Março 1 de 4

No dejes de pasar por mi mejor post

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4084661/Mi-amada-esposa.html

No te vas a arrepentir!



MARZO

Parte 1 de 4





Enero, febrero, terminado el año anterior, luego de un diciembre de festejos, empiezan las ansiadas vacaciones, los niños no van al colegio, los adolescentes no van a la facultad, solo los que no se preocuparon deben rendir materias, entonces, todo se transforma…

Los centros turísticos se vuelven un caos, se reserva con antelación, los hoteles se ocupan rápidamente, y los que deben ser viajes de placer se transforman en viajes de locura, las rutas se saturan de coches, miles y miles de familias se trasladan como hormigas, como plagas, a paso de hombre, accidentes de tránsito, coches varados al costado del camino sufriendo recalentamientos...

Hay que hacer cola para comer, para bailar, para comprar en un negocio, para tomar un helado, para tomar un café, para hacer una excursión, los precios están por las nubes, todos quieren hacerse millonarios en dos meses, la gente se desespera, se arman tumultos, te pasan por arriba, como si en algo de todo esto se les fuera la vida…



Después de cinco años ininterrumpidos de trabajo forzado, convenimos con Mauro, mi esposo, que era hora de parar y tomar un merecido descanso. Tenía veinte cuando me casé con él, me lleva seis años, y todo se nos hizo cuesta arriba, arrancamos con lo puesto y tuvimos que forzarnos demasiado, casi sin descansar para poder estabilizarnos económicamente.

Había ido tres veces al mar, con mis padres, cuando era muy pequeña, no me quedan muchos recuerdos grabados de esa época, en mi adolescencia, con una grupo de amigas, donde la pasamos de boliche en boliche, viviendo de noche, durmiendo de día, y en mi luna de miel, con Mauro, el hombre de mi vida, creo que fue la primera vez que lo había disfrutado, playa y sexo, sexo y playa, en cualquier orden…

Al fin, con veinticinco iría al mar por cuarta vez, esta vez con un claro propósito, ir dos, volver tres, estábamos buscando nuestro primer hijo.



Lejos de la locura, elegimos marzo, los días aún son cálidos, sin ser los primeros meses del año, aún se disfrutan bonitas jornadas de templada temperatura.

Viajamos cuatrocientos kilómetros de oeste a este, mi suegro nos había prestado su coche, ya que nosotros no podemos solventar uno, el armó solo un bolso de mano, en cambio mi equipaje constaba de dos bolsos y una pequeña valija, fue risueño ver su cara, pero había lugar de sobra.

Habíamos convenido no atarnos a un hotel, cosa que era sinónimo de atarse a horarios, preferimos en cambio alquilar alguna casita, donde poder desarrollar nuestras actividades a nuestro antojo, además Mauro suele distenderse cocinando y es excelente en ello, prepara unas salsas exquisitas!



La pequeña ciudad costera estaba un tanto desierta, al menos para lo que recordaba de los meses pico, incluso varios negocios estaban cerrados ya que habían dado por terminada la temporada.

Nos tomamos un par de horas recorriendo lugares, era curioso, en enero y febrero uno es mendigo, no se consigue nada para alquilar y el poco remanente es la sobra por la que te cobran a precio palacio, pero ahora éramos reyes, todo vacío y disponible a valores irrisorios, preferían casi regalarlo antes de perder los días sin alquilar.

Al fin conseguimos a orillas del mar, en la mejor zona, a una cuadra de la calle céntrica, un complejo de unos seis u ocho departamentos en propiedad horizontal, un bonito loft de dos plantas, con el comedor, cocina en planta baja y un amplio dormitorio en planta alta, con amplios ventanales, uno con vista directa al mar, todo en finos detalles, una construcción moderna de pocos años de fabricación, con muebles cromados, un tv led enorme en la pared, wi-fi, equipo de audio y hasta un jacuzzi en el baño.



Don Alberto era el dueño de todo el complejo, Mauro le discutió bastante el precio, hasta que al final decidió aceptar los míseros quinientos pesos por quince días, el tipo, frunciendo el ceño resignado al tiempo que contaba los billetes murmuró:



-Pensar que hace unos días me dieron setecientos por una semana…


Pero claro, Febrero era otra cosa…



Con el correr de los días nos enteramos algunas cosas, el viejo vivía contiguo a nosotros, en un departamento gemelo, separado por unos metros de distancia, era inmigrante italiano y estos departamentos eran para el su pasatiempo, su forma de mantenerse entretenido, siempre había algo que arreglar, que pintar, cortar el césped, nunca tendría para aburrirse.

Añoraba a su hija, quien luego de recibirse de contadora había partido a la gran ciudad a forjar su destino, apenas la veía un par de veces en el año, su única compañía era María, su esposa, o lo que quedaba de ella, su imagen daba pena, según nos confesó Alberto tenía una enfermedad terminal y los días contados, era solo un puñado de huesos y ropas holgadas, postrada en una silla de ruedas, nos dijo también que había perdido casi por completo la vista y la audición y que él la acompañaría hasta el día en que dejara este mundo.



