O prazer de ser corno

Total libertad para comentar lo que quieran
Esperamos sean de vuestro agrado

http://www.poringa.net/posts/imagenes/5909834/Erotismo-en-B-N---01.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/5930158/Erotismo-en-B-N---02.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/5962854/Erotismo-en-B-N---03.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/5981636/Erotismo-en-B-N---04.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/5997767/Erotismo-en-B-N---05.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/6004665/Erotismo-en-B-N---06.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/6041938/Erotismo-en-B-N---07.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/6075224/Erotismo-en-color---08.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/6084997/Erotismo-en-color---09.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/6099556/Erotismo-en-color---10.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/6110497/Erotismo-en-color---11.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/6116242/Erotismo-en-color---12.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/6131873/Erotismo-en-color---13.html

https://www.poringa.net/posts/imagenes/6166354/Erotismo-en-color---14.html

https://www.poringa.net/posts/imagenes/6175748/Erotismo-en-color---15.html

https://www.poringa.net/posts/imagenes/6196209/Erotismo-en-color---16.html

https://www.poringa.net/posts/imagenes/6211165/Erotismo-en-color---17.html

https://www.poringa.net/posts/imagenes/6218344/Erotismo-en-color---18.html

https://www.poringa.net/posts/imagenes/6221055/Erotismo-en-color---19.html

https://www.poringa.net/posts/imagenes/6229944/Erotismo-en-color---20.html

https://www.poringa.net/posts/imagenes/6236841/Erotismo-en-color---21.html

https://www.poringa.net/posts/imagenes/6242993/Erotismo-en-color---22.html

https://www.poringa.net/posts/imagenes/6257813/Erotismo-en-color---23.html

https://www.poringa.net/posts/imagenes/6263980/Erotismo-en-color---24.html

https://www.poringa.net/posts/imagenes/6267616/Erotismo-en-color---25.html

https://www.poringa.net/posts/imagenes/6299343/Erotismo-en-color---26.html

https://www.poringa.net/posts/imagenes/6304941/Erotismo-en-color---27.html

https://www.poringa.net/posts/imagenes/6311358/Erotismo-en-color---28.html

https://www.poringa.net/posts/imagenes/6321113/El-culo-de-mi-mujer---compilado.html

https://www.poringa.net/posts/imagenes/6338352/Erotismo-en-color---29.html

https://www.poringa.net/posts/imagenes/6345844/La-concha-de-mi-mujer---compilado.html

https://www.poringa.net/posts/imagenes/6355862/Erotismo-en-color---30.html

https://www.poringa.net/posts/imagenes/6367959/Erotismo-en-color---31.html

https://www.poringa.net/posts/imagenes/6380286/Erotismo-en-color---32.html

https://www.poringa.net/posts/imagenes/6386170/Erotismo-en-color---33.html



EL PLACER DE SER CORNUDO

Introducción: las fotos que ilustran este relato, son en verdad una comparación entre mi persona y Carlos, protagonista de la misma



Ya pasé los cincuenta hace un tiempo y, si algo aprendí, es que la rutina no llega de golpe. Se instala de a poco, casi sin pedir permiso. Un día descubrís que las semanas se parecen demasiado entre sí y que los años empiezan a pasar más rápido de lo que uno quisiera.

Laura, mi esposa, acaba de cumplir cuarenta, aunque la historia que narraré empezó mucho atras. Siempre digo que el tiempo parece correr distinto para ella. Mientras yo empiezo a notar el cansancio en la espalda después de una jornada larga, ella parece tener una energía que no se termina nunca.

Los hijos fueron solo proyectos que alguna vez dibujamos en papeles invisibles y con el correr del tiempo fueron quedando archivados en algún lugar de nuestras memorias

Los dos trabajamos. Cumplimos horarios, pagamos cuentas, hacemos las compras, organizamos la casa y, como cualquier matrimonio después de tantos años, encontramos un equilibrio entre obligaciones y pequeños momentos para nosotros.

Pero si hay algo que distingue a Laura es que nunca puede quedarse quieta.

Va al gimnasio varias veces por semana. También hace natación, clases de fitness y cualquier actividad nueva que le despierte su curiosidad. Siempre tiene algún desafío por delante: una carrera de cinco kilómetros, una clase diferente o un entrenamiento que encontró en internet y quiere probar.

A veces la miro y me pregunto de dónde saca tanta energía.

