Fotos que tomamos mi esposa y yo, tratando de darle un toque erotico
Total libertad para comentar lo que quieran
Espero sean de vuestro agrado
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A pedido de muchos... arrancamos en color
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JAQUE A LA REINA!
Jaque a la reina viene a encerrar una historia de vida íntima, peligrosa, de mentiras y traiciones, un historia de familia, de sangre, de trampas ocultas y de amores prohibidos
Las relaciones entre madre e hija suelen ser complicadas y retorcidas, y mis problemas con Noelia, fruto de mi vientre, se remontan a los días de su pubertad, cuando empezaba a formar su carácter y tomar sus propias decisiones
Ella de por si era una chica caprichosa, rebelde, conflictiva, cualquier excusa era buena para iniciar una discusión y para terminar a los gritos, donde ella se encerraba en su cuarto o donde yo solo me iba de casa a dar una vuelta y fumar un pucho, para que se me bajara la calentura
Las cosas solo se habían dado así, era lo que nos había tocado en suerte
Había quedado embarazada cuando apenas tenía quince, era una tonta inexperta que creía en el amor, sufrí la humillación del pecado que llevaba en mi vientre contra cualquiera que cruzaba y que me juzgaba, mis padres querían que abortara, mi madre en especial, su única preocupación era lo que le dirían a ella las chusmas del barrio con las que solía juntarse
Fueron días muy duros porque con quince años era casi una niña y el mundo me estaba asfixiando en apenas un parpadear
Pero salí adelante, tuve que pelearla sola, porque el padre fue un cobarde, un tipo que se aprovechó de mi tonto amor y cuando las cosas se pusieron feas solo desapareció
Y esa sería un arma que siempre usaría en las discusiones con mi hija, que ella me debía la vida porque si no hubiera sido por mi, jamás hubiera existido, suena burdo, cruel, pero no dejaba de ser una realidad, ella no sabía todo lo que había sufrido por ella
Vivíamos un permanente tira y afloje, es que ella a su vez, me acusaba de ser una inmadura, de tratar de parecerme a ella, aunque le llevara quince años, que yo era su madre, no una amiga y que mi cabecita no estaba bien
Mi hija me pegaba en donde me dolía, nunca me había llamado mamá, ella siempre lo hacía por Sandra, mi nombre de pila, era cruel, sabía que eso me molestaba, pero también me daba cierta independencia ante los hombres
Ella se había criado en un ambiente sin figura paterna, o tal vez, de padres temporáneos, porque yo solo llevaba a casa tipos para pasar un par de noches, me gustaba mucho la pija, pero poco las relaciones, me siento una mujer empoderada y de grandes ovarios, muy puta en la cama, pero los hombres estaban bien donde estaban
Mis charlas de psicología aportaron un poco de luz a mis ojos, y asumí que me gustaba competir con mi propia hija, a veces le robaba la ropa, me excitaba verme con su pequeñas mini faldas, o sus top ajustados, o ropitas de una adolescente, y cuando me miraba al espejo sabía que yo era más bonita, tenía mucho mas tetas, mucho más de caderas y mucho mas de culo, claro, yo no tenía su cinturita de avispa de quince años, pero me calentaba mucho imaginar competir con ella por algún macho embravecido
Poco después las discusiones entre ambas escalarían más de lo pensado, me acusaba de meterme en sus asuntos, en sus temas de amigas, en sus temas privados, me decía que me comprara una vida, y en general los problemas terminaban en un portazo y días sin dirigirnos la palabra
Las cosas se pondrían más feas cuando trajo a casa a su primer noviecito, y no pude evitar en mi subconsciente tratar de verme linda y provocativa para él, aunque para mi fuera solo un niño, porque cuando me miraba al espejo con sus ropas, necesitaba saber a quien de las dos escogería ese joven llegado el caso
Noelia parecía odiarme por mi marcada ridiculez, pero así eran las cosas
Incluso cuando iban a su cuarto a coger, sabía lo que hacían, pero trataba de ser fisgona y me masturbaba imaginando que yo, era mi hija
Recuerdo que en esos tiempos estaba tan molesta que una noche en la que ellos habían salido, le robé una mini muy ajustada y me fui de puta a un boliche, donde me levanté a un pendejo veinteañero, para que me subiera a su moto y me llevara a darme una flor de cogida
Y los noviecitos de turno fueron pasando hasta que llegaría Kevin, el elegido, el que sería su esposo, y con eso un nuevo desafío
Todo fue muy rápido, mi hija ya tenía veinticinco, tenía un empleo fijo y estaba por irse a vivir sola
Cuando me presentó a su nuevo novio, ya era una cuarentona y me quedé mirándolo como hipnotizada por sus ojos verdes, la situación se tornó incómoda, entonces él dijo
Ahora comprendo, si hay una princesa, pues tenía que haber una reina
Kevin sería sin dudas un motivo más de disputa, lo supe en ese mismo momento, al conocerlo
El típico rebelde, conflictivo, chanta y rufián, un tipo del que no sacarán nada bueno, el que parce tener en la frente un cartel luminoso titilándose con una leyenda que dice 'warning', el tipo que te engañará, te humillará y te hará llorar, y justamente, el tipo de hombres que me gustaban