A pesar de todo el viejo Alberto parecía un tipo bastante centrado, calculo unos sesenta años, de cabellos y bigotes blancos, alto y espigado lo que dejaba imaginar un joven apuesto en su juventud, de ojos celestes y tez un tanto cobriza, con las marcas que dejan años y años de haber recibido el calor del sol, con un abdomen incipiente propio de la edad, perfectamente afeitado, teñía la costumbre de tener algún verde tallo en la boca que arrancaba de uno de los árboles que adornaban la vereda, un gesto que con el correr de los días se me haría familiar.


Março 1 de 4Esses quinze dias foram especiais, tudo começou maravilhosamente com meu marido, mas aos poucos ele foi ficando pesado. Aqui acho bom esclarecer que sou uma mulher muito atraente, e não é por me achar, é a realidade: tenho quase um metro e oitenta, peitos grandes e uma bunda enorme, sou bem corpulenta mas bem torneada, além de usar cabelo moreno cacheado quase até a cintura e ter dois olhos verdes enormes que brilham como faróis. E também é verdade que minha beleza é diretamente proporcional à minha vergonha; não gosto de me sentir observada pelos homens de forma lasciva, como um objeto, como um pedaço de carne. Acho que tenho outras qualidades pelas quais devo ser valorizada.

Mas Mauro se excitava me exibindo como sua joia preciosa. Ele era assim…

Na segunda noite, descobrimos que o velho Alberto saía na varanda antes de dormir, provavelmente depois do jantar. Ele se apoiava na borda e ficava pacientemente fumando seu cachimbo, com o olhar perdido no horizonte, perturbado apenas pelo barulho das ondas quebrando na areia, sob um céu escuro coberto por infinitos pontos prateados que piscavam sem parar, enquanto a lua nascente iluminava seu rosto.

Isso bastou para meu marido começar a brincar com a situação. Na terceira noite, antes de fazer amor e depois de se certificar de que o velho estava lá, ele não só abriu as janelas que davam para o mar, como também correu as cortinas que davam para o dúplex ao lado.

— O que você tá fazendo? Você é louco? O velho tá ali — reclamei, apontando com o dedo indicador.
— Eu sei, meu amor. Você não gostaria de saber que ele está nos olhando? — respondeu com um sorriso pecaminoso.
— Não, a verdade é que não gostaria que ele estivesse nos observando — eu não entendia o que o excitava naquela situação.
— Por favor, amor, realiza esse desejo pra mim, nunca te peço nada…

Só pra agradar ele, mas a situação me deixava muito desconfortável. Estava bem escuro e eu não sabia se o senhor Alberto podia nos ver ou não, mas se eu conseguia ver ele… A silhueta dele me fez perceber que ele podia ver as nossas, então não consegui esvaziar a mente e me senti presa na situação, não conseguia me desligar do velho observando nossa sacanagem.

Mas o Mauro tava extremamente excitado, o pau dele duro igual pedra. Eu amo ele, sempre amei, e fui boazinha com ele, desci devagar pelo corpo dele, ele ainda tava de cueca, dei mordidinhas suaves e gostosas por cima. Meu marido tava tão tarado que não esperou eu tirar a cueca dele, ele mesmo arrancou com aquela grossura típica de homem, e ali estava, na minha frente. Beijei e acariciei ele, enquanto lambia a cabecinha e passava a mão nas bolas dele, macias, gostosas. Subi um pouco, só pra envolver ele com meus peitões grandes, coloquei ele no meio e mexi devagar, a sensação era muito gostosa...

Enquanto o pau do Mauro deslizava entre meus peitos, meu olhar foi pra janela. A silhueta do velho ainda estava lá, imóvel, dava até pra ver a fumaça saindo do cachimbo dele. Minha cabeça encheu de perguntas, de incertezas, era uma situação muito estranha, muito doida.

As contrações do meu marido me trouxeram de volta à realidade. Ele tava gozando e eu nem tinha percebido. Levei ele de volta à minha boca e ajudei com as mãos. O jorrinho do néctar dele descendo pela minha garganta foi prova suficiente da excitação que ele tava sentindo. Aproveitei o amor dele na minha boca até o fim, como não sentia há um tempão...

Depois de beber até a última gota, fui nos lábios dele pra dar um beijo profundo de língua, como não dava há muito tempo. A rotina do dia a dia tinha tirado aquela espontaneidade dos tempos de namoro. Senti ele se excitar com a paixão e a profundidade do meu beijo e com o gosto amargo, gosto dele...

Mauro tentou dar o troco, mas eu tava desconfortável, irritada com a atitude dele. Ele me fazia sentir uma puta, isso me deixava puta da vida. O velho ainda estava na sacada. Deixei claro que não tava a fim. Ele só me deu um beijo e logo começou a roncar. Encheram o quarto. Isso me irritou ainda mais, talvez se ele tivesse feito na marra, talvez se tivesse me retribuído o favor, só de ter se perdido entre minhas pernas, mas ele nunca faria isso, não gostava do meu gosto, não tava no sangue dele, mas não podia culpá-lo totalmente, não dava pra adivinhar o que tava na minha cabeça… por fim, o sono me venceu.

CONTINUA

Se tiver comentários, sugestões sobre isso, pode me escrever com o título ‘MARÇO’ dulces.placeres@live.com

0 comentários - Março 1 de 4