Primero, todas las entregas de los mejores post
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4084661/Mi-amada-esposa---parte-1-de-3-.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4389002/Mi-amada-esposa---parte-2-de-3-.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4436535/Mi-amada-esposa---parte-3-de-3.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4802856/Mi-amada-esposa-parte-4.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4802863/Mi-amada-esposa---parte-5.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4868469/Mi-amada-esposa---parte-6.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4896522/Mi-amada-esposa---parte-7.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4905961/Mi-amada-esposa---parte-8.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4915721/Mi-amada-esposa---parte-9.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4956318/Mi-amada-esposa---parte-10.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4965835/Mi-amada-esposa---parte-11.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4974651/Mi-amada-esposa---parte-12.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4985411/Mi-amada-esposa---parte-13.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4991203/Mi-amada-esposa---parte-14.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/5001091/Mi-amada-esposa---parte-15.html
Como siempre, podes escribirnos a dulces.placeres@live.com, te leemos
ANGELICA
La Hortensia es un pequeño pueblito condenado al olvido, en medio de la nada, perdido en el mapa, alguna vez había sido paraje de colonos, ruta habitual entre el norte y el sur, pero con el correr de los años, las cosas fueron cambiando y lo que alguna vez había sido un pueblo pujante, en la actualidad era un cárcel sin rejas para sus ocupantes, no había mucho por hacer, y la mayoría de los jóvenes buscaban su futuro en las grandes ciudades, huyendo de ese sitio sin futuro, las generaciones de abuelos veían con nostalgia como lo que alguna vez vieron florecer, hoy marchitaba sin remedio, las generaciones de padres estaban en un punto intermedio, eran más realistas de la situación, con una mirada piadosa hacia sus padres, pero empujando a sus hijos al exilio.
Tenía diecisiete, casi dieciocho cuando terminé mis estudios secundarios, y como tantos, armé mi maleta y me lancé al abismo, siendo aún niña en mi cabeza, tuve que madurar de repente. Dejé atrás a mi madre, a mis hermanos menores, a mi noviecito de toda la vida, con la promesa de volver con los bolsillos llenos de dinero para sacarlos a todos de ese pozo donde la tierra se los tragaría tarde o temprano.
Recuerdo que lloré mucho, amaba a Mariano, quien había sido mi primer amigo, mi primer novio y mi primer hombre, también extrañaría las comidas exquisitas de mamá, la ropa aseada y perfumada, sus consejos y sus mates de cada mañana, y por supuesto, las locuras de mis pequeños hermanos, sus charlatanerías, sus peleas, sus berrinches.
Y también lloraba por la incertidumbre, el miedo a lo desconocido, no iba de vacaciones, sabía que iba a pelarme el traste para poder ser alguien, tenía pocas monedas en los bolsillos y una dirección donde parar, no era mucho, pero era todo…
María Emilia, mi amiga de confianza, me había conseguido donde parar provisoriamente, hasta que me acomodara, la casa de una tía solterona que tenía en la ciudad, quien me ayudaría a establecerme.
Bajé del tren y tomé uno de los tantos taxis que esperaban clientes en la estación, le di el papel con la dirección y me relajé en el asiento trasero, todo me parecía enorme, ruidoso, monstruoso, miraba atónita por la ventanilla del coche los imponentes edificios que parecían terminar en las nubes, solo los había visto en películas. Poco a poco el paisaje fue cambiando, desaparecieron las imponentes edificaciones dando lugar a casas viejas, de la década del cuarenta, el asfalto perfecto de las calles cambió a adoquines de principio de siglo y el auto de repente rechinaba por todos lados por las irregularidades de la calle.
Al fin llegamos, una casa enorme de dos plantas, vieja, con revoques desteñidos, llenos de musgos, con olor a humedad, fui a la puerta y toqué el timbre un par de veces.
Angélica, la tía solterona de mi amiga me recibió, y a primera vista me resultó intimidante, una mujer de unos cincuenta años, mucho más alta que yo, bueno, aclarar que yo soy diminuta, petisita, mis ojos estaban a la altura de dos tetas enormes que me apabullaban, ella era morena, visiblemente teñida en tono azabache, ojos del mismo color, delineados también en negro, su oreja izquierda estaba plagada de aros, y su quijada no esbozaba una sonrisa, nada, me observaba penetrándome con la mirada, noté un tatoo que arrancaba en su cuello y se perdía bajo sus prendas, un pantalón de cuero ajustado y zapatos en finos tacos, sin dudas, distante de una mujer de pueblo como el que yo venía.
