O segredo de Aníbal

Primero, todas las entregas de los mejores post


http://www.poringa.net/posts/imagenes/4084661/Mi-amada-esposa---parte-1-de-3-.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4389002/Mi-amada-esposa---parte-2-de-3-.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4436535/Mi-amada-esposa---parte-3-de-3.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4802856/Mi-amada-esposa-parte-4.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4802863/Mi-amada-esposa---parte-5.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4868469/Mi-amada-esposa---parte-6.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4896522/Mi-amada-esposa---parte-7.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4905961/Mi-amada-esposa---parte-8.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4915721/Mi-amada-esposa---parte-9.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4956318/Mi-amada-esposa---parte-10.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4965835/Mi-amada-esposa---parte-11.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4974651/Mi-amada-esposa---parte-12.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4985411/Mi-amada-esposa---parte-13.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4991203/Mi-amada-esposa---parte-14.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/5001091/Mi-amada-esposa---parte-15.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/5030636/Mi-amada-esposa---parte-16.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/5156341/Mi-amada-esposa---parte-17.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/5160465/Mi-amada-esposa---parte-18.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/5461886/Mi-amada-esposa---parte-19.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/5473303/Mi-amada-esposa---parte-20.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/5482180/Mi-amada-esposa---parte-21.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/5498944/Mi-amada-esposa---parte-22.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/5534988/Mi-amada-esposa---parte-23.htm

http://www.poringa.net/posts/imagenes/5543782/Mi-amada-esposa---parte-24.html

Como siempre, podes escribirnos a dulces.placeres@live.com, te leemos

Gracias por los puntos y comentarios


EL SECRETO DE ANIBAL





Cuando conocí a Aníbal pensé que había conocido al hombre de mi vida, me enamoré perdidamente de él, un joven respetuoso, dulce, atento, carilindo, trabajador, lo que toda joven busca.

A mis padres le encantó desde el primer momento, se hizo muy amigo de mi hermano y yo también caí muy bien en su familia, su padre me quería como a una hija, además Aníbal tenía unos sobrinos hermosos que derretían mi corazón y despertaban mis deseos de ser madre.

Todo fue bonito, todo fue perfecto, todo fue un cuento de hadas, decidimos casarnos.

Y todo siguió maravillosamente bien, nuestro matrimonio fue la prolongación de nuestro noviazgo y los primeros años fueron fantásticos…

Éramos buenos amantes, al menos eso creía, desde mi percepción de las cosas hacíamos todas las locuras imaginables.



Con el primer lustro de convivencia conyugal empezaron a aparecer las primeras grietas, los primeros desacuerdos, sin darnos cuenta, los que eran nuestros problemas se transformaron en ‘sus problemas’ y ‘mis problemas’, nuestros proyectos se transformaron en ‘sus proyectos’ y ‘mis proyectos’, nuestro placer en ‘su placer’ y ‘mi placer’.

No estuve de acuerdo, pero no le importó, compró ese velero que tanto quería y los Sábados y Domingos se dedicaba a navegar, es cierto que el me invitaba pero no podía dar el brazo a torcer, soy terca, además mucha gracia no me causaba no estar en tierra firme.

Me fui acostumbrando a pasar los fines de semana sola, cada vez más sola…

No entendía que era lo que pasaba, de pronto el amor parecía haberse esfumado y cada uno hacía su vida, casi no teníamos sexo y cuando lo hacíamos ya no lograba excitarme.



Comencé a sospechar que me engañaba, seguramente otra mujer estaba en nuestro camino, por lo que agudicé mi instinto y me transformé en su detective secreto, cosas que antes me parecían normales ahora las analizaba con cautela.

