Niña de quince años

Tus puntos y tus comentarios me motivan para seguir escribiendo!


Los post que no podes dejar de ver!

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4084661/Mi-amada-esposa---parte-1-de-3-.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4389002/Mi-amada-esposa---parte-2-de-3-.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4436535/Mi-amada-esposa---parte-3-de-3.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4802856/Mi-amada-esposa-parte-4.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4802863/Mi-amada-esposa---parte-5.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4868469/Mi-amada-esposa---parte-6.html


NIÑA DE QUINCE AÑOS


Estuve muchísimo tiempo distanciada de Euge, mi mejor amiga, esa amiga confidente, hermana de la vida, al punto de no dirigirnos la palabra. Yo no lo quise ver en ese momento, le había pedido su opinión sobre un tema en particular y su respuesta no fue la que me hubiera gustado escuchar, esperaba una piadosa mentira a una cruda realidad.
En ese momento no pude digerirlo, solo me decía lo que yo ya sabía, pero Euge era mi amiga! se suponía que no debía juzgarme como sentí que me estaba juzgando. Ahora ya hicimos las paces, le pedí perdón como correspondía, pero tuve que tragar mucha saliva antes de hacerlo.
Estábamos en un bar, después de escucharme atentamente ella disparó

'Pero vos sos o te haces? ya no sos una niña de quince años, de verdad te creíste todo ese jueguito de la nenita? no me vengas con temas de la inocencia, o el amor, o cosas por el estilo. Sos una boluda, te portaste como una puta, conoces a los hombres, que esperabas?'

Me lastimó en ese momento, pero era cierto, había pasado los treinta y estaba grande para príncipes y princesas...


Estaba saliendo de una relación de pareja tortuosa, con demasiadas dificultades, me sentía vulnerable, en esos tiempos que aun duele el corazón y una empieza a replantearse muchas cosas, era ese momento en que una mujer se pone nuevamente en vidriera, en exposición, cuando sale de la zona de confort que le da una relación estable. Estaba en esos días en que una se mira al espejo como nunca antes se había mirado, cuando se cambia el corte de cabellos, el color, cuando empieza a tomar sol, cuando cambia su forma de vestir y se interna en el gimnasio más próximo. Y eran tiempos de empezar a conocer nuevamente todos los boliches y pubs de moda, de intentar que te presenten cada muchacho lindo que se cruce en tu camino. Quería dejar mi pasado atrás, quería blindarme contra el dolor, superarme y justamente dar la imagen de mujer superada.

Y entre tantos cambios tomé caminos equivocados, dejé de lado a mis verdaderas amistades, entre ellas a Euge, solo porque no daban en mi nuevo target, ese que pretendía mostrar, o al que pretendía pertenecer. Entre tantos cambios me asocié a un club demasiado costoso para mi bolsillo, pero necesitaba subirme a las burbujas del champagne, y ahí nació mi nuevo y falso círculo de amigas.
Era un club sobre la margen de la laguna que rodea mi pueblo, para gente con muchísimo dinero, yo trataba de sobresalir haciéndome la superada, con trajes de baños por demás de osados, teniendo treinta quería competir con la frescura de las de veinte y con el nivel de las de cuarenta, pero solo era una estúpida tratando de impresionar.

Reynaldo era uno de los tantos solterones acaudalados, ese tipo de plata al que muchas tontas como yo querían atrapar, aparentaba cuarenta, pisaba los cincuenta, empresario acaudalado, con uno de los yates más grandes y lujosos de los que había amarrados en el embarcadero, tenía su cuerpo muy trabajado y muy cuidado, prolijo, bronceado, siempre con gafas de sol, y sus cabellos con rubios artificiales sueltos al viento. Era un bohemio, un lobo solitario, un par de veces me insinué a sus ojos, pero yo no estaba en su radar, ni siquiera me registraba, ni mis curvas pulposas en un diminuto traje de baño fueron un anzuelo para semejante Poseidón