- Hola, soy Betina, amiga de María Emilia – dije tratando de ser cortes, extendiendo mi mano
- Se perfectamente quien sos, seguime – respondió ella a secas, sin devolverme el saludo
Sus tacos retumbaron en los viejos pisos de madera, y fue el momento de recibir un duro sermón de bienvenida
- Ahora te llevo a tu cuarto, tu cuarto es tu cuarto y yo no meto las narices en él, y mi cuarto es mi cuarto, ni vos ni nadie mete la nariz en él, los demás espacios son comunes, pero esto no es un hotel, acá se limpia, se cocina, se hacen las compras, yo solo te arrendo un cuarto para dormir, en el podes hacer tu vida, yo no me meto y yo hago mi vida, vos no te metes, esto corre para vos y cualquier persona a la que le alquile una habitación, si te gusta bien, y si no, ahí tenes la puerta’.
Fue un duro golpe de recepción, saqué los billetes para un mes y me advirtió, que al primer desvío estaría de patitas en la calle, solo fue el comienzo de mis días en la gran ciudad.
En los siguientes tres años comprobaría que mis ideas de pueblo estaban lejos de la realidad, más cerca del infierno que del paraíso, solo fue sobrevivir, terminar mi carrera y entonces tal vez, solo tal vez podría cambiar mi suerte, estaba estancada en mi monótono presente, volver a mi pueblo no era opción, solo podía remangarme y avanzar, como fuera, como diera lugar. Mi vida era trabajar por la mañana, estudiar por las tardes, y llegar a la casona solo para dormir.
En ese tiempo conocí a la dueña de casa, una mujer de fuerte carácter, jamás esbozaba una sonrisa, recia, dominante, esas personas que viven enojadas con el mundo, esas personas que jamás te piden nada, pero que tampoco nada puedes pedirle, esas personas con la política lo mío es mío, lo tuyo es tuyo, y tal como me había advertido cuando nos conocimos, ella jamás se metió en mi cuarto, en mis cosas, pero yo tampoco en el suyo.
La convivencia con Angélica podía llegar a ser frustrante, no había temas de conversación, jamás me preguntaba nada, ni siquiera preguntaba por María Emilia, su sobrina, así que muchas veces solo me hacía un emparedado y comía en mi cuarto mientras chateaba con amigas de la facultad, o tal vez con alguna otra chica a la que temporariamente le alquilaba otro cuarto, como lo hacía conmigo.
Solo había algo perverso en esa mujer, algo que luego de tres años de convivencia para mí ya era normal, algo que sabía a sexi y prohibido, a ella la frecuentaban otras mujeres, jamás un hombre, y sabía que tenían sexo, por las paredes de su cuarto una y otra vez escapaban sonidos de gatas maullando, y más de una vez me había masturbado en la oscuridad de mi cuarto, solo imaginando. Pero ella conmigo era inexpugnable, yo solo veía y oía lo que sucedía, mujeres llegaban, mujeres se iban.
Hasta que cometí el error, curiosidad femenina, estaba sola en el gran caserón, crucé la raya, la que no debía cruzar, me metí en su cuarto, su caja fuerte, y no tardé en sumergirme en su mundo, Angélica tenía un arsenal de juguetes, látigos, lencería, cueros, sado, lubricantes, su cuarto parecía un sex shop!
Había tantas cosas que con solo observar e imaginar lo que haría con ellas me habían dado ganas de tocarme, además, desde mi noviecito de mi pueblo, estaba necesitada de sexo, pero también la imagen sombría y parca de Angélica me atemorizaba, si tan solo ella me descubriera, mejor ni imaginar las consecuencias…
Pero no pude resistirme a robar algo, entre tantas cosas un diminuto plug anal brillaba en un rincón, esos inexpulsables, con una base de piedras rojas como rubí, pareció decirme ‘llévame contigo’, y no dudé en tomarlo, asumiendo que ella jamás lo notaría.
Después de unos días me decidí a probarlo, lo tenía en mi cartera, en mi trabajo, y no podía sacar mis pensamientos de ese perverso objeto, me notaba excitada solo imaginando, fui al baño, lo ensalivé lo suficiente y presioné en mi culito, un poquito, otro poquito, era pequeño así que apenas pasó la parte más gruesa mi esfínter se cerró naturalmente atrapando al intruso, con mis dedos noté que solo la base con piedras rojas había quedado expuesta, me subí la bombacha, el jean y seguí mi día. La experiencia no podría haber sido mejor, casi no lo sentía, pero sabía que ahí estaba, dialogaba con clientes, sacaba copias, atendía el teléfono, escuchaba las indicaciones de mi jefa, la rutina de cada día, solo con la pequeña diferencia de vivir con mi sexualidad al límite, en mi cabecita el plug anal me estaba enloqueciendo, y antes de volver a casa fuí al baño de la oficina solo para masturbarme. Por la tarde no resistí, lo llevé a la facultad y volví a masturbarme, pronto se convertiría en mi amuleto más preciado y tenerlo en el culito se haría parte de mi vida.
