Só peço desculpa

Todas las entregas


http://www.poringa.net/posts/imagenes/4084661/Mi-amada-esposa---parte-1-de-3-.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4389002/Mi-amada-esposa---parte-2-de-3-.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4436535/Mi-amada-esposa---parte-3-de-3.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4802856/Mi-amada-esposa-parte-4.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4802863/Mi-amada-esposa---parte-5.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4868469/Mi-amada-esposa---parte-6.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4896522/Mi-amada-esposa---parte-7.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4905961/Mi-amada-esposa---parte-8.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4915721/Mi-amada-esposa---parte-9.html


Y visitá mis relatos si te gusta leer!

SOLO PIDO PERDON


Perdón... perdón Sandra, amada esposa, por engañarte, porque fuiste la mejor, porque fuiste incondicional, porque nunca me harías daño, y sin embargo te fallé

Perdón... perdón Mariano, hijo del alma, es comprensible que estes del lado de mamá, en tu lugar haría lo mismo, solo quiero que sepas que te amo

Perdón... perdón Andrea, mi princesita, mi muñequita, no sabes cuanto me duele que me ignores, que no me dirijas la palabra, solo duele muy en lo profundo

Perdón... perdón Roque, hermano del alma, aun no puedo creerlo, parece mentira, se cuánto pusiste en mis manos y se cuánto te he desilusionado

Perdón... perdón a todos, padres, parientes, amigos, a todos y cada uno que he molestado, no quiero justificarme, ni pido que no me odien, solo pido perdón

Es que el corazón no entiende de razones, de pensamientos, de lógicas. El corazón se mete en laberintos sin salidas, se empecina, se obsesiona, solo... solo se enamora
Y en tu cabeza sabes que no está bien, que cada día juegas a la ruleta rusa como un tonto apostador, y sabes que solo tienes dos caminos, o lo detienes, o sigues adelante, asumiendo que cualquier día, al gatillar saldrá el disparo que terminará la historia de todas maneras.

El año 2003 parecía ser un buen año, mi emprendimiento personal daba sus primeros frutos y me alegraba de haber dejado mi empleo anterior, empezaba a ser dueño de mi propio destino, Sandra, mi esposa tomaba la docencia oficial en un colegio de la zona y al mismo tiempo me anunciaba su segundo embarazo, la pequeña Andrea estaba en camino, y tal vez lo más importante, Roque, mi hermano mayor era padre.
Había llegado Milagros, una beba hermosa. Roque y su mujer habían estado realizando tratamientos para quedar embarazada, y después de muchos fracasos, cuando estaban bajando los brazos, cansados por el paso del tiempo, llegaría ella, y de ahí, ese nombre tan especial para la que sería su única hija

La familia de mi cuñada era demasiado creyente y habían arrastrado a mi hermano en esa fe, y tal vez solo por complacerlos acepte ser el padrino de bautismo de la pequeña Milagros.
Pasaron los días, vi sus primeros pasos, escuche sus primeras palabras, y me transforme para ella en padrino, así me llamaría en forma risueña, con mucho cariño, ella venia siempre corriendo a mi encuentro a abrazarme con mucho amor, se aferraba a mis piernas y siempre era la misma historia, se sentaba en mis faldas para que yo le leyera algún cuento.
Ella tenía uno favorito, se lo leí tantas veces que me lo sabía de memoria, Ricitos de oro, y empecé a llamarla Ricitos, asociando además, que ella tenía una cabellera rubia, larga y ensortijada.
Y solo ella me llamaba padrino, y solo yo la llamaba Ricitos.

El mundo siguió girando, mi cabello oscuro empezó a ponerse gris, llegaron mis lentes de aumento y mi pequeña barriga, ella creció, y la flaquita patas de alambre, desgarbada y de cachetes sucios con tierra, esa nenita caprichosa que se la pasaba haciendo berrinches, se había transformado en una hermosa señorita, con un cuerpecito demasiado armónico y bien formado, con una cinturita entallada, unos pechos turgentes y una colita respingona.
Me avergonzaba a mí mismo al sorprenderme mirándola como un hombre mira a una mujer, y a pesar de que se habían terminado los días de cuentos infantiles sobre mis faldas, lo cierto es que Ricitos me seguía tratando con la misma inocencia, con la misma dulzura y con el mismo amor que siempre había tratado a su padrino

Es necesario en este punto reforzar el concepto, Ricitos no era una putita provocativa de las redes, ella era muy bonita, y hablaba con una dulzura y una delicadeza no habitual en estos días, ella te endulzaba los oídos con su voz calmada y armoniosa.

