Fotos que tomamos mi esposa y yo, tratando de darle un toque erotico
Total libertad para comentar lo que quieran
Espero sean de vuestro agrado
http://www.poringa.net/posts/imagenes/5909834/Erotismo-en-B-N---01.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/5930158/Erotismo-en-B-N---02.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/5962854/Erotismo-en-B-N---03.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/5981636/Erotismo-en-B-N---04.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/5997767/Erotismo-en-B-N---05.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/6004665/Erotismo-en-B-N---06.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/6041938/Erotismo-en-B-N---07.html
dulces.placeres@live.com
Sexo animal
Ya hace unos cinco años que terminé mi relación con Matilde, sin dudas lo mejor que pasó por mi cama…
Estaba llegando a mis cuarenta años, con una familia ya constituida, esposa, tres hijas, todo lo que un tipo normal podría narrar. Antes de mi señora, había estado con algunas otras chicas, novias, en fin, hasta acá nada raro.
Sandra, la madre de mis hijas es una buena mujer, no tengo reproches para hacerle, y nada hacía prever que llegaría a serle infiel
Fue cuestión del azar, no fue buscado, solo se dio…
Eran poco más de las dos de la tarde, había salido de mi trabajo y me dirigía a pie hacia el estacionamiento donde estaba mi coche, a unas cuatro cuadras, como lo hacía diariamente.
Ella iba caminando a pocos metros delante de mí, alta, delgada, enfundada en unos ajustados pantalones de cuero que le dibujaba un culo sencillamente perfecto, de lo mejor que había visto en mi vida, solo regulaba el paso para mantener la distancia y ver sus caderas moverse de lado a lado en una perfecta sintonía que llenaba mi vista.
Y pasó lo que tenía que pasar, la joven no notó unas baldosas flojas, uno de los finos tacos de sus zapatos pareció trabarse entre ellas, perdió el equilibrio, trastabilló, y fue a parar al piso quedando en cuatro patas…
La alcancé pronto y la ayudé a recobrarse, las palmas de sus manos lucían sendos raspones y sus rodillas se mostraban desnudas por la rotura del pantalón, incluso la izquierda parecía sangrar un poco y parecía dolerle bastante.
Pero intuí que más de dolerle el físico, le dolía la vergüenza, ella se puso de espaldas a la pared, su pantalón también se había roto entre las piernas dejando ver parte de su trasero, eso lo había notado al verla caer…
Fue entonces cuando traté de calmarla, saqué mi fino pullover y se lo día para que se cubriera, lo tomó y lo anudó por las mangas en su cintura cubriendo su trasero.
Su rostro de niña mezclaba sensaciones de dolor y agradecimiento, ella iba a tomar el ómnibus, por lo que me ofrecí a llevarla a su domicilio, era apenas unos minutos extra.
En el viaje me agradeció por lo que había hecho, me contó que se llamaba Matilde, que apenas tenía veinte y trabajaba atendiendo al público en una conocida cadena de comidas americana, a unas cuadras de donde yo trabajaba.
Al final, ella me agradeció y me despidió con un beso en la mejilla.
No supe por qué, pero en ese momento entendía que algo pasaría entre nosotros, el perfume que dejó en el interior de mi coche me embriagó y abrí las ventanillas para que mi esposa no notara dada, a quien por cierto, no le conté nada de lo ocurrido.
Dos días más tarde, hice lo que no debí hacer, fui a almorzar al lugar donde ella trabajaba, verla tras el mostrador con el uniforme de la empresa y una gorrita con visera me causó un tanto de gracia, parecía aún más joven de los veinte que me había confesado.
Ella me reconoció de inmediato, me recibió con una sonrisa y quería obsequiarme la hamburguesa grasosa que había pedido, cosa que no acepté bajo ningún punto de vista.
Pague en efectivo, Matilde me dio el vuelto y con él un papel enroscado, tenía el número de su celular…
Ese fué el principio de mi relación clandestina con ella, a espaldas de mi esposa, Matilde tenía apenas unos años más que mi hija mayor, era todo muy loco…
Como podrán imaginar, empezamos a frecuentarnos, una salidita, otra, una escapada, un beso, terminé enredándome con ella.