La parte rica de la historia, ese martes, al regresar del trabajo recibiría una sorpresa, Angélica estaba en una de las sillas del comedor, cosa que era habitual, noté que estaba con una de sus tantas amigas, Lorena, una rubia platinada de cabellos cortados a la nuca, llamativamente musculosa, con unos bíceps marcados que hubieran dado envidia a más de un hombre, pero también me resultó habitual, solo la voz cortante de Angélica se interpuso en el camino
- Um momento, gostosa… sem tanta pressa… a gente tem um problema
Parei de andar, ela continuou
- Sabe, a Lorena é uma das minhas melhores amigas, faz um tempo ela me deu um presente íntimo, e ele desapareceu misteriosamente, a gente já procurou em tudo quanto é canto, e só talvez, alguém tenha mexido nas minhas coisas, tipo…
Enquanto ela falava, minhas bochechas brancas ficavam vermelhas de vergonha
- A gente acha que alguma ladrona meteu o bedelho, e isso seria muito ruim pra essa tal mulher, coitada dela se a gente descobrir, suponho que você não tem ideia do que a gente tá falando, né?
Era uma merda, elas tinham me pegado, neguei nervosamente com a cabeça, mas sabendo que meus gestos me entregavam, burramente tentei seguir pro meu quarto, precisava tirar aquele plug e me livrar dele o mais rápido possível, mas rapidamente ela se colocou na minha frente, pela segunda vez
- Espera… espera… qual é a pressa?
Imagina a situação, eu não chego a um metro e sessenta, a Angélica tinha mais de um metro e oitenta, e era uma mulher muito mais encorpada que eu, além disso, a Lorena era ainda mais alta e mais forte, ela tinha cortado minha retirada e eu me vi no meio das duas, soube que tava ferrada.
A loira me pegou à força, me levou até a mesa e me imobilizou, tentei me soltar, mas era uma luta perdida, a Angélica de um puxão arrancou minha saia e não teve muita dificuldade em baixar minha calcinha, abriu minhas nádegas e confirmaram o que suspeitavam
- Olha a putinha, roubando coisas, cê gosta da sensação? A gente vai te ensinar…
As palavras dela soaram como ameaça, a Lorena me pegou pelos cabelos e quase me arrastando me fez seguir pro quarto, pro quarto proibido, fui tropeçando porque minha calcinha tava na altura dos joelhos, ela me empurrou com força me fazendo cair no chão.
A Angélica, que tinha uma postura mais passiva, foi pegar entre as coisas dela, tirou então um taco de beisebol, apontou pra mim e me avisou
- Se você não obedecer, vou Eu quebro tua cabeça na porrada com esse taco, entendeu?"
O que eu podia dizer? Lorena me pegou pelos cabelos de novo e me fez segui-la de quatro, igual uma cachorrinha obediente. De um lado, tinha um consolador gigante em formato de pau preso na parede, balançando de boa. Ela mandou eu chupar aquilo, e eu obedeci. Comecei a lamber e enfiar na boca. Tudo calculado: de quatro como eu tava, ficava na altura certa da minha boca, mas Lorena me forçava a enfiar mais e mais fundo.
— Chupa, puta, chupa!
Eu sentia a aspereza daquele brinquedo invadir minha boca, até minha garganta. Não tinha escolha. Angélica dava umas batidinhas sutis com o taco na minha bunda, tipo pra me intimidar e lembrar que ela tava no controle. E eu chupei aquele pau com a mesma devoção que chupava o do meu namorado lá da Hortênsia, tentando enfiar cada vez mais fundo. Me senti excitada com a situação, e elas perceberam. Era pra ser um castigo exemplar, não uma rodada de joguinhos perversos.
Aí a loira me pegou nos braços e me levantou no ar sem nenhuma dificuldade, me jogando no colchão da cama. Caí sem reação, esperando o próximo castigo. Lorena pegou umas cordas grossas e amarrou meus tornozelos nos pés da cama, deixando minhas pernas abertas e minha buceta nua exposta pros instintos mais baixos dela. Ela veio pros meus peitos e começou a percorrer eles com a língua afiada. Não tirava os olhos de mim. Eu me sentia inundada de prazer e desejo, e de vez em quando ela vinha me beijar docemente, enfiando a língua bem fundo, tentando cruzar com a minha. A única coisa chata era o gosto e o hálito azedo de tabaco dela, que me dava um nojo danado.
