Fotos que tomamos mi esposa y yo, tratando de darle un toque erotico
Total libertad para comentar lo que quieran
Espero sean de vuestro agrado
http://www.poringa.net/posts/imagenes/5909834/Erotismo-en-B-N---01.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/5930158/Erotismo-en-B-N---02.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/5962854/Erotismo-en-B-N---03.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/5981636/Erotismo-en-B-N---04.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/5997767/Erotismo-en-B-N---05.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/6004665/Erotismo-en-B-N---06.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/6041938/Erotismo-en-B-N---07.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/6075224/Erotismo-en-color---08.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/6084997/Erotismo-en-color---09.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/6099556/Erotismo-en-color---10.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/6110497/Erotismo-en-color---11.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/6116242/Erotismo-en-color---12.html
A pedido de muchos... arrancamos en color
LA PUTA DE PEDRO
Así me llaman todos popularmente, ‘La puta de Pedro’, y para ser honesta, no me molesta en lo más mínimo…
Tenía unos diez años cuando conocí a Pedro, él era el padre de Bianca, una de mis amiguitas de ese entonces, tengo unos recuerdos muy bonitos, un hombre gentil y bonachón que solía regalarnos caramelos a espaldas de la mamá de Bianca y se transformaba en nuestro cómplice secreto.
En ese entonces, yo era solo una nena, y él siempre me trató como una nena, al igual que a su hija y todas las amiguitas que solíamos frecuentar su hogar.
Poco a poco crecí, me hice señorita, y ese cuerpecito de niña se transformó en cuerpo de mujercita.
Cuando cumplí quince, hicimos una gran fiesta, entre tantas amigas invitamos a Bianca y a sus padres. Llegó el momento de bailar el vals, nunca olvidaré cuando fue el turno de Pedro, fueron apenas unos minutos, pero para mí fue una eternidad, sentí una conexión única con ese hombre, la forma en que me abrazó, la forma en que me miró, en ese momento no podía entender cuanto imaginaba, pero una rara electricidad corrió por mi cuerpo y sentí mojarme a mares…
Llegó mi primera vez, mis primeros novios, mis primeros desengaños, pero por algún motivo me seguí viendo ya un poco a escondidas con Pedro, no podía evitarlo. Y los chicos de mi edad me parecían vacíos, superficiales y hasta tontos, no podía encontrar en ninguno lo que encontraba en el padre de mi amiga.
Llegó nuestro primer beso, nuestra primera vez, y esa vez, supe que sería para siempre...
Y el amor prohibido y clandestino que sentía hacia ese hombre era más fuerte que todo, porque sabía que como una cuña me estaba encajando en una familia formada, que estaba traicionado la confianza que durante años me había brindado su esposa, y sobre todo, sabía que sería devastador para Bianca, mi amiga. Pero yo no me consideraba el problema, yo era parte del problema, porque sencillamente una no puede elegir de quien enamorarse…
Pedro era un tipo sencillamente encantador, aún no había llegado a los veinte cuando el ya pisaba los cincuenta, aunque aparentaba muchos menos, de pelo lacio y entrecano, elegante para vestir, siempre con camisas y pantalones haciendo juegos, rara vez lo veía con un jean, o con un short, siempre cortes clásicos, un hombre que se preocupaba por su aspecto físico, siempre perfectamente afeitado y perfumado, con su tez bronceada, era raro encontrar en su apariencia algo que estuviera fuera de lugar.
Nos habíamos enamorado, yo de su experiencia, el de mi juventud.
Nuestro amor secreto salió a la luz de la peor manera que pudiera salir, nos pasamos de confianza…
El me invitó a su casa, puesto que estaría solo ese día, todo fue bien al principio, decidí hacer algo que me gustaba hacer, él estaba sentado a la mesa, así que me escabullí entre sus piernas, desabroché su cinto y su pantalón, y comencé a darle sexo oral, de una manera única y apasionada…
Eso fue lo que vio Bianca al ingresar de improviso a la casa, estábamos tan ensimismados con lo que hacíamos que ninguno de los dos escuchó nada…
Y fue el principio del fin, fue de labios de mi amiga la primera vez que alguien me tachara de ‘puta’, fue en ese momento el peor de los tormentos, aún más doloroso y humillante que la golpiza que me propinara su esposa al enterarse.
Y ahí empezó el calvario, obviamente ellos se divorciaron y su ahora ex esposa se encargó de hacerle la vida imposible, de hostigarlo día y noche, de sacarle hasta el último peso que pudiera sacarle, a hacerle vivir un infierno por el resto de su vida, fui la mujer ‘innombrable’ en ese hogar.
Por mi parte no me fue mucho mejor, mi familia jamás aprobaría esa relación con ese ‘viejo’ y si bien nunca me lo dijeron en la cara, sé que muchos me vieron como la ‘puta rompe hogares’.
Sin embargo, Pedro y yo decidimos darnos una oportunidad, y la peleamos codo a codo contra todos los pronósticos, fuimos muy felices, hacíamos el amor dos veces al día y los fines de semana eran sencillamente un periplo sexual, me hastiaba en sexo, era un animal incansable y todo era demasiado perfecto.
Solo había un tema que no me hacía vivir en plena angustia, era nuestra diferencia de edad, porque ese ‘pequeño detalle’ era sin dudas un ‘gran detalle’, cuanto tiempo podría Pedro mantener el ritmo? Cuanto años de placer tendríamos por vivir?
Pedro siempre me acariciaba los cabellos cuando le planteaba estos temas, el solo reía y me decía que no nos preocupemos por el mañana, que vivamos el momento y que el de alguna manera u otra siempre se encargaría de que yo me sintiera una mujer plena.
Y la felicidad no duraría demasiado, bajo esa fachada de eterno galán, mi amor tenía algunos problemas de salud, el llevaba una vida de fumador y le encantaba beber buenas bebidas, nunca lo vi ebrio pero casi constantemente tenía un vaso entre sus manos. En especial disfrutaba largas noches con sus amigotes jugando a las cartas, solían venir a casa, porque tenía el ‘honor’ de ser una de las pocas mujeres que soportaban esas juergas de viejos viciosos…
Pedro enfermó, tuvo que cambiar esas pastillas para lograr erecciones por pastillas para cuidar su salud, nuestro sexo perfecto y salvaje se esfumó como agua en el desierto, y vinieron los días de sequía…
El pisaba los sesenta, su vitalidad menguaba poco a poco, yo, llegando a mis treinta era una loba en celo, estaba en mejor momento, física y sexualmente…
Mi esposo notó la situación, fue muy loco cuando él me regaló un consolador con vibrador de juguete, en principio lo rechacé un tanto indignada, sentí humillar mi femineidad, pero él me dijo que últimamente la falta de sexo me estaba volviendo una persona de mal carácter, irascible, y me pidió la oportunidad para cambiar las cosas.
Empezamos un nuevo juego en nuestra intimidad, Pedro se sentaba en un sillón y me pedía que me masturbara con ese juguete, honestamente al principio me daba mucha vergüenza, pero poco a poco le fui encontrando el erotismo al juego.