Fue su papá, mi hermano quien vino por ayuda, Milagros era una señorita muy bonita, pero no todo era perfecto en ella, Roque estaba preocupado porque no iba nada bien en el colegio, a ese paso a duras penas terminaría sus estudios secundarios y tampoco se preocupaba por conseguir un empleo, la vida de holgazana parecía quedarle bien y se preguntaba si yo no podía tenerla de empleada a medio tiempo, no importaba la paga, solo quería que ella ocupara su tiempo en algo decente, para que sea un poquito responsable y encarrilara su vida.
Ciertamente Roque me pegaba un golpe bajo, sabía que su tío preferido, su padrino, no podría negarse a darle una mano, a pesar de que en verdad yo no necesitaba a nadie en ese momento, tenía los empleados justos y contados con una mano.

Le dije que sí, era obvio, que empezara por la tarde, porque muchas veces me quedaba después de hora a terminar papeleos y trámites, aun cuando los empleados ya se habían retirado.
Y así fue como Milagros, entró en mi órbita diaria, y yo en la suya, cada tarde, todas las tardes, como mi secretaria personal.
Le advertí en ese primer día, que, durante las horas de trabajo, no habría 'padrino' ni 'Ricitos', nuestra relación debía ser meramente laboral, como jefe y empleada
Las cosas parecieron funcionar, Milagros puso mucho empeño en aprender y al ser joven, realmente me ayudó mucho con la parte de tecnología y computadoras, ella hacía en un chasquear de dedos lo que a mí me llevaba demasiado tiempo, sabía que en verdad lo hacía por complacerme a mí, poco le interesaba la paga, o el empleo.

Y yo me fui perdiendo en ella, muchas veces la observaba a la distancia, todo lo quedaba bien, un jean gastado, una falda corta, una camisa multicolor, un top ajustado, ella impregnaba mi espacio con su perfume, ella me apuñalaba el corazón con sus sonrisas, ella me invitaba a pecar con sus miradas.
El paso del tiempo y la convivencia de cada tarde sería un peligroso aliado, muchas veces nos quedábamos después de hora charlando, solo ella, solo yo, le preguntaba por algún novio, porque estaba en edad y era demasiado bonita, pero ella me evadía una y otra vez, me juraba que no había nadie, pero que sin embargo a ella le gustaba alguien, pero no quería hablar del tema.
Y fue horrible para mí, porque me di cuenta que me estaba enamorando de la hija de mi hermano, y más de una vez, haciendo el amor con Sandra, mi esposa, cerraba los ojos e imaginaba que era a Ricitos a quien se lo estaba haciendo

Esa tarde no sería una tarde más, cerca de las ocho de la noche poco a poco los empleados dieron por terminada la jornada, como era habitual, yo tenía algunas cosas por hacer todavía, como también era habitual, Milagros se acercó a mi oficina y me dijo

Dante, mi notebook está haciendo una actualización automática y no puedo apagarla, bajo hasta el kiosco por unos chocolates, quieres algo?
No, no... bueno, si, trame cualquier cosa para engañar al estómago - respondí casi sin pensar -

Ella pareció irse, pero volvió sobre sus pasos y me advirtió

¡Ah! tío... a propósito, no revises mis cosas, tengo cositas personales...

Entonces si se fue, la vi desaparecer por la puerta de ingreso.
Era obvio jamás me metía en las cosas de ningún empleado y si ella me había dicho eso era por una sola razón, porque quería que yo mirara.
Fui de fisgón, me aseguré que no hubiera nadie, levanté la tapa de su notebook, y 'casualmente' su perfil no estaba bloqueado, revisé con premura un par de archivos que estaban en 'su escritorio', y encontré un archivo de Word que supuestamente le estaba escribiendo a alguna amiga, hablaba de un amor imposible, de alguien muy cercano, de alguien que veía a diario, de alguien que conocía desde pequeña, de un hombre mayor, casado y con familia.
Respiré profundo y sentí una erección bajo el escritorio, maldición...


