No dejes de pasar por mi mejor post
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No te vas a arrepentir!
EL DELFIN NEGRO
Fines del dos mil dos, era apenas una veinteañera que había decidido hacerse su primer tatoo, unas pequeñas gaviotas apenas debajo de la nuca.
Siempre me gustaron las aves, sus vuelos me inspiran libertad, y envidio esa posibilidad que tienen de separar las patas del suelo y poder ver el mundo desde otra perspectiva.
Busqué varios sitios al azar, y en esa búsqueda conocí a Roque, la persona que sería quien plasmaría ese dibujo en mi piel.
Lo elegí porque me dio confianza y me explicó serenamente como haría el trabajo, su voz me dio seguridad en ese momento, aunque mientras él hablaba yo solo miraba sus enormes ojos verdes, diablos… que ojos!
Roque era un joven que no me llevaba muchos años, de cabellos entre castaños y rubios, bastante más alto que yo, bastante fornido, y con varios tatuajes en su piel que despertaron mi curiosidad.
Ese primer tatoo dio pie a que empezara una relación de amistad en principio, empecé a visitarlo casi a diario, me gustaba cebarle unos mates mientras compartíamos algunas facturas o biscochos, todo se fue dando, nos enamoramos y terminamos armando nuestra familia.
Voy a hacer una mención de Marcelo, amigo íntimo de Roque, a quien también conocí en esos días, y con quien de alguna manera establecí también una amistad. Nunca me pareció atractivo, al menos no de mi tipo de hombre, de cabellos rizados, oscuros, como sus ojos, bastante musculoso, grandote, de labios gruesos, creo que su mejor cualidad era su simpatía, al menos lo más me llamó la atención de él.
Como dije, en esos momentos… solo buenos amigos.
La convivencia con Roque empezó viento en popa, fuimos felices, en esos primeros años, me regaló varios tatuajes, siempre me gustaron los pequeños, tatuajes que significaran algo para mí, como esas gaviotas…
Pero con el correr de los años todo se fue desgastando, solo sucedió… no fueron peleas, ni gritos, ni nada, solo poco a poco la llama se fue apagando y fue cuando Marcelo…
A medida que mi relación con mi esposo se iba enfriando, empecé a sentirme sola, desprotegida, frágil, y encontré en su amigo un apoyo, y empecé a conocerlo como hombre.
Empecé a encontrarme a escondidas con él, me confesó que siempre había estado enamorado de mí, pero que, por respeto a mi marido, su amigo, nunca había dicho nada, en principio eran solo charlas, pero luego intentó robarme un beso, y mis defensas poco a poco cayeron… cuando me di cuenta, me había atado a ese hombre y le había sido infiel a Roque, su mejor amigo…
Fines del dos mil diez, cambiaba de hombre, Roque y yo quedamos muy bien, solo se había terminado, lo nuestro fue edificar un castillo hermoso a orillas del mar, lo descuidamos, no le dimos importancia y cuando nos dimos cuenta, las olas y el viento se había llevado todo…
Sabía de lo mío con su amigo, no le molestó, hasta vio con alegría que, si yo había elegido otro hombre, ese hombre sea su mejor amigo…
Y empecé mis días de convivencia con Marcelo y ahora creo que el error fue no haber cortado los lazos con Roque, porque ellos siguieron siendo mejores amigos y yo lo seguí frecuentando, y me di cuenta de que el haberlo perdido solo había despertado el deseo nuevamente, porque diablos… esos ojos verdes…
En resumen, era feliz junto a Marcelo, pero añoraba mis días con Roque…
La loca situación que leerán a continuación ocurrió hace un par de años, Marcelo quería formalizar nuestra situación de pareja, un casamiento por civil, anillos, fiesta, todas esas cosas, pero yo siempre fui enemiga de todas las formalidades, así que puse mala cara a su idea, pensamos las cosas y decidimos hacernos un nuevo tatoo, cada uno el mismo, que simbolizaran esos anillos que nunca tendríamos…
Pensamos un poco, descartamos algunas ideas y decidimos hacernos un delfín negro, símbolo de la fidelidad, rodeado por pequeñas estrellas.
