No dejes de pasar por mi mejor post
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4084661/Mi-amada-esposa.html
No te vas a arrepentir!
LA MUJER DE MI HERMANO
Familia de cuatro hermanos varones, yo soy el mayor y le llevaba al menor una decena de años.
Digo llevaba porque el falleció a los quince, era un bohemio que se divertía andando en su maldita motocicleta a toda velocidad, solo para molestar a todos los vecinos con el ruido de su escape libre, hasta que un día la fortuna no estuvo de su lado, se accidentó golpeando la cabeza contra el piso y fin de la historia, ese escape libre se silenció para siempre.
En fin, la vida siguió adelante, formamos familias, llegaron esposas, hijos y el mundo siguió girando.
Mis padres son de raíces italianas y mantienen tradiciones familiares, como por ejemplo que los domingos se almuerza en familia, y aunque parezca raro en estos tiempos, mi madre amasa sus exquisitos tallarines a mano, todo casero, y casi infaliblemente una vez a la semana nos juntamos en derredor de una mesa en medio del campo, en una casa de fin de semana que tienen mis padres.
Así nos reuníamos con papá y mamá, mi esposa Laura con nuestros cuatro hijos, el segundo, mi hermano Julián con su esposa Nilda, y sus hermosas niñas y Tomás, el tercero en cuestión con Sofía, su esposa, quienes no tenían niños y nunca los tendrían.
Parecíamos la familia perfecta, esa familia de películas que se sentaban en derredor de una gran mesa donde por supuesto papá ocupaba la cabecera. Nos habíamos conocido todos de jóvenes con una veintena de años y juntos transitamos una vida de relaciones.
Los cincuenta años nos recibían mas viejos, con canas, con menos pelos, con anteojos, con arrugas, y con algunas enfermedades, con mas kilos, la vida inevitablemente iba pasando.
Y todos envejecíamos naturalmente, las mujeres se ocultaban con tinturas sus cabellos plateados, ya no tenían los mismos cuerpecitos de princesas de la juventud, mi esposa había aumentado treinta kilos, y ya era toda una mujer madura, como todas.
Pero siempre hay una excepción a la regla, Sofía, mi cuñada.
Junto a Tomás, mi hermano, llevaban años de pareja, como dije no tenían hijos puesto que como sabíamos ella se oponía, siempre decía que no tenía paciencia para ser madre y solíamos bromear con ella solo para molestarla, se suponía que toda mujer alguna vez desearía tener hijos. Ella era un tanto rara en esos temas y se notaba que las cosas se hacían a su manera.
Sofía era una mujer especial, con el correr de los años se ponía mas bonita, mas mujer, más interesante, para ella el tiempo no pasaba, apenas algunas arrugas incipientes a los lados de los ojos pero no mucho más.
Era llamativa por naturaleza, sus ojos con mirada de pecado, cabellos castaños rojizos que siempre usaba como una provocativa melena y algunos flequillos muy sexis, con una naricita chata y unos labios muy marcados.
Tenía una armonía física llamativa, unas piernas muy bien torneadas, una cola respingona y generosa, al igual que unas hermosas ancas que hacían suspirar, de vientre plano, tal vez lo único que rompía la perfección de sus líneas fueran sus pequeños pechos, cosa que remediaría pasados los treinta años con una operación de busto conveniente, que le caería como anillo al dedo, un tamaño justo, ni poco ni demasiado.
Con el correr del tiempo sentí que la perfecta comunión familiar sufría algunas fracturas, previsibles por cierto. Laura y Nilda - mi mujer y mi otra cuñada - empezaron a distanciarse de Sofía, aunque lo negaban se molestaban al verse poco a poco opacadas por la belleza de Sofía en todo lo que hacía o decía, ellas dos parecían complotarse para fastidiarla a su espalda.
A mi personalmente me molestaba esa falsedad - y perdonen si incomodo a alguien - tan típica de mujeres, que terminan pareciendo brujas despellejando viva a la otra, solo por ser mas bonita y llamar la atención. Muchas veces discutía a solas al respecto con mi esposa, porque esas cosas poco a poco me arrastrarían a mi, y a mi hermano, y mi otro hermano y como suele suceder, todos terminaríamos peleados con todos.
Sin embargo Laura tenía su posición tomada al respecto, es cierto, Tomás el tercero de mis hermanos tenía un trasnporte de larga distancia y solía ausentarse algún tiempo de su hogar, eso motivaba los rumores, que Sofía estaba todo el día sola, que una mujer tan bonita, que no hacía nada en todo el día, y que la habían visto salir, y que seguramente ella tenía algún amante por ahí, y que era una vaga, una holgazana y muchas cosas que no hacían mas que llenarme la cabeza.
Yo solía molestarme con ese nido de víboras que habían formado, muchas veces increpaba a mi esposa por hablar sin fundamentos de la mujer de mi hermano, y ella solía responder en tono amenazante que solo yo solo la defendía porque en el fondo era uno mas de los tantos que estaba caliente con ella.
