A esposa gostosa do Santiago

Antes pasa por aca

http://www.poringa.net/posts/imagenes/5909834/Erotismo-en-B-N---01.html


LA ESPOSA DE SANTIAGO


Como describirme, por cierto no soy un tipo pintón, ni el gran galán, pero me las arreglo bastante bien con lo que son mi perdición, las mujeres
Tuve muchas, y dos veces intenté formar una familia, pero en las dos ocasiones fallé y solo me dejaron por cansancio, se hastiaron de que una y otra vez fuera infiel y de mis falsas promesas por un nunca más
Me encontré promediando la tercera década en soledad, no me interesaba volver a intentarlo, prefería seguir con mi deporte favorito, seducir inocentes palomitas y amarlas por una noche

En esos días cambiaría mi situación laboral, yo era muy bueno con las manos y hacía algún tiempo que trabajaba en el taller de don Mario, una empresita familiar que en los mejores días había tenido diez empleados, la paga era buena pero hasta ahí nomás
Siempre mandaba solicitudes de empleo a todos sitios posibles, que superaran las expectativas del tallercito de don Mario, hasta que tendría mi oportunidad, una multinacional reconocida en todo el globo, de productos masivos, de alguna manera, eran las grandes ligas
Me despedí del viejo y mis compañeros, recuerdo que me hicieron una asado de despedida y me jugaron muchas bromas sobre lo mujeriego que era, y me dijeron que me portara bien, porque pronto estaría golpeando nuevamente la puerta del taller

Descubriría un nuevo mundo, de cinco compañeros que tenía ahora pasaba a tener quinientos, tenía transporte pago, juegos de prendas de trabajo, refrigerios incluidos, una buen obra social, capacitación permanente, un buen lugar de trabajo, excelente paga y posibilidad de muchas horas extras
La empresa en sí era enorme, en medio de un predio industrial, trabajaba en cuatro turnos rotativos y a demanda completa, incluidos sábados y domingos
Fiel a mis antecedentes del tallercito de don Mario, ingresaría el área de mantenimiento, en guardias que podían ser aburridas cuando todo andaba bien, y tediosa cuando se paraban varias líneas y todos se volvían locos, es que las máquinas, las malditas máquinas parecen complotarse para romperse todas ala mismo tiempo

Y me crucé con muchos compañeros, y lo mejor, muchas compañeras...

Santiago era mi superior inmediato, uno de los tantos supervisores, que a su vez reportaba a un grupo que se llamaba jefatura, y ellos a su vez a gerencia directa. Santiago no era mi único jefe, porque rotábamos en turnos diferentes, adrede, para evitar complicidades por acostumbramientos entre distintas líneas de empleo y además, para no fomentar una despiadada competencia entre turnos
El era un tipo que era amable cuando todo andaba bien, pero de perder los estribos con facilidad cuando las cosas andaban mal
Lo llamaban 'el pelado', obviamente porque se rapaba por completo la cabellera y dejaba crecer una barba entre rojiza y castaña, tipo de gimnasio en sus tiempos libres, se antojaba un tipo marcado y de buenos músculos, calculo pesaba unos cien kilos de pura fibra a pesar de ser de estatura media

Santiago era casado, y justamente su esposa, era empleada, una de las mujeres de línea, Carolina, o simplemente Caro
Siempre trabajaban en distintos turnos para que la relación de pareja no interfiriera en la relación laboral, además, tenían un pequeño de cinco años que cuidaban en forma alterna según disponibilidad horaria de cada uno
Caro era una mujer demasiado llamativa, de grandes pechos, de cola respingona y cintura escueta, más alta que la mayoría, incluso era más alta que él, de rostro bonito y unos cabellos que se antojaban demasiados seductores. Caro era de esas mujeres que un escote, o un jean ajustado le quedaba insinuante, mejor que a cualquiera, incluso con su uniforme de trabajo, donde todas se veían iguales, ella, resaltaba
Pero además Caro tenía actitud, iba al frente y no arrugaba ante los hombres, las palabras provocación, insinuación parecían tatuadas en su piel, y obviamente fue la primera mujer que se posó en mi mente