Obviamente no le dije a Matilde nada de mi esposa, ni de mis hijas, tenía que planificar muy bien mi vida para que nadie sospechara nada, ni mi familia, ni mi amante.
Matilde era hermosa, ya les narré de su cola casi pornográfica, perfecta por donde la observara, todo le quedaba bien, de piernas de modelo, delgada, casi tan alta como yo, de vientre plano y de pequeños pechos, casi no tenía nada y ella me comentaba que le causaba cierto complejo, aunque para mí era perfecta como era.
De rostro un tanto ovalado, cabellos lacios castaños llegando a su cintura, ojos negros, y boquita deliciosa que tentaba al pecado.
Pero no era solo su físico que me atraía, era todo en ella, su forma de ser, su forma de hablar, de expresarse, las palabras que usaba y como la usaba, siempre me decía que la excitaba nuestra diferencia de edad, que veía en mí un tipo con experiencia, conocedor de la vida, que yo era un HOMBRE, y resaltaba eso, como queriendo diferenciarse de los jóvenes con los que había salido…
Las horas de sexo que compartía con ella eran terribles, jamás una mujer me hizo sentir lo que ella me hizo sentir, sin dudas fue lo mejor que me pasó en la vida, lo mejor que pasó por mi cama.
Siempre la llevaba a los mejores hoteles de la ciudad, íbamos directo al grano, sin vueltas.
A Matilde le gustaba que la mirara, le gustaba provocarme, solo me hacía sentar a un costado, y ella se enfundaba en lencería, sostenes, corsets, colaless, medias, porta ligas, tacos altos, botas, lo que imaginen, solía poner música y desfilaba como modelo, o se contorsionaba como prostituta de cabaret, o simplemente bailaba algún reggaetón sexi más propio de su edad, podía estar demasiado tiempo provocándome de esa manera en la que usaba su arma fuerte para atacarme, su culo, meneándolo de lado a lado.
Después íbamos a la cama, algunas veces le depilaba por completo su sexo y le chupaba la concha hasta que me suplicara que me detuviera, otras veces vendaba sus ojos, tomaba hielo entre mis dedos, y dejaba caer las frías gotas sobre su piel, sobre sus labios, sobre sus pechos, sobre su vientre, sobre sus piernas, sobre su raja y ella solo se contorsionaba calentándose más y más con el correr de los segundos, otras veces la ataba y solo la liberaba al terminar…
A ella por su parte, le gustaba chuparme la pija, solía llenármela con alguna mantequilla, o dulce, y solo chuparla hasta hacerme eyacular y mezclar los sabores, tragando todo como una perra.
Pero sin dudas lo mejor era cuando cogíamos, dejábamos la pasión de lado, sin palabras románticas, sin caricias, era sexo salvaje, sexo animal, gritos, transpiración, ella me enloquecía con sus palabras, me pedía que ‘la coja toda’, ‘que la coja duro’, ‘que la llene de leche’, ‘que le rompa la concha’, ‘que la mate’, era todo demasiado extremo…
Matilde se excitaba de tal manera que llegaba a mojar las sábanas, a veces metía los dedos en su concha y luego se los chupaba, eso me enloquecía, otras veces se los metía en su trasero y después me pedía que le rompiera el culo, que no la perdonara.
Me pedía que la tratara como a una puta, que no le tuviera piedad y que desatara con ella mis más bajos instintos…
Todas las mujeres con la que había estado hasta ese momento eran habían sido sumisas, delicadas, tenía que endulzarles los oídos, demasiadas caricias, pero no Matilde, ella era un volcán, era una asesina, una guerrera, no había forma de calmarla y más le daba más quería…
Y las cosas pasan porque tienen que pasar, vivía al límite, escondiendo mis secretos, a una y a la otra, pero sabía que no duraría por siempre. Una tarde de octubre nos habíamos amado con locura, loco, asfixiante, el borde del abismo, cuando terminamos estábamos exhaustos, ella encendió la tv del cuarto y me dijo que me bañara primero, así que tomé el lugar, un baño caliente y espumosos para coronar mi placer.