Eso duró un tiempo…
Masturbarme era rico, pero yo necesitaba un hombre, una buena verga de carne que saciara mi instinto más primitivo, instinto que Pedro ya no podía saciar…
Es acá donde Ezequiel entra en mi vida…
Ezequiel era uno de los tantos compañeros de Pedro, él era un cuarentón morochón y apuesto, y hacía tiempo que cuando el destino nos cruzaba el me miraba de una forma tan dura e intimidante que me hacía desviar mi mirada, me ponía nerviosa, pero me excitaba al mismo tiempo, poco a poco sentía el corazón latir con fuerza bajo mi pecho, sentía cortarse mi respiración, y presagiaba que en algún momento estaría con él, solo que no pensaba engañar a mi esposo, no señor.
Pedro no era tonto, me conocía demasiado y veía en mi mirada la mirada que alguna vez había tenido con él, esa mirada pecadora, esa mirada oculta, es más, puedo asegurar que en ese momento él era cómplice y hasta premeditó lo que sucedería en poco tiempo.
Esa tardecita, como solía hacer, me puse un top ajustado y unos pantalones cortos de licra, medias, zapatillas, luego la bicicleta y al verme Pedro exclamó
-Guau! vas a andar en bicicleta? Así vas a provocar un accidente de tránsito!
Solo reí complacida por sus halagos, entonces dijo
-Vas a tardar? Ezequiel debe estar por llegar a jugar cartas… el siempre habla bien de vos, y cuando vos estás, él se pierde en tus curvas… y bueno, yo gano dinero fácil!
Le dije que era un tonto y salí a rodar por la calle, fue todo tan raro, no podía sacar tantas imágenes de mi cabeza, Pedro siempre había dicho que haría lo necesario para que me sintiera una mujer completa, incluso muchas veces había tanteado mi reacción sugiriendo algún encuentro con algunos de sus amigos de juego, y Ezequiel sinceramente era una tentación difícil de rechazar.
Tal vez solo fueran ideas mías, pero pedaleaba y pedaleaba imaginando situaciones y el permanente roce del asiento en mi clítoris no hacía más que incomodarme y llevarme a un raro orgasmo que no buscaba, en plena calle, tuve que detenerme a un costado solo para suspirar, excitada…
Regresé antes de lo planeado con el corazón latiendo a mil, no pude resistirlo, al llegar Pedro y Ezequiel jugaban cartas en una atmósfera plagada de humo, Ezequiel me devoró con la mirada, seguramente atraído por el exceso de transpiración que cubría mi cuerpo y mojaba mis prendas. Me dio un beso en la mejilla, olía tan bien!
Me sentía incómoda, mi sexo estaba tan mojado que asumía que había traspasado la tanga que traía y había llegado hasta las calzas de licra, solté un suspiro contenido…
Y Pedro fue quien me sirvió en bandeja de plata, fue culminar algo que los tras sabíamos que iba a pasar, simularon una partida en la cual supuestamente el ya no tenía dinero, por lo que apostó ‘una mamada’ de mi parte si volvía a perder, ambos me miraron y como no dije que sí, pero tampoco que no, solo repartieron cartas.
Nunca entendí ese juego, así que solo esperé en silencio hasta que Pedro dijo arrojando los naipes sobre la mesa
-Diablos! volví a perder…
Se hizo un silencio sepulcral en el lugar, pareció congelarse el tiempo en ese instante, fui sobre Ezequiel, me arrodillé entre sus piernas, aflojé su pantalón y busqué su verga bajo las prendas, la saque dura como piedra, la sentía latir en mi mano, Dios! que hermosa sensación! La mirada atenta de ambos hombres quemaban mi rostro, llevé los labios a ella, empecé a lamerla con locura, como si hubiera estado enjaulada en los últimos tiempos, ese sabor, ese aroma!
Miraba a Ezequiel fijamente a los ojos, el me mantenía desafiante la mirada, inclinaba su pija para comerla y saborearla, para sentir es glande en mi paladar, para recorrerlo con mi lengua, llevé mi mano libre entre mis piernas, bajo el short, bajo la tanga, estaba empapada, mi concha era un mar salado, y metí tres dedos en mi hueco y comencé a masturbarme a medida que le daba sexo oral al morocho.
En la habitación solo se sentían los ruidos de mi boca, la respiración agitada, de pronto Ezequiel ya no me aguantó la mirada y reclinó su cabeza hacia atrás visiblemente excitado, le sentí venir y eso provocó que moviera los dedos más y más rápido dentro de mi concha, friccionando mi clítoris, mi boca de pronto empezó a llenarse de leche y ese líquido espeso solo provocó que yo también llegara haciéndome perder la coordinación, entre sus espasmos y los míos parte de semen con saliva escapó de mi boca rodando por mi rostro llegando a mis pechos, a la remera ajustada que traía en ese momento…
Los aplausos de mi esposo y una nueva bocanada de humo de su cigarro me trajeron a la realidad, Ezequiel me miraba con su verga desnuda colgando a un costado, me incorporé con algún que otro calambre en mis piernas, me sentí horrible, con una vergüenza de puta no asumida, transpirada, sucia, con sabor a leche…
Me excuse, salía casi corriendo a esconderme bajo la ducha, sin siquiera despedir a Ezequiel, sin embargo, en la soledad de ese baño, bajo el agua tibia que mojaba mi cuerpo, tomé el consolador que me había regalado mi esposo y me lo introduje tan profundo como pude, dando rienda suelta a todo mi placer contenido…
Era ya tarde cuando fuimos a la cama, no habíamos hablado del tema pero yo no me quedaría con la espina clavada, Pedro leía las noticias en páginas de internet atento a su celular, entonces pregunté
-Lo tenías planeado, verdad?
-Lo de esta tarde? Que piensas?
-No sé, tú dime… perdiste por mucho esa partida?
El me miró dulcemente y me dijo con una sonrisa en sus labios
-Ni siquiera jugamos…
Ese día daría el primer paso en lo que sin imaginar sería mi nueva vida, entraría en el círculo de amigo de Pedro con un rol activo y sexual, y sin darme cuenta las partidas de naipes pasarían a ser partidas de naipes y sexo.
De pronto me sentí el trofeo por el cual se disputaban los hombres, la joya más preciada, no me molestó hacer cornudas a muchas mujeres y por mucho era la más joven de las aburridas esposas de turno.
Empecé a coger con uno, con otro, a saciar mi instinto de mujer, si Pedro ganaba, ganaba dinero, si Pedro perdía, yo pagaba, ese era el trato.
Esa necesidad de tener sexo fue cumplida en demasía, me transformé en una especie de ninfómana que necesitaba cada vez más verga, y Pedro disfrutaba a su manera con todo esto, él tenía la más bella y la más puta de las mujeres y él era el único dueño de esa mujer, aunque la compartiera con todos…
Cambié poco a poco mis costumbres, de pasar casi desapercibida en las reuniones comencé a ser centro de las mismas, empecé a vestirme cada vez más provocativa, empecé a beber y a fumar también…
Era muy loco, a veces me cogía alguno en la habitación y yo gritaba exagerando un poco, dolo para que los que estaban afuera me escucharan…
Por lo bajo, sus amigos empezaron a referirse a mi como ‘la puta de Pedro’ y si bien no me molestaba por mí, me molestaba por el…
Aquele dia daria o primeiro passo no que, sem imaginar, seria minha nova vida. Entraria no círculo de amigos do Pedro com um papel ativo e sexual, e sem perceber, as partidas de baralho se tornariam partidas de baralho e sexo.