Pero no estaba preparada para descubrir lo que descubrí…

Había comprado un excitante conjunto de ropa interior, era celeste, transparente, una pequeña y delicada tanga, lo había comprado para mí, para verme bien, para sentirme bien, porque el casi ni me miraba, pero lo perdí antes de estrenarlo, lo busqué por todos lados pero ni rastro de él, mi sospechas apuntaban a que el, seguramente se lo había regalado a su amante solo para provocar una pelea conmigo, por lo que no le dije nada, ‘quería atraparlo con las manos en la maza’



Pero una cosa llevó a otra, algunas actitudes de Aníbal, algunas reacciones, ese faltante en esa prenda tan femenina me llevó a armar el rompecabezas, en oportunidades me había parecido encontrar mi cajón de ropa interior revolcada, cosas desacomodadas, incluso en mi placar, soy muy metódica y detallista con mis prendas de vestir, y recordé cuando al ponerme unas medias de nylon estaban ‘misteriosamente’ corridas, o cuando un lápiz labial apareció ‘misteriosamente’ quebrado. Mis sospechas apuntaban entonces a otro lado, pero deseaba equivocarme…

Había algo que hacer, cuando mi marido estaba trabajando fui hasta el muelle y logré colarme en su velero, empecé a revisar, por acá, por allá, una caja mediana de primero auxilios, me llamó la atención que estuviera cerrada con candado, hice palanca hasta zafarlo y llegué al final del camino, mi conjunto de ropa interior, prendas de mujer, peluca, maquillajes, juguetes sexuales…



Volví a casa con la prueba en el asiento del acompañante, me costaba manejar porque mis ojos se llenaban de lágrimas y mi cerebro se preguntaba una y otra vez con qué clase de monstruo estaba, como había podido engañarme tanto tiempo, como había sido tan ciega…

Esperé a mi esposo, con la caja sobre la mesa, envuelta en angustia y llanto, había descubierto su secreto…

Cuando llegó Aníbal se vio sorprendido, no imaginaba este mazazo, directo entre los ojos…

Solo miró al piso, respiró resignado, se sentó a mi lado y me miró fijamente, con mis ojos inquietos e hinchados por el llanto esperé su explicación, el intentó tomarme las manos, pero las retiré con premura, dejándole ver que no quería siquiera que me rozara.



Aníbal entonces contó su secreto, me confesó que siempre le habían atraído ambos sexos por igual, hacía años que él se acostaba tanto con mujeres como con hombres, pero conforme pasaba el tiempo se sentía cada vez más gay, que no podía evitarlo, me dijo que nunca lo hubiera entendido, me juró que nunca quiso hacerme daño, que el realmente se había enamorado de mí, pero había parte de él que no podía ocultar, estaba viva en él, y él era así…

Era tarde, me fui a dormir para acomodar mis ideas, él se quedó en el sillón.

En la mañana, con la salida del sol, ya más tranquilos empezamos a evaluar cómo seguir adelante, el divorcio era la primera opción, fácil, rápido, sencillo, pero convenimos en que los dos perderíamos demasiado, el su exposición pública, familiar, laboral, si es que yo habría la boca, y suponiendo que pudiera probarlo, y yo, la posibilidad de quedar como una mentirosa y además perder todo mi bienestar económico, porque para ser honesta Aníbal era quien mantenía todos mis caprichos.



Pensamos variantes y en una semana habíamos llegado a un acuerdo, puertas afuera seríamos el matrimonio perfecto, enamorados, dulces, cariñosos, puertas adentro como perro y gato, cada uno haría su vida.

Por un tiempo Aníbal y yo seguimos compartiendo la cama matrimonial, pero pronto sentí que me repugnaba, solo imaginarlo con otro hombre, hasta me molestaba que solo me tocara, o sentir cerca su respiración, decidimos que se mudara al cuarto contiguo, donde alguna vez idealicé a nuestros futuros hijos…

Conforme pasaron los días nos fuimos acostumbrando a nuestra nueva forma de vida, incluso acordamos que yo podría traer mis hombres y él podía traer los suyos, con discreción, guardando las apariencias, coordinando los tiempos, el no sabría nada, yo no sabría nada.





Y la vida siguió adelante, con nuestro pacto secreto, para mí se me hizo difícil, quería enamorarme nuevamente, no era solo un tema físico, era también algo del corazón, no soy una puta regalada desesperada por un hombre, pero Aníbal desfilaba con caballeros, uno más bonito que otro, no sabía de donde los sacaba, solo me llamaba la atención que nunca fuera el mismo, y esto despertó mi curiosidad.

