El origen de mi tatuaje

Fotos que tomamos mi esposa y yo, tratando de darle un toque erotico
Total libertad para comentar lo que quieran
Espero sean de vuestro agrado

http://www.poringa.net/posts/imagenes/5909834/Erotismo-en-B-N---01.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/5930158/Erotismo-en-B-N---02.html


EL ORIGEN DE MI TATUAJE


A Natalia, mi hermana menor, no le gusta mi tatuaje, ella insiste en que me lo quite, o me lo tape con otro, suele decirme cosas como

'Micaela, yo no se como no te molesta, como no te da vergüenza, te muestra como a una puta!, no te da pudor lo que pueda pensar mamá o papá?'

Pero mi historia es bastante reciente como para ocultarla, todavía la extraño, y por cierto, el tattoo es pequeño, cerca del tobillo, y casi nadie sabe lo que significa, es más, Nati entiende porque yo le conté lo que escribiré a continuación

Paul era mi pareja en esos días, en verdad Paul fue mi única pareja estable, y todo fu lindo mientras duró
El había nacido en Canadá, y sus padres, por temas laborales se habían radicado provisoriamente en Argentina, algo que a la postre, sería definitivo
Y él tenía ese perfil de hombre nórdico, de piel blanca, alto, de contextura llamativa, rubio y de ojos claros, hablaba a la perfección español, inglés y francés y casualmente nos habíamos conocido en días en que yo estudiaba idiomas porque quería radicarme en Estados Unidos, cosa que nunca sucedería
Solo se dio, después de un corto noviazgo decidimos probar suerte bajo el mismo techo, solo a ver si resultaba
Y fue muy bueno durante el primer año, y fue bueno durante el segundo, digamos que nos arreglamos durante el tercero, pero la situación estaba estancada en el cuarto

Siempre habíamos sido muy frontales, muy directos, muy confidentes y como toda persona con sentimientos, teníamos nuestras fantasías confesas, esas fantasías que alimentan la sexualidad, esas que no pasan de las barreras del cerebro, que nunca llegan a ejecutarse y bueno...
Paul sabía que un poco yo fantaseaba con una experiencia lésbica, o sea, no me gustaban las mujeres pero siempre me intrigaba ponerme en la piel de un hombre y sentir las cosas como un hombre la sentía
Paul, por el contrario, siempre me decía que me imaginaba con otros hombres, en situaciones donde él se situaba como uno mas del montón, donde yo tenía los ojos vendados y no sabía quien era quien, o tal vez solo como espectador, como una película pornográfica donde él era un espectador de lujo y yo la actriz principal
Pero era eso, solo fantasías...

Y de la fantasía a la realidad, solo cambiaríamos por casualidad, Paul y yo estábamos en planes de encender nuevamente las llamas de una amor que parecía latir cada día más despacio, y decidimos ir a un pub que se daba para una noche diferente. Ese lugar, en nuestros tiempos de noviazgo era un boliche bailable al que solíamos ir casi todas las noches de sábado, y en ese presente, se había reconvertido en un lugar para ir a escuchar música, un lugar de amigos, un lugar para tomar unos tragos, y aunque los tiempos habían cambiado, a nosotros, nos traía muchos recuerdos
Paul se había puesto un pantalón en color mostaza, con zapatos negros y remera negra, a mi me encantaba esa combinación, le quedaba muy bien y lo hacía muy galán, resaltando sus facciones nórdicas, por mi lado, había optado por un vestido celeste, un tanto escotado, un tanto corto, un tanto ceñido, que ya estaba un tanto viejo a mi gusto, pero sabía cuanto le agradaba a Paul, por lo que no me costó la decisión
Estábamos atractivos, cierto, y era una forma de re enamorarnos

Llegamos un tanto tarde, todas las mesas ya estaba ocupadas y nos quedó más remedio que ir a la barra, me acomodé sobre uno de los taburetes disponibles, la situación me supo un poco incómoda, estaban altos, y naturalmente mi vestido se subía dejando mis muslos a la vista por completo, había luces bajo esa barra y el sitio, se veía desde cada rincón del lugar, y a mi no me gustaba sentirme centro de atención, pero claro, Paul parecía estar en el lugar justo, se le notaba en su cara
Pedimos unos tragos, hablamos de nuestras cosas, nuestros recuerdos, los risueños, los tristes, y un poco entender como habíamos llegado hasta ese momento
Paul me pidió unos minutos que se me harían eternos, pasaría por el baño a vaciar su vejiga, y ahí me quedaría sola en una posición que se me haría incómoda en exceso
Y sucedería lo que era previsible que sucediera
Alguien se acercó a mi lado y le dijo al barman

Me sirves un wiski con hielo y otra vuelta para la señorita, lo mismo que esté tomando

Miré al muchacho, que se veía muy elegante en un traje sport azulino con remera negra, tenía un rostro muy bonito, muy atractivo, y se veía bronceado por el sol, un cuarentón que se preocupaba por su cuerpo, pero le dije

Lo siento, pero estoy esperando a mi chico

El miró a un lado y otro y acercándose más dijo

Tu chico? a de ser un fantasma, yo no veo a nadie

Es cierto, - respondí - fue hasta el baño

Entonces... es muy tonto - dijo con una sonrisa marcada en sus labios - si yo fuera ese chico no te dejaría sola un segundo!