Yo negaba todo pero era cierto que la miraba discretamente, era imposible no mirarla, era la esposa de Tomás, mi hermano, pero yo era hombre y ella mujer.
Yo tenía como hobby dibujar, hacer caricaturas, de todo tipo, en blanco y negro, en colores, siempre en papel, a mano, y lo curioso es que cada tanto me sorprendía a mi mismo trazando las perfectas curvas de mi cuñada, su rostro, a veces con ropas provocativas, a veces en ropa interior, a veces con lencería erótica, a veces la dibujaba teniendo sexo, imaginando su cara de placer, como sería, como lo disfrutaría, como lo haría, y solo me perdía en deseo.
Todo terminaba cuando el rostro de mi hermano se cruzaba en mi cabeza, mi hermano, no podía con la mujer de mi hermano, entonces arrancaba la hoja y la rompía toda en pequeños pedazos, solo por si de casualidad Laura, mi señora, tuviera la ocurrencia de hurgar en la papelera para rearmar el rompecabezas. Así pasaban mis días, entre verdades y fantasías...
Una tarde nos cruzó el destino, casualidades, estaba en una casa de compra y venta de antigüedades, mi mujer había puesto el ojo en un candelabro y necesitaba mi opinión al respecto. Estaba en el local esperando mi turno pues había algunas personas antes, mirando un poco de todo. Calle de por medio había un bar un tanto avejentado, y como dije, haciendo tiempo miré a través de las ventanas que separaban a ambos locales. Dudé si era ella, pero si, Sofía parecía muy contenta y efusiva hablando con un caballero que no era mi hermano.
Dejé de lado el motivo por el cual estaba en ese sitio, a mi turno le dije a la vendedora que solo estaba de paso mirando algunas cosas y seguro ya se me ocurriría algo que responderle a mi mujer.
Me transformé en un detective privado, de improviso, solo aguardé a que ellos salieran del bar y por las dudas tomé algunas fotos a la distancia, rápidamente se subieron a un auto bastante moderno y emprendieron la marcha, los seguí lo suficientemente lejos como para que ella no me viera pero también lo suficientemente cerca como para no perderles de vista. Poco a poco nos alejamos del casco urbano y pronto se confirmarían mis sospechas, la luz de guiño a la derecha llegando a un hotel alojamiento.
Mi cuñada tenía un amante, mi hermano era un gran cornudo y mi esposa y mi otra cuñada al fin de cuentas tenían razón.
Solo me aseguré de tomar todas las fotos necesarias para incriminarla.
En los siguientes días me debatiría en un sin numero de preguntas, hablando con mi conciencia, la magia se había desvanecido y como un naufrago, mis preguntas sin respuestas se ahogaban en un rincón de la habitación.
No podía hablarlo con mi esposa, hubiera sido una carnicería como en los viejos tiempos del circo romano, la hubiera entregado para que la devoraran viva y yo tendría mi parte por haberla defendido, tampoco podía contárselo a Tomas, mi hermano porque... porque sencillamente no podría mirarlo a los ojos.
Solo pensaba y pensaba que hacer, mi mesa de trabajo se llenaba de bocetos imaginándola con ese extraño, como lo hacía, que era lo que hacía, sexo oral? vaginal? anal? tenía secretos? tenía fantasías? gritaba? le gustaba romántico? o era ruda? palabras dulces? o que la trataran como puta? y si le gustaban los juguetes? los látigos? la lencería? solo me llenaba de preguntas...
Y necesitaba respuestas, y esas respuestas no me las daría mi mujer, ni mi hermano, tan solo ella, Sofía, podría desatar los nudos de mis pensamientos.
La llamé una tarde, sabiendo que mi hermano estaba de viaje, seguramente llegando a Chile, le dije que tenía que hablar con ella a solas, fuera de su casa, la invité a tomar una copa, por un tema personal, serio, privado.
Pasé por su casa en forma puntual, ella estaba exquisita como siempre, con un pantalón blanco adherido a su silueta y una camisa amplia y holgada en tonos de verdes que la hacía ver sensual como siempre.
Yo había meditado que hacer, paso a paso y solo quise que ella abriera la boca, así que fuimos al bar donde la había visto y nos sentamos en la misma mesa donde había estado con su amante.
Ensayé el discurso que tenía preparado para la ocasión, pero Sofía era muy astuta y parecía no inmutarse de tantas casualidades.
Evidentemente moriría en su silencio así que solo seguí avanzando, volvimos al coche y repetí el mismo camino hacia el hotel alojamiento, ella solo reía y preguntaba por el incierto destino y llegó el momento en que se me terminaron las indirectas puesto que no pensaba llegar al final con ella.
Paré el coche a un lado del camino, en una salida lateral, apartada, bajo un árbol, ella seguía desentendiéndose de todo entonces fui directo al hueso, le conté todo de punta a punta, sin mas rodeos, sin pelos en la lengua, pero a pesar de todo ella me trataba de loco, así que solo saqué mi celular y una a una pasé las fotos que tenía guardadas.
