Primero, todas las entregas de los mejores post
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4084661/Mi-amada-esposa---parte-1-de-3-.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4389002/Mi-amada-esposa---parte-2-de-3-.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4436535/Mi-amada-esposa---parte-3-de-3.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4802856/Mi-amada-esposa-parte-4.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4802863/Mi-amada-esposa---parte-5.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4868469/Mi-amada-esposa---parte-6.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4896522/Mi-amada-esposa---parte-7.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4905961/Mi-amada-esposa---parte-8.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4915721/Mi-amada-esposa---parte-9.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4956318/Mi-amada-esposa---parte-10.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4965835/Mi-amada-esposa---parte-11.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4974651/Mi-amada-esposa---parte-12.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4985411/Mi-amada-esposa---parte-13.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4991203/Mi-amada-esposa---parte-14.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/5001091/Mi-amada-esposa---parte-15.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/5030636/Mi-amada-esposa---parte-16.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/5156341/Mi-amada-esposa---parte-17.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/5160465/Mi-amada-esposa---parte-18.html
Como siempre, podes escribirnos a dulces.placeres@live.com, te leemos
Gracias por los puntos y comentarios
LOS SECRETOS DE ROSA
1 DE 3
Tiempo atrás, mi esposo y yo habíamos decidimos mudarnos de barrio, ya teníamos dos críos y estaba embarazada nuevamente. El departamento de nuestros primeros años nos quedaba demasiado pequeño, así que nos contactamos con varias inmobiliarias y nos pusimos en campaña para venderlo y crédito bancario mediante, acceder a algo más grande, con tres dormitorios.
Después de idas y venidas terminamos en una propiedad en dos plantas, un tanto alejada del centro comercial, no era lo ideal, pero era lo que podíamos pagar, hicimos la mudanza y nos empezamos a familiarizar con el entorno. Había que acomodar cosas, limpiar, hacer algunas reparaciones menores, nada de otro mundo, cosas que ya habíamos observado cuando estábamos eligiendo opciones.
Así una mañana terminé en un pequeño altillo que parecía abandonado a su suerte, fui con la idea de ‘darlo vueltas’, estaba lleno de tierra y cubierto por polvillo de años de abandono, era ese sitio donde se guardan todas las porquerías que no tienen lugar, esas que se guardan por si alguna vez hicieran falta, pero que en verdad, mueren en el olvido.
Entre tantas cosas había una vieja estantería con algunas revistas añejas por el tiempo, incluso se mostraban mordisqueadas por las ratas, así que mandé todo directo a la basura, sin embargo, al fondo había un cuaderno que llamó mi atención, tal vez por parecer preservado por algún motivo que nunca sabré en un celofán transparente, lo observé con cuidado, me senté en canastita y lo saqué del envoltorio.
Las hojas eran viejas y amarillentas, estaban escritas a mano, en letra cursiva, una letra muy prolija, le pegué una hojeada rápida, solo era una historia, no tenía firma, ni dedicatorias, no supe si era un diario íntimo de alguien, o una historia de fantasías, ó tal vez un relato real, solo parecía un pedazo de historia en un rincón de la nada, volví a meterlo en el celofán con sumo cuidado centrando mi vista en el título subrayado, LA VIDA DE ROSA, fui a mi cuarto y lo dejé en el cajón de mi mesa de luz, para cuando tuviese la oportunidad de leerlo.
Mis ocupaciones del día a día, entre ama de casa, atender a los niños, a mi esposo y cuidar de mi embarazo me llevaron prontamente a olvidar ese escrito, no me alcanzaban las horas del día para tener margen para leer, además, por obvias razones necesitaba, descansar más de la costumbre.
Tres meses después, estaba a treinta días de la fecha de parto, mi panza había crecido como nunca y me preparaba para la llegada de nuestro tercer hijo. Fue entonces cuando comencé con ciclos de contracciones que estaban fuera de lugar, esto nos alertó sobremanera, y nuestro obstetra nos indicó que tendría que hacer reposo absoluto hasta llegar a la fecha de parto, nada de locuras. Así que me tuve que atar a la cama, mi esposo se vio sobrecargado en sus tareas y tuvimos que apoyarnos en mi mamá y en mi suegra para poder acomodarnos ese último mes.
