No dejes de pasar por mi mejor post
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4084661/Mi-amada-esposa.html
No te vas a arrepentir
EL DESEO DE PEDRO
Había conocido a Pedro por casualidad, él fue quien me contactó por correo, le respondí y así empezó nuestra relación, él era un hombre diferente, él no buscaba en mi lo que todos buscaban, todos aquellos conocí vinieron por mi cuerpo, pero, Pedro venía por mi alma, por mi corazón, por mi espíritu.
Siempre me había parecido un ser maravilloso, desinteresado, frontal y auténtico, a él no hacía falta mentirle, esquivarle, o ignorarlo, no lo veía como un hombre en busca de un encuentro, lo veía como un padre, como el padre que nunca tuve.
Pedro era bastante mayor que yo, sabía que era casado, tenía demasiados años de casado, me había confesado que su esposa había sido su única mujer, su única novia, desde que eran jóvenes estudiantes, época en la que yo recién llegaba al mundo.
Tenía tres hijas que más o menos rondaban mi edad por las que él se babeaba todo, incluso por su tesorito, un nieto precioso. Cariñosamente lo llamaba ‘el pelado’, era alto y de ojos marrones.
El me aconsejaba como a una hija, solo quería que fuera feliz, y no me juzgaba, me aceptaba tal cual era, a él no le molestaba que a mí me gustaran las mujeres, cosa que era un problema, porque todos se llenan la boca hablando de las ‘igualdades’ y la ‘no discriminación’ pero la realidad es que las minorías, incluidas las lesbianas somos despreciadas por las mayorías, inclusos muchas veces tratadas como degeneradas, o enfermas, como si una pudiera ‘curarse’ con una vacuna mágica.
Pero yo no había elegido ser lo que era, no invadía a nadie, no cambiaría el curso del mundo, apenas era un alma tratando de ser feliz entre cuatro paredes, y a quien le importaría lo que hiciera en la intimidad?
Volviendo a nuestro amigo, el solo tenía un pedido hacia mí, una dulce perversión, él solo deseaba verme haciendo el amor cono otra chica, solo eso, tan simple como eso. Y en mi loca cabecita rondaba la posibilidad de hacerlo, me excitaba con eso, pero una cosa es imaginarlo y otra hacerlo, tal vez no funcionaría, una tiene su intimidad y seguramente no sería fácil desnudarse y tener sexo delante de alguien como una prostituta barata…
Y había otro pequeño problema no menor a tener en cuenta, quien sería mi compañera para la ocasión?
Sin dudas la candidata era Sandra, la mujer a quien le había entregado mi corazón, para mis ojos ella era sencillamente perfecta, un poco más baja que yo, de un rostro envidiablemente bonito, de largos cabellos negros que caían en grandes bucles, unos llamativos y expresivos ojos, oscuros como la noche, de facciones perfectas, de pequeña nariz y labios carnosos dibujados a mano. Siempre le insistía en que su futuro era el modelaje, esos rostros que encajaban perfectos para propagandas de cosméticos, pero ella solo reía y se abocaba a su carrera, medicina.
San, como acostumbraba a llamarla estaba orgullosa de su regordete trasero, pero de mi parte lo más llamativo eran sus enormes pechos, envidiablemente generosos, y lo mejor, eran naturales, no tenía prótesis como yo.
Sandra era la chica más dulce y cariñosa que jamás hubiera imaginado conocer, sus palabras, sus gestos, sus caricias, ella era mi mitad, mi esencia, mi complemento.
Me encantaban sus detalles, ese lunar por encima de su labio superior, tan único, siempre perfectamente vestida, sus largas uñas esculpidas, su rostro maquillado, sus ojos delineados, sus aros de generosas dimensiones, su embriagador perfume, sus infaltables tacos altos de más de quince centímetros, era hecha a mi medida, una geminiana perfeccionista hasta el hartazgo.
Convencerla no fue fácil, cuando se lo propuse lo hice con mucho miedo, con recelo, esperando la peor de las respuestas, pero no, sinceramente me descolocó cuando con su pícara sonrisa me contestó desafiante:
Y por qué no?
