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TRES DIAS EN EL PARAISO
Parte 2 de 3
Clara se descalzó dejando de lado sus zapatillas mojadas, nos dio un par de toallas y solo fue a preparar un par de cafés, puso el agua al fuego, y mientras lo hacía solo monologaba a la distancia, sobre que no tenía novio, que no le gustaban los chicos de sus edad, que le parecían tontos, inmaduros, que en cambio, las parejas que visitaban el complejo solían ser interesantes, personas aplomadas, con experiencia, y que siendo franca, sus pocas parejas siempre habían tenido arriba de cuarenta años.
Todo sabía a provocación de sus labios, no podía confesarlo, pero me ardía la concha en ese momento y Arturo no podía dejar de mirarla con deseo
Volvió a nuestro lado con las bebidas humeantes, probamos unos tragos, tratamos de hablar de otros temas, pero ella una y otra vez volvió a ese lado sexual y provocador, sabiendo usar cada palabra y sacando pecho en forma demasiado caliente, hasta que se cansó de rodeos, me miró directo a los ojos y me dijo
Sandra, quiero chuparle la pija a tu marido
Se hizo un silencio, no esperaba esa jugada, por cierto, Arturo tampoco, entonces aceleró a fondo y dijo
No solo eso, quiero que vos me mires como se lo hago, eso me calentaría mucho
Y si antes quedamos mudos, ahora, además, paralizados
Clara dejó el pocillo a un lado, se fue al piso, de rodillas y se dirigió donde él estaba, mi esposo se acarició la barbilla con justificados temores, su mujer de toda la vida estaba presente y por primera vez, un tercero se metería al medio, separando como una daga filosa años y años de una unión perfecta.
Pero mientras él dudaba y yo solo miraba incrédula a corta distancia, Clara ya se había acomodado entre sus piernas y con suma rapidez le soltaba la hebilla del pantalón, habría su cierre y buscaba bajo el slip. Ya estaba, ya tenía su pija entre sus dedos y la acariciaba muy rico, logrando una rápida erección, y un tanto admirada dijo
¡Guau Arturo! que verga hermosa que tenías escondida!
Era cierto, confieso que mi esposo tenía una respetable pija, generosamente grande y era una de las cosas por las cuales me había enamorado de él.
Clara empezó a chupársela muy rico, muy deseable, a corta distancia, sus cachetes se hundían en cada succión controlada, su lengua se deslizaba devorando su glande rosado, su mano derecha lo rodeaba por la base acariciando al mismo tiempo las bolas, todo se hacía muy caliente, yo miraba contagiada, deseosa, me mordía los labios y tenía la boca seca, casi en inconciencia me acariciaba discretamente los pechos por encima de mi ropa.
Cada tanto ella me miraba, sonreía, como diciéndome que estaba ocupando el lugar que naturalmente era mío, y me sabía excitante, caliente, y sentía fuego en mi concha, como si miles de hormigas se estuvieran introduciendo en mi hueco, Arturo jadeaba y le decía que se la estaba chupando rico y sus palabras endulzaban mis oídos.
El disfrutaba, yo disfrutaba, pero ella tenía el control, ella jugaba con ambos al mismo tiempo y llegado el momento me miró como perra y me dijo
Quiero ver tu concha, mostrame como te caliento, quiero ver que te masturbes mientras juego con él
Levanté mi pollera, me saqué la ropa interior, abrí mis piernas lo suficiente para complacerla, llevé mis dedos a mi clítoris y empecé a masajearlo con fuerzas, no sé, me gustaba y entendí que a mi esposo también le gustó
Clara entonces dejó de chupársela, tomó la pija de Arturo y la pasó por debajo del top, entre sus tetas, quedó rodeada y aprisionada, y empezó a fregársela, adelante, atrás, una vez y otra vez, y solo ahora ya me miraba fijamente, tenía toda su atención, y mientras masturbaba a mi esposo veía como yo misma lo hacía con el espectáculo que me regalaba.
Sentía punzar mi conchita, mis pezones, muy rico, morir en deseos, y me sentí venir, ella jugaba a dos puntas con el sexo de mi esposo atrapado entre sus pechos y con su mirada concentrada en mi persona, la vi deslizar una de sus manos por su vientre, por debajo de su amplio jean, para tocarse muy rico, evidentemente ella también se perdía con todo el juego.