Solo me sacó un sonrisa de respuesta, mientras se apegaba más aun donde yo estaba sentada

El caballero no dejaba de acecharme y yo solo esperaba que Paul viniera a rescatarme, cómo en las películas de héroes y villanos, pero el muy idiota, al ver lo que sucedía, pareció desentenderse de todo y como si yo no existiera se puso a un par de metros donde yo estaba y pidió otro trago, lo suficientemente cerca como para ser parte de lo que sucedía y lo suficientemente lejos como para no estorbar en la situación
Y si Paul quería correr el riesgo de jugar ese juego, bueno, tal vez el tuviera razón, me desentendí de él con la cautela del caso, y le permití a Marcelo, - ese era su nombre - que avanzara un poco, dejándole creer que tendría posibilidades
Solo charlamos por un par de horas, un par de horas muy calientes, puesto que Paul permanecía imperturbable a corta distancia, mientras Marcelo avanzaba más y más tanto dialécticamente, porque solo hablaba de todo lo que me haría en la cama, como físicamente, su mano acariciaba uno de mis muslos desnudos y sus dedos llegaban tan cerca del abismo que me daban escalofríos
De haberlo permitido, hubiéramos terminado en la cama, pero le metí tontas excusas para evadirlo
Me pidió mi número, y le hice trampas, le di el número de Paul, porque si mi esposo quería que esto continuara, pues el tendría al toro por las astas
Antes de irse, Marcelo me robó un profundo beso metiendo su lengua en mi garganta
Esa noche, terminaríamos en la cama, Paul y yo cogimos como animales, la situación con Marcelo nos había desbordado y había sabido espectacular

Di vuelta la página, historia cerrada de mi parte, pero Marcelo, tenía el número de Paul, y sin que yo supiera toda la historia, porque Paul cada tanto me tiraba letra, ellos parecieron hacerse amigos a mis espaldas y entendí que algo tramaban
Y yo solo seguí el juego, porque para mi siempre sería una fantasía y no mucho mas que eso, Marcelo era apenas un extraño, un desconocido, un hombre apuesto, pero yo amaba a Paul
Tres meses después, toda la historia era solo un recuerdo, y cada vez que lo hablábamos solo nos largábamos a reír a carcajadas, porque había sido muy loco, pero era cierto, que en esos recuerdos, Paul empezaba a delirar con hipótesis de como hubieran seguido las cosas, y siempre terminaba con la pija dura y me cogía como un animal salvaje

El veintiuno de setiembre no sería una día más, en el comienzo de una nueva primavera, un día muy apacible, con una temperatura justa, donde Paul me invitaría a cenar, como algo natural de pareja
Sin embargo, ese día en especial, mi marido se mostraría bastante nervioso, fuera de eje, algo raro en él que siempre tenía todo bajo control
Noté que en especial estaba en todos los detalles para con mi persona, que estuviera perfectamente depilada, la ropa interior que me pondría, la ropa que usaría, como me peinaría y que maquillaje usaría, algo que como todo hombre, era raro que se fijara, incluso el detalle de las alhajas, era como si todo tuviera que ser perfecto
Pero solo lo dejé correr, sin demasiada importancia

Subimos al coche para ir al restaurante, él no me dijo a cual iríamos, sería una sorpresa, un agasajo para una bella mujer, según sus propias palabras
Y la sorpresa si que seria sorpresa, no llegaríamos a ningún restaurante, sino a una casa de barrio, como cualquier otra
Estacionó el coche y paró el motor, yo me quedé mirándolo como sin entender, pero él me dijo que habíamos llegado y que todo estaría bien
Comprendería un poco más cuando después de tocar timbre, al abrir la puerta, Marcelo nos recibiría al otro lado, se dieron un apretón de manos y luego, tomando la mía la besó como un caballero para decirme


El origen de mi tatuajeBem-vinda, Micaela, é uma honra. Imagino que você não se esqueceu de mim.

Entramos, e nos olhos do meu marido eu lia suas intenções, mas a surpresa ainda não tinha acabado. Do fundo da casa, do quintal, vinha um cheiro gostoso de carnes assadas, e fomos direto para lá.

