Do céu ao inferno

Primero, todas las entregas de los mejores post


http://www.poringa.net/posts/imagenes/4084661/Mi-amada-esposa---parte-1-de-3-.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4389002/Mi-amada-esposa---parte-2-de-3-.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4436535/Mi-amada-esposa---parte-3-de-3.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4802856/Mi-amada-esposa-parte-4.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4802863/Mi-amada-esposa---parte-5.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4868469/Mi-amada-esposa---parte-6.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4896522/Mi-amada-esposa---parte-7.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4905961/Mi-amada-esposa---parte-8.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4915721/Mi-amada-esposa---parte-9.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4956318/Mi-amada-esposa---parte-10.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4965835/Mi-amada-esposa---parte-11.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4974651/Mi-amada-esposa---parte-12.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4985411/Mi-amada-esposa---parte-13.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4991203/Mi-amada-esposa---parte-14.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/5001091/Mi-amada-esposa---parte-15.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/5030636/Mi-amada-esposa---parte-16.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/5156341/Mi-amada-esposa---parte-17.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/5160465/Mi-amada-esposa---parte-18.html

Como siempre, podes escribirnos a dulces.placeres@live.com, te leemos

Gracias por los puntos y comentarios


DEL CIELO AL INFIERNO


Treinta años atrás, Concepción era un pequeño pueblo perdido en la nada, nacido de la unión de un grupo de agricultores, que típicamente se había urbanizado poco a poco, no tenía más de diez calles asfaltadas paralelas a la ruta principal y otras tantas transversales. Al centro, donde estaba la plaza principal, se levantaba la capilla, el despacho policial, el hospitalito de esos días y lo que hoy se conoce como el palacio comunal
Los emprendimientos florecían para aquellos que deseaban aventurarse, y así, a la vuelta del hospital, se levantaba 'Telas Simón', el negocio con el cual mi padre proveía sustento y lo hacía sentirse orgulloso
Mi padre, siempre fue un tipo prolijo y detallista, su negocio era el único, y todos sabían que, si necesitaban telas, solo había que ir a lo del turco Simón. El ponía lo mejor de si, siempre preocupado por su clientela y ciertamente trabajaba más por orgullo, por prestigio que por necesidad

De tres hermanos yo era la del medio, y solíamos jugar a los vendedores, aunque ciertamente en puntas de pies llegaba al mostrador, y mientras mi madre trataba de acarrear el rebaño, mi padre se divertía mucho con nuestras inocentes ocurrencias.
Y así conocí a Camilo, un chico inquieto de mirada pícara, un flacuchento, con su rostro plagado de pecas, siempre se le caían los mocos y se limpiaba con la manga de su camisa, era repugnante. El venía cada tanto, en general los fines de semana, cuando no había clases, acompañando a su padre, don José, eran del pueblo contiguo al nuestro. José se ganaba la vida como viajante, traía los telares y las novedades de la gran capital y paseaba pueblo por pueblo ofreciéndolas, o llevando pedidos ya reservados con anterioridad.

Cuando su padre y el mío hablaban de negocios, él jugaba con nosotros, en especial con mi hermano varón, pero en verdad siempre me miraba con sus ojitos tiernos.
Fuimos creciendo, y con doce años, ya era un niño educado, ya no se le caían los mocos, ya no jugábamos, hablábamos, y en un descuido me robó el primer beso, fue de repente, no lo vi venir, y hoy con gracia puedo decir que me dio mucho asco.
Entrada en mi adolescencia las cosas habían cambiado, por la crianza familiar yo había decidido meterme a monja, tenía fuertes creencias religiosas y quería consagrar mi vida al Señor.
También deje de ver a Camilo, todo era diferente, las prendas ya venían terminadas y listas para usarse, la importación ganaba terreno, las viejas mujeres, modistas finas, pronto se quedaron sin trabajo, y las mujeres jóvenes de mi generación querían ser profesionales y ya no se vieron interesadas en sentarse tras una máquina de coser, y mi padre en consecuencia, poco a poco perdió su clientela, y el gran negocio de pasado se marchitó lentamente, y si ya no tenía clientes, tampoco necesitaba proveedores, así que con mucho pesar le confesó a don José que liquidaba todo y bajaba las persianas, mi padre estaba grande y cansado de tanto trabajar