El semen de Arturo nos tomaría por sorpresa, empezó a llenarle las tetas y el top de leche, y fue inevitable en ese final de película que yo también tuviera un orgasmo inesperado, enorme, raro, distinto y ella, en un grito contenido fue también por lo suyo.
Después de ese momento se produciría un quiebre, mi esposo y yo estábamos en ebullición, pero Clara, como si fuera algo totalmente natural, se incorporó, se sacó el top dejando sus enormes pechos desnudos, limpiándose su piel embardunada en leche, pasando sus dedos y llevándolos a su boca, para saborearlos como si se tratara de un postre, pero no era en tono de provocar, no, su mente había salido del juego, caminó hacia la ventana para cerciorarse que ya no llovía y nos dijo en forma franca
Chicos, mejor lo dejamos acá, es tarde, mañana tengo un día duro por delante
No entendimos mucho, ella usó un 'chicos' como si tuviésemos la misma edad, y notando que nosotros parecíamos no entender, aseveró
Ustedes están de vacaciones, pero yo tengo muchas obligaciones por delante, y mañana, la alarma del celular sonará muy temprano
Volvimos al coche para retornar a casa, viajamos los cortos cinco minutos que separaban su casa del complejo, solo en silencio, es que ambos nos entendíamos sin hablar, y habíamos pasado límites que jamás habíamos imaginado pasar, la fantasía de estar con otra mujer siempre había sido eso, una fantasía, pero esto, esto era diferente, era real, era tangible, tenía rostro, y se llamaba Clara
Fuimos a la cama, hicimos el amor como adolescentes, es que ella nos había dejado calientes y nos había quitado la respiración, me costó conciliar el sueño, un día habíamos tenido más sexo que en el último año, y no había sido un sexo por rutina, por cumplir, era pasión, era calor y aun sentía en los labios la impronta de los labios de mi marido, porque me había besado como hacía tiempo que no me besaba
El sol colándose por la ventana, me acariciaba el rostro en un nuevo despertar, la tormenta había pasado, había refrescado y ese sábado definitivamente no visitaríamos la piscina del complejo
Fuimos por el desayuno, Clara se cruzaría con nosotros nuevamente, y aunque las cosas entre los tres estaban de cabeza, mantuvimos las distancias como una pareja de vacaciones y una empleada del complejo, solo nos permitimos risas cómplices y palabras disimuladas por lo bajo, Arturo se animó a decirle que quería desayunar 'mermelada sobre sus pechos para lamérselos todos', lo que provocó un pellizco cómplice de mi parte.
Pero lo cierto es que nosotros no habíamos ido a ese sitio a buscar una jovencita para enredarnos en una aventura, sino a reencontrarnos como pareja, así que solo salimos a pasear en el coche, dimos algunas vueltas por el pequeño casco céntrico, vimos vidrieras, caminamos, conocimos la antigua parroquia que se levantaba frente a la plaza central y un museo pequeño que resumía la historia del pueblo.
Fuimos a almorzar a la orilla del río, al otro sitio recomendado, el de los pescados, y fue muy lindo, la música amena se mezclaba con el sonido del agua que corría con velocidad muy cerca nuestro, recordamos historias, momentos, es que ahora ya estábamos más lentos, con más tiempo, bebimos, reímos, comimos un postre y partimos nuevamente, habíamos preguntado en ese lugar y nos habían recomendado otro lugar, un paraje donde alquilaban caballos.
Por la tarde, nos encontraríamos en un sitio quedado en el tiempo, donde, además, había quesos, salames y dulces artesanales, hechos en casa, así que, estando fuera de temporada, fuimos los únicos en andar por ahí.
Se pasaron las horas entre cabalgatas entre cerros, meriendas, caminatas y demás cosas que improvisamos en el lugar
Cuando caía el sol, emprendimos el retorno, trayendo con nosotros un poco de todo, esos quesos, salamines y dulces para llevarle a nuestros hijos al regreso.
Preferimos jantar no complexo, Jorge era o garoto que cobria o refeitório do turno da noite, não tinha muitas opções, mas também não estávamos no modo exigente, só algo pra passar o tempo com uma garrafa gostosa de vinho tinto.
Arturo aproveitou pra bater um papo com o jovem que nos atendia, sobre o lugar, as pessoas, ele era muito de criar intimidade rápido, mas seria só mais um jantar.
Falamos em ir tomar um sorvete, onde Atílio, o encarregado, tinha recomendado na noite anterior.
