Fotos que tomamos mi esposa y yo, tratando de darle un toque erotico
Total libertad para comentar lo que quieran
Espero sean de vuestro agrado
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dulces.placeres@live.com
El culo de mi mujer - 2 de 2
Ella me miró y me respondió fríamente
- Esa no es la pregunta correcta, la pregunta es qué pasará ‘si a mí me termina gustando todo esto’
Era cierto, en ese momento no tuve respuesta a esa pregunta, pero estaba tan enceguecido que no quería ver que nada obstaculice mi cometido, así que Karina y Santiago se contactaron gracias a mí, por medio de WhatsApp y de Skype, fue un mes largo y loco en el cual nos fuimos conociendo y armando la estrategia.
Santiago era un hombre educado, refinado y se notaba de muy buen pasar, un tanto rubión y castaño, de barba rala de no más de una semana, perfectamente recortada y mi esposa poco a poco se fue liberando, se fue entregando, se fue haciendo a la idea.
Me río al recordar que le pedía a nuestro amigo que corriera con los gastos de alquiler de la cabaña, para ser justos él se iba a coger a mi mujer, y era lo menos que podía hacer.
Acordamos el sitio, lo vimos por google maps, preparamos las cosas, subimos al auto, fijé el gps y nos pusimos en camino.
La sensación en el viaje fue muy rara, casi no hablamos, nos enfrentaríamos a algo desconocido y teníamos más dudas que certezas, funcionaría? y si a ella no le gustaba? y si mis celos me traicionaran? y si el tipo hubiera sido una mentira? y si su pudor? y si esto? y si lo otro?
Demasiadas preguntas, pocas respuestas, los nervios me carcomieron todo el trayecto, sentía las manos transpirar en el volante.
Al fin llegamos, fue el encuentro cara a cara con Santiago que nos estaba esperando, me apretó la mano y beso en la mejilla a Karina, se mostró muy respetuoso y caballero en ese momento, nos dejó ver que realmente no era su primera vez y nos dio esa confianza que hizo que nos relajáramos un tanto, aunque el nerviosismo me comía por dentro.
Era el tipo de macho al que mi esposa no podría haberle dicho que no, lo leí en sus ojos cuando lo miraba en silencio mientras nosotros, los hombres, charlábamos algunas cosas como si fuéramos viejos amigos. Fuimos a una de las cabañas, la que él había reservado, apenas tomamos unas copas, estábamos ahí para hacer algo, había llegado el momento, ahora o nunca.
Yo estaba decidido, tenía una erección terrible entre las piernas, sequedad en la boca y mi corazón palpitaba con tal fuerza que parecía saltar de mi pecho, la sangre latía en mis sienes, crucé los dedos, temí que Karina fuera a arrepentirse a último momento, ella pidió unos segundos para pasar al baño, el aprovechó el momento de intimidad y me dijo
- Tranquilo, ponete cómodo y disfrutá, será maravilloso para ti, tengo el libreto estudiado de memoria, algo más que quieras pedir?
- No… - dije sin titubear – solo no la fuerces a nada, pero no me dejes con las ganas…
El empezó a desnudarse en una forma natural, confieso, el hijo de puta tenía una terrible pija, gorda y larga, yo me desnudé también y busqué mi posición de espectador, Karina salió del baño, la luz invadía el lugar atravesando los cortinados de un amplio ventanal haciendo la atmósfera blanquecina, lucía unas medias negras hasta arriba en sus muslos, sostenidas por portaligas y un conjunto diminuto al tono, en un rosa fuerte, estaba hermosa, servida en bandeja de plata, se me hizo inevitable tomarle unas fotos, y se me hace inevitable ahora no compartirlas con ustedes, se las dejo al final del relato, para que vean como estaba ella en ese momento.
Había llegado el punto de quiebre, no hubo palabras, él estaba parado, ella mirando su verga semi erecta, se acercaron, se besaron, profundamente, y yo a un costado con mi verga dura, en silencio. Besos y más besos, mi mujer en brazos de otro hombre, entregada, otra piel, otro sexo.