Yo, en cambio, soy más simple. Disfruto de una buena cena, de una película un viernes por la noche o de sentarme en el patio con un vaso de vino cuando termina el día. Ella necesita moverse; yo necesito descansar.

Y, sin embargo, nos seguimos queriendo.

Claro que los años cambian las cosas. Las conversaciones ya no son las mismas que cuando nos conocimos. Las sorpresas son menos frecuentes y muchas veces sabemos lo que el otro va a decir antes de que abra la boca.

No es algo malo. Es, simplemente, la vida.

Si alguien me hubiera preguntado entonces si era feliz, habría respondido que sí. Tenía un trabajo estable, una mujer a la que seguía admirando y una vida tranquila.

Siempre me gustó mirar a Laura. No hablo de verla por costumbre, sino de detenerme a observarla como si todavía fuera aquella mujer que conocí años atrás. Porque Laura es como un vino que se añeja, con el paso de los años mas interesante se pone

Tiene una belleza imposible de ignorar. Es de esas mujeres de curvas generosas, con una presencia que llena cualquier lugar al que entra. El gimnasio, la natación y el entrenamiento constante le dieron un cuerpo firme, pero sin perder esa feminidad que siempre la caracterizó.
Su culo en especial nunca pasa desapercibido, generando deseos en los hombres y envidias en las mujeres

Lo sé porque también veo cómo la miran los demás.

En el supermercado, en un restaurante o cuando salimos a caminar. Algunos apenas disimulan; otros creen que nadie los nota. Yo sí los noto.

Y, para sorpresa de muchos, nunca me molestó.

Al contrario.

Con el paso de los años descubrí que había algo en mí que no terminaba de comprender. Saber que otros hombres la encontraban atractiva despertaba una mezcla extraña de orgullo, curiosidad y una emoción difícil de explicar.

Con el tiempo esas ideas empezaron a transformarse en fantasías.

Me imaginaba situaciones que nunca habían ocurrido. Escenarios inventados que solo existían en mi cabeza y que, por alguna razón, me resultaban intensamente estimulantes. Me preguntaba cómo sería verla despertar el interés de otro hombre, cómo reaccionaría ella, qué sentiría yo.

Eran solo pensamientos. Nada más.

Lo curioso era que no me los guardaba.

Una noche, mientras conversábamos sin apuro después de cenar, terminé confesándole lo que pasaba por mi cabeza. Esperaba que se riera o que cambiara de tema.

Laura hizo exactamente eso.

Se rió.

—Vos estás loco —me dijo entre sonrisas.

A partir de entonces, de vez en cuando, volvía a sacar el tema. Siempre como un juego, como una conversación imposible que jamás abandonaba el terreno de la imaginación.

Ella nunca compartía esas fantasías, al menos en esos días

Me escuchaba, negaba con la cabeza y terminaba diciendo que esas cosas no eran para ella. Que prefería no darles importancia.

Sin embargo, también empecé a notar que ya no cambiaba de tema tan rápido como antes, a veces me hacía una pregunta, otras, simplemente sonreía con esa expresión que nunca lograba descifrar.

En ese momento pensé que solo estaba siguiéndome la corriente para divertirse un rato, no tenía idea de que, sin buscarlo, esas conversaciones estaban sembrando una semilla que más adelante cambiaría nuestras vidas.


Y fue Laura quien pronunció su nombre por primera vez

—Llegó un compañero nuevo a natación. Es colombiano.

No le di demasiada importancia. En las actividades que hacía siempre aparecía alguien nuevo y, por lo general, el comentario terminaba ahí. Pero esta vez fue distinto.

Los días siguientes volvió a mencionarlo. No porque fueran amigos, sino porque, según ella, era imposible no notarlo. Tenía un acento pausado, amable, de esos que convierten cualquier frase en algo agradable de escuchar. Además, su presencia llamaba la atención desde el primer momento.

Era un hombre de piel negra, alto, de físico trabajado por años de entrenamiento y con una tranquilidad que, según Laura, hacía que todos terminaran hablándole.

Nadie sabía demasiado de él, algunos decían que había llegado hacía poco al país por trabajo. Otros aseguraban que había vivido en distintas ciudades antes de instalarse allí. Lo cierto era que nadie conocía realmente su historia. Y a él tampoco le gustaba contar de su vida

Solo era Carlos, el colombiano nuevo de natación.

Yo nunca lo había visto.

Todo lo que sabía de él era porque Laura me lo contaba al regresar de entrenar. A veces mencionaba alguna anécdota del grupo y él aparecía entre los nombres. Otras veces comentaba que había ayudado a organizar una clase o que había hecho reír a todos con alguna ocurrencia.