Nos vestimos normal, como todo mundo, e em dez minutos pedíamos uma taça gelada pra dividir no 'Pinguim', um lugar que, sem querer soar metido, não passaria de um local meia-boca na minha cidade, mas aqui, consideravam de primeira.
Ainda era cedo pra voltar, estávamos cansados pelo dia longo, mas também estávamos de férias, a noite estava perfeita, não tinha vento, o céu estrelado e a temperatura certinha, não fazia frio, não fazia calor, então só decidimos caminhar beirando a margem do rio, pela calçada que dava nos poucos comércios do lugar.
Fomos pra cá, pra lá, cruzamos com um lugar pra tomar uns drinks, a música estava alta, Arturo me convidou pra uma dose, e embora com certeza parecêssemos um pouco fora da idade naquele lugar, tínhamos decidido nos dar todos os prazeres.
Não ficaríamos muito tempo, só uma dose, então chegamos no balcão, pedimos e, bom, voltamos a falar dos mesmos assuntos de sempre, que os filhos, que o trabalho, que os problemas, e tudo ia nessa ordem até que meu marido me indicou que, de lado, num canto meio reservado, Clara estava com algumas garotas da idade dela, coincidência? destino? talvez, numa cidade tão pequena não tinha muitos lugares pra ir e era só o de sempre, todo mundo se conhecia, e todo mundo se encontrava nos mesmos lugares.
Nós nos olhamos, trocamos sinais com gestos e olhares, e ficamos distantes, mas atentos. Por algum motivo, saímos da conversa que tínhamos começado e, sem querer, estávamos falando agora sobre o que vivemos com aquela garota. Naturalmente, o erotismo começou a brotar na nossa pele.
Clara ia jogar mais lenha na fogueira, obviamente só porque estávamos presentes, ela se aproximou da garota à sua direita e começou a beijá-la na boca, bem quente, bem apaixonado, como se só elas duas estivessem ali.
Aquela garota parecia não se importar com o motivo pelo qual estavam se beijando, mas Clara alternava esses beijos com olhares diretos para nós.
Não sei como aquela noite de domingo teria terminado se continuássemos, porque Arturo já tinha se empolgado e queria ir até a mesa onde elas estavam, mas eu o segurei pelo braço. E, na verdade, era nosso tempo de casal, um tempo que devíamos a nós mesmos há muitos anos, e não seria tudo sobre nos esfregar com uma puta que tinha cruzado nosso caminho.
Assim, voltamos para o nosso lugar, deixamos o carro no estacionamento e subimos para o nosso apartamento. Abrimos as cortinas, sem acender as luzes, na penumbra do lugar adivinhávamos nossas formas, invadidos pela luz externa do condomínio. Apenas o vigia noturno vagava entediado de um lado para o outro, tudo era quietude, como um postal congelado no tempo. A água da piscina parecia calma, como um espelho, era muito erótico.
Devagar, deixei minhas roupas caírem em silêncio. Eu tinha me depilado por completo porque sabia que meu marido enlouquecia nessa situação. Ele avançou para me beijar, mas, num jogo de sedução, eu o rejeitei.
Caminhei até o banheiro, onde estava a banheira de hidromassagem, enchi com água morna enquanto ele entrava no jogo, deixando as roupas de lado.
Em minutos, nossos corpos nus se mimavam pele a pele debaixo d'água, os jatos acariciavam o ambiente e a espuma do sabão na superfície. impedia ver por baixo.
Assim nos enchemos de beijos, eu acariciava o pau enorme dele, e de vez em quando meus peitos apareciam na superfície, onde meus mamões marcados e durinhos despertavam os instintos mais baixos dele.
Ele me beijava no pescoço e falava pra eu mesma tocar meus peitos, isso excitava ele pra caralho e, sinceramente, tudo que deixava ele com tesão também me deixava, eu adorava provocar ele.
Arturo então passou uma das pernas dele por baixo das minhas nádegas e me empurrou pra superfície, deixando agora minha buceta depilada exposta. Ele pegou o chuveirinho e levou direto pro meu sexo, os jatos finos de água morna brincavam no meu clitóris, eu gostava, tentei me afundar, não aguentava aquele roçar contínuo, mas ele ainda tinha a perna debaixo de mim e com facilidade me mantinha boiando.
