Gabriela

Primero, todas las entregas de los mejores post


http://www.poringa.net/posts/imagenes/4084661/Mi-amada-esposa---parte-1-de-3-.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4389002/Mi-amada-esposa---parte-2-de-3-.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4436535/Mi-amada-esposa---parte-3-de-3.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4802856/Mi-amada-esposa-parte-4.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4802863/Mi-amada-esposa---parte-5.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4868469/Mi-amada-esposa---parte-6.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4896522/Mi-amada-esposa---parte-7.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4905961/Mi-amada-esposa---parte-8.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4915721/Mi-amada-esposa---parte-9.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4956318/Mi-amada-esposa---parte-10.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4965835/Mi-amada-esposa---parte-11.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4974651/Mi-amada-esposa---parte-12.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4985411/Mi-amada-esposa---parte-13.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4991203/Mi-amada-esposa---parte-14.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/5001091/Mi-amada-esposa---parte-15.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/5030636/Mi-amada-esposa---parte-16.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/5156341/Mi-amada-esposa---parte-17.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/5160465/Mi-amada-esposa---parte-18.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/5461886/Mi-amada-esposa---parte-19.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/5473303/Mi-amada-esposa---parte-20.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/5482180/Mi-amada-esposa---parte-21.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/5498944/Mi-amada-esposa---parte-22.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/5534988/Mi-amada-esposa---parte-23.htm

http://www.poringa.net/posts/imagenes/5543782/Mi-amada-esposa---parte-24.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/5612842/Lo-mejor-de-mi-esposa.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/5740905/Mi-amada-esposa---parte-25.html

Como siempre, podes escribirnos a dulces.placeres@live.com, te leemos


GABRIELA


Nunca más supe de ella, Gabriela era su nombre, pasaron ya más de diez años, y aunque en este presente tengo esposa e hijos, nunca olvidaré a esa mujer...

Había llevado una eterna disputa de poder con mi padre, desde la cuna podría decirse, discutíamos mucho por cualquier motivo, el siempre parecía pedir más de mí, y yo nada, o casi nada podía darle
Es que éramos muy diferentes, papá había servido en el ejercito casi toda su vida y tenía un carácter despótico y autoritario, hasta con mamá, quien siempre vivía a las sombras de su temperamento
Mi hermana era la consentida, la nena de papá, y yo, yo solo era el rebelde, el que odiaba su perfección y su pulcritud, el que usaba cabellos largos y solo pretendía pasar los días sin hacer nada, en mi mente no existían las palabras 'estudio' ni 'trabajo', y tal vez fuera solo porque sabía que esa situación solo sacaba lo peor de mi padre

Esa vida se terminaría al cumplir los dieciocho y llegar a mi mayoría de edad, hastiado de esa vida dejaría mi casa y mi familia atrás, recuerdo que esa tarde, mi madre me pidió de rodillas, casi aferrándose a una de mis piernas, con el rostro enjuagado en lágrimas que no me fuera, sin importarle el triste show que hacía para los vecinos cercanos, papá estaba parado bajo el marco de la puerta principal, vestido en su impecable uniforme militar, firme, con la mirada perdida en el horizonte y el rostro enmarcado en rabia, mi hermana, un poco a la distancia, era la única que parecía disfrutar lo que ocurría, nunca nos habíamos llevado bien

Pero vivir fuera del amparo de los padres, no era tan fácil como yo había imaginado, necesitaba alimentarme, necesitaba un techo, y para eso necesitaba dinero, y si quería dinero, debía ganármelo
Entonces fui con el tío Lucas, uno de los hermanos de mamá, que era con quien mejor me daba dado que él siempre había odiado a papá, y que era un tanto bohemio como lo era yo
En verdad, el tío Lucas era un trabajador, tenía lo justo y necesario y se ganaba la vida haciendo mantenimientos hogareños en general, de todo un poco, reparaciones en maderas, pisos, paredes, techos, albañilería, pintura, herrajes, y hasta se animaba a trabajos de plomería e instalaciones de gas
Y aprendí con él, en seis meses me di cuenta que sería su mejor aprendiz y fueron días muy felices

