echar llave, empezó a acariciarme el pelo sutilmente y le dijo a la mujer que escuchaba con suma atención.
- Creo que ya se conocen, la señorita Astudillo, o Micaela para nosotros, y Ana, aunque nosotros le decimos ‘la china’, es de quien te hablé, ya lo veras… es muy obediente y hará todo lo que yo quiera que haga…
No supe como era la historia, pero era evidente que no había una entrevista sindical, ni nada por el estilo, era el inicio de otra de las locuras de mi jefe, solo que yo no era un robot, no era su juguete, como todas necesitaba ponerme en clima y mi cabeza estaba en otro lado, así que protesté
- Pará Claudio… de que trata esto? yo no voy a hacer siempre lo que vos quieras que haga…
El marcó una sonrisa macabra en sus labios, y mirándola a ella, e ignorándome a mí, le dijo
- No te preocupes, siempre es así, pero ya verás… dale tiempo…
Y me dio un leve empujón hacia su lado, como para que me acercara a Micaela, pero yo me detuve como estaca al piso apenas terminó el impulso que me había dado, estaba molesta, empacada como mula, no quería que fueran así las cosas…
Micaela empezó a soltar uno a uno los botones de su camisa para desnudar su torso, luego se quitó el sostén dejando ante mis ojos unos pechos pequeños y planos, con pezones oscuros y saltones, me miró fijamente y me dijo
- Vení chinita, quiero que me des placer…
Qué mierda, estaba molesta, cual era el juego? Claudio volvió a darme otro empujón y dijo
- Vamos… quiero ver como le chupas las tetas…
Qué? resulta que ahora tendría sexo con otra mujer? esto era demasiado, le dije que no, que no y que no…
Fue cuando mi jefe soltó nuevamente el nudo de su corbata, vino a mi lado y lo pasó por mi cabeza, como si fuera una lazo, como si yo fuera un animal, lo dejé hacer, es que eso era muy fuerte, eso rompía mis defensas, me dejé arrastrar, el tenía un poder fuerte sobre mí, sobre mi voluntad, me llevó cerca de Micaela, me arrodillé entre sus piernas, sentí su respiración cerca de la mía, sabía lo que sucedería, solo cerré los ojos…
Los labios de esa mujer se pegaron a los míos, lentamente, fue raro, eran suaves, fue dulce, una vez, otra vez, de pronto su lengua invadió mi boca, me sentía a la defensiva, ella pareció explorar mis reacciones y conforme yo iba cediendo ella iba avanzando…
Sin darme cuenta los tímidos besos habían pasado a ser besos calientes, profundos, húmedos, sentí mojarme, sentí mis pezones duros, sentí latir mi clítoris, ella estaba cómodamente sentada, con sus piernas abiertas, y yo arrodillada entre ellas, mientras el era espectador de lujo en todo el juego…
Un leve tirón de la corbata me trajo a la realidad, Claudio quería que bajara un poco, quería que le chupara las tetas, era claro que la idea era que yo le diera placer a ella, humillarme, haciéndome sentir una lesbiana y ella parecía disfrutar del juego…
Bajé un poco, sus tetas eran flácidas, caídas, pequeñas, los husos de las costillas se le marcaban llamativamente, pasé mi lengua, por un lado, por otro, sus pezones saltaban como dos piedras, los llené de saliva, los mordí dulcemente, ella empezó a perderse, reclinó su cabeza para solo disfrutar acariciando mis cabellos, y yo solo trataba se hacer mi trabajo lo mejor posible.
Micaela me apartó, hizo espacio, se incorporó y se sacó los pantalones, sus piernas eran largas y flacas, un culote beige quedó ante mis ojos, solo se lo sacó quedándose completamente desnuda, fue aun costado a acomodar sus prendas, en esos segundos, aun arrodillada en el piso contemplé su huesuda figura, ella volvió al sillón, solo que ahora se había acomodado con sus piernas bien abiertas y me dijo
- Vení... chúpame la conchita…
- Estás loca… - le dije – yo no voy a chuparte la concha…
- No te preocupes – terció Claudio – es una perra fiel, a veces se queja, pero te complacerá… solo tira de la soga…
Micaela tomó la corbata anudada a mi cuello y tiró, solo tiró, y mi resistencia solo lograba que el nudo se ajustara más y más a mi cuello, lentamente me llevó a su lado, mis ojos se centraron en su sexo, tenía un tajo enorme entre las piernas, una concha depilada por completo, saltona, llamativa, recordé que había dudado si realmente era mujer…
Só sabia que tinha um culpado nisso tudo, chamava-se Claudio, se não fosse por ele nada disso seria possível, e assumi que era verdade, nada do que eu fazia teria feito se não fosse por ele, por seus jogos loucos, por sua loucura, e se a ideia de me ver submissa debaixo da buceta de outra mulher o excitava, então eu daria a melhor das respostas.