Al salir, ella estaba sentada al borde de la cama con mi celular entre sus manos, eso me paralizó, Matilde levantó la vista y me dijo pausadamente
—Acabaram de te ligar, você precisa retornar a ligação o mais rápido possível, não a faça esperar…
Ela se levantou e passou por mim a caminho do banheiro, ainda estava nua e cheirava a luxúria, deixando o celular nas minhas mãos, para repetir:
—A propósito, ela é muito gostosa, meus parabéns…
Eu a ouvi fechar a porta atrás de mim, naquele momento senti a terra me engolir, a imagem do contato da minha esposa parecia me observar do fundo do aparelho, engoli seco, liguei para ela e me desculpei.
Tempo depois, minha amante voltou ao quarto principal, esfregando os longos cabelos com uma toalha grande. Fiquei na expectativa, esperando uma enxurrada de reprovações, mas ela manteve a calma e disse:
—Sempre soube, sabia? Seus modos, seus segredos, seus horários, sempre soube…
—E então… agora que você sabe… acho que é o começo do fim…
—Tudo bem pra mim… as coisas entre a gente não precisam mudar…
Ela realmente parecia não se incomodar, o que me chamava muito a atenção.
—Você ama ela?
—Sim, eu amo…
Nos minutos seguintes, tive que contar sobre minha vida, sobre minha esposa e minhas filhas. Disse a verdade: que para mim tudo tinha começado como um jogo, mas que eu amava o jeito que ela transava e o quanto era puta, que ela tinha se tornado uma droga da qual eu não conseguia escapar.
Os dias passaram, e ao contrário do que imaginei, Matilde ficou ainda mais puta. Não precisei mais esconder minha aliança de compromisso; pelo contrário, ela se transformou num objeto de perdição para ela. Mostrou um lado cínico, por assim dizer, me disse que não tinha nada contra minha esposa, mas adorava que por causa dela eu estava me traindo, ficava excitada com tudo aquilo. Ainda lembro como ela se molhava e como ficava quando eu contava que, estando com Sandra, só pensava nela, e que quando fazia amor com ela, só pensava nela, e que quando chupava a buceta dela, imaginava que estava chupando a dela. que quando eu comia ela, imaginava que tava comendo ela…
Com ela era só foder, foder e foder, eu tava perdendo a vida na Matilde, tinha largado meu trampo, minha mulher, minhas filhas, só pensava nela.
A relação virou uma merda doentia…
Aquela noite eu tinha ido dormir como sempre, como toda noite, a Sandra tava concentrada lendo um romance, sem falar nada. Quando eu deitei do lado dela, ela fechou o livro, largou ele no criado-mudo junto com os óculos de leitura, me encarou bem nos olhos e com uma calma assustadora falou:
– Como ela é?
– O quê?
– Você ouviu… como ela é?
– Ela? Quem? Do que cê tá falando? – na hora eu engoli seco e senti que ia morrer –
– Deve ser nova, gostosa, né? deve ser muito boa na cama…
– Sandra, que porra é essa?
– Shhhh! Não fala nada…
Minha esposa colocou a mão na minha boca, pra eu calar a boca, umas lágrimas escorreram dos olhos dela e desceram pelo rosto, e naquele momento eu me senti o pior dos filhos da puta, um canalha. Ela suspirou fundo, desviou o olhar pro nada, deu de ombros e só falou devagar…
– Já faz um tempo que eu percebi, mas te vejo tão feliz que não queria tocar no assunto. Cê tá tão diferente, parece outro homem, com certeza ela te enlouquece. Muitas vezes me perguntei o que ela te dá que eu não dou, o que ela tem que eu não tenho, é um inferno constante. Sabe… quando cê me toca, quando cê faz amor comigo, só penso nela, ela vem na minha cabeça como um fantasma. Quando beijo seus lábios, não consigo evitar imaginar onde cê colocou eles, onde cê beijou ela, onde cê comeu ela…
A Sandra falava com a alma, de coração aberto, e as palavras dela iam me rasgando aos poucos…
– Imagino que tudo deve ser perfeito com ela, mas sabe quem tem as mãos calejadas de esfregar suas roupas? Sabe quem fica acordada preparando sua comida? Sabe quem espera acordada toda noite até você chegar? Sabe quem responde com um sorriso pra cada desculpa esfarrapada? Pela sua ausência? Sabe quem conversa com suas filhas quando você não está? Sabe quem chora em silêncio, escondida pelos cantos?