Llegaría una nueva primavera y en poco tiempo el verano, y una tarde después de terminar la jornada mi tío vino a mi encuentro, me puso una mano sobre el hombro y me dijo que teníamos que hablar
Nos sentamos de lado, como mi padre jamás lo hubiera hecho, me dijo que estaba muy contento y muy feliz con mi progreso, pero que no le parecía correcto que yo me enquistara en su familia, con su esposa, con sus hijos, que no lo tomara a mal, por el contrario, pero parecía poco para mí estar cada noche durmiendo en una cama húmeda y dura en el altillo de la casa, me incitó a levantar mis perspectivas, a que abriera mis alas, a que fuera capaz de volar y podía comprender su punto de vista, pero no entendía cuál era la meta

Entonces me dijo

Darío, hay una propuesta de trabajo en la zona de la costa, gente de plata, tienen varios departamentos que arrendan en temporada y necesitan un mantenimiento general antes que lleguen los días de calor, ya sabes, limpieza, pintura, revisar la instalación eléctrica, las lámparas, limpiar y controlar los aires acondicionados, revisar las aberturas y una lista interminable de actividades que te mantendrán bastante ocupado...

Pero tío - respondí - sabes perfectamente que odio el mar, la arena, el verano...

Lo sé, - me cortó - pero no hablamos de vacaciones o gustos, hablamos de trabajo, y yo no puedo viajar a la costa con todo el trabajo que tengo acá, además cuanto te diga la cantidad de billetes que te darán... verás como te gustará el mar!

Él se rio, me zamarreó la mollera cariñosamente, se paró, y se fue a su lado a encender su pipa, su inseparable amiga, y me dijo a la distancia que solo lo pensara

Una semana después partía hacia la costa, el tío Lucas tenía dos camionetas bastante avejentadas, que las mantenía como podía, eran sus vehículos de trabajo, y me confió la mejor para que llegara a destino, ese tío representaba todo lo que hubiera querido de mi padre
Viajé al amanecer, con la camioneta cargada hasta los dientes, a media marcha, tranquilo, todo lo que podía tirar el arcaico motor gasolero que parecía protestar ante cualquier intención mía de apretar el acelerador
Llegué a la pequeña ciudad costera cerca del mediodía, y fui hasta el final, hasta toparme con la última avenida que daba al amplio mar, el día estaba nublado y grisáceo, más de otoño que de primavera
Paré en una estación de servicios, a llenar el tanque y a llenar mi barriga, cambié algunas palabras con las casuales personas con las que me fui cruzando, quienes me indicaron como llegar el paraje 'Hola Ola', que estaba a no menos de media hora en coche desde el límite de la ciudad

Seguí el camino costero, hasta el final, donde se terminaban las casas, para dar lugar a verdes praderas, donde ya no había asfalto y solo seguía un camino en un gris amarillento, un poco de tierra y un poco de arena que se mezclaban para cambiar la vista que tenía a la izquierda y a la derecha
El paisaje marítimo me acompañaba a un lado, y la verde vegetación al otro
Poco más adelante llegaría al complejo, cinco columnas de edificios vidriados de cinco pisos cada una se levantaban pegadas al mar, como un oasis en medio del desierto, donde nada había en derredor, ni un negocio, ni otra edificación, nada de nada, ni siquiera había señal de internet, apenas un camino escueto a uno de los lados por donde solían pasar de tanto en tanto casuales pescadores