Igual, desde esa propuesta hasta la concreción pasó poco más de un año, debí dejar que ellos se conocieran, que se escribieran, que se hablaran, necesitaba que todo se sincronice como la maquinaria de un reloj, que ella fuera permeable a él y que él pudiera traspasar su alma.
Al fin las cosas se dieron, claro, tuvimos que sentarnos a discutir algunos temas, a pesar de ser Pedro quien había propuesto el encuentro, él tuvo que aceptar algunos detalles de nuestra parte, somos el sexo débil, y sabemos sacar provecho de eso. Nosotras debíamos estar cómodas, caso contrario no se vería natural y no queríamos regalarle un encuentro pornográfico, para eso él podría haber pagado a dos prostitutas, pero esto era diferente, él quería vernos hacer el amor.
San y yo trazamos un plan, queríamos regalarle el mejor espectáculo, y para eso todo debía ser perfecto, y más con una mujer como yo, perfeccionista el extremo.
Aprovechando mi profesión, por cierto, hago modelajes de trajes de baño sumamente pequeños y eróticos, había seleccionado unas prendas y hacía ya un mes que San y yo nos veníamos bronceando al sol, siempre me gustó como se ven los cuerpos femeninos bronceados y como quedan delineadas en blanco las marcas que dejan las diminutas prendas.
Para esa tarde incluso había teñido nuevamente mis cabellos a rubio y me había puesto mis lentes de contacto color verdes, me pareció que para Pedro sería más atractivo el contraste de una morocha con una rubia. Habíamos depilado nuestros sexos mutuamente, incluso hicimos el amor, pero esa es otra historia
San estaba hermosa, y reconozco que se veía muy puta, con ese diminuto traje de baño en animal print, sus pechos parecían explotar y escaparse en cualquier momento, la tela se veía desbordada, siempre sobre sus altos tacos. Por mi parte, había elegido un conjunto blanco que hacía resaltar mi piel bronceada.
Pedro llegó puntual, al atardecer, cuando el sol de verano se apiadaba un poco, sus ojos no daban crédito a lo que veían, nosotras estábamos muy juntas tomadas por la cintura. Creo que casi le da un infarto, curiosamente fue el quién se puso más nervioso, comenzó a tartamudear, gotas de transpiración comenzaron a poblar su pelada, me reí y lo abracé como una hija, puse una mano en su pecho, su corazón parecía saltar del mismo, me asusté, lo miré y le dije:
Tranquilo papi!
San observaba con una sonrisa dibujada en sus labios, nuestro amigo estaba tan nervioso que ni siquiera se atrevía a devolverme el abrazo, me puse en sus zapatos por un momento y seguí
Pedro, hacemos esto porque queremos, no te pongas mal, no nos obligas a nada…
Besé su mejilla como su hija lo hubiera besado, entre ambas lo acompañamos al dormitorio, donde habíamos acomodado un sillón contra el ventanal que daba al patio, ese sería ‘su puesto de observación’, parte de nuestras condiciones fueron que no estuviera en contacto directo con nosotras, necesitábamos intimidad y el vidrio espejado suponía de alguna manera dividir fronteras.
Dejamos a Pedro en el cuarto y fuimos al patio donde habíamos acomodado algunas cosas, el sol empezaba a esconderse, pusimos música suave, las altas paredes de las casas linderas nos daban cierta intimidad, pero a al mismo tiempo sentíamos la locura de hacerlo a la intemperie, miramos la ventana que estaba a pocos metros, el espejado no nos permitía ver a Pedro, pero él estaba al otro lado…
Devíamos ter esquecido dele, era necessário pra fazer o love, isso não era um show…
Deixamos nossos calçados, pisamos na grama, nos olhamos cúmplices, eu tava loucamente apaixonada pela San, ela correspondia, nos demos as mãos, fomos até a borda da piscina, entramos nela, a água tava quentinha, brincamos como meninas, sorrimos.