En mi primera semana se trabajo me enteraría por los rumores de pasillo de una historia que era por todos sabida, tiempo atrás Santiago era solo un empleado raso como yo, pero ya postulaba para una vacante de supervisión que se aproximaba, y en esos días Carolina ingresaba al equipo
Resultaría que Carolina, en esos días no dejaría títere con cabeza, había cogido con al menos seis compañeros de trabajo, amantes casuales que parecían pasársela de brazos en brazos, la putita del turno, como la llamaban los varones, quienes contaban cada uno su aventura, y claro, el pela, era uno de los tantos
Todo se sabía en forma un poco clandestina, porque no hubiera sido bueno que un ese puterío llegara a los niveles superiores de planta, porque de inmediato hubieran hecho limpieza
Dicen que en el justo momento en que Santiago iba a ser promovido, un inoportuno embarazo de Carolina llegó como una bomba que haría estallar todo por los aires, aparentemente ella estaba dispuesta a armar tremendo lío, porque claro, todos se la habían cogido pero ahora, todos miraban para otro lado
También dicen, que Santiago le puso el pecho y aceptó su paternidad, pero en verdad hoy nadie cree que el hijo que crían en verdad sea su hijo, y que fue como un pacto secreto entre ellos, el tendría ese puesto que añoraba, ella tendría un padre para el pequeño y ambos conservarían el empleo y que aunque nadie daba dos pesos por esa relación arreglada, lo cierto es que la llevaban cinco años de convivencia, donde parte del pacto era que ella, se mostrara como una mujer seria

A todo esto, mi interés en toda esa historia? solamente saber que Caro era el tipo de mujer que me volaba la cabeza, la que quería conquistar, la que llevaría a la cama

Y aproveché cada oportunidad que tuve para hacerlo, era la esposa de mi jefe y eso era un plus adicional, cogerme a la mujer del hombre que me daba órdenes
Cada vez que tenía que ir a reparar la máquina en la que ella estaba, solo le hablaba, la envolvía con palabras, era bueno para eso y ella respondía en consecuencia, recuerdo la vez que tuve que echarme bajo la máquina, y desde ahí pasé la mano por una de sus pantorrillas, subí hasta la rodilla e intenté ir más lejos, ella solo dejó la flojedad justa para permitirme avanzar en forma discreta y jamás tuve un freno a mis locuras
Una vez la crucé en el sitio destinado a fumadores, yo no fumo, pero ella si, y la venía siguiendo con la vista, calculando sus movimientos, y mientras daba una pitada me dijo,

Fabio, la semana que viene nos toca turno tarde, cierto? a Santiago de mañana, y Nacho (su hijo) está en el colegio de mañana, no se, estaré sola en casa, si quieres...


A esposa gostosa do SantiagoE assim seria, em alguns dias eu comeria aquela mulher terrível, chuparia ela, devoraria os peitos dela, usaria a buceta dela, lamberia minha pica até se fartar, daria pra ela em todos os buracos e ela me apresentaria Peter e Michael, dois vibradores enormes com os quais ela fazia maravilhas, consolos com nomes, Deus...
É, até aqui é uma história comum, de chifre, de enganação, de segredos, nada que chame atenção, mas algo mudaria em breve, algo que não estava nos meus planos...

Quando o turno do Santiago coincidiu com o meu, ele me chamou no escritório, não sabia o que pensar, era normal por causa do trabalho, mas dessa vez tinha algo a mais que ele certamente não sabia.
Entrei, cumprimentei ele e percebi que estava com Marcos e Elías, dois caras do setor vendo uns projetos, então assumi que era por aí que vinha o assunto, mas quando ele me viu, disse:

"Caras, me deixem a sós com o Fabio, por favor, tenho que falar algo pessoal, e fechem a porta ao sair, obrigado."

Agora eu sabia que ele sabia, mas não me incomodava, não era a primeira vez que, como touro, eu enfrentava meu corno, só que era a primeira vez que o cara era meu chefe.

"Senta, Fabio, por favor" — ele disse amigavelmente —

"Tá bom, Santiago, assim tá bom..." — respondi —

"Insisto, senta, Fabio" — ele repetiu, e já não soou como convite, mas como ordem —

Eu obedeci, mas não por causa do chifre, e sim por causa do emprego.

Ele se virou de lado, olhando fixamente pela janela que dava para o andar térreo, e monologou:

"Olha, vou pedir pra você não me interromper e me poupar da humilhação dupla de negar o que vai ouvir, porque não precisa negar.
Sei que você comeu minha mulher, seu desgraçado..."

Eu só apertava os braços da cadeira pra aliviar a tensão, mas ele já sabia.