Dejé la camioneta en uno de los tantos estacionamientos que estaban disponibles, en esa época no había absolutamente nadie, tomé las llaves y fui a recorrer las torres uno y dos, que eran las que tenía que preparar para la temporada que se avecinaba
Tomé uno de los departamentos al azar, tenía permiso para ello, uno en el quinto piso, el que tenía mejor vista, al mar, y esa noche tendría una cena espectacular, solo, en silencio, el viento había cambiado y se había llevado las nubes, dejándome un cielo negro teñido en estrellas brillantes, con una enorme luna llena que parecía alcanzar con mi mano y acariciar las bulliciosas olas del mar

A la mañana siguiente tendría que volver al pueblo, después de relevar todo lo que debería comprar para trabajar, y también pasar por el mercado para proveerme de alimentos
Al llegar de regreso, en el garaje notaría que ya no estaba solo, un auto importado, esos con cuatro anillos, en azul eléctrico, estaba parado a un lado, toqué el capo, estaba caliente, así que quien fuera, recién había llegado, no le di importancia, como fuera, yo tenía mucho trabajo por delante
La temperatura ya había subido en ese segundo día gracias a un cálido viento norte, y después de almorzar solo me puse a trabajar en el primero de los departamentos

Eran las dos o tres de la tarde, sería la primera vez que la vería, una mujer madura, alta, bien formada, con un largo vestido de playa que le llegaba a las rodillas, llevaba una reposera en una de sus manos y un bolso en la otra, noté sus largos cabellos rubios sueltos al viento, bajo una amplia capellina color natural con un moño rosa, y unas gafas de sol oscuras que le cubrían medio rostro
la seguí con la mirada sin dejar de hacer lo que estaba haciendo, discretamente, ella eligió un sitio a medio camino entre el mar y la línea costera, abrió la reposera, dejó caer el vestido quedándose en traje de baño, tena un cuerpo demasiado perfecto para una mujer que se me antojaba cerca de los sesenta, y llevaba una tanga demasiado pequeña, dejándome ver sus majestuosos glúteos desnudos, y sentí una profunda erección a pesar que esa mujer seguramente era mayor a mi propia madre

En algún momento fue al mar, en algún momento se quedó leyendo un libro, en algún momento comió un emparedado, y en algún momento notó mi presencia, y me di cuenta que solo estábamos nosotros dos en ese pedazo de la nada
Ella, miró a un lado y a otro, se soltó la parte superior de traje de baño, y solo se puso a hacer topless, y aclaro acá, que, si bien en muchos sitios es algo normal, en Argentina, no se acostumbra, y esa mujer, Dios, ¡¡¡tenía unos pechos terribles!!!
Pero al atardecer, ella levantó sus cosas y la vi volver a la torre número tres, así que como un virgen pajero que era, me mudé a la torre dos, al cuarto más cercano al suyo

A la noche, en esa noche profunda, haciéndome el superado tomé una lata de cerveza y fui hasta el balcón, como casual, como quien no quiere la cosa, ella saldría poco después, radiante, a bañarse bajo la luz de la luna y los faros propios del complejo, estaba radiante, tenía una tanga blanca, y un sexi camisón transparente que iba desde los hombros a los pies y volví a adivinar sus pechos desnudos, la miré y le hice una seña con la lata que tenía en mi mano, pero ella pareció ignorarme, o no verme, sería cuando un muchachote saldría al mismo balcón para enredarla entre sus brazos y cuando me sentiría el ser más estúpido del planeta, reculé sobre mis pasos, y me acomodé tras los cortinados como un fisgón, donde yo pudiera verla, pero ella no pudiera verme

Empezaron a besarse muy locamente, contra el filo mismo de las rejas del balcón, al filo del vacío, él le coló la mano por el frente para llenárselas con sus enormes pechos, ella respondía en consecuencia y yo solo observaba a escondidas
Luego recularon hacia la recámara principal, y a pesar de que me resultara más complicado, el amplio ventanal y la profunda luminosidad que había no me dejaban nada a la imaginación, tomé mi celular y solo comencé a filmar lo que veía, porque después de unos revolcones se habían acomodado en un rico sesenta y nueva, y sobre el lado más expuesto de la cama, podía ver como ella le engullía una y otra vez le apetecible verga de su hombre, lo hacía profundo, casi hasta la base, donde solo no podía llegar a ver porque naturalmente sus largos cabellos rubios terminaban tapando la escena