Logo a brincadeira tinha acabado, olhei fixo nos olhos dela, o pequeno biquíni molhado tinha grudado na pele dela, os mamilos marcavam como duas protuberâncias, as gotas de umidade cobriam a perfeição das curvas dela, notei que os olhos dela não me olhavam diretamente, ela tava abstraída focando um pouco mais pra baixo, baixei meu olhar, notei que meu sutiã branco molhado tava transparente demais, marcando meus próprios mamilos, a auréola do meu peito esquerdo tinha escapado insinuante pela lateral da lycra, me senti molhar, molhar por dentro…
Minha rainha, eu te amo, sabe o quanto eu te amo…
Eu também te amo, bebê…
Não houve mais palavras, só a vontade de nos agradar mutuamente, de ser só uma, fundidas pelo calor, pela paixão, ficamos de frente uma pra outra, nos encontramos, acariciei o rosto dela, ela retribuiu a gentileza, desejei os lábios dela, fui neles, se fundiram contra os meus, fechamos nossos olhos, invadi a boca dela com minha língua e ela fez o mesmo na minha, nos amamos na borda da piscina.
Apesar do calor do verão, a brisa que acariciava nossas peles fazia dar uns arrepios de vez em quando, os peitos dela estavam contra os meus, percorri o corpo dela com minhas mãos, a San parou com as dela nos meus glúteos grandes e nus, de vez em quando pegava a diminuta fio dental que se perdia no meio deles pra puxar sutilmente pra cima, fazendo pressão na minha buceta, roçando meu esfíncter, me fazendo suspirar.
Soltiei com delicadeza os nós do sutiã dela, deixando cair na água, os peitos enormes dela emergiram ameaçadores, acreditem, tamanha perfeição não pode ser descrita com palavras, ela soltou Então, a gente se fundiu de novo. Meus pezões delicados e excitados sentiram o roçar e a textura dos dela, a gente se acariciou peito contra peito, feito sinos de igreja balançando devagar de um lado pro outro. O calor aumentava entre nós. Beijei o pescoço dela, a garganta, minhas mãos não conseguiam segurar aquelas circunferências lindas. Me inclinei um pouco mais, estavam frios, brancos, as aréolas morenas saltavam aos olhos, eram macios, firmes, de dar água na boca. Beijei os biquinhos dela e eles brotaram na hora como resposta, um, o outro. Simulei mordiscar com todo cuidado. San ia se perdendo, tava excitada, se entregava aos poucos.
Lembrei que Pedro tava olhando e com certeza não teria o melhor ângulo, então girei minha mulher no eixo dela. Agora as duas olhávamos pra janela, ela na frente, eu atrás. Ele teria um close, então por trás passei meus braços por baixo dos dela pra acariciar os peitos dela, enquanto esfregava minhas costas nas dele. Meus lábios voltaram a beijar o pescoço dela e sussurrei devagar no ouvido:
"Te amo, gostosa, você me deixa louca..."
Desci uma das minhas mãos, percorri a barriga dela, desci mais ainda, cheguei na frente do biquíni dela e passei meus dedos por baixo, pra sentir na ponta dos dedos a maciez da buceta depilada dela. Fui o mais fundo que pude, pra sentir a umidade gostosa da boceta dela. Imaginava Pedro babando do outro lado. Terminei de despir ela, beijei a bunda linda dela, fiz ela sentar na beirada com as pernas abertas pra ele ver. Me perdi no meio, beijei as coxas dela, fervia por dentro. A buceta dela tava toda aberta pra mim, e pra ele. Passei minha língua devagar pela fenda dela, o gosto de mulher veio até mim, o néctar dela era tentador. Ela acariciava os próprios peitos enquanto eu beijava os lábios dela, grossos e macios. Entregue, ela só gemia, de olhos fechados, mordendo o dedo indicador enquanto a outra mão percorria os peitos dela que brotavam feito montanhas enormes.
Enfiei meus dedos médio Enfiei o dedo na caverna dela, acariciei por dentro, apoiei o polegar no esfínter dela e aumentei a pressão, minha língua percorria o clitóris dela, em círculos, pra cima, pra baixo.