Entonces ella cambió de estrategia, y empezó a darme explicaciones, acerca de su soledad, de los viajes prolongados de mi hermano y que una cosa y que la otra, con los ojos enjuagados en lágrimas se acercó lentamente a la butaca de mi lado, llevando una mano a mi nuca para acariciarme dulcemente, yo me quedé mudo sin saber que reaccionar, mi deber se oponía a mis deseos pero ella era tan hábil como irresistible, pronto su mano derecha se había posado en mi pierna y me miraba fijo a los ojos, con esa mirada que me quemaba y me decía que pronto pecaría para quemarme en el infiero, cerré los ojos como tratando de no ver a los ojos a la diabla que me tentaba.
Previsiblemente la mano de mi cuñada llegó a mi verga y notó cuan dura estaba y como el círculo se cerraba, solo empezó a masajearme mas y mas, una y otra vez, buscó entonces soltar mi pantalón para desnudar mi sexo y me dejé llevar. Solo se agachó un poco, entre el volante y mi cintura para sentirla llegar, Sofía empezó a lamer mi sexo en una forma muy rica, muy profunda, con constancia, con cadencia, mis ojos ahora solo veían sus hermosos cabellos y su cabeza subiendo y bajando una y otra vez, en un dejo de cordura imploré algo así como
-Basta Sofía, esto está mal, sos la mujer de mi hermano, basta...
Pero como detener a esa mujer? como detener algo que tanto había deseado? como detener mis fantasías que tantas veces había llevado a un papel?
Ella seguía dando lo mejor de si y en el silencio de ese lugar solo se escuchaban los constantes chasquidos de sus labios golosos devorando mi verga. Llegaría mi segundo intento, ya sobre el límite de lo tolerable
-Por favor debemos parar esta locura! me voy a acabar!!!!
Mas eu sabia que ela não ia parar e, no fundo, não queria que parasse.
Senti o gozo subir como lava de vulcão, imponente, impetuoso, incontrolável, e ela só fazia o dela, me agarrei no banco cravando os dedos, senti ela gemer de prazer enquanto eu gozava, e ela só seguia em frente, imparável, perfeita.
Quando tudo acabou e meu pau já estava mole, minha cunhada voltou à posição no banco dela, notei que ainda saboreava o amargor do meu gozo e até do lábio inferior dela pendia um fio fino esbranquiçado, mistura de porra e saliva.
Ela só respirou como que aliviada, satisfeita, com o objetivo cumprido, com um riso safado nos lábios, dando de ombros me disse:
— Bom, Marcelo, pelo menos agora somos cúmplices, né?
Era verdade, o que foi feito estava feito e não dava pra voltar atrás, eu tinha transado com minha cunhada, com a mulher do meu irmão, e isso mudava meu papel de acusador pra acusado, não podia mais encarar o Tomás de frente, seria escravo dos meus atos.
Voltamos sem falar muito, bom, ela falava mas eu não escutava, só fingia que sim porque tava abalado com tudo que tinha acabado de rolar e doía imaginar coisas que ainda não tinham acontecido, mas que iam acontecer.
Não tocamos mais no assunto, ela seguiu a vida dela como se nada tivesse acontecido, e percebi que o único interesse dela tinha sido comprar meu silêncio com um boquete bem dado, e eu amaldiçoei ela, e me amaldiçoei.
Passaram dois meses, um novo domingo, um novo encontro de família, dessa vez eles iam vir, meu irmão tava de licença e tudo ia se misturar, santos e pecadores.
Lembro desse dia, impossível esquecer, a Sofia tava espetacular como sempre, radiante, com uma regata meio decotada e uma saia bem curta deixando os peitos de um lado e as coxas gostosas do outro à mostra. Apesar da cordialidade e das risadas do encontro, era nítida a língua afiada da minha mulher e da minha outra cunhada em relação a ela, e ela Só deixava passar.
Também era evidente que me devorava com os olhos e ela tentava me evitar, e eu só lembrava do que tinha acontecido no carro pouco tempo atrás.
Enquanto almoçávamos, minhas ideias foram se ajeitando, caí na real que Sofia só tinha brincado comigo e me feito de cúmplice pra calar minha boca, era a única intenção e me senti um baita idiota.
Peguei meu celular e comecei a trocar mensagem com ela, a pressionar, a encurralar, ela escapava das minhas mãos que nem sabão molhado.
Depois da sobremesa, falei pra ela ir num galpão velho que ficava atrás da casa principal, quando ninguém visse, quando ninguém desconfiasse, tinha coisas pra dizer.
Vi ela se afastar e, pouco depois, fui atrás dos passos dela, o galpão era um lugar abandonado, meia-luz, empoeirado e sujo, onde amontoavam coisas que ninguém mais usava e morriam no esquecimento.