GabrielaEu estava me masturbando enquanto as dúvidas passeavam pela minha cabeça, será que eu sabia que estava escondido e fazia de propósito?, ou pra ela eu era só um inseto que não existia no universo dela? seja como for, o esperma começou a explorar, sujando as bochechas dela, os lábios, a língua, e aquilo ficou pornográfico demais, a ponto de eu sentir que também gozava naquele momento

Chegaria a hora do sexo, como uma gata aquela mulher começou a cavalgar ele e as nádegas enormes dela ficavam viradas pro meu lado e eu simplesmente não conseguia parar de me tocar, é que era perfeito demais, e eu ainda era virgem demais, é que as mulheres me enlouqueciam, mas eu sempre fui um idiota tímido e ter que encarar um relacionamento com o sexo oposto me deixava arrepiado, minha garganta fechava, e as palavras não saíam

Umas nuvens improvisadas cobriram o brilho da lua, e com isso, minha visão do quarto do apartamento ao lado escureceu, então xingando minha má sorte, só aceitei que tudo terminaria naquela noite

Um novo dia começava, tive que ir cedo pra cidade, precisava de umas lixas, algum solvente e também um pouco de tinta pra umas aberturas corroídas pelo salitre do ar perto do mar

Na volta, não pude evitar notar que ela estava tomando sol na areia, como uma sereia, e mesmo querendo me concentrar no trabalho, meus olhos iam pro lado dela

Não podia me dar ao luxo de não ver aquele monumento de perto, como quem não quer nada, desci pra praia e passei colado nela, ela estava de bruços, com uma calcinha tão minúscula que me deu uma ereção, mas só segui até a água pra me refrescar na primavera, é que eu nunca teria coragem de puxar conversa com ela

Já na água, nadando um pouco, notei que agora ela estava me olhando, eu tinha chamado a atenção dela, através dos óculos escuros parecia atenta a cada movimento que eu fazia

Decidi voltar, tinha muito trabalho, e ao passar por ela, ela parou meu passo

Com licença... - disse - você tem um minuto?
Si... - respondi gaguejando -
Vem, senta do meu lado, me chamo Gabriela, e você é...
Dario, só me chamo Dario
Que nome bonito!, gostei

Enquanto isso, ela pegou o bronzeador e me pediu pra passar nas costas dela
Eu tava com uma ereção violenta, e ela parecia só curtir o momento, até quando falou

A bunda e as pernas também, por favor...

A bunda, não acreditei que tava passando bronzeador naquele rabo perfeito, e minha mão tremia de nervoso, até senti suar tudo por causa da situação, ela começou a rir e soltou

Ha ha ha! certeza que é virgem, né?

Porra, era tão visível assim? mas ela continuou

Adoro virgens, além disso, certeza que tem muita potência e resistência, né? ou gastou todo o combustível ontem à noite quando tava me espiando? porque você adorou ver eu chupando aquela rola, né? e aposto que adoraria muito...

Ela não parava de me provocar e eu só engolia seco, a situação que tava rolando eu nunca imaginaria, Gabriela virou de repente, soltou o sutiã e liberando os peitões enormes me convidou a continuar

Vamos, não me diga que tá com medo?

Passei bronzeador nos peitos dela e já não conseguia nem engolir saliva, então ela, que sempre teve o jogo na mão, falou

Tenho que ir agora, mas de tarde, a gente vai dar um passeio se quiser, assim te mostro um pouco desse lugar, e quem sabe, vai que...

