Primero, todas las entregas de los mejores post
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4084661/Mi-amada-esposa---parte-1-de-3-.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4389002/Mi-amada-esposa---parte-2-de-3-.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4436535/Mi-amada-esposa---parte-3-de-3.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4802856/Mi-amada-esposa-parte-4.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4802863/Mi-amada-esposa---parte-5.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4868469/Mi-amada-esposa---parte-6.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4896522/Mi-amada-esposa---parte-7.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4905961/Mi-amada-esposa---parte-8.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4915721/Mi-amada-esposa---parte-9.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4956318/Mi-amada-esposa---parte-10.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4965835/Mi-amada-esposa---parte-11.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4974651/Mi-amada-esposa---parte-12.html
Como siempre, podes escribirnos a dulces.placeres@live.com, te leemos
MI HERMANO, UN AMOR PROHIBIDO
Estaba en tiempos difíciles, esos pozos depresivos e inestables por el que toda mujer pasa alguna vez en su vida, yo era fuerte, pero los demonios mentales que me acosaban estaban socavando mis cimientos, necesitaba detenerme, repensar, recalcular, poner un stop, el contador a cero y comenzar de nuevo.
Era cierto, atravesaba varios frentes de tormentas al mismo tiempo...
Mi reciente divorcio, del hombre al que había amado y en algún punto aun amaba, una relación de amor y odio que ya no podía seguir adelante, no se trataba de infidelidades, solamente ser extraños bajo el mismo techo, con proyectos diferentes, con pensamientos diferentes, sin querer, nuestros caminos se fueron separando y cuando quisimos darnos cuenta ya era demasiado tarde.
Una separación cariñosa, sin conflictos, de común acuerdo, Víctor era un buen hombre, pero ya no podíamos seguir adelante en un matrimonio de fantasía.
Volver a sentir la sensación de soledad, independencia, ser solo yo, sonaba fantástico y era como ya no tener un lazo en mi cuello, pero también una parte de mi lo extrañaba, lo necesitaba y mi cama matrimonial se hacía demasiado grande sin su presencia
Papá había dejado este mundo, demasiado joven, demasiado injusto, lo extrañaba a horrores, mi primer hombre, mi imagen masculina.
Y mamá se encontraba sola, en una casa enorme, con todos los recuerdos de su figura, de la mía, y la de Claudio, mi hermano mayor.
Consideré la oportunidad de volver a mi casa natal, pero yo ya era grande, independiente y mi madre siempre fue una mujer de carácter complicado, igual que yo, y las cosas solo no funcionarían, sería sumar problemas a los problemas, pero no podía dejar de preocuparme por su bienestar a la distancia
Laboralmente, las cosas no iban mucho mejor, días de sobresaltos económicos, el pequeño negocio donde estaba como empleada era un barco a la deriva, días de mucho trabajo, días en que era prescindible, la paga era mediocre, y vivía el día a día esperando ese llamado que me dijera que quedaba cesante.
A veces trabajaba con mucho esmero, pensando en un futuro mejor, a veces solo era todo negro, un callejón sin salida y mis horas laborales se me hacían interminables.
Romina y Virginia son mis dos angelitos, mis luces en el horizonte que me llevan a seguir intentándolo, mis hermosas hijas de siete y seis años, a quienes llevo cada mañana a la escuela primaria, las que me arrancan todas las sonrisas.
Acabo de llegar del colegio, es temprano aun y el sol recién se ha levantado por el horizonte, hace frío en esta semana de invierno, pongo a calentar agua para preparar alguna infusión caliente mientras dejo el abrigo y los guantes detrás de la puerta.
No tengo mucho por hacer, voy a buscar algún libro de los tantos que solía leer con mi es esposo, hurgueteo por acá, por allá, y sin querer doy con un viejo álbum familiar que estaba perdido en un rincón.
Lo tomo, lo llevo al comedor donde la pava sobre el fuego hace minutos que me está llamando.
Preparó un té, tomo unas galletas y paso la mano por sobre la cubierta para barrer el polvillo acumulado.
Lo abro, lo ojeo, empiezo a ver fotos olvidadas, llego a Claudio, mi hermano, y mi mente me trae recuerdos que tengo tan escondidos como lo estaba ese álbum de fotografías familiares.
Claudio me lleva un par de años, él se fue a Australia por trabajo, eran seis meses, pero conoció una chica, y bueno, la historia previsible, formaron pareja y nunca más volvió. Nos escribimos mucho, conozco a mis sobrinos por cam, es lo más que podemos hacer, y somos muy 'carne y uña', solo hay algo de lo que ya no hablamos, y sellamos sin proponerlo, un pacto de silencio
Éramos jóvenes, él era ese hermano protector que toda chica quiere tener, el que te defiende, el que te cuida, el que te guía, y por qué no decirlo, el que tiene muchos amigos bonitos a quien echarle un ojo encima.
Demasiados confidentes, sin secretos, y cuando nuestros padres, por una cuestión lógica de crecimientos, separaron nuestras habitaciones se sintió horrible, un cuarto para mi sola suponía tanta libertad como soledad.
Pero tuvimos una pequeña ventaja, nuestros cuartos estaban contiguos, en la planta alta, y el de nuestros padres en la planta baja, así que, si bien nos habían separado, no lo habían hecho tanto.
Y sin darnos cuenta habíamos crecido, Claudio estaba alto como los árboles, y con un marcado ego narcisista pasaba muchas horas en el gimnasio marcando sus músculos, tenía muchas chicas revoloteando por el nido, algunas demasiado bonitas y eso me molestaba un poco.