El me miró al tiempo que se acomodara en posición para que yo no perdiera detalle, sugerentemente la hizo bajar hasta arrodillarla a sus pies, Karina tomó esa verga enorme entre sus manos, no alcanzaba a rodearla entre sus dedos, y me masturbaba esperando el momento, si! si! si!!! se la besó! posó sus labios en es glande cabezón! Increíble, perfecto! suspiré y entrecerré mis ojos, al fin lo hacía!
Ella empezó lentamente pero a medida que tomó confianza se puso muy puta, haciendo penetraciones profundas, su estilo, pero amigos, conmigo era una cosa, con Santiago era otra, con esfuerzo llegaba a la mitad, pero no perdía el ritmo, cada tanto lo liberaba y le envolvía la cabeza con su lengua, yo no soporté más, empecé a acabar ante la escena, no quise, pero no pude evitarlo…
Santiago al verme empezó a reír, y casi arranca a mi esposa de su mimbro diciéndole
- Tranquila, tranquila, la chupas rico, pero no quiero ‘acabar’ como tu esposo…
Puso a Karina en cuatro patas sobre la cama, acomodando su impecable culo hacia mi lado, lucía muy sexi con los zapatos tacos altos, las medias negras y el porta ligas rosa, la tanga me la había quedado yo cuando tomé las fotografías, con un poco de trabajo Santiago cubrió su pene con un preservativo y me dijo
- Ahora viene lo mejor, ahora le haré bien el culo a tu mujer, la voy a hacer gozar y gemir, te voy a enseñar como un hombre lo hace, se lo voy a dejar todo abierto, como me pediste…
Sus solas palabras lograron una nueva erección, mientras él hablaba mi mujer se lubricaba el esfínter con gel, metiendo los dedos índice y anular, como preparando el terreno.
Santiago se recostó sobre la cama con su enorme pito apuntando al techo, duro como un rascacielos, mi esposa lo montó con una pierna a cada lado, y me quedé con un primer plano de su perfecto y generoso trasero, al tiempo que echando una mano atrás masturbaba lentamente la enorme carne que se iba a comer
Las manos de Santiago fueron a los glúteos de Karina, mientras yo empezaba a masturbarme, le dijo
- Dale, mostrale a Mateo como su mujercita se come una buena verga…
Ella la apuntó a su culo y forzó a meterla, una, dos y tres veces, pero era demasiado gorda y fracasaba en cada intento, volvieron a lubricar y a la cuarta vez sí! El glande perforó el esfínter y bajó hasta la mitad, y empezó a subir y bajar, una y otra vez
Karina empezó a gemir, él le dijo entonces
- Desce e come ela toda, e depois tira e mete de novo, deixa ele ver tudo que você tá comendo…
Ela obedeceu, com paciência desceu milímetro por milímetro até chegar nas bolas dele, até perder ela toda no cu dela, por completo, depois subiu e tirou, ele abriu as nádegas dela pra eu ver o cu dela aberto igual uma puta pornográfica, e meteu de novo e tirou de novo.
A imagem, as palavras dele, os gemidos da minha esposa, juro pra vocês, amigos, que era a melhor coisa que tinha me acontecido na vida, melhor que o próprio sexo que eu já tinha vivido, isso era incomparável, era perfeito…
- Tá gostando, Mateo? Tá gostando? te falei que não ia se arrepender… e você, que só geme… o que achou da minha pica?
- É… enorme… aaaa… mmmm…
- Tá gostando? conta pro seu marido o quanto você gosta…
- Sim, amor… mmmm… adoro que… mmmm… esse ca… mmmm… cara me arrebente… aaahhh!... o cu….
Karina pareceu perder a sanidade aos poucos e não aguentou mais aqueles movimentos lentos que o Santiago pedia e começou a se mexer como uma louca, começou a mostrar aquela puta escondida.