Kevin medía cerca de un metro noventa, de ojos oscuros y peligrosos, se notaba que cuidaba mucho su presencia, jugaba al básquet como hobby y gustaba de salir a correr, trabajaba en un emprendimiento familiar con lo cual se ganaba la vida y se podría aseverar que ese chico era un partido interesante
En los siguientes años la relación madre e hija pasaría por su mejor momento, tal vez la distancia que suponía vivir en otro sitio junto a su pareja hacía que no tuviéramos un innecesario roce diario, y el hecho de tener un empleo como maestra de infantes hacía un poco que su vida estuviera más acomodada y bajara un poco su alerta de ansiedad
Por mi lado también las cosas iban mejor, al no tener a mi hija cerca ya no sentía esa necesidad de estúpida competencia y tenía la libertad de no sentirme juzgada por cada hombre que pasara por mi cama
También había dejado mi antiguo empleo bajo relación de dependencia en la peluquería de barrio, siempre me había ganado la vida como estilista, y ahora trabajaba desde casa, con ventas web, dando un giro a mi vida, era dueña de mis ingresos y de mis horarios, y casi podía duplicar mi antiguo salario
El detalle, Noelia y Kevin no querían perder dinero en la paga de un alquiler, pero tampoco les daba para comprar una vivienda, ni siquiera para empezar por un terreno, la casa de su padre era en dos plantas con techos de tejas, y él tenía dos hermanas con las que no pretendía entrar en conflictos, por lo que la genial idea que tuvieron fue edificar su casa sobre mi casa, una planta alta gemela aprovechando las paredes ya edificadas
Con honestidad pura, no me había gustado la idea, suponía la mugre de la construcción ingresando día a día, sentir un poco la invasión a mi vida tranquila, suponía el regreso de problemas con mi Noelia, pero también era mi hija, y no podía dejar de darle una mano, más con mis antecedentes, porque yo si sabía lo que era estar sola
A construção levaria uns longos cinco anos, mais do que o esperado, idas e vindas, paralisações por falta de verba e mudanças constantes no projeto.
Lembro de muitos homens suados trabalhando, homens com quem eu não teria nada de especial, mas que adorava provocar, sempre de jeans apertado, botas, e uma camisa meio indiscreta. Sabe como é uma coroa solteira que gosta de se sentir gostosa?
E é aí que entrava meu genro. Ele passava três vezes por semana pra supervisionar como tudo andava e, obviamente, a gente conversava muito. Nesses momentos, ele me chamava de 'minha rainha', coisa que não fazia na frente da Noelia, porque ela não tolerava. E esse jogo duplo me deixava com muito tesão.
Então, nessas ocasiões, eu me vestia pra ele, e também deixava claro que os pedreiros estavam me olhando com os dentes afiados.
Era sempre assim: muitas vezes eu o pegava me olhando como homem, e eu fazia de tudo pra que ele continuasse. Eu jogava o jogo. Outras vezes, rolava papo sobre o relacionamento dele, como tava com a 'princesa' dele, e assim a gente ia entrando em assuntos íntimos que beiravam o proibido.
Ela tava chegando aos trinta, eu já passava dos quarenta e cinco quando o andar de cima ficou pronto e eles vieram morar em cima de mim. E, embora separados, a gente também tava junto.
Os dias de competição voltaram. Eu continuava sendo muito mais bonita e cheinha que ela, e isso a irritava. Ela até vivia dizendo que eu envergonhava o bairro, me vestindo e agindo como uma puta, no entender dela.
Kevin, sem querer, virou uma espécie de mediador entre as duas mulheres, tentando achar um ponto de equilíbrio.
A gente conversava muito, só que às vezes eu levava o papo pra onde queria: sobre como iam as coisas na cama com minha filha, se ela dava conta, se era mulher o suficiente, e outras coisas típicas de uma víbora que deixava no ar que ele encontraria em mim... meu tudo o que eu não encontrava nela
E essa parte sexual se tornaria exponencial nos meus pensamentos, já que as construções eram gêmeas, o quarto dela ficava em cima do meu, e virou costume eu me masturbar toda noite quando eles não me deixavam dormir, quando as pernas da cama rangiam sobre minha cabeça e quando os gemidos abafados da minha filha atravessavam o concreto
E essas situações também viraram confissões secretas pro meu genro, que longe de se intimidar, parecia aumentar o nível num jogo tão excitante quanto perigoso, ele começou a me contar que tinha um pauzão e que, bom, ele não tinha culpa sozinho, mas que a Noelia às vezes não dava conta de tanta rola
E todas essas imagens proibidas foram minando meus pensamentos
As coisas aconteceriam quase por uma série de coincidências alinhadas, uma manhã como qualquer outra, eles saíram como sempre, ele levava ela pro jardim de infância e depois seguia com o trabalho no negócio que tocava com o pai, eu vi eles saírem, mas também vi ele voltar puto, subiu os degraus de dois em dois e eu senti o portão bater.
Eu tinha ouvido eles brigarem na noite anterior mas não sabia o motivo, eles tinham deixado a TV no volume alto de propósito
Então peguei o celular e mandei
Oi Kevin, tudo bem?