Fui de cabeça nela, sem me importar com nada, só comecei a lamber a buceta dela da melhor maneira possível, aprendendo como fazer, passando pelos lábios, pelos sucos, pelo esfíncter, pelo púbis, brincando com minha língua por toda aquela buceta enorme, Micaela curtia meu sexo oral, Claudio curtia o jogo lésbico e eu, eu só olhava de canto pro meu chefe e via o prazer nos olhos dele, e o prazer dele era o meu prazer…
Eu tava concentrada chupando a buceta da dona Astudillo quando senti as mãos de Claudio nas minhas nádegas, ele só me ajustou melhor, levantou minha saia, puxou minha calcinha fio dental e meteu tudo de uma vez, começou a me comer como um animal, enquanto empurrava minha cabeça cada vez mais contra a buceta da mulher magra, mas aos poucos fui perdendo a concentração no que fazia com a boca, é que ele me comia tão gostoso que eu só comecei a ter pequenos orgasmos, os gemidos de Micaela foram se apagando aos poucos, e os gemidos de Ana, a chinesa, acenderam… porra…
Ele não demorou muito, gozou tudo dentro de mim, eu tava exausta…
Ele tirou a camisinha cheia de porra, com todo cuidado, e enquanto me oferecia, disse pra Micaela:
- Olha, olha que putinha gostosa eu arranjei, olha como ela tá aos meus pés...
Claudio tinha um fetiche muito forte com a camisinha, eu peguei do jeito que ele gostava e lentamente deixei escorrer o conteúdo na minha boca, com todo cuidado pra eles não perderem nenhum detalhe, deixei a porra correr de um lado pro outro saboreando, mostrando minha língua esbranquiçada e meus lábios grudados, por algum motivo me excitava fazer aquilo. Mas dessa vez eu tomei tomei a iniciativa e não engoli como meu chefe teria desejado; pelo contrário, fui direto nos lábios da Micaela e dei um beijo interminável boca a boca, daqueles beijos incríveis onde aos poucos compartilhei com ela a porra do Claudio, como quem divide uma sobremesa, onde as duas ficamos bebendo o suco proibido.
Quando o jogo terminou, e enquanto nos vestíamos de novo, o Claudio me explicou do que se tratava a brincadeira inteira. A Micaela era na verdade uma puta com quem ele já tinha planejado tudo pelas minhas costas, e eu fiquei presa nos meus pensamentos. Realmente, aquele homem tinha uma mente tão engenhosa quanto perversa, e isso me seduzia. Uma hora depois, apareceu na minha frente uma mulher de uns sessenta anos, gorda, envelhecida, de gênio cortante, perguntou pelo senhor Claudio. Era a verdadeira dona Micaela Astudillo, a representante sindical.
Nos sessenta dias seguintes, meu chefe ficou obcecado com essa brincadeirinha e contratou umas trinta putas que desfilavam pelo galpão, numa atitude que era suspeita pra todos os funcionários. Umas trinta putas pra quem ele me fez chupar a buceta, e eu fui me tornando especialista naquilo. E, entre nós, algo que fiz com receio na primeira vez com a Micaela se transformou num prazer delicioso pra mim. Chupar bocetas me dava tanto tesão quanto chupar picas…
Mas o jogo de surubas com putas tinha ficado tão gostoso quanto perigoso. O Claudio parecia não entender, ou pior, ignorava os comentários dos funcionários, e a Valéria, a mulher dele, vivia rondando o lugar, feito aquelas leoas que sentem cheiro de sangue. E toda essa situação me deixava com os nervos à flor da pele…
Uma proposta do meu chefe mudaria o rumo dos jogos: uma reunião corporativa na capital, coisas de negócios, uma semana. A parte boa era que ele precisava da secretária dele pra, como de costume, cuidar da agenda. A parte ruim era que também seria uma viagem de prazer. A Valéria, a esposa dele, viajaria com a gente…
CONTINUARÁ
Se você é maior de idade, pode me escrever com o título ‘A CHINESA’ para dulces.placeres@live.com
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La puerta se cerró, y Carlos empezó a monologar, el quería hablar conmigo y yo solo respondía con monosílabos, mi cabeza estaba en otro sitio, tratando de recordar donde diablos estaba mi tanga, no habría vuelta atrás si ella la encontraba, y para colmo de males sentía que mi concha desnuda no paraba de expulsar leche, sentía mi intimidad toda húmeda y mi conciencia sucia me hacía imaginar un escenario catastrófico…
Las palabras del encargado empezaban a hastiarme, Carlos era de esos tipos bonachones que le encantaba hablar, de esos que te cuentas sus historias una y mil veces y que no le importa que nadie los escuche, yo quería limpiar mi conchita, ir al baño, ponerme presentable, acomodar mis ropas, pero el parecía anclado al costado de mi escritorio, así que solo me resignaba a ver las agujas del reloj de pared, tratando de escuchar algo de lo que sucedía al otro lado, por encima del bullicio atolondrado de Carlos.