Ele nunca perdia o controle, de repente separou ela e manteve ela de quatro, apontando da melhor forma possível o cu pro meu rosto, mandou ela se abrir pra mim, e minha mulher levando as mãos pros glúteos separou eles pra eu ver a cratera dela toda aberta, ele sorriu e olhando fixo pra mim falou
- E aí? que tal? Gostou de como eu deixei?
- Adorei – só falei enquanto sentia um segundo orgasmo chegando – vai, não para…
Ele enfiou três dedos e brincou no cu dela, depois foi por trás se levantando na cama e descendo de um jeito que não atrapalhasse minha visão, de novo apoiou a ponta no esfíncter e já sem nenhuma resistência desceu até as bolas, tudo pra dentro e agora sim, com fúria…
Karina gritava igual uma puta porca, nunca tinha ouvido ela gritar assim e se masturbava com força no clitóris, e mais, e mais…
Foi tudo ao mesmo tempo… segundos que pareceram séculos, Santiago saiu, tirou a camisinha que cobriu o pau dele e começou a cuspir porra no rosto da minha mulher, ela foi banhada como por um tsunami, o rosto dela, as bochechas, o queixo, os lábios, a língua, ela abria a boca como uma puta procurando a última gota d'água de um cantil no meio do deserto, eu não sabia para onde olhar, se para a boca dela se regozijando e bebendo porra, ou para o cu dela todo aberto, que pulsava incontrolável, onde caberia uma bola de sinuca, eu comecei a gozar, e a primeira cuspida de sêmen foi parar no colchão, quase a um metro de distância de onde eu estava, e eu gozei como nunca…
Talvez tivesse sido tudo rápido demais, mas sentia meu corpo todo fervendo… Karina se retirou em silêncio e foi tomar um banho, nos acalmamos um pouco e Santiago me disse:
- Linda puta, você arrumou um amigo… está satisfeito?
- Eu estou… e te agradeço…
- Eu que te agradeço… é a melhor buceta que já tive…
- Vou te perguntar uma coisa… você acha que eu estou doente? Tenho uma mulher que é um monumento, e mesmo assim, meu maior prazer foi ver um estranho comer o cu dela…
- Preciso ir, mas vou estar aqui no fim de semana, na cabana ao lado, então aproveitem…
Santiago me respondeu com uma evasiva e só foi embora, daqui a pouco minha esposa veio me encontrar e transamos como nunca, apesar de ela ter se lavado, ao beijá-la parecia sentir o gosto do pau que ela tinha chupado e isso me excitava, lembrando cada segundo que passou…
Eu tinha fechado uma etapa, realizado meu sonho, mas sem saber tinha aberto outra na sexualidade da minha esposa.
Naquele sábado à noite, depois do jantar, ela pediu para repetir o jogo com Santiago, só dez horas depois, então fizemos de novo! E nosso amigo começou a se achar, na verdade não foi como da primeira vez…
E no domingo depois do almoço, eu só queria descansar, mas dessa vez fui eu o surpreendido, já que eles tinham combinado pelas minhas costas de fazer de novo!!!
Mas dessa vez, já não foi a mesma coisa, Santiago tinha mudado, já não a tratava É, já não me tratava mais igual. Encorajado pela situação, jogou mal as cartas. Tratou a Karina como se fosse uma puta barata, falou que ela adorava quando ele arrombava a bunda dela, o que até era verdade, mas não precisava falar. E comigo, me diminuindo como homem, fazendo comparações odiosas sobre o tamanho dos nossos membros. Até porque, sim, tinha uma diferença mais que notória, mas não tinha nada a ver com o jogo.
Antecipamos a volta. Santiago tinha sido demais pra nós, deixou um gosto agridoce na boca. Passamos da glória ao fracasso em pouco mais de um dia. Tudo o que ele tinha sido de profissional no começo, ele jogou fora no final.