De repente, me senti o troféu pelo qual os homens disputavam, a joia mais preciosa. Não me incomodou fazer muitas mulheres de corna, e de longe eu era a mais jovem das esposas entediadas da vez.
Comecei a transar com um, com outro, a saciar meu instinto de mulher. Se o Pedro ganhasse, ganhava dinheiro; se o Pedro perdesse, eu pagava. Esse era o acordo.
Essa necessidade de ter sexo foi cumprida em excesso. Me transformei numa espécie de ninfomaníaca que precisava cada vez mais de pau, e o Pedro curtia à sua maneira com tudo isso. Ele tinha a mais bela e a mais puta das mulheres, e era o único dono dessa mulher, mesmo que a compartilhasse com todos...
Mudei pouco a pouco meus hábitos. De passar quase despercebida nas reuniões, comecei a ser o centro delas. Passei a me vestir cada vez mais provocante, comecei a beber e a fumar também...
Era muito louco. Às vezes, algum me comia no quarto e eu gritava exagerando um pouco, só para que os que estavam lá fora me ouvissem...
Baixinho, seus amigos começaram a se referir a mim como 'a puta do Pedro' e, se bem que não me incomodava por mim, me incomodava por ele...
E o Pedro realmente fazia honra à sua promessa: sempre me faria sentir mulher, mesmo que ele quase não conseguisse mais me comer, e sempre me surpreendia, de uma forma ou de outra. Suas loucuras e suas ideias eram um pecado irresistível para mim...
Quando ele chegou aos sessenta, fizemos uma grande festa com seus amigos. O câncer de pulmão estava matando ele, usava uma bengala para sustentar o corpo. Apesar de tudo, sua família o havia esquecido.
Fiel ao seu costume, ele me disse:
- Quero que você se vista linda para mim, quero curtir minha mulher...
Não quis me contar muito. Ele não era de me contar muito sobre seus planos...
Naquela noite, tomei banho, depilei minha buceta como ele gostava... ele gostava, coloquei um pequeno fio dental rendado, daqueles que deixam os glúteos à mostra, calcei meus saltos altos e desfilei para ele como costumava fazer, é engraçado, ele repetia que o câncer não o mataria, que seria eu quem lhe causaria uma parada cardíaca. Deixei ele escolher um vestido entre tantos, ele selecionou um preto rasgado um tanto justo, curto por baixo mal passando da minha buceta, deixando minhas coxas torneadas descobertas. Quando o carro de aplicativo chegou, ele se apoiou na bengala e colocou seu braço livre em jarra, para que eu o segurasse e com seu habitual senso de humor disse - Por via das dúvidas… você só me chama de ‘papai’ A viagem no carro foi um tanto louca, apesar de tudo Pedro mantinha aquele lobo faminto em algum lugar do seu corpo, notei como ele olhava com pouca discrição minhas pernas, sentada no banco traseiro do carro o vestido subia mais do que o recomendado, deixando meu fio dental no limite do precipício. Peguei uma de suas mãos e a apoiei sobre minha coxa, então discretamente ele a subiu até chegar à minha virilha, só me abri um pouco para que ele sentisse a temperatura quente da minha buceta, amava demais aquele homem e me molhava com apenas um toque, não aconteceu muito mais, mas com vontade teria congelado aquele momento na minha mente… Chegamos à casa de Rogelio que fazia de anfitrião, um solteirão mulherengo inveterado, que claro já tinha me comido várias vezes, era a única mulher, todos amigos de Pedro com quem costumavam fazer aquelas rodadas de cartas até altas horas da madrugada, até meu homem especial, Ezequiel estava naquela noite. Me sentia intrigada, tantos homens, eu a única, sabia que estavam tramando algo, mas não sabia o quê… Trouxeram um grande bolo, cantaram parabéns, comemos, brindamos, bebemos, jogaram algumas mãos de cartas, fumaram, e eu permaneci o tempo todo junto ao Pedro. Em algum momento da madrugada, Rogelio perguntou a Pedro - Amigo… está tarde… quer o presente que nos pediu? O solteirão ao dizer estas Ele me olhou de um jeito que até me deixou desconfortável, mas meu marido sorriu e acenou com a cabeça, ao mesmo tempo que me olhou e piscou o olho.
Um dos homens pegou minha mão e me levou alguns metros de onde estávamos, sob o olhar atento dos outros e especialmente do Pedro. Chegamos a uma mesa de sinuca, o cara me pegou pela cintura e me ajudou a sentar em cima dela, se enfiando entre minhas pernas, fazendo o vestido subir mais do que o recomendado. Ele então pegou a calcinha fio-dental entre os dedos e a tirou com cuidado, deixando-a de lado. Sacou o pau dele na frente de todos e zas! Enfiou em mim sem rodeios. Me senti tão puta, tão suja sendo fodida na frente de tantos homens…
Ele começou a se mover dentro de mim, eu comecei a ficar molhada e a gemer aos poucos, olhando fixamente para o Pedro. Só olhava para ele, para mim só existia ele, só ele importava, só queria vê-lo aproveitar. Cada gemido era para ele, cada gesto era para ele. Eu era puta, mas só para ele…
Naquele momento, senti como se fosse meu marido me comendo, mesmo mantendo apenas contato visual. Tive a intuição de que ele sentia o mesmo que eu…
O cara não demorou muito para gozar, saiu e deu lugar a outro, que fez exatamente a mesma coisa. Me comeu em cima da mesa até encher minha buceta de porra. Ezequiel veio depois, e outro, e mais um. Um por um foram me fodendo como se eu fosse a pior das vadias. Minha buceta logo se transformou num caldeirão de sêmen, e começou a se formar uma poça pequena sobre o feltro verde…
Quando todos já tinham passado pelo meu sexo, me ajudaram a me levantar. Aquela mistura de porra escorreu sem parar pelas minhas pernas até os joelhos. Me limpei como pude, ainda com minha buceta ardendo de tanto pau. Coloquei a calcinha fio-dental de volta e arrumei o vestido como uma verdadeira dama…
Não teve muito mais naquela noite. Logo chegou o táxi, todos os velhos amigos cumprimentaram o Pedro e sua puta. Lá fora estava frio, e meu marido colocou o casaco dele sobre meus ombros…
Na volta, os dois ficamos em silêncio. Eu me sentia um pouco desconfortável porque só sentia o sêmen escorrendo das minhas entranhas, sabia que meu thong estava todo encharcado e que possivelmente já estava manchando o vestido, e talvez até o banco do carro.
Pedro parecia feliz, como se tivesse tido a melhor noite de sexo da vida dele. Olhei pra ele e disse num tom baixo, pra só ele me ouvir e ao mesmo tempo não chamar a atenção do motorista:
— Por que você faz isso? Gosta de ver estranhos comendo sua mulher?
— Pra mim não existem estranhos, pra mim só existe você, só existo eu…
— Você é louco… e não te preocupam o que seus amigos falam pelas suas costas?
— Não sei… o que dizem?
Ele sabia muito bem como me chamavam, só estava brincando comigo.
— Que eu sou a 'puta do Pedro', não acha que deveriam me respeitar? Ou pelo menos respeitar você?