Me apresentaram então ao Gustavo, o churrasqueiro da vez, que bebia vinho de uma garrafa plástica cortada ao meio, para aliviar o calor das brasas e da fumaça. Ele estava suado, de pele morena, usando uma regata cavada que deixava ver bíceps e ombros bem marcados, muito másculos. Não sei que diabos ele estava fazendo ali, nem sabia de tudo que meu marido tinha planejado. Só vi a jogada vindo e era claro que eu não iria concordar.

Deixei isso claro para o Paul, o quão desconfortável eu estava, mas ele me disse para relaxar, que só iríamos jantar para nos conhecermos e pronto. Afinal, a culpada por ele e o Marcelo se conhecerem era eu.

Nos sentamos para jantar. Na verdade, estava tudo muito gostoso. Acabou que Marcelo e Gustavo eram sócios, se dedicavam a tudo relacionado a tatuagens. Gustavo era o artista, e Marcelo era meio que o empresário, ele trazia produtos importados, tudo do ramo, novidades, e toda uma estrutura que fazia com que o Gustavo não fosse só um cara pintando peles vinte e quatro horas por dia.

O jantar seguiu nesse clima, entre risadas e conversas, e notei que o Paul tentava deixar minha taça sempre cheia de vinho até a borda. E eu sabia a intenção dele, só queria me deixar alegre. E confesso que, sem querer, me deixei levar um pouco pela fantasia dele.

Não lembro como foi, nem quem sugeriu. Essa parte ficou apagada na minha memória. Mas lembro que, em um momento, estávamos os quatro no quarto principal da casa, onde uma cama enorme nos esperava.

Eu disse que não queria, que já era o suficiente, mas o Paul implorou que eu realizasse a fantasia dele, que depois a gente arrumaria alguma garota para satisfazer a minha, mas que agora, por favor, eu fizesse isso.

E eu sabia que só faria por ele. pelo amor que eu sentia por ele e por toda a loucura do momento, e para me tranquilizar, Paul tomou a palavra e disse:

"Mica, meu amor, isso vai ser um jogo de quatro onde cada um só vai receber prazer. Eu vou ser espectador e vou ficar cuidando de você para que nada desagradável aconteça."

E então, dirigindo-se a eles, continuou:

"E vocês, conforme combinado, tratem-na com carinho. Ela é uma dama, não uma puta. E um não é um não, entendido? Vão usar camisinha na penetração e nada de anal, tá?"

Era uma loucura, tudo era uma loucura. E ele, voltando para mim, disse:

"A senha será 'Paul'. Se você me chamar, vou saber que as coisas não estão do seu agrado e pessoalmente vou interromper a ação."

Tudo estava indo muito rápido, demais. Eu não conseguia assimilar a dimensão daquilo. Marcelo se aproximou e colocou uma venda nos meus olhos, daquelas que se usa para dormir, e disse:

"Isso é para você não ficar inibida, para se sentir libertada..."

E não muito mais. Senti quatro mãos acariciando meu corpo, me despindo aos poucos. Um me beijava muito gostoso, muito profundo, e depois era a vez do outro. Eu não via, não sabia, só sentia. Era estranho. Uns estranhos já estavam lambendo meus peitos, muito quente. Tiraram minha calcinha, eu estava toda molhada, dava para notar. E uns dedos chegaram a acariciar meu clitóris, ayyy! Eu estava numa montanha-russa e não conseguia parar!

Levaram minhas mãos para pegar num pau de cada lado. Por sinal, notei que eram paus bons, apetitosos. E na minha mente eu tentava desenhar o quarto, saber onde estava meu maldito marido.

Lembro que depois me deitaram com cuidado na cama. Eu já estava toda nua. Um levantou uma das minhas pernas e começou a beijar meus pés, devagar. Dava cócegas. E o outro veio me beijar, com aqueles beijos de paixão, de loucura, era muito quente. Os beijos nos meus pés subiram pela minha panturrilha lentamente, passaram pelos meus joelhos, depois pelas minhas coxas e finalmente se perderam na minha buceta. Todo esse caminho lento foi uma maldita tortura. E o outro não parava de enfiar a língua na minha boca com... uns beijos mágicos, e sabendo que o Paul estava olhando, em segundos eu gozei magicamente, era tudo muito louco mesmo.

Mais ação viria, um deles levantou minhas pernas e enfiou até o fundo, era muito gostoso, e o que me dava beijos agora colocava na minha boca pra eu chupar, não conseguia me concentrar nas duas frentes, era muito quente, eu gemendo, levei uma mão entre as pernas pra acariciar meu clitóris que estava todo melado com meus próprios fluidos, também acariciei as bolas dele e coloquei os dedos na entrada da minha buceta, pra sentir nos meus dedos como ele entrava e saía, fundo, no máximo.