Por mi lado, al igual que mi madre, ya tenía un culo demasiado provocativo y para mi desgracia, al igual que ella mis pechos jamás llamarían la atención, honestamente éramos demasiado parecidas, misma altura, mismos modales, mismo caminar, mismos gestos, mismo corte de cabello y hasta la marcada miopía que nos obligaba a ambas a usar lentes de aumento, tal vez, la única diferencia fuera que yo me mantenía morena natural y ella era rubia por elección
Como fuera, en alguna parte de la historia, Claudio y yo dejábamos poco a poco de ser niño y niña para convertirnos en hombre y mujer, y empezamos a sentir bullir la sangre de una manera que no sabíamos que podíamos sentir.
Nunca se lo confesé, pero en esos días, cuando podía y todos estaban descuidados, solía ir de fisgona cuando él se bañaba, yo no entendía mucho, pero tenía una linda y gruesa verga colgando, y me despertaba mucha intriga y mucho deseo, era mi primer acercamiento el sexo opuesto, y aunque fuera mi hermano solo no me importaba
En esos día de secretos, en la intimidad de mi cuarto había empezado a mirar mucho porno, raro por ser mujer, pero me mojaba y me masturbaba mucho, a veces pasaba demasiadas horas tocándome y cuando podía me tomaba fotos eróticas contra un espejo de mi habitación, simulando ser una de esas chicas provocativas que veía cada tanto
Esa noche no sería una noche más, entre cena y sobremesa vimos una película de terror, papá la había elegido al azar, parecía ser una película tonta pero la trama se tornó demasiado escabrosa para mi gusto, demasiado suspenso, demasiada sangre.
Cuando fuimos a dormir y las luces se apagaron, en la soledad de mi cuarto me sentí una nenita pequeña, con el acecho de los monstruos que terminaba de ver, entonces solo fui tanteando por las paredes hasta la habitación de mi hermano
Claudio, Claudio! estás dormido? - pregunte en susurros -
No, no tengo sueño... - exclamó, hizo una pausa y continuó -
Que te pasa Rosalía? no me digas que tienes miedo? - tiró en forma socarrona -
Bueno, si, tal vez - respondí avergonzada por mi adultez -
Vení, vení con tu hermano, la cama es grande y hay lugar para los dos, como cuando éramos pequeños, te acordás?
Fui a su lado, el se corrió contra la pared y yo me acomodé de lado, de manera que mi espalda quedara pegada a su frente, él me abrazó y sentí pasar del miedo al calor, respiré con cadencia, y simulando inocencia apreté mi culo hacia atrás, más y mas hasta quitarle todo el lugar.
En silencio, sentí su enorme verga, estaba dura, y el sentimiento era indescriptible, llevé una mano hacia atrás y la pasé suavemente por encima de su slip, era mágico, y Claudio parecía entregado, sin buscar reacción, y seguí sobando desde sus bolas hasta la punta.
De pronto el brazo contenedor de mi hermano se coló bajo el escote de mi remera y sentí sus dedos acariciar mis ricos pezones, era todo muy caliente y me mordí los labios para contener mis deseos.
Entonces fui por debajo de su slip, su pija se me antojaba enorme, dura, apetecible, y lo seguí acariciando muy suave, muy rico, nadie decía nada, y sentía mojarme toda.
De pronto, Claudio empezó a eyacular, yo solo seguía haciendo lo que estaba haciendo, pero un líquido viscoso y pegajoso empezó a llenar toda la zona, un aroma fuerte invadió el lugar y mierda, lo había hecho.
Un resquemor me asaltó de repente, saqué la mano de la intimidad de mi hermano, la noté embardunada, chorreando indecencia por todos lados, me incorporé de la cama saltando como un resorte, estaba mal, estaba muy mal, Claudio trató de tranquilizarme, de decirme que todo estaba bien, trató de alcanzarme, pero no podía con lo que había sucedido y volví a mi cuarto.
Cerré la puerta y me tiré en mi cama, pero mi mano era testigo del sabor del pecado, sentí de cerca el olor que tenía y probé su sabor, me supo raro, rico, curioso, y solo decir que esa noche terminé masturbándome nuevamente hasta quedarme dormida.
Al día siguiente desayunamos los cuatro en familia, como lo hacíamos cada día, pero Claudio y yo parecíamos esquivarnos la mirada, incluso estábamos ausentes, callados, situación que no pasó desapercibida por mamá, que siempre tenía un radar especial para sus hijos
Y a ustedes que les pasa que están tan callados?
Pero papá, quien siempre era nuestro cómplice, respondió
Dejalos, no quieras saber todo de sus vidas, ya son grandes!
Claudio y yo jamás hablamos de lo que había pasado esa noche, era como fingir que nada había ocurrido, pero habíamos cruzado la barrera de lo prohibido, y una vez que la cruzas, ya estás del otro lado, duele a la primera, pero convives con tus remordimientos, y la siguiente vez que lo haces, te das cuenta que puedes seguir adelante con tu vida.
Había salido un par de horas antes de mis estudios, había faltado un profesor y quedamos liberados. Las chicas fueron al bar a tomar algo pero el destino quiso que ese día volviera a casa.
Mis padres no estaban, eso ya lo sabía puesto que ambos tenían sus respectivos trabajos, tampoco se suponía que estuviera mi hermano, pero al abrir la puerta de entrada, sus voz desentonada e hiriente intentaba cantar una bella canción.
Subí por las escaleras con sigila, la puerta del baño estaba entreabierta y el ruido de la ducha fluyendo mas un poco de vapor escapando por la abertura me dejaron saber que el se estaba bañando.
Me asomé con sigila, como acostumbraba a hacer, la mampara traslúcida me dejó ver su miembro flácido colgando y fue demasiado tentador.