Ele leu minha mensagem no WhatsApp, pareceu que ia escrever, mas desistiu e a resposta não veio, então insisti
Kevin, aconteceu alguma coisa? ontem à noite eu ouvi vocês discutindo
Em pouco tempo ele me mandou um áudio curto, começou por uma besteira, minha filha tinha reclamado do abandono dele, por causa do corte de cabelo e da barba mal cuidada, ele tinha reclamado que não tinha tempo pra tanta coisa e só foram se desencadeando uma série de recriminações mútuas acumuladas com o tempo
Não pensei muito, devolvi o áudio, lembrei que eu tinha sido cabeleireira, e se eu tinha conseguido agradar tantas mulheres, com certeza daria pra fazer alguma coisa com uns cabelos rebeldes e uma barba desleixada, falei pra ele pegar as coisas e subir em cinco minutos Eu disse mais coisas, mas aqui eu dava razão pra Noelia, ele andava meio largado ultimamente e, sinceramente, pensei em ser a ponte entre os dois por uma vez. Talvez se ela o visse arrumado, desse um jeito de resetar a briga.
Peguei minhas coisas que ainda guardava do meu emprego anterior e subi as escadas. Meu genro ficou na porta me esperando, estava de jeans preto com uma camiseta branca bem justa no corpo. Falei pra ele:
— Senta aí que agora vou te deixar mais bonito do que você já é e me conta por que tanto alvoroço com a minha filha.
Fui pegar água e voltei a falar com ele:
— Troca essa camiseta senão vou encher ela de cabelo.
Mas ele tirou a camiseta e deixou esticada no encosto da cadeira do lado. Nunca vou saber se fez de propósito pra me provocar, mas ver ele 'no pelo' foi muito perigoso pra uma mulher da minha reputação.
Fui de lado, comecei a borrifar água com o pulverizador e ajeitar os cabelos dele. A gente começou a trocar umas palavras e eu me concentrei no trabalho, com meus sentidos perdidos no que tava fazendo, sem perceber que meus peitos estavam bem perto do rosto dele, e que eu tava com uma camiseta muito decotada. E, como eu disse, uma soma de coincidências alinhadas, porque talvez ele sentisse que era eu quem tava querendo provocar.
Foi só um instante, foi só um arroubo, foi só um impulso...
Kevin passou a mão na minha cintura pra me puxar pro lado dele e enterrou o rosto entre minhas tetas. Começou a beijá-las igual um louco, e eu me entreguei pro meu genro, só deixei ele fazer, deixei ele se satisfazer. Senti meus bicos endurecerem por baixo do sutiã e minha buceta ficar molhada entre as pernas. Peguei ele pelos cabelos, puxei a cabeça dele pra trás, fazendo o rosto dele se alinhar com o meu. Olhei bem nos olhos dele e dei um beijo profundo, daqueles beijos que parecem eternos e doem nos lábios, daqueles beijos que parecem quebrar sua mandíbula, daqueles beijos que enfiam a língua bem fundo, daqueles beijos que não têm volta.
De estar de pé, passei a me ajoelhar. Precisava fuçar por baixo. O jeans, e enquanto ele tentava tirá-lo, eu beijava o torso nu dele. Quando finalmente conseguiu, fiquei feito uma idiota olhando praquela cock enorme! Já tinha ficado com inúmeros homens, mas nunca com algo assim!
A cock do meu genro era intimidadora! Chamava atenção pelo comprimento, mas mais ainda pela grossura! A ponto de ele não conseguir segurá-la com a própria mão, um tronco tão reto que beirava a perfeição, decorado com veias grossas que pareciam deliciosamente tentadoras, e uma glande nua que brilhava como um farol na escuridão.
Quis chupá-la, mas era demais, meus dentes roçavam na pele delicada dele. Pela primeira vez me senti confusa. Comecei a masturbá-lo com as duas mãos, dando beijos gostosos, e só imaginava ter tudo aquilo dentro da minha pussy que pulsava de desejo.
Subi um pouco só pra passar aquela espada enorme por baixo do fecho do sutiã e entre meus peitos. Deixei ele prisioneiro, envolvi ele entre eles e comecei a subir e descer, bem devagar, uma vez e outra. De vez em quando deixava cair saliva pra usar como lubrificante, e só via os olhos do meu genro, que mordia os lábios me enchendo de frenesi.
— Tá gostando, rainha? É grande, né?
— Grande? Porra! Ainda não sei como isso vai entrar na minha pussy!
Só continuei o jogo, uma vez e outra, ainda sem acreditar numa cock daquelas, mais e mais. Ele respirava no ritmo, me animava a continuar, e mais e mais. De repente, ele fechou os olhos e jogou a cabeça pra trás, num gemido contido deixou escapar toda a ejaculação dele entre meus peitos. O sêmen espirrou pra todo lado, no meu pescoço, no sutiã, e senti todo aquele calor de homem grudar na minha pele.
Foi delicioso, e quando ele recuperou o fôlego, tirei o pênis dele da prisão onde tinha metido, passei os dedos na porra quente dele pra brincar com ela na minha língua viperina, sem conseguir evitar um sorriso pornográfico pro deleite completo dele.
Kevin me pegou nos braços e disse umas palavras como se comparasse a princesa. Com a rainha, não entendi o que ela quis dizer, mas também não liguei, o importante é que ele me levou pro quarto e me jogou na cama, me despiu da cintura pra baixo e começou a lamber minha buceta
Dale! dale filho da puta! - falei enquanto abria as pernas - dale, não para de chupar minha pussy!