Le pedí a Marcelo que se lo hiciera en su pecho, cerca de su corazón, me pareció muy romántico. El por su parte, eligió mi pubis, algo muy íntimo, cerca de mi clítoris, lugar que siempre queda oculto bajo la ropa interior, me reí mucho con su loca idea, pero por qué no darle el gusto?
Y ya adivinarán que sucedió… a quien recurrimos por ese tatuaje, si… Roque, quien si no… él y Marcelo eran como hermanos y yo era su ex, conocía cada rincón de mi cuerpo y no habría nada nuevo para él, ni para mí, ni promiscuo o vergonzoso en esta situación.
Y todo lo que se suponía un simple trámite cambió sin quererlo…
Esa mañana Marcelo se tomó el trabajo de depilarme por completo, dejando mi sexo como el de una niña pequeña, usó un jabón mentolado que me dio cierta excitación, como adelantando lo que vendría.
Viajamos a lo de Roque, mi ex dejó en claro la situación, él iba a ser muy profesional con todo, por respeto a su amigo, quien se quedaría observando a un costado y por respeto a mi persona, así que me pidió que pasara al baño y me desnudara de la cintura para abajo y me ofreció una toalla blanca para que me cubriera.
Roque empezó a preparar sus cosas, sus instrumentos, sus guantes, Marcelo solo se acomodó en una silla, al costado y yo me dirigí al baño a quitarme la ropa. Mientras lo hacía, escuché sus jocosas charlas de hombres, hablaban de futbol, cosas que no eran de mi interés.
Pasados unos minutos, estaba desnuda de la cintura para abajo, ajusté la toalla en mis caderas y salí de regreso, ahí me sentí raramente observada por los dos hombres que se quedaron mudos en un silencio sepulcral, ahí estaban los dos viejos amigos clavando su vista en mi figura, mi hombre actual, al que amaba, mi hombre anterior, al que añoraba…
Un escalofrío corrió por mí espalda, solo tuve una rara sensación, un presentimiento, las cosas no serían solo un trámite como había imaginado.
Me acomodei na maca, ficando de lado pro Marcelo, que observava tudo com toda atenção. O Roque, com muito cuidado e respeito, baixou a toalha bem, bem até onde começa a linha da minha buceta, me senti estranha… e aí ele começou a desenhar o modelo de golfinho com estrelas que já tínhamos combinado…
E comecei a sentir os dedos dele no meu púbis, tão, mas tão perto… e os braços dele apoiados nas minhas pernas, e a respiração dele na minha pele, caralho, ainda sentia a química, um estranho tão íntimo…
Deixei minha cabeça cair de lado, meus olhos se cruzaram com os do Marcelo, e senti uma conexão estranha, senti que ele curtia me ver naquela situação.
Os minutos passavam e tudo isso me levou pra um lugar perigoso, pra um lugar onde eu não queria estar… senti meus mamilos duros debaixo do sutiã, e aquela eletricidade percorrendo meu corpo, senti que ficava molhada, e é inútil, quando a gente não quer… parece de propósito, só acontece o contrário…
A atmosfera tinha ficado pesada, o silêncio ficou tenso, os olhos do Marcelo me queimavam, suspirei fundo e fechei os olhos tentando desviar do olhar dele, mas sabia que ele me olhava…
Quando o Roque terminou os preparativos e começou a tatuar minha pele, senti que morria, senti que me perdia, sempre fui meio masoquista, mas essa dor doce tão perto do meu clitóris era demais, senti que começava a me molhar horrores, senti vontade de me tocar, e o Marcelo me observando só aumentava meu fogo.