Ela não esperou nem quis resposta minha, apagou a luz do abajur e se aninhou no meu peito, buscando minha proteção como fazia toda noite, só sussurrou na escuridão do quarto antes de dormir.
— Eu quero te ver feliz, e se o seu caminho é ao lado dela, tudo bem, vou deixar você ir, só quero que tome uma decisão, porque me dói ter que te dividir, não posso continuar assim…
Como terminou a história? Como sempre termina, escolhi minha família. Sentei pra conversar com a Matilde e contei tudo o que estava rolando, pedi pra ela me esquecer, esquecer de tudo, apaguei ela da minha vida, apaguei todo contato com ela, apaguei tudo o que vivemos, apaguei cada segundo de sexo.
Foi foda, muito foda, e me atrevo a dizer que foi mais difícil pra mim do que pra ela.
Hoje a relação com a Sandra mudou, somos casados, sim, mas ela não me perdoou, só sabe o que aconteceu e a gente convive com isso, como dá, na nossa intimidade o fantasma da Matilde paira sobre a nossa cama, ameaçador, doloroso…
Da Matilde nunca mais soube nada, mais de uma vez passei na frente da lanchonete onde ela trabalha, mordi os lábios e segui em frente, seria um erro reencontrá-la…
Se você é maior de idade e gostou desse relato, pode deixar comentários com o título ‘SEXO ANIMAL’ para DULCES.PLACERES@LIVE.COM
Total libertad para comentar lo que quieran
Espero sean de vuestro agrado
http://www.poringa.net/posts/imagenes/5909834/Erotismo-en-B-N---01.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/5930158/Erotismo-en-B-N---02.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/5962854/Erotismo-en-B-N---03.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/5981636/Erotismo-en-B-N---04.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/5997767/Erotismo-en-B-N---05.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/6004665/Erotismo-en-B-N---06.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/6041938/Erotismo-en-B-N---07.html
dulces.placeres@live.com
Sexo animal
Ya hace unos cinco años que terminé mi relación con Matilde, sin dudas lo mejor que pasó por mi cama…
Estaba llegando a mis cuarenta años, con una familia ya constituida, esposa, tres hijas, todo lo que un tipo normal podría narrar. Antes de mi señora, había estado con algunas otras chicas, novias, en fin, hasta acá nada raro.
Sandra, la madre de mis hijas es una buena mujer, no tengo reproches para hacerle, y nada hacía prever que llegaría a serle infiel
Fue cuestión del azar, no fue buscado, solo se dio…
Eran poco más de las dos de la tarde, había salido de mi trabajo y me dirigía a pie hacia el estacionamiento donde estaba mi coche, a unas cuatro cuadras, como lo hacía diariamente.
Ella iba caminando a pocos metros delante de mí, alta, delgada, enfundada en unos ajustados pantalones de cuero que le dibujaba un culo sencillamente perfecto, de lo mejor que había visto en mi vida, solo regulaba el paso para mantener la distancia y ver sus caderas moverse de lado a lado en una perfecta sintonía que llenaba mi vista.
Y pasó lo que tenía que pasar, la joven no notó unas baldosas flojas, uno de los finos tacos de sus zapatos pareció trabarse entre ellas, perdió el equilibrio, trastabilló, y fue a parar al piso quedando en cuatro patas…
La alcancé pronto y la ayudé a recobrarse, las palmas de sus manos lucían sendos raspones y sus rodillas se mostraban desnudas por la rotura del pantalón, incluso la izquierda parecía sangrar un poco y parecía dolerle bastante.