A viagem de volta foi tão tensa quanto a de ida, mas claro, os motivos eram outros. O medo do desconhecido tinha se transformado em um monte de perguntas sobre ter deixado um cara entrar na nossa intimidade. Todas aquelas imagens gravadas na minha mente se repetiam sem parar, sem fim. Imaginava que a mesma coisa acontecia com a Karina, porque sem dúvida também tinha sido uma experiência e tanto pra ela.
Não sabia o que dizer, o que perguntar, como puxar conversa. Então só improvisei com um:
— E aí?... Gostou?
Ela me olhou. Senti o olhar dela cravado em mim, mesmo com os óculos escuros escondendo os olhos. Ela respondeu:
— Se eu gostei? Aquele cara arrombou minha bunda quando quis e do jeito que quis, de todas as maneiras possíveis. Fui tão puta com ele e com você que quase não consigo sentar... e você me pergunta se eu gostei?
O silêncio voltou a reinar no carro. Continuei dirigindo, apertando o volante com força. Depois de alguns minutos, ela tomou a palavra e perguntou:
— E você, gostou? Era o que esperava? Curtiu ver sua mulher com um estranho, com uma pica enorme no cu dela? Era isso que você queria? Satisfeito?
Eu só sorri e dei a melhor resposta. Peguei uma das mãos dela e levei até minha virilha pra ela sentir a nova ereção que eu tinha. Ela continuou perguntando:
— Agora você vai ter que me responder a... Pergunta que te fiz e que você nunca respondeu…
Só esperei você atirar
- Lembra? O que vai ser da gente se eu gostar?
E então, amigos, esse foi o começo de toda essa história. Santiago foi o primeiro de muitos. Perdemos a conta, mas calculamos que mais de cinquenta caras já passaram pela buceta da Karina. A gente curte junto essa situação, porque temos as melhores fodas. Procuramos paus grandes, caras bem dotados pra arrebentar o cu dela. E eu? Eu só quero curtir vendo eles comendo ela…
Se você é maior de idade, queria saber sua opinião sobre esse relato. Só respondo quem colocar como título do e-mail ‘O CU DA MINHA MULHER’. Escreve para dulces.placeres@live.com
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- Esa no es la pregunta correcta, la pregunta es qué pasará ‘si a mí me termina gustando todo esto’
Era cierto, en ese momento no tuve respuesta a esa pregunta, pero estaba tan enceguecido que no quería ver que nada obstaculice mi cometido, así que Karina y Santiago se contactaron gracias a mí, por medio de WhatsApp y de Skype, fue un mes largo y loco en el cual nos fuimos conociendo y armando la estrategia.
Santiago era un hombre educado, refinado y se notaba de muy buen pasar, un tanto rubión y castaño, de barba rala de no más de una semana, perfectamente recortada y mi esposa poco a poco se fue liberando, se fue entregando, se fue haciendo a la idea.
Me río al recordar que le pedía a nuestro amigo que corriera con los gastos de alquiler de la cabaña, para ser justos él se iba a coger a mi mujer, y era lo menos que podía hacer.
Acordamos el sitio, lo vimos por google maps, preparamos las cosas, subimos al auto, fijé el gps y nos pusimos en camino.
La sensación en el viaje fue muy rara, casi no hablamos, nos enfrentaríamos a algo desconocido y teníamos más dudas que certezas, funcionaría? y si a ella no le gustaba? y si mis celos me traicionaran? y si el tipo hubiera sido una mentira? y si su pudor? y si esto? y si lo otro?
Demasiadas preguntas, pocas respuestas, los nervios me carcomieron todo el trayecto, sentía las manos transpirar en el volante.
Al fin llegamos, fue el encuentro cara a cara con Santiago que nos estaba esperando, me apretó la mano y beso en la mejilla a Karina, se mostró muy respetuoso y caballero en ese momento, nos dejó ver que realmente no era su primera vez y nos dio esa confianza que hizo que nos relajáramos un tanto, aunque el nerviosismo me comía por dentro.