Dejé mis ropas de lado con premura, y en un abrir y cerrar de ojos me había colado a su lado, lo tomé por sorpresa, Claudio trató de separarme, me dijo su estaba loca, pero preferí no escucharlo, me arrodillé y las gotas de la lluvia llegaron a mi rostro, a centímetros tenía su larga y gruesa pija que se movía de lado a otro, mis labios hervían, y mi lengua necesitaba saborearlo, como un helado en verano.
Cerré mis ojos y se la bese, una vez y otra vez, me agaché hasta la punta, su flacidez me permitió engullirla un par de veces sin dificultad, pero poco a poco se fue poniendo dura y enorme, y su glande apuntó al techo, ahora tenía que hacerlo desde arriba y en ese pequeño recinto aprendía a chupar una verga, lo hacía por primera vez y me sabía a paraíso.
Su pija era hermosa, dura y enorme, trataba de comerla pero estaba en problemas, me topaba en la garganta y sentía arcadas, se la acariciaba con ambas manos y en mi inocente percepción de principiante asumí que estaba haciendo un excelente trabajo, pero mi hermano me dejó saber que así no eran las cosas, que lo estaba lastimando con los dientes y en la manera que lo masturbaba jamás tendría un final feliz.
Puso su mano sobre la mía y me enseñó como hacerlo, los movimientos, lo bueno, lo rico, retiré mi boca de su glande y lo mantuve a centímetros de mi rostro, me sentí bizca mirando con deseo la punta de su cabeza rosada y me mordía los labios, solo aceleramos el ritmo, lo sentí venir, y fue mas rápido de lo que pensaba, tomándome por sorpresa, esta vez un chorro impacto con furia en mi rostro, por mi nariz y por mi ojo derecho, para luego introducirlo en mi boca con apuro, quería tragar todos los jugos de mi hermano
Me quedaría un sabor amargo en la boca, raro de describir, pero había tragado mucho semen, el quería cogerme, pero volví a huir, tomé su toalla y solo salí del baño, pensando que volvía a equivocarme, no podíamos seguir haciendo lo que estábamos haciendo.
Pasaron los días, pasaron las semanas, pasaron los meses, Claudio y yo mantuvimos esos incestos demasiados guardados, demasiados ocultos porque es algo prohibido en este mundo actual. Papá y mamá jamás sospecharon nada y todo era así, improvisado, rápido, pecaminoso, y demasiado esporádico, no pasábamos de usar nuestras manos o del sexo oral, si, alguna vez mi hermano me había devuelto favores y me también me lastimó el clítoris pensando que era la forma correcta de lamer a una dama, tuve que enseñarle, y al fin de cuentas, Claudio me sacaba hermosos orgasmos comiéndome la conchita. Pero solo eso, por alguna extraña razón ni el ni yo nos animábamos al encuentro carnal definitivo, era como un bloqueo, algo que solo no podíamos terminar.
Marcos sería ese detonante, mi primer noviecito de esos días, un chico que le caía en gracias a nuestros padres, pero alguien a quien Claudio no toleraba, es que él no toleraría a ningún chico que merodeara a su dulce hermana.
Ese chico llamado Marcos quería cogerme a como diera lugar, algo muy lógico, y como su padre era farmacéutico, conseguía pastillas anticonceptivas para mi y preservativos para él, como una doble protección para que yo estuviera segura de un embarazo no deseado.
Por alguna razón, le daba vueltas a todo el asunto, estaba bien junto a Marcos, pero coger con él era otra cosa, si, criada a la antigua, necesitaba tener una conexión que sintiera real para hacerlo, y Marcos no parecía ser el indicado, pero sabía que tarde o temprano debería ceder o terminar, no podía seguir con el juego sin que nada pasara.
Claudio se mostraba extremadamente nervioso y molesto con esta situación, me seguía de cerca, porque sabía que lo haría, y no tenía sentido que yo le repitiera una y otra vez que se buscara una chica, el solo me repetía que 'yo' era su chica.
Noite de novembro, estava calor, nossos pais tinham saído para ver um filme no cinema e jantar fora, um sábado quente, Marcos me esperava, eu tinha dito que sim, faríamos aquela noite.
Claudio estava sentado na sala de jantar, com os pés em cima de uma cadeira, com fones de ouvido jogando um jogo de guerra no play, parecia alheio a tudo. Passei para o quarto dos meus pais, onde minha mãe guardava sua roupa íntima, fuquei um pouco. Ela tinha uma calcinha fio-dental preta que eu achava muito gostosa, muitas vezes tinha visto e ela nunca me permitiria usar algo assim, então decidi pegar emprestada para aquela noite especial. Voltei para o meu quarto, meu irmão continuava perdido no mundo dele, subi as escadas e fechei a porta quase toda.
Sobre a cama estava um vestidinho lindo que eu tinha escolhido para aquela noite especial. Me despi, me olhei no espelho e me xingei por ter peitos tão pequenos e meu complexo de miopia. Reparei na minha buceta, que estava completamente depilada por um pedido especial do meu namorado, só para agradá-lo.
Peguei a peça minúscula da minha mãe e deslizei entre minhas pernas até sumir entre minhas nádegas. O que me faltava de peitos, sobrava de bunda. Eu parecia muito putinha, nunca tinha me visto assim. O copo d'água na mesa de cabeceira me lembrou que ainda não tinha tomado a pílula daquela noite. Comecei a procurar e não encontrava o comprimido, que droga! Sempre fui tão organizada e cuidadosa com isso, e justo naquela noite...
A figura do meu irmão apareceu no vão da porta, como um fantasma, balançando o comprimido entre os dedos e perguntou:
"Tá procurando isso?"
"Me dá isso!" - exclamai, indo até ele.
Mas ele era mais alto, e seus braços mais longos. Levou para fora do meu alcance e me senti uma anã ao seu lado.
"Me dá, Claudio! Não seja idiota!"