Como se já não bastasse, a toalha parecia escorregar, insistentemente, irritando o Roque, até que de repente ele só arrancou ela e jogou com raiva, porra… como dizer, minha xota depilada totalmente nua diante dos olhos dele, numa posição super desconfortável pra mim, porque o Marcelo até parecia cúmplice de tudo, observando como o amigo dele colocava os dedos a milímetros da loucura…
Eu só ficava mais molhada, mais molhada e mais molhada, apertei os punhos com força, fechei os olhos, não consegui evitar, um orgasmo me pegou de surpresa. Todo o transe, não soube se eles notaram, não soube se soltei algum gemido, não soube… só não soube…
Casualidade ou não, foi quando o Roque parou e me pediu pra ir na frente do espelho ver como tava tudo, se eu tava gostando da silhueta do golfinho preto. Ele me alcançou a toalha, mas resolvi me fazer de boba e deixei ela de lado. Me levantei semi nua e caminhei até o espelho de parede, mas não olhei pro meu pubis depilado e pra tatuagem que começava a tomar forma, só olhei pelo espelho o que rolava atrás de mim. Os dois homens continuavam imóveis, olhando pra minha bunda, é que eu tenho uma bunda gostosa…
E me senti uma puta naquele momento, tinha a atenção de dois homens só pra mim…
Voltei pra maca com um sorriso nos lábios, mas algo me envergonhou quando cheguei. Em cima do lençol tinha uma mancha circular enorme, produto dos meus fluidos que eu não tinha notado quando levantei. Fiquei em silêncio e senti vergonha, como diabos eu tinha escorrido tanto…?
Os olhos do Roque se fixaram em mim como naqueles anos. Respirei resignada, ele acariciou meus cabelos, inclinei a cabeça pra sentir o toque dos dedos dele, agora sem luvas. O Marcelo continuava sentado, observando sem dizer nada. Só me virou pra ficar de costas pra ele e fez eu reclinar o peito na maca, minha bunda então ficou indefesa, apontando pra eles. As mãos do meu ex acariciaram a pele das minhas nádegas, não fiz nada, não consegui fazer nada…
Só deixei ele fazer. Roque me penetrou como nos velhos tempos, o pau dele entrou inteiro na minha buceta, limpou até o fundo. Começou a me empurrar e em cada empurrão arrancava um gemido de mim. Me segurava firme pela cintura, entregue, toda dele. Era muito gostoso, gostoso demais…
Começaram a chegar os orgasmos, em cada empurrão a maca deslizava uns centímetros, rangendo as pernas no chão. E mais, e mais, sem querer chegamos na parede do fundo, onde bateu e eu não tive mais escapatória. Em cada empurrão fundo ele arrancava um grito de mim, afrouxei… Os botões da minha camisa, passei uma mão por baixo do sutiã e acariciei um dos meus mamilos, tão gostoso…
Meu ex fez então algo que adorava fazer comigo, sem pedir, sem insinuar, tirou a pica da minha buceta, brincou um pouco, mirou no meu cu e empurrou pra dentro, me contraí, arrancou um grito de protesto de mim, mas como eu disse, sou meio masoquista, deixei ele fazer…
Logo a pica dele estava no meu outro buraco, bastardo…
Levei minha mão ao meu clitóris, enfiando ao mesmo tempo meus dedos anelar e médio na minha buceta molhada, encharcada de fluidos, me movi com frenesi sentindo a pica do Roque no meu cu, se esfregando contra meus dedos que estavam no outro buraco, lembro de pedir pra ele acariciar meus peitos…
Ele só pegou o sutiã e puxou até estalar e rasgar entre as mãos, foi tão erótico que entre gritos e gemidos gozei nas mãos dele, enquanto ele acariciava meus seios…
Roque não demorou muito, ainda estava dentro do meu cu, ainda tinha os dedos dentro da minha racha, ele tirou a pica de um buraco e voltou pro outro, tudo dentro da minha buceta, esfregando o pau dele dentro do meu, com a interferência dos meus próprios dedos, era tão gostoso…