Minha cunhada pensava em falar comigo, mas não tínhamos muito tempo, então peguei ela à força e dei um beijão na boca, invadi o espaço dela com minha língua e tentei alcançar a garganta, ela me afastou e me repreendeu:
— Que cê tá fazendo? Cê é louco? Que porra cê tá pensando, sem noção????
Não respondi, ataquei de novo e, com uns movimentos bruscos, levantei quase à força a blusa e o sutiã dela, os peitos lindos dela ficaram nus, com umas auréolas enormes e amarronzadas contornando os mamilos, ela oferecia uma resistência fraca que sumia conforme eu continuava atacando, comecei a chupar eles e chupei as tetas dela como nunca tinha chupado de ninguém, ela era o próprio demônio e era impossível parar, ia de um pro outro e os mamilos dela endureceram com meus estímulos, senti os gemidos abafados dela, a respiração ofegante e o corpo todo se entregando ao que eu tava fazendo, só me incentivou a continuar.
Segurava ela com força. Tava meio curvado e ela, de olhos fechados, curtia enquanto eu lambia sem parar os peitos dela, se contraiu sem querer e desconfiei que tinha arrancado Pequeno e inesperado orgasmo.
Levei uma das minhas mãos por baixo da saia dela pra alcançar aqueles glúteos enormes que estavam completamente nus, só uma tanga quase fio dental no caminho. Sofia tentava com a mão puxar meu braço pra impedir meu avanço, mas a resistência dela era fraca demais. Acho que ela lutava contra os próprios desejos e continuava negando com a boca o que o corpo pedia. Num piscar de olhos, eu já tinha puxado a tanga de lado e tava acariciando a bunda dela, por toda volta, sem largar meu objetivo principal: chupar os peitos dela.
Em segundos, meus dedos já tinham se enfiado por trás. A piranha tava tão aberta que eles entraram naturalmente, sem resistência, e era tudo muito erótico.
Minha cunhada parecia ainda se debater entre desejos proibidos. Me pedia pra parar, pra cessar, que era loucura, mas nada soava convincente. Ela permitia que eu continuasse avançando, e eu não ia parar.
Percebi que a gente devia voltar logo pra não levantar suspeitas, não tinha muito tempo. Virei ela e coloquei as mãos dela contra a parede. A bunda enorme dela ficou à minha mercê. Levantei a saia, terminei de puxar a tanga, tirei meu pau e enfiei de uma vez, arrancando um gemido abafado dela, a ponto de ela ficar na ponta dos pés com o impacto.
A buceta dela tava tão molhada que meu pau saiu do buraco. Tive que dar um tapa na bunda pra ela ficar quieta e meter de novo. Só comi ela, com força, tão gostosa. A gente se fundiu num só. Eu tava dentro dela, me movendo sem parar, selvagem, abraçando a cintura dela, acariciando os peitos. Ela só se deixava possuir, implorava pra eu não parar. Eu sentia os gemidos dela e ela virava o rosto pra juntar os lábios com os meus.
Desci uma das mãos e enfiei por baixo da frente da tanga, acariciei todos os pelinhos do púbis dela e comecei a bater punheta nela com força. Sofia começou a se contrair e eu senti que ia gozar. Os gemidos viraram gritos abafados e só terminei deixando meus fluidos dentro dela.
Já tinha passado muito tempo, não tínhamos trocado uma palavra, mas tudo estava claro. Ajeitamos nossas roupas, arrumei os cabelos dela e voltamos separados pra reunião de família, que nem desconfiava do que tinha rolado.
Ela estava com meu irmão, eu com minha mulher. A putinha me mandava mensagem no WhatsApp, dizendo que tinha gostado, que sentia meu gozo dentro dela, que estava escorrendo e que ainda tinha ficado com vontade de eu comer a bunda dela. Ela era única.
Naquela tarde, ela me levou à loucura. As mensagens dela me excitavam, e ela brincava com isso.
Daí em diante, Sofia e eu viramos amantes. Uma loucura: minha cunhada, a mulher do meu próprio irmão. Mas ela era uma tentação impossível de resistir. Aos poucos, ela foi se afastando da família, meio que empurrada pela situação insustentável que Laura, minha esposa, e Nilda, minha outra cunhada, criavam. Sempre acabavam em briga, chamando ela de puta. E até falaram na cara dela que era uma puta quando meu irmão a pegou com aquele outro cara na cama — o mesmo cara com quem ela estava naquele dia no bar.
Por sorte, não fui eu. Poderia ter sido eu.
Eles se divorciaram, cada um seguiu seu rumo.
Hoje em dia, Sofia não aparece mais no círculo familiar. Ela é parte do passado. Meu irmão reconstruiu a vida, mas, pelas costas da minha mulher, continuamos sendo amantes. Agora tenho minha modelo pessoal pra fazer meus esboços. Adoro fazer ela posar nua pra retratar, mas claro, é impossível capturar no papel toda a beleza dela.
Se você gostou da história, pode me escrever com o título A MULHER DO MEU IRMÃO para doces.prazeres@live.com
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4084661/Mi-amada-esposa.html
No te vas a arrepentir!