Quase não reparei no detalhe de que estava quase nua aos olhos dele, apenas com uma calcinha fio-dental que pertencia à nossa mãe
Você está linda! Sério que você vai fazer isso com aquele idiota? Tenho certeza que você só vai fazer com ele porque não pode fazer com quem você realmente quer
Meu irmão era muito hábil com as palavras e me senti encurralada, pouco a pouco ele foi me envolvendo e aceitei a realidade: eu não queria que meu namorado me comesse, eu queria que fosse ele que fizesse isso.
Me entreguei, nos beijamos com paixão, cumplicidade e pecado. Ele lambeu meus peitos, meus mamilos, suas mãos se encheram de mim - pelas minhas costas, minha barriga, minhas nádegas. Fui acariciar seu pau enorme e lindo, sentia meus fluidos encharcando toda a calcinha da mamãe, e tudo era tão perverso quanto erótico.
"Que bunda linda você tem, irmã!" - ele disse - "Tão boa quanto a da mamãe, mas a sua é melhor!"
Quis chupar seu pau, mas ele não deixou. Ele quis chupar minha buceta, mas não deixei. Ambos só queríamos uma coisa...
Uma luzinha do quarto estava acesa, ele perguntou se eu preferia apagar. Disse que queria ver. Perguntei se ele queria que eu tirasse a calcinha, ele disse que não, que ele mesmo faria. Disse que estava com medo - seu pau era enorme, podia me machucar e com certeza aquilo tudo não caberia em mim. Ele me acalmou, disse que era meu irmão mais velho e que nunca me faria mal.
Me deitou para trás, com delicadeza abriu minhas pernas, pegou a calcinha da mamãe entre seus dedos e puxou com força, fazendo os elásticos estalarem até arrebentar. Senti um calor intenso e minha vagina depilada, molhada e exposta ficou à mercê de seus instintos mais baixos.
Pegou seu pau enorme entre os dedos e bateu com ritmo, repetidas vezes, com a cabeça no meu clitóris. Implorei que não fizesse isso - estava à beira do orgasmo e qualquer toque podia ser fatal.
Então ele apontou, me olhou nos olhos... era minha primeira vez. Mordi os lábios e senti seu sexo invadindo o meu. Meu Deus, não sabia que um pau poderia me dar tanto prazer. Dessa vez não consegui evitar um gemido abafado ao sentir seu pau entrando pouco a pouco em mim. Lá dentro, virei a cabeça, o relógio de parede marcava onze da noite em ponto. Depois, entre gemidos, olhei para minha buceta e vi a do meu irmão entrando e saindo, tão comprido e grosso como era.
Para minha surpresa, e para a dele, logo seu pau desapareceu completamente dentro da minha xota. Claudio, entre risadas, sentenciou:
"Irmãzinha! Que boceta gostosa que você tem!!!"
Acariciei meu clitóris, e enquanto eu gozava, ele também gozava. Seria a primeira vez que alguém encheria meu buraco feminino com fluidos masculinos. Continuei olhando para o pau duro dele entrando e saindo, só que agora estava banhado por um líquido branco, e eu sentia esse mesmo líquido escorrendo e transbordando entre minhas pernas.
Claudio continuou e continuou, de repente ele tirou e se masturbou o suficiente, o sêmen saltou sobre minha barriga, meus peitos, até atingindo meu rosto. Dessa vez foi minha vez de rir, sentindo em meus lábios seu gosto de homem.
Ele a meteu novamente e continuamos nos dando prazer, sua vara dura não parava de se mover. Ele fez de novo, dessa vez sobre meu clitóris, meu púbis, minha perna direita, e meteu de novo. Me sabia muito quente, eu estava toda cheia de sêmen, por dentro e por fora, mas ele continuava e continuava. Onde me tocasse havia vestígios dele. Ele tirou de novo, dessa vez correu apressado ao meu lado e meteu na minha boca, quase não pude reagir, mas me encontrei de repente engolindo suas últimas gotas daquele amado néctar.
Por acaso, meus olhos passaram pelo relógio de parede, eram onze e vinte. Me surpreendi, quatro gozadas em vinte minutos, um recorde nunca igualado, nem por ele nem por nenhum outro que estivesse ao meu lado. E se havia uma primeira vez perfeita, bom, eu a tive.
Tão rápido quanto prazeroso, nossos pais poderiam chegar a qualquer momento.
Nos beijamos e juramos nosso segredo.
Peguei meu celular, as trinta e duas chamadas perdidas de Marcos seriam o começo do fim do nosso relacionamento.
Suspiro profundo, hora de voltar ao presente, fecho o álbum de fotos e o coloco de volta no lugar, sorrio sozinha com meu ar travesso, quase tinha esquecido a história do fio dental da mamãe, ela sempre comentava que estava faltando aquela peça e não entendia o que tinha acontecido com ela, lembro como meu olhar se encontrava com o de Cláudio e nos esforçávamos para não explodir em gargalhadas, nem mamãe nem papai poderiam saber o que aconteceu e muito menos a relação incestuosa que nos unia
Viramos adultos, e nada dura para sempre, a proposta de trabalho que ofereceram ao meu irmão na Austrália era simplesmente irrecusável, fizemos algumas vezes escondidos e na minha loucura eu teria desejado uma gravidez para mantê-lo ao meu lado, mas teria sido doentio demais.
Chegou a hora dele partir e virar a página
Chegaram namorados, chegou meu marido, e bem, um pouco da história da minha vida.