"... e você não é o primeiro, e com certeza não será o último, ela é uma égua indomável, não basta um só cavaleiro, você já deve ter notado, isso nunca vai mudar.
E admiro sua coragem, comer a mulher do seu chefe, assim, na cara dura, e ficar aqui sentado como se nada tivesse acontecido, como se fosse a coisa mais normal do mundo, sou um cara tranquilo, mas e se eu fosse um louco? podia estar armado aqui, agora mesmo

Uma gota de suor frio escorreu pela minha mente, acho que ele percebeu meu estado e disse

Calma, calma, ela nunca me respeitou e faz parte do jogo que um dia aceitei jogar, só pra ter esse cargo, e no fundo, com certeza ela viu algo em você, porque ela já deu pra muitos, mas não dá pra qualquer um

Eu continuei sem responder, assumindo que o silêncio era minha melhor resposta

Você deve estar se perguntando como eu sei, é fácil, porque eu a conheço, porque também conheço o pessoal que está sob meu comando e porque ela mesma me contou, e olha, tudo bem, pode ficar tranquilo, e mais...

Ele fez uma pausa e soltou

No sábado, esperamos você pra jantar em casa, eu sei que você está no turno da tarde, mas olha – disse deixando um papel em cima da mesa – você já tem uma autorização concedida, aqui está minha assinatura, então não vai ter problema

Qual é a pegadinha? – perguntei desconfiado de tanta gentileza –

Pegadinha? não tem pegadinha, verdade que você agradou a Caro, ela gostou de como você comeu ela e eu só queria ver isso...

Aí a conversa terminou, deixando várias portas abertas na minha imaginação, porque eu não conseguia acreditar que tudo que eu pensava era realmente o que ele tinha querido dizer, porque soava encantador, mas ao mesmo tempo podia ser uma armadilha, um marido corno e irritado, tentando colocar cara a cara a esposa infiel com o cara que tinha botado esses chifres nele, muitas histórias tinham finais dramáticos, e com certeza não me agradavam

Seria a própria Caro quem jogaria um manto de clareza sobre toda a história, eu a cruzaria na empresa e discretamente tocaria no assunto, onde ela mesma, com cara de puta, me deixaria saber que eu estava convidado pra um futuro ménage que estava sendo armado

Naquele sábado fui ao encontro, na minha mente estavam meu chefe e sua linda esposa, um jantar entre três Mas claro, esqueceria que eles eram família, e o pequeno Nacho, de cinco anos, ia passar aquela noite com o pai, a mãe e o 'tio Fabio'.
E não seria um jantar tranquilo como eu tinha imaginado; o pequeno Nacho era um furacão, e realmente era o centro das atenções, mimado e gritão.
Caro parecia uma mãe desesperada e estava longe de se colocar na pele de uma mulher sexy, como aquela que eu conhecera dias antes na cama. E Santiago parecia curtir todo aquele caos, com um sorriso nos lábios, saboreando cada bocada do jantar entre taça e taça de vinho.
O tempo passou, e já na hora da sobremesa e do papo depois do jantar, o pequeno começou com aqueles dramas típicos de criança em que o sono começa a vencer, mas eles não querem dormir.
Santiago o levantou no colo e disse:
— Um beijo na mamãe e um beijo no tio Fabio, vamos dormir.

Meu chefe cuidou do pequeno, que já parecia desfalecer nos braços dele de tanto sono acumulado, levou ele ao banheiro e depois o vi sumir no corredor que levava ao quarto. Então Caro e eu ficamos a sós.
Me senti um marido reserva por uns minutos. Ela estava na cozinha, esfregando os restos do jantar, então eu peguei as coisas que estavam na mesa, peguei um pano de prato e comecei a secar o que ela deixava de lado.
Olhava pra ela com vontade, era disso que se tratava, né? Ela usava um jeans meio desgastado que desenhava a bunda linda em formato de pêra, que se mexia naturalmente de um jeito bem chamativo. Também olhava o contorno dos peitos que se marcavam por baixo da camiseta amarela que ela vestia.

— Como é que isso continua? — perguntei, precisava saber se o que minha cabecinha me dizia era o certo.

— Agora vamos pra cama, calma, não desespera — respondeu ela como se fosse a coisa mais natural do mundo.