Me revirei de prazer enquanto ele apertava meu clitóris entre os lábios dele, meus gemidos começaram a fluir e meu peito começou a puxar mais ar do que conseguia segurar, enquanto não controlava a cachoeira de prazer que saía da minha rachinha, virei a cabeça pro lado, meus olhos sem querer foram pra mesa de cabeceira onde várias fotos dos dois descansavam na lua de mel, meu genro e minha filha, Noelia estava linda enfiada no vestido branco, e agora eu, a mãe dela, tava fazendo ela de corna
Foi tudo muito poderoso, muito intenso, e eu só não consegui evitar gozar na boca dele
Gritei meu orgasmo enquanto ele me segurava com força pra eu não conseguir fechar as pernas
Me fode! - falei quase num pedido entrecortado - quero seu cock! enfia tudo
Ele veio entre minhas pernas, pegou o cock dele entre os dedos e começou a acariciar meu clitóris quente com a glande nua, uma vez e outra, gostoso, excitante
Depois ele enfiou e pareceu enorme na minha coisinha, apertei os lençóis com força e mordi meus lábios, que prazer gostoso! que cock lindo! senti ele bater no fundo, me fazia gritar a cada estocada e quando levei meus dedos entre minhas pernas vi que não entrava tudo, fechei meus olhos e só me deixei levar, eu tava sendo fodida pelo homem que minha filha se apaixonou, tava na cama dela, e isso significava ganhar mais uma batalha
Gozei em orgasmos intermináveis, uma vez e outra
Depois, quase sem forças, ele me colocou de quatro, e quando enfiou dentro nessa posição achei que ia me partir ao meio, filho da puta! que cock que meu genro carregava
O bastardo, sem parar de me foder, começou a deixar cair saliva no meu esfíncter e a acariciar ele com o polegar dele, em círculos muito excitantes que me faziam desejar
Logicamente, minha bunda foi se abrindo e as massagens do dedo dele ficaram cada vez mais profundas e eu não aguentava mais
— Vai, filho da puta! — falei — arrebenta meu cu! não me deixa na vontade!
Kevin se ajeitou de novo, apontou e devagar foi entrando por trás, e enquanto eu gritava com a invasão do intruso ele disse
— XEQUE-MATE NA RAINHA!
Ele meteu o mais fundo que conseguiu, era enorme! me tirava o fôlego e eu sentia a excitação dele em cada movimento, com a força masculina dele foi me empurrando a cada investida até que minhas pernas cederam e ele caiu sobre mim, nas minhas costas, fiquei presa aos instintos dele, ele não parava de abrir minha bunda, passou uma mão na frente para pegar meus peitos e a outra no meu pescoço, na minha garganta, para apertar de leve enquanto sussurrava no meu ouvido o quanto eu era puta
Eu, enfiava os dedos na minha buceta e me masturbava gostoso pra caralho, até que falei pra trocar de posição
Fiz ele deitar na cama, fui montar nele, peguei o pau dele e sentei em cima, fazendo meu cu abraçar ele com amor, agora eu tinha o controle e procurava o ponto certo da penetração, porque o limite entre dor e prazer era muito fino
Segurei os braços dele com os meus e puxei pra trás, pra ele não poder me tocar com as mãos e só mexi minha cintura como ondas do mar, via no rosto dele o prazer, adorava ver o prazer que eu dava a um homem com meu corpo e de relance, meu olhar também voltava uma e outra vez pras fotos que enfeitavam o quarto, aquelas fotos com a Noelia, minha filha, e foi tudo muito explosivo, e só parei de me mexer quando senti ele gozar tudo dentro de mim
Quando saí, tinha o cu todo dilatado e escorria entre minhas pernas toda a porra quente dele, ele ria da situação me olhando de lado
— Sandra... você é fabulosa, incrível
Subida num pedestal imaginário de egocentrismo respondi
— É por isso pode até ter muitas princesas, mas só existe uma rainha
Chegou a hora de encerrar, pelo menos naquela manhã. Peguei uma por uma minhas roupas que tinham ficado espalhadas da sala até o quarto e depois ajudei ele a arrumar tudo, cada coisa no seu lugar, até os lençóis da cama que ainda estavam quentes.
Desci as escadas com uma única imagem na cabeça: a rola monumental do meu genro, sabendo que aquela tinha sido a primeira de muitas.
E assim eu me transformaria na amante dele, na cúmplice, medindo dia após dia os passos da minha filha, aproveitando cada oportunidade, agachada nas sombras. Ela jamais desconfiaria de mim, da própria mãe.
Dias muito quentes viriam. Quando nos encontrávamos os três, rolavam olhares cúmplices, sussurros indiscretos e roçadas sutis.
E ele me comer escondido não era suficiente. Às vezes, de noite, quando eu ouvia os gemidos abafados da minha filha e o vai e vem da cama, não conseguia evitar minha velha mania de me masturbar. Só que agora eu sabia o pedaço que ela tava papando e sentia uma puta inveja.
O melhor viria uns anos depois, com a primeira gravidez da Noelia. Ela entrou naquela fase natural de mãe, um antes e um depois, onde toda mulher deixa o apetite sexual de lado por um tempo. Mas Kevin... Kevin é homem, e homem sempre pensa na mesma merda. Ele parecia desesperado e aproveitava cada chance: de manhã, de tarde, de noite, quando desse.
Foram os melhores dias de amantes. Satisfazer meu genro, ser a receptora do néctar dele e oferecer cada canto do meu corpo pra ele saciar os instintos mais baixos.
Hoje continuo trabalhando de casa. Fico cuidando da Rocío, minha netinha, a herdeira do meu trono. Balanço com o pé o berço dela, olho pela janela, suspiro. Não sei quando ele vai querer passar pra uns beijos.