Meu marido então olhou pela janela do carro, acariciou o queixo e disse:
— Deixa eles, não me importo, eu só quero te ver feliz, e se você é feliz, então eu sou feliz…
A verdade é que até hoje me parece inacreditável tudo que vivi. Muitas vezes conversávamos, meu amor e eu, e nos abríamos. Muitas vezes ele comentou que em algum ponto sentia inveja dos amigos, mas se contentava em poder me comer de vez em quando. Ele me adulava, me dizia que eu era linda, que era única, que era especial, e que não importava quantos caras me comessem, porque ele sabia que era dono da coisa mais linda que eu tinha: meu coração. E muitas vezes eu disse coisas como 'chega! Foi a última vez', mas sabia que haveria uma próxima…
Quando chegou aos sessenta e dois, Pedro já não dava conta do corpo, estava inválido, acamado, e seus amigos já não eram tão amigos. Pouco a pouco se esvairam e costumavam visitá-lo mais por pena que por outro motivo. Já não me comiam, ninguém nunca ia me comer às costas do Pedro, eu não permitiria porque, do meu jeito, de alguma forma eu lhe era fiel.
Pedro, apesar de tudo, mantinha uma lucidez invejável. Seus raciocínios, seus pensamentos, sua sagacidade não combinavam com o esqueleto desgastado que havia se transformado em pouco tempo, apesar de tudo ainda fumava e já não fazia sentido impedi-lo.
Passava longas horas com seu vício, os baralhos, só que agora tinha amigos da internet, jogava com seu notebook, atrás da tela, com desconhecidos.
Pedro, com seu cérebro perverso, ainda teria surpresas para esta puta que eu carregava dentro de mim, porque mais uma vez meus dias de secura haviam voltado, e essa não era a mulher que meu amado marido queria...
Pedro, apesar da idade e dos problemas, era muito ativo nas redes sociais, especialmente gostava do Facebook. Buscando e buscando, entrou em um grupo fechado de trocas, ménages e todas essas coisas que costumam raspar os limites da moralidade e dos bons costumes. Quando ele me contou, já estava muito envolvido no assunto e, como sempre, fazia e desfazia às minhas costas.
Sei o que ele tramava, porque comentou comigo algumas vezes, como sempre, sondando minha reação. No fim, ele fez: pegou uma das minhas fotos, já tinha alguns anos, estava na praia, eu estava muito gostosa, e colocou um anúncio embaixo que dizia:
Busco homens para fazer um gangbang com minha esposa, falar por privado.
A resposta foi quase imediata, chegaram pedidos atrás de pedidos, caras interessados que eu nem conhecia, como moscas atraídas pela minha foto.
Pensei em algum momento que Pedro só estava brincando para passar o tempo, mas quem conhecia Pedro sabia quando ele brincava e quando não brincava, e quando ele me ligava toda hora para me mostrar as fotos dos candidatos e me fazer escolher sim ou não, bom, aí não tive mais dúvidas...
Uma noite, enquanto fazíamos sobremesa aproveitando um bom vinho e enquanto tragávamos os dois do mesmo cigarro, compartilhando segundos de intimidade, eu disse:
- De verdade você quer fazer isso? Ou melhor, de verdade você quer que eu faça?
- Acho que vai ser uma das últimas coisas que vou aproveitar...
A resposta dele soou póstuma, acho que ele adivinhou a angústia no meu rosto, por isso soltou uma baforada de fumaça sobre mim e quebramos a tensão com um sorriso.
Ao contrário do que possam imaginar, naquele dia eu estava tranquila demais, me sentia dona da situação e não me incomodei com os cavalheiros que um a um foram chegando em casa, perfeitos desconhecidos para mim, e para ele. Nunca entendi como há pessoas que só se dispõem a fazer sexo como animais, sem o menor vestígio de um pobre sentimento...
De repente nosso quarto estava lotado, catorze caras pelados, Pedro num canto e eu, a única mulher.
Posso dizer que entre todos me comeram como uma puta arrombada, não havia restrições, tudo era permitido, se revezavam ao meu redor como se eu fosse uma cachorra no cio seguida por um monte de cachorros quentes só para montar.
Eles me puseram em quantas posições imaginem, em quantas situações imaginem, em quantas formas imaginem, porque um saía e vinham dois, e iam dois e vinham três, me deram pela buceta, pelo cu, pelos dois lados, pela minha boca, mãos intermináveis acariciaram todo meu corpo, perdi a noção do tempo e do espaço, me alargaram por todos os lados, chupei paus, um, dois, todos, à medida que os minutos passavam mais puta eu me sentia e mais eu gostava.
Me transpirei toda, meio de excitação, meio de loucura, tentava manter contato visual com Pedro o tempo todo, mas o enxame de homens que me rodeava tornava isso impossível, gritava, gemía, chorava...
Poderia contar muitos detalhes do sexo em si, mas acho que não vem ao caso...
Só resumir que ao terminar a cama parecia um campo minado, tinha perdido a conta de quanto porra tinha engolido e quantos paus tinha chupado, minha mandíbula estava um pouco travada, minha buceta transbordava porra e doía no fundo de tantas metidas que tinha recebido, o cu já não sentia mais e estava tão aberto que não conseguia fechar, os peitos doíam, não podia nem roçar os mamilos, tinha como pinceladas rastros de sêmen por todo lado, por todo meu corpo, pelo meu rosto, até nos meus cabelos. Ao meu lado, Pedro parecia o homem mais feliz da terra, com aquele sorriso no rosto que tanto me fazia apaixonar. Olhei para ele deitada de lado, não tinha forças nem para me levantar, caramba, que porra me deram! Só respondi ao sorriso dele, fechei os olhos e dormi.
Pouco depois, Pedro estava muito mal. Fazia quinze dias que estava internado com prognóstico reservado, tinha perdido muito peso e estava acamado. Por minha parte, algo estava mudando em mim, não me sentia bem de saúde e a ausência da minha menstruação me fez suspeitar. Comprei um teste de gravidez, e sim! positivo!!!
Corri para contar ao Pedro, sentei ao lado dele e falei pausadamente:
— Meu amor, não sei se você me escuta, mas tenho uma notícia para te dar: vamos ser pais!
Uma lágrima escorreu pelo meu rosto naquele momento. Pedro parecia inconsciente e não sabia se ele realmente podia ouvir o que eu dizia. Não tinha a mínima ideia de quem era aquele espermatozoide, mas para mim, sem dúvidas, o amor que Pedro tinha por mim o tornava o pai.
Pedro faleceu no dia seguinte. Não foi muita gente no seu velório, mesmo avisando todos os seus ‘amigos’, só três apareceram um tempinho, só para cumprir tabela. Estranhei não ver o Ezequiel. Meus pais também foram e me fizeram companhia, esquecendo velhas mágoas — claro, sem imaginar tudo o que estou narrando.