Pero me las arreglé para meterme en su mundo, tal vez por mi manía de pensar que las cosas siempre serían a mi manera y empecinarme en forzarlas.
Entre idas y vueltas, una mañana de verano, 'Rey', como lo llamaría, acortando su nombre original y dándole un motivo más para que creciera su ego, me invitaría a pasear en su majestuoso yate, solo él, solo yo.
Navegamos por toda la laguna de punta a punta, de un lado a otro, una vez, otra vez, fue muy rico, hasta romántico y bebimos champagne cuando caía el sol por el horizonte.
Hicimos el amor, desde mi punto de vista, y me había pegado una buena cogida desde el suyo.
Cuando el cielo estaba embebido en un negro profundo, con miles de puntos brillantes titilando por sobre nuestras cabezas, amarramos en la ladera del club, todo había terminado, pero solo se cerraba el primero de muchos capítulos.

Tendí mis redes, intenté atraparlo, le di todo para conseguirlo, demasiado. Reynaldo era contador y abogado, trabajaba en la Bolsa de Comercio y ganaba más billetes de lo que podía gastar, era un solterón que había tenido todas las mujeres que había querido tener y no quise ver que no habría un solo motivo por el cual él quisiera entablar una relación seria conmigo.
Sin embargo, estábamos juntos mucho tiempo, y solían vernos casi en pareja, me metí en medio de amistades y a todos él le decía que yo era su novia, era una mentira, él era así, solo se quería a sí mismo y lo peor de la historia, fue que yo misma me creí su mentira, preferí ese tonto juego de palabras a vivir la cruda realidad.

Poco después de las primeras salidas la relación pareció enfriarse, en el entorno de amistades todo eran sonrisas, pero en la cama ya le había dado todo lo que una mujer le podía dar, así que empecé a jugar con distintos disfraces y el de 'la nenita' fue el que mejor se me daba, a él le gustaba y me pedía que me disfrazara de nenita, que me hiciera dos colas en mis negros cabellos, que me hiciera la tontita, la inocente, y volvió a funcionar por un tiempo, él me tomaba fotos y yo hacía todas las poses que él me pidiera que hiciese.

Las cosas empezarían a torcerse poco después, cuando ese día subimos tres al yate, no me parecieron del todo normales, pero sabía que Marcelo era uno de sus tantos amigos y no supuse inconveniente alguno.
Después de navegar un rato, ellos estaban muy en cosas de hombres, hablando de negocios, de historias pasadas y de cosas en las cuales no me sentía partícipe, fui entonces a tomar un poco de sol sobre la cubierta del yate, casi desnuda, me gustaba mostrarme como pavo real y fingí ignorarlos.
Ellos tomaban algunas cervezas, y todo parecía ir bastante normal

En un punto perdido del lago Rey detuvo la marcha y largó ancla, el sol estaba muy arriba y era hora de comer algo, los vi escabullirse a ambos hacia el camarote inferior, suponiendo que prepararían el almuerzo.
Poco después sentí la vos de mi novio llamándome, bajé la escalerilla y al llegar al dormitorio donde ellos estaban, no pensé encontrarme con lo que me encontraría

Rey estaba sentado a un lado, bebiendo una cerveza en lata, sonriente, expectante, Marcelo, desnudo sobre la cama miraba con ansias todas las fotos que Rey me había tomado, con la verga dura, no entendí

Rey me dijo entonces que él compartía todo con sus amigos y que así era la situación, Marcelo siempre le decía que quería cogerme estaba enloquecido con mis fotos de nenita, y esta era la oportunidad.
Como una puta paga solo sonreí mientras me quitaba el traje de baño, ante la atenta mirada de ambos, Rey bebía un trago de cerveza, Marcelo me esperaba sobre la cama sobándose su rica verga.
Fui por él, nos besamos, apasionados, lo hacía sin perder el cuadro visual con mi amor, porque todo lo hacía para y por él
Rey me pidió que se la chupara, entonces me escabullí hacia abajo, entre sus piernas, su pija estaba dura, con una marcada curvatura hacia arriba y un glande rosado y circunciso.