Al fin se abrió la puerta que separaba ambas oficinas, Valeria salió con sus aires de diva y apenas si me saludó al pasar, se fue meneando como de costumbre su culo perfecto, secundada por Carlos, que oficiaba de alcahuete de turno cada vez que era necesario. Tenía las manos transpiradas, Claudio me miraba desde el marco de la puerta que separaba ambas oficinas, con una sonrisa morbosa muy marcada, lo que me tranquilizó, evidentemente nada había pasado…
El caminó hacia la planta baja, hacia el taller, y al pasar a mi lado me tiró la tanga en la cara, y riéndose me dijo
- Chinita, chinita, no seas tan puta… deberías tener mas cuidado donde dejas tus cosas…
Así eran los días con mi jefe, mezclar trabajo con placer, si las paredes de esa oficina hubieran hablado…
Mi vida se encarrilaba poco a poco, ya me había adaptado a vivir nuevamente con papá y mamá, Jorge, mi ex, ya era solo un recuerdo de un amargo pasado que no hubiera querido vivir, estaba bien como estaba, no quería nuevos amoríos, no quería compromisos, mi rol de puta con mi jefe era muy bueno, si, ciertamente yo vivía a espaldas de su mujer, siendo apenas una parte pequeña en la vida de Claudio, también era cierto que toda nuestra sexualidad se reducía a esas oficinas, y era cierto que no podía aventurarme a imaginar mucho más, era consiente que las cosas así eran y así se mantendrían…
El me cogía a su manera, cuando, como y donde quería, yo era quien le sacaba las ganas, la reina de sus fantasías, y era quien ejecutaba sus perversas locuras, porque admiraba en él la astucia para sorprenderme, como ese día de los obsequios, como ese día en que me depiló por completo, porque yo solo me excitaba con sus órdenes, hubiera hecho cualquier cosa que ese hombre me hubiera ordenado, como la tarde en que me crucé con la señorita Micaela Astudillo.
Estaba totalmente sometida a los juegos de mi jefe, me excitaban sus juegos, me tenían siempre caliente, pero nunca imaginé que llegaría a hacer lo que hice…
Esa mañana el tenía una cita de trabajo con una representante gremial, había algunos problemas en el taller con los empleados, supuestos incumplimientos de parte de Claudio y todo había desencadenado en una charla conciliadora con una representante gremial.
Yo misma, bajo su pedido, había hablado por teléfono con Micaela Astudillo, incluso había intercambiado con ella varios correos electrónicos, pero jamás sospeché que solo se trataba de otra espectacular puesta en escena de mi jefe…
Ella llegó muy puntual, demasiado, incluso antes que Claudio, por lo que me vi obligada a entretenerla café mediante, Micaela era una mujer de unos cincuenta años, al menos esa impresión me dio por las arrugas de su rostro, delgada, alta, muy alta para ser mujer, de cabello negro azabache teñido, brilloso, lacio a media espalda, su rostro me llamaba la atención, una cara cuadrada, de rasgos duros, donde se adivinaban varias operaciones, inclusos labios saltones seguramente inflamados con Botox, profundo maquillaje disimulaba un poco el paso de los años, honestamente, dadas sus facciones y su altura, pensé que en verdad era un travesti.
Lucía una camisa blanca con flores bordadas en hilos dorados, y un trajecito muy de moda, de chaqueta y pantalón recto en rojo furioso, además zapatos cerrados en negro mate, con altos tacos que en verdad no le hacía falta usar.
Charlamos un poco, su voz ronca acentuó mis sospechas sobre su sexualidad, ella había dejado la carpeta y su cartera de mano sobre el escritorio, se había cruzado de piernas y tomaba el café saboreando cada trago. Solamente en esos minutos, que intercambiamos palabras, hablamos tonteras, eso me sorprendió un poco, normalmente, una representante sindical hubiera tratado de sacarme información para usar en beneficio propio.