Passaram alguns vizinhos, amigos de longa data, parentes, você sabe…
Muitos me perguntaram sobre a ex-esposa dele, uma ausência notória. Só Bianca, a filha dele, minha amiga perdida que eu não via há anos, ficou ao lado do pai. No entanto, não trocamos uma palavra, só trocamos alguns olhares…
Hoje estou recomeçando minha vida e estou apaixonada novamente por um homem da minha idade, algo mais normal, longe de toda essa loucura. O pequeno Pedro vai fazer três anos. De alguma forma, ele sempre me lembrará do pai, o amor da minha vida…
Quer fazer comentários sobre esse relato? escreva para mim com o assunto ‘A putinha DO PEDRO’ para DULCES.PLACERES@LIVE.COM
Total libertad para comentar lo que quieran
Espero sean de vuestro agrado
http://www.poringa.net/posts/imagenes/5909834/Erotismo-en-B-N---01.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/5930158/Erotismo-en-B-N---02.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/5962854/Erotismo-en-B-N---03.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/5981636/Erotismo-en-B-N---04.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/5997767/Erotismo-en-B-N---05.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/6004665/Erotismo-en-B-N---06.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/6041938/Erotismo-en-B-N---07.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/6075224/Erotismo-en-color---08.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/6084997/Erotismo-en-color---09.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/6099556/Erotismo-en-color---10.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/6110497/Erotismo-en-color---11.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/6116242/Erotismo-en-color---12.html
A pedido de muchos... arrancamos en color
LA PUTA DE PEDRO
Así me llaman todos popularmente, ‘La puta de Pedro’, y para ser honesta, no me molesta en lo más mínimo…
Tenía unos diez años cuando conocí a Pedro, él era el padre de Bianca, una de mis amiguitas de ese entonces, tengo unos recuerdos muy bonitos, un hombre gentil y bonachón que solía regalarnos caramelos a espaldas de la mamá de Bianca y se transformaba en nuestro cómplice secreto.
En ese entonces, yo era solo una nena, y él siempre me trató como una nena, al igual que a su hija y todas las amiguitas que solíamos frecuentar su hogar.
Poco a poco crecí, me hice señorita, y ese cuerpecito de niña se transformó en cuerpo de mujercita.
Cuando cumplí quince, hicimos una gran fiesta, entre tantas amigas invitamos a Bianca y a sus padres. Llegó el momento de bailar el vals, nunca olvidaré cuando fue el turno de Pedro, fueron apenas unos minutos, pero para mí fue una eternidad, sentí una conexión única con ese hombre, la forma en que me abrazó, la forma en que me miró, en ese momento no podía entender cuanto imaginaba, pero una rara electricidad corrió por mi cuerpo y sentí mojarme a mares…
Llegó mi primera vez, mis primeros novios, mis primeros desengaños, pero por algún motivo me seguí viendo ya un poco a escondidas con Pedro, no podía evitarlo. Y los chicos de mi edad me parecían vacíos, superficiales y hasta tontos, no podía encontrar en ninguno lo que encontraba en el padre de mi amiga.
Llegó nuestro primer beso, nuestra primera vez, y esa vez, supe que sería para siempre...
Y el amor prohibido y clandestino que sentía hacia ese hombre era más fuerte que todo, porque sabía que como una cuña me estaba encajando en una familia formada, que estaba traicionado la confianza que durante años me había brindado su esposa, y sobre todo, sabía que sería devastador para Bianca, mi amiga. Pero yo no me consideraba el problema, yo era parte del problema, porque sencillamente una no puede elegir de quien enamorarse…
Pedro era un tipo sencillamente encantador, aún no había llegado a los veinte cuando el ya pisaba los cincuenta, aunque aparentaba muchos menos, de pelo lacio y entrecano, elegante para vestir, siempre con camisas y pantalones haciendo juegos, rara vez lo veía con un jean, o con un short, siempre cortes clásicos, un hombre que se preocupaba por su aspecto físico, siempre perfectamente afeitado y perfumado, con su tez bronceada, era raro encontrar en su apariencia algo que estuviera fuera de lugar.
Nos habíamos enamorado, yo de su experiencia, el de mi juventud.
Nuestro amor secreto salió a la luz de la peor manera que pudiera salir, nos pasamos de confianza…
El me invitó a su casa, puesto que estaría solo ese día, todo fue bien al principio, decidí hacer algo que me gustaba hacer, él estaba sentado a la mesa, así que me escabullí entre sus piernas, desabroché su cinto y su pantalón, y comencé a darle sexo oral, de una manera única y apasionada…
Eso fue lo que vio Bianca al ingresar de improviso a la casa, estábamos tan ensimismados con lo que hacíamos que ninguno de los dos escuchó nada…
Y fue el principio del fin, fue de labios de mi amiga la primera vez que alguien me tachara de ‘puta’, fue en ese momento el peor de los tormentos, aún más doloroso y humillante que la golpiza que me propinara su esposa al enterarse.
Y ahí empezó el calvario, obviamente ellos se divorciaron y su ahora ex esposa se encargó de hacerle la vida imposible, de hostigarlo día y noche, de sacarle hasta el último peso que pudiera sacarle, a hacerle vivir un infierno por el resto de su vida, fui la mujer ‘innombrable’ en ese hogar.
Por mi parte no me fue mucho mejor, mi familia jamás aprobaría esa relación con ese ‘viejo’ y si bien nunca me lo dijeron en la cara, sé que muchos me vieron como la ‘puta rompe hogares’.
Sin embargo, Pedro y yo decidimos darnos una oportunidad, y la peleamos codo a codo contra todos los pronósticos, fuimos muy felices, hacíamos el amor dos veces al día y los fines de semana eran sencillamente un periplo sexual, me hastiaba en sexo, era un animal incansable y todo era demasiado perfecto.
Solo había un tema que no me hacía vivir en plena angustia, era nuestra diferencia de edad, porque ese ‘pequeño detalle’ era sin dudas un ‘gran detalle’, cuanto tiempo podría Pedro mantener el ritmo? Cuanto años de placer tendríamos por vivir?
Pedro siempre me acariciaba los cabellos cuando le planteaba estos temas, el solo reía y me decía que no nos preocupemos por el mañana, que vivamos el momento y que el de alguna manera u otra siempre se encargaría de que yo me sintiera una mujer plena.
Y la felicidad no duraría demasiado, bajo esa fachada de eterno galán, mi amor tenía algunos problemas de salud, el llevaba una vida de fumador y le encantaba beber buenas bebidas, nunca lo vi ebrio pero casi constantemente tenía un vaso entre sus manos. En especial disfrutaba largas noches con sus amigotes jugando a las cartas, solían venir a casa, porque tenía el ‘honor’ de ser una de las pocas mujeres que soportaban esas juergas de viejos viciosos…
Pedro enfermó, tuvo que cambiar esas pastillas para lograr erecciones por pastillas para cuidar su salud, nuestro sexo perfecto y salvaje se esfumó como agua en el desierto, y vinieron los días de sequía…
El pisaba los sesenta, su vitalidad menguaba poco a poco, yo, llegando a mis treinta era una loba en celo, estaba en mejor momento, física y sexualmente…
Mi esposo notó la situación, fue muy loco cuando él me regaló un consolador con vibrador de juguete, en principio lo rechacé un tanto indignada, sentí humillar mi femineidad, pero él me dijo que últimamente la falta de sexo me estaba volviendo una persona de mal carácter, irascible, y me pidió la oportunidad para cambiar las cosas.
Empezamos un nuevo juego en nuestra intimidad, Pedro se sentaba en un sillón y me pedía que me masturbara con ese juguete, honestamente al principio me daba mucha vergüenza, pero poco a poco le fui encontrando el erotismo al juego.