Enquanto isso, pelo canto do olho, eu via Angélica passando lubrificante na ponta mais grossa do taco que ela segurava. Depois, ela se aproximou de mim como se fosse uma consulta ginecológica, e eu senti o frio do metal acariciar meu clitóris. Fechei os olhos, não aguentava mais, era grande, grande demais, dava pra sentir pela dilatação da minha buceta, ela foi enfiando no meu buraco bem devagar até eu me acostumar com a grossura e começou a me comer, porra, tinha esquecido como era bom, comecei a gemer, Lorena foi no meu clitóris, massageando do jeito que eu fazia, e meus gemidos viraram ronronados, gritos abafados, me senti explodir, uma, duas, três vezes, perdi a conta, não dava mais pra distinguir quando um orgasmo terminava e o outro começava, como ondas do mar que vêm uma atrás da outra sem parar.
Elas estavam no controle, elas decidiam quando começavam, como continuavam, quando terminavam, minha bunda foi a próxima a receber o pau grosso, achei que ia morrer na tentativa, mas Angélica foi tirando todo o tempo dela pra lubrificar, dilatar, lubrificar, dilatar, enfiando os dedos, enquanto Lorena me segurava, embora, honestamente, eu não tava fazendo nada pra fugir da situação, nem tava afim de tentar.
Me deram uma boa surra de cu, e se antes eu gemia, agora eu gritava mordendo os lábios tentando abafar meus sons de prazer.
Quando tiraram o pau do meu cu, me senti toda dilatada, uma puta suja e perversa, fiquei deitada na cama, esperando o que essas mulheres iam fazer, e não me fizeram esperar, colocaram um par de cintaralhos, com umas picas intimidadoras, grossas demais, compridas demais, Lorena me levantou no ar de novo como se eu fosse uma folha de papel, me envolvendo com os braços musculosos, me segurando pela bunda, tive que me agarrar nela com braços e pernas pra não perder o equilíbrio, ela só me deixou descer garantindo que aquele brinquedo penetrasse devagar minha buceta, até o fundo, num piscar de olhos Angélica já tinha me pegado por trás e enfiado o brinquedo dela no meu cu, começaram a me balançar no meio das duas numa dupla penetração orquestrada entre três mulheres, eu tava tão excitada que achei que meu coração fosse explodir. entre beijos, carícias e abraços, entre gemidos, eu me dedicava a beijar uma mulher, depois a outra, até perder a noção de tempo e espaço.
Ainda faltava algo sujo e perverso. Depois de um tempo, me jogaram no chão, de novo no papel de mascote submisso. Elas, de pé, passaram uma perna de cada lado. De baixo, eu podia ver as bucetas peludas e carnudas delas. Adivinha? Começaram a mijar em mim, as duas, rindo com maldade, me humilhando — e eu adorei que fizessem isso. Uma chuva dupla dourada pra minha mente doentia. O líquido chegou ao meu corpo, ao meu sexo, ao meu rosto...
Quando as duas terminaram, se beijaram fundo e me deixaram saber que minha vez tinha acabado. Eu já não encaixava mais na brincadeira, e tinha chegado a hora de me retirar pra que elas curtissem a intimidade delas.
As coisas mudaram a partir daquele momento. Nunca mais falamos do plug anal — ainda guardo ele. E, embora o tratamento seco da Angélica nunca tenha mudado, eu comecei a ser sua companheira submissa e obediente. Era quase normal que, depois do jantar, ela abrisse as pernas sentada numa das cadeiras da sala de jantar e, enquanto fumava um cigarro ou outro, eu me enfiasse no meio só pra dar sexo oral nela. Eu podia passar até duas horas só chupando aquela buceta, mesmo que minha língua cãibrasse, mesmo que meus joelhos doessem...
Levei mais cinco anos pra terminar a faculdade e mais dois pra me estabelecer por conta própria. Nesse meio tempo, conheci a Pamela, uma garota lésbica com quem me dei super bem e acabamos nos apaixonando — minha parceira hoje em dia. Não sei o que foi da vida da Angélica. Ela me dispensou naquela tarde com a mesma frieza com que um dia me recebeu. Talvez pra ela eu tenha sido só mais uma na vida dela, mas eu sempre vou lembrar dela como a mulher que mudou minha percepção da vida...