Se você gostou dessa história, pode me escrever com o título JAQUE A LA REINA! para dulces.placeres@live.com
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JAQUE A LA REINA!
Jaque a la reina viene a encerrar una historia de vida íntima, peligrosa, de mentiras y traiciones, un historia de familia, de sangre, de trampas ocultas y de amores prohibidos
Las relaciones entre madre e hija suelen ser complicadas y retorcidas, y mis problemas con Noelia, fruto de mi vientre, se remontan a los días de su pubertad, cuando empezaba a formar su carácter y tomar sus propias decisiones
Ella de por si era una chica caprichosa, rebelde, conflictiva, cualquier excusa era buena para iniciar una discusión y para terminar a los gritos, donde ella se encerraba en su cuarto o donde yo solo me iba de casa a dar una vuelta y fumar un pucho, para que se me bajara la calentura
Las cosas solo se habían dado así, era lo que nos había tocado en suerte
Había quedado embarazada cuando apenas tenía quince, era una tonta inexperta que creía en el amor, sufrí la humillación del pecado que llevaba en mi vientre contra cualquiera que cruzaba y que me juzgaba, mis padres querían que abortara, mi madre en especial, su única preocupación era lo que le dirían a ella las chusmas del barrio con las que solía juntarse
Fueron días muy duros porque con quince años era casi una niña y el mundo me estaba asfixiando en apenas un parpadear
Pero salí adelante, tuve que pelearla sola, porque el padre fue un cobarde, un tipo que se aprovechó de mi tonto amor y cuando las cosas se pusieron feas solo desapareció
Y esa sería un arma que siempre usaría en las discusiones con mi hija, que ella me debía la vida porque si no hubiera sido por mi, jamás hubiera existido, suena burdo, cruel, pero no dejaba de ser una realidad, ella no sabía todo lo que había sufrido por ella
Vivíamos un permanente tira y afloje, es que ella a su vez, me acusaba de ser una inmadura, de tratar de parecerme a ella, aunque le llevara quince años, que yo era su madre, no una amiga y que mi cabecita no estaba bien
Mi hija me pegaba en donde me dolía, nunca me había llamado mamá, ella siempre lo hacía por Sandra, mi nombre de pila, era cruel, sabía que eso me molestaba, pero también me daba cierta independencia ante los hombres
Ella se había criado en un ambiente sin figura paterna, o tal vez, de padres temporáneos, porque yo solo llevaba a casa tipos para pasar un par de noches, me gustaba mucho la pija, pero poco las relaciones, me siento una mujer empoderada y de grandes ovarios, muy puta en la cama, pero los hombres estaban bien donde estaban
Mis charlas de psicología aportaron un poco de luz a mis ojos, y asumí que me gustaba competir con mi propia hija, a veces le robaba la ropa, me excitaba verme con su pequeñas mini faldas, o sus top ajustados, o ropitas de una adolescente, y cuando me miraba al espejo sabía que yo era más bonita, tenía mucho mas tetas, mucho más de caderas y mucho mas de culo, claro, yo no tenía su cinturita de avispa de quince años, pero me calentaba mucho imaginar competir con ella por algún macho embravecido
Poco después las discusiones entre ambas escalarían más de lo pensado, me acusaba de meterme en sus asuntos, en sus temas de amigas, en sus temas privados, me decía que me comprara una vida, y en general los problemas terminaban en un portazo y días sin dirigirnos la palabra
Las cosas se pondrían más feas cuando trajo a casa a su primer noviecito, y no pude evitar en mi subconsciente tratar de verme linda y provocativa para él, aunque para mi fuera solo un niño, porque cuando me miraba al espejo con sus ropas, necesitaba saber a quien de las dos escogería ese joven llegado el caso
Noelia parecía odiarme por mi marcada ridiculez, pero así eran las cosas
Incluso cuando iban a su cuarto a coger, sabía lo que hacían, pero trataba de ser fisgona y me masturbaba imaginando que yo, era mi hija
Recuerdo que en esos tiempos estaba tan molesta que una noche en la que ellos habían salido, le robé una mini muy ajustada y me fui de puta a un boliche, donde me levanté a un pendejo veinteañero, para que me subiera a su moto y me llevara a darme una flor de cogida
Y los noviecitos de turno fueron pasando hasta que llegaría Kevin, el elegido, el que sería su esposo, y con eso un nuevo desafío
Todo fue muy rápido, mi hija ya tenía veinticinco, tenía un empleo fijo y estaba por irse a vivir sola
Cuando me presentó a su nuevo novio, ya era una cuarentona y me quedé mirándolo como hipnotizada por sus ojos verdes, la situación se tornó incómoda, entonces él dijo
Ahora comprendo, si hay una princesa, pues tenía que haber una reina
Kevin sería sin dudas un motivo más de disputa, lo supe en ese mismo momento, al conocerlo
El típico rebelde, conflictivo, chanta y rufián, un tipo del que no sacarán nada bueno, el que parce tener en la frente un cartel luminoso titilándose con una leyenda que dice 'warning', el tipo que te engañará, te humillará y te hará llorar, y justamente, el tipo de hombres que me gustaban
Kevin medía cerca de un metro noventa, de ojos oscuros y peligrosos, se notaba que cuidaba mucho su presencia, jugaba al básquet como hobby y gustaba de salir a correr, trabajaba en un emprendimiento familiar con lo cual se ganaba la vida y se podría aseverar que ese chico era un partido interesante
En los siguientes años la relación madre e hija pasaría por su mejor momento, tal vez la distancia que suponía vivir en otro sitio junto a su pareja hacía que no tuviéramos un innecesario roce diario, y el hecho de tener un empleo como maestra de infantes hacía un poco que su vida estuviera más acomodada y bajara un poco su alerta de ansiedad