Empecé a lamerla con cadencia, para que uno y otro me miraran como lo hacía, tratando de engullir su miembro, acariciando y besado sus bolas, era muy rico, sentí mojarme con la situación, mi Rey me quemaba con la mirada y se notaba en él una profunda erección
Fui por más, fui a cabalgar a Marcelo, pero dándole la espalda, con todo mi frente y mi concha abierta a los ojos de mi amor. Tomé esa pija entre mis dedos y me la metí profundo, acariciándome el clítoris mientras mi amante de turno llenaba sus manos con mis pechos, sentí morirme en hermosos orgasmos

Marcelo tomo la iniciativa y me tiró sobre el colchón boca abajo, siempre de manera de que mi rostro apuntara directo a Rey, se acomodó sobre mis nalgas y el muy bastardo me la metió por el culo, me mordí los labios, dolió un poco, pero entró sin mayores problemas, y gozaba con toda la situación, uno me rompía el trasero, el otro observaba y yo era la reina privilegiada del lugar
Me sodomizó por unos buenos minutos, el placer me embriagaba, me hacía gemir y me costaba poder mirar a mi amor, es que era demasiado rico y solo me dejaba llevar, Rey, a un metro de donde estábamos se había desnudado y se masturbaba muy rico y solo hacía que deseara su verga.

Marcelo salió de repente, aun yo estaba en cuatro, el vino por mi espalda, me tomó los cabellos con una mano y me obligó a girar la cabeza, como apuntando el techo, muy cerca mío, estaba su verga dura y el terminaba de masturbarse con su mano libe, a escasos centímetros de mi rostro.
Abrí la boca para recibirlo, su líquido blanco y pegajoso empezó a chorrear por efecto de la gravedad, recibí una buena cantidad en mi boca, en mis labios, pero también regó mis pómulos, mi nariz, mis cabellos, y parte fua sobre las sábanas.

Rey dejó su postura pasiva, vino a mi lado, me recostó boca arriba y enterró su verga entre mis tetas, usé mis manos para cerrar mis pechos, envolviendo su miembro duro, empezó a moverse, mirándome fijo, noté que lo excitaba demasiado mi rostro embebido en semen, cada vez que avanzaba estiraba mi boca para lamerle el glande.
Estaba tan caliente por todo lo visto que no tardó en venirse, fue como un tornado de leche, ensuciado mis pechos, mi cuello, mi rostro, mis labios, al punto de no poder evitar tentarme de risa, es que solo me ametrallaba una y otra vez

Luego, después de todo lo rico, vendrían las alarmas de la situación que me negaba a asumir, ellos, volvieron a cubierta, desentendidos, hablando de cualquier cosa menos de lo que habíamos vivido, y me quedé sola limpiándome, me sentí como un preservativo usado que ya no era útil.
Pero eso no sería todo, por la tarde, Marcelo, con la complicidad de Rey, me volvería a coger en dos veces diferentes, a su entero placer, solo que, en esas dos oportunidades, mi Rey se desentendió de todo el asunto, como si nada le importara de lo que hiciera su amigo conmigo.

Cuando tocamos tierra preferí acomodar las cosas en mi cabeza a mi conveniencia, tal vez así fuera el amor de mi Rey, tal vez...

Las cosas iban cambiando más rápido de lo que podía digerir, la historia secreta de ese día no fue tan secreta, Rey y Marcelo se encargaron de divulgarla en todo su entorno de amistades, con lujo de detalles, y pronto vieron en mi la putita que era fácil llevarse a la cama, y yo no hacía nada por cambiar el curso de la historia, por el contrario, me seguía mostrando puta, me vestía como puta, me insinuaba como puta, y si yo no era la primera en respetarme no podía exigir que terceros me respeten.


Niña de quince añosPouco depois, fomos a uma festa, uma daquelas festas noturnas, com música, bebidas e, claro, sexo. Isso era bem normal no círculo do Reynaldo, do Marcelo e dos outros amigos deles. Eu já tinha ido outras vezes, só algumas, mas o suficiente para entender como funcionava. Embora nunca tivesse acabado na cama, era normal que acontecesse.