No había nada extraño en eso, al menos, eso me repetía, y sin embargo, me sorprendía esperando que volviera a nombrarlo. Cada detalle que Laura contaba iba dibujando en mi cabeza la imagen de un hombre al que ni siquiera conocía. Y cuanto más escuchaba, más curiosidad sentía por él.

No era desconfianza, era algo difícil de definir.

Como si, sin darme cuenta, una de aquellas fantasías que tantas veces había imaginado estuviera encontrando, por primera vez, un rostro y un nombre, y eso despertó en mí una sensación completamente nueva, una mezcla de inquietud, curiosidad y expectativa que no supe interpretar... o quizás preferí no hacerlo.

Con el correr de las semanas, Carlos dejó de ser simplemente "el colombiano de natación".

Su nombre empezó a aparecer con demasiada frecuencia en las conversaciones de Laura. No era porque buscaran verse fuera del grupo ni porque existiera una amistad especial. Simplemente coincidían en los entrenamientos y él tenía una personalidad imposible de ignorar.

—Es muy seguro de sí mismo —me dijo una noche mientras preparábamos la cena—. Habla con todo el mundo como si conociera a la gente de toda la vida.

También me contó que solía halagarla sin demasiados rodeos. Comentaba que estaba en excelente forma, que irradiaba energía y que llamaba la atención cuando llegaba al natatorio.

Laura siempre le respondía con distancia, aunque admitía que aquella forma tan directa de expresarse la sorprendía.

En el grupo, Carlos era motivo de bromas constantes. Los demás lo cargaban por su confianza y por las historias, probablemente exageradas, que circulaban sobre él. Nadie parecía tomarlas demasiado en serio, pero alcanzaban para convertirlo en el centro de muchas conversaciones. Es que Carlos, segun decian, tenia una pija terrible, y esas cosas no se mantienen ocultas

Yo escuchaba cada relato con una atención que ni yo mismo entendía.

Lo que para cualquier marido habría sido una simple anécdota, para mí despertaba algo distinto. Mis viejas fantasías comenzaban a mezclarse con una persona real, con alguien que existía y que formaba parte de la rutina de Laura.

Una noche, después de un largo silencio, me animé a decirle:

—¿Creés que podrías conseguirme su número? Me gustaría hablar con él alguna vez.

Laura dejó de hacer lo que estaba haciendo y me miró como si no hubiera entendido la pregunta.

—¿Hablás en serio?

Asentí.

Ella negó con la cabeza y soltó una risa incrédula.

—Cada día me sorprendés más.

Durante varios días el tema quedó ahí. Pensé que lo había olvidado.

Hasta que una tarde, al volver de natación, dejó su teléfono sobre la mesa, me miró con una mezcla de curiosidad y resignación, y dijo:

—Al final... conseguí el contacto. Ahora decime qué pensás hacer con él.

Ni ella misma parecía convencida de haber dado ese paso.

Agendé su número y luego no supe que hacer, escribí y borré, pensé la situación, y cuando uno no tiene experiencia pues solo todo es difícil.

Laura me preguntaba cada tanto


O prazer de ser corno—E aí? Cê mandou mensagem pra ele? - levantando uma sobrancelha na pergunta

E o mais louco, o que mais me excitava, era sacar que a Laura tinha um interesse escondido por toda a situação. Ela não perguntava na cara, também não confessava, mas a gente se conhecia tanto e tão bem

Às vezes ela ia por outro lado, sondando minha reação

—Sabe que hoje eu tive uma cãibra na parte funda da piscina, sorte que o Carlos tava perto e me tirou, cê não sabe as mãos que ele tem!!!

E às vezes era mais direta, mais afiada

—O que falam do Carlos parece que é verdade... cê não sabe como marca a pica dele!!!!

Ou...

—Toda vez que eu me descuido, pego o Carlos olhando pra minhas tetas... ou pra minha bunda...