Eso duró un tiempo…
Masturbarme era rico, pero yo necesitaba un hombre, una buena verga de carne que saciara mi instinto más primitivo, instinto que Pedro ya no podía saciar…
Es acá donde Ezequiel entra en mi vida…
Ezequiel era uno de los tantos compañeros de Pedro, él era un cuarentón morochón y apuesto, y hacía tiempo que cuando el destino nos cruzaba el me miraba de una forma tan dura e intimidante que me hacía desviar mi mirada, me ponía nerviosa, pero me excitaba al mismo tiempo, poco a poco sentía el corazón latir con fuerza bajo mi pecho, sentía cortarse mi respiración, y presagiaba que en algún momento estaría con él, solo que no pensaba engañar a mi esposo, no señor.
Pedro no era tonto, me conocía demasiado y veía en mi mirada la mirada que alguna vez había tenido con él, esa mirada pecadora, esa mirada oculta, es más, puedo asegurar que en ese momento él era cómplice y hasta premeditó lo que sucedería en poco tiempo.
Esa tardecita, como solía hacer, me puse un top ajustado y unos pantalones cortos de licra, medias, zapatillas, luego la bicicleta y al verme Pedro exclamó
-Guau! vas a andar en bicicleta? Así vas a provocar un accidente de tránsito!
Solo reí complacida por sus halagos, entonces dijo
-Vas a tardar? Ezequiel debe estar por llegar a jugar cartas… el siempre habla bien de vos, y cuando vos estás, él se pierde en tus curvas… y bueno, yo gano dinero fácil!
Le dije que era un tonto y salí a rodar por la calle, fue todo tan raro, no podía sacar tantas imágenes de mi cabeza, Pedro siempre había dicho que haría lo necesario para que me sintiera una mujer completa, incluso muchas veces había tanteado mi reacción sugiriendo algún encuentro con algunos de sus amigos de juego, y Ezequiel sinceramente era una tentación difícil de rechazar.
Tal vez solo fueran ideas mías, pero pedaleaba y pedaleaba imaginando situaciones y el permanente roce del asiento en mi clítoris no hacía más que incomodarme y llevarme a un raro orgasmo que no buscaba, en plena calle, tuve que detenerme a un costado solo para suspirar, excitada…
Regresé antes de lo planeado con el corazón latiendo a mil, no pude resistirlo, al llegar Pedro y Ezequiel jugaban cartas en una atmósfera plagada de humo, Ezequiel me devoró con la mirada, seguramente atraído por el exceso de transpiración que cubría mi cuerpo y mojaba mis prendas. Me dio un beso en la mejilla, olía tan bien!
Me sentía incómoda, mi sexo estaba tan mojado que asumía que había traspasado la tanga que traía y había llegado hasta las calzas de licra, solté un suspiro contenido…
Y Pedro fue quien me sirvió en bandeja de plata, fue culminar algo que los tras sabíamos que iba a pasar, simularon una partida en la cual supuestamente el ya no tenía dinero, por lo que apostó ‘una mamada’ de mi parte si volvía a perder, ambos me miraron y como no dije que sí, pero tampoco que no, solo repartieron cartas.
Nunca entendí ese juego, así que solo esperé en silencio hasta que Pedro dijo arrojando los naipes sobre la mesa
-Diablos! volví a perder…
Se hizo un silencio sepulcral en el lugar, pareció congelarse el tiempo en ese instante, fui sobre Ezequiel, me arrodillé entre sus piernas, aflojé su pantalón y busqué su verga bajo las prendas, la saque dura como piedra, la sentía latir en mi mano, Dios! que hermosa sensación! La mirada atenta de ambos hombres quemaban mi rostro, llevé los labios a ella, empecé a lamerla con locura, como si hubiera estado enjaulada en los últimos tiempos, ese sabor, ese aroma!
Miraba a Ezequiel fijamente a los ojos, el me mantenía desafiante la mirada, inclinaba su pija para comerla y saborearla, para sentir es glande en mi paladar, para recorrerlo con mi lengua, llevé mi mano libre entre mis piernas, bajo el short, bajo la tanga, estaba empapada, mi concha era un mar salado, y metí tres dedos en mi hueco y comencé a masturbarme a medida que le daba sexo oral al morocho.
En la habitación solo se sentían los ruidos de mi boca, la respiración agitada, de pronto Ezequiel ya no me aguantó la mirada y reclinó su cabeza hacia atrás visiblemente excitado, le sentí venir y eso provocó que moviera los dedos más y más rápido dentro de mi concha, friccionando mi clítoris, mi boca de pronto empezó a llenarse de leche y ese líquido espeso solo provocó que yo también llegara haciéndome perder la coordinación, entre sus espasmos y los míos parte de semen con saliva escapó de mi boca rodando por mi rostro llegando a mis pechos, a la remera ajustada que traía en ese momento…
Los aplausos de mi esposo y una nueva bocanada de humo de su cigarro me trajeron a la realidad, Ezequiel me miraba con su verga desnuda colgando a un costado, me incorporé con algún que otro calambre en mis piernas, me sentí horrible, con una vergüenza de puta no asumida, transpirada, sucia, con sabor a leche…
Me excuse, salía casi corriendo a esconderme bajo la ducha, sin siquiera despedir a Ezequiel, sin embargo, en la soledad de ese baño, bajo el agua tibia que mojaba mi cuerpo, tomé el consolador que me había regalado mi esposo y me lo introduje tan profundo como pude, dando rienda suelta a todo mi placer contenido…
Era ya tarde cuando fuimos a la cama, no habíamos hablado del tema pero yo no me quedaría con la espina clavada, Pedro leía las noticias en páginas de internet atento a su celular, entonces pregunté
-Lo tenías planeado, verdad?
-Lo de esta tarde? Que piensas?
-No sé, tú dime… perdiste por mucho esa partida?
El me miró dulcemente y me dijo con una sonrisa en sus labios
-Ni siquiera jugamos…
Ese día daría el primer paso en lo que sin imaginar sería mi nueva vida, entraría en el círculo de amigo de Pedro con un rol activo y sexual, y sin darme cuenta las partidas de naipes pasarían a ser partidas de naipes y sexo.
De pronto me sentí el trofeo por el cual se disputaban los hombres, la joya más preciada, no me molestó hacer cornudas a muchas mujeres y por mucho era la más joven de las aburridas esposas de turno.
Empecé a coger con uno, con otro, a saciar mi instinto de mujer, si Pedro ganaba, ganaba dinero, si Pedro perdía, yo pagaba, ese era el trato.
Esa necesidad de tener sexo fue cumplida en demasía, me transformé en una especie de ninfómana que necesitaba cada vez más verga, y Pedro disfrutaba a su manera con todo esto, él tenía la más bella y la más puta de las mujeres y él era el único dueño de esa mujer, aunque la compartiera con todos…
Cambié poco a poco mis costumbres, de pasar casi desapercibida en las reuniones comencé a ser centro de las mismas, empecé a vestirme cada vez más provocativa, empecé a beber y a fumar también…
Era muy loco, a veces me cogía alguno en la habitación y yo gritaba exagerando un poco, dolo para que los que estaban afuera me escucharan…
Por lo bajo, sus amigos empezaron a referirse a mi como ‘la puta de Pedro’ y si bien no me molestaba por mí, me molestaba por el…
Aquele dia daria o primeiro passo no que, sem imaginar, seria minha nova vida. Entraria no círculo de amigos do Pedro com um papel ativo e sexual, e sem perceber, as partidas de baralho se tornariam partidas de baralho e sexo.De repente, me senti o troféu pelo qual os homens disputavam, a joia mais preciosa. Não me incomodou fazer muitas mulheres de corna, e de longe eu era a mais jovem das esposas entediadas da vez.