Confesso que foi um pouco decepcionante perceber que ele realmente estava usando camisinha, eu não gostava de preservativos e tinha a fantasia de que esses estranhos me enchessem de porra.

Me concentrei então no que tinha na boca, um banquete pra lamber, duro como uma pedra, delicioso.

Notei que trocaram de posição, me colocaram de lado, agora ele viria por trás, colado nas minhas nádegas, e encheu minha ppk com sua deliciosa barra de carne, enquanto o outro tinha tirado a camisinha e me dava pra eu brincar com minha língua nela.

Em meio a tudo isso, perdida entre gemidos e orgasmos, me lembrei do meu marido, se realmente estava acontecendo o que ele esperava que acontecesse.

Mas ainda faltava uma parte da história...

Naquela suruba às cegas, aconteceu de eu estar cavalgando um dos dois muito gostosos, de quatro, controlando as penetrações ao meu prazer, o outro, então, foi por trás e começou a brincar com meus dedos no meu cu, situação que não me agradou mas deixei passar, entendendo que era parte do jogo, mas depois, ele tentou diretamente me penetrar por trás, e minha palavra secreta de socorro viria imediatamente.

Paul! Paul! Paaauuulllll!!!!!

Mas o Paul não apareceu e eu senti uma dor forte enquanto aquele pau ia me penetrando lentamente por trás, e eu simplesmente não aguentava tudo.

Tirei a venda que cobria minha visão, eu estava montada no Gustavo, que estava me comendo por baixo, enquanto o Marcelo enfiava no meu cu, e por mais que eu protestasse, já estava... já estava cedendo na minha resistência, enquanto o Paul, ao lado, só se masturbava com um sorriso de orelha a orelha.

Entendi que tudo estava planejado, e sendo virgem anal, ia estrear nada menos que com uma dupla penetração, e aí, simplesmente me entreguei...

Aquele dia, eu terminaria cheia de porra, os dois gozaram na minha cara, na minha boca, enquanto eu encarava o Paul — era parte da obsessão dele.

Depois daquele dia, surgiu a ideia da tatuagem, um presente do Marcelo e do Gustavo pela surra de pau que me deram. Eu não fazia ideia do significado, mas foram eles, junto com o Paul, que me explicaram. Uma tatuagem comum pra maioria, mas um chamariz pra quem estava no mundo cuckold, como descobri que chamavam.

E funcionou mesmo. Entramos em grupos de pessoas que curtiam a mesma parada, e o Paul me fez dar como uma puta, pra um, pra outro...

E a pergunta é: por que a gente terminou?

Bom, acho que o começo do fim foi aquele encontro com o Marcelo e o Gustavo, porque lembro que, depois, a sós com ele, fiquei muito puta. Reclamei que ele não tinha me ajudado como eu pedi e deixou eles me arrombarem. Mas sabia que a raiva era comigo mesma, porque não consegui — ou não quis — evitar aquela dupla penetração. E pior que me sentir violada seria me sentir suja, então era mais fácil culpar o Paul do que assumir minhas próprias escolhas.

Além disso, descobri uma trapaça do Paul. No fim, eles eram velhos conhecidos, tanto o Marcelo quanto o Gustavo, e tudo foi planejado desde o começo — desde a saída pro pub, desde a hora que ele foi no banheiro, desde a aproximação do Marcelo, e tudo que já contei.

E o Paul tinha razão numa coisa: se eu soubesse antes, com certeza teria recuado. Mas também era... é verdade que eu estava com o amor próprio ferido por toda a traição, e mesmo que eu tenha tentado superar, o estrago já estava feito na nossa relação.
E as coisas da tatuagem foram lindas e funcionaram por um tempo, mas chegou uma hora que eu queria mudar a história, chega de estranhos na minha cama, queria descer dessa montanha-russa, queria uma vida normal e, acima de tudo, queria ser mãe.
Mas Paul só queria acelerar até o fim, só ficava excitado se visse outro me comendo antes, e diante da minha ideia de ser mãe, ele começou a sugerir que eu começasse a transar sem proteção, e que o filho fosse de qualquer um, menos dele.
E eu queria que Paul me engravidasse...

Separamos nossos caminhos, e minha irmã é minha confidente, que sabe toda essa história, e é quem insiste para eu tirar essa tatuagem de puta, mas não sei, ainda amo essa lembrança, a tenho fresca na minha pele e me lembra uma parte da minha vida que não quero esquecer, talvez, algum dia, não sei...

Se você gostou dessa história, pode me escrever com o título A ORIGEM DA MINHA TATUAGEM em dulces.placeres@live.com

3 comentários - El origen de mi tatuaje

Muy lindo! Felicitaciones! Solo me quedó la duda sobre cuál era el significado del tatuaje al final de cuentas