Meu nome é quinhentos - reenviado -

Primero, todas las entregas de los mejores post


http://www.poringa.net/posts/imagenes/4084661/Mi-amada-esposa---parte-1-de-3-.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4389002/Mi-amada-esposa---parte-2-de-3-.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4436535/Mi-amada-esposa---parte-3-de-3.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4802856/Mi-amada-esposa-parte-4.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4802863/Mi-amada-esposa---parte-5.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4868469/Mi-amada-esposa---parte-6.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4896522/Mi-amada-esposa---parte-7.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4905961/Mi-amada-esposa---parte-8.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4915721/Mi-amada-esposa---parte-9.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4956318/Mi-amada-esposa---parte-10.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4965835/Mi-amada-esposa---parte-11.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4974651/Mi-amada-esposa---parte-12.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4985411/Mi-amada-esposa---parte-13.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4991203/Mi-amada-esposa---parte-14.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/5001091/Mi-amada-esposa---parte-15.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/5030636/Mi-amada-esposa---parte-16.html

Como siempre, podes escribirnos a dulces.placeres@live.com, te leemos


ME LLAMO QUINIENTOS


Con cuarenta y picos de años mi vida era perfecta, un prestigioso y reconocido médico de ciudad, deportólogo, o sea, especialista en atención a deportistas, en especial a los de alto rendimiento. Era muy reconocido y afamado en el medio, había sido especialmente contratado por algunos clubes, fútbol, rugby y hasta la selección provincial de hockey femenino.
También seguía en paralelo las atenciones particulares en algunas instituciones de alta reputación, donde se cobraban valores a los que muy pocos podían acceder. Siempre había sido estrictamente profesional en mis actividades, lo cual significó una alta reputación en mi currículum.

Mi vida personal también iba de maravillas, mi mujer, especialista en bellas artes, andaba de museos en museos y cada tanto hacía exposiciones de sus esculturas, pinturas y afines. Nos llevábamos muy bien, éramos el uno para el otro, y a pesar de nuestras múltiples y continuas ocupaciones siempre encontrábamos lugar para fortalecer nuestro vínculo de pareja.
Teníamos tres niñas, de diez, ocho y siete años, eran mi debilidad, muy rubiecitas de cabellos largos, de ojitos celestes y cristalinos, estudiaban en el prestigioso colegio Alemán. Era un tanto cómico, a mayor se la pasaba jugando al doctor, quería ser como papá, la menor, por el contrario, pintaba hasta las paredes de la casa y era el vivo retrato en miniatura de mi mujer, y la del medio, esa si que era impredecible, decía que quería se bailarina.

Como verán, mi mundo era perfecto, a pesar de los grandes gastos que teníamos en colegios privados, clubes, salidas, coches, hogar, viajes, lo cierto es que ganábamos más dinero del que podíamos gastar.
Y todo eso, todo lo tiraría por la borda con una espina que se clavó en mi corazón.
Ella llegó una tarde a mi vida, era una paciente más, al menos eso creí...
Llegado su turno, la llamé por su apellido, pasó a mi consultorio, Lourdes era sencillamente perfecta, para mis ojos, para mi idealización de la mujer de mis sueños, ella sin dudas lo era.
Nos sentaos frente a frente, escritorio de por medio, mientras abría su historia médica en mi notebook presté especial atención a la información que naturalmente ella me daba, soltera, veinticuatro años, instructora de fitnees, y varias cosas mas, mientras escribía el sonido de su voz demasiado grave, hasta ronca se me hacía irresistible, era muy sexi escucharla, era una voz endulzada con miel, imposible describir con palabras, y un perfume sencillamente exquisito inundaba mi olfato.

La traía a mi consultorio un problema crónico en uno de sus aductores, y me confesó que estaba cansada de deambular por especialistas sin que le dieran solución, y había llegado a mi por recomendación de una amiga.
En fin, me detalló sus dolencias y llegó el momento de revisarla. Aunque me costó, fui todo lo profesional y ético que pude para solo tocar sus piernas para dar un diagnóstico, sin embargo, no pude sentir una contenida erección entre mis piernas.
Le solicité unos estudios, un poco por necesidad, otro poco solo para asegurarme de volver a verla.
Esa noche Lourdes me sacó el sueño, y solo traté de decirme a mi mismo loco que estaba, quién era ella? qué pretendía con ella? recuerdo que la última vez que vi las agujas fluorescentes del reloj de la habitación daban cerca de las tres de la mañana.

Ella volvió a visitarme tiempo después con todos los estudios que le había solicitado, y yo no pude resistirme a su espectacular belleza, y para su desgracia y mi bendición, ella tenía una lesión mal curada, que necesitaría rehabilitación y varias nuevas visitas.
Y en cada una de esas visitas fue aflorando la confianza, una confianza que iba más allá de la mera relación paciente profesional.
Me estaba metiendo en un problema, lo sabía, y lo peor es que Lourdes jugaba conmigo al gato y al ratón, y eso era demasiado peligroso.