Llegado el momento le pregunté y el encogiéndose de hombros, resignado me dijo:


O segredo de AníbalOs homens que eu trago são pagos, não posso me dar ao luxo de me apaixonar de novo, você ainda é minha esposa, ainda te respeito e ainda, do meu jeito, continuo te amando, mesmo que você me odeie…

As palavras dele ecoaram forte na minha cabeça, eu não o odiava, essa foi minha primeira reação, mas o tempo curava as feridas…

A noite está quente, Aníbal janta com um cara musculoso, loiro de cabelos longos e cacheados até a metade das costas, pele bronzeada e olhos verdes pequenos, usa uma calça jeans apertada que realça suas pernas tortas, botas estilo texanas e uma camisa preta meio desbotada.

Sou educada com meu marido, e também com Matías, o jovem com quem ele transaria, sou discreta o bastante para não me intrometer e ao mesmo tempo provocante o suficiente para chamar a atenção dele. As palavras de Aníbal amoleceram meu coração e já era hora de acalmar meu instinto animal, não queria roubá-lo, queria compartilhá-lo…

Tudo acontece sem palavras, sem permissões, entro no quarto do meu marido, fazia meses que não entrava, o cheiro dele está impregnado no ambiente, me estico na ponta dos pés para alcançar os lábios de Matías, ele é um estranho, mas caramba, como eu preciso de um homem!

Os beijos dele têm gosto de mel, seus braços me envolvem, seus bíceps me apertam, me penduro no pescoço dele, Aníbal se interpõe e acaricia o peito dele, nos olhamos eu e meu marido como não nos olhávamos há tempos, ele pisca um olho como me convidando a compartilhar o manjar.

A piroca de Matías está dura por baixo da cueca, posso sentir ela colada no meu corpo, entendo que é algo enorme, Aníbal pega minha mão e a leva até ele, entre os dois a apoiamos de um jeito que dá pra compartilhar, me ajoelho aos pés dele enquanto Matías termina de se despir, o pau dele é enorme, incrivelmente grosso, minha boca enche de saliva de desejo…

Meu marido também se despe e senta na beira da cama como um espectador VIP, quer ver como eu faço, pego ela com as mãos e começo a acariciar. com prazer, desnudo a glande rosada dele pra passar minha língua por ela, lubrificando com minha saliva, acaricio os testículos dele e beijo de ponta a ponta, tão comprido quanto é, envolvo com a mão direita, mas a grossura dele me impede de fechar os dedos, os olhos do Aníbal estão fixos na minha boca, convido ele a chupá-la, mas ele balança a cabeça que não, só quer observar, então desnudo meus peitos e envolvo toda aquela barra de carne com eles, acaricio de cima pra baixo, meus mamilos endurecem e sinto minha buceta ficar molhada, olho pro meu marido com carinho, encosto minha cabeça na dele sem descuidar do tesouro que tenho entre os peitos, nos beijamos, como há tempos não nos beijávamos, de repente, a magia parece voltar…

Ele me puxa pra perto dele e termina de me desnudar também, como nos velhos tempos, me deita na cama e se coloca de cabeça pra baixo sobre mim, com nossos genitais e nossas bocas juntas, sinto então a língua dele lamber meus lábios e meu clitóris, esqueci o que ele me fazia sentir quando chupava minha buceta daquele jeito, faço o mesmo com o pau dele, enfiando bem no fundo da minha garganta, beijo os testículos dele, começo a chupar todos eles…

Matías entra na brincadeira, abrem minhas pernas, me preparo, sinto o pau dele esfregar meu clitóris, finalmente aponta no meu buraco e enfia até o fundo, sem piedade, provocando uma dor lá no fundo que me faz contrair por instinto, mas Aníbal me segura de um jeito que me impede de resistir, arrancando gritos misturados de dor e prazer…

Um me fode fundo, o outro lambe meu clitóris, é impossível pensar em outra coisa, de vez em quando me dão uma trégua, percebo que me deixam descansar e o pau do Matías vai parar na boca do Aníbal, nesses momentos eu tomo o controle, apoio as mãos nas nádegas do meu marido, abro elas e o esfíncter dele se abre junto, suponho que se eu acariciar ele vai gostar, ensalivo dois dedos e brinco na abertura amarronzada dele, ele gosta, sinto que ele gosta, quase sem cedo me dou conta, meus dedos logo se perdem no buraco dela, entram com muita facilidade, quase sem resistência, adiciono meu dedo anelar, finjo que é um pinto, mexo lá no fundo, mas logo o pau do Matías volta a me penetrar, me tirando de toda concentração...