Y ahí estaba, aburrida de ver tv, o de perder tiempo con la notebook, con una oreja en lo que hacía yo y la otra atendiendo a los ortos ambientes, tratando de captar todo lo que hacían los peques.
No recuerdo el motivo, pero por algo abrí el cajón de mi mesa de luz, y me encontré nuevamente con esa historia, esas hojas que habían despertado mi curiosidad, ya ahora si, tenía el tiempo para leerlas...
LOS SECRETOS DE ROSA
Rosa era joven muy atractiva, con dulces veinte años, descendiente de alemanes, rubia, de ojos celestes, de contextura física llamativa, de curvas pronunciadas, cercanas a la perfección, alta, espigada, con una sonrisa compradora y una femineidad que brotaba por sus poros. Una chica muy hábil, bien educada en una familia tradicional de clase media.
Ella no destacaba en inteligencia, años tras años tuvo serios problemas en sus estudios primarios y secundarios, incluso repitió el tercer año, y la escuela fue la tortura en su infancia y adolescencia. Su padre fue siempre consiente de esta situación, no podía pedirle a Rosa más de lo que Rosa podía ofrecer, así que movió sus contactos para que conseguirle un empleo decoroso, ya que si no era por influencias, su hija nunca hubiera cuadrado en un empleo decente.
Y ella se sintió muy a gusto con su puesto de secretaria en el banco de la provincia, había muy buen ambiente y por primera vez tenía una remuneración y contaba sus propios billetes, algo impensado poco tiempo atrás.
Benito Rodriguez, era su superior inmediato, un tipo tirando a solterón de unos treinta años quien cayó rendido sin remedio ante la juventud y la belleza de su nueva empleada, y se transformó en su confidente, consejero, asesor y todo lo que ella necesitara, Benito se enamoró perdidamente de la joven, en amor platónico y puro, esos amores incondicionales de películas, tontamente perdido por ella.
Solo había un inconveniente, ella estaba enamorada de otro hombre, de su amor de la adolescencia, un compañero de estudios de cursos superiores. Rosa no era inteligente, pero tampoco era tonta, ella era consciente de la situación de su jefe, y se sentía bien a su lado, pero no lo amaba, pero lo dejó creer que tendría posibilidades, que tal vez un día, jugó al gato y al ratón, y abusó de la situación y llevó agua para su molino cada vez que pudo y necesitó hacerlo.
Poco tiempo después esa historia llegaría a su fin, el novio de Rosa se había recibido y le habían ofrecido un puesto jerárquico en una importante empresa con un sueldo imposible de rechazar, el único inconveniente era que debían mudarse a otra provincia, a uno ochocientos kilómetros de distancia. La solución? se casaron, se mudaron y empezaron una nueva vida, dejando atrás su pueblo, su familia, su trabajo en el banco y a Benito Rodriguez, un hombre demasiado noble para ser real.
Pasaron doce años, doce largos años, Rosa fue madre de una niña, y vivió una vida llena de abundancias, su esposo ganaba más dinero del que ella pudiera gastar, solo se dedicó a vivir la vida, a ser una holgazana que vivía del gimnasio al paseo de compras, ya que tenía un par de empleadas domésticas que hacía todos los quehaceres, sin dudas, una mujer afortunada.
Todo cambió en un abrir y cerrar de ojos, su esposo sufría del corazón, pero nada hacía prever que esa tarde no regresaría a casa, había sufrido un paro cardíaco agudo y si bien pudieron reanimarlo, cuando ella llegó al sanatorio ya había fallecido.
El mundo pareció volverse en contra de Rosa, ella que todo lo tenía a sus pies, de pronto debía hacerse cargo de la situación, tomar el timón del barco y sintió el peso de la vida sobre sus hombros. Lloraba todas las noches, cada noche en soledad por su amor perdido, pero de día debía pintar una sonrisa en su rostro para explicarle a su hija de diez años lo inexplicable, que por más que esperara papá ya no regresaría. Y no solo eso, él le había dejado demasiado dinero en el banco, pero la usina generadora del mismo se había detenido, y ella era consciente que, en su torpeza, no tardaría mucho en agotar las arcas, así que se deshizo de las empleadas y en poco tiempo pasó de ser princesa a ser Cenicienta.