LA MUJER DE MI HERMANO
Familia de cuatro hermanos varones, yo soy el mayor y le llevaba al menor una decena de años.
Digo llevaba porque el falleció a los quince, era un bohemio que se divertía andando en su maldita motocicleta a toda velocidad, solo para molestar a todos los vecinos con el ruido de su escape libre, hasta que un día la fortuna no estuvo de su lado, se accidentó golpeando la cabeza contra el piso y fin de la historia, ese escape libre se silenció para siempre.
En fin, la vida siguió adelante, formamos familias, llegaron esposas, hijos y el mundo siguió girando.
Mis padres son de raíces italianas y mantienen tradiciones familiares, como por ejemplo que los domingos se almuerza en familia, y aunque parezca raro en estos tiempos, mi madre amasa sus exquisitos tallarines a mano, todo casero, y casi infaliblemente una vez a la semana nos juntamos en derredor de una mesa en medio del campo, en una casa de fin de semana que tienen mis padres.
Así nos reuníamos con papá y mamá, mi esposa Laura con nuestros cuatro hijos, el segundo, mi hermano Julián con su esposa Nilda, y sus hermosas niñas y Tomás, el tercero en cuestión con Sofía, su esposa, quienes no tenían niños y nunca los tendrían.
Parecíamos la familia perfecta, esa familia de películas que se sentaban en derredor de una gran mesa donde por supuesto papá ocupaba la cabecera. Nos habíamos conocido todos de jóvenes con una veintena de años y juntos transitamos una vida de relaciones.
Los cincuenta años nos recibían mas viejos, con canas, con menos pelos, con anteojos, con arrugas, y con algunas enfermedades, con mas kilos, la vida inevitablemente iba pasando.
Y todos envejecíamos naturalmente, las mujeres se ocultaban con tinturas sus cabellos plateados, ya no tenían los mismos cuerpecitos de princesas de la juventud, mi esposa había aumentado treinta kilos, y ya era toda una mujer madura, como todas.
Pero siempre hay una excepción a la regla, Sofía, mi cuñada.
Junto a Tomás, mi hermano, llevaban años de pareja, como dije no tenían hijos puesto que como sabíamos ella se oponía, siempre decía que no tenía paciencia para ser madre y solíamos bromear con ella solo para molestarla, se suponía que toda mujer alguna vez desearía tener hijos. Ella era un tanto rara en esos temas y se notaba que las cosas se hacían a su manera.
Sofía era una mujer especial, con el correr de los años se ponía mas bonita, mas mujer, más interesante, para ella el tiempo no pasaba, apenas algunas arrugas incipientes a los lados de los ojos pero no mucho más.
Era llamativa por naturaleza, sus ojos con mirada de pecado, cabellos castaños rojizos que siempre usaba como una provocativa melena y algunos flequillos muy sexis, con una naricita chata y unos labios muy marcados.
Tenía una armonía física llamativa, unas piernas muy bien torneadas, una cola respingona y generosa, al igual que unas hermosas ancas que hacían suspirar, de vientre plano, tal vez lo único que rompía la perfección de sus líneas fueran sus pequeños pechos, cosa que remediaría pasados los treinta años con una operación de busto conveniente, que le caería como anillo al dedo, un tamaño justo, ni poco ni demasiado.
Con el correr del tiempo sentí que la perfecta comunión familiar sufría algunas fracturas, previsibles por cierto. Laura y Nilda - mi mujer y mi otra cuñada - empezaron a distanciarse de Sofía, aunque lo negaban se molestaban al verse poco a poco opacadas por la belleza de Sofía en todo lo que hacía o decía, ellas dos parecían complotarse para fastidiarla a su espalda.
A mi personalmente me molestaba esa falsedad - y perdonen si incomodo a alguien - tan típica de mujeres, que terminan pareciendo brujas despellejando viva a la otra, solo por ser mas bonita y llamar la atención. Muchas veces discutía a solas al respecto con mi esposa, porque esas cosas poco a poco me arrastrarían a mi, y a mi hermano, y mi otro hermano y como suele suceder, todos terminaríamos peleados con todos.
Sin embargo Laura tenía su posición tomada al respecto, es cierto, Tomás el tercero de mis hermanos tenía un trasnporte de larga distancia y solía ausentarse algún tiempo de su hogar, eso motivaba los rumores, que Sofía estaba todo el día sola, que una mujer tan bonita, que no hacía nada en todo el día, y que la habían visto salir, y que seguramente ella tenía algún amante por ahí, y que era una vaga, una holgazana y muchas cosas que no hacían mas que llenarme la cabeza.
Yo solía molestarme con ese nido de víboras que habían formado, muchas veces increpaba a mi esposa por hablar sin fundamentos de la mujer de mi hermano, y ella solía responder en tono amenazante que solo yo solo la defendía porque en el fondo era uno mas de los tantos que estaba caliente con ella.