Fue así que me animé a dar el siguiente paso, invitarla a salir a tomar un trago, como amigos, nada raro, fue entonces cuando ella carcajeó discretamente y me dijo sin vueltas

Mirá Doc - ella siempre me llamaba Doc - hay algo que no sabes de mi vida, si quieres salir conmigo, pues entonces me llamo quinientos!

Me recliné en mi silla sin entender, solo la miré fijo, animándola a seguir, entonces me dijo con su ronca voz llena miel

Mirá, en verdad crees que yo puedo pagar el precio de tus consultas y darme el nivel de vida que me doy siendo instructora de fitness? ni lo sueñes...

Yo solo le pedí que me contara todo, la animé a seguir

Hago fitness porque me encanta, pero no es solo eso, debo mantener mi cuerpo perfecto, así como lo ves, así como te gusta, porque tus ojos me lo dijeron cuando te conocí, o me equivoco?

Sentí un calor vergonzante en mi rostro, tan obvio había sido?, pero siguió adelante

Siempre me encantaron los hombres, y el dinero, y honestamente no vi nada malo en cambiar un poco de mi cuerpo por dinero, no soy una puta que se acuesta con cualquiera si es lo que imaginas, solo diría que soy una mujer que le encanta el sexo, y que si le gusta el hombre que tiene enfrente, y si ese hombre puede comprar mi tiempo, bueno, por que no?. Sabes, desde que soy mayor de edad, mi hermano es quien de alguna manera arma mi agenda, los tipos de dinero, me explico? es como mi protector, quien filtra y me evita problemas. El solo se encarga de organizarme salidas, un par de horas por una cena, o por una merienda, ese es su trabajo. Después, si el tipo me gusta, ya es asunto mío...

Aunque lo pusiera en todas esas palabras, comprendí que Lourdes en verdad era una puta de alto nivel, no la encontrarías en la calle, o en páginas de la web, no tendrías sus fotos hot, pero en el fondo se trataba de lo mismo, vender su tiempo a quien pudiera pagarlo.

Acepté entonces sus palabras y tuve que cumplir con sus requisitos, imploré anonimato y me contacté con su hermano para agendar una cita, esos quinientos pesos era mucho dinero, incluso ni mis consultas privadas cubrían ese importe.

Ese encuentro se produciría un viernes al atardecer, cuando caía el sol, y sería mi primero de muchos. El sitio elegido fue un bar bastante privado y aislado de la ciudad, no podía darme el lujo de levantar sospechas entre conocidos, tenía una reputación que mantener.
Pero en el mundo Lourdes era imposible pasar desapercibido, llegó en su coche importado y lo estacionó cerca de la puerta, y cuando se bajó noté como las miradas indiscretas fueron a su silueta, es que era imposible no hacerlo, lucía una remera ajustada al cuerpo, de cuello cerrado, mangas largas, por cierto, terminaba por debajo de sus pechos dejando desnudo su pequeño vientre, unas ajustadísimas calzas negras que dejaban marcadas todas sus virtudes, sus anchas caderas, su precioso trasero, sus majestuosas piernas y hasta su regordeta vagina. Acompañaba su atuendo unas botas marrones tipo terciopelo que llegaban muy por encima de sus rodillas. A todo esto, acompañaba ese atuendo con un sombrero muy femenino y aniñado.
Como sea Lourdes de por si era una mujer demasiado llamativa, y si además ella se vestía para no pasar desapercibida...

Sacudiendo sus caderas pasó entre las mesas hasta sentarse a mi lado, me saludó efusivamente y empezó a charlar con naturalidad, sin embargo yo me sentía aturdido, sentía demasiadas miradas aún clavadas en nosotros y me costó acostumbrarme a la situación.
Y yo no sabía de que hablar con ella, si ya lo sabía todo de ella, y ella todo de mi, sabía de mi mujer, de mis hijas, pero no le importaba, si solo me estaba vendiendo su tiempo.
Y mas tiempo compartía con ella mas me enredaba en sus redes, solo deseaba llevarla a la cama, hacerla mía, y esa fue mi pregunta, cuanto me costaría...
Lourdes entonces sin tapujos puso una cifra exorbitante a su tiempo, una locura, pero en fin, como dije, me sobraba el dinero, así que en poco tiempo estábamos en un hotel de lujo. Recuerdo sus palabras...