Su sueño de juventud había pasado, en el viejo local de 'Telas Simón', se había abierto una pizzería muy de esos días, transformada en un 'fast food' en el presente, mis hermanos habían volado a la gran ciudad tras sus sueños y terminé siendo la preferida que se quedaría en familia con sus padres.
Y como el destino nos había separado, el destino nos juntaría, imaginen que yo no recibía mis votos aun, pero vestía como monja, y para todos era la hermana Josefina, y era un poco la que, hacía las compras, por ser la más novata y porque también me gustaba hacerlo
Estaba en una de las granjas en la que hacíamos las compras, cuando un proveedor de mercaderías apareció de repente, lo reconocí apenas lo vi, el niño de los mocos, ahora era un hombre, alto y musculoso, con sus inconfundibles ojitos pícaros

Claro, él sabía que yo me había metido a monja, pero jamás me reconoció bajos mis hábitos y fui yo quien salí a su encuentro
Camilo no podría creerlo, cruzamos unas palabras, le resumí un poco de mi historia, y él me dijo que había mamado la profesión de su padre, que por cierto había fallecido y que, en lugar de telas, repartía lácteos de afamadas marcas por todos los pueblos del interior, que vivía con su madre, a quien de paso mantenía, y solo agendamos números de celulares para alguna charla un poco más formal que nos merecíamos.
Y nos vimos una vez, y otra vez, y ese chico se transformaría en mi demonio, en mi tentación, porque el corazón no tiene dueño hasta que alguien te lo conquista, y me hizo dudar, me hizo tambalear, me hizo pecar, como de pequeña, me robó un beso de improviso, clandestino, oscuro, aún tenía mi ropa de monja y me sentí fatal.

Y conviví entre el cielo y el infierno, entre lo celestial y lo terrenal, con la tentación de la manzana prohibida al alcance de la mano y mi primera vez fue bajo la higuera que daba al patio trasero de la parroquia
Tenía diecinueve, el veinte, y tal vez Dios que todo lo ve, nos mandara un castigo, en embarazo no buscado y con eso toda la cruz que me tocaría cargar bajo los dedos acusadores de la sociedad, yo, la inocente Mónica, la chica metida a convento, la futura monja, tenía un crío latiendo en las entrañas
Todo fue muy rápido, dejé de lado mi vida consagrada a Dios, y conforme mi pancita empezó a crecer, el chimento corrió de boca en boca y casi no tenía el valor de mirar a nadie a los ojos, y curiosamente, el padre Víctor, el sacerdote del pueblo fue quien más se encargó de hacer público mi pecado, como queriendo dejar en claro que la Iglesia no tenía nada que ver con una mujer como yo, y me sentí como la misma María Magdalena a punto de ser apedreada

Pero por suerte, tenía a mi familia que jamás me juzgaría y que siempre me daría todo su apoyo, y a mi sol, Camilo, quien como valiente capitán de barco estaría a mi lado para pelear contra viento y marea
Nos hicimos cargo, él quería ser padre, y lo que había sucedido había sido producto del amor
Decidimos de común acuerdo cruzar el puente sobre el río e irnos a vivir a casa de mis suegros, al pueblo contiguo, donde toda mi historia no era conocida, al fin y al cabo, solo estaba a poco más de cuarenta minutos de mis padres.
Así empezamos nuestros días de convivencia y en poco tiempo nos mudábamos a un departamentito propio, pequeño, modesto, humilde, pero nuestro

Camilo doblegaba sus esfuerzos trabajando, yo me dedicaba a ser madre de tiempo completo la pequeña Lucila era nuestro sol, nuestro faro y solo vivíamos para ella y por ella.
En la cama las cosas funcionaban bien, ciertamente, yo, por mis creencias era muy timorata, muy retraída, y Camilo, quien siempre había sido un chico de calle tenía mucha experiencia, muchas mujeres habían pasado por su cama a pesar de su juventud y el solo me enseñaba con paciencia, poco a poco me hacía su puta perversa y yo me dejaba guiar.
Había un juego que nos seducía mucho, a él le encantaba que me vistiera con mis viejos hábitos de monja y tomarme fotos jugadas, hasta obscenas, y hasta porno, él me decía que era 'su monjita y su diablita' todo en uno y poco a poco sacaba esa parte de mujer que inconscientemente yo misma había castrado


Do céu ao infernoEmbora tivesse mudado muito, ainda tinha alguns tabus, como sexo anal ou engolir porra, mas com certeza não era mais a mesma garota que ele tinha engravidado cinco anos atrás.
A pequena Lucila, que estava crescendo, tinha começado a pré-escola e eu comecei a ter tempo livre. Parte dele eu ocupava com aulas de academia, mas outra parte me entediava. As coisas, sem querer, começaram a mudar com Camilo — talvez por costume, talvez porque ele viajasse muito de cidade em cidade, talvez porque eu sentisse uma falta danada dele, talvez porque nosso diálogo já não fluísse como antes.
Os silêncios perigosos do casal começaram a virar rotina. Se não tinha química no dia a dia, era impossível que aquele tesão fluísse naturalmente na cama.
Chegaram meus fantasmas, minhas dúvidas. Uma amante? Talvez. Ele viajava por tantos lugares onde eu não tinha acesso que seria muito lógico ele concretizar isso.