Naquela noite, eu estava linda, bem chamativa, com um vestido vermelho bem justo. A parte de cima era armada de um jeito que marcava meu busto, e pelas costas tinha centenas de alças cruzadas que eram quase impossíveis de ajustar, mas era muito erótico. Por baixo, o vestido colava nos meus quadris e terminava bem no início da minha bunda, exatamente onde começavam minhas pernas. Com o bronzeado do verão, resolvi mostrá-las sem meia-calça. Só tinha uma calcinha minúscula, sapatos brilhantes, pretos, estilo botinha, e um laço vermelho enfeitando meu cabelo.

Eu passava uma imagem sensual, provocante e puta ao mesmo tempo.

Já no lugar, eu tentava não soltar o braço do Rey. Sabia que as coisas não estavam bem e tinha medo de perdê-lo. Conversávamos com uns e outros, e toda vez que algum homem olhava para mim, a confusão com o Marcelo vinha à minha mente.

Eram cerca de quatro da manhã, naquela troca de olhares cúmplices, entre drinques e seduções veladas, o Marco e o Gustavo tinham se aproximado da gente. Dois cinquentões ricachões, amigos do Rey, que obviamente estavam por dentro de tudo.

Meu namorado foi permissivo, e até notei que ele estava me afastando do lado dele. Ele me deixou saber que eu podia dar uma volta por aí com os caras, coisas normais de uma festa, ele disse.

Fingi ser ingênua, mas em minutos estávamos os três em um quarto: Gustavo, Marco e eu. Não sabia como tinha chegado ali, mas sabia como ia sair.

Eles falavam com todos os detalhes do que tinha acontecido na cabine aquela tarde. Sabiam tudo sobre o Marcelo, sobre o Rey e, pior, sobre mim.

Me beijaram profundamente, um, depois o outro, e eu deixei. Gostei. Fiquei excitada.
Me deitaram na cama, naturalmente meu vestido subiu e minha buceta, quase coberta apenas pela calcinha, ficou exposta. Marco foi até ela, afastou a calcinha e começou a chupar deliciosamente, muito doce, bem devagar, sorvendo meus fluidos que já estavam encharcando tudo. Gustavo me surpreendeu do outro lado, enfiando seu pau na minha boca, fundo, muito fundo, e eu me derretia entre o sexo oral que recebia e o que dava. Senti orgasmos, senti prazer em dose dupla.

Gustavo então terminou de se despir, deitou ao meu lado e esperou que eu cavalgasse nele. Foi o que fiz — só levantaram meu vestido até a cintura, afastaram a calcinha de lado e eu devorei todo o pau gostoso dele. Que diabos, não conseguia evitar!

Marco veio por trás, comentou algo sobre como eu era uma puta, sobre Marcelo, sobre Reynaldo, e me avisou que ia me meter no cu.
Fiquei quieta, deixei penetrarem, e seu sexo quente me invadiu por trás — um de cada lado, muito gostoso. Eu gemia como uma puta, entregue, presa dos dois lados.

De repente reagi: eles não estavam usando camisinha, e eu não podia descer do quarto toda melada de porra. Então pedi que gozassem na minha boca.

Um de cada lado, eles se masturbaram enquanto eu, ajoelhada no chão, esperava o final.
Marco gozou primeiro. Envolvi meus lábios na cabeça do pau dele e senti uma cascata de sêmen escorrendo pela minha garganta. Depois foi a vez do Gustavo — têm um gosto diferente, mas não menos potente.

Me levantei, rimos. Na verdade, eu ria por fora, mas por dentro já me sentia humilhada e usada. E toda aquela porra que eu tinha acabado de engolir começou a me dar nojo.

Ajeitei a calcinha, arrumei o vestido, a maquiagem e o cabelo… e começaria o começo do fim.

Ao descer do andar de cima, ainda sentia o amargo adocicado na boca, no esôfago, e não conseguia me livrar dele, por mais que engolisse saliva. Rey estava alheio a mim, me ignorando, com uma taça numa mão e uma loira pela cintura com a outra. Queria morrer. Eu era bonita, ela era… gata, eu era alta, ela era altíssima, a perfeição do meu vestido fazia com que eu ficasse bem, a perfeição dos seus curvas fazia com que o vestido dela ficasse bem.
Engoli saliva, engoli meu orgulho, engoli minha raiva.