Se você é maior de idade e tem comentários, pode me escrever com o título ANGELICA, pra dulces.placeres@live.com
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4084661/Mi-amada-esposa---parte-1-de-3-.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4389002/Mi-amada-esposa---parte-2-de-3-.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4436535/Mi-amada-esposa---parte-3-de-3.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4802856/Mi-amada-esposa-parte-4.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4802863/Mi-amada-esposa---parte-5.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4868469/Mi-amada-esposa---parte-6.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4896522/Mi-amada-esposa---parte-7.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4905961/Mi-amada-esposa---parte-8.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4915721/Mi-amada-esposa---parte-9.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4956318/Mi-amada-esposa---parte-10.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4965835/Mi-amada-esposa---parte-11.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4974651/Mi-amada-esposa---parte-12.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4985411/Mi-amada-esposa---parte-13.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4991203/Mi-amada-esposa---parte-14.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/5001091/Mi-amada-esposa---parte-15.html
Como siempre, podes escribirnos a dulces.placeres@live.com, te leemos
ANGELICA
La Hortensia es un pequeño pueblito condenado al olvido, en medio de la nada, perdido en el mapa, alguna vez había sido paraje de colonos, ruta habitual entre el norte y el sur, pero con el correr de los años, las cosas fueron cambiando y lo que alguna vez había sido un pueblo pujante, en la actualidad era un cárcel sin rejas para sus ocupantes, no había mucho por hacer, y la mayoría de los jóvenes buscaban su futuro en las grandes ciudades, huyendo de ese sitio sin futuro, las generaciones de abuelos veían con nostalgia como lo que alguna vez vieron florecer, hoy marchitaba sin remedio, las generaciones de padres estaban en un punto intermedio, eran más realistas de la situación, con una mirada piadosa hacia sus padres, pero empujando a sus hijos al exilio.
Tenía diecisiete, casi dieciocho cuando terminé mis estudios secundarios, y como tantos, armé mi maleta y me lancé al abismo, siendo aún niña en mi cabeza, tuve que madurar de repente. Dejé atrás a mi madre, a mis hermanos menores, a mi noviecito de toda la vida, con la promesa de volver con los bolsillos llenos de dinero para sacarlos a todos de ese pozo donde la tierra se los tragaría tarde o temprano.
Recuerdo que lloré mucho, amaba a Mariano, quien había sido mi primer amigo, mi primer novio y mi primer hombre, también extrañaría las comidas exquisitas de mamá, la ropa aseada y perfumada, sus consejos y sus mates de cada mañana, y por supuesto, las locuras de mis pequeños hermanos, sus charlatanerías, sus peleas, sus berrinches.
Y también lloraba por la incertidumbre, el miedo a lo desconocido, no iba de vacaciones, sabía que iba a pelarme el traste para poder ser alguien, tenía pocas monedas en los bolsillos y una dirección donde parar, no era mucho, pero era todo…
María Emilia, mi amiga de confianza, me había conseguido donde parar provisoriamente, hasta que me acomodara, la casa de una tía solterona que tenía en la ciudad, quien me ayudaría a establecerme.
Bajé del tren y tomé uno de los tantos taxis que esperaban clientes en la estación, le di el papel con la dirección y me relajé en el asiento trasero, todo me parecía enorme, ruidoso, monstruoso, miraba atónita por la ventanilla del coche los imponentes edificios que parecían terminar en las nubes, solo los había visto en películas. Poco a poco el paisaje fue cambiando, desaparecieron las imponentes edificaciones dando lugar a casas viejas, de la década del cuarenta, el asfalto perfecto de las calles cambió a adoquines de principio de siglo y el auto de repente rechinaba por todos lados por las irregularidades de la calle.
Al fin llegamos, una casa enorme de dos plantas, vieja, con revoques desteñidos, llenos de musgos, con olor a humedad, fui a la puerta y toqué el timbre un par de veces.
Angélica, la tía solterona de mi amiga me recibió, y a primera vista me resultó intimidante, una mujer de unos cincuenta años, mucho más alta que yo, bueno, aclarar que yo soy diminuta, petisita, mis ojos estaban a la altura de dos tetas enormes que me apabullaban, ella era morena, visiblemente teñida en tono azabache, ojos del mismo color, delineados también en negro, su oreja izquierda estaba plagada de aros, y su quijada no esbozaba una sonrisa, nada, me observaba penetrándome con la mirada, noté un tatoo que arrancaba en su cuello y se perdía bajo sus prendas, un pantalón de cuero ajustado y zapatos en finos tacos, sin dudas, distante de una mujer de pueblo como el que yo venía.