Só escutava ela e percebi que a armadilha que sempre imaginei na minha cabeça tava se fechando, e só faltava uma parte da história... o Carlos

Foi assim que uma tarde eu criei coragem pra escrever pra ele

—Oi, sou o Alfredo, o marido da Laura, sua parceira de natação

Os tiques do WhatsApp passaram na hora pra azul e senti o coração saindo pela boca

—Oi amigão! Prazer! Que mulherão você tem! Parabéns

A resposta foi inesperada, direta, e a gente só começou a se escrever, primeiro com respeito, perguntando coisas da vida que no fundo pouco importavam

Mas inevitavelmente as coisas foram pro lado que os dois esperavam, falando quase só dos três. E entrei na pilha de entender que isso tava perto de deixar de ser uma fantasia, isso tinha forma, tinha peso

A Laura virou o centro das nossas conversas, comecei a mandar fotos íntimas dela, fotos que eu tirava, as tetas dela, a buceta dela, a bunda dela

—Amigão! - ele sempre me chamava assim, nunca pelo meu nome - que mulherão você tem!

—Cê acha? O que cê faria com ela?

—Comeria ela toda na sua frente, cê ia gostar de ver isso?

—Sim!!!! - eu rebatia - ia adorar ver você comendo a bunda dela! Ver ela te chupando!

—Ontem na piscina Ficava olhando pra bunda dela e lembrava de você, irmão!!!

E nessas conversas quase sempre acabava me masturbando, porque eram sempre assim, quentes, possíveis, queimavam minha cabeça de um jeito que nada mais conseguia



Uma noite como qualquer outra, já estávamos na cama, Laura mexia no celular dela, eu no meu, numa rotina que já tinha se instalado entre nós, e foi quando ele me escreveu

— O que cê tá fazendo?

Respondi meio que o de sempre, nada demais

— Tá com ela?

— Tô... — só isso, sem querer imaginar mais, mas com os dedos tremendo —

Uma imagem começou a baixar, o pau dele, enorme, mais que o dobro do meu, de comprimento e de grossura, preto como a noite, intimidador, impensável. Fiquei feito um idiota, sem saber como reagir, porque era... indescritível

— Mostra pra ela... fala que agora eu tô assim por causa dela...

Engoli seco...

— Laura...

— Fala?

— Olha...

Ela olhou incrédula, e leu o pouco que tinha na conversa, os olhos dela se arregalaram, de espanto, de incredulidade e também de tesão

Ela passou a mão no meu pau por baixo da cueca e começou a me masturbar

— Cê gosta? — ela perguntou

— Você gosta? — eu respondi

— É enorme isso!!! Cê acha que vai caber nos meus buraquinhos? Cê gosta de imaginar isso???

Me senti um merda porque eu não tinha insinuado nada, ela não entrava na equação, mas ela mesma tinha entrado no jogo

— Quer imaginar? Quer que eu conte o que sua mulherzinha faria com esse pauzão enorme???

Ela só subiu em cima de mim e começou a me cavalgar enquanto sussurrava uma história no meu ouvido, ela, Carlos, e eu só olhando

Gozei com gosto, com força, com loucura, e só uma coisa ficou clara depois daquele momento... a gente tinha que fazer aquiloNegroAs coisas só iam se encaixar naturalmente, como sempre acontece. Éramos três peças de um quebra-cabeça onde cada um tinha seu papel definido. Tudo se encaixava.

Não era o ponto de chegada.

Era o ponto de partida.

E aquele fim de semana de agosto não seria um fim de semana qualquer, seria *o* fim de semana.

A gente já tinha deixado claro o necessário pra tudo fluir: o alfa, o beta, a putinha, quem daria as ordens, quem não teria nem voz nem voto, e os limites... sinceramente, não tinha limites.

Na sexta, a gente cumpriu à risca nossa jornada de trabalho, um dia em que eu fiquei disperso porque, obviamente, minha imaginação corria na velocidade da luz.

Quando cheguei em casa, a Laura estava me esperando. Eu tinha meu primeiro trabalho pra fazer: depilar ela por completo pra satisfazer o touro.

Fiz isso. Passei creme e raspei com cuidado, como se fosse pra mim, mesmo não sendo.

Ela foi tomar um banho, depois foi minha vez.

Quando saí do banheiro, a Laura estava com um sutiã preto rendado, uma calcinha fio-dental minúscula de várias tiras que não deixava muito pra imaginação, meia-calça de rede que subia até as coxas e uns saltos finos bem altos.

Engoli seco. Ela era perfeita, ela era tudo que estava certo. Ela passava delineador na frente do espelho e, quando percebeu minha presença, disse:

— O que achou? Espero que o Carlos goste...

Eu só a segui em silêncio. É que soava tão natural. Engolir que ela se preparava pra outro perguntando pro marido... parecia loucura.

— Aliás — ela disse —, falando no Carlos, ele mandou uma coisa pra você...