Olho as horas, tenho que voltar ao presente, é hora de preparar o almoço para depois buscar as pequenas na escola, preciso seguir vivendo minha vida
Se você gostou dessa história pode me escrever com o título MEU IRMÃO, UM AMOR PROIBIDO para dulces.placeres@live.com
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4084661/Mi-amada-esposa---parte-1-de-3-.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4389002/Mi-amada-esposa---parte-2-de-3-.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4436535/Mi-amada-esposa---parte-3-de-3.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4802856/Mi-amada-esposa-parte-4.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4802863/Mi-amada-esposa---parte-5.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4868469/Mi-amada-esposa---parte-6.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4896522/Mi-amada-esposa---parte-7.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4905961/Mi-amada-esposa---parte-8.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4915721/Mi-amada-esposa---parte-9.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4956318/Mi-amada-esposa---parte-10.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4965835/Mi-amada-esposa---parte-11.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4974651/Mi-amada-esposa---parte-12.html
Como siempre, podes escribirnos a dulces.placeres@live.com, te leemos
MI HERMANO, UN AMOR PROHIBIDO
Estaba en tiempos difíciles, esos pozos depresivos e inestables por el que toda mujer pasa alguna vez en su vida, yo era fuerte, pero los demonios mentales que me acosaban estaban socavando mis cimientos, necesitaba detenerme, repensar, recalcular, poner un stop, el contador a cero y comenzar de nuevo.
Era cierto, atravesaba varios frentes de tormentas al mismo tiempo...
Mi reciente divorcio, del hombre al que había amado y en algún punto aun amaba, una relación de amor y odio que ya no podía seguir adelante, no se trataba de infidelidades, solamente ser extraños bajo el mismo techo, con proyectos diferentes, con pensamientos diferentes, sin querer, nuestros caminos se fueron separando y cuando quisimos darnos cuenta ya era demasiado tarde.
Una separación cariñosa, sin conflictos, de común acuerdo, Víctor era un buen hombre, pero ya no podíamos seguir adelante en un matrimonio de fantasía.
Volver a sentir la sensación de soledad, independencia, ser solo yo, sonaba fantástico y era como ya no tener un lazo en mi cuello, pero también una parte de mi lo extrañaba, lo necesitaba y mi cama matrimonial se hacía demasiado grande sin su presencia
Papá había dejado este mundo, demasiado joven, demasiado injusto, lo extrañaba a horrores, mi primer hombre, mi imagen masculina.
Y mamá se encontraba sola, en una casa enorme, con todos los recuerdos de su figura, de la mía, y la de Claudio, mi hermano mayor.
Consideré la oportunidad de volver a mi casa natal, pero yo ya era grande, independiente y mi madre siempre fue una mujer de carácter complicado, igual que yo, y las cosas solo no funcionarían, sería sumar problemas a los problemas, pero no podía dejar de preocuparme por su bienestar a la distancia
Laboralmente, las cosas no iban mucho mejor, días de sobresaltos económicos, el pequeño negocio donde estaba como empleada era un barco a la deriva, días de mucho trabajo, días en que era prescindible, la paga era mediocre, y vivía el día a día esperando ese llamado que me dijera que quedaba cesante.
A veces trabajaba con mucho esmero, pensando en un futuro mejor, a veces solo era todo negro, un callejón sin salida y mis horas laborales se me hacían interminables.
Romina y Virginia son mis dos angelitos, mis luces en el horizonte que me llevan a seguir intentándolo, mis hermosas hijas de siete y seis años, a quienes llevo cada mañana a la escuela primaria, las que me arrancan todas las sonrisas.
Acabo de llegar del colegio, es temprano aun y el sol recién se ha levantado por el horizonte, hace frío en esta semana de invierno, pongo a calentar agua para preparar alguna infusión caliente mientras dejo el abrigo y los guantes detrás de la puerta.
No tengo mucho por hacer, voy a buscar algún libro de los tantos que solía leer con mi es esposo, hurgueteo por acá, por allá, y sin querer doy con un viejo álbum familiar que estaba perdido en un rincón.
Lo tomo, lo llevo al comedor donde la pava sobre el fuego hace minutos que me está llamando.
Preparó un té, tomo unas galletas y paso la mano por sobre la cubierta para barrer el polvillo acumulado.
Lo abro, lo ojeo, empiezo a ver fotos olvidadas, llego a Claudio, mi hermano, y mi mente me trae recuerdos que tengo tan escondidos como lo estaba ese álbum de fotografías familiares.
Claudio me lleva un par de años, él se fue a Australia por trabajo, eran seis meses, pero conoció una chica, y bueno, la historia previsible, formaron pareja y nunca más volvió. Nos escribimos mucho, conozco a mis sobrinos por cam, es lo más que podemos hacer, y somos muy 'carne y uña', solo hay algo de lo que ya no hablamos, y sellamos sin proponerlo, un pacto de silencio
Éramos jóvenes, él era ese hermano protector que toda chica quiere tener, el que te defiende, el que te cuida, el que te guía, y por qué no decirlo, el que tiene muchos amigos bonitos a quien echarle un ojo encima.
Demasiados confidentes, sin secretos, y cuando nuestros padres, por una cuestión lógica de crecimientos, separaron nuestras habitaciones se sintió horrible, un cuarto para mi sola suponía tanta libertad como soledad.
Pero tuvimos una pequeña ventaja, nuestros cuartos estaban contiguos, en la planta alta, y el de nuestros padres en la planta baja, así que, si bien nos habían separado, no lo habían hecho tanto.
Y sin darnos cuenta habíamos crecido, Claudio estaba alto como los árboles, y con un marcado ego narcisista pasaba muchas horas en el gimnasio marcando sus músculos, tenía muchas chicas revoloteando por el nido, algunas demasiado bonitas y eso me molestaba un poco.