San recobrou a sanidade e me impediu de continuar, não queria gozar, ainda não, me olhou com o pecado nos olhos e disse:
Meu doce, agora deixa comigo…
Observei a janela, não sabia o quanto Pedro realmente podia ver, mas terminei de me despir e me entreguei aos olhos dele, comecei a me masturbar, meus peitos, minha buceta, imaginei que isso ia excitar ele, mordi meus lábios, San agora brincava com meus seios, via ela lambendo eles com fome, minha buceta desejava ela, me abri pra ela e implorei, ela se ajeitou, pegou um dos peitos dela com a mão e começou a raspar meu clitóris com o mamilo dela, pacientemente, uma vez, outra, e mais outra, Deus… como era gostoso! a boca dela grudou agora na minha intimidade, e o peito dela, e de novo a boca dela, eu gemia…
Chega! Chega, por favor!...
A gente tava no auge, San segurou meus tornozelos e puxando minhas pernas pra trás me abriu igual uma flor, veio por cima de mim, quase de cócoras, encostou a buceta dela na minha, o grelinho dela no meu, começou a esfregar um no outro, como se tivesse possuída, a gente se perdeu num mar de prazer, a gente gemia igual gata no cio, na minha mente passava a imagem do Pedro nos observando e isso só jogava gasolina na fogueira, sentia os sucos da buceta da minha amada se misturarem com os meus, quis compartilhar o prazer, me levantei um pouco, quase sentadas de frente uma pra outra, cruzamos nossas pernas, colamos buceta com buceta, nossas intimidades depiladas e entre nós duas começamos a viagem final pro paraíso, a gente se olhou desafiadora, a loira, a morena, via o prazer na cara dela, aumentamos o ritmo, nossos peitos balançavam sem controle, logo não conseguimos mais manter o olhar, o poder dos orgasmos que vinham nos faziam fraquejar, a gente gritou, gozou, uma infinidade de pequenos orgasmos, orgasmos enormes, caímos exaustas, rendidas, tudo por Pedro.
E de fato Isso já teria bastado, era tudo o que ele sempre nos pediu, mas por que as coisas tinham que ser do jeito dele? Eu queria dar uma surpresa pra ele, uma sobremesa, queria ser especial...
San já sabia, porque a gente tinha conversado, então me ajeitei bem de quatro, Luis sempre elogiou minha bunda perfeita e ele teria uma visão privilegiada das minhas ancas largas.
Meu amor pegou o lubrificante que já tinha deixado à mão e começou a lubrificar meu cu, a brincar nele, iniciando um jogo que eu adorava praticar com San, mas que nunca tinha contado pro Pedro.
San enfiou os dedos anelar, indicador e médio no meu rabo, enfiando e tirando, pra eu ir me acostumando, meu peito tava no chão e minhas mãos abrindo minhas nádegas, San logo fez pressão adicionando o mindinho, brincando em espiral, entrando e saindo, até encostar no dedão.
Logo o prazer seria supremo, San fechou o punho delicado, lubrificou e empurrou devagar, parecia que ia me rasgar, mas finalmente meu cu cedeu e eu senti ela enfiar o antebraço, uma vez e outra, meu prazer era imaginar o Pedro do outro lado, vendo minha bunda bronzeada, a marquinha pequena do meu biquíni, fazendo configurações geométricas entre as esferas enormes dos meus glúteos com a pequenez do triângulo pecaminoso, minha buceta carnuda, meu cu dilatado, tudo aberto pra ele, perversamente aberto.
Tava anoitecendo, era hora de terminar, San e eu voltamos pra piscina, pra nos acalmar, peladas, nos beijamos, nos acariciamos mais uma vez, juramos amor eterno.
Pedro chegou então no quintal, batendo palmas devagar, olhei nos olhos dele, brilhavam, achei que vi uma lágrima aparecer, como um diretor de cinema que se emociona depois de contemplar sua obra-prima.
Não tem muito mais o que relatar, muito mais o que dizer, agradecer ao Pedro por ser tão maravilhoso, meu pai do coração, e ter tido a oportunidade de realizar um sonho dele, e à Sandra, a mulher mais linda e perfeita que pudesse existir, sabe que te amo!