Comecei a transar com um, com outro, a saciar meu instinto de mulher. Se o Pedro ganhasse, ganhava dinheiro; se o Pedro perdesse, eu pagava. Esse era o acordo.
Essa necessidade de ter sexo foi cumprida em excesso. Me transformei numa espécie de ninfomaníaca que precisava cada vez mais de pau, e o Pedro curtia à sua maneira com tudo isso. Ele tinha a mais bela e a mais puta das mulheres, e era o único dono dessa mulher, mesmo que a compartilhasse com todos...
Mudei pouco a pouco meus hábitos. De passar quase despercebida nas reuniões, comecei a ser o centro delas. Passei a me vestir cada vez mais provocante, comecei a beber e a fumar também...
Era muito louco. Às vezes, algum me comia no quarto e eu gritava exagerando um pouco, só para que os que estavam lá fora me ouvissem...
Baixinho, seus amigos começaram a se referir a mim como 'a puta do Pedro' e, se bem que não me incomodava por mim, me incomodava por ele...
E o Pedro realmente fazia honra à sua promessa: sempre me faria sentir mulher, mesmo que ele quase não conseguisse mais me comer, e sempre me surpreendia, de uma forma ou de outra. Suas loucuras e suas ideias eram um pecado irresistível para mim...
Quando ele chegou aos sessenta, fizemos uma grande festa com seus amigos. O câncer de pulmão estava matando ele, usava uma bengala para sustentar o corpo. Apesar de tudo, sua família o havia esquecido.
Fiel ao seu costume, ele me disse:
- Quero que você se vista linda para mim, quero curtir minha mulher...
Não quis me contar muito. Ele não era de me contar muito sobre seus planos...
Naquela noite, tomei banho, depilei minha buceta como ele gostava... ele gostava, coloquei um pequeno fio dental rendado, daqueles que deixam os glúteos à mostra, calcei meus saltos altos e desfilei para ele como costumava fazer, é engraçado, ele repetia que o câncer não o mataria, que seria eu quem lhe causaria uma parada cardíaca. Deixei ele escolher um vestido entre tantos, ele selecionou um preto rasgado um tanto justo, curto por baixo mal passando da minha buceta, deixando minhas coxas torneadas descobertas. Quando o carro de aplicativo chegou, ele se apoiou na bengala e colocou seu braço livre em jarra, para que eu o segurasse e com seu habitual senso de humor disse - Por via das dúvidas… você só me chama de ‘papai’ A viagem no carro foi um tanto louca, apesar de tudo Pedro mantinha aquele lobo faminto em algum lugar do seu corpo, notei como ele olhava com pouca discrição minhas pernas, sentada no banco traseiro do carro o vestido subia mais do que o recomendado, deixando meu fio dental no limite do precipício. Peguei uma de suas mãos e a apoiei sobre minha coxa, então discretamente ele a subiu até chegar à minha virilha, só me abri um pouco para que ele sentisse a temperatura quente da minha buceta, amava demais aquele homem e me molhava com apenas um toque, não aconteceu muito mais, mas com vontade teria congelado aquele momento na minha mente… Chegamos à casa de Rogelio que fazia de anfitrião, um solteirão mulherengo inveterado, que claro já tinha me comido várias vezes, era a única mulher, todos amigos de Pedro com quem costumavam fazer aquelas rodadas de cartas até altas horas da madrugada, até meu homem especial, Ezequiel estava naquela noite. Me sentia intrigada, tantos homens, eu a única, sabia que estavam tramando algo, mas não sabia o quê… Trouxeram um grande bolo, cantaram parabéns, comemos, brindamos, bebemos, jogaram algumas mãos de cartas, fumaram, e eu permaneci o tempo todo junto ao Pedro. Em algum momento da madrugada, Rogelio perguntou a Pedro - Amigo… está tarde… quer o presente que nos pediu? O solteirão ao dizer estas Ele me olhou de um jeito que até me deixou desconfortável, mas meu marido sorriu e acenou com a cabeça, ao mesmo tempo que me olhou e piscou o olho.
Um dos homens pegou minha mão e me levou alguns metros de onde estávamos, sob o olhar atento dos outros e especialmente do Pedro. Chegamos a uma mesa de sinuca, o cara me pegou pela cintura e me ajudou a sentar em cima dela, se enfiando entre minhas pernas, fazendo o vestido subir mais do que o recomendado. Ele então pegou a calcinha fio-dental entre os dedos e a tirou com cuidado, deixando-a de lado. Sacou o pau dele na frente de todos e zas! Enfiou em mim sem rodeios. Me senti tão puta, tão suja sendo fodida na frente de tantos homens…
Ele começou a se mover dentro de mim, eu comecei a ficar molhada e a gemer aos poucos, olhando fixamente para o Pedro. Só olhava para ele, para mim só existia ele, só ele importava, só queria vê-lo aproveitar. Cada gemido era para ele, cada gesto era para ele. Eu era puta, mas só para ele…
Naquele momento, senti como se fosse meu marido me comendo, mesmo mantendo apenas contato visual. Tive a intuição de que ele sentia o mesmo que eu…
O cara não demorou muito para gozar, saiu e deu lugar a outro, que fez exatamente a mesma coisa. Me comeu em cima da mesa até encher minha buceta de porra. Ezequiel veio depois, e outro, e mais um. Um por um foram me fodendo como se eu fosse a pior das vadias. Minha buceta logo se transformou num caldeirão de sêmen, e começou a se formar uma poça pequena sobre o feltro verde…
Quando todos já tinham passado pelo meu sexo, me ajudaram a me levantar. Aquela mistura de porra escorreu sem parar pelas minhas pernas até os joelhos. Me limpei como pude, ainda com minha buceta ardendo de tanto pau. Coloquei a calcinha fio-dental de volta e arrumei o vestido como uma verdadeira dama…
Não teve muito mais naquela noite. Logo chegou o táxi, todos os velhos amigos cumprimentaram o Pedro e sua puta. Lá fora estava frio, e meu marido colocou o casaco dele sobre meus ombros…
Na volta, os dois ficamos em silêncio. Eu me sentia um pouco desconfortável porque só sentia o sêmen escorrendo das minhas entranhas, sabia que meu thong estava todo encharcado e que possivelmente já estava manchando o vestido, e talvez até o banco do carro.
Pedro parecia feliz, como se tivesse tido a melhor noite de sexo da vida dele. Olhei pra ele e disse num tom baixo, pra só ele me ouvir e ao mesmo tempo não chamar a atenção do motorista:
— Por que você faz isso? Gosta de ver estranhos comendo sua mulher?
— Pra mim não existem estranhos, pra mim só existe você, só existo eu…
— Você é louco… e não te preocupam o que seus amigos falam pelas suas costas?
— Não sei… o que dizem?
Ele sabia muito bem como me chamavam, só estava brincando comigo.
— Que eu sou a 'puta do Pedro', não acha que deveriam me respeitar? Ou pelo menos respeitar você?