Pero ella se había acostumbrado a la buena vida, y cuando uno se acostumbra, es difícil bajar los escalones, necesitaba reacomodar su vida, nuevos aires, recordó a su familia, a su ciudad, su trabajo en el banco y el rostro de Benito Rodriguez se dibujó en su loca cabecita.
Que sería de la vida de ese hombre? siempre había sido tan amable con ella, así que no lo dudó, tomó lápiz y papel y escribió una larga carta, la ensobró bien y puso la puso a su nombre, remitida al banco donde trabajaba. Se dirigió al correo, pero antes de enviarla llamó a su madre, y entre algunas cosas le preguntó que sabía de la vida de ese hombre, ella le confió que jamás había formado una familia y que aun trabajaba en el mismo lugar, solo que ahora era gerente. Rosa sintió un alivio al escuchar esas palabras, sin dudas Benito parecía ser un buen salvavidas al que asirse ante su inminente e irremediable naufragio, solo restaba saber si él respondería.
Esperó una semana, y la ansiedad empezó a ganarle la pulseada, no tenía agallas para llamarlo directamente, hubiera sonado demasiado interesada y la carta que le había enviado había sido en tono de amistad, como recordando el pasado, pero no tenía tiempo para regalar, cada día pasaba temprano por el correo para ver si había algo para ella, no podía aguardar al reparto oficial del cartero, pero cada día volvía cabizbaja a su hogar. Pasado un mes su espera dió resultado, la respuesta de Benito Rodriguez había llegado, no pudo esperar para llegar a casa, solo se sentó en la sala de espera del correo y abrió con desesperación el sobre, devorando cada letra que su antiguo jefe había escrito.
Evidentemente era un hombre demasiado bueno para ella, le confiaba a corazón abierto que seguía soltero, ya sin esperanzas, él solo se había enamorado de una mujer en su vida, pero sabía que nunca había tenido oportunidad con ella, que ella amaba a otro, y a pesar de todo, cada noche, antes de cerrar los ojos rezaba por ella. Las cosas estaban más que obvias, el no daba el nombre de esa mujer, pero no era necesario.
Rosa viu uma nova oportunidade, colocou a casa à venda e começou um diálogo por cartas com Benito, foi envolvendo lentamente a filha no jogo, pra que nada pegasse ela de surpresa, ela já conseguia entender que o pai não estava mais ali, e que a mãe era jovem e podia se apaixonar de novo, ter outra chance.
Pouco tempo depois, eles se reencontraram na cidade onde tudo tinha começado, ela aproveitou a chance de voltar a ter dinheiro fácil, de ter de novo a vida que gostava de levar, ele aproveitou a chance de dividir a vida com a mulher que tirava o sono dele, e não terminar como um solteirão amargurado, sozinho, e sem ninguém pra lembrar dele. O triste da situação foi que, mesmo jurando amor eterno, os dois, no fundo, sabiam os motivos pelos quais estariam juntos, porque ela nunca amaria ele como um homem merece ser amado.
Apesar de tudo, o novo casamento deu certo, e eles se acostumaram com a ideia, e por que não dizer, foram felizes, ela rodeada da opulência que o gerente do banco dava, e ele tendo ao lado uma mulher gostosa e muito mais nova que ele.
Mas nada é definitivo na vida, e o tempo muda as coisas...
Passaram-se mais de dez anos, Mabel, a filhinha da Rosa, virou mulher, e Rosa sentiu na pele o que ela tinha feito a mãe sentir anos atrás, Mabel tinha estudado turismo, e começou a viajar o mundo, até que o destino a levou pra Itália, onde conheceu um francês, e por essas coisas da vida, ficou com ele no velho continente.
Benito e Rosa ficaram sozinhos, sozinhos demais, e ela percebeu que as coisas já não eram como antes, Benito tava ficando velho, chegando perto dos sessenta, e parecia cada vez mais metido nos negócios do banco, deixando de dar a atenção que ela precisava, e não é que ele não amava ela, pelo contrário, tava perdido nos braços daquela mulher, era só isso, ele tava envelhecendo...
Ela ainda queria aproveitar a vida, ainda queria se divertir, e as coisas começaram a fazer barulho pra ela, ela se sentiu um pouco sozinha, não sabia como ocupar as horas do dia, cada vez ficava mais entediada naquela vida sem emoções.