Se você gostou e quer comentar sobre essa história, me escreva com o título ‘O DESEJO DE PEDRO’ para dulces.placeres@live.com
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4084661/Mi-amada-esposa.html
No te vas a arrepentir
EL DESEO DE PEDRO
Había conocido a Pedro por casualidad, él fue quien me contactó por correo, le respondí y así empezó nuestra relación, él era un hombre diferente, él no buscaba en mi lo que todos buscaban, todos aquellos conocí vinieron por mi cuerpo, pero, Pedro venía por mi alma, por mi corazón, por mi espíritu.
Siempre me había parecido un ser maravilloso, desinteresado, frontal y auténtico, a él no hacía falta mentirle, esquivarle, o ignorarlo, no lo veía como un hombre en busca de un encuentro, lo veía como un padre, como el padre que nunca tuve.
Pedro era bastante mayor que yo, sabía que era casado, tenía demasiados años de casado, me había confesado que su esposa había sido su única mujer, su única novia, desde que eran jóvenes estudiantes, época en la que yo recién llegaba al mundo.
Tenía tres hijas que más o menos rondaban mi edad por las que él se babeaba todo, incluso por su tesorito, un nieto precioso. Cariñosamente lo llamaba ‘el pelado’, era alto y de ojos marrones.
El me aconsejaba como a una hija, solo quería que fuera feliz, y no me juzgaba, me aceptaba tal cual era, a él no le molestaba que a mí me gustaran las mujeres, cosa que era un problema, porque todos se llenan la boca hablando de las ‘igualdades’ y la ‘no discriminación’ pero la realidad es que las minorías, incluidas las lesbianas somos despreciadas por las mayorías, inclusos muchas veces tratadas como degeneradas, o enfermas, como si una pudiera ‘curarse’ con una vacuna mágica.
Pero yo no había elegido ser lo que era, no invadía a nadie, no cambiaría el curso del mundo, apenas era un alma tratando de ser feliz entre cuatro paredes, y a quien le importaría lo que hiciera en la intimidad?
Volviendo a nuestro amigo, el solo tenía un pedido hacia mí, una dulce perversión, él solo deseaba verme haciendo el amor cono otra chica, solo eso, tan simple como eso. Y en mi loca cabecita rondaba la posibilidad de hacerlo, me excitaba con eso, pero una cosa es imaginarlo y otra hacerlo, tal vez no funcionaría, una tiene su intimidad y seguramente no sería fácil desnudarse y tener sexo delante de alguien como una prostituta barata…
Y había otro pequeño problema no menor a tener en cuenta, quien sería mi compañera para la ocasión?
Sin dudas la candidata era Sandra, la mujer a quien le había entregado mi corazón, para mis ojos ella era sencillamente perfecta, un poco más baja que yo, de un rostro envidiablemente bonito, de largos cabellos negros que caían en grandes bucles, unos llamativos y expresivos ojos, oscuros como la noche, de facciones perfectas, de pequeña nariz y labios carnosos dibujados a mano. Siempre le insistía en que su futuro era el modelaje, esos rostros que encajaban perfectos para propagandas de cosméticos, pero ella solo reía y se abocaba a su carrera, medicina.
San, como acostumbraba a llamarla estaba orgullosa de su regordete trasero, pero de mi parte lo más llamativo eran sus enormes pechos, envidiablemente generosos, y lo mejor, eran naturales, no tenía prótesis como yo.
Sandra era la chica más dulce y cariñosa que jamás hubiera imaginado conocer, sus palabras, sus gestos, sus caricias, ella era mi mitad, mi esencia, mi complemento.
Me encantaban sus detalles, ese lunar por encima de su labio superior, tan único, siempre perfectamente vestida, sus largas uñas esculpidas, su rostro maquillado, sus ojos delineados, sus aros de generosas dimensiones, su embriagador perfume, sus infaltables tacos altos de más de quince centímetros, era hecha a mi medida, una geminiana perfeccionista hasta el hartazgo.
Convencerla no fue fácil, cuando se lo propuse lo hice con mucho miedo, con recelo, esperando la peor de las respuestas, pero no, sinceramente me descolocó cuando con su pícara sonrisa me contestó desafiante:
Y por qué no?