Só peço desculpaTambém encontrei uma pasta de fotos em formato jpg, e em especial uma onde ela estava deitada, semidesnuda, muito erótica, com meias, ligas e um top preto, de pernas abertas com uma buceta muito desejável, com os seios nus, lindos, perfeitos, com seu rosto de desejo e sua longa cabeleira caindo de lado, com a perfeição de suas curvas inocentes e pecaminosas, respirei fundo, segurei e soltei com força, tive a intenção de ficar com essa foto, num pendrive, mandar por e-mail, ou tirar uma foto com meu celular, mas não, não me pareceu correto,
Fechei os arquivos, mas deixei a tampa aberta, ela queria que eu invadisse seu espaço e eu queria que ela soubesse que tinha feito isso.

Pensei muito naquela noite, na cama, em silêncio, enquanto Sandra dormia placidamente, é que minha afilhada era toda uma mulher, uma linda mulher que se aproximava dos vinte anos e estava me deixando louco, tinha que dar um basta na situação.

No dia seguinte, Milagros chegou ao escritório muito sensual, com os olhos delineados, uma camisa branca bem justa que transparentava um sutiã apetitoso, com alguns botões desabotoados por onde podia se ver o início dos seus seios de forma bem marcada e sugestiva, onde uma correntinha de prata com a inicial M parecia se divertir no meio deles, além disso, uma saia de látex preta brilhante, bem curta, bem colada na pele a ponto de marcar as linhas de uma calcinha fio dental perdida na sua bunda.
Perfumada, jovial, alegre, não havia dúvidas que toda ela era uma isca para mim, para fechar a armadilha, e era uma gostosa simplesmente irresistível.
Aquele dia não foi fácil, porque apesar de haver outros funcionários, para mim estávamos só nós dois, e não conseguia me abstrair da sua beleza, da sua caminhada, das suas palavras, da sua provocação inata.

Perto das oito da noite, novamente sozinhos, desta vez, fui eu que pedi para ela ficar, tinha que falar com ela.
Quando todos tinham ido embora, Milagros veio ao meu escritório, com uma sorriso de orelha a orelha, esperando ouvir o que imaginava que eu diria, mas na verdade ela não imaginava ouvir o que ouviu.
Disse que até aqui chegávamos como chefe e funcionária, que as coisas não estavam bem, os números estavam no vermelho e eu tinha que reduzir custos, que não podia continuar pagando ela, que havia feito uma carta de recomendação, que daria uma bela grana como indenização e que...
Não consegui continuar falando montado numa onda de mentiras, a garganta travou.

Ela veio ao meu lado, quase correndo, com os olhos cheios de lágrimas, como quando era pequena e seu padrinho se transformava em seu herói, sentou na minha perna como costumava fazer, e suas lindas coxas nuas ficaram em primeiro plano.
Chorava como uma menininha, desconsolada, e me dizia quase implorando, abraçada ao meu pescoço:

"Não, padrinho... não... não me afaste... eu adoro estar aqui do seu lado... posso trabalhar mais, me esforçar mais... não ligo para o salário, posso vir de graça até as coisas melhorarem..."

Era uma merda, naquela situação ela estava descontrolada, sem conseguir notar o que eu notava: sua saia curtinha tinha subido o suficiente para ver a frente de uma calcinha fio-dental preta linda sobre sua buceta, e seus peitos agitados pela respiração pareciam pulsar na altura da minha cabeça, e aí eu não aguentei mais...

Levei minha mão direita entre suas pernas, esfregando diretamente a frente da calcinha, senti o calor da sua buceta na minha pele, enterrei minha cabeça no início dos seus seios, naquele vão tão sexy que as mulheres têm, e ela reagiu na hora. Suas pernas lentamente se abriram para meu avanço, Ricitos soltou mais alguns botões, e suas tetas emolduradas no sutiã emergiram como duas bolinhas, beijei seu pescoço, voltei às suas tetas, a tempestade de choro dela aos poucos foi cedendo, e senti aqueles primeiros gemidos tão gostosos que escapavam do fundo do seu ser.
Ela começou a me incentivar com palavras, para que eu continuasse, para que não parasse.
Um dos seus peitos, por... O movimento natural da situação, escapou indefeso de sua prisão, uma auréola marrom clara se confundia com o próprio mamilo, passei minha língua, uma e outra vez e em cada percurso ela exalava um suspiro.