O marido dela então sugeriu que ela saísse de novo com as amigas antigas, com as amigas da juventude que ainda se reuniam de vez em quando, só saíam de vez em quando, pra jantar, pra passar um tempinho de mulher, e ela topou a proposta do marido.
Mesmo tendo passado dos quarenta, Rosa era uma mulher particularmente gostosa, talvez por uma silhueta privilegiada, talvez pelo jeito de se vestir, no ponto certo entre o formal e o erótico, talvez pelo jeito de falar, de andar, de olhar, sei lá, ela raramente passava despercebida e parecia ser o prêmio máximo entre todas as mulheres. E assim ela começou a curtir, e essas reuniões noturnas viraram o centro da vida dela, ela só esperava aquele dia de novo e de novo, tinha virado o motorzinho da vida dela.
Uma noite como qualquer outra, enquanto jantavam, chamaram a atenção dela que um jovem não tirava os olhos dela, ela já tinha notado, só que se fazia de sonsa, não tava nos planos dela fazer nada de errado, então só ignorava. Mal olhava pra ele de vez em quando, de soslaio, discreta, percebeu que ele era atraente, moreno, cabelo engomado, bem vestido, elegante, então preferiu descartar de cara e continuar conversando com as amigas da mesa, não fosse o diabo querer meter a buceta.
Ela sentiu um arrepio na espinha quando aquele rapaz caminhou até a mesa, direto pra onde elas estavam, e educadamente a convidou pra dançar, um silêncio chamativo se fez, todo mundo esperando a resposta dela, mas Rosa agradeceu o elogio, não tava disposta a entrar num caminho perigoso, então o jovem, que se apresentou como Ezequiel, se retirou com um sorriso amargo nos lábios. Pela primeira vez, ela quis que a reunião acabasse, se sentiu perturbada, duvidou de si mesma, e aquele rapaz continuava rondando, feito um... corvo que espera pacientemente pra devorar sua presa moribunda.
CONTINUA
Se você curtiu essa história, pode me escrever com o título ‘OS SEGREDOS DE ROSA’ pra dulces.placeres@live.com
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4084661/Mi-amada-esposa---parte-1-de-3-.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4389002/Mi-amada-esposa---parte-2-de-3-.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4436535/Mi-amada-esposa---parte-3-de-3.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4802856/Mi-amada-esposa-parte-4.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4802863/Mi-amada-esposa---parte-5.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4868469/Mi-amada-esposa---parte-6.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4896522/Mi-amada-esposa---parte-7.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4905961/Mi-amada-esposa---parte-8.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4915721/Mi-amada-esposa---parte-9.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4956318/Mi-amada-esposa---parte-10.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4965835/Mi-amada-esposa---parte-11.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4974651/Mi-amada-esposa---parte-12.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4985411/Mi-amada-esposa---parte-13.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4991203/Mi-amada-esposa---parte-14.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/5001091/Mi-amada-esposa---parte-15.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/5030636/Mi-amada-esposa---parte-16.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/5156341/Mi-amada-esposa---parte-17.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/5160465/Mi-amada-esposa---parte-18.html
Como siempre, podes escribirnos a dulces.placeres@live.com, te leemos
Gracias por los puntos y comentarios
LOS SECRETOS DE ROSA
1 DE 3
Tiempo atrás, mi esposo y yo habíamos decidimos mudarnos de barrio, ya teníamos dos críos y estaba embarazada nuevamente. El departamento de nuestros primeros años nos quedaba demasiado pequeño, así que nos contactamos con varias inmobiliarias y nos pusimos en campaña para venderlo y crédito bancario mediante, acceder a algo más grande, con tres dormitorios.
Después de idas y venidas terminamos en una propiedad en dos plantas, un tanto alejada del centro comercial, no era lo ideal, pero era lo que podíamos pagar, hicimos la mudanza y nos empezamos a familiarizar con el entorno. Había que acomodar cosas, limpiar, hacer algunas reparaciones menores, nada de otro mundo, cosas que ya habíamos observado cuando estábamos eligiendo opciones.