Por mi lado también las cosas iban mejor, al no tener a mi hija cerca ya no sentía esa necesidad de estúpida competencia y tenía la libertad de no sentirme juzgada por cada hombre que pasara por mi cama
También había dejado mi antiguo empleo bajo relación de dependencia en la peluquería de barrio, siempre me había ganado la vida como estilista, y ahora trabajaba desde casa, con ventas web, dando un giro a mi vida, era dueña de mis ingresos y de mis horarios, y casi podía duplicar mi antiguo salario
El detalle, Noelia y Kevin no querían perder dinero en la paga de un alquiler, pero tampoco les daba para comprar una vivienda, ni siquiera para empezar por un terreno, la casa de su padre era en dos plantas con techos de tejas, y él tenía dos hermanas con las que no pretendía entrar en conflictos, por lo que la genial idea que tuvieron fue edificar su casa sobre mi casa, una planta alta gemela aprovechando las paredes ya edificadas
Con honestidad pura, no me había gustado la idea, suponía la mugre de la construcción ingresando día a día, sentir un poco la invasión a mi vida tranquila, suponía el regreso de problemas con mi Noelia, pero también era mi hija, y no podía dejar de darle una mano, más con mis antecedentes, porque yo si sabía lo que era estar sola
A construção levaria uns longos cinco anos, mais do que o esperado, idas e vindas, paralisações por falta de verba e mudanças constantes no projeto. Lembro de muitos homens suados trabalhando, homens com quem eu não teria nada de especial, mas que adorava provocar, sempre de jeans apertado, botas, e uma camisa meio indiscreta. Sabe como é uma coroa solteira que gosta de se sentir gostosa?
E é aí que entrava meu genro. Ele passava três vezes por semana pra supervisionar como tudo andava e, obviamente, a gente conversava muito. Nesses momentos, ele me chamava de 'minha rainha', coisa que não fazia na frente da Noelia, porque ela não tolerava. E esse jogo duplo me deixava com muito tesão.
Então, nessas ocasiões, eu me vestia pra ele, e também deixava claro que os pedreiros estavam me olhando com os dentes afiados.
Era sempre assim: muitas vezes eu o pegava me olhando como homem, e eu fazia de tudo pra que ele continuasse. Eu jogava o jogo. Outras vezes, rolava papo sobre o relacionamento dele, como tava com a 'princesa' dele, e assim a gente ia entrando em assuntos íntimos que beiravam o proibido.
Ela tava chegando aos trinta, eu já passava dos quarenta e cinco quando o andar de cima ficou pronto e eles vieram morar em cima de mim. E, embora separados, a gente também tava junto.
Os dias de competição voltaram. Eu continuava sendo muito mais bonita e cheinha que ela, e isso a irritava. Ela até vivia dizendo que eu envergonhava o bairro, me vestindo e agindo como uma puta, no entender dela.
Kevin, sem querer, virou uma espécie de mediador entre as duas mulheres, tentando achar um ponto de equilíbrio.
A gente conversava muito, só que às vezes eu levava o papo pra onde queria: sobre como iam as coisas na cama com minha filha, se ela dava conta, se era mulher o suficiente, e outras coisas típicas de uma víbora que deixava no ar que ele encontraria em mim... meu tudo o que eu não encontrava nela
E essa parte sexual se tornaria exponencial nos meus pensamentos, já que as construções eram gêmeas, o quarto dela ficava em cima do meu, e virou costume eu me masturbar toda noite quando eles não me deixavam dormir, quando as pernas da cama rangiam sobre minha cabeça e quando os gemidos abafados da minha filha atravessavam o concreto
E essas situações também viraram confissões secretas pro meu genro, que longe de se intimidar, parecia aumentar o nível num jogo tão excitante quanto perigoso, ele começou a me contar que tinha um pauzão e que, bom, ele não tinha culpa sozinho, mas que a Noelia às vezes não dava conta de tanta rola
E todas essas imagens proibidas foram minando meus pensamentos
As coisas aconteceriam quase por uma série de coincidências alinhadas, uma manhã como qualquer outra, eles saíram como sempre, ele levava ela pro jardim de infância e depois seguia com o trabalho no negócio que tocava com o pai, eu vi eles saírem, mas também vi ele voltar puto, subiu os degraus de dois em dois e eu senti o portão bater.
Eu tinha ouvido eles brigarem na noite anterior mas não sabia o motivo, eles tinham deixado a TV no volume alto de propósito
Então peguei o celular e mandei
Oi Kevin, tudo bem?
Ele leu minha mensagem no WhatsApp, pareceu que ia escrever, mas desistiu e a resposta não veio, então insisti
Kevin, aconteceu alguma coisa? ontem à noite eu ouvi vocês discutindo
Em pouco tempo ele me mandou um áudio curto, começou por uma besteira, minha filha tinha reclamado do abandono dele, por causa do corte de cabelo e da barba mal cuidada, ele tinha reclamado que não tinha tempo pra tanta coisa e só foram se desencadeando uma série de recriminações mútuas acumuladas com o tempo
Não pensei muito, devolvi o áudio, lembrei que eu tinha sido cabeleireira, e se eu tinha conseguido agradar tantas mulheres, com certeza daria pra fazer alguma coisa com uns cabelos rebeldes e uma barba desleixada, falei pra ele pegar as coisas e subir em cinco minutos Eu disse mais coisas, mas aqui eu dava razão pra Noelia, ele andava meio largado ultimamente e, sinceramente, pensei em ser a ponte entre os dois por uma vez. Talvez se ela o visse arrumado, desse um jeito de resetar a briga.