Por mi lado, al igual que mi madre, ya tenía un culo demasiado provocativo y para mi desgracia, al igual que ella mis pechos jamás llamarían la atención, honestamente éramos demasiado parecidas, misma altura, mismos modales, mismo caminar, mismos gestos, mismo corte de cabello y hasta la marcada miopía que nos obligaba a ambas a usar lentes de aumento, tal vez, la única diferencia fuera que yo me mantenía morena natural y ella era rubia por elección
Como fuera, en alguna parte de la historia, Claudio y yo dejábamos poco a poco de ser niño y niña para convertirnos en hombre y mujer, y empezamos a sentir bullir la sangre de una manera que no sabíamos que podíamos sentir.
Nunca se lo confesé, pero en esos días, cuando podía y todos estaban descuidados, solía ir de fisgona cuando él se bañaba, yo no entendía mucho, pero tenía una linda y gruesa verga colgando, y me despertaba mucha intriga y mucho deseo, era mi primer acercamiento el sexo opuesto, y aunque fuera mi hermano solo no me importaba
En esos día de secretos, en la intimidad de mi cuarto había empezado a mirar mucho porno, raro por ser mujer, pero me mojaba y me masturbaba mucho, a veces pasaba demasiadas horas tocándome y cuando podía me tomaba fotos eróticas contra un espejo de mi habitación, simulando ser una de esas chicas provocativas que veía cada tanto
Esa noche no sería una noche más, entre cena y sobremesa vimos una película de terror, papá la había elegido al azar, parecía ser una película tonta pero la trama se tornó demasiado escabrosa para mi gusto, demasiado suspenso, demasiada sangre.
Cuando fuimos a dormir y las luces se apagaron, en la soledad de mi cuarto me sentí una nenita pequeña, con el acecho de los monstruos que terminaba de ver, entonces solo fui tanteando por las paredes hasta la habitación de mi hermano
Claudio, Claudio! estás dormido? - pregunte en susurros -
No, no tengo sueño... - exclamó, hizo una pausa y continuó -
Que te pasa Rosalía? no me digas que tienes miedo? - tiró en forma socarrona -
Bueno, si, tal vez - respondí avergonzada por mi adultez -
Vení, vení con tu hermano, la cama es grande y hay lugar para los dos, como cuando éramos pequeños, te acordás?
Fui a su lado, el se corrió contra la pared y yo me acomodé de lado, de manera que mi espalda quedara pegada a su frente, él me abrazó y sentí pasar del miedo al calor, respiré con cadencia, y simulando inocencia apreté mi culo hacia atrás, más y mas hasta quitarle todo el lugar.
En silencio, sentí su enorme verga, estaba dura, y el sentimiento era indescriptible, llevé una mano hacia atrás y la pasé suavemente por encima de su slip, era mágico, y Claudio parecía entregado, sin buscar reacción, y seguí sobando desde sus bolas hasta la punta.
De pronto el brazo contenedor de mi hermano se coló bajo el escote de mi remera y sentí sus dedos acariciar mis ricos pezones, era todo muy caliente y me mordí los labios para contener mis deseos.
Entonces fui por debajo de su slip, su pija se me antojaba enorme, dura, apetecible, y lo seguí acariciando muy suave, muy rico, nadie decía nada, y sentía mojarme toda.
De pronto, Claudio empezó a eyacular, yo solo seguía haciendo lo que estaba haciendo, pero un líquido viscoso y pegajoso empezó a llenar toda la zona, un aroma fuerte invadió el lugar y mierda, lo había hecho.
Un resquemor me asaltó de repente, saqué la mano de la intimidad de mi hermano, la noté embardunada, chorreando indecencia por todos lados, me incorporé de la cama saltando como un resorte, estaba mal, estaba muy mal, Claudio trató de tranquilizarme, de decirme que todo estaba bien, trató de alcanzarme, pero no podía con lo que había sucedido y volví a mi cuarto.
Cerré la puerta y me tiré en mi cama, pero mi mano era testigo del sabor del pecado, sentí de cerca el olor que tenía y probé su sabor, me supo raro, rico, curioso, y solo decir que esa noche terminé masturbándome nuevamente hasta quedarme dormida.
Al día siguiente desayunamos los cuatro en familia, como lo hacíamos cada día, pero Claudio y yo parecíamos esquivarnos la mirada, incluso estábamos ausentes, callados, situación que no pasó desapercibida por mamá, que siempre tenía un radar especial para sus hijos
Y a ustedes que les pasa que están tan callados?
Pero papá, quien siempre era nuestro cómplice, respondió
Dejalos, no quieras saber todo de sus vidas, ya son grandes!
Claudio y yo jamás hablamos de lo que había pasado esa noche, era como fingir que nada había ocurrido, pero habíamos cruzado la barrera de lo prohibido, y una vez que la cruzas, ya estás del otro lado, duele a la primera, pero convives con tus remordimientos, y la siguiente vez que lo haces, te das cuenta que puedes seguir adelante con tu vida.
Había salido un par de horas antes de mis estudios, había faltado un profesor y quedamos liberados. Las chicas fueron al bar a tomar algo pero el destino quiso que ese día volviera a casa.
Mis padres no estaban, eso ya lo sabía puesto que ambos tenían sus respectivos trabajos, tampoco se suponía que estuviera mi hermano, pero al abrir la puerta de entrada, sus voz desentonada e hiriente intentaba cantar una bella canción.
Subí por las escaleras con sigila, la puerta del baño estaba entreabierta y el ruido de la ducha fluyendo mas un poco de vapor escapando por la abertura me dejaron saber que el se estaba bañando.
Me asomé con sigila, como acostumbraba a hacer, la mampara traslúcida me dejó ver su miembro flácido colgando y fue demasiado tentador.