Os minutos passam, o pau do nosso amante alterna entre minha buceta e a boca do meu marido, aproveito para alargar o esfíncter dele, preparando-o para uma penetração iminente.

Matías troca de lado, me indica o próximo passo, passa uma perna sobre minha cabeça e bate com o pinto nas nádegas do Aníbal, parece enorme, ameaçador, pego com uma mão e guio até a entrada do meu marido, é grosso demais, mas não o suficiente pra ele, vejo a cabecinha sumir devagar, depois, milímetro por milímetro, o tronco venoso e duro, quase chega na metade e parece bater no fundo, começa a bombar ritmadamente e Aníbal geme como uma maricona gulosa, o pau dele tá duro, meu olhar se perde naquele pau enorme penetrando o cu dele, começo a masturbá-lo enquanto lambo as bolas dele, e ele volta a lamber meu clitóris desesperadamente...

Matías precisa de uma pausa, claramente as pernas dele tão começando a cãibrar, ele se deita e agora é minha vez de montar nele, coloco minha buceta na boca dele e o pau dele na minha, é tão comprido que me deixa meio desconfortável, sinto os braços musculosos dele rodearem minhas pernas e as mãos acariciarem minhas nádegas, a língua dele percorre minha intimidade, meus lábios, meu clitóris, os dedos dele entram uma e outra vez no meu anel molhado, tento chupar o pau dele o melhor que posso, Aníbal entra na brincadeira e também me oferece o pau dele, pego um em cada mão tentando não perder o equilíbrio, chupo um, chupo o outro, até junto os dois e tento meter os dois ao mesmo tempo.

Minha concentração não dura muito, sinto um calor subir pelo meu corpo, Matías faz tão bem... não consigo parar, não quero, me sinto explodir entre os lábios dele, gemo, grito, choro, minha Meu marido acaricia meu cabelo com um sorriso gostoso, como se estivesse compartilhando meu prazer…

Ele sussurra no meu ouvido que quer me foder, como nos velhos tempos, uma luxúria rara toma conta de mim, me acomodo no colchão, de bruços, oferecendo minha bunda pra ele, ele vem por cima de mim, sinto o peso dele nas minhas costas, guia o pau dele pra dentro da minha buceta, me penetra, lembro naquele instante dos nossos dias de paixão, me envolve com os braços abrindo caminho entre os lençóis até chegar nos meus peitos que ficam apertados, seus dedos mornos brincam nos meus mamilos, me excita, Matías entra na brincadeira se acomodando por cima do meu marido, aumentando consideravelmente o peso que aguento, sinto ele penetrando ele, nos movemos os três no ritmo, Aníbal me fode enquanto Matías dá o cu pra ele, nossos gemidos se misturam no ar, a cama range de tanta putaria, da luxúria…

Matías sai e quase correndo chega do nosso lado, vejo de relance ele se masturbando perto dos nossos rostos, meu marido fecha os olhos e quase na hora a porra quente começa a jorrar na cara dele, acerta nas maçãs do rosto, nos lábios, na testa, no nariz, nos olhos, consigo ver tudo de perto, a excitação do Aníbal é tão grande que logo o esperma quente dele invade minha buceta, eu tenho pequenos orgasmos em sequência, um atrás do outro.

A porra espalhada na cara do meu marido começa a cair na minha, tô bêbada de prazer…

Continuamos fodendo entre os três a noite toda, experimentando um monte de novas maravilhas…

Matías foi o primeiro de muitos, nessa aventura louca, não sei quanto tempo vai durar, é doentio fazer amor permanentemente entre três, uma mulher com dois homens, um homem que curte homens e um terceiro que é só um estranho da vez.

Não sei, não quero projetar o futuro, só quero aproveitar o presente…

Se você tem comentários, sugestões sobre isso, pode me escrever com o título ‘O SEGREDO DE ANIBAL’ dulces.placeres@live.com

1 comentários - O segredo de Aníbal