Supliquei pra ele parar, mas meus gemidos abafados me entregavam e eu já tava passando a mão nos meus peitos por puro prazer, mordendo os lábios, e meu marido só acelerava fundo, me mordia de leve o pescoço e os ombros. Senti que ia gozar, aquele desgraçado não ia parar até conseguir o que queria, e na beira do abismo soltei todo o prazer guardado. Aí sim, ele tirou a perna rindo e me deixou afundar de novo minha buceta ainda inchada.
Só consegui conferir o pau dele, tava duro. Fui pra cima, montei nele, enfiei tudo, e coloquei meus peitos na boca dele. Ele chupou com paixão, enquanto eu apertava a cabeça dele contra meu corpo e sentia aquele pau lindo entrando e saindo, tão grande e perfeito como sempre foi.
Tive vários orgasminhos a mais sentindo o pau dele dentro do meu, e só parei quando senti ele explodir dentro de mim. Amava terminar com a buceta cheia de porra dele.
Chegaram os minutos de carinho depois do sexo, era tarde. Saímos, nos secamos e ainda com a pele úmida fomos pra cama. Me virei de lado, senti o Arturo me abraçar por trás e só apaguei.
Um novo dia ia me acordar quase na mesma posição que dormi. Fazia tempo que não descansava tão bem. Respirei fundo, virei um pouco e meu marido tava na mesma situação que eu, meio dormindo, meio acordado. Me notei pelada e lembrei que ele também tava. Levei minha mão até o pau dele e, como toda manhã, tava duro que nem pedra. Comecei a acariciar bem gostoso, não me reconhecia, tava com um apetite sexual insaciável, vivia com a buceta fervendo, e só fui provocando ele.
Ele reagiu, passou os braços por baixo dos meus e começou a acariciar meus peitos, sussurrando no meu ouvido que puta que eu tava sendo. A gente se beijou, ele me virou, levantou minhas pernas e enfiou tudo.
Começou a me comer, forte, mais forte, falando como eu tava gostosa, e isso me deixava louca. Tava molhada, meus bicos marcados, levei minha mão até... meu clitóris, mas o Arturo, abusando da masculinidade dele, me impediu de me tocar, me disse que não, que queria me deixar bem quente, maldito pervertido, eu me sentia ferver e só mordia os lábios, afundada na minha impotência, ele brincava de me estuprar e eu sozinha não aguentava tanta pressão
Senti ele vindo, mas ele saiu de repente e gozou no meu rosto, me mandou abrir a boca, era hora do café da manhã.
Eu obedeci, a glande dele nua estava a uns centímetros dos meus lábios, estiquei a língua para fora só pra acariciar a ponta do pau dele e só esperei
O leite quente dele começou a jorrar e eu senti na minha língua, nos meus lábios, e comecei a engolir devagar, era grosso, gostoso, simplesmente amei
Depois ele se curvou sobre mim e me deu um beijo profundo, ainda tinha um pouco dele na minha boca e não podia ter um final mais perfeito
Pouco depois, descemos para tomar café, o sol brilhava no céu, parecia um dia perfeito, não fosse por um vento persistente e meio frio que atravessava o complexo vindo do rio, batendo nas montanhas do outro lado.
Cumprimentamos a dona Rosa, trocamos umas palavras, e entre outras coisas, ela nos disse, como boa moradora, que aquele vento traria chuva, era típico do lugar.
Sentamos perto da janela que dava para a rua, foi quando a Clara chegou com um bule de café e outro de leite, a cumprimentamos, mas o rosto dela estava cortante, distante, e ela quase se limitou só ao papel de empregada-cliente
O que essa tem? – perguntou meu marido quando ela se retirou
A resposta era óbvia, sou mulher, ela estava com ciúmes, com certeza na noite anterior, no bar, ela tinha outras intenções, talvez um novo menage, mas não tinha espaço na nossa relação
Quando ela voltou minutos depois, e como se nada tivesse acontecido, perguntei que sugestão ela dava para passarmos aquele domingo, já que seria 'nosso último dia' e não tinha mais muitas opções
Clara entendeu que nas minhas palavras o mensagem, não tinha tempo pra histeria, o tempo tava acabando, ele pensou bem e nos deu umas opções pra dar um jeito, mas o que realmente importou na hora foi que ele deixou um papel com o celular dele anotado, enquanto confessava que segunda-feira era o dia de folga dele e que, se a gente quisesse, à noite ele estaria disponível pra se despedir.