Mas eram só meus fantasmas, e eles iriam embora com a proposta louca dele. Era verdade, ele percebia que nossa relação de casal estava enroscada e, com certeza, me pegou de surpresa quando sugeriu meter um terceiro entre nossos lençóis.
Era uma loucura. Recusei completamente, enchi ele de perguntas sobre a masculinidade dele, ciúmes, se ele aguentaria me ver com outro homem, me ver chupar outro pau, ou me ouvir gemer de prazer com um estranho. Mas ele só dizia que, se não tentássemos, nunca saberíamos.
Não sei por que me deixei levar pelas loucuras dele. De uma negativa total, aos poucos fui passando para um desejo disfarçado. Eu nunca teria confessado ao meu homem, meu amor, meu tudo, que tinha vontade de uma oportunidade diferente. Afinal, Camilo tinha sido o único, sempre.

Eu nunca tinha dito que sim, e ele ia me surpreender de novo quando disse que já tinha tudo encaminhado. Fez isso de forma unilateral, pelas minhas costas, contatando desconhecidos pela internet, estranhos, oferecendo a proposta. E lembro que fiquei muito puta com ele. Ele me fez sentir uma puta. Mas Intimamente, também não ia confessar pra ele que tinha me molhado toda com o relato dele, e ainda mais quando ele me mostrou as propostas, o que respondiam e o que diziam que iam fazer comigo.
Ele seguiu nessa linha e por três meses a gente não tocou no assunto, pelo menos formalmente, sabia que ele tava na pescaria, moldando, bolando, mas só até aí.

Uma manhã, ele tava em casa, e a Lucila na escola, o Camilo trabalhava com o notebook dele em cima da mesa, pelo menos era o que eu pensava, já que era normal ele estar montando pedidos ou passando faturas, mas ele me chamou pro lado dele e fez eu sentar numa das pernas dele.

"Olha", disse ele me mostrando a tela, "tenho três candidatos possíveis, escolhe um?"

Não dava pra acreditar, definitivamente ele não ia parar e parecia decidido a realizar a fantasia maluca, mesmo naquele instante, eu assumi que era só uma brincadeira e entrei na onda, escolhi como se fosse realmente fazer.
Descartei um de cara, era um cara bonitão, sem dúvida, pelo menos pelas fotos, só que não era pra mim, parecia ter a idade do meu pai e eu não tava afim de me meter com caras mais velhos. Entre os dois que sobraram, me atraiu um jovem musculoso, o rosto dele era chamativamente bonito e realmente me pareceu muito sexy, era da nossa idade, mas claro, tinha um problema, morava longe pra caralho, o suficiente pra fazer desistir o mais corajoso, e quase por eliminação, a gente concluiu que o Juan seria o mais viável, trinta e três anos, também bonitão e, segundo ele, disposto a tudo.

Juan morava a uma distância razoável, nem tão longe, nem tão perto, e talvez o único "porém" fosse que ele era um homem casado, fato que não escondeu em momento nenhum, mas ele dizia que isso era problema dele, não nosso, e se a gente topasse, ele arrumava uma visita em pouco tempo.
Como eu disse, levei na brincadeira, era só um jogo, só isso.
Pouco depois, recebi um áudio no meu WhatsApp de um desconhecido, com uma voz rouca e melosa me dizendo que eu era muito gostosa, que me achava atraente e que Ele viria me buscar. Vi a foto dele e soube que era ele, e logo em seguida ele me mandou uma foto minha, daquelas provocativas, de freira, daquelas que o Camilo tirava de mim, e eu soube que meu marido tinha dado meu número pra ele e mandado minha foto.

Fiquei vermelha de vergonha, liguei pro meu marido, xinguei ele, gritei, como ele fazia essas coisas sem nem me consultar? Levantei a voz, mas de novo me senti toda molhada.