Claudio llegó media hora después y se excusó por temas de tránsito, saludaron con mucho respeto, como señor Monardes y señorita Astudillo, y se dirigieron hacia la otra oficina, cerrando la puerta tras sus pasos.
En minutos me había desentendido del tema y me encaminé en mis actividades diarias.
En poco tiempo la voz de mi jefe me llamaba por el intercomunicador, al entrar, mi él estaba parado cerca de la puerta, Micaela sentada en una de las sillas, noté que se había sacado su trajecito, solo estaba con su pantalón rojo furioso y su camisa blanca, por la cual se marcaban llamativamente sus pezones, seguramente excitados por el frío extremo del acondicionador de aire.
Estaba cruzada de piernas en una forma muy femenina, Claudio, a mis espaldas cerró la puerta y lo sentí echar llave, empezó a acariciarme el pelo sutilmente y le dijo a la mujer que escuchaba con suma atención.
- Creo que ya se conocen, la señorita Astudillo, o Micaela para nosotros, y Ana, aunque nosotros le decimos ‘la china’, es de quien te hablé, ya lo veras… es muy obediente y hará todo lo que yo quiera que haga…
No supe como era la historia, pero era evidente que no había una entrevista sindical, ni nada por el estilo, era el inicio de otra de las locuras de mi jefe, solo que yo no era un robot, no era su juguete, como todas necesitaba ponerme en clima y mi cabeza estaba en otro lado, así que protesté
- Pará Claudio… de que trata esto? yo no voy a hacer siempre lo que vos quieras que haga…
El marcó una sonrisa macabra en sus labios, y mirándola a ella, e ignorándome a mí, le dijo
- No te preocupes, siempre es así, pero ya verás… dale tiempo…
Y me dio un leve empujón hacia su lado, como para que me acercara a Micaela, pero yo me detuve como estaca al piso apenas terminó el impulso que me había dado, estaba molesta, empacada como mula, no quería que fueran así las cosas…
Micaela empezó a soltar uno a uno los botones de su camisa para desnudar su torso, luego se quitó el sostén dejando ante mis ojos unos pechos pequeños y planos, con pezones oscuros y saltones, me miró fijamente y me dijo
- Vení chinita, quiero que me des placer…
Qué mierda, estaba molesta, cual era el juego? Claudio volvió a darme otro empujón y dijo
- Vamos… quiero ver como le chupas las tetas…
Qué? resulta que ahora tendría sexo con otra mujer? esto era demasiado, le dije que no, que no y que no…
Fue cuando mi jefe soltó nuevamente el nudo de su corbata, vino a mi lado y lo pasó por mi cabeza, como si fuera una lazo, como si yo fuera un animal, lo dejé hacer, es que eso era muy fuerte, eso rompía mis defensas, me dejé arrastrar, el tenía un poder fuerte sobre mí, sobre mi voluntad, me llevó cerca de Micaela, me arrodillé entre sus piernas, sentí su respiración cerca de la mía, sabía lo que sucedería, solo cerré los ojos…
Los labios de esa mujer se pegaron a los míos, lentamente, fue raro, eran suaves, fue dulce, una vez, otra vez, de pronto su lengua invadió mi boca, me sentía a la defensiva, ella pareció explorar mis reacciones y conforme yo iba cediendo ella iba avanzando…
Sin darme cuenta los tímidos besos habían pasado a ser besos calientes, profundos, húmedos, sentí mojarme, sentí mis pezones duros, sentí latir mi clítoris, ella estaba cómodamente sentada, con sus piernas abiertas, y yo arrodillada entre ellas, mientras el era espectador de lujo en todo el juego…
Un leve tirón de la corbata me trajo a la realidad, Claudio quería que bajara un poco, quería que le chupara las tetas, era claro que la idea era que yo le diera placer a ella, humillarme, haciéndome sentir una lesbiana y ella parecía disfrutar del juego…
Bajé un poco, sus tetas eran flácidas, caídas, pequeñas, los husos de las costillas se le marcaban llamativamente, pasé mi lengua, por un lado, por otro, sus pezones saltaban como dos piedras, los llené de saliva, los mordí dulcemente, ella empezó a perderse, reclinó su cabeza para solo disfrutar acariciando mis cabellos, y yo solo trataba se hacer mi trabajo lo mejor posible.