Levantei por trás com minha mão livre a saia curta, ela facilitou o acesso, suas enormes e preciosas nádegas ficaram nuas em minhas mãos, para acariciá-las e me encher de prazer, mal tinha aquela calcinha fio-dental enterrada no meio, era muito sensual, continuei masturbando-a com minha mão direita, ela colocou a dela sobre a minha e me acompanhou na deliciosa masturbação, já estava toda aberta, meus dedos se infiltraram em seu buraco que transbordava de fluidos quentes, ela gemeu como uma putinha, acelerei o ritmo, mordi com doçura seu pequeno mamilo, senti ela chegar, explodiu gritando, já sem conseguir se conter.

Então ela me beijou, no melhor momento, com sua respiração ofegante, senti em minha boca seus lábios, sua língua, seu prazer intoxicante, ela se levantou e eu arranquei a calcinha, literalmente, a rasguei entre meus dedos, completamente, com loucura, ela afastou as coisas que estavam sobre minha mesa, sentou-se nela e quase de forma exigente pediu:

"Me fode, padrinho... me fode toda, há muito tempo tenho esse desejo, e já não posso evitá-lo..."

Ela estava toda aberta como uma flor da primavera, com sua juventude, com sua perfeição, eu ainda estava sentado, mas ainda não queria comê-la, apesar do meu desejo e da minha dolorosa ereção contida.

Me aproximei, coloquei minhas mãos sob suas coxas, para me certificar de tê-la bem aberta, sua buceta linda me chamava, e enterrei minha cabeça nela, Ricitos se contorceu novamente de prazer, e os belos e longos cachos de seu púbis combinavam com seus lábios grossos perfeitamente depilados, bebi seu néctar de mulher, seu mel, percorri cada ponto de sua feminilidade, e cada vez que passava a ponta da minha língua por seu clitóris inflamado ela parecia convulsionar de prazer, acariciava os seios, apertava os mamilos, mordia os lábios, depois os lambia. Adorava...

Finalmente chegou o momento tão esperado, eu me levantei, tirei meu pau para fora e enfiei tudo por completo nela. Suas expressões faciais daquele dor prazerosa me encheram de gozo, senti deslizar dentro dela, apertado, justo, e continuei e continuei. Ricitos pegou minhas mãos e levou até seus peitos, para que eu brincasse com eles, depois começou a masturbar seu clitóris e me balbuciava para que não parasse de me mexer.

Senti que ia gozar, ela percebeu, seus gemidos aumentaram notavelmente o volume e a frequência e isso só potencializou meu próprio orgasmo, enchi ela toda, lá no fundo, meus fluidos se misturando com os dela.

Caí exausto para frente, beijei seus peitos, depois a beijei, seu rosto era um parque de diversões, esboçava um sorriso, seus olhos irradiavam paz.

Voltei a me sentar, caindo na minha poltrona, ela tentou se levantar e sua buceta começou a cuspir porra, nos olhamos cúmplices, rimos.

Milagros foi ao banheiro para se higienizar um pouco, voltando um tempo depois, com o desconforto notório de ter uma saia tão curta e agora não ter calcinha, sentou-se ao lado, em uma cadeira de escritório, relaxada, com uma perna esticada e a outra recolhida sobre o apoio de braços, apontando direto para mim, para que eu visse sua buceta toda aberta, como na foto que eu tinha visto no dia anterior, só que agora sim, pela primeira vez, parecia muito puta, minha puta, então ela disse algo que eu nunca teria esperado ouvir:

"Padrinho... você sabe que foi minha primeira vez?"

Fiquei atônito, balbuciante, aturdido, e isso só fez com que, naquela noite, ela não tivesse apenas a primeira, mas também sua segunda vez, e a terceira...

E o amor cresceu, uma loucura, mas como eu disse, o coração não entende de razões, nem de idades, nem de laços de sangue, éramos um para o outro e nosso amor clandestino foi perfeito, sem retornos, sem voltas atrás, e estávamos avaliando como tornaríamos público: meu divórcio, meus filhos, a família dela, meu irmão, que era o pai dela.

Haveria um detonador que nos obrigaria a adiantar os passos. uma gravidez não planejada, lembro que Milagros chorava muito angustiada, seu mundo estava desabando, só a segurei, um cara ponderado e experiente, tínhamos que encarar o fruto do nosso amor. Hoje ela exibe uma barriga linda, logo seremos três, desterrados do mundo, das nossas famílias, mas pago com gosto o preço, como nos velhos tempos, ela senta no meu colo para que eu conte histórias de amor Se gostou da história pode me escrever com o assunto SÓ PEÇO PERDÃO para dulces.placeres@live.com

0 comentários - Só peço desculpa