Senti ele tremer, apertou meus peitos com força, arrancou gemidos de mim, explodiu dentro de mim… meu doce Roque…
Ele se afastou meio ofegante, tirei meus dedos, mistura de fluido, mistura de sêmen, comecei a chupá-los, como uma criança chupando um doce… ele me olhou fixo com aqueles olhos verdes e disse:
Não se esqueça do Marcelo… ele é seu homem…
A situação tinha me feito esquecer meu parceiro, Marcelo estava sentado no mesmo lugar, expectante, como um espectador VIP do que aconteceu, a virilha dele mostrava uma ereção linda, como se tivesse aproveitado cada segundo vendo o amigo comendo a mulher dele…
Meus pudores ficaram em segundo plano… só caminhei até ele pra me ajoelhar aos pés dele, abaixei apressada as calças dele para despir sua buceta, e lá estava ela… ereta, imponente…
Levei meus lábios até seu tronco para beijá-lo, passei a língua roçando a ponta, pelo seu buraquinho, ela estava encharcada de sucos da excitação, masturbei-a lentamente com uma mão, sem perder o ritmo, só bem devagar, estava tão gostosa…
Enfiei fundo até chegar na minha garganta, uma e outra vez, fazendo ele tremer, quase me afogando…
Num instante abri meus olhos, o olhar do Roque me surpreendeu ao lado, agora ele era espectador e decidi brincar pra ele, dar os melhores ângulos, só masturbei ele pela base, deixando que ele visse como eu passava a língua pela glande do Marcelo, fazendo um joguinho que as melhores putas fazem…
A pica do Marcelo se contraiu, chegava a hora, o esperma dele começou a jorrar, devagar primeiro, explodindo depois em dois jatos, eu só continuei passando a língua pela glande dele, pelo tronco como se nada estivesse acontecendo, levando a porra de um lado pro outro sob o olhar atento do Roque, que parecia me queimar…
Só continuei brincando, enfiando gozo na boca, pra soltar de novo, até sentir a mão do Marcelo acariciando meus cabelos pra dizer que já tava bom…
Roque me alcançou a toalha, pra eu me limpar, tinha acabado…
Nos despedimos em silêncio, não falei com meu parceiro, não falei com meu ex, não falaram os velhos amigos, tudo ficou muito estranho a partir daquele momento…
Nunca soube se tudo tinha sido só coincidência, se as coisas aconteceram pra ser assim, talvez eles tivessem planejado, sei lá… nunca disseram… sempre negaram…
Esse jogo nunca se repetiu, Roque terminou a tatuagem em mais algumas sessões, com o Marcelo sentado ao lado, num silêncio tenso, como se algo não estivesse bem entre os três.
E meus sentimentos foram confusos, por um lado, me sentia uma rainha, uma mulher pela qual dois homens disputavam o amor, mas também era verdade que me sentia como uma puta horrível, que tinha transado. com um e com outro, sem o menor preconceito…
E foi o Marcelo quem virou a história… ele tinha mudado muito desde aquele dia, pensativo, calado, meditando cada palavra. Meu golfinho preto estava finalizado sobre minha buceta, lindo demais, e era a vez de começar o dele, no peito, perto do coração dele. Foi quando ele me pegou pelas mãos e disse:
— Eleonora, pensei muito nisso, sabe… não faz sentido continuar com isso. Por mais que eu tente, a gente só vai ter uns golfinhos na pele, mas sabe o quê? O golfinho de verdade, o que está no seu coração, aquele que te faz feliz, que te faz suspirar, tem outro nome… se chama Roque…
E bom, não demorou muito pra eu voltar pro meu primeiro amor, Roque, com quem divido minha vida hoje. Essa é a minha história, a história do golfinho preto.
Se você gostou, pode me escrever com o título ‘O GOLFINHO PRETO’ para dulces.placeres@live.com
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No te vas a arrepentir!