Peguei minhas coisas que ainda guardava do meu emprego anterior e subi as escadas. Meu genro ficou na porta me esperando, estava de jeans preto com uma camiseta branca bem justa no corpo. Falei pra ele:
— Senta aí que agora vou te deixar mais bonito do que você já é e me conta por que tanto alvoroço com a minha filha.
Fui pegar água e voltei a falar com ele:
— Troca essa camiseta senão vou encher ela de cabelo.
Mas ele tirou a camiseta e deixou esticada no encosto da cadeira do lado. Nunca vou saber se fez de propósito pra me provocar, mas ver ele 'no pelo' foi muito perigoso pra uma mulher da minha reputação.
Fui de lado, comecei a borrifar água com o pulverizador e ajeitar os cabelos dele. A gente começou a trocar umas palavras e eu me concentrei no trabalho, com meus sentidos perdidos no que tava fazendo, sem perceber que meus peitos estavam bem perto do rosto dele, e que eu tava com uma camiseta muito decotada. E, como eu disse, uma soma de coincidências alinhadas, porque talvez ele sentisse que era eu quem tava querendo provocar.
Foi só um instante, foi só um arroubo, foi só um impulso...
Kevin passou a mão na minha cintura pra me puxar pro lado dele e enterrou o rosto entre minhas tetas. Começou a beijá-las igual um louco, e eu me entreguei pro meu genro, só deixei ele fazer, deixei ele se satisfazer. Senti meus bicos endurecerem por baixo do sutiã e minha buceta ficar molhada entre as pernas. Peguei ele pelos cabelos, puxei a cabeça dele pra trás, fazendo o rosto dele se alinhar com o meu. Olhei bem nos olhos dele e dei um beijo profundo, daqueles beijos que parecem eternos e doem nos lábios, daqueles beijos que parecem quebrar sua mandíbula, daqueles beijos que enfiam a língua bem fundo, daqueles beijos que não têm volta.
De estar de pé, passei a me ajoelhar. Precisava fuçar por baixo. O jeans, e enquanto ele tentava tirá-lo, eu beijava o torso nu dele. Quando finalmente conseguiu, fiquei feito uma idiota olhando praquela cock enorme! Já tinha ficado com inúmeros homens, mas nunca com algo assim!
A cock do meu genro era intimidadora! Chamava atenção pelo comprimento, mas mais ainda pela grossura! A ponto de ele não conseguir segurá-la com a própria mão, um tronco tão reto que beirava a perfeição, decorado com veias grossas que pareciam deliciosamente tentadoras, e uma glande nua que brilhava como um farol na escuridão.
Quis chupá-la, mas era demais, meus dentes roçavam na pele delicada dele. Pela primeira vez me senti confusa. Comecei a masturbá-lo com as duas mãos, dando beijos gostosos, e só imaginava ter tudo aquilo dentro da minha pussy que pulsava de desejo.
Subi um pouco só pra passar aquela espada enorme por baixo do fecho do sutiã e entre meus peitos. Deixei ele prisioneiro, envolvi ele entre eles e comecei a subir e descer, bem devagar, uma vez e outra. De vez em quando deixava cair saliva pra usar como lubrificante, e só via os olhos do meu genro, que mordia os lábios me enchendo de frenesi.
— Tá gostando, rainha? É grande, né?
— Grande? Porra! Ainda não sei como isso vai entrar na minha pussy!
Só continuei o jogo, uma vez e outra, ainda sem acreditar numa cock daquelas, mais e mais. Ele respirava no ritmo, me animava a continuar, e mais e mais. De repente, ele fechou os olhos e jogou a cabeça pra trás, num gemido contido deixou escapar toda a ejaculação dele entre meus peitos. O sêmen espirrou pra todo lado, no meu pescoço, no sutiã, e senti todo aquele calor de homem grudar na minha pele.
Foi delicioso, e quando ele recuperou o fôlego, tirei o pênis dele da prisão onde tinha metido, passei os dedos na porra quente dele pra brincar com ela na minha língua viperina, sem conseguir evitar um sorriso pornográfico pro deleite completo dele.
Kevin me pegou nos braços e disse umas palavras como se comparasse a princesa. Com a rainha, não entendi o que ela quis dizer, mas também não liguei, o importante é que ele me levou pro quarto e me jogou na cama, me despiu da cintura pra baixo e começou a lamber minha buceta
Dale! dale filho da puta! - falei enquanto abria as pernas - dale, não para de chupar minha pussy!