- Hola, soy Betina, amiga de María Emilia – dije tratando de ser cortes, extendiendo mi mano
- Se perfectamente quien sos, seguime – respondió ella a secas, sin devolverme el saludo
Sus tacos retumbaron en los viejos pisos de madera, y fue el momento de recibir un duro sermón de bienvenida
- Ahora te llevo a tu cuarto, tu cuarto es tu cuarto y yo no meto las narices en él, y mi cuarto es mi cuarto, ni vos ni nadie mete la nariz en él, los demás espacios son comunes, pero esto no es un hotel, acá se limpia, se cocina, se hacen las compras, yo solo te arrendo un cuarto para dormir, en el podes hacer tu vida, yo no me meto y yo hago mi vida, vos no te metes, esto corre para vos y cualquier persona a la que le alquile una habitación, si te gusta bien, y si no, ahí tenes la puerta’.
Fue un duro golpe de recepción, saqué los billetes para un mes y me advirtió, que al primer desvío estaría de patitas en la calle, solo fue el comienzo de mis días en la gran ciudad.
En los siguientes tres años comprobaría que mis ideas de pueblo estaban lejos de la realidad, más cerca del infierno que del paraíso, solo fue sobrevivir, terminar mi carrera y entonces tal vez, solo tal vez podría cambiar mi suerte, estaba estancada en mi monótono presente, volver a mi pueblo no era opción, solo podía remangarme y avanzar, como fuera, como diera lugar. Mi vida era trabajar por la mañana, estudiar por las tardes, y llegar a la casona solo para dormir.
En ese tiempo conocí a la dueña de casa, una mujer de fuerte carácter, jamás esbozaba una sonrisa, recia, dominante, esas personas que viven enojadas con el mundo, esas personas que jamás te piden nada, pero que tampoco nada puedes pedirle, esas personas con la política lo mío es mío, lo tuyo es tuyo, y tal como me había advertido cuando nos conocimos, ella jamás se metió en mi cuarto, en mis cosas, pero yo tampoco en el suyo.
La convivencia con Angélica podía llegar a ser frustrante, no había temas de conversación, jamás me preguntaba nada, ni siquiera preguntaba por María Emilia, su sobrina, así que muchas veces solo me hacía un emparedado y comía en mi cuarto mientras chateaba con amigas de la facultad, o tal vez con alguna otra chica a la que temporariamente le alquilaba otro cuarto, como lo hacía conmigo.
Solo había algo perverso en esa mujer, algo que luego de tres años de convivencia para mí ya era normal, algo que sabía a sexi y prohibido, a ella la frecuentaban otras mujeres, jamás un hombre, y sabía que tenían sexo, por las paredes de su cuarto una y otra vez escapaban sonidos de gatas maullando, y más de una vez me había masturbado en la oscuridad de mi cuarto, solo imaginando. Pero ella conmigo era inexpugnable, yo solo veía y oía lo que sucedía, mujeres llegaban, mujeres se iban.
Hasta que cometí el error, curiosidad femenina, estaba sola en el gran caserón, crucé la raya, la que no debía cruzar, me metí en su cuarto, su caja fuerte, y no tardé en sumergirme en su mundo, Angélica tenía un arsenal de juguetes, látigos, lencería, cueros, sado, lubricantes, su cuarto parecía un sex shop!
Había tantas cosas que con solo observar e imaginar lo que haría con ellas me habían dado ganas de tocarme, además, desde mi noviecito de mi pueblo, estaba necesitada de sexo, pero también la imagen sombría y parca de Angélica me atemorizaba, si tan solo ella me descubriera, mejor ni imaginar las consecuencias…
Pero no pude resistirme a robar algo, entre tantas cosas un diminuto plug anal brillaba en un rincón, esos inexpulsables, con una base de piedras rojas como rubí, pareció decirme ‘llévame contigo’, y no dudé en tomarlo, asumiendo que ella jamás lo notaría.
Después de unos días me decidí a probarlo, lo tenía en mi cartera, en mi trabajo, y no podía sacar mis pensamientos de ese perverso objeto, me notaba excitada solo imaginando, fui al baño, lo ensalivé lo suficiente y presioné en mi culito, un poquito, otro poquito, era pequeño así que apenas pasó la parte más gruesa mi esfínter se cerró naturalmente atrapando al intruso, con mis dedos noté que solo la base con piedras rojas había quedado expuesta, me subí la bombacha, el jean y seguí mi día. La experiencia no podría haber sido mejor, casi no lo sentía, pero sabía que ahí estaba, dialogaba con clientes, sacaba copias, atendía el teléfono, escuchaba las indicaciones de mi jefa, la rutina de cada día, solo con la pequeña diferencia de vivir con mi sexualidad al límite, en mi cabecita el plug anal me estaba enloqueciendo, y antes de volver a casa fuí al baño de la oficina solo para masturbarme. Por la tarde no resistí, lo llevé a la facultad y volví a masturbarme, pronto se convertiría en mi amuleto más preciado y tenerlo en el culito se haría parte de mi vida.