EL DELFIN NEGRO
Fines del dos mil dos, era apenas una veinteañera que había decidido hacerse su primer tatoo, unas pequeñas gaviotas apenas debajo de la nuca.
Siempre me gustaron las aves, sus vuelos me inspiran libertad, y envidio esa posibilidad que tienen de separar las patas del suelo y poder ver el mundo desde otra perspectiva.
Busqué varios sitios al azar, y en esa búsqueda conocí a Roque, la persona que sería quien plasmaría ese dibujo en mi piel.
Lo elegí porque me dio confianza y me explicó serenamente como haría el trabajo, su voz me dio seguridad en ese momento, aunque mientras él hablaba yo solo miraba sus enormes ojos verdes, diablos… que ojos!
Roque era un joven que no me llevaba muchos años, de cabellos entre castaños y rubios, bastante más alto que yo, bastante fornido, y con varios tatuajes en su piel que despertaron mi curiosidad.
Ese primer tatoo dio pie a que empezara una relación de amistad en principio, empecé a visitarlo casi a diario, me gustaba cebarle unos mates mientras compartíamos algunas facturas o biscochos, todo se fue dando, nos enamoramos y terminamos armando nuestra familia.
Voy a hacer una mención de Marcelo, amigo íntimo de Roque, a quien también conocí en esos días, y con quien de alguna manera establecí también una amistad. Nunca me pareció atractivo, al menos no de mi tipo de hombre, de cabellos rizados, oscuros, como sus ojos, bastante musculoso, grandote, de labios gruesos, creo que su mejor cualidad era su simpatía, al menos lo más me llamó la atención de él.
Como dije, en esos momentos… solo buenos amigos.
La convivencia con Roque empezó viento en popa, fuimos felices, en esos primeros años, me regaló varios tatuajes, siempre me gustaron los pequeños, tatuajes que significaran algo para mí, como esas gaviotas…
Pero con el correr de los años todo se fue desgastando, solo sucedió… no fueron peleas, ni gritos, ni nada, solo poco a poco la llama se fue apagando y fue cuando Marcelo…
A medida que mi relación con mi esposo se iba enfriando, empecé a sentirme sola, desprotegida, frágil, y encontré en su amigo un apoyo, y empecé a conocerlo como hombre.
Empecé a encontrarme a escondidas con él, me confesó que siempre había estado enamorado de mí, pero que, por respeto a mi marido, su amigo, nunca había dicho nada, en principio eran solo charlas, pero luego intentó robarme un beso, y mis defensas poco a poco cayeron… cuando me di cuenta, me había atado a ese hombre y le había sido infiel a Roque, su mejor amigo…
Fines del dos mil diez, cambiaba de hombre, Roque y yo quedamos muy bien, solo se había terminado, lo nuestro fue edificar un castillo hermoso a orillas del mar, lo descuidamos, no le dimos importancia y cuando nos dimos cuenta, las olas y el viento se había llevado todo…
Sabía de lo mío con su amigo, no le molestó, hasta vio con alegría que, si yo había elegido otro hombre, ese hombre sea su mejor amigo…
Y empecé mis días de convivencia con Marcelo y ahora creo que el error fue no haber cortado los lazos con Roque, porque ellos siguieron siendo mejores amigos y yo lo seguí frecuentando, y me di cuenta de que el haberlo perdido solo había despertado el deseo nuevamente, porque diablos… esos ojos verdes…
En resumen, era feliz junto a Marcelo, pero añoraba mis días con Roque…
La loca situación que leerán a continuación ocurrió hace un par de años, Marcelo quería formalizar nuestra situación de pareja, un casamiento por civil, anillos, fiesta, todas esas cosas, pero yo siempre fui enemiga de todas las formalidades, así que puse mala cara a su idea, pensamos las cosas y decidimos hacernos un nuevo tatoo, cada uno el mismo, que simbolizaran esos anillos que nunca tendríamos…
Pensamos un poco, descartamos algunas ideas y decidimos hacernos un delfín negro, símbolo de la fidelidad, rodeado por pequeñas estrellas.