Igual, desde esa propuesta hasta la concreción pasó poco más de un año, debí dejar que ellos se conocieran, que se escribieran, que se hablaran, necesitaba que todo se sincronice como la maquinaria de un reloj, que ella fuera permeable a él y que él pudiera traspasar su alma.
Al fin las cosas se dieron, claro, tuvimos que sentarnos a discutir algunos temas, a pesar de ser Pedro quien había propuesto el encuentro, él tuvo que aceptar algunos detalles de nuestra parte, somos el sexo débil, y sabemos sacar provecho de eso. Nosotras debíamos estar cómodas, caso contrario no se vería natural y no queríamos regalarle un encuentro pornográfico, para eso él podría haber pagado a dos prostitutas, pero esto era diferente, él quería vernos hacer el amor.
San y yo trazamos un plan, queríamos regalarle el mejor espectáculo, y para eso todo debía ser perfecto, y más con una mujer como yo, perfeccionista el extremo.
Aprovechando mi profesión, por cierto, hago modelajes de trajes de baño sumamente pequeños y eróticos, había seleccionado unas prendas y hacía ya un mes que San y yo nos veníamos bronceando al sol, siempre me gustó como se ven los cuerpos femeninos bronceados y como quedan delineadas en blanco las marcas que dejan las diminutas prendas.
Para esa tarde incluso había teñido nuevamente mis cabellos a rubio y me había puesto mis lentes de contacto color verdes, me pareció que para Pedro sería más atractivo el contraste de una morocha con una rubia. Habíamos depilado nuestros sexos mutuamente, incluso hicimos el amor, pero esa es otra historia
San estaba hermosa, y reconozco que se veía muy puta, con ese diminuto traje de baño en animal print, sus pechos parecían explotar y escaparse en cualquier momento, la tela se veía desbordada, siempre sobre sus altos tacos. Por mi parte, había elegido un conjunto blanco que hacía resaltar mi piel bronceada.
Pedro llegó puntual, al atardecer, cuando el sol de verano se apiadaba un poco, sus ojos no daban crédito a lo que veían, nosotras estábamos muy juntas tomadas por la cintura. Creo que casi le da un infarto, curiosamente fue el quién se puso más nervioso, comenzó a tartamudear, gotas de transpiración comenzaron a poblar su pelada, me reí y lo abracé como una hija, puse una mano en su pecho, su corazón parecía saltar del mismo, me asusté, lo miré y le dije:
Tranquilo papi!
San observaba con una sonrisa dibujada en sus labios, nuestro amigo estaba tan nervioso que ni siquiera se atrevía a devolverme el abrazo, me puse en sus zapatos por un momento y seguí
Pedro, hacemos esto porque queremos, no te pongas mal, no nos obligas a nada…
Besé su mejilla como su hija lo hubiera besado, entre ambas lo acompañamos al dormitorio, donde habíamos acomodado un sillón contra el ventanal que daba al patio, ese sería ‘su puesto de observación’, parte de nuestras condiciones fueron que no estuviera en contacto directo con nosotras, necesitábamos intimidad y el vidrio espejado suponía de alguna manera dividir fronteras.
Dejamos a Pedro en el cuarto y fuimos al patio donde habíamos acomodado algunas cosas, el sol empezaba a esconderse, pusimos música suave, las altas paredes de las casas linderas nos daban cierta intimidad, pero a al mismo tiempo sentíamos la locura de hacerlo a la intemperie, miramos la ventana que estaba a pocos metros, el espejado no nos permitía ver a Pedro, pero él estaba al otro lado…
Devíamos ter esquecido dele, era necessário pra fazer o love, isso não era um show… Deixamos nossos calçados, pisamos na grama, nos olhamos cúmplices, eu tava loucamente apaixonada pela San, ela correspondia, nos demos as mãos, fomos até a borda da piscina, entramos nela, a água tava quentinha, brincamos como meninas, sorrimos.