E aquele áudio seria o primeiro de muitos. Juan me arrancava sorrisos, ele falava comigo e também falava com o Camilo. Não tinha enganação, só jogos compartilhados de sedução. E quando, naquele entardecer de sábado, meu marido me confessou que eu tinha que me arrumar porque meu futuro amante estava a caminho, quase morri.

Não conseguia acreditar, não ia acreditar. Roí todas as unhas de nervoso, a ponto de sangrar os dedos. Em que diabos a gente tava pensando?

Mesmo tentando parecer normal, o nervosismo me consumia por dentro. Camilo cuidou do jantar, ele cozinhava bem, mas dessa vez fazia isso porque queria que meus cinco sentidos estivessem focados em me preparar pro amante que chegaria a qualquer momento.

Eu espiava pela janela o tempo todo, esperando a chegada dele com muita curiosidade, e quando ouvimos o motor de um carro parar na frente de casa, soubemos que a hora tinha chegado.

Seria meu primeiro encontro cara a cara. Nos cumprimentamos com educação, um beijo no rosto, um aperto de mão no meu marido, e ele acariciou com gosto a cabecinha da Lucila, que era inocente sobre o que estava rolando e achava que aquele senhor chamado Juan era só um velho amigo do papai.

Juan era um cara inteligente. Tinha trazido um tigre de pelúcia e com isso já tinha ganhado a cumplicidade da minha pequena.

Era um projeto interessante, atraente, sim, e respeitoso, e culto, e educado. Bom, bom, sim, tudo isso junto.

Eu estava bem simples, não ia me mostrar como uma puta. Vestia uma calça jeans caseira e uma camiseta meio usada, só de tênis e zero maquiagem. E a Ele não pareceu se importar.
Sentamos à mesa, bebemos, jantamos, conversamos, parecíamos conhecidos de vida inteira.
Chegou a hora da sobremesa, um doce, um espumante, e chegou o momento em que, naturalmente, os olhos de Lucila começaram a pesar e seus bocejos ficaram profundos. Então Camilo disse pra nossa pequena:

— Meu amor, dá tchau pra mamãe, pro tio Juan e vamos no banheiro fazer xixi e escovar os dentes, que o papai te leva pra cama.

E depois, olhando pra gente, completou:

— Comecem, que depois eu alcanço.

Em menos de dez minutos a porta do quarto de Lucila já tinha fechado. Juan e eu ficamos a sós, e eu só pedi uns minutos.

Aí fui pro banheiro primeiro. Dessa vez eu prendi meus cabelos pretos de lado e me pintei feito uma puta: os lábios, os olhos. Depois fui pro quarto, quase na ponta dos pés, me despi e vesti as peças que tinha comprado pra ocasião: uma calcinha fio dental, um corset bem apertado que marcava meus peitos, meia com liga e salto alto. Me olhei no espelho, tava provocante demais, e enquanto sentia minha buceta ficar molhada sem jeito, o nervosismo tomava conta diante do desconhecido daquela primeira vez.

Me animei. Tudo estava em silêncio. Então chamei Juan pra entrar no quarto. Ele me olhou, gostou do que viu, me apertou nos braços e me segurou pela cintura, fazendo meus ossos estralarem. Enfiou a língua na minha boca e sentiu meu nervosismo. Eu tava muito tensa, minha consciência mandava no subconsciente. Aí ele disse:

— Calma, coração, não vou te machucar. Tá tudo bem...

E levou os lábios de novo contra os meus, fez eu abraçá-lo. As mãos dele se perderam nos meus glúteos nus. Tudo era muito gostoso, muito sexual, muito quente. Ele desceu pros meus peitos e brincou com a língua neles, de um lado pro outro, com aquele romantismo excitante de querer desnudá-los com a língua, fuçando nos meus bicos que esperavam ansiosos. E mais ainda quando me deitou na cama e seus beijos... começaram a descer, enquanto seus dedos agora se enroscavam nos elásticos da minha tanga para desnudar minha buceta
Fiquei meio envergonhada, é que eu tava muito molhada e aquilo era meio que expor minha alma pra um estranho, porque Juan continuava sendo um estranho, mas ele só se perdeu entre minhas pernas e começou a chupar minha xota.