Le pedí a Marcelo que se lo hiciera en su pecho, cerca de su corazón, me pareció muy romántico. El por su parte, eligió mi pubis, algo muy íntimo, cerca de mi clítoris, lugar que siempre queda oculto bajo la ropa interior, me reí mucho con su loca idea, pero por qué no darle el gusto?
Y ya adivinarán que sucedió… a quien recurrimos por ese tatuaje, si… Roque, quien si no… él y Marcelo eran como hermanos y yo era su ex, conocía cada rincón de mi cuerpo y no habría nada nuevo para él, ni para mí, ni promiscuo o vergonzoso en esta situación.
Y todo lo que se suponía un simple trámite cambió sin quererlo…
Esa mañana Marcelo se tomó el trabajo de depilarme por completo, dejando mi sexo como el de una niña pequeña, usó un jabón mentolado que me dio cierta excitación, como adelantando lo que vendría.
Viajamos a lo de Roque, mi ex dejó en claro la situación, él iba a ser muy profesional con todo, por respeto a su amigo, quien se quedaría observando a un costado y por respeto a mi persona, así que me pidió que pasara al baño y me desnudara de la cintura para abajo y me ofreció una toalla blanca para que me cubriera.
Roque empezó a preparar sus cosas, sus instrumentos, sus guantes, Marcelo solo se acomodó en una silla, al costado y yo me dirigí al baño a quitarme la ropa. Mientras lo hacía, escuché sus jocosas charlas de hombres, hablaban de futbol, cosas que no eran de mi interés.
Pasados unos minutos, estaba desnuda de la cintura para abajo, ajusté la toalla en mis caderas y salí de regreso, ahí me sentí raramente observada por los dos hombres que se quedaron mudos en un silencio sepulcral, ahí estaban los dos viejos amigos clavando su vista en mi figura, mi hombre actual, al que amaba, mi hombre anterior, al que añoraba…
Un escalofrío corrió por mí espalda, solo tuve una rara sensación, un presentimiento, las cosas no serían solo un trámite como había imaginado.
Me acomodei na maca, ficando de lado pro Marcelo, que observava tudo com toda atenção. O Roque, com muito cuidado e respeito, baixou a toalha bem, bem até onde começa a linha da minha buceta, me senti estranha… e aí ele começou a desenhar o modelo de golfinho com estrelas que já tínhamos combinado…E comecei a sentir os dedos dele no meu púbis, tão, mas tão perto… e os braços dele apoiados nas minhas pernas, e a respiração dele na minha pele, caralho, ainda sentia a química, um estranho tão íntimo…
Deixei minha cabeça cair de lado, meus olhos se cruzaram com os do Marcelo, e senti uma conexão estranha, senti que ele curtia me ver naquela situação.
Os minutos passavam e tudo isso me levou pra um lugar perigoso, pra um lugar onde eu não queria estar… senti meus mamilos duros debaixo do sutiã, e aquela eletricidade percorrendo meu corpo, senti que ficava molhada, e é inútil, quando a gente não quer… parece de propósito, só acontece o contrário…
A atmosfera tinha ficado pesada, o silêncio ficou tenso, os olhos do Marcelo me queimavam, suspirei fundo e fechei os olhos tentando desviar do olhar dele, mas sabia que ele me olhava…
Quando o Roque terminou os preparativos e começou a tatuar minha pele, senti que morria, senti que me perdia, sempre fui meio masoquista, mas essa dor doce tão perto do meu clitóris era demais, senti que começava a me molhar horrores, senti vontade de me tocar, e o Marcelo me observando só aumentava meu fogo.