Ela só pegou as coisas dela, cobriu os peitos e foi embora rebolando aquele bundão

Fiquei sozinho, me sentindo um idiota, mais uma vez, eu tinha sido lento? devia ter acompanhado? era isso ou o que ela tava insinuando? ou ela tava me dando abertura? deixei escapar a chance da minha vida? droga...

Mas naquela tarde...
Tava meio nublado, com um vento forte vindo do sul que levantava a areia fina e parecia arranhar os tornozelos, ela tava exultante, com o cabelo loiro solto ao vento, com os óculos de sempre Sol, um vestido de praia longo e solto onde dava pra ver um shortinho por baixo e onde dava pra adivinhar os peitos dela nus, ela também tinha uma chapelona, e já na praia, pegou as sandálias numa das mãos pra andar descalça, e eu... eu não sabia que porra fazer.

— Nervoso? — ela perguntou —

E minha gagueira foi a melhor resposta, resposta que arrancou mais uma gargalhada dela, mas mesmo assim criei coragem pra perguntar algo que me assustava de verdade.

— E seu marido? Ele não tá com você hoje?

— Marido? — ela indagou —

— Sim, o de ontem à noite, o que tava no seu quarto, será que...

— Ha! ha! — ela riu de novo de mim de um jeito que já começava a me irritar — uma mulher como eu não perde tempo com compromisso sério, só tenho amores passageiros, se eu gosto de alguém, eu como e pronto!

E ao me dizer isso, ela só apertou forte minha mão e me olhou de um jeito provocante.

Começamos a caminhar pela areia, num caminho natural que se formava, ladeado de um lado pelo mar e do outro por vegetação verde, e só fomos indo, indo, até que estávamos agora sim sozinhos no mundo.

Gabriela parou e fez a gente sentar pra contemplar o mar, e só disse algo tipo:

— Vou te ensinar o que é uma mulher...

E só começou a me beijar muito fundo, muito gostoso, e levou minhas mãos por baixo do vestido pra eu encher elas com os peitos dela, eram enormes, deliciosos ao toque, e não demorou pra levar as mãos dela no meu pau.

Gabriela não ia perder tempo, fez eu me despir e pareceu avaliar o tamanho do que tinha na frente, e começou a chupar, muito gostoso, muito fundo, eu gostava de olhar o que ela fazia e ela gostava que eu olhasse enquanto a brisa batia no meu rosto, me senti um precoce, mas nunca tinha estado com uma mulher e ela era muito mais que uma mulher.

— Vou gozar... vou gozar... — foi tudo que eu disse.

Gabriela tratou de deixar eu gozar na boca dela, todo meu esperma, e eu só gozava e gozava, um jato e outro, como nunca, e ela começou a rir do meu 'mangueira'. descontrolada', mas sem deixar de aproveitar meu gozo, agora brincando com meu pau entre as tetonas dela
Eu me surpreenderia de novo, e como numa luta ela me deitou quase à força na areia morna, fiquei olhando pro céu azul, e ela só se ajeitou de cócoras com os joelhos dos lados da minha cabeça, pra sentar na minha cara, com a enorme buceta depilada em cima da minha boca, e me dizer

Vai, guri... me mostra o que você sabe fazer...

E eu só senti a sufocação, tentava, mas não sabia, era minha primeira vez, e a Gabriela era uma velha caçadora de novatos
Ela se acariciava os peitos, ainda marcados pelo meu leite, se tocava nos mamilos e gemia enquanto eu dava o meu melhor
Depois desceu sobre minha barriga, devagar, até sentar no meu pau, era minha primeira vez, a primeira vez que meu pau acariciava uma buceta e caralho... a Gabriela era uma mestra, contorcia os quadris e a cintura como as próprias ondas do mar, arrastando o clitóris dela pelo meu púbis, mais devagar, mais rápido, me enchia com os peitos dela, com a bunda dela e eu só gozei pela segunda vez, agora dentro dela, ela gemeu e gritou e só continuou se mexendo, mais e mais, me xingava, dizia que eu era um guri tarado e que gostava do meu pau, que era uma delícia, que queria meu gozo, me levava do céu ao inferno e eu só gozei pela terceira vez.