Me revirei de prazer enquanto ele apertava meu clitóris entre os lábios dele, meus gemidos começaram a fluir e meu peito começou a puxar mais ar do que conseguia segurar, enquanto não controlava a cachoeira de prazer que saía da minha rachinha, virei a cabeça pro lado, meus olhos sem querer foram pra mesa de cabeceira onde várias fotos dos dois descansavam na lua de mel, meu genro e minha filha, Noelia estava linda enfiada no vestido branco, e agora eu, a mãe dela, tava fazendo ela de corna
Foi tudo muito poderoso, muito intenso, e eu só não consegui evitar gozar na boca dele
Gritei meu orgasmo enquanto ele me segurava com força pra eu não conseguir fechar as pernas
Me fode! - falei quase num pedido entrecortado - quero seu cock! enfia tudo
Ele veio entre minhas pernas, pegou o cock dele entre os dedos e começou a acariciar meu clitóris quente com a glande nua, uma vez e outra, gostoso, excitante
Depois ele enfiou e pareceu enorme na minha coisinha, apertei os lençóis com força e mordi meus lábios, que prazer gostoso! que cock lindo! senti ele bater no fundo, me fazia gritar a cada estocada e quando levei meus dedos entre minhas pernas vi que não entrava tudo, fechei meus olhos e só me deixei levar, eu tava sendo fodida pelo homem que minha filha se apaixonou, tava na cama dela, e isso significava ganhar mais uma batalha
Gozei em orgasmos intermináveis, uma vez e outra
Depois, quase sem forças, ele me colocou de quatro, e quando enfiou dentro nessa posição achei que ia me partir ao meio, filho da puta! que cock que meu genro carregava
O bastardo, sem parar de me foder, começou a deixar cair saliva no meu esfíncter e a acariciar ele com o polegar dele, em círculos muito excitantes que me faziam desejar
Logicamente, minha bunda foi se abrindo e as massagens do dedo dele ficaram cada vez mais profundas e eu não aguentava mais
— Vai, filho da puta! — falei — arrebenta meu cu! não me deixa na vontade!
Kevin se ajeitou de novo, apontou e devagar foi entrando por trás, e enquanto eu gritava com a invasão do intruso ele disse
— XEQUE-MATE NA RAINHA!
Ele meteu o mais fundo que conseguiu, era enorme! me tirava o fôlego e eu sentia a excitação dele em cada movimento, com a força masculina dele foi me empurrando a cada investida até que minhas pernas cederam e ele caiu sobre mim, nas minhas costas, fiquei presa aos instintos dele, ele não parava de abrir minha bunda, passou uma mão na frente para pegar meus peitos e a outra no meu pescoço, na minha garganta, para apertar de leve enquanto sussurrava no meu ouvido o quanto eu era puta
Eu, enfiava os dedos na minha buceta e me masturbava gostoso pra caralho, até que falei pra trocar de posição
Fiz ele deitar na cama, fui montar nele, peguei o pau dele e sentei em cima, fazendo meu cu abraçar ele com amor, agora eu tinha o controle e procurava o ponto certo da penetração, porque o limite entre dor e prazer era muito fino
Segurei os braços dele com os meus e puxei pra trás, pra ele não poder me tocar com as mãos e só mexi minha cintura como ondas do mar, via no rosto dele o prazer, adorava ver o prazer que eu dava a um homem com meu corpo e de relance, meu olhar também voltava uma e outra vez pras fotos que enfeitavam o quarto, aquelas fotos com a Noelia, minha filha, e foi tudo muito explosivo, e só parei de me mexer quando senti ele gozar tudo dentro de mim
Quando saí, tinha o cu todo dilatado e escorria entre minhas pernas toda a porra quente dele, ele ria da situação me olhando de lado
— Sandra... você é fabulosa, incrível
Subida num pedestal imaginário de egocentrismo respondi
— É por isso pode até ter muitas princesas, mas só existe uma rainha
Chegou a hora de encerrar, pelo menos naquela manhã. Peguei uma por uma minhas roupas que tinham ficado espalhadas da sala até o quarto e depois ajudei ele a arrumar tudo, cada coisa no seu lugar, até os lençóis da cama que ainda estavam quentes.
Desci as escadas com uma única imagem na cabeça: a rola monumental do meu genro, sabendo que aquela tinha sido a primeira de muitas.
E assim eu me transformaria na amante dele, na cúmplice, medindo dia após dia os passos da minha filha, aproveitando cada oportunidade, agachada nas sombras. Ela jamais desconfiaria de mim, da própria mãe.
Dias muito quentes viriam. Quando nos encontrávamos os três, rolavam olhares cúmplices, sussurros indiscretos e roçadas sutis.
E ele me comer escondido não era suficiente. Às vezes, de noite, quando eu ouvia os gemidos abafados da minha filha e o vai e vem da cama, não conseguia evitar minha velha mania de me masturbar. Só que agora eu sabia o pedaço que ela tava papando e sentia uma puta inveja.
O melhor viria uns anos depois, com a primeira gravidez da Noelia. Ela entrou naquela fase natural de mãe, um antes e um depois, onde toda mulher deixa o apetite sexual de lado por um tempo. Mas Kevin... Kevin é homem, e homem sempre pensa na mesma merda. Ele parecia desesperado e aproveitava cada chance: de manhã, de tarde, de noite, quando desse.
Foram os melhores dias de amantes. Satisfazer meu genro, ser a receptora do néctar dele e oferecer cada canto do meu corpo pra ele saciar os instintos mais baixos.
Hoje continuo trabalhando de casa. Fico cuidando da Rocío, minha netinha, a herdeira do meu trono. Balanço com o pé o berço dela, olho pela janela, suspiro. Não sei quando ele vai querer passar pra uns beijos.
Se você gostou dessa história, pode me escrever com o título JAQUE A LA REINA! para dulces.placeres@live.com
1 comentários - Xeque-mate na rainha!