Así una mañana terminé en un pequeño altillo que parecía abandonado a su suerte, fui con la idea de ‘darlo vueltas’, estaba lleno de tierra y cubierto por polvillo de años de abandono, era ese sitio donde se guardan todas las porquerías que no tienen lugar, esas que se guardan por si alguna vez hicieran falta, pero que en verdad, mueren en el olvido.
Entre tantas cosas había una vieja estantería con algunas revistas añejas por el tiempo, incluso se mostraban mordisqueadas por las ratas, así que mandé todo directo a la basura, sin embargo, al fondo había un cuaderno que llamó mi atención, tal vez por parecer preservado por algún motivo que nunca sabré en un celofán transparente, lo observé con cuidado, me senté en canastita y lo saqué del envoltorio.
Las hojas eran viejas y amarillentas, estaban escritas a mano, en letra cursiva, una letra muy prolija, le pegué una hojeada rápida, solo era una historia, no tenía firma, ni dedicatorias, no supe si era un diario íntimo de alguien, o una historia de fantasías, ó tal vez un relato real, solo parecía un pedazo de historia en un rincón de la nada, volví a meterlo en el celofán con sumo cuidado centrando mi vista en el título subrayado, LA VIDA DE ROSA, fui a mi cuarto y lo dejé en el cajón de mi mesa de luz, para cuando tuviese la oportunidad de leerlo.
Mis ocupaciones del día a día, entre ama de casa, atender a los niños, a mi esposo y cuidar de mi embarazo me llevaron prontamente a olvidar ese escrito, no me alcanzaban las horas del día para tener margen para leer, además, por obvias razones necesitaba, descansar más de la costumbre.
Tres meses después, estaba a treinta días de la fecha de parto, mi panza había crecido como nunca y me preparaba para la llegada de nuestro tercer hijo. Fue entonces cuando comencé con ciclos de contracciones que estaban fuera de lugar, esto nos alertó sobremanera, y nuestro obstetra nos indicó que tendría que hacer reposo absoluto hasta llegar a la fecha de parto, nada de locuras. Así que me tuve que atar a la cama, mi esposo se vio sobrecargado en sus tareas y tuvimos que apoyarnos en mi mamá y en mi suegra para poder acomodarnos ese último mes.
Y ahí estaba, aburrida de ver tv, o de perder tiempo con la notebook, con una oreja en lo que hacía yo y la otra atendiendo a los ortos ambientes, tratando de captar todo lo que hacían los peques.
No recuerdo el motivo, pero por algo abrí el cajón de mi mesa de luz, y me encontré nuevamente con esa historia, esas hojas que habían despertado mi curiosidad, ya ahora si, tenía el tiempo para leerlas...
LOS SECRETOS DE ROSA
Rosa era joven muy atractiva, con dulces veinte años, descendiente de alemanes, rubia, de ojos celestes, de contextura física llamativa, de curvas pronunciadas, cercanas a la perfección, alta, espigada, con una sonrisa compradora y una femineidad que brotaba por sus poros. Una chica muy hábil, bien educada en una familia tradicional de clase media.
Ella no destacaba en inteligencia, años tras años tuvo serios problemas en sus estudios primarios y secundarios, incluso repitió el tercer año, y la escuela fue la tortura en su infancia y adolescencia. Su padre fue siempre consiente de esta situación, no podía pedirle a Rosa más de lo que Rosa podía ofrecer, así que movió sus contactos para que conseguirle un empleo decoroso, ya que si no era por influencias, su hija nunca hubiera cuadrado en un empleo decente.
Y ella se sintió muy a gusto con su puesto de secretaria en el banco de la provincia, había muy buen ambiente y por primera vez tenía una remuneración y contaba sus propios billetes, algo impensado poco tiempo atrás.
Benito Rodriguez, era su superior inmediato, un tipo tirando a solterón de unos treinta años quien cayó rendido sin remedio ante la juventud y la belleza de su nueva empleada, y se transformó en su confidente, consejero, asesor y todo lo que ella necesitara, Benito se enamoró perdidamente de la joven, en amor platónico y puro, esos amores incondicionales de películas, tontamente perdido por ella.
Solo había un inconveniente, ella estaba enamorada de otro hombre, de su amor de la adolescencia, un compañero de estudios de cursos superiores. Rosa no era inteligente, pero tampoco era tonta, ella era consciente de la situación de su jefe, y se sentía bien a su lado, pero no lo amaba, pero lo dejó creer que tendría posibilidades, que tal vez un día, jugó al gato y al ratón, y abusó de la situación y llevó agua para su molino cada vez que pudo y necesitó hacerlo.