Era el tipo de macho al que mi esposa no podría haberle dicho que no, lo leí en sus ojos cuando lo miraba en silencio mientras nosotros, los hombres, charlábamos algunas cosas como si fuéramos viejos amigos. Fuimos a una de las cabañas, la que él había reservado, apenas tomamos unas copas, estábamos ahí para hacer algo, había llegado el momento, ahora o nunca.
Yo estaba decidido, tenía una erección terrible entre las piernas, sequedad en la boca y mi corazón palpitaba con tal fuerza que parecía saltar de mi pecho, la sangre latía en mis sienes, crucé los dedos, temí que Karina fuera a arrepentirse a último momento, ella pidió unos segundos para pasar al baño, el aprovechó el momento de intimidad y me dijo
- Tranquilo, ponete cómodo y disfrutá, será maravilloso para ti, tengo el libreto estudiado de memoria, algo más que quieras pedir?
- No… - dije sin titubear – solo no la fuerces a nada, pero no me dejes con las ganas…
El empezó a desnudarse en una forma natural, confieso, el hijo de puta tenía una terrible pija, gorda y larga, yo me desnudé también y busqué mi posición de espectador, Karina salió del baño, la luz invadía el lugar atravesando los cortinados de un amplio ventanal haciendo la atmósfera blanquecina, lucía unas medias negras hasta arriba en sus muslos, sostenidas por portaligas y un conjunto diminuto al tono, en un rosa fuerte, estaba hermosa, servida en bandeja de plata, se me hizo inevitable tomarle unas fotos, y se me hace inevitable ahora no compartirlas con ustedes, se las dejo al final del relato, para que vean como estaba ella en ese momento.
Había llegado el punto de quiebre, no hubo palabras, él estaba parado, ella mirando su verga semi erecta, se acercaron, se besaron, profundamente, y yo a un costado con mi verga dura, en silencio. Besos y más besos, mi mujer en brazos de otro hombre, entregada, otra piel, otro sexo.
El me miró al tiempo que se acomodara en posición para que yo no perdiera detalle, sugerentemente la hizo bajar hasta arrodillarla a sus pies, Karina tomó esa verga enorme entre sus manos, no alcanzaba a rodearla entre sus dedos, y me masturbaba esperando el momento, si! si! si!!! se la besó! posó sus labios en es glande cabezón! Increíble, perfecto! suspiré y entrecerré mis ojos, al fin lo hacía!
Ella empezó lentamente pero a medida que tomó confianza se puso muy puta, haciendo penetraciones profundas, su estilo, pero amigos, conmigo era una cosa, con Santiago era otra, con esfuerzo llegaba a la mitad, pero no perdía el ritmo, cada tanto lo liberaba y le envolvía la cabeza con su lengua, yo no soporté más, empecé a acabar ante la escena, no quise, pero no pude evitarlo…
Santiago al verme empezó a reír, y casi arranca a mi esposa de su mimbro diciéndole
- Tranquila, tranquila, la chupas rico, pero no quiero ‘acabar’ como tu esposo…
Puso a Karina en cuatro patas sobre la cama, acomodando su impecable culo hacia mi lado, lucía muy sexi con los zapatos tacos altos, las medias negras y el porta ligas rosa, la tanga me la había quedado yo cuando tomé las fotografías, con un poco de trabajo Santiago cubrió su pene con un preservativo y me dijo
- Ahora viene lo mejor, ahora le haré bien el culo a tu mujer, la voy a hacer gozar y gemir, te voy a enseñar como un hombre lo hace, se lo voy a dejar todo abierto, como me pediste…
Sus solas palabras lograron una nueva erección, mientras él hablaba mi mujer se lubricaba el esfínter con gel, metiendo los dedos índice y anular, como preparando el terreno.