Ela foi até a mesa de cabeceira e tirou o que geralmente se chama de gaiola de castidade.

— Ele não quer correr riscos. Disse que não pode ter dois touros no mesmo curral, e que é parte do que você tem que aguentar.

Ela sentou na beira da cama, pegou meu pau pequeno e o prendeu naquela prisão de metal. Estava frio.

Ela olhou nos meus olhos e guardou a chave na bolsa de mão. Naquele momento, percebi que estava perdendo o controle. As coisas já não eram mais do meu jeito. Dizia, as coisas só fluíam, e percebi que essa Laura era outra Laura.

Me senti indefeso, como aquele cachorro que colocam uma focinheira antes de levá-lo pra volta. Me troquei sem dizer nada, Laura só vestiu o casaco dela, do jeito que estava, quase nua por baixo, e senti que meu coração ia explodir. Era muito cena de filme erótico, mas era o que ela armava do jeito dela.

Dirigi até a casa do Carlos, seria meu primeiro encontro com ele, e Laura, do meu lado direito, só olhava pela janela, relaxada, tranquila, em paz.

Chegamos e o Carlos era ainda mais impactante pessoalmente do que nas fotos. Ele apertou minha mão e soltou um:

— Bem-vindo, amigo!

Já dentro, com uma temperatura agradável por causa dos aquecedores, Laura largou o casaco e deixou de lado, impiedosa, sem pudor, quase nua como uma puta oferecida diante dos olhos daquele moreno, como eu tinha imaginado, do jeito que eu gostava.

Fizemos um jantar rápido, sem muita enrolação, trocamos as palavras necessárias, as indispensáveis, porque nós três tínhamos outros planos em mente.

O relógio de parede marcava quase meia-noite quando Laura levantou do lugar e, sentando no colo do Carlos, disse:

— Não aguento mais essa situação... tô toda molhada, a gente vai fazer isso ou não?

Começaram a se beijar, muito profundo, muito quente. Ela tirou a camisa do Carlos, mostrando o peito moreno e definido, e ele começou a percorrer o corpo dela com as mãos, toda aquela mulher que era só minha, de repente já não era mais: as pernas dela, a bunda, a cintura, os peitos.

Aos poucos foram se enroscando, e eu só observando o que rolava.

Carlos se levantou de repente com uma força animal, Laura nos braços dele, e me disse:

— Me segue... vamos pro quarto.garoto pauJá no quarto, assumi meu papel passivo, como quem se senta num cinema pra ver aquele filme que tanto esperou, e os atores estavam ali, pra mim.
Laura sentou na beira da cama, soltando o corpete a pedido do Carlos, os peitos dela brilharam na penumbra do lugar.
Enquanto isso, ele terminou de se despir, e aí sim caíram todas as barreiras, que pau enorme que o animal tinha!

Ele só começou a brincar com firmeza, passando ele nos peitos da minha esposa, nos mamilos, num, no outro, era imponente.
Laura me olhou com cara de puta, como se me fizesse adivinhar o que vinha a seguir, como se minha aprovação ou negação tivesse algum peso no que rolava.
Ela só agarrou ele com uma mão e começou a chupar, devagar, sem pressa, como se estivesse curtindo e se excitando ao mesmo tempo.

— Tá gostando, amor? Não sabe como ele tá duro.

Carlos falou algo como que ela era uma puta e pareceu estar me ofendendo mais do que a ela.
Eu só tinha meu pau duro, preso naquela jaula impossível de escapar, doía.
Minha mulher então tirou a calcinha fio-dental minúscula e, como um troféu, pendurou ela no pau do amante, se deitou e se abriu toda.

— Vai! Quero saber como é ter um pau de verdade! Me faz gritar!!!

Carlos foi lá, meteu até onde cabia, ela arqueou as costas e segurou um suspiro longo, virou a cabeça pro meu lado, me olhou de novo.

— Era isso que você queria?

Por uns minutos eles transaram com força, como se eu fosse parte do cenário, um vaso de planta, como se eu não existisse. Os gemidos, os gritos e os orgasmos da minha esposa encheram o quarto, sons que eu mesmo nunca consegui arrancar dela, porque ele definitivamente jogava em outra liga.
Eu só engolia saliva com o coração batendo muito forte, o suor escorrendo na minha testa.
Em algum momento eles pararam e Carlos, no auge da excitação, disse:

— Não devíamos deixar o corno de fora... ele devia fazer alguma coisa.