Pero intuí que más de dolerle el físico, le dolía la vergüenza, ella se puso de espaldas a la pared, su pantalón también se había roto entre las piernas dejando ver parte de su trasero, eso lo había notado al verla caer…
Fue entonces cuando traté de calmarla, saqué mi fino pullover y se lo día para que se cubriera, lo tomó y lo anudó por las mangas en su cintura cubriendo su trasero.
Su rostro de niña mezclaba sensaciones de dolor y agradecimiento, ella iba a tomar el ómnibus, por lo que me ofrecí a llevarla a su domicilio, era apenas unos minutos extra.
En el viaje me agradeció por lo que había hecho, me contó que se llamaba Matilde, que apenas tenía veinte y trabajaba atendiendo al público en una conocida cadena de comidas americana, a unas cuadras de donde yo trabajaba.
Al final, ella me agradeció y me despidió con un beso en la mejilla.
No supe por qué, pero en ese momento entendía que algo pasaría entre nosotros, el perfume que dejó en el interior de mi coche me embriagó y abrí las ventanillas para que mi esposa no notara dada, a quien por cierto, no le conté nada de lo ocurrido.
Dos días más tarde, hice lo que no debí hacer, fui a almorzar al lugar donde ella trabajaba, verla tras el mostrador con el uniforme de la empresa y una gorrita con visera me causó un tanto de gracia, parecía aún más joven de los veinte que me había confesado.
Ella me reconoció de inmediato, me recibió con una sonrisa y quería obsequiarme la hamburguesa grasosa que había pedido, cosa que no acepté bajo ningún punto de vista.
Pague en efectivo, Matilde me dio el vuelto y con él un papel enroscado, tenía el número de su celular…
Ese fué el principio de mi relación clandestina con ella, a espaldas de mi esposa, Matilde tenía apenas unos años más que mi hija mayor, era todo muy loco…
Como podrán imaginar, empezamos a frecuentarnos, una salidita, otra, una escapada, un beso, terminé enredándome con ella.
Obviamente no le dije a Matilde nada de mi esposa, ni de mis hijas, tenía que planificar muy bien mi vida para que nadie sospechara nada, ni mi familia, ni mi amante.
Matilde era hermosa, ya les narré de su cola casi pornográfica, perfecta por donde la observara, todo le quedaba bien, de piernas de modelo, delgada, casi tan alta como yo, de vientre plano y de pequeños pechos, casi no tenía nada y ella me comentaba que le causaba cierto complejo, aunque para mí era perfecta como era.
De rostro un tanto ovalado, cabellos lacios castaños llegando a su cintura, ojos negros, y boquita deliciosa que tentaba al pecado.
Pero no era solo su físico que me atraía, era todo en ella, su forma de ser, su forma de hablar, de expresarse, las palabras que usaba y como la usaba, siempre me decía que la excitaba nuestra diferencia de edad, que veía en mí un tipo con experiencia, conocedor de la vida, que yo era un HOMBRE, y resaltaba eso, como queriendo diferenciarse de los jóvenes con los que había salido…
Las horas de sexo que compartía con ella eran terribles, jamás una mujer me hizo sentir lo que ella me hizo sentir, sin dudas fue lo mejor que me pasó en la vida, lo mejor que pasó por mi cama.
Siempre la llevaba a los mejores hoteles de la ciudad, íbamos directo al grano, sin vueltas.
A Matilde le gustaba que la mirara, le gustaba provocarme, solo me hacía sentar a un costado, y ella se enfundaba en lencería, sostenes, corsets, colaless, medias, porta ligas, tacos altos, botas, lo que imaginen, solía poner música y desfilaba como modelo, o se contorsionaba como prostituta de cabaret, o simplemente bailaba algún reggaetón sexi más propio de su edad, podía estar demasiado tiempo provocándome de esa manera en la que usaba su arma fuerte para atacarme, su culo, meneándolo de lado a lado.
