Primero, todas las entregas de los mejores post
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4084661/Mi-amada-esposa---parte-1-de-3-.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4389002/Mi-amada-esposa---parte-2-de-3-.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4436535/Mi-amada-esposa---parte-3-de-3.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4802856/Mi-amada-esposa-parte-4.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4802863/Mi-amada-esposa---parte-5.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4868469/Mi-amada-esposa---parte-6.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4896522/Mi-amada-esposa---parte-7.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4905961/Mi-amada-esposa---parte-8.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4915721/Mi-amada-esposa---parte-9.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4956318/Mi-amada-esposa---parte-10.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4965835/Mi-amada-esposa---parte-11.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4974651/Mi-amada-esposa---parte-12.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4985411/Mi-amada-esposa---parte-13.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4991203/Mi-amada-esposa---parte-14.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/5001091/Mi-amada-esposa---parte-15.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/5030636/Mi-amada-esposa---parte-16.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/5156341/Mi-amada-esposa---parte-17.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/5160465/Mi-amada-esposa---parte-18.html
Como siempre, podes escribirnos a dulces.placeres@live.com, te leemos
Gracias por los puntos y comentarios
MANIPULADOR (PARTE UNO DE OCHO)
Mis padres me criaron bajo los más estrictos preceptos de la religión cristiana, mamé en el seno de mi familia una cultura muy arraigada a la iglesia, todos los fines de semana asistíamos a misa y mi madre incluso fue por bastante tiempo colaboradora en la parroquia y solía ir en la semana alguna que otra vez a rezar el rosario.
Como imaginarán, y como consecuencia lógica, siempre fui una chica muy vergonzosa y timorata a la que le costó engranar en la vida y muchas veces mi inocencia me jugaba en contra.
El punto de quiebre fue a mis dieciocho, cuando quedé embarazada, Mario, o Marito como lo llamaban en casa, era mi noviecito en ese entonces, éramos demasiado jóvenes, inexpertos y con las hormonas fluyendo en nuestras venas, imposible de controlar.
No sabíamos nada, o casi nada, en mi casa jamás me habían hablado de sexo, tema tabú si lo había y otro tanto pasaba en lo de Mario, nos habíamos conocido en los encuentros dominicales de la parroquia.
Fue muy duro enfrentar a nuestras familias, en especial fue una decepción para mi padre quien jamás hubiera imaginado semejante noticia, el soñaba entregar a su hija vestida de blanco en el altar, de blanco impoluto, jamás tocada.
Pero la realidad fue otra y el tiempo curó las heridas, aunque a papá creo que siempre le quedó la espina clavada.
Dos años después papá falleció de un accidente cardiovascular, fue imprevisto, de golpe, lloré mucho, él era muy importante en mi vida, a tal punto que el dolor me llevó a alejarme de Dios, aún hoy no encuentro respuestas y dejé mi fe guardada en el cajón de los recuerdos.
Esa es la arcilla con la que fui moldeada, porque cada uno es una consecuencia de lo que fue, de lo que vivió, de lo que mamó.
Vamos a mi presente cercano, ya tengo veinticinco, vivo con Mario, mi esposo y Romina, mi beba que ya está por cumplir seis añitos, es mi razón de vivir.
Mario ocupa un alto cargo en una empresa de siderurgia, de servicios, no entiendo mucho del tema pero lo cierto es que se la pasa viajando demasiado por todo el país, supervisando montajes y no sé qué cosas más que siempre me cuenta, sus anécdotas son por demás de aburridas, al menos para lo que una mujer como yo pueda interesarle.
En los primeros tiempos mi espacio se llenó con la crianza de Romina, pero desde que había empezado el año inicial del colegio descubrí que tenía demasiado tiempo disponible y poco a poco comencé a sentirme desesperadamente sola e inútil, me di cuenta que me estaba deprimiendo en mi soledad y que si no hacía algo al respecto las cosas no caerían del cielo solo por arte de magia.
Los discutimos con Mario, y con mi madre, y con mis suegros, comencé a buscar un empleo a medio tiempo, si bien mi marido ganaba suficiente para mantenernos, necesitaba sentir que estaba viva, que podía ganar mi propio dinero, necesitaba llenar mi espacio, ser alguien diferente a lo que era.
Así fue que luego de presentar algunos curriculum vitae, luego de tocar algunos contactos y conocidos, luego de algunas entrevistas y esperas, tuve la oportunidad de ingresar al estudio de Lozano-Gorostiaga.