Eu gemia, tava gostando, mas na minha cabeça ainda não conseguia processar a situação, continuava tensa, travada e não parava de imaginar o rosto do meu amado Camilo, mesmo ele sendo o criador de tudo que tava rolando
E decididamente eu não ia gozar na boca daquele homem, por mais que ele tivesse jogando bem o jogo, o problema era meu, não dele.
Pedi pra ele meter logo, Juan veio entre minhas pernas e quase sem cerimônia enterrou o pau dele até o fundo, e começou a se mexer dentro de mim, era muito gostoso, certeiro, e ele só perguntava no meu ouvido se eu tava gostando, resposta que nem precisava de um 'sim', meu corpo falava por mim

Ele me fez virar, e mandou eu montar nele, era minha vez de trabalhar, e eu só me dedicava a sentir o pau dele se movendo dentro do meu, é que era muito gostoso, e Juan me olhava com os olhos cheios de êxtase, enchendo as mãos com meus peitos que balançavam pra trás e pra frente

Essa foi a imagem que Camilo recebeu da esposa ao entrar no quarto, Lucila já dormia profundamente e ele tava livre, senti ele olhar com tesão minhas ancas largas e o jeito que minha boceta devorava o pau daquele estranho
Posso garantir que a situação do meu marido me ver dando pra outro ia virar tudo de cabeça pra baixo, e ia conseguir destravar meus pensamentos, nunca imaginei que podia ser tão excitante pra mim e que eu poderia me soltar daquele jeito

Só amei, e o tesão que me dava saber que Camilo só podia olhar me fazia esquentar e me derreter feito uma puta, a ponto de nem perceber que já tava gritando e esquecer que minha pequena dormia no quarto ao lado
E só me animei pra mais, pra tudo, cheguei perto do ouvido de Juan e Sussurrei
Nunca me deram no cu e tenho muita curiosidade de saber como é...

Juan me olhou desconfiado, achando que eu tava mentindo, mas não liguei, tava decidida a acelerar fundo
Me ajeitei de quatro, dando o cu pro meu marido e deixei que Juan passasse cinco longos minutos beijando meu esfíncter, enchendo ele de saliva, enfiando os dedos timidamente e preparando o que seria a estocada final
Depois ele se posicionou, bateu com o pau na minha bunda, ajeitou e empurrou devagar, senti me abrir e relaxei pra deixar ele entrar, foi mais fácil do que pensei e mais gostoso do que imaginei
Ele só começou a me comer o cu bem gostoso, até o fundo, e eu tava adorando, olha se tava adorando, muito, muito, muito!
Não acreditava que tava fazendo aquilo e se tava fazendo, um estranho tava desvirginando meu rabo na frente do amor da minha vida

De vez em quando eu me esforçava pra ver o rosto dele e os olhos dele estavam arregalados, Juan tirava o pau do meu cu e mostrava pro meu marido minha buceta aberta

Olha, olha a freirinha de convento, que puta que sua mulher acabou sendo

E esse tipo de frase só esquentava ainda mais o clima, Juan chegou a tirar o pau do meu cu, se masturbando bem pertinho, senti meu buraquinho encher e transbordar de porra quente, e depois escorrer pelos meus lábios e meu clitóris, e eu só tentei congelar aquela imagem na mente do meu marido
Camilo então nos surpreendeu, levantou, veio do meu lado, abriu minhas nádegas e me beijou como nunca, senti os lábios e a língua dele na minha intimidade, onde tava todo o caldo do amante casual.
Tudo terminou naquela noite com um beijo boca a boca, pra selar nosso amor com o gosto de um estranho, de um amante.
Juan saiu da nossa casa antes do sol nascer, com a promessa de um novo encontro, um novo encontro que nunca aconteceria

Aquele encontro fez as chamas arderem de novo na nossa cama, e a gente decidiu repetir, uma vez e outra, e outra mais
Com o passar dos Durante anos, a gente se dedicou a aprimorar nossos jogos com estranhos, sempre com a premissa de que fosse algum cara aleatório que me pegasse gostosa na frente do Camilo, e sempre com a política definida de não repetir amante.
Agora não nos encontramos mais em casa, não podemos cometer o mesmo erro dos dias da minha gravidez, quando a cidade inteira soube que eu era uma puta e meu marido um corno.
Além disso, Lucila já tem doze anos, já entende, já pergunta, e a última coisa que queremos é que nossa relação distorcida, cheia de amantes eventuais, de alguma forma afete o crescimento dela.

Agora a gente sempre joga fora de casa. Camilo tem muitos conhecidos nas cidades vizinhas por onde, no dia a dia, visita clientes para ganhar o pão da nossa família. E claro, nessas viagens, ele também oferece seu tesouro mais precioso: a esposa dele.

Se você gostou dessa história, pode me escrever com o título DO CÉU AO INFERNO para dulces.placeres@live.com

0 comentários - Do céu ao inferno