Yo negaba todo pero era cierto que la miraba discretamente, era imposible no mirarla, era la esposa de Tomás, mi hermano, pero yo era hombre y ella mujer.
Yo tenía como hobby dibujar, hacer caricaturas, de todo tipo, en blanco y negro, en colores, siempre en papel, a mano, y lo curioso es que cada tanto me sorprendía a mi mismo trazando las perfectas curvas de mi cuñada, su rostro, a veces con ropas provocativas, a veces en ropa interior, a veces con lencería erótica, a veces la dibujaba teniendo sexo, imaginando su cara de placer, como sería, como lo disfrutaría, como lo haría, y solo me perdía en deseo.
Todo terminaba cuando el rostro de mi hermano se cruzaba en mi cabeza, mi hermano, no podía con la mujer de mi hermano, entonces arrancaba la hoja y la rompía toda en pequeños pedazos, solo por si de casualidad Laura, mi señora, tuviera la ocurrencia de hurgar en la papelera para rearmar el rompecabezas. Así pasaban mis días, entre verdades y fantasías...
Una tarde nos cruzó el destino, casualidades, estaba en una casa de compra y venta de antigüedades, mi mujer había puesto el ojo en un candelabro y necesitaba mi opinión al respecto. Estaba en el local esperando mi turno pues había algunas personas antes, mirando un poco de todo. Calle de por medio había un bar un tanto avejentado, y como dije, haciendo tiempo miré a través de las ventanas que separaban a ambos locales. Dudé si era ella, pero si, Sofía parecía muy contenta y efusiva hablando con un caballero que no era mi hermano.
Dejé de lado el motivo por el cual estaba en ese sitio, a mi turno le dije a la vendedora que solo estaba de paso mirando algunas cosas y seguro ya se me ocurriría algo que responderle a mi mujer.
Me transformé en un detective privado, de improviso, solo aguardé a que ellos salieran del bar y por las dudas tomé algunas fotos a la distancia, rápidamente se subieron a un auto bastante moderno y emprendieron la marcha, los seguí lo suficientemente lejos como para que ella no me viera pero también lo suficientemente cerca como para no perderles de vista. Poco a poco nos alejamos del casco urbano y pronto se confirmarían mis sospechas, la luz de guiño a la derecha llegando a un hotel alojamiento.
Mi cuñada tenía un amante, mi hermano era un gran cornudo y mi esposa y mi otra cuñada al fin de cuentas tenían razón.
Solo me aseguré de tomar todas las fotos necesarias para incriminarla.
En los siguientes días me debatiría en un sin numero de preguntas, hablando con mi conciencia, la magia se había desvanecido y como un naufrago, mis preguntas sin respuestas se ahogaban en un rincón de la habitación.
No podía hablarlo con mi esposa, hubiera sido una carnicería como en los viejos tiempos del circo romano, la hubiera entregado para que la devoraran viva y yo tendría mi parte por haberla defendido, tampoco podía contárselo a Tomas, mi hermano porque... porque sencillamente no podría mirarlo a los ojos.
Solo pensaba y pensaba que hacer, mi mesa de trabajo se llenaba de bocetos imaginándola con ese extraño, como lo hacía, que era lo que hacía, sexo oral? vaginal? anal? tenía secretos? tenía fantasías? gritaba? le gustaba romántico? o era ruda? palabras dulces? o que la trataran como puta? y si le gustaban los juguetes? los látigos? la lencería? solo me llenaba de preguntas...
Y necesitaba respuestas, y esas respuestas no me las daría mi mujer, ni mi hermano, tan solo ella, Sofía, podría desatar los nudos de mis pensamientos.
La llamé una tarde, sabiendo que mi hermano estaba de viaje, seguramente llegando a Chile, le dije que tenía que hablar con ella a solas, fuera de su casa, la invité a tomar una copa, por un tema personal, serio, privado.
Pasé por su casa en forma puntual, ella estaba exquisita como siempre, con un pantalón blanco adherido a su silueta y una camisa amplia y holgada en tonos de verdes que la hacía ver sensual como siempre.
Yo había meditado que hacer, paso a paso y solo quise que ella abriera la boca, así que fuimos al bar donde la había visto y nos sentamos en la misma mesa donde había estado con su amante.
Ensayé el discurso que tenía preparado para la ocasión, pero Sofía era muy astuta y parecía no inmutarse de tantas casualidades.
Evidentemente moriría en su silencio así que solo seguí avanzando, volvimos al coche y repetí el mismo camino hacia el hotel alojamiento, ella solo reía y preguntaba por el incierto destino y llegó el momento en que se me terminaron las indirectas puesto que no pensaba llegar al final con ella.
Paré el coche a un lado del camino, en una salida lateral, apartada, bajo un árbol, ella seguía desentendiéndose de todo entonces fui directo al hueso, le conté todo de punta a punta, sin mas rodeos, sin pelos en la lengua, pero a pesar de todo ella me trataba de loco, así que solo saqué mi celular y una a una pasé las fotos que tenía guardadas.