CONTINUA
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Clara se descalzó dejando de lado sus zapatillas mojadas, nos dio un par de toallas y solo fue a preparar un par de cafés, puso el agua al fuego, y mientras lo hacía solo monologaba a la distancia, sobre que no tenía novio, que no le gustaban los chicos de sus edad, que le parecían tontos, inmaduros, que en cambio, las parejas que visitaban el complejo solían ser interesantes, personas aplomadas, con experiencia, y que siendo franca, sus pocas parejas siempre habían tenido arriba de cuarenta años.
Todo sabía a provocación de sus labios, no podía confesarlo, pero me ardía la concha en ese momento y Arturo no podía dejar de mirarla con deseo
Volvió a nuestro lado con las bebidas humeantes, probamos unos tragos, tratamos de hablar de otros temas, pero ella una y otra vez volvió a ese lado sexual y provocador, sabiendo usar cada palabra y sacando pecho en forma demasiado caliente, hasta que se cansó de rodeos, me miró directo a los ojos y me dijo
Sandra, quiero chuparle la pija a tu marido
Se hizo un silencio, no esperaba esa jugada, por cierto, Arturo tampoco, entonces aceleró a fondo y dijo
No solo eso, quiero que vos me mires como se lo hago, eso me calentaría mucho
Y si antes quedamos mudos, ahora, además, paralizados
Clara dejó el pocillo a un lado, se fue al piso, de rodillas y se dirigió donde él estaba, mi esposo se acarició la barbilla con justificados temores, su mujer de toda la vida estaba presente y por primera vez, un tercero se metería al medio, separando como una daga filosa años y años de una unión perfecta.
Pero mientras él dudaba y yo solo miraba incrédula a corta distancia, Clara ya se había acomodado entre sus piernas y con suma rapidez le soltaba la hebilla del pantalón, habría su cierre y buscaba bajo el slip. Ya estaba, ya tenía su pija entre sus dedos y la acariciaba muy rico, logrando una rápida erección, y un tanto admirada dijo
¡Guau Arturo! que verga hermosa que tenías escondida!
Era cierto, confieso que mi esposo tenía una respetable pija, generosamente grande y era una de las cosas por las cuales me había enamorado de él.
Clara empezó a chupársela muy rico, muy deseable, a corta distancia, sus cachetes se hundían en cada succión controlada, su lengua se deslizaba devorando su glande rosado, su mano derecha lo rodeaba por la base acariciando al mismo tiempo las bolas, todo se hacía muy caliente, yo miraba contagiada, deseosa, me mordía los labios y tenía la boca seca, casi en inconciencia me acariciaba discretamente los pechos por encima de mi ropa.
Cada tanto ella me miraba, sonreía, como diciéndome que estaba ocupando el lugar que naturalmente era mío, y me sabía excitante, caliente, y sentía fuego en mi concha, como si miles de hormigas se estuvieran introduciendo en mi hueco, Arturo jadeaba y le decía que se la estaba chupando rico y sus palabras endulzaban mis oídos.
El disfrutaba, yo disfrutaba, pero ella tenía el control, ella jugaba con ambos al mismo tiempo y llegado el momento me miró como perra y me dijo
Quiero ver tu concha, mostrame como te caliento, quiero ver que te masturbes mientras juego con él
Levanté mi pollera, me saqué la ropa interior, abrí mis piernas lo suficiente para complacerla, llevé mis dedos a mi clítoris y empecé a masajearlo con fuerzas, no sé, me gustaba y entendí que a mi esposo también le gustó
Clara entonces dejó de chupársela, tomó la pija de Arturo y la pasó por debajo del top, entre sus tetas, quedó rodeada y aprisionada, y empezó a fregársela, adelante, atrás, una vez y otra vez, y solo ahora ya me miraba fijamente, tenía toda su atención, y mientras masturbaba a mi esposo veía como yo misma lo hacía con el espectáculo que me regalaba.
Sentía punzar mi conchita, mis pezones, muy rico, morir en deseos, y me sentí venir, ella jugaba a dos puntas con el sexo de mi esposo atrapado entre sus pechos y con su mirada concentrada en mi persona, la vi deslizar una de sus manos por su vientre, por debajo de su amplio jean, para tocarse muy rico, evidentemente ella también se perdía con todo el juego.
El semen de Arturo nos tomaría por sorpresa, empezó a llenarle las tetas y el top de leche, y fue inevitable en ese final de película que yo también tuviera un orgasmo inesperado, enorme, raro, distinto y ella, en un grito contenido fue también por lo suyo.