Dejé mis ropas de lado con premura, y en un abrir y cerrar de ojos me había colado a su lado, lo tomé por sorpresa, Claudio trató de separarme, me dijo su estaba loca, pero preferí no escucharlo, me arrodillé y las gotas de la lluvia llegaron a mi rostro, a centímetros tenía su larga y gruesa pija que se movía de lado a otro, mis labios hervían, y mi lengua necesitaba saborearlo, como un helado en verano.
Cerré mis ojos y se la bese, una vez y otra vez, me agaché hasta la punta, su flacidez me permitió engullirla un par de veces sin dificultad, pero poco a poco se fue poniendo dura y enorme, y su glande apuntó al techo, ahora tenía que hacerlo desde arriba y en ese pequeño recinto aprendía a chupar una verga, lo hacía por primera vez y me sabía a paraíso.
Su pija era hermosa, dura y enorme, trataba de comerla pero estaba en problemas, me topaba en la garganta y sentía arcadas, se la acariciaba con ambas manos y en mi inocente percepción de principiante asumí que estaba haciendo un excelente trabajo, pero mi hermano me dejó saber que así no eran las cosas, que lo estaba lastimando con los dientes y en la manera que lo masturbaba jamás tendría un final feliz.
Puso su mano sobre la mía y me enseñó como hacerlo, los movimientos, lo bueno, lo rico, retiré mi boca de su glande y lo mantuve a centímetros de mi rostro, me sentí bizca mirando con deseo la punta de su cabeza rosada y me mordía los labios, solo aceleramos el ritmo, lo sentí venir, y fue mas rápido de lo que pensaba, tomándome por sorpresa, esta vez un chorro impacto con furia en mi rostro, por mi nariz y por mi ojo derecho, para luego introducirlo en mi boca con apuro, quería tragar todos los jugos de mi hermano
Me quedaría un sabor amargo en la boca, raro de describir, pero había tragado mucho semen, el quería cogerme, pero volví a huir, tomé su toalla y solo salí del baño, pensando que volvía a equivocarme, no podíamos seguir haciendo lo que estábamos haciendo.
Pasaron los días, pasaron las semanas, pasaron los meses, Claudio y yo mantuvimos esos incestos demasiados guardados, demasiados ocultos porque es algo prohibido en este mundo actual. Papá y mamá jamás sospecharon nada y todo era así, improvisado, rápido, pecaminoso, y demasiado esporádico, no pasábamos de usar nuestras manos o del sexo oral, si, alguna vez mi hermano me había devuelto favores y me también me lastimó el clítoris pensando que era la forma correcta de lamer a una dama, tuve que enseñarle, y al fin de cuentas, Claudio me sacaba hermosos orgasmos comiéndome la conchita. Pero solo eso, por alguna extraña razón ni el ni yo nos animábamos al encuentro carnal definitivo, era como un bloqueo, algo que solo no podíamos terminar.
Marcos sería ese detonante, mi primer noviecito de esos días, un chico que le caía en gracias a nuestros padres, pero alguien a quien Claudio no toleraba, es que él no toleraría a ningún chico que merodeara a su dulce hermana.
Ese chico llamado Marcos quería cogerme a como diera lugar, algo muy lógico, y como su padre era farmacéutico, conseguía pastillas anticonceptivas para mi y preservativos para él, como una doble protección para que yo estuviera segura de un embarazo no deseado.
Por alguna razón, le daba vueltas a todo el asunto, estaba bien junto a Marcos, pero coger con él era otra cosa, si, criada a la antigua, necesitaba tener una conexión que sintiera real para hacerlo, y Marcos no parecía ser el indicado, pero sabía que tarde o temprano debería ceder o terminar, no podía seguir con el juego sin que nada pasara.
Claudio se mostraba extremadamente nervioso y molesto con esta situación, me seguía de cerca, porque sabía que lo haría, y no tenía sentido que yo le repitiera una y otra vez que se buscara una chica, el solo me repetía que 'yo' era su chica.
Noite de novembro, estava calor, nossos pais tinham saído para ver um filme no cinema e jantar fora, um sábado quente, Marcos me esperava, eu tinha dito que sim, faríamos aquela noite.Claudio estava sentado na sala de jantar, com os pés em cima de uma cadeira, com fones de ouvido jogando um jogo de guerra no play, parecia alheio a tudo. Passei para o quarto dos meus pais, onde minha mãe guardava sua roupa íntima, fuquei um pouco. Ela tinha uma calcinha fio-dental preta que eu achava muito gostosa, muitas vezes tinha visto e ela nunca me permitiria usar algo assim, então decidi pegar emprestada para aquela noite especial. Voltei para o meu quarto, meu irmão continuava perdido no mundo dele, subi as escadas e fechei a porta quase toda.
Sobre a cama estava um vestidinho lindo que eu tinha escolhido para aquela noite especial. Me despi, me olhei no espelho e me xingei por ter peitos tão pequenos e meu complexo de miopia. Reparei na minha buceta, que estava completamente depilada por um pedido especial do meu namorado, só para agradá-lo.
Peguei a peça minúscula da minha mãe e deslizei entre minhas pernas até sumir entre minhas nádegas. O que me faltava de peitos, sobrava de bunda. Eu parecia muito putinha, nunca tinha me visto assim. O copo d'água na mesa de cabeceira me lembrou que ainda não tinha tomado a pílula daquela noite. Comecei a procurar e não encontrava o comprimido, que droga! Sempre fui tão organizada e cuidadosa com isso, e justo naquela noite...
A figura do meu irmão apareceu no vão da porta, como um fantasma, balançando o comprimido entre os dedos e perguntou:
"Tá procurando isso?"
"Me dá isso!" - exclamai, indo até ele.
Mas ele era mais alto, e seus braços mais longos. Levou para fora do meu alcance e me senti uma anã ao seu lado.
"Me dá, Claudio! Não seja idiota!"