Santiago se recostó sobre la cama con su enorme pito apuntando al techo, duro como un rascacielos, mi esposa lo montó con una pierna a cada lado, y me quedé con un primer plano de su perfecto y generoso trasero, al tiempo que echando una mano atrás masturbaba lentamente la enorme carne que se iba a comer
Las manos de Santiago fueron a los glúteos de Karina, mientras yo empezaba a masturbarme, le dijo
- Dale, mostrale a Mateo como su mujercita se come una buena verga…
Ella la apuntó a su culo y forzó a meterla, una, dos y tres veces, pero era demasiado gorda y fracasaba en cada intento, volvieron a lubricar y a la cuarta vez sí! El glande perforó el esfínter y bajó hasta la mitad, y empezó a subir y bajar, una y otra vez
Karina empezó a gemir, él le dijo entonces
- Desce e come ela toda, e depois tira e mete de novo, deixa ele ver tudo que você tá comendo…Ela obedeceu, com paciência desceu milímetro por milímetro até chegar nas bolas dele, até perder ela toda no cu dela, por completo, depois subiu e tirou, ele abriu as nádegas dela pra eu ver o cu dela aberto igual uma puta pornográfica, e meteu de novo e tirou de novo.
A imagem, as palavras dele, os gemidos da minha esposa, juro pra vocês, amigos, que era a melhor coisa que tinha me acontecido na vida, melhor que o próprio sexo que eu já tinha vivido, isso era incomparável, era perfeito…
- Tá gostando, Mateo? Tá gostando? te falei que não ia se arrepender… e você, que só geme… o que achou da minha pica?
- É… enorme… aaaa… mmmm…
- Tá gostando? conta pro seu marido o quanto você gosta…
- Sim, amor… mmmm… adoro que… mmmm… esse ca… mmmm… cara me arrebente… aaahhh!... o cu….
Karina pareceu perder a sanidade aos poucos e não aguentou mais aqueles movimentos lentos que o Santiago pedia e começou a se mexer como uma louca, começou a mostrar aquela puta escondida.
Ele nunca perdia o controle, de repente separou ela e manteve ela de quatro, apontando da melhor forma possível o cu pro meu rosto, mandou ela se abrir pra mim, e minha mulher levando as mãos pros glúteos separou eles pra eu ver a cratera dela toda aberta, ele sorriu e olhando fixo pra mim falou
- E aí? que tal? Gostou de como eu deixei?
- Adorei – só falei enquanto sentia um segundo orgasmo chegando – vai, não para…
Ele enfiou três dedos e brincou no cu dela, depois foi por trás se levantando na cama e descendo de um jeito que não atrapalhasse minha visão, de novo apoiou a ponta no esfíncter e já sem nenhuma resistência desceu até as bolas, tudo pra dentro e agora sim, com fúria…
Karina gritava igual uma puta porca, nunca tinha ouvido ela gritar assim e se masturbava com força no clitóris, e mais, e mais…
Foi tudo ao mesmo tempo… segundos que pareceram séculos, Santiago saiu, tirou a camisinha que cobriu o pau dele e começou a cuspir porra no rosto da minha mulher, ela foi banhada como por um tsunami, o rosto dela, as bochechas, o queixo, os lábios, a língua, ela abria a boca como uma puta procurando a última gota d'água de um cantil no meio do deserto, eu não sabia para onde olhar, se para a boca dela se regozijando e bebendo porra, ou para o cu dela todo aberto, que pulsava incontrolável, onde caberia uma bola de sinuca, eu comecei a gozar, e a primeira cuspida de sêmen foi parar no colchão, quase a um metro de distância de onde eu estava, e eu gozei como nunca…
Talvez tivesse sido tudo rápido demais, mas sentia meu corpo todo fervendo… Karina se retirou em silêncio e foi tomar um banho, nos acalmamos um pouco e Santiago me disse:
- Linda puta, você arrumou um amigo… está satisfeito?