Passei no banheiro e depois fui direto pro quarto, já conhecia ele. Ela fez o mesmo e veio direto pro quarto, deixando as cortinas abertas por onde entrava a luz da lua, deixando também uma... pequena luz acesa pra escapar da escuridão total
Ela tirou a camiseta, o sutiã, depois a calça jeans que parecia prender nos quadris, deixando por último uma calcinha fio dental preta que se perdia na intimidade dela, ficou nua e, vendo minha passividade, reclamou na hora

Tirei minha camiseta enquanto ela foi direto na minha calça, não ia perder tempo pra começar a chupar minha piroca bem gostosa, e depois se virou de quatro em cima de mim, pra eu devolver com meus lábios o jogo na buceta dela

Na posição de baixo, enchi minhas mãos com as nádegas dela, beijando a buceta, percebendo que tinha um plug anal escondido que eu não tinha notado antes

Filha da puta! E isso? – perguntei excitado com a surpresa

Cê gosta? Coloquei pra você...

Brincuei com meu presente, mexendo de um lado pro outro, notando que se puxasse pra tirar, o esfíncter dela começava a dilatar e parecia naturalmente encaixado na bunda dela, a buceta dela escorria sucos e eu ficava louco com a chupada que ela tava me dando

Rolamos de lado, e nessa hora percebi que o Santiago, meu chefe, o marido dela, tava nu do lado, se masturbando com o que via, não tinha sentido ele chegar, no meio do calor do sexo e do silêncio da noite

Inconscientemente assumi o controle, me ajoelhei na cama e enfiei uma e outra vez na boca da Caro enquanto falei pra ele

Cê gosta de ver como a puta da sua mulher chupa gostoso minha piroca?

Depois tirei e comecei a esfregar nos peitos dela, nos bicos lindos, como se tivesse dominando o jogo, porque olhava pra ele enquanto brincava com ela, e seria a hora que o Santiago viria se juntar com a gente, pra fazer ela agora chupar ele

Só desci um pouco e comecei a comer ela bem gostoso, a Caro parecia perdida em gemidos de prazer, a cada metida, com as pernas abertas, tentando continuar mamando, como se brincasse nas duas pontas, acariciando o clitóris dela bem gostoso

O Santiago falou então que ela era uma puta, e no meio da A febre parecia ter tomado conta dela, coloquei ela de quatro e foi a vez dele comer ela, ela berrava e eu tentei, sem sucesso, que ela me chupasse de novo, ela estava concentrada demais na fodida que o marido dela estava dando.
Eles trocaram, Caro foi montar no Santiago, rebolando a cintura, muito gostosa, com o brinquedo enterrado no cu dela, e fiquei com a impressão de que tinha virado um observador, fora do jogo, com meu pau duro e quente, vendo eles trepando.
Tomei a decisão, me acomodei entre as pernas dos dois, por trás, apontei meu pau e comecei a forçar a buceta dela, ela começou a berrar porque já tinha o do marido, e no cu o plug, então ela foi se adaptando pra ter os dois dentro, consegui entrar, tudo parecia bem apertadinho lá dentro, muito gostoso, tomei o controle do jogo, ele por baixo não conseguia se mexer muito, mas era muito gostoso, meu pau roçava direto no do meu chefe e estava contido na buceta gostosa da Caro.
Me mexi devagar e senti que ia gozar, comecei a encher ela de porra e esses movimentos ficaram muito quentes, meu gozo preencheu todos os espaços vazios e começou a escorrer pra fora, sobre o pau e as bolas do Santiago, que ficou imóvel, continuei um pouco mais e me retirei de novo, pra observar meu chefe e a esposa dele trepando no meio de um mar de fluidos que eu tinha dado pra eles.

A história tem um final aberto, porque depois daquela noite, as coisas continuariam como se nada tivesse acontecido, é estranho, Santiago continua sendo meu chefe, a gente divide muitas horas de trabalho, a mesma coisa com a Caro, continuo consertando as máquinas que ela quebra, e continuo passando a mão nas pernas dela sempre que posso.
A gente mantém um status quo e convive com a situação, é estranho se juntar de vez em quando pra trepar, fazer loucuras, inventar ménage, sei lá, sinto que mais cedo ou mais tarde tudo vai explodir, mas enquanto isso não acontece, só aproveito o momento.

Se você gostou dessa história, pode me escrever com o título A ESPOSA DO SANTIAGO para dulces.placeres@live.com

0 comentários - A esposa gostosa do Santiago