La remuneración no era mucha, no se paga mucho por una simple secretaria, pero no estaba ahí por la paga, al menos no en ese momento, me convenía ingresar a las ocho de la mañana y salir a las doce del mediodía, el horario del colegio de Romina, sabiendo que ante cualquier imprevisto podría contar con la ayuda de mi madre, o de mis suegros.
El estudio jurídico contable no era muy grande, tampoco era chico para tres personas, ellos tenían la mayor porción del lugar y a un lateral estaba mi oficina, separadas por vidrios con cortinados que ellos abrían o cerraban cuando creían conveniente.
Llevaban el asesoramiento de algunas empresas de la zona que por razones confidenciales no nombraré, solo entre las más importantes una autopartista automotriz, una radiodifusora y un complejo hotelero.
Tenían buenos contactos, banqueros, judiciales, hasta políticos, sabían lo que hacían.
Y ellos poco a poco me fueron soltando la correa y dando más responsabilidades, de simple telefonista y recepcionista pasé a manejar balances, a hacer recorridas bancarias, a mover dinero, deambular por tribunales, pasaba mucho dinero delante de mis ojos, más de lo que a mí me sonaba lógico.
Gustavo Lozano es contado público, llegando a los cincuenta años, gusta de la buena vida, ostenta su coche importado, imponente, lustroso, ese, el de los cuatro círculos, un tipo de poco más un metro ochenta, bien mantenido a base de practicar deportes y gimnasio, de cabello corto, llamativamente canoso por su edad, de sugerente ojos verdes, perfectamente afeitado.
Usa finas ropas, invariablemente traje y pantalón de vestir, costosos perfumes importados, inteligente, rápido, vivo para los negocios, siempre un paso adelante, un ganador por naturaleza, siempre por sobre la media, no era de conformarse, llevaba el liderato en las venas.
María José Gorostiaga, su esposa, es abogada, delgada, alta, tan alta como el, cuando usa tacos hasta lo pasa en altura, hago memoria y creo que jamás la he visto en pantalones, generalmente viste una incontable cantidad de trajes Chanel, exóticos y exclusivos.
De mirada penetrante, ojos negros y cabellos a los hombros, teñidos perfectamente a un negro azabache, envidiablemente brillantes, muy fina y delicada para hablar, aunque lo negara era evidente un lifting en su rostro y sus pechos artificiales, siempre maquillada a la perfección, con las uñas esculpidas pintadas en rojo sangre. Ella tiene un coche japonés de dimensiones modestas, pero no por ello privado de lujos.
O casamento forma um duo impecável, parceiros, num mundo de advogados e contadores, sei que têm um filho que poderia ser meu irmão mais novo, um pirralho mimado que tem tudo na mão, metido a besta na moto de alta cilindrada que dirige de um jeito que o barulho do escapamento faz tremer os vidros do lugar.
Mas bem, vamos focar no último ano…
Como vocês podem imaginar, a convivência diária entre três pessoas começa sendo profissional, mas é inevitável que aos poucos se misturem assuntos pessoais, foi assim que fiquei sabendo das coisas contadas antes e eles também ficaram sabendo da minha vida pessoal.
Ninguém tinha horários fixos, como eu tinha que rodar bancos e clientes, eles também iam e vinham, às vezes eu ficava sozinha, às vezes eles ficavam sozinhos, às vezes eu passava horas com María José e às vezes com Gustavo.
Gustavo era um cara com experiência na vida, e em mulheres, dava pra perceber fácil, e quando estávamos a sós ele não hesitava em tentar se aproximar, modéstia à parte, atraído pela minha beleza e pela minha juventude. Foi ele quem teve a ideia de eu usar um uniforme de trabalho, camisa branca, jaqueta preta e saia justa da mesma cor e uma delicada e feminina echarpe violeta em volta do pescoço. Mas a saia era bem curta e me dava uma bunda muito provocante e sugestiva, não sou boba…
Meu chefe me ‘paquerava’ sempre que podia, se insinuava, e sei que muitas vezes me chamava com qualquer desculpa só pra me ver quando voltava, podia sentir o olhar dele queimando minha bunda.