La parte rica de la historia, ese martes, al regresar del trabajo recibiría una sorpresa, Angélica estaba en una de las sillas del comedor, cosa que era habitual, noté que estaba con una de sus tantas amigas, Lorena, una rubia platinada de cabellos cortados a la nuca, llamativamente musculosa, con unos bíceps marcados que hubieran dado envidia a más de un hombre, pero también me resultó habitual, solo la voz cortante de Angélica se interpuso en el camino
- Um momento, gostosa… sem tanta pressa… a gente tem um problema Parei de andar, ela continuou
- Sabe, a Lorena é uma das minhas melhores amigas, faz um tempo ela me deu um presente íntimo, e ele desapareceu misteriosamente, a gente já procurou em tudo quanto é canto, e só talvez, alguém tenha mexido nas minhas coisas, tipo…
Enquanto ela falava, minhas bochechas brancas ficavam vermelhas de vergonha
- A gente acha que alguma ladrona meteu o bedelho, e isso seria muito ruim pra essa tal mulher, coitada dela se a gente descobrir, suponho que você não tem ideia do que a gente tá falando, né?
Era uma merda, elas tinham me pegado, neguei nervosamente com a cabeça, mas sabendo que meus gestos me entregavam, burramente tentei seguir pro meu quarto, precisava tirar aquele plug e me livrar dele o mais rápido possível, mas rapidamente ela se colocou na minha frente, pela segunda vez
- Espera… espera… qual é a pressa?
Imagina a situação, eu não chego a um metro e sessenta, a Angélica tinha mais de um metro e oitenta, e era uma mulher muito mais encorpada que eu, além disso, a Lorena era ainda mais alta e mais forte, ela tinha cortado minha retirada e eu me vi no meio das duas, soube que tava ferrada.
A loira me pegou à força, me levou até a mesa e me imobilizou, tentei me soltar, mas era uma luta perdida, a Angélica de um puxão arrancou minha saia e não teve muita dificuldade em baixar minha calcinha, abriu minhas nádegas e confirmaram o que suspeitavam
- Olha a putinha, roubando coisas, cê gosta da sensação? A gente vai te ensinar…
As palavras dela soaram como ameaça, a Lorena me pegou pelos cabelos e quase me arrastando me fez seguir pro quarto, pro quarto proibido, fui tropeçando porque minha calcinha tava na altura dos joelhos, ela me empurrou com força me fazendo cair no chão.
A Angélica, que tinha uma postura mais passiva, foi pegar entre as coisas dela, tirou então um taco de beisebol, apontou pra mim e me avisou
- Se você não obedecer, vou Eu quebro tua cabeça na porrada com esse taco, entendeu?"
O que eu podia dizer? Lorena me pegou pelos cabelos de novo e me fez segui-la de quatro, igual uma cachorrinha obediente. De um lado, tinha um consolador gigante em formato de pau preso na parede, balançando de boa. Ela mandou eu chupar aquilo, e eu obedeci. Comecei a lamber e enfiar na boca. Tudo calculado: de quatro como eu tava, ficava na altura certa da minha boca, mas Lorena me forçava a enfiar mais e mais fundo.
— Chupa, puta, chupa!
Eu sentia a aspereza daquele brinquedo invadir minha boca, até minha garganta. Não tinha escolha. Angélica dava umas batidinhas sutis com o taco na minha bunda, tipo pra me intimidar e lembrar que ela tava no controle. E eu chupei aquele pau com a mesma devoção que chupava o do meu namorado lá da Hortênsia, tentando enfiar cada vez mais fundo. Me senti excitada com a situação, e elas perceberam. Era pra ser um castigo exemplar, não uma rodada de joguinhos perversos.
Aí a loira me pegou nos braços e me levantou no ar sem nenhuma dificuldade, me jogando no colchão da cama. Caí sem reação, esperando o próximo castigo. Lorena pegou umas cordas grossas e amarrou meus tornozelos nos pés da cama, deixando minhas pernas abertas e minha buceta nua exposta pros instintos mais baixos dela. Ela veio pros meus peitos e começou a percorrer eles com a língua afiada. Não tirava os olhos de mim. Eu me sentia inundada de prazer e desejo, e de vez em quando ela vinha me beijar docemente, enfiando a língua bem fundo, tentando cruzar com a minha. A única coisa chata era o gosto e o hálito azedo de tabaco dela, que me dava um nojo danado.