Como se já não bastasse, a toalha parecia escorregar, insistentemente, irritando o Roque, até que de repente ele só arrancou ela e jogou com raiva, porra… como dizer, minha xota depilada totalmente nua diante dos olhos dele, numa posição super desconfortável pra mim, porque o Marcelo até parecia cúmplice de tudo, observando como o amigo dele colocava os dedos a milímetros da loucura…
Eu só ficava mais molhada, mais molhada e mais molhada, apertei os punhos com força, fechei os olhos, não consegui evitar, um orgasmo me pegou de surpresa. Todo o transe, não soube se eles notaram, não soube se soltei algum gemido, não soube… só não soube…
Casualidade ou não, foi quando o Roque parou e me pediu pra ir na frente do espelho ver como tava tudo, se eu tava gostando da silhueta do golfinho preto. Ele me alcançou a toalha, mas resolvi me fazer de boba e deixei ela de lado. Me levantei semi nua e caminhei até o espelho de parede, mas não olhei pro meu pubis depilado e pra tatuagem que começava a tomar forma, só olhei pelo espelho o que rolava atrás de mim. Os dois homens continuavam imóveis, olhando pra minha bunda, é que eu tenho uma bunda gostosa…
E me senti uma puta naquele momento, tinha a atenção de dois homens só pra mim…
Voltei pra maca com um sorriso nos lábios, mas algo me envergonhou quando cheguei. Em cima do lençol tinha uma mancha circular enorme, produto dos meus fluidos que eu não tinha notado quando levantei. Fiquei em silêncio e senti vergonha, como diabos eu tinha escorrido tanto…?
Os olhos do Roque se fixaram em mim como naqueles anos. Respirei resignada, ele acariciou meus cabelos, inclinei a cabeça pra sentir o toque dos dedos dele, agora sem luvas. O Marcelo continuava sentado, observando sem dizer nada. Só me virou pra ficar de costas pra ele e fez eu reclinar o peito na maca, minha bunda então ficou indefesa, apontando pra eles. As mãos do meu ex acariciaram a pele das minhas nádegas, não fiz nada, não consegui fazer nada…
Só deixei ele fazer. Roque me penetrou como nos velhos tempos, o pau dele entrou inteiro na minha buceta, limpou até o fundo. Começou a me empurrar e em cada empurrão arrancava um gemido de mim. Me segurava firme pela cintura, entregue, toda dele. Era muito gostoso, gostoso demais…
Começaram a chegar os orgasmos, em cada empurrão a maca deslizava uns centímetros, rangendo as pernas no chão. E mais, e mais, sem querer chegamos na parede do fundo, onde bateu e eu não tive mais escapatória. Em cada empurrão fundo ele arrancava um grito de mim, afrouxei… Os botões da minha camisa, passei uma mão por baixo do sutiã e acariciei um dos meus mamilos, tão gostoso…
Meu ex fez então algo que adorava fazer comigo, sem pedir, sem insinuar, tirou a pica da minha buceta, brincou um pouco, mirou no meu cu e empurrou pra dentro, me contraí, arrancou um grito de protesto de mim, mas como eu disse, sou meio masoquista, deixei ele fazer…
Logo a pica dele estava no meu outro buraco, bastardo…
Levei minha mão ao meu clitóris, enfiando ao mesmo tempo meus dedos anelar e médio na minha buceta molhada, encharcada de fluidos, me movi com frenesi sentindo a pica do Roque no meu cu, se esfregando contra meus dedos que estavam no outro buraco, lembro de pedir pra ele acariciar meus peitos…
Ele só pegou o sutiã e puxou até estalar e rasgar entre as mãos, foi tão erótico que entre gritos e gemidos gozei nas mãos dele, enquanto ele acariciava meus seios…
Roque não demorou muito, ainda estava dentro do meu cu, ainda tinha os dedos dentro da minha racha, ele tirou a pica de um buraco e voltou pro outro, tudo dentro da minha buceta, esfregando o pau dele dentro do meu, com a interferência dos meus próprios dedos, era tão gostoso…