Poco tiempo después esa historia llegaría a su fin, el novio de Rosa se había recibido y le habían ofrecido un puesto jerárquico en una importante empresa con un sueldo imposible de rechazar, el único inconveniente era que debían mudarse a otra provincia, a uno ochocientos kilómetros de distancia. La solución? se casaron, se mudaron y empezaron una nueva vida, dejando atrás su pueblo, su familia, su trabajo en el banco y a Benito Rodriguez, un hombre demasiado noble para ser real.
Pasaron doce años, doce largos años, Rosa fue madre de una niña, y vivió una vida llena de abundancias, su esposo ganaba más dinero del que ella pudiera gastar, solo se dedicó a vivir la vida, a ser una holgazana que vivía del gimnasio al paseo de compras, ya que tenía un par de empleadas domésticas que hacía todos los quehaceres, sin dudas, una mujer afortunada.
Todo cambió en un abrir y cerrar de ojos, su esposo sufría del corazón, pero nada hacía prever que esa tarde no regresaría a casa, había sufrido un paro cardíaco agudo y si bien pudieron reanimarlo, cuando ella llegó al sanatorio ya había fallecido.
El mundo pareció volverse en contra de Rosa, ella que todo lo tenía a sus pies, de pronto debía hacerse cargo de la situación, tomar el timón del barco y sintió el peso de la vida sobre sus hombros. Lloraba todas las noches, cada noche en soledad por su amor perdido, pero de día debía pintar una sonrisa en su rostro para explicarle a su hija de diez años lo inexplicable, que por más que esperara papá ya no regresaría. Y no solo eso, él le había dejado demasiado dinero en el banco, pero la usina generadora del mismo se había detenido, y ella era consciente que, en su torpeza, no tardaría mucho en agotar las arcas, así que se deshizo de las empleadas y en poco tiempo pasó de ser princesa a ser Cenicienta.
Pero ella se había acostumbrado a la buena vida, y cuando uno se acostumbra, es difícil bajar los escalones, necesitaba reacomodar su vida, nuevos aires, recordó a su familia, a su ciudad, su trabajo en el banco y el rostro de Benito Rodriguez se dibujó en su loca cabecita.
Que sería de la vida de ese hombre? siempre había sido tan amable con ella, así que no lo dudó, tomó lápiz y papel y escribió una larga carta, la ensobró bien y puso la puso a su nombre, remitida al banco donde trabajaba. Se dirigió al correo, pero antes de enviarla llamó a su madre, y entre algunas cosas le preguntó que sabía de la vida de ese hombre, ella le confió que jamás había formado una familia y que aun trabajaba en el mismo lugar, solo que ahora era gerente. Rosa sintió un alivio al escuchar esas palabras, sin dudas Benito parecía ser un buen salvavidas al que asirse ante su inminente e irremediable naufragio, solo restaba saber si él respondería.
Esperó una semana, y la ansiedad empezó a ganarle la pulseada, no tenía agallas para llamarlo directamente, hubiera sonado demasiado interesada y la carta que le había enviado había sido en tono de amistad, como recordando el pasado, pero no tenía tiempo para regalar, cada día pasaba temprano por el correo para ver si había algo para ella, no podía aguardar al reparto oficial del cartero, pero cada día volvía cabizbaja a su hogar. Pasado un mes su espera dió resultado, la respuesta de Benito Rodriguez había llegado, no pudo esperar para llegar a casa, solo se sentó en la sala de espera del correo y abrió con desesperación el sobre, devorando cada letra que su antiguo jefe había escrito.
Evidentemente era un hombre demasiado bueno para ella, le confiaba a corazón abierto que seguía soltero, ya sin esperanzas, él solo se había enamorado de una mujer en su vida, pero sabía que nunca había tenido oportunidad con ella, que ella amaba a otro, y a pesar de todo, cada noche, antes de cerrar los ojos rezaba por ella. Las cosas estaban más que obvias, el no daba el nombre de esa mujer, pero no era necesario.