Después de ese momento se produciría un quiebre, mi esposo y yo estábamos en ebullición, pero Clara, como si fuera algo totalmente natural, se incorporó, se sacó el top dejando sus enormes pechos desnudos, limpiándose su piel embardunada en leche, pasando sus dedos y llevándolos a su boca, para saborearlos como si se tratara de un postre, pero no era en tono de provocar, no, su mente había salido del juego, caminó hacia la ventana para cerciorarse que ya no llovía y nos dijo en forma franca
Chicos, mejor lo dejamos acá, es tarde, mañana tengo un día duro por delante
No entendimos mucho, ella usó un 'chicos' como si tuviésemos la misma edad, y notando que nosotros parecíamos no entender, aseveró
Ustedes están de vacaciones, pero yo tengo muchas obligaciones por delante, y mañana, la alarma del celular sonará muy temprano
Volvimos al coche para retornar a casa, viajamos los cortos cinco minutos que separaban su casa del complejo, solo en silencio, es que ambos nos entendíamos sin hablar, y habíamos pasado límites que jamás habíamos imaginado pasar, la fantasía de estar con otra mujer siempre había sido eso, una fantasía, pero esto, esto era diferente, era real, era tangible, tenía rostro, y se llamaba Clara
Fuimos a la cama, hicimos el amor como adolescentes, es que ella nos había dejado calientes y nos había quitado la respiración, me costó conciliar el sueño, un día habíamos tenido más sexo que en el último año, y no había sido un sexo por rutina, por cumplir, era pasión, era calor y aun sentía en los labios la impronta de los labios de mi marido, porque me había besado como hacía tiempo que no me besaba
El sol colándose por la ventana, me acariciaba el rostro en un nuevo despertar, la tormenta había pasado, había refrescado y ese sábado definitivamente no visitaríamos la piscina del complejo
Fuimos por el desayuno, Clara se cruzaría con nosotros nuevamente, y aunque las cosas entre los tres estaban de cabeza, mantuvimos las distancias como una pareja de vacaciones y una empleada del complejo, solo nos permitimos risas cómplices y palabras disimuladas por lo bajo, Arturo se animó a decirle que quería desayunar 'mermelada sobre sus pechos para lamérselos todos', lo que provocó un pellizco cómplice de mi parte.
Pero lo cierto es que nosotros no habíamos ido a ese sitio a buscar una jovencita para enredarnos en una aventura, sino a reencontrarnos como pareja, así que solo salimos a pasear en el coche, dimos algunas vueltas por el pequeño casco céntrico, vimos vidrieras, caminamos, conocimos la antigua parroquia que se levantaba frente a la plaza central y un museo pequeño que resumía la historia del pueblo.
Fuimos a almorzar a la orilla del río, al otro sitio recomendado, el de los pescados, y fue muy lindo, la música amena se mezclaba con el sonido del agua que corría con velocidad muy cerca nuestro, recordamos historias, momentos, es que ahora ya estábamos más lentos, con más tiempo, bebimos, reímos, comimos un postre y partimos nuevamente, habíamos preguntado en ese lugar y nos habían recomendado otro lugar, un paraje donde alquilaban caballos.
Por la tarde, nos encontraríamos en un sitio quedado en el tiempo, donde, además, había quesos, salames y dulces artesanales, hechos en casa, así que, estando fuera de temporada, fuimos los únicos en andar por ahí.
Se pasaron las horas entre cabalgatas entre cerros, meriendas, caminatas y demás cosas que improvisamos en el lugar
Cuando caía el sol, emprendimos el retorno, trayendo con nosotros un poco de todo, esos quesos, salamines y dulces para llevarle a nuestros hijos al regreso.
Preferimos jantar no complexo, Jorge era o garoto que cobria o refeitório do turno da noite, não tinha muitas opções, mas também não estávamos no modo exigente, só algo pra passar o tempo com uma garrafa gostosa de vinho tinto.Arturo aproveitou pra bater um papo com o jovem que nos atendia, sobre o lugar, as pessoas, ele era muito de criar intimidade rápido, mas seria só mais um jantar.
Falamos em ir tomar um sorvete, onde Atílio, o encarregado, tinha recomendado na noite anterior.