Era recorrente com um assunto, me perguntava se eu usava lingerie erótica, me dizia que me imaginava de espartilho, meia-calça e cinta-liga branca, e eu ficava vermelha e ria nervosamente desviando o olhar, só dizendo pra ele não encher o saco, e ele sempre rebatia falando da sorte que meu marido tinha.
Falando do meu marido, eu não escondia essas coisas, essas palavras do meu chefe, mas ele nunca dava muita importância. Também Dizia pro Gustavo que me preocupava o que a esposa dele pudesse pensar, mas ele sempre caía na gargalhada e falava pra eu não me preocupar com a advogada…
Aos poucos fui me enrolando igual mosca em teia de aranha, o Marito tava longe tempo demais e a solidão não é boa conselheira, o Gustavo ia corroendo minhas bases aos poucos e de vez em quando me chamava pra tomar um drink, um café, qualquer coisa, principalmente quando a gente visitava algum cliente, ele ficava insistente e cada vez mais difícil dar um não pra ele.
Nisso tudo, não dava pra acreditar na passividade da Maria José, ou ela era cega ou era muito burra. O marido dela me tratava bem demais pra ser só uma funcionária, no dia da secretária ele me deu um buquê de rosas com uma caixa de bombons e, mesmo que o cartão dissesse ‘Maria José e Gustavo’, ele deixou bem claro que era só uma formalidade e o presente era por conta dele.
Tudo desmoronou na última semana, na sexta-feira tava chegando o fim do expediente quando o Gustavo me chamou no chat, ele tava na rua, então imaginei que fosse pelo celular dele.
Nora, preciso te pedir um favor enorme…
Sim, Gustavo, no que posso ajudar? – respondi enquanto relia meus e-mails
Você sabe que a gente tá com o assunto dos franceses, e tô fechando os detalhes – o Gustavo chamava de ‘os franceses’ uns empresários que tavam com uns negócios de gastronomia, aliás, ‘os franceses’ era puro sarcasmo.
Sim, tô por dentro…
Então, hoje à noite tem um jantar, e preciso que você venha…
Hoje à noite? – escrevi meio irritada, odiava quando ele pedia as coisas em cima da hora.
Sim, hoje à noite, é muito importante, desculpa te incomodar, sei que te atrapalho, mas você sabe que a Maria José viajou pra Buenos Aires, e preciso de alguém pra me dar uma força…
Me dá um minuto, daqui a cinco eu te respondo…
Naquela hora não achei nada estranho, mesmo não sendo comum, de vez em quando eles fechavam os negócios num jantar, ou num almoço, num lugar chique, fora do escritório. oficina.
Já conhecia essas paradas e, quando era minha vez de participar, eu era quem anotava os detalhes da conversa. O primeiro problema era minha filha pequena, então liguei pra minha mãe pra ela vir pra casa e cumprir o papel de avó e babá.
Minha mãe já tava acostumada com essas coisas e curtia o papel de avó, então não tive problema em pular esse obstáculo.
Meu chefe é um cara impaciente, e antes de cinco minutos já tava me ligando direto no celular.
— Nora, e aí? Preciso fechar a reserva e outras coisas…
— Calma, Gustavo, as coisas não se resolvem num piscar de olhos — reclamei, levantando a voz, esquecendo com quem tava falando, o que fez ele tirar o pé do acelerador e pensar nos próximos passos.
— Desculpa, tô sob muita pressão…
— Bom, assim tá melhor… não se preocupa, minha mãe vai dormir aqui com a Romi, então vou ter tempo pra você. Isso vai sair caro pra vocês… — sabia que essas reuniões começavam e nunca terminavam, negócios são negócios, e sabia que ia arrancar uns trocados a mais pelos meus serviços.
— Fica tranquila, você vai ser recompensada como sempre… passo na sua casa? Umas nove?
— Não, Gustavo, em casa não, você sabe que me incomoda. Melhor passar no bar da Itália com a Pellegrini, como sempre, que tal? Te espero lá — não achava legal, na ausência do meu marido, um cara com um carrão importado vir me buscar em casa, pela fofoca do bairro e pelas perguntas afiadas da minha mãe, então preferia um ponto neutro.
— Ok, como preferir. Não esquece de levar seu notebook e todos os registros dos franceses…
— Sim, sim… conheço meu trabalho.
— Pronto, qualquer problema a gente se fala.
— Tchau!
— Nora!
— Oi?