Rosa viu uma nova oportunidade, colocou a casa à venda e começou um diálogo por cartas com Benito, foi envolvendo lentamente a filha no jogo, pra que nada pegasse ela de surpresa, ela já conseguia entender que o pai não estava mais ali, e que a mãe era jovem e podia se apaixonar de novo, ter outra chance.Pouco tempo depois, eles se reencontraram na cidade onde tudo tinha começado, ela aproveitou a chance de voltar a ter dinheiro fácil, de ter de novo a vida que gostava de levar, ele aproveitou a chance de dividir a vida com a mulher que tirava o sono dele, e não terminar como um solteirão amargurado, sozinho, e sem ninguém pra lembrar dele. O triste da situação foi que, mesmo jurando amor eterno, os dois, no fundo, sabiam os motivos pelos quais estariam juntos, porque ela nunca amaria ele como um homem merece ser amado.
Apesar de tudo, o novo casamento deu certo, e eles se acostumaram com a ideia, e por que não dizer, foram felizes, ela rodeada da opulência que o gerente do banco dava, e ele tendo ao lado uma mulher gostosa e muito mais nova que ele.
Mas nada é definitivo na vida, e o tempo muda as coisas...
Passaram-se mais de dez anos, Mabel, a filhinha da Rosa, virou mulher, e Rosa sentiu na pele o que ela tinha feito a mãe sentir anos atrás, Mabel tinha estudado turismo, e começou a viajar o mundo, até que o destino a levou pra Itália, onde conheceu um francês, e por essas coisas da vida, ficou com ele no velho continente.
Benito e Rosa ficaram sozinhos, sozinhos demais, e ela percebeu que as coisas já não eram como antes, Benito tava ficando velho, chegando perto dos sessenta, e parecia cada vez mais metido nos negócios do banco, deixando de dar a atenção que ela precisava, e não é que ele não amava ela, pelo contrário, tava perdido nos braços daquela mulher, era só isso, ele tava envelhecendo...
Ela ainda queria aproveitar a vida, ainda queria se divertir, e as coisas começaram a fazer barulho pra ela, ela se sentiu um pouco sozinha, não sabia como ocupar as horas do dia, cada vez ficava mais entediada naquela vida sem emoções.
O marido dela então sugeriu que ela saísse de novo com as amigas antigas, com as amigas da juventude que ainda se reuniam de vez em quando, só saíam de vez em quando, pra jantar, pra passar um tempinho de mulher, e ela topou a proposta do marido.
Mesmo tendo passado dos quarenta, Rosa era uma mulher particularmente gostosa, talvez por uma silhueta privilegiada, talvez pelo jeito de se vestir, no ponto certo entre o formal e o erótico, talvez pelo jeito de falar, de andar, de olhar, sei lá, ela raramente passava despercebida e parecia ser o prêmio máximo entre todas as mulheres. E assim ela começou a curtir, e essas reuniões noturnas viraram o centro da vida dela, ela só esperava aquele dia de novo e de novo, tinha virado o motorzinho da vida dela.
Uma noite como qualquer outra, enquanto jantavam, chamaram a atenção dela que um jovem não tirava os olhos dela, ela já tinha notado, só que se fazia de sonsa, não tava nos planos dela fazer nada de errado, então só ignorava. Mal olhava pra ele de vez em quando, de soslaio, discreta, percebeu que ele era atraente, moreno, cabelo engomado, bem vestido, elegante, então preferiu descartar de cara e continuar conversando com as amigas da mesa, não fosse o diabo querer meter a buceta.
Ela sentiu um arrepio na espinha quando aquele rapaz caminhou até a mesa, direto pra onde elas estavam, e educadamente a convidou pra dançar, um silêncio chamativo se fez, todo mundo esperando a resposta dela, mas Rosa agradeceu o elogio, não tava disposta a entrar num caminho perigoso, então o jovem, que se apresentou como Ezequiel, se retirou com um sorriso amargo nos lábios. Pela primeira vez, ela quis que a reunião acabasse, se sentiu perturbada, duvidou de si mesma, e aquele rapaz continuava rondando, feito um... corvo que espera pacientemente pra devorar sua presa moribunda.
CONTINUA
Se você curtiu essa história, pode me escrever com o título ‘OS SEGREDOS DE ROSA’ pra dulces.placeres@live.com
0 comentários - Os segredos de Rosa - 1 de 3