— Tá bom — disse minha mulher — vamos ver... quero que você tire a minha calcinha que ainda tá pendurada no Carlos. mas com os dentes…

Laura, estranhamente, parecia ser quem mais se excitava com a humilhação que me davam.

Carlos me olhou pra ver o que eu ia fazer, e lembrei do meu papel de Beta, me aproximei. O pau enorme dele estava cheio dos sucos da minha mulher, e a calcinha fio-dental preta ainda pendurada, do jeito que ela tinha deixado.

Do jeito que deu, peguei entre meus lábios, e aquele pau ficou a milímetros do meu rosto. Senti a risada do Carlos, dominando tudo, e a Laura observando com uma expectativa que eu nunca tinha visto nela.

Quando finalmente saiu, a Laura já estava de quatro, esperando o próximo ato.

Foi quando Carlos colocou uma camisinha que não conseguia cobrir ele por completo, se posicionou atrás da minha mulher e começou a meter nela de novo.

— Que rabo lindo que você tem, Laura!!! Sempre quis te ter assim!!! Vai, puta!!! Grita!!!

— Vem, amigão! — ele me disse sem parar de meter — Preciso da sua ajuda…

Ele me deu um pote de vaselina e pediu pra eu passar com os dedos no cu dela enquanto ele continuava com a metida e tirada.

Não consigo descrever em palavras, mas aquela cobra enorme fazia ela tremer, e eu enfiava meus dedinhos no rabo dela e até sentia ele se mexer do outro lado, primeiro um, depois dois, e também três, até que tudo ficou pronto.

Carlos tirou o pau e me disse:

— Vamos, amigão, me ajuda… não dou conta sozinho…

Entendi o que ele queria. Enquanto ele abria as nádegas dela, eu peguei o pau dele na minha mão e apontei pro cu da Laura.

Aos poucos foi abrindo, aos poucos foi cedendo, até que entrou até a metade. Laura gritava até ficar rouca, apertava os lençóis entre os punhos, dizia que ele era um animal, uma besta, e isso corroía meu ego. Ele dizia que ela era uma puta e que com certeza nunca tinham comido o cu dela daquele jeito.

Carlos tirava de vez em quando, só pra ela ver como ele estava deixando ela. O esfíncter dela já não fechava mais, e aquela humilhação me enlouquecia, uma vez e outra, até que no final, ele gozou.

Me deitei, cheio de prazer, e Laura começou a me beijar docemente e a acariciar meu pau. cabelos, de lado, o pau enorme do Carlos esperava, com a camisinha cheia de porra
Laura me deixou por um momento e foi pegar aquela camisinha, voltou pro meu lado, me beijou, e então, de cima, começou a despejar toda a porra do Carlos na minha boca, com todo cuidado pra não escapar nada
Era louco, insano, mas me levou a esse ponto de loucura, de ter que beber até a última gota de porra morna do amante dela, senti na minha boca, na minha garganta, e depois, o beijo final
Ela riu então, saiu do quadro e sem muita enrolação me disse

—Pronto, love, é hora de você voltar pra casa, já é tarde…

Não entendi direito o que ela queria dizer, então o Carlos falou

—Laura e eu planejamos transar o fim de semana inteiro, assim deixo ela bem satisfeita

O caminho de volta sozinho foi mais longo que o normal, nem percebi que a Laura tinha ficado com a chave da minha gaiola de castidade
Aquele sábado e aquele domingo foram eternos, passei vendo pornô desse tipo e tendo orgasmos improvisados porque meu pau continuava preso
Ela chegou tarde, quase na hora do jantar, com uma cara de puta satisfeita que eu nunca imaginei ver

—Tudo bem? —perguntei— o que vocês fizeram esse tempo todo?

—Quer mesmo saber, pequenino? Só vou te dizer que você conseguiu, agora sua mulher é uma puta

E esse seria só o começo da história, abrir a primeira de muitas portas
Carlos foi o primeiro, mas houve e há muitos outros Carlos até hoje, e vai continuar tendo
É meio que nossa rotina, imaginar, ver ela transar com outros, e como ela disse, já não é mais minha mulher, agora é só uma puta
É a vida que escolhi, carrego nos meus lábios como marcas tatuadas os sabores de porra dos amantes dela, e hoje só tô por aí procurando quem vai ser o próximo Carlos

Se você gostou dessa história, pode me escrever com o título O PRAZER DE SER CORNO para doces.prazeres@live.com

1 comentários - O prazer de ser corno