Meu marido então olhou pela janela do carro, acariciou o queixo e disse:
— Deixa eles, não me importo, eu só quero te ver feliz, e se você é feliz, então eu sou feliz…
A verdade é que até hoje me parece inacreditável tudo que vivi. Muitas vezes conversávamos, meu amor e eu, e nos abríamos. Muitas vezes ele comentou que em algum ponto sentia inveja dos amigos, mas se contentava em poder me comer de vez em quando. Ele me adulava, me dizia que eu era linda, que era única, que era especial, e que não importava quantos caras me comessem, porque ele sabia que era dono da coisa mais linda que eu tinha: meu coração. E muitas vezes eu disse coisas como 'chega! Foi a última vez', mas sabia que haveria uma próxima…
Quando chegou aos sessenta e dois, Pedro já não dava conta do corpo, estava inválido, acamado, e seus amigos já não eram tão amigos. Pouco a pouco se esvairam e costumavam visitá-lo mais por pena que por outro motivo. Já não me comiam, ninguém nunca ia me comer às costas do Pedro, eu não permitiria porque, do meu jeito, de alguma forma eu lhe era fiel.
Pedro, apesar de tudo, mantinha uma lucidez invejável. Seus raciocínios, seus pensamentos, sua sagacidade não combinavam com o esqueleto desgastado que havia se transformado em pouco tempo, apesar de tudo ainda fumava e já não fazia sentido impedi-lo.
Passava longas horas com seu vício, os baralhos, só que agora tinha amigos da internet, jogava com seu notebook, atrás da tela, com desconhecidos.
Pedro, com seu cérebro perverso, ainda teria surpresas para esta puta que eu carregava dentro de mim, porque mais uma vez meus dias de secura haviam voltado, e essa não era a mulher que meu amado marido queria...
Pedro, apesar da idade e dos problemas, era muito ativo nas redes sociais, especialmente gostava do Facebook. Buscando e buscando, entrou em um grupo fechado de trocas, ménages e todas essas coisas que costumam raspar os limites da moralidade e dos bons costumes. Quando ele me contou, já estava muito envolvido no assunto e, como sempre, fazia e desfazia às minhas costas.
Sei o que ele tramava, porque comentou comigo algumas vezes, como sempre, sondando minha reação. No fim, ele fez: pegou uma das minhas fotos, já tinha alguns anos, estava na praia, eu estava muito gostosa, e colocou um anúncio embaixo que dizia:
Busco homens para fazer um gangbang com minha esposa, falar por privado.
A resposta foi quase imediata, chegaram pedidos atrás de pedidos, caras interessados que eu nem conhecia, como moscas atraídas pela minha foto.
Pensei em algum momento que Pedro só estava brincando para passar o tempo, mas quem conhecia Pedro sabia quando ele brincava e quando não brincava, e quando ele me ligava toda hora para me mostrar as fotos dos candidatos e me fazer escolher sim ou não, bom, aí não tive mais dúvidas...
Uma noite, enquanto fazíamos sobremesa aproveitando um bom vinho e enquanto tragávamos os dois do mesmo cigarro, compartilhando segundos de intimidade, eu disse:
- De verdade você quer fazer isso? Ou melhor, de verdade você quer que eu faça?
- Acho que vai ser uma das últimas coisas que vou aproveitar...
A resposta dele soou póstuma, acho que ele adivinhou a angústia no meu rosto, por isso soltou uma baforada de fumaça sobre mim e quebramos a tensão com um sorriso.
Ao contrário do que possam imaginar, naquele dia eu estava tranquila demais, me sentia dona da situação e não me incomodei com os cavalheiros que um a um foram chegando em casa, perfeitos desconhecidos para mim, e para ele. Nunca entendi como há pessoas que só se dispõem a fazer sexo como animais, sem o menor vestígio de um pobre sentimento...
De repente nosso quarto estava lotado, catorze caras pelados, Pedro num canto e eu, a única mulher.
Posso dizer que entre todos me comeram como uma puta arrombada, não havia restrições, tudo era permitido, se revezavam ao meu redor como se eu fosse uma cachorra no cio seguida por um monte de cachorros quentes só para montar.
Eles me puseram em quantas posições imaginem, em quantas situações imaginem, em quantas formas imaginem, porque um saía e vinham dois, e iam dois e vinham três, me deram pela buceta, pelo cu, pelos dois lados, pela minha boca, mãos intermináveis acariciaram todo meu corpo, perdi a noção do tempo e do espaço, me alargaram por todos os lados, chupei paus, um, dois, todos, à medida que os minutos passavam mais puta eu me sentia e mais eu gostava.
Me transpirei toda, meio de excitação, meio de loucura, tentava manter contato visual com Pedro o tempo todo, mas o enxame de homens que me rodeava tornava isso impossível, gritava, gemía, chorava...
Poderia contar muitos detalhes do sexo em si, mas acho que não vem ao caso...
Só resumir que ao terminar a cama parecia um campo minado, tinha perdido a conta de quanto porra tinha engolido e quantos paus tinha chupado, minha mandíbula estava um pouco travada, minha buceta transbordava porra e doía no fundo de tantas metidas que tinha recebido, o cu já não sentia mais e estava tão aberto que não conseguia fechar, os peitos doíam, não podia nem roçar os mamilos, tinha como pinceladas rastros de sêmen por todo lado, por todo meu corpo, pelo meu rosto, até nos meus cabelos. Ao meu lado, Pedro parecia o homem mais feliz da terra, com aquele sorriso no rosto que tanto me fazia apaixonar. Olhei para ele deitada de lado, não tinha forças nem para me levantar, caramba, que porra me deram! Só respondi ao sorriso dele, fechei os olhos e dormi.
Pouco depois, Pedro estava muito mal. Fazia quinze dias que estava internado com prognóstico reservado, tinha perdido muito peso e estava acamado. Por minha parte, algo estava mudando em mim, não me sentia bem de saúde e a ausência da minha menstruação me fez suspeitar. Comprei um teste de gravidez, e sim! positivo!!!
Corri para contar ao Pedro, sentei ao lado dele e falei pausadamente:
— Meu amor, não sei se você me escuta, mas tenho uma notícia para te dar: vamos ser pais!
Uma lágrima escorreu pelo meu rosto naquele momento. Pedro parecia inconsciente e não sabia se ele realmente podia ouvir o que eu dizia. Não tinha a mínima ideia de quem era aquele espermatozoide, mas para mim, sem dúvidas, o amor que Pedro tinha por mim o tornava o pai.
Pedro faleceu no dia seguinte. Não foi muita gente no seu velório, mesmo avisando todos os seus ‘amigos’, só três apareceram um tempinho, só para cumprir tabela. Estranhei não ver o Ezequiel. Meus pais também foram e me fizeram companhia, esquecendo velhas mágoas — claro, sem imaginar tudo o que estou narrando.
Passaram alguns vizinhos, amigos de longa data, parentes, você sabe…
Muitos me perguntaram sobre a ex-esposa dele, uma ausência notória. Só Bianca, a filha dele, minha amiga perdida que eu não via há anos, ficou ao lado do pai. No entanto, não trocamos uma palavra, só trocamos alguns olhares…
Hoje estou recomeçando minha vida e estou apaixonada novamente por um homem da minha idade, algo mais normal, longe de toda essa loucura. O pequeno Pedro vai fazer três anos. De alguma forma, ele sempre me lembrará do pai, o amor da minha vida…
Quer fazer comentários sobre esse relato? escreva para mim com o assunto ‘A putinha DO PEDRO’ para DULCES.PLACERES@LIVE.COM
1 comentários - A putinha do Pedro