— Valeu…
CONTINUA
DULCES.PLACERES@LIVE.COM
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4084661/Mi-amada-esposa---parte-1-de-3-.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4389002/Mi-amada-esposa---parte-2-de-3-.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4436535/Mi-amada-esposa---parte-3-de-3.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4802856/Mi-amada-esposa-parte-4.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4802863/Mi-amada-esposa---parte-5.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4868469/Mi-amada-esposa---parte-6.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4896522/Mi-amada-esposa---parte-7.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4905961/Mi-amada-esposa---parte-8.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4915721/Mi-amada-esposa---parte-9.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4956318/Mi-amada-esposa---parte-10.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4965835/Mi-amada-esposa---parte-11.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4974651/Mi-amada-esposa---parte-12.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4985411/Mi-amada-esposa---parte-13.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4991203/Mi-amada-esposa---parte-14.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/5001091/Mi-amada-esposa---parte-15.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/5030636/Mi-amada-esposa---parte-16.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/5156341/Mi-amada-esposa---parte-17.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/5160465/Mi-amada-esposa---parte-18.html
Como siempre, podes escribirnos a dulces.placeres@live.com, te leemos
Gracias por los puntos y comentarios
MANIPULADOR (PARTE UNO DE OCHO)
Mis padres me criaron bajo los más estrictos preceptos de la religión cristiana, mamé en el seno de mi familia una cultura muy arraigada a la iglesia, todos los fines de semana asistíamos a misa y mi madre incluso fue por bastante tiempo colaboradora en la parroquia y solía ir en la semana alguna que otra vez a rezar el rosario.
Como imaginarán, y como consecuencia lógica, siempre fui una chica muy vergonzosa y timorata a la que le costó engranar en la vida y muchas veces mi inocencia me jugaba en contra.
El punto de quiebre fue a mis dieciocho, cuando quedé embarazada, Mario, o Marito como lo llamaban en casa, era mi noviecito en ese entonces, éramos demasiado jóvenes, inexpertos y con las hormonas fluyendo en nuestras venas, imposible de controlar.
No sabíamos nada, o casi nada, en mi casa jamás me habían hablado de sexo, tema tabú si lo había y otro tanto pasaba en lo de Mario, nos habíamos conocido en los encuentros dominicales de la parroquia.
Fue muy duro enfrentar a nuestras familias, en especial fue una decepción para mi padre quien jamás hubiera imaginado semejante noticia, el soñaba entregar a su hija vestida de blanco en el altar, de blanco impoluto, jamás tocada.
Pero la realidad fue otra y el tiempo curó las heridas, aunque a papá creo que siempre le quedó la espina clavada.
Dos años después papá falleció de un accidente cardiovascular, fue imprevisto, de golpe, lloré mucho, él era muy importante en mi vida, a tal punto que el dolor me llevó a alejarme de Dios, aún hoy no encuentro respuestas y dejé mi fe guardada en el cajón de los recuerdos.
Esa es la arcilla con la que fui moldeada, porque cada uno es una consecuencia de lo que fue, de lo que vivió, de lo que mamó.
Vamos a mi presente cercano, ya tengo veinticinco, vivo con Mario, mi esposo y Romina, mi beba que ya está por cumplir seis añitos, es mi razón de vivir.
Mario ocupa un alto cargo en una empresa de siderurgia, de servicios, no entiendo mucho del tema pero lo cierto es que se la pasa viajando demasiado por todo el país, supervisando montajes y no sé qué cosas más que siempre me cuenta, sus anécdotas son por demás de aburridas, al menos para lo que una mujer como yo pueda interesarle.
En los primeros tiempos mi espacio se llenó con la crianza de Romina, pero desde que había empezado el año inicial del colegio descubrí que tenía demasiado tiempo disponible y poco a poco comencé a sentirme desesperadamente sola e inútil, me di cuenta que me estaba deprimiendo en mi soledad y que si no hacía algo al respecto las cosas no caerían del cielo solo por arte de magia.
Los discutimos con Mario, y con mi madre, y con mis suegros, comencé a buscar un empleo a medio tiempo, si bien mi marido ganaba suficiente para mantenernos, necesitaba sentir que estaba viva, que podía ganar mi propio dinero, necesitaba llenar mi espacio, ser alguien diferente a lo que era.
Así fue que luego de presentar algunos curriculum vitae, luego de tocar algunos contactos y conocidos, luego de algunas entrevistas y esperas, tuve la oportunidad de ingresar al estudio de Lozano-Gorostiaga.