Senti ele tremer, apertou meus peitos com força, arrancou gemidos de mim, explodiu dentro de mim… meu doce Roque…
Ele se afastou meio ofegante, tirei meus dedos, mistura de fluido, mistura de sêmen, comecei a chupá-los, como uma criança chupando um doce… ele me olhou fixo com aqueles olhos verdes e disse:
Não se esqueça do Marcelo… ele é seu homem…
A situação tinha me feito esquecer meu parceiro, Marcelo estava sentado no mesmo lugar, expectante, como um espectador VIP do que aconteceu, a virilha dele mostrava uma ereção linda, como se tivesse aproveitado cada segundo vendo o amigo comendo a mulher dele…
Meus pudores ficaram em segundo plano… só caminhei até ele pra me ajoelhar aos pés dele, abaixei apressada as calças dele para despir sua buceta, e lá estava ela… ereta, imponente…
Levei meus lábios até seu tronco para beijá-lo, passei a língua roçando a ponta, pelo seu buraquinho, ela estava encharcada de sucos da excitação, masturbei-a lentamente com uma mão, sem perder o ritmo, só bem devagar, estava tão gostosa…
Enfiei fundo até chegar na minha garganta, uma e outra vez, fazendo ele tremer, quase me afogando…
Num instante abri meus olhos, o olhar do Roque me surpreendeu ao lado, agora ele era espectador e decidi brincar pra ele, dar os melhores ângulos, só masturbei ele pela base, deixando que ele visse como eu passava a língua pela glande do Marcelo, fazendo um joguinho que as melhores putas fazem…
A pica do Marcelo se contraiu, chegava a hora, o esperma dele começou a jorrar, devagar primeiro, explodindo depois em dois jatos, eu só continuei passando a língua pela glande dele, pelo tronco como se nada estivesse acontecendo, levando a porra de um lado pro outro sob o olhar atento do Roque, que parecia me queimar…
Só continuei brincando, enfiando gozo na boca, pra soltar de novo, até sentir a mão do Marcelo acariciando meus cabelos pra dizer que já tava bom…
Roque me alcançou a toalha, pra eu me limpar, tinha acabado…
Nos despedimos em silêncio, não falei com meu parceiro, não falei com meu ex, não falaram os velhos amigos, tudo ficou muito estranho a partir daquele momento…
Nunca soube se tudo tinha sido só coincidência, se as coisas aconteceram pra ser assim, talvez eles tivessem planejado, sei lá… nunca disseram… sempre negaram…
Esse jogo nunca se repetiu, Roque terminou a tatuagem em mais algumas sessões, com o Marcelo sentado ao lado, num silêncio tenso, como se algo não estivesse bem entre os três.
E meus sentimentos foram confusos, por um lado, me sentia uma rainha, uma mulher pela qual dois homens disputavam o amor, mas também era verdade que me sentia como uma puta horrível, que tinha transado. com um e com outro, sem o menor preconceito…
E foi o Marcelo quem virou a história… ele tinha mudado muito desde aquele dia, pensativo, calado, meditando cada palavra. Meu golfinho preto estava finalizado sobre minha buceta, lindo demais, e era a vez de começar o dele, no peito, perto do coração dele. Foi quando ele me pegou pelas mãos e disse:
— Eleonora, pensei muito nisso, sabe… não faz sentido continuar com isso. Por mais que eu tente, a gente só vai ter uns golfinhos na pele, mas sabe o quê? O golfinho de verdade, o que está no seu coração, aquele que te faz feliz, que te faz suspirar, tem outro nome… se chama Roque…
E bom, não demorou muito pra eu voltar pro meu primeiro amor, Roque, com quem divido minha vida hoje. Essa é a minha história, a história do golfinho preto.
Se você gostou, pode me escrever com o título ‘O GOLFINHO PRETO’ para dulces.placeres@live.com
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