Después íbamos a la cama, algunas veces le depilaba por completo su sexo y le chupaba la concha hasta que me suplicara que me detuviera, otras veces vendaba sus ojos, tomaba hielo entre mis dedos, y dejaba caer las frías gotas sobre su piel, sobre sus labios, sobre sus pechos, sobre su vientre, sobre sus piernas, sobre su raja y ella solo se contorsionaba calentándose más y más con el correr de los segundos, otras veces la ataba y solo la liberaba al terminar…
A ella por su parte, le gustaba chuparme la pija, solía llenármela con alguna mantequilla, o dulce, y solo chuparla hasta hacerme eyacular y mezclar los sabores, tragando todo como una perra.
Pero sin dudas lo mejor era cuando cogíamos, dejábamos la pasión de lado, sin palabras románticas, sin caricias, era sexo salvaje, sexo animal, gritos, transpiración, ella me enloquecía con sus palabras, me pedía que ‘la coja toda’, ‘que la coja duro’, ‘que la llene de leche’, ‘que le rompa la concha’, ‘que la mate’, era todo demasiado extremo…
Matilde se excitaba de tal manera que llegaba a mojar las sábanas, a veces metía los dedos en su concha y luego se los chupaba, eso me enloquecía, otras veces se los metía en su trasero y después me pedía que le rompiera el culo, que no la perdonara.
Me pedía que la tratara como a una puta, que no le tuviera piedad y que desatara con ella mis más bajos instintos…
Todas las mujeres con la que había estado hasta ese momento eran habían sido sumisas, delicadas, tenía que endulzarles los oídos, demasiadas caricias, pero no Matilde, ella era un volcán, era una asesina, una guerrera, no había forma de calmarla y más le daba más quería…
Y las cosas pasan porque tienen que pasar, vivía al límite, escondiendo mis secretos, a una y a la otra, pero sabía que no duraría por siempre. Una tarde de octubre nos habíamos amado con locura, loco, asfixiante, el borde del abismo, cuando terminamos estábamos exhaustos, ella encendió la tv del cuarto y me dijo que me bañara primero, así que tomé el lugar, un baño caliente y espumosos para coronar mi placer.
Al salir, ella estaba sentada al borde de la cama con mi celular entre sus manos, eso me paralizó, Matilde levantó la vista y me dijo pausadamente
—Acabaram de te ligar, você precisa retornar a ligação o mais rápido possível, não a faça esperar…Ela se levantou e passou por mim a caminho do banheiro, ainda estava nua e cheirava a luxúria, deixando o celular nas minhas mãos, para repetir:
—A propósito, ela é muito gostosa, meus parabéns…
Eu a ouvi fechar a porta atrás de mim, naquele momento senti a terra me engolir, a imagem do contato da minha esposa parecia me observar do fundo do aparelho, engoli seco, liguei para ela e me desculpei.
Tempo depois, minha amante voltou ao quarto principal, esfregando os longos cabelos com uma toalha grande. Fiquei na expectativa, esperando uma enxurrada de reprovações, mas ela manteve a calma e disse:
—Sempre soube, sabia? Seus modos, seus segredos, seus horários, sempre soube…
—E então… agora que você sabe… acho que é o começo do fim…
—Tudo bem pra mim… as coisas entre a gente não precisam mudar…
Ela realmente parecia não se incomodar, o que me chamava muito a atenção.
—Você ama ela?
—Sim, eu amo…
Nos minutos seguintes, tive que contar sobre minha vida, sobre minha esposa e minhas filhas. Disse a verdade: que para mim tudo tinha começado como um jogo, mas que eu amava o jeito que ela transava e o quanto era puta, que ela tinha se tornado uma droga da qual eu não conseguia escapar.