- Eu estou… e te agradeço…
- Eu que te agradeço… é a melhor buceta que já tive…
- Vou te perguntar uma coisa… você acha que eu estou doente? Tenho uma mulher que é um monumento, e mesmo assim, meu maior prazer foi ver um estranho comer o cu dela…
- Preciso ir, mas vou estar aqui no fim de semana, na cabana ao lado, então aproveitem…
Santiago me respondeu com uma evasiva e só foi embora, daqui a pouco minha esposa veio me encontrar e transamos como nunca, apesar de ela ter se lavado, ao beijá-la parecia sentir o gosto do pau que ela tinha chupado e isso me excitava, lembrando cada segundo que passou…
Eu tinha fechado uma etapa, realizado meu sonho, mas sem saber tinha aberto outra na sexualidade da minha esposa.
Naquele sábado à noite, depois do jantar, ela pediu para repetir o jogo com Santiago, só dez horas depois, então fizemos de novo! E nosso amigo começou a se achar, na verdade não foi como da primeira vez…
E no domingo depois do almoço, eu só queria descansar, mas dessa vez fui eu o surpreendido, já que eles tinham combinado pelas minhas costas de fazer de novo!!!
Mas dessa vez, já não foi a mesma coisa, Santiago tinha mudado, já não a tratava É, já não me tratava mais igual. Encorajado pela situação, jogou mal as cartas. Tratou a Karina como se fosse uma puta barata, falou que ela adorava quando ele arrombava a bunda dela, o que até era verdade, mas não precisava falar. E comigo, me diminuindo como homem, fazendo comparações odiosas sobre o tamanho dos nossos membros. Até porque, sim, tinha uma diferença mais que notória, mas não tinha nada a ver com o jogo.
Antecipamos a volta. Santiago tinha sido demais pra nós, deixou um gosto agridoce na boca. Passamos da glória ao fracasso em pouco mais de um dia. Tudo o que ele tinha sido de profissional no começo, ele jogou fora no final.
A viagem de volta foi tão tensa quanto a de ida, mas claro, os motivos eram outros. O medo do desconhecido tinha se transformado em um monte de perguntas sobre ter deixado um cara entrar na nossa intimidade. Todas aquelas imagens gravadas na minha mente se repetiam sem parar, sem fim. Imaginava que a mesma coisa acontecia com a Karina, porque sem dúvida também tinha sido uma experiência e tanto pra ela.
Não sabia o que dizer, o que perguntar, como puxar conversa. Então só improvisei com um:
— E aí?... Gostou?
Ela me olhou. Senti o olhar dela cravado em mim, mesmo com os óculos escuros escondendo os olhos. Ela respondeu:
— Se eu gostei? Aquele cara arrombou minha bunda quando quis e do jeito que quis, de todas as maneiras possíveis. Fui tão puta com ele e com você que quase não consigo sentar... e você me pergunta se eu gostei?
O silêncio voltou a reinar no carro. Continuei dirigindo, apertando o volante com força. Depois de alguns minutos, ela tomou a palavra e perguntou:
— E você, gostou? Era o que esperava? Curtiu ver sua mulher com um estranho, com uma pica enorme no cu dela? Era isso que você queria? Satisfeito?
Eu só sorri e dei a melhor resposta. Peguei uma das mãos dela e levei até minha virilha pra ela sentir a nova ereção que eu tinha. Ela continuou perguntando:
— Agora você vai ter que me responder a... Pergunta que te fiz e que você nunca respondeu…
Só esperei você atirar
- Lembra? O que vai ser da gente se eu gostar?
E então, amigos, esse foi o começo de toda essa história. Santiago foi o primeiro de muitos. Perdemos a conta, mas calculamos que mais de cinquenta caras já passaram pela buceta da Karina. A gente curte junto essa situação, porque temos as melhores fodas. Procuramos paus grandes, caras bem dotados pra arrebentar o cu dela. E eu? Eu só quero curtir vendo eles comendo ela…
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