La remuneración no era mucha, no se paga mucho por una simple secretaria, pero no estaba ahí por la paga, al menos no en ese momento, me convenía ingresar a las ocho de la mañana y salir a las doce del mediodía, el horario del colegio de Romina, sabiendo que ante cualquier imprevisto podría contar con la ayuda de mi madre, o de mis suegros.
El estudio jurídico contable no era muy grande, tampoco era chico para tres personas, ellos tenían la mayor porción del lugar y a un lateral estaba mi oficina, separadas por vidrios con cortinados que ellos abrían o cerraban cuando creían conveniente.
Llevaban el asesoramiento de algunas empresas de la zona que por razones confidenciales no nombraré, solo entre las más importantes una autopartista automotriz, una radiodifusora y un complejo hotelero.
Tenían buenos contactos, banqueros, judiciales, hasta políticos, sabían lo que hacían.
Y ellos poco a poco me fueron soltando la correa y dando más responsabilidades, de simple telefonista y recepcionista pasé a manejar balances, a hacer recorridas bancarias, a mover dinero, deambular por tribunales, pasaba mucho dinero delante de mis ojos, más de lo que a mí me sonaba lógico.
Gustavo Lozano es contado público, llegando a los cincuenta años, gusta de la buena vida, ostenta su coche importado, imponente, lustroso, ese, el de los cuatro círculos, un tipo de poco más un metro ochenta, bien mantenido a base de practicar deportes y gimnasio, de cabello corto, llamativamente canoso por su edad, de sugerente ojos verdes, perfectamente afeitado.
Usa finas ropas, invariablemente traje y pantalón de vestir, costosos perfumes importados, inteligente, rápido, vivo para los negocios, siempre un paso adelante, un ganador por naturaleza, siempre por sobre la media, no era de conformarse, llevaba el liderato en las venas.
María José Gorostiaga, su esposa, es abogada, delgada, alta, tan alta como el, cuando usa tacos hasta lo pasa en altura, hago memoria y creo que jamás la he visto en pantalones, generalmente viste una incontable cantidad de trajes Chanel, exóticos y exclusivos.
De mirada penetrante, ojos negros y cabellos a los hombros, teñidos perfectamente a un negro azabache, envidiablemente brillantes, muy fina y delicada para hablar, aunque lo negara era evidente un lifting en su rostro y sus pechos artificiales, siempre maquillada a la perfección, con las uñas esculpidas pintadas en rojo sangre. Ella tiene un coche japonés de dimensiones modestas, pero no por ello privado de lujos.
O casamento forma um duo impecável, parceiros, num mundo de advogados e contadores, sei que têm um filho que poderia ser meu irmão mais novo, um pirralho mimado que tem tudo na mão, metido a besta na moto de alta cilindrada que dirige de um jeito que o barulho do escapamento faz tremer os vidros do lugar.Mas bem, vamos focar no último ano…
Como vocês podem imaginar, a convivência diária entre três pessoas começa sendo profissional, mas é inevitável que aos poucos se misturem assuntos pessoais, foi assim que fiquei sabendo das coisas contadas antes e eles também ficaram sabendo da minha vida pessoal.
Ninguém tinha horários fixos, como eu tinha que rodar bancos e clientes, eles também iam e vinham, às vezes eu ficava sozinha, às vezes eles ficavam sozinhos, às vezes eu passava horas com María José e às vezes com Gustavo.
Gustavo era um cara com experiência na vida, e em mulheres, dava pra perceber fácil, e quando estávamos a sós ele não hesitava em tentar se aproximar, modéstia à parte, atraído pela minha beleza e pela minha juventude. Foi ele quem teve a ideia de eu usar um uniforme de trabalho, camisa branca, jaqueta preta e saia justa da mesma cor e uma delicada e feminina echarpe violeta em volta do pescoço. Mas a saia era bem curta e me dava uma bunda muito provocante e sugestiva, não sou boba…
Meu chefe me ‘paquerava’ sempre que podia, se insinuava, e sei que muitas vezes me chamava com qualquer desculpa só pra me ver quando voltava, podia sentir o olhar dele queimando minha bunda.
Era recorrente com um assunto, me perguntava se eu usava lingerie erótica, me dizia que me imaginava de espartilho, meia-calça e cinta-liga branca, e eu ficava vermelha e ria nervosamente desviando o olhar, só dizendo pra ele não encher o saco, e ele sempre rebatia falando da sorte que meu marido tinha.