Entonces ella cambió de estrategia, y empezó a darme explicaciones, acerca de su soledad, de los viajes prolongados de mi hermano y que una cosa y que la otra, con los ojos enjuagados en lágrimas se acercó lentamente a la butaca de mi lado, llevando una mano a mi nuca para acariciarme dulcemente, yo me quedé mudo sin saber que reaccionar, mi deber se oponía a mis deseos pero ella era tan hábil como irresistible, pronto su mano derecha se había posado en mi pierna y me miraba fijo a los ojos, con esa mirada que me quemaba y me decía que pronto pecaría para quemarme en el infiero, cerré los ojos como tratando de no ver a los ojos a la diabla que me tentaba.
Previsiblemente la mano de mi cuñada llegó a mi verga y notó cuan dura estaba y como el círculo se cerraba, solo empezó a masajearme mas y mas, una y otra vez, buscó entonces soltar mi pantalón para desnudar mi sexo y me dejé llevar. Solo se agachó un poco, entre el volante y mi cintura para sentirla llegar, Sofía empezó a lamer mi sexo en una forma muy rica, muy profunda, con constancia, con cadencia, mis ojos ahora solo veían sus hermosos cabellos y su cabeza subiendo y bajando una y otra vez, en un dejo de cordura imploré algo así como
-Basta Sofía, esto está mal, sos la mujer de mi hermano, basta...
Pero como detener a esa mujer? como detener algo que tanto había deseado? como detener mis fantasías que tantas veces había llevado a un papel?
Ella seguía dando lo mejor de si y en el silencio de ese lugar solo se escuchaban los constantes chasquidos de sus labios golosos devorando mi verga. Llegaría mi segundo intento, ya sobre el límite de lo tolerable
-Por favor debemos parar esta locura! me voy a acabar!!!!
Mas eu sabia que ela não ia parar e, no fundo, não queria que parasse. Senti o gozo subir como lava de vulcão, imponente, impetuoso, incontrolável, e ela só fazia o dela, me agarrei no banco cravando os dedos, senti ela gemer de prazer enquanto eu gozava, e ela só seguia em frente, imparável, perfeita.
Quando tudo acabou e meu pau já estava mole, minha cunhada voltou à posição no banco dela, notei que ainda saboreava o amargor do meu gozo e até do lábio inferior dela pendia um fio fino esbranquiçado, mistura de porra e saliva.
Ela só respirou como que aliviada, satisfeita, com o objetivo cumprido, com um riso safado nos lábios, dando de ombros me disse:
— Bom, Marcelo, pelo menos agora somos cúmplices, né?
Era verdade, o que foi feito estava feito e não dava pra voltar atrás, eu tinha transado com minha cunhada, com a mulher do meu irmão, e isso mudava meu papel de acusador pra acusado, não podia mais encarar o Tomás de frente, seria escravo dos meus atos.
Voltamos sem falar muito, bom, ela falava mas eu não escutava, só fingia que sim porque tava abalado com tudo que tinha acabado de rolar e doía imaginar coisas que ainda não tinham acontecido, mas que iam acontecer.
Não tocamos mais no assunto, ela seguiu a vida dela como se nada tivesse acontecido, e percebi que o único interesse dela tinha sido comprar meu silêncio com um boquete bem dado, e eu amaldiçoei ela, e me amaldiçoei.
Passaram dois meses, um novo domingo, um novo encontro de família, dessa vez eles iam vir, meu irmão tava de licença e tudo ia se misturar, santos e pecadores.
Lembro desse dia, impossível esquecer, a Sofia tava espetacular como sempre, radiante, com uma regata meio decotada e uma saia bem curta deixando os peitos de um lado e as coxas gostosas do outro à mostra. Apesar da cordialidade e das risadas do encontro, era nítida a língua afiada da minha mulher e da minha outra cunhada em relação a ela, e ela Só deixava passar.
Também era evidente que me devorava com os olhos e ela tentava me evitar, e eu só lembrava do que tinha acontecido no carro pouco tempo atrás.
Enquanto almoçávamos, minhas ideias foram se ajeitando, caí na real que Sofia só tinha brincado comigo e me feito de cúmplice pra calar minha boca, era a única intenção e me senti um baita idiota.
Peguei meu celular e comecei a trocar mensagem com ela, a pressionar, a encurralar, ela escapava das minhas mãos que nem sabão molhado.
Depois da sobremesa, falei pra ela ir num galpão velho que ficava atrás da casa principal, quando ninguém visse, quando ninguém desconfiasse, tinha coisas pra dizer.
Vi ela se afastar e, pouco depois, fui atrás dos passos dela, o galpão era um lugar abandonado, meia-luz, empoeirado e sujo, onde amontoavam coisas que ninguém mais usava e morriam no esquecimento.
Minha cunhada pensava em falar comigo, mas não tínhamos muito tempo, então peguei ela à força e dei um beijão na boca, invadi o espaço dela com minha língua e tentei alcançar a garganta, ela me afastou e me repreendeu:
— Que cê tá fazendo? Cê é louco? Que porra cê tá pensando, sem noção????