Ela saiu por um momento, eu já tava satisfeito, se deitou de lado, no meu peito, sentia os peitos dela colados na minha pele e a buceta dela na minha perna, me enchendo de gozo que escorria descontrolado
Ela começou a fazer carinho no meu peito, depois na barriga, e depois no meu pau, mais e mais, e quando eu me descuidei ela tava chupando ele de novo, tava me matando, essa mulher não tinha paz e não hesitou em dizer se ajoelhando de quatro

Vai, agora que tá duro, mete no meu cu...

Eu fui atrás dela, não esperaria ela repetir e o esfíncter dilatado e experiente dela me permitiria uma penetração fácil por trás, me senti muito à vontade, ainda sem conseguir acreditar que não era só um sonho, me mexi tomando a iniciativa, apertando sua cinturinha, destacando a bunda enorme e bronzeada dela, era perfeita, e senti que ia gozar de novo
Tirei de repente e enfiei na buceta dela, que ainda estava cheia dos meus fluidos, e com o olhar fixo no cuzinho todo aberto dela, gozei pela quarta vez

Ela se afastou, riu de novo e saiu correndo pra se jogar no mar, igual uma sereia, vi ela nadar de um lado pro outro completamente pelada e me chamou pra segui-la, essa mulher era uma droga do caralho e quase me obrigou a fazer de novo debaixo da água morna e salgada, entre as ondas, sob um céu azul onde a paisagem só era cortada por umas gaivotas que passavam de vez em quando e eram testemunhas involuntárias do que tava rolando

Voltamos andando quando o sol já começava a se pôr no horizonte, tava exausto pra caralho, a pica ardia de tanto transar, e a Gabriela tava parecendo uma flor desabrochando na primavera.
Tentei convencer ela a passar aquela noite juntos, no apartamento dela, ou no meu, como ela quisesse, mas notei que ela me olhava como uma mãe olha pra um filho, como tentando criar distância, com um 'talvez amanhã'

De noite, uma nova surpresa, porque eu ia ver ela da minha sacada, mas ela não tava sozinha, e sim de novo com o cara da noite anterior, era uma puta sádica e ninfomaníaca, será que nunca se cansava?

Ao acordar no dia seguinte, me espiei com um sorriso na sacada, olhei pro lado dela, mas as janelas estavam fechadas e só o gemido de um vento sul batendo no meu rosto cortava o silêncio do lugar, pressagiando uma tempestade que não ia demorar a chegar
Fui trabalhar, é que eu tinha que trabalhar e a Gabriela tinha me roubado o sono, o tempo, e pior, minhas horas de trabalho
Era hora de consertar toda a instalação elétrica de um dos apartamentos, e embora estivesse concentrado no que fazia, também ficava de olho no apartamento dela Gabriela, e quanto mais os minutos passavam sem notícias dela, mais eu começava a me impacientar.
Fui até a garagem, tive um pressentimento, e descobri que o carro importado, o dos anéis, também não estava lá. Me senti desolado. Talvez ela tivesse ido até a cidade, talvez alguma saída, ao mercado, fazer compras — teria sido normal.

Os minutos, as horas, os dias foram passando...
Me vi sozinho, perdido no nada, fazendo o que tinha ido fazer: manutenção nos apartamentos para a temporada que chegava.

E, terminados meus trabalhos, fechei aquela etapa no mar para começar a trabalhar por conta própria, longe do tio Lucas, até chegar neste presente, casado e com filhos.
Gabriela foi um antes e um depois na minha vida. Um love de um dia, meu primeiro love. Alguém que foi como o vento acariciando meu rosto, alguém que jamais poderei esquecer.

Se você gostou dessa história, pode me escrever com o título GABRIELA para duleces.placeres@live.com

0 comentários - Gabriela