Me llamo quinientos - resubido -Será teu melhor investimento, vou fazer tudo o que você quiser que eu faça...
Começamos a nos beijar, apaixonadamente, aquela mulher me enlouquecia e percebi que ela despertava em mim um sentimento que minha esposa já não conseguia mais provocar, em segundos eu estava com uma ereção violenta e, modéstia à parte, tenho um bom pau, acima da média, e ela percebeu quando me acariciou, então me disse que era muito boa de boca, se eu queria provar.

Lourdes então tirou os peitos pra fora e foi atrás do meu pau, só envolveu ele com eles e começou a me masturbar, os peitos dela eram pequenos mas muito bem formados, era como se meu sexo ficasse grande entre eles, mas eu só deixava ela fazer, ela pegou com uma das mãos e começou a passar pelos mamilos dela, até que chegou a hora, ela só colocou na boca e começou a chupar devagar, pela minha cabeça, pelo meu tronco, foi nas minhas bolas, depois voltava, e fez algo que sempre desejei na minha mulher, aos poucos enfiou meus dezoito centímetros até a garganta, segurando os engasgos, engoliu ele por completo, e sentir a suavidade das mucosas dela foi uma delícia, foi um boquete espetacular e eu senti que ia gozar, ela percebeu e fez meu semen quente cair nos peitos dela, gozei tudo...

Lourdes se deitou de lado com os peitos cheios de porra e brincando como uma gata, levando com os dedos meu gozo até a boca, com aquela voz melosa me disse

Agora é minha vez, né?

Eu trouxe ela pra perto de mim, com esforço tirei uma bota dela, depois a outra, finalmente abaixei a calça dela, uma calcinha fio-dental preta minúscula cobria a buceta dela, peguei entre meus dedos, puxei com força até rasgar, Lourdes riu e me disse

Devagar, papai, vai me machucar!

Só fiquei olhando a perfeição dela, o bronzeado perfeito me fez saber que ela usava um biquíni ainda menor que a calcinha de puta que eu tinha acabado de rasgar, evidentemente tomava sol de topless e o que dizer, era perfeita, toda musculosa, não tinha estrias, não tinha gordura, nada de nada, tudo no lugar certo, tudo no devido lugar.
Eu enterrei então entre suas pernas, a buceta dela completamente depilada estava macia, e os sucos dela tinham escorrido ao redor, me deixando saber que, como eu tinha imaginado, ela estava gostando, não era só sexo por dinheiro...

Comecei a lamber ela, a beber os sucos dela enquanto via como ela ainda limpava os peitos dela, bebendo o pouco de porra que ainda restava neles, brincava com meu gozo nos lábios dela, fechava os olhos, gemia, enchia meus ouvidos de doçura, era perfeito, tão perfeito, e só continuei até que os gemidos dela viraram gritos, me deixando saber que ela estava gozando.

Coloquei ela de quatro, queria ver aquela raba gostosa e voltei a lamber os lábios dela, e fui pro cu dela, penetrar com minha língua e notei que estava tão aberto que enfiei inteiro sem resistência, tive uma nova ereção, virei ela de novo, abri as pernas dela e enfiei tudo, comecei a foder ela com raiva, os peitos dela balançavam pra cima e pra baixo sem parar, queria ver a cara de prazer dela, sentir os gritos dela, que o mundo desabasse em pedaços. A cama onde a gente tava começou a chiar, e quanto mais eu me mexia, mais barulho fazia, eu tava duro dentro dela, era perfeito.

Lourdes então pegou uma das minhas mãos e lambeu dois dedos meus e falou:

Vai! enfia eles no meu cu!

E foi o que eu fiz, sem parar de foder ela, enfiei com maior facilidade dois dedos por trás, e ela começou a se contorcer, senti as unhas dela cravarem nas minhas costas e os dentes dela no meu pescoço, tava doendo, mas aquela dor era parte do jogo.

Coloquei ela de quatro de novo, dessa vez escolhi ir por trás, só apontei e enfiei minha pica grossa no cu dela, com quase nenhuma resistência, até o fundo e comecei a meter no cu dela, peguei ela pela cinturinha dela e apertei pra baixo, pra arquear bem, fazendo aquelas nádegas enormes se destacarem, com um bronzeado perfeito e a marca branca de um biquíni pequeno que só de imaginar me levava pro inferno, e minha pica, entrando e saindo, uma e outra vez, era tudo bom demais. Mas se faltava algo, era a atitude dela, porque ela sabia como me excitar, sabia como enlouquecer um homem e entre gemidos e gritos dizia sem parar:

Vai! Arromba toda a minha buceta! Arromba ela toda, cê gosta? Cê gosta que eu seja sua putinha?