Os dias passaram, e ao contrário do que imaginei, Matilde ficou ainda mais puta. Não precisei mais esconder minha aliança de compromisso; pelo contrário, ela se transformou num objeto de perdição para ela. Mostrou um lado cínico, por assim dizer, me disse que não tinha nada contra minha esposa, mas adorava que por causa dela eu estava me traindo, ficava excitada com tudo aquilo. Ainda lembro como ela se molhava e como ficava quando eu contava que, estando com Sandra, só pensava nela, e que quando fazia amor com ela, só pensava nela, e que quando chupava a buceta dela, imaginava que estava chupando a dela. que quando eu comia ela, imaginava que tava comendo ela…
Com ela era só foder, foder e foder, eu tava perdendo a vida na Matilde, tinha largado meu trampo, minha mulher, minhas filhas, só pensava nela.
A relação virou uma merda doentia…
Aquela noite eu tinha ido dormir como sempre, como toda noite, a Sandra tava concentrada lendo um romance, sem falar nada. Quando eu deitei do lado dela, ela fechou o livro, largou ele no criado-mudo junto com os óculos de leitura, me encarou bem nos olhos e com uma calma assustadora falou:
– Como ela é?
– O quê?
– Você ouviu… como ela é?
– Ela? Quem? Do que cê tá falando? – na hora eu engoli seco e senti que ia morrer –
– Deve ser nova, gostosa, né? deve ser muito boa na cama…
– Sandra, que porra é essa?
– Shhhh! Não fala nada…
Minha esposa colocou a mão na minha boca, pra eu calar a boca, umas lágrimas escorreram dos olhos dela e desceram pelo rosto, e naquele momento eu me senti o pior dos filhos da puta, um canalha. Ela suspirou fundo, desviou o olhar pro nada, deu de ombros e só falou devagar…
– Já faz um tempo que eu percebi, mas te vejo tão feliz que não queria tocar no assunto. Cê tá tão diferente, parece outro homem, com certeza ela te enlouquece. Muitas vezes me perguntei o que ela te dá que eu não dou, o que ela tem que eu não tenho, é um inferno constante. Sabe… quando cê me toca, quando cê faz amor comigo, só penso nela, ela vem na minha cabeça como um fantasma. Quando beijo seus lábios, não consigo evitar imaginar onde cê colocou eles, onde cê beijou ela, onde cê comeu ela…
A Sandra falava com a alma, de coração aberto, e as palavras dela iam me rasgando aos poucos…
– Imagino que tudo deve ser perfeito com ela, mas sabe quem tem as mãos calejadas de esfregar suas roupas? Sabe quem fica acordada preparando sua comida? Sabe quem espera acordada toda noite até você chegar? Sabe quem responde com um sorriso pra cada desculpa esfarrapada? Pela sua ausência? Sabe quem conversa com suas filhas quando você não está? Sabe quem chora em silêncio, escondida pelos cantos?
Ela não esperou nem quis resposta minha, apagou a luz do abajur e se aninhou no meu peito, buscando minha proteção como fazia toda noite, só sussurrou na escuridão do quarto antes de dormir.
— Eu quero te ver feliz, e se o seu caminho é ao lado dela, tudo bem, vou deixar você ir, só quero que tome uma decisão, porque me dói ter que te dividir, não posso continuar assim…
Como terminou a história? Como sempre termina, escolhi minha família. Sentei pra conversar com a Matilde e contei tudo o que estava rolando, pedi pra ela me esquecer, esquecer de tudo, apaguei ela da minha vida, apaguei todo contato com ela, apaguei tudo o que vivemos, apaguei cada segundo de sexo.
Foi foda, muito foda, e me atrevo a dizer que foi mais difícil pra mim do que pra ela.
Hoje a relação com a Sandra mudou, somos casados, sim, mas ela não me perdoou, só sabe o que aconteceu e a gente convive com isso, como dá, na nossa intimidade o fantasma da Matilde paira sobre a nossa cama, ameaçador, doloroso…
Da Matilde nunca mais soube nada, mais de uma vez passei na frente da lanchonete onde ela trabalha, mordi os lábios e segui em frente, seria um erro reencontrá-la…
Se você é maior de idade e gostou desse relato, pode deixar comentários com o título ‘SEXO ANIMAL’ para DULCES.PLACERES@LIVE.COM
0 comentários - Sexo animal