Enquanto isso, pelo canto do olho, eu via Angélica passando lubrificante na ponta mais grossa do taco que ela segurava. Depois, ela se aproximou de mim como se fosse uma consulta ginecológica, e eu senti o frio do metal acariciar meu clitóris. Fechei os olhos, não aguentava mais, era grande, grande demais, dava pra sentir pela dilatação da minha buceta, ela foi enfiando no meu buraco bem devagar até eu me acostumar com a grossura e começou a me comer, porra, tinha esquecido como era bom, comecei a gemer, Lorena foi no meu clitóris, massageando do jeito que eu fazia, e meus gemidos viraram ronronados, gritos abafados, me senti explodir, uma, duas, três vezes, perdi a conta, não dava mais pra distinguir quando um orgasmo terminava e o outro começava, como ondas do mar que vêm uma atrás da outra sem parar.
Elas estavam no controle, elas decidiam quando começavam, como continuavam, quando terminavam, minha bunda foi a próxima a receber o pau grosso, achei que ia morrer na tentativa, mas Angélica foi tirando todo o tempo dela pra lubrificar, dilatar, lubrificar, dilatar, enfiando os dedos, enquanto Lorena me segurava, embora, honestamente, eu não tava fazendo nada pra fugir da situação, nem tava afim de tentar.
Me deram uma boa surra de cu, e se antes eu gemia, agora eu gritava mordendo os lábios tentando abafar meus sons de prazer.
Quando tiraram o pau do meu cu, me senti toda dilatada, uma puta suja e perversa, fiquei deitada na cama, esperando o que essas mulheres iam fazer, e não me fizeram esperar, colocaram um par de cintaralhos, com umas picas intimidadoras, grossas demais, compridas demais, Lorena me levantou no ar de novo como se eu fosse uma folha de papel, me envolvendo com os braços musculosos, me segurando pela bunda, tive que me agarrar nela com braços e pernas pra não perder o equilíbrio, ela só me deixou descer garantindo que aquele brinquedo penetrasse devagar minha buceta, até o fundo, num piscar de olhos Angélica já tinha me pegado por trás e enfiado o brinquedo dela no meu cu, começaram a me balançar no meio das duas numa dupla penetração orquestrada entre três mulheres, eu tava tão excitada que achei que meu coração fosse explodir. entre beijos, carícias e abraços, entre gemidos, eu me dedicava a beijar uma mulher, depois a outra, até perder a noção de tempo e espaço.
Ainda faltava algo sujo e perverso. Depois de um tempo, me jogaram no chão, de novo no papel de mascote submisso. Elas, de pé, passaram uma perna de cada lado. De baixo, eu podia ver as bucetas peludas e carnudas delas. Adivinha? Começaram a mijar em mim, as duas, rindo com maldade, me humilhando — e eu adorei que fizessem isso. Uma chuva dupla dourada pra minha mente doentia. O líquido chegou ao meu corpo, ao meu sexo, ao meu rosto...
Quando as duas terminaram, se beijaram fundo e me deixaram saber que minha vez tinha acabado. Eu já não encaixava mais na brincadeira, e tinha chegado a hora de me retirar pra que elas curtissem a intimidade delas.
As coisas mudaram a partir daquele momento. Nunca mais falamos do plug anal — ainda guardo ele. E, embora o tratamento seco da Angélica nunca tenha mudado, eu comecei a ser sua companheira submissa e obediente. Era quase normal que, depois do jantar, ela abrisse as pernas sentada numa das cadeiras da sala de jantar e, enquanto fumava um cigarro ou outro, eu me enfiasse no meio só pra dar sexo oral nela. Eu podia passar até duas horas só chupando aquela buceta, mesmo que minha língua cãibrasse, mesmo que meus joelhos doessem...
Levei mais cinco anos pra terminar a faculdade e mais dois pra me estabelecer por conta própria. Nesse meio tempo, conheci a Pamela, uma garota lésbica com quem me dei super bem e acabamos nos apaixonando — minha parceira hoje em dia. Não sei o que foi da vida da Angélica. Ela me dispensou naquela tarde com a mesma frieza com que um dia me recebeu. Talvez pra ela eu tenha sido só mais uma na vida dela, mas eu sempre vou lembrar dela como a mulher que mudou minha percepção da vida...
Se você é maior de idade e tem comentários, pode me escrever com o título ANGELICA, pra dulces.placeres@live.com
0 comentários - Angélica (repostada)