Logo a brincadeira tinha acabado, olhei fixo nos olhos dela, o pequeno biquíni molhado tinha grudado na pele dela, os mamilos marcavam como duas protuberâncias, as gotas de umidade cobriam a perfeição das curvas dela, notei que os olhos dela não me olhavam diretamente, ela tava abstraída focando um pouco mais pra baixo, baixei meu olhar, notei que meu sutiã branco molhado tava transparente demais, marcando meus próprios mamilos, a auréola do meu peito esquerdo tinha escapado insinuante pela lateral da lycra, me senti molhar, molhar por dentro…
Minha rainha, eu te amo, sabe o quanto eu te amo…
Eu também te amo, bebê…
Não houve mais palavras, só a vontade de nos agradar mutuamente, de ser só uma, fundidas pelo calor, pela paixão, ficamos de frente uma pra outra, nos encontramos, acariciei o rosto dela, ela retribuiu a gentileza, desejei os lábios dela, fui neles, se fundiram contra os meus, fechamos nossos olhos, invadi a boca dela com minha língua e ela fez o mesmo na minha, nos amamos na borda da piscina.
Apesar do calor do verão, a brisa que acariciava nossas peles fazia dar uns arrepios de vez em quando, os peitos dela estavam contra os meus, percorri o corpo dela com minhas mãos, a San parou com as dela nos meus glúteos grandes e nus, de vez em quando pegava a diminuta fio dental que se perdia no meio deles pra puxar sutilmente pra cima, fazendo pressão na minha buceta, roçando meu esfíncter, me fazendo suspirar.
Soltiei com delicadeza os nós do sutiã dela, deixando cair na água, os peitos enormes dela emergiram ameaçadores, acreditem, tamanha perfeição não pode ser descrita com palavras, ela soltou Então, a gente se fundiu de novo. Meus pezões delicados e excitados sentiram o roçar e a textura dos dela, a gente se acariciou peito contra peito, feito sinos de igreja balançando devagar de um lado pro outro. O calor aumentava entre nós. Beijei o pescoço dela, a garganta, minhas mãos não conseguiam segurar aquelas circunferências lindas. Me inclinei um pouco mais, estavam frios, brancos, as aréolas morenas saltavam aos olhos, eram macios, firmes, de dar água na boca. Beijei os biquinhos dela e eles brotaram na hora como resposta, um, o outro. Simulei mordiscar com todo cuidado. San ia se perdendo, tava excitada, se entregava aos poucos.
Lembrei que Pedro tava olhando e com certeza não teria o melhor ângulo, então girei minha mulher no eixo dela. Agora as duas olhávamos pra janela, ela na frente, eu atrás. Ele teria um close, então por trás passei meus braços por baixo dos dela pra acariciar os peitos dela, enquanto esfregava minhas costas nas dele. Meus lábios voltaram a beijar o pescoço dela e sussurrei devagar no ouvido:
"Te amo, gostosa, você me deixa louca..."
Desci uma das minhas mãos, percorri a barriga dela, desci mais ainda, cheguei na frente do biquíni dela e passei meus dedos por baixo, pra sentir na ponta dos dedos a maciez da buceta depilada dela. Fui o mais fundo que pude, pra sentir a umidade gostosa da boceta dela. Imaginava Pedro babando do outro lado. Terminei de despir ela, beijei a bunda linda dela, fiz ela sentar na beirada com as pernas abertas pra ele ver. Me perdi no meio, beijei as coxas dela, fervia por dentro. A buceta dela tava toda aberta pra mim, e pra ele. Passei minha língua devagar pela fenda dela, o gosto de mulher veio até mim, o néctar dela era tentador. Ela acariciava os próprios peitos enquanto eu beijava os lábios dela, grossos e macios. Entregue, ela só gemia, de olhos fechados, mordendo o dedo indicador enquanto a outra mão percorria os peitos dela que brotavam feito montanhas enormes.
Enfiei meus dedos médio Enfiei o dedo na caverna dela, acariciei por dentro, apoiei o polegar no esfínter dela e aumentei a pressão, minha língua percorria o clitóris dela, em círculos, pra cima, pra baixo.