Micaela me apartó, hizo espacio, se incorporó y se sacó los pantalones, sus piernas eran largas y flacas, un culote beige quedó ante mis ojos, solo se lo sacó quedándose completamente desnuda, fue aun costado a acomodar sus prendas, en esos segundos, aun arrodillada en el piso contemplé su huesuda figura, ella volvió al sillón, solo que ahora se había acomodado con sus piernas bien abiertas y me dijo
- Vení... chúpame la conchita…
- Estás loca… - le dije – yo no voy a chuparte la concha…
- No te preocupes – terció Claudio – es una perra fiel, a veces se queja, pero te complacerá… solo tira de la soga…
Micaela tomó la corbata anudada a mi cuello y tiró, solo tiró, y mi resistencia solo lograba que el nudo se ajustara más y más a mi cuello, lentamente me llevó a su lado, mis ojos se centraron en su sexo, tenía un tajo enorme entre las piernas, una concha depilada por completo, saltona, llamativa, recordé que había dudado si realmente era mujer…
Só sabia que tinha um culpado nisso tudo, chamava-se Claudio, se não fosse por ele nada disso seria possível, e assumi que era verdade, nada do que eu fazia teria feito se não fosse por ele, por seus jogos loucos, por sua loucura, e se a ideia de me ver submissa debaixo da buceta de outra mulher o excitava, então eu daria a melhor das respostas.Fui de cabeça nela, sem me importar com nada, só comecei a lamber a buceta dela da melhor maneira possível, aprendendo como fazer, passando pelos lábios, pelos sucos, pelo esfíncter, pelo púbis, brincando com minha língua por toda aquela buceta enorme, Micaela curtia meu sexo oral, Claudio curtia o jogo lésbico e eu, eu só olhava de canto pro meu chefe e via o prazer nos olhos dele, e o prazer dele era o meu prazer…
Eu tava concentrada chupando a buceta da dona Astudillo quando senti as mãos de Claudio nas minhas nádegas, ele só me ajustou melhor, levantou minha saia, puxou minha calcinha fio dental e meteu tudo de uma vez, começou a me comer como um animal, enquanto empurrava minha cabeça cada vez mais contra a buceta da mulher magra, mas aos poucos fui perdendo a concentração no que fazia com a boca, é que ele me comia tão gostoso que eu só comecei a ter pequenos orgasmos, os gemidos de Micaela foram se apagando aos poucos, e os gemidos de Ana, a chinesa, acenderam… porra…
Ele não demorou muito, gozou tudo dentro de mim, eu tava exausta…
Ele tirou a camisinha cheia de porra, com todo cuidado, e enquanto me oferecia, disse pra Micaela:
- Olha, olha que putinha gostosa eu arranjei, olha como ela tá aos meus pés...
Claudio tinha um fetiche muito forte com a camisinha, eu peguei do jeito que ele gostava e lentamente deixei escorrer o conteúdo na minha boca, com todo cuidado pra eles não perderem nenhum detalhe, deixei a porra correr de um lado pro outro saboreando, mostrando minha língua esbranquiçada e meus lábios grudados, por algum motivo me excitava fazer aquilo. Mas dessa vez eu tomei tomei a iniciativa e não engoli como meu chefe teria desejado; pelo contrário, fui direto nos lábios da Micaela e dei um beijo interminável boca a boca, daqueles beijos incríveis onde aos poucos compartilhei com ela a porra do Claudio, como quem divide uma sobremesa, onde as duas ficamos bebendo o suco proibido.
Quando o jogo terminou, e enquanto nos vestíamos de novo, o Claudio me explicou do que se tratava a brincadeira inteira. A Micaela era na verdade uma puta com quem ele já tinha planejado tudo pelas minhas costas, e eu fiquei presa nos meus pensamentos. Realmente, aquele homem tinha uma mente tão engenhosa quanto perversa, e isso me seduzia. Uma hora depois, apareceu na minha frente uma mulher de uns sessenta anos, gorda, envelhecida, de gênio cortante, perguntou pelo senhor Claudio. Era a verdadeira dona Micaela Astudillo, a representante sindical.
Nos sessenta dias seguintes, meu chefe ficou obcecado com essa brincadeirinha e contratou umas trinta putas que desfilavam pelo galpão, numa atitude que era suspeita pra todos os funcionários. Umas trinta putas pra quem ele me fez chupar a buceta, e eu fui me tornando especialista naquilo. E, entre nós, algo que fiz com receio na primeira vez com a Micaela se transformou num prazer delicioso pra mim. Chupar bocetas me dava tanto tesão quanto chupar picas…
Mas o jogo de surubas com putas tinha ficado tão gostoso quanto perigoso. O Claudio parecia não entender, ou pior, ignorava os comentários dos funcionários, e a Valéria, a mulher dele, vivia rondando o lugar, feito aquelas leoas que sentem cheiro de sangue. E toda essa situação me deixava com os nervos à flor da pele…
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CONTINUARÁ
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