Nos vestimos normal, como todo mundo, e em dez minutos pedíamos uma taça gelada pra dividir no 'Pinguim', um lugar que, sem querer soar metido, não passaria de um local meia-boca na minha cidade, mas aqui, consideravam de primeira.
Ainda era cedo pra voltar, estávamos cansados pelo dia longo, mas também estávamos de férias, a noite estava perfeita, não tinha vento, o céu estrelado e a temperatura certinha, não fazia frio, não fazia calor, então só decidimos caminhar beirando a margem do rio, pela calçada que dava nos poucos comércios do lugar.
Fomos pra cá, pra lá, cruzamos com um lugar pra tomar uns drinks, a música estava alta, Arturo me convidou pra uma dose, e embora com certeza parecêssemos um pouco fora da idade naquele lugar, tínhamos decidido nos dar todos os prazeres.
Não ficaríamos muito tempo, só uma dose, então chegamos no balcão, pedimos e, bom, voltamos a falar dos mesmos assuntos de sempre, que os filhos, que o trabalho, que os problemas, e tudo ia nessa ordem até que meu marido me indicou que, de lado, num canto meio reservado, Clara estava com algumas garotas da idade dela, coincidência? destino? talvez, numa cidade tão pequena não tinha muitos lugares pra ir e era só o de sempre, todo mundo se conhecia, e todo mundo se encontrava nos mesmos lugares.
Nós nos olhamos, trocamos sinais com gestos e olhares, e ficamos distantes, mas atentos. Por algum motivo, saímos da conversa que tínhamos começado e, sem querer, estávamos falando agora sobre o que vivemos com aquela garota. Naturalmente, o erotismo começou a brotar na nossa pele.Clara ia jogar mais lenha na fogueira, obviamente só porque estávamos presentes, ela se aproximou da garota à sua direita e começou a beijá-la na boca, bem quente, bem apaixonado, como se só elas duas estivessem ali.
Aquela garota parecia não se importar com o motivo pelo qual estavam se beijando, mas Clara alternava esses beijos com olhares diretos para nós.
Não sei como aquela noite de domingo teria terminado se continuássemos, porque Arturo já tinha se empolgado e queria ir até a mesa onde elas estavam, mas eu o segurei pelo braço. E, na verdade, era nosso tempo de casal, um tempo que devíamos a nós mesmos há muitos anos, e não seria tudo sobre nos esfregar com uma puta que tinha cruzado nosso caminho.
Assim, voltamos para o nosso lugar, deixamos o carro no estacionamento e subimos para o nosso apartamento. Abrimos as cortinas, sem acender as luzes, na penumbra do lugar adivinhávamos nossas formas, invadidos pela luz externa do condomínio. Apenas o vigia noturno vagava entediado de um lado para o outro, tudo era quietude, como um postal congelado no tempo. A água da piscina parecia calma, como um espelho, era muito erótico.
Devagar, deixei minhas roupas caírem em silêncio. Eu tinha me depilado por completo porque sabia que meu marido enlouquecia nessa situação. Ele avançou para me beijar, mas, num jogo de sedução, eu o rejeitei.
Caminhei até o banheiro, onde estava a banheira de hidromassagem, enchi com água morna enquanto ele entrava no jogo, deixando as roupas de lado.
Em minutos, nossos corpos nus se mimavam pele a pele debaixo d'água, os jatos acariciavam o ambiente e a espuma do sabão na superfície. impedia ver por baixo.
Assim nos enchemos de beijos, eu acariciava o pau enorme dele, e de vez em quando meus peitos apareciam na superfície, onde meus mamões marcados e durinhos despertavam os instintos mais baixos dele.
Ele me beijava no pescoço e falava pra eu mesma tocar meus peitos, isso excitava ele pra caralho e, sinceramente, tudo que deixava ele com tesão também me deixava, eu adorava provocar ele.
Arturo então passou uma das pernas dele por baixo das minhas nádegas e me empurrou pra superfície, deixando agora minha buceta depilada exposta. Ele pegou o chuveirinho e levou direto pro meu sexo, os jatos finos de água morna brincavam no meu clitóris, eu gostava, tentei me afundar, não aguentava aquele roçar contínuo, mas ele ainda tinha a perna debaixo de mim e com facilidade me mantinha boiando.