San recobrou a sanidade e me impediu de continuar, não queria gozar, ainda não, me olhou com o pecado nos olhos e disse:
Meu doce, agora deixa comigo…
Observei a janela, não sabia o quanto Pedro realmente podia ver, mas terminei de me despir e me entreguei aos olhos dele, comecei a me masturbar, meus peitos, minha buceta, imaginei que isso ia excitar ele, mordi meus lábios, San agora brincava com meus seios, via ela lambendo eles com fome, minha buceta desejava ela, me abri pra ela e implorei, ela se ajeitou, pegou um dos peitos dela com a mão e começou a raspar meu clitóris com o mamilo dela, pacientemente, uma vez, outra, e mais outra, Deus… como era gostoso! a boca dela grudou agora na minha intimidade, e o peito dela, e de novo a boca dela, eu gemia…
Chega! Chega, por favor!...
A gente tava no auge, San segurou meus tornozelos e puxando minhas pernas pra trás me abriu igual uma flor, veio por cima de mim, quase de cócoras, encostou a buceta dela na minha, o grelinho dela no meu, começou a esfregar um no outro, como se tivesse possuída, a gente se perdeu num mar de prazer, a gente gemia igual gata no cio, na minha mente passava a imagem do Pedro nos observando e isso só jogava gasolina na fogueira, sentia os sucos da buceta da minha amada se misturarem com os meus, quis compartilhar o prazer, me levantei um pouco, quase sentadas de frente uma pra outra, cruzamos nossas pernas, colamos buceta com buceta, nossas intimidades depiladas e entre nós duas começamos a viagem final pro paraíso, a gente se olhou desafiadora, a loira, a morena, via o prazer na cara dela, aumentamos o ritmo, nossos peitos balançavam sem controle, logo não conseguimos mais manter o olhar, o poder dos orgasmos que vinham nos faziam fraquejar, a gente gritou, gozou, uma infinidade de pequenos orgasmos, orgasmos enormes, caímos exaustas, rendidas, tudo por Pedro.
E de fato Isso já teria bastado, era tudo o que ele sempre nos pediu, mas por que as coisas tinham que ser do jeito dele? Eu queria dar uma surpresa pra ele, uma sobremesa, queria ser especial...
San já sabia, porque a gente tinha conversado, então me ajeitei bem de quatro, Luis sempre elogiou minha bunda perfeita e ele teria uma visão privilegiada das minhas ancas largas.
Meu amor pegou o lubrificante que já tinha deixado à mão e começou a lubrificar meu cu, a brincar nele, iniciando um jogo que eu adorava praticar com San, mas que nunca tinha contado pro Pedro.
San enfiou os dedos anelar, indicador e médio no meu rabo, enfiando e tirando, pra eu ir me acostumando, meu peito tava no chão e minhas mãos abrindo minhas nádegas, San logo fez pressão adicionando o mindinho, brincando em espiral, entrando e saindo, até encostar no dedão.
Logo o prazer seria supremo, San fechou o punho delicado, lubrificou e empurrou devagar, parecia que ia me rasgar, mas finalmente meu cu cedeu e eu senti ela enfiar o antebraço, uma vez e outra, meu prazer era imaginar o Pedro do outro lado, vendo minha bunda bronzeada, a marquinha pequena do meu biquíni, fazendo configurações geométricas entre as esferas enormes dos meus glúteos com a pequenez do triângulo pecaminoso, minha buceta carnuda, meu cu dilatado, tudo aberto pra ele, perversamente aberto.
Tava anoitecendo, era hora de terminar, San e eu voltamos pra piscina, pra nos acalmar, peladas, nos beijamos, nos acariciamos mais uma vez, juramos amor eterno.
Pedro chegou então no quintal, batendo palmas devagar, olhei nos olhos dele, brilhavam, achei que vi uma lágrima aparecer, como um diretor de cinema que se emociona depois de contemplar sua obra-prima.
Não tem muito mais o que relatar, muito mais o que dizer, agradecer ao Pedro por ser tão maravilhoso, meu pai do coração, e ter tido a oportunidade de realizar um sonho dele, e à Sandra, a mulher mais linda e perfeita que pudesse existir, sabe que te amo!
Se você gostou e quer comentar sobre essa história, me escreva com o título ‘O DESEJO DE PEDRO’ para dulces.placeres@live.com
2 comentários - O desejo do Pedro