Falando do meu marido, eu não escondia essas coisas, essas palavras do meu chefe, mas ele nunca dava muita importância. Também Dizia pro Gustavo que me preocupava o que a esposa dele pudesse pensar, mas ele sempre caía na gargalhada e falava pra eu não me preocupar com a advogada…
Aos poucos fui me enrolando igual mosca em teia de aranha, o Marito tava longe tempo demais e a solidão não é boa conselheira, o Gustavo ia corroendo minhas bases aos poucos e de vez em quando me chamava pra tomar um drink, um café, qualquer coisa, principalmente quando a gente visitava algum cliente, ele ficava insistente e cada vez mais difícil dar um não pra ele.
Nisso tudo, não dava pra acreditar na passividade da Maria José, ou ela era cega ou era muito burra. O marido dela me tratava bem demais pra ser só uma funcionária, no dia da secretária ele me deu um buquê de rosas com uma caixa de bombons e, mesmo que o cartão dissesse ‘Maria José e Gustavo’, ele deixou bem claro que era só uma formalidade e o presente era por conta dele.
Tudo desmoronou na última semana, na sexta-feira tava chegando o fim do expediente quando o Gustavo me chamou no chat, ele tava na rua, então imaginei que fosse pelo celular dele.
Nora, preciso te pedir um favor enorme…
Sim, Gustavo, no que posso ajudar? – respondi enquanto relia meus e-mails
Você sabe que a gente tá com o assunto dos franceses, e tô fechando os detalhes – o Gustavo chamava de ‘os franceses’ uns empresários que tavam com uns negócios de gastronomia, aliás, ‘os franceses’ era puro sarcasmo.
Sim, tô por dentro…
Então, hoje à noite tem um jantar, e preciso que você venha…
Hoje à noite? – escrevi meio irritada, odiava quando ele pedia as coisas em cima da hora.
Sim, hoje à noite, é muito importante, desculpa te incomodar, sei que te atrapalho, mas você sabe que a Maria José viajou pra Buenos Aires, e preciso de alguém pra me dar uma força…
Me dá um minuto, daqui a cinco eu te respondo…
Naquela hora não achei nada estranho, mesmo não sendo comum, de vez em quando eles fechavam os negócios num jantar, ou num almoço, num lugar chique, fora do escritório. oficina.
Já conhecia essas paradas e, quando era minha vez de participar, eu era quem anotava os detalhes da conversa. O primeiro problema era minha filha pequena, então liguei pra minha mãe pra ela vir pra casa e cumprir o papel de avó e babá.
Minha mãe já tava acostumada com essas coisas e curtia o papel de avó, então não tive problema em pular esse obstáculo.
Meu chefe é um cara impaciente, e antes de cinco minutos já tava me ligando direto no celular.
— Nora, e aí? Preciso fechar a reserva e outras coisas…
— Calma, Gustavo, as coisas não se resolvem num piscar de olhos — reclamei, levantando a voz, esquecendo com quem tava falando, o que fez ele tirar o pé do acelerador e pensar nos próximos passos.
— Desculpa, tô sob muita pressão…
— Bom, assim tá melhor… não se preocupa, minha mãe vai dormir aqui com a Romi, então vou ter tempo pra você. Isso vai sair caro pra vocês… — sabia que essas reuniões começavam e nunca terminavam, negócios são negócios, e sabia que ia arrancar uns trocados a mais pelos meus serviços.
— Fica tranquila, você vai ser recompensada como sempre… passo na sua casa? Umas nove?
— Não, Gustavo, em casa não, você sabe que me incomoda. Melhor passar no bar da Itália com a Pellegrini, como sempre, que tal? Te espero lá — não achava legal, na ausência do meu marido, um cara com um carrão importado vir me buscar em casa, pela fofoca do bairro e pelas perguntas afiadas da minha mãe, então preferia um ponto neutro.
— Ok, como preferir. Não esquece de levar seu notebook e todos os registros dos franceses…
— Sim, sim… conheço meu trabalho.
— Pronto, qualquer problema a gente se fala.
— Tchau!
— Nora!
— Oi?
— Valeu…
CONTINUA
DULCES.PLACERES@LIVE.COM
0 comentários - Manipulador - um de oito