Supliquei pra ele parar, mas meus gemidos abafados me entregavam e eu já tava passando a mão nos meus peitos por puro prazer, mordendo os lábios, e meu marido só acelerava fundo, me mordia de leve o pescoço e os ombros. Senti que ia gozar, aquele desgraçado não ia parar até conseguir o que queria, e na beira do abismo soltei todo o prazer guardado. Aí sim, ele tirou a perna rindo e me deixou afundar de novo minha buceta ainda inchada.Só consegui conferir o pau dele, tava duro. Fui pra cima, montei nele, enfiei tudo, e coloquei meus peitos na boca dele. Ele chupou com paixão, enquanto eu apertava a cabeça dele contra meu corpo e sentia aquele pau lindo entrando e saindo, tão grande e perfeito como sempre foi.
Tive vários orgasminhos a mais sentindo o pau dele dentro do meu, e só parei quando senti ele explodir dentro de mim. Amava terminar com a buceta cheia de porra dele.
Chegaram os minutos de carinho depois do sexo, era tarde. Saímos, nos secamos e ainda com a pele úmida fomos pra cama. Me virei de lado, senti o Arturo me abraçar por trás e só apaguei.
Um novo dia ia me acordar quase na mesma posição que dormi. Fazia tempo que não descansava tão bem. Respirei fundo, virei um pouco e meu marido tava na mesma situação que eu, meio dormindo, meio acordado. Me notei pelada e lembrei que ele também tava. Levei minha mão até o pau dele e, como toda manhã, tava duro que nem pedra. Comecei a acariciar bem gostoso, não me reconhecia, tava com um apetite sexual insaciável, vivia com a buceta fervendo, e só fui provocando ele.
Ele reagiu, passou os braços por baixo dos meus e começou a acariciar meus peitos, sussurrando no meu ouvido que puta que eu tava sendo. A gente se beijou, ele me virou, levantou minhas pernas e enfiou tudo.
Começou a me comer, forte, mais forte, falando como eu tava gostosa, e isso me deixava louca. Tava molhada, meus bicos marcados, levei minha mão até... meu clitóris, mas o Arturo, abusando da masculinidade dele, me impediu de me tocar, me disse que não, que queria me deixar bem quente, maldito pervertido, eu me sentia ferver e só mordia os lábios, afundada na minha impotência, ele brincava de me estuprar e eu sozinha não aguentava tanta pressão
Senti ele vindo, mas ele saiu de repente e gozou no meu rosto, me mandou abrir a boca, era hora do café da manhã.
Eu obedeci, a glande dele nua estava a uns centímetros dos meus lábios, estiquei a língua para fora só pra acariciar a ponta do pau dele e só esperei
O leite quente dele começou a jorrar e eu senti na minha língua, nos meus lábios, e comecei a engolir devagar, era grosso, gostoso, simplesmente amei
Depois ele se curvou sobre mim e me deu um beijo profundo, ainda tinha um pouco dele na minha boca e não podia ter um final mais perfeito
Pouco depois, descemos para tomar café, o sol brilhava no céu, parecia um dia perfeito, não fosse por um vento persistente e meio frio que atravessava o complexo vindo do rio, batendo nas montanhas do outro lado.
Cumprimentamos a dona Rosa, trocamos umas palavras, e entre outras coisas, ela nos disse, como boa moradora, que aquele vento traria chuva, era típico do lugar.
Sentamos perto da janela que dava para a rua, foi quando a Clara chegou com um bule de café e outro de leite, a cumprimentamos, mas o rosto dela estava cortante, distante, e ela quase se limitou só ao papel de empregada-cliente
O que essa tem? – perguntou meu marido quando ela se retirou
A resposta era óbvia, sou mulher, ela estava com ciúmes, com certeza na noite anterior, no bar, ela tinha outras intenções, talvez um novo menage, mas não tinha espaço na nossa relação
Quando ela voltou minutos depois, e como se nada tivesse acontecido, perguntei que sugestão ela dava para passarmos aquele domingo, já que seria 'nosso último dia' e não tinha mais muitas opções
Clara entendeu que nas minhas palavras o mensagem, não tinha tempo pra histeria, o tempo tava acabando, ele pensou bem e nos deu umas opções pra dar um jeito, mas o que realmente importou na hora foi que ele deixou um papel com o celular dele anotado, enquanto confessava que segunda-feira era o dia de folga dele e que, se a gente quisesse, à noite ele estaria disponível pra se despedir.
CONTINUA
Se você gostou da história, pode me escrever com o título ‘TRÊS DIAS NO PARAÍSO’ para dulces.placeres@live.com
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