Quase não reparei no detalhe de que estava quase nua aos olhos dele, apenas com uma calcinha fio-dental que pertencia à nossa mãe
Você está linda! Sério que você vai fazer isso com aquele idiota? Tenho certeza que você só vai fazer com ele porque não pode fazer com quem você realmente quer
Meu irmão era muito hábil com as palavras e me senti encurralada, pouco a pouco ele foi me envolvendo e aceitei a realidade: eu não queria que meu namorado me comesse, eu queria que fosse ele que fizesse isso.
Me entreguei, nos beijamos com paixão, cumplicidade e pecado. Ele lambeu meus peitos, meus mamilos, suas mãos se encheram de mim - pelas minhas costas, minha barriga, minhas nádegas. Fui acariciar seu pau enorme e lindo, sentia meus fluidos encharcando toda a calcinha da mamãe, e tudo era tão perverso quanto erótico.
"Que bunda linda você tem, irmã!" - ele disse - "Tão boa quanto a da mamãe, mas a sua é melhor!"
Quis chupar seu pau, mas ele não deixou. Ele quis chupar minha buceta, mas não deixei. Ambos só queríamos uma coisa...
Uma luzinha do quarto estava acesa, ele perguntou se eu preferia apagar. Disse que queria ver. Perguntei se ele queria que eu tirasse a calcinha, ele disse que não, que ele mesmo faria. Disse que estava com medo - seu pau era enorme, podia me machucar e com certeza aquilo tudo não caberia em mim. Ele me acalmou, disse que era meu irmão mais velho e que nunca me faria mal.
Me deitou para trás, com delicadeza abriu minhas pernas, pegou a calcinha da mamãe entre seus dedos e puxou com força, fazendo os elásticos estalarem até arrebentar. Senti um calor intenso e minha vagina depilada, molhada e exposta ficou à mercê de seus instintos mais baixos.
Pegou seu pau enorme entre os dedos e bateu com ritmo, repetidas vezes, com a cabeça no meu clitóris. Implorei que não fizesse isso - estava à beira do orgasmo e qualquer toque podia ser fatal.
Então ele apontou, me olhou nos olhos... era minha primeira vez. Mordi os lábios e senti seu sexo invadindo o meu. Meu Deus, não sabia que um pau poderia me dar tanto prazer. Dessa vez não consegui evitar um gemido abafado ao sentir seu pau entrando pouco a pouco em mim. Lá dentro, virei a cabeça, o relógio de parede marcava onze da noite em ponto. Depois, entre gemidos, olhei para minha buceta e vi a do meu irmão entrando e saindo, tão comprido e grosso como era.
Para minha surpresa, e para a dele, logo seu pau desapareceu completamente dentro da minha xota. Claudio, entre risadas, sentenciou:
"Irmãzinha! Que boceta gostosa que você tem!!!"
Acariciei meu clitóris, e enquanto eu gozava, ele também gozava. Seria a primeira vez que alguém encheria meu buraco feminino com fluidos masculinos. Continuei olhando para o pau duro dele entrando e saindo, só que agora estava banhado por um líquido branco, e eu sentia esse mesmo líquido escorrendo e transbordando entre minhas pernas.
Claudio continuou e continuou, de repente ele tirou e se masturbou o suficiente, o sêmen saltou sobre minha barriga, meus peitos, até atingindo meu rosto. Dessa vez foi minha vez de rir, sentindo em meus lábios seu gosto de homem.
Ele a meteu novamente e continuamos nos dando prazer, sua vara dura não parava de se mover. Ele fez de novo, dessa vez sobre meu clitóris, meu púbis, minha perna direita, e meteu de novo. Me sabia muito quente, eu estava toda cheia de sêmen, por dentro e por fora, mas ele continuava e continuava. Onde me tocasse havia vestígios dele. Ele tirou de novo, dessa vez correu apressado ao meu lado e meteu na minha boca, quase não pude reagir, mas me encontrei de repente engolindo suas últimas gotas daquele amado néctar.
Por acaso, meus olhos passaram pelo relógio de parede, eram onze e vinte. Me surpreendi, quatro gozadas em vinte minutos, um recorde nunca igualado, nem por ele nem por nenhum outro que estivesse ao meu lado. E se havia uma primeira vez perfeita, bom, eu a tive.
Tão rápido quanto prazeroso, nossos pais poderiam chegar a qualquer momento.
Nos beijamos e juramos nosso segredo.
Peguei meu celular, as trinta e duas chamadas perdidas de Marcos seriam o começo do fim do nosso relacionamento.
Suspiro profundo, hora de voltar ao presente, fecho o álbum de fotos e o coloco de volta no lugar, sorrio sozinha com meu ar travesso, quase tinha esquecido a história do fio dental da mamãe, ela sempre comentava que estava faltando aquela peça e não entendia o que tinha acontecido com ela, lembro como meu olhar se encontrava com o de Cláudio e nos esforçávamos para não explodir em gargalhadas, nem mamãe nem papai poderiam saber o que aconteceu e muito menos a relação incestuosa que nos unia
Viramos adultos, e nada dura para sempre, a proposta de trabalho que ofereceram ao meu irmão na Austrália era simplesmente irrecusável, fizemos algumas vezes escondidos e na minha loucura eu teria desejado uma gravidez para mantê-lo ao meu lado, mas teria sido doentio demais.
Chegou a hora dele partir e virar a página
Chegaram namorados, chegou meu marido, e bem, um pouco da história da minha vida.
Olho as horas, tenho que voltar ao presente, é hora de preparar o almoço para depois buscar as pequenas na escola, preciso seguir vivendo minha vida
Se você gostou dessa história pode me escrever com o título MEU IRMÃO, UM AMOR PROIBIDO para dulces.placeres@live.com
2 comentários - Meu irmão, um amor proibido