E não só isso, ela começou a se mexer, com força, com ritmo, recuando pra mim, até que as bundas dela batiam no meu corpo uma e outra vez, fazendo eu enfiar tudo nela por completo. Dei um tapa forte na bunda dela e ela ronronou que nem uma puta, e só me deixou mais louco. Senti que ia gozar de novo, tirei meu pau da buceta dela e o jato voou pelo ar até cair na nuca dela, nos cabelos escuros, depois nas costas, até terminar no cu aberto dela.

Começamos a rir enquanto ela tentava, sem sucesso, tirar a porra do cabelo, depois foi tomar um banho, pra voltar logo depois pro quarto principal, secar o cabelo, completamente pelada, e naqueles minutos fiquei perdido de novo na perfeição daquele corpo, pensando no sexo que tinha tido e no dinheiro mais bem gasto da minha vida.

Os problemas reais começariam naquela mesma noite. Minha esposa não era burra, e por mais que eu tentasse, ela descobriu os arranhões fundos nas minhas costas e os hematomas no pescoço. Brigamos muito, me defendi como pude diante de evidências que não tinham defesa. Pela primeira vez em anos de casamento, não consegui dividir a cama com ela e dormi sozinho na sala. Dali pra frente, tudo foi ladeira abaixo...

Jurei pra mim mesmo não ver Lourdes de novo e tentar reparar o dano feito à minha família, mas caralho, aquela mulher... Voltei a pagar por ela, uma e outra vez, a curtir cada centavo que gastei nela e a jogar fora o fio do meu casamento, uma e outra vez, vieram mais dores de cabeça...

Percebi o que tava rolando na balança da minha vida...

De um lado, tava toda a minha história, minha vida, meu casamento, minha mulher, minhas amadas filhas, minha profissão, minha reputação, meu nome. Do outro, a mulher que era minha perdição, minha... Obsessão, aquela que me levava do céu ao inferno num piscar de olhos.

E eu sabia que aquele equilíbrio estava em risco, que se eu não fizesse nada, tudo terminaria mal...

E eu escolhi o caminho errado, uma loucura. Por um tempo, quis que Lourdes se apaixonasse por mim. Pensei na minha loucura de ter me apaixonado pelo próprio demônio que poderia fazer ela mudar de vida, formar uma família, que me desejasse, que esquecesse os outros caras com quem ela transava, que tudo poderia dar certo. Nem me importei se com isso perdesse tudo o que tinha do outro lado.

Chegou o julgamento do divórcio, onde uma mulher despeitada, e com toda a razão do mundo, me tirou até o último centavo e ainda me acertou onde mais doía: me separar das minhas amadas filhas.

As coisas não terminaram aí. Minha separação escandalosa por infidelidade me trouxe problemas no trabalho, muitos contratos caíram, eu passava uma imagem ruim e tudo se complicou.

Mas, apesar de tudo, eu continuava cego por Lourdes. Apesar de perder minha família, de ter que trabalhar em dispensários de quinta categoria, apesar de perder minha fortuna, apesar de tudo, eu ainda confiava em conquistar o coração daquela mulher.

E foi quando me dei conta da minha vida patética, quando conheci de verdade a mulher que estava me matando em vida. Chegou o dia em que não consegui mais pagar os serviços dela pra levar pra cama. Mal dava pra convidar ela pra uns drinks. Pelos quinhentos básicos da tarifa dela, só podia conversar com ela, só podia oferecer meu coração. Mas aí Lourdes foi clara comigo. Já não tinha mais aquela voz melosa, grave, com gosto de mel. As palavras dela soaram agressivas, cortantes, duras. Ela me disse de novo algo que eu me recusava a aceitar: pra ela, eu era só mais um na lista dela. Um cara legal, uma boa pessoa, mas nada mais. Só mais um na longa lista de amores dela.

Para o último encontro, juntei como pude aqueles quinhentos reais imundos. Pedi um último desejo: que ela se vestisse tão gostosa quanto naquela Primeira vez, não era grande coisa pra alguém que tinha perdido a cabeça por ela.
A gente se encontrou na rua, na calçada, perto da cerca de um clube de bairro, discutimos mais uma vez, ela tava muito puta comigo, soube que tudo tinha acabado, de braços cruzados e mesmo que estivesse emburrada, pedi pra ela deixar eu tirar uma última foto, ela nem quis olhar pra mim pra imortalizar o rosto dela...

Nunca mais soube dela, passaram uns anos, continuo quebrado tentando me reerguer, moro sozinho numa pensão, perdido entre cachaça e cigarro.
Toda noite antes de pegar no sono, pela luz dos postes que entra pela janela, pego minha carteira e tiro a foto dela, amassada pelo tempo, só passo os dedos nela com saudade até cair no sono, meu amor impossível, minha amada Lourdes...

Se você gostou da história, pode me escrever com o título ME CHAMO QUINHENTOS para dulces.placeres@live.com

0 comentários - Meu nome é quinhentos - reenviado -