E aos poucos me senti cada vez mais relegada, o brilho dos primeiros dias rapidamente foi se apagando, e naquele dia as coisas chegariam a um ponto sem volta.
Ao chegar no píer para sair para navegar, ele não estava sozinho, foi uma surpresa, mas sim acompanhado por três donzelas, entre elas, a loira da noite da festa, aquela que tanto me tinha incomodado, e fiquei perplexa ao vê-la num maiô laranja fluorescente que me parecia perfeito, tudo era alegria, tudo era festa, e assumi que na cabeça do Rey eu era mais uma, uma das tantas, uma substituta.
Com cara de poucos amigos subi no iate e Rey pôs destino ao nada, elas colocaram música e à medida que nos afastávamos da costa foram aumentando o volume.
O espetáculo seria exatamente como eu tinha imaginado, no meio da lagoa, longe do mundo, as três vadias dançavam bem juntas, bem putas, se tocando, rindo, se beijando entre elas, compartilhando bebidas, tudo show para o Reynaldo.

A loira em um momento, soltou a parte de cima do seu maiô, seus peitos eram invejavelmente perfeitos, e além disso, eram naturais, ela tinha uma garrafa de vodka e deixou a bebida escorrer por eles, para que as outras duas os chupassem, à esquerda e à direita.
Era óbvio que nenhuma das três era lésbica, só eram putas que jogavam o jogo que o Rey gostava que jogassem
Rey em todo esse tempo, notou meu distanciamento e que eu não fazia parte, veio até mim, me recusei, mas ele insistiu e me levou até as garotas, eu não queria, mas não consegui resistir e em minutos me vi chupando a buceta de uma e da outra, especialmente da loira que tanto odiava, sua buceta gorda cheia de vodka

Terminaria bêbada, perdida, me revirando no camarote com o Rey e as três garotas, não sei, Tenho lembranças muito vagas, já que o álcool me fez perder o controle. Ficamos transando por muito tempo. Em algum momento, estávamos chupando o pau dele entre três, enquanto ele beijava a quarta. Em outro momento, eram só brincadeiras entre garotas. Em uma hora, eu lambia uma bunda e o pau ao mesmo tempo. Em outra, ele estava comendo o cu da loira e eu esperava minha vez de chupar. Em algum momento, me filmaram com um celular, e depois foi minha vez de filmar toda essa putaria.

Eu tinha gostado, era verdade, mas aquela não era eu, ou o que eu pretendia ser.

Antes de pousar na realidade, em um momento de lucidez, a loira se aproximou de mim – aliás, ela se chamava Nataly, mas duvido que fosse o nome verdadeiro – e me perguntou se eu era "a nova", porque essa era a vida do Rey: todas garotas, todas putas, todas namoradas.

E sim, para ele todas eram "suas namoradas" e as coisas nunca mudariam. Discutimos tempos depois, voltei a ser eu mesma, abandonei o papel de mulher superada e meu lado frágil e machucado veio à tona. Terminamos da pior forma: eu chorando como uma menina, ele rindo com sarcasmo. Foi minha culpa acreditar num conto de fadas que nunca existiu.

Fechei essa fase da minha vida e voltei a ser eu, a boba, a estúpida. Peguei minha velha agenda, que estava abandonada num canto, e comecei a ler meus contatos aleatoriamente. Acabei parando no da minha melhor amiga, minha irmã de alma, Eugênia. Suspirei. Precisava ligar para ela, pedir perdão, tinha tanto para contar...

Se você gostou da história, pode me escrever com o assunto **NIÑA DE QUINCE AÑOS** para dulces.placeres@live.com

1 comentários - Niña de quince años

cargffa +1
Título engañoso pero me gustó la historia
Ja ja. Si la historia iba x otro lado no lo hubiera podido publicar
cargffa +1
@dulces-placeres que lastima me encantaría una historia prohibida,pásate x mis post y Lee la de Katy.