Não respondi, ataquei de novo e, com uns movimentos bruscos, levantei quase à força a blusa e o sutiã dela, os peitos lindos dela ficaram nus, com umas auréolas enormes e amarronzadas contornando os mamilos, ela oferecia uma resistência fraca que sumia conforme eu continuava atacando, comecei a chupar eles e chupei as tetas dela como nunca tinha chupado de ninguém, ela era o próprio demônio e era impossível parar, ia de um pro outro e os mamilos dela endureceram com meus estímulos, senti os gemidos abafados dela, a respiração ofegante e o corpo todo se entregando ao que eu tava fazendo, só me incentivou a continuar.
Segurava ela com força. Tava meio curvado e ela, de olhos fechados, curtia enquanto eu lambia sem parar os peitos dela, se contraiu sem querer e desconfiei que tinha arrancado Pequeno e inesperado orgasmo.
Levei uma das minhas mãos por baixo da saia dela pra alcançar aqueles glúteos enormes que estavam completamente nus, só uma tanga quase fio dental no caminho. Sofia tentava com a mão puxar meu braço pra impedir meu avanço, mas a resistência dela era fraca demais. Acho que ela lutava contra os próprios desejos e continuava negando com a boca o que o corpo pedia. Num piscar de olhos, eu já tinha puxado a tanga de lado e tava acariciando a bunda dela, por toda volta, sem largar meu objetivo principal: chupar os peitos dela.
Em segundos, meus dedos já tinham se enfiado por trás. A piranha tava tão aberta que eles entraram naturalmente, sem resistência, e era tudo muito erótico.
Minha cunhada parecia ainda se debater entre desejos proibidos. Me pedia pra parar, pra cessar, que era loucura, mas nada soava convincente. Ela permitia que eu continuasse avançando, e eu não ia parar.
Percebi que a gente devia voltar logo pra não levantar suspeitas, não tinha muito tempo. Virei ela e coloquei as mãos dela contra a parede. A bunda enorme dela ficou à minha mercê. Levantei a saia, terminei de puxar a tanga, tirei meu pau e enfiei de uma vez, arrancando um gemido abafado dela, a ponto de ela ficar na ponta dos pés com o impacto.
A buceta dela tava tão molhada que meu pau saiu do buraco. Tive que dar um tapa na bunda pra ela ficar quieta e meter de novo. Só comi ela, com força, tão gostosa. A gente se fundiu num só. Eu tava dentro dela, me movendo sem parar, selvagem, abraçando a cintura dela, acariciando os peitos. Ela só se deixava possuir, implorava pra eu não parar. Eu sentia os gemidos dela e ela virava o rosto pra juntar os lábios com os meus.
Desci uma das mãos e enfiei por baixo da frente da tanga, acariciei todos os pelinhos do púbis dela e comecei a bater punheta nela com força. Sofia começou a se contrair e eu senti que ia gozar. Os gemidos viraram gritos abafados e só terminei deixando meus fluidos dentro dela.
Já tinha passado muito tempo, não tínhamos trocado uma palavra, mas tudo estava claro. Ajeitamos nossas roupas, arrumei os cabelos dela e voltamos separados pra reunião de família, que nem desconfiava do que tinha rolado.
Ela estava com meu irmão, eu com minha mulher. A putinha me mandava mensagem no WhatsApp, dizendo que tinha gostado, que sentia meu gozo dentro dela, que estava escorrendo e que ainda tinha ficado com vontade de eu comer a bunda dela. Ela era única.
Naquela tarde, ela me levou à loucura. As mensagens dela me excitavam, e ela brincava com isso.
Daí em diante, Sofia e eu viramos amantes. Uma loucura: minha cunhada, a mulher do meu próprio irmão. Mas ela era uma tentação impossível de resistir. Aos poucos, ela foi se afastando da família, meio que empurrada pela situação insustentável que Laura, minha esposa, e Nilda, minha outra cunhada, criavam. Sempre acabavam em briga, chamando ela de puta. E até falaram na cara dela que era uma puta quando meu irmão a pegou com aquele outro cara na cama — o mesmo cara com quem ela estava naquele dia no bar.
Por sorte, não fui eu. Poderia ter sido eu.
Eles se divorciaram, cada um seguiu seu rumo.
Hoje em dia, Sofia não aparece mais no círculo familiar. Ela é parte do passado. Meu irmão reconstruiu a vida, mas, pelas costas da minha mulher, continuamos sendo amantes. Agora tenho minha modelo pessoal pra fazer meus esboços. Adoro fazer ela posar nua pra retratar, mas claro, é impossível capturar no papel toda a beleza dela.
Se você gostou da história, pode me escrever com o título A MULHER DO MEU IRMÃO para doces.prazeres@live.com
5 comentários - La mujer de mi hermano
Creo q voy a empezar a ir al Gym jajaja