Tudo misturado

Los post que no podes dejar de ver!

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4084661/Mi-amada-esposa---parte-1-de-3-.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4389002/Mi-amada-esposa---parte-2-de-3-.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4436535/Mi-amada-esposa---parte-3-de-3.html


TODO MEZCLADO

Si, mi debut sexual fue con un chico, yo tenía diecisiete, él apenas quince, éramos compañeros en el club en el que ambos frecuentábamos y todo se dio más que por mutua curiosidad que por otra cosa, inexpertos, nerviosos, jugando a lo prohibido.
Pero ese primer encuentro pronto quedaría en el olvido, a mis padres no les hubiera gustado mucho enterarse que tenían un hijo homosexual, además, a mí me excitaban mucho las chicas y honestamente, ese encuentro clandestino no me había gustado demasiado, no me había enloquecido.

Después llegó Olivia, mi primera novia, una vieja amiga del barrio, demasiado creyente, de las que iban cada domingo a misa y hasta en un beso robado veía el pecado, demasiado santa para mí, me ganó por cansancio, nunca pude llevármela a la cama y mi interés por ella fue mermando cuando Natalia apareció en mi vida.
A Nati la había conocido en un boliche y me enamoré perdidamente de ella, creo que nunca volví a sentir por alguien lo que sentí por ella, tal vez porque fuera la primera mujer con la que tendría sexo, tal vez porque me deslumbrara con todo lo que en poco tiempo me enseñaría, porque Natalia era un tornado en la cama, que mujer!
Fueron tres años de locura, ella era la locura en sí misma, hasta que un día solo no le fui suficiente, pareció ser que no era demasiado hombre para satisfacerla y buscó en otros lo que no encontraba en mí.

Su traición me lastimó demasiado, había tratado que las cosas funcionaran, pero no podía obligarla a que se enamorara de mí, por un largo tiempo busque en otras mujeres encontrar lo que encontraba en Natalia, pero Natalia solo había una.
Me cerré y no quise saber más nada de amores, solo alguna que otra aventura esporádica, pero cero compromisos.

En esos días ya trabajaba como chofer de ómnibus de recorrido urbano, en turnos rotativos, y mis preferidos siempre eran las jornadas nocturnas, la tranquilidad de la noche, lejos de las clásicas congestiones de tránsito, y todos los problemas de un mudo despierto, no, nada que ver, en esas horas donde todos dormían, yo era feliz manejando mi mole con olor a diésel.
Ahí conocería a la gorda María, ella en verdad era una travesti barata y fea que se prostituía por unas monedas, generalmente la levantaba de regreso a su casa a altas horas de la noche y en esa soledad fuimos entablando charlas.
La gorda María bajaba en el final del recorrido, en un lugar apartado y oscuro donde yo tomaba un corto receso antes de empezar una nueva vuelta, y en ese lugar se produjo la magia
Fue una primera vez, me bajé los pantalones y la gorda me pegó una hermosa mamada, espectacular, profunda y solo la deje hacer.
Y se hizo costumbre, generalmente la llevaba gratis sabiendo que al final del recorrido ella pagaría por el viaje, recuerdo que a veces, mientras me la chupaba, yo le acariciaba la verga lentamente hasta hacerla acabar, era muy agradable, tenía un pene chiquito, pero dejaba el piso del micro lleno de semen.

La gorda María solo desapareció una noche, fue como que la tierra la había engullido y debí conformarme con eso, me di cuenta que no sabía nada de su vida, y la extrañé hasta que me hice a la idea de que jamás volvería a verla.
Por unos años viví una clandestinidad pagando por sexo cuando lo necesitaba, me había hecho adicto a los travestis y me gustaba elegirlos por la web. Descubrí en esa figura ambigua de hombres con tetas o chicas con pito, un placer único y difícil de imitar.

Llegando a lo treinta el destino me golpeó duro con la muerte de mi padre, en un tonto accidente laboral que le costaría la vida. Me deprimí mucho, no podía superarlo, mi vida se hizo errática, descuidé mi empleo, a veces solo faltaba sin motivos, a veces tenía tontos accidentes de tránsito, mis jefes se hartaron de mí y solo me despidieron.
Había tocado fondo y me levantaba o caía para siempre, con el dinero de la indemnización, algunos pesos que tenía ya ahorrados y algunos más que mi padre me había dejado decidí comprarme un taxi.
Así me transformé en mi propio patrón, conocía la calle y en especial la noche y poco a poco mi vida pareció florecer nuevamente.

Descubriría que el taxi me daría miles de oportunidades, siempre subía alguna putita de ocasión, alguna mujer cornuda que solo deseaba encamarse con el primer idiota que se cruzara en su vida, alguna veterana caliente quien su viejo esposo ya no trataba como dama y un sinfín de oportunidades que me acercaron nuevamente al sexo femenino, cogí con muchas, es cierto, más de las que imaginan y cuando no se daba, siempre las cuadras donde las chicas trans vendían su sexo estaban disponibles para alguien como yo.

Tenía treinta y cuatro cuando el amor llegó nuevamente a mi vida, sin buscarlo, Dalma solo apareció en un día, subió al taxi una lluviosa tarde de setiembre, cuando recién empezaba mi jornada de trabajo, enredada con su bolso de mano, su amplio paraguas, y la mochila de estudios de su pequeña hija de ocho años, quien parecía hacerle la vida imposible a su madre. La situación me sacó una sonrisa contenida, puesto que ella estaba fuera de control, sobrepasada por el entorno. Al cerrar la puerta trasera del coche pareció tranquilizarse, me dio la dirección y emprendimos el viaje. Se la notaba joven, tal vez por el perfecto maquillaje que delineaba su rostro, hablábamos de la inclemencia del tiempo y la observaba por el espejo retrovisor, en especial unos ojos oscuros y embrujados que me atraían peligrosamente, mientras su pequeña hija parecía obstinarse en ser la molestia de la jornada. En lo que pude notar desde mi posición, Dalma tenía en esos días el cabello en un rubio teñido con un lacio precioso, con raya al medio y si bien mucho no podía ver, adiviné unas curvas bien formadas y unos pechos que eran más de la media.

Nos despedimos con una sonrisa y me dijo que, si al día siguiente llovía, podría pasar nuevamente por ella y su hija, misma hora, mismo lugar, viaje asegurado. Al día siguiente no llovió, el sol brillaba en lo alto del cielo, pero igual pasé por ellas.
No volvimos a separarnos, madre soltera de veintiocho años, muy bonita para mí, por cierto, con un culito respingón y llamativo. Era buena en la cama, sí que lo era, no a la altura de Natalia, algunas veces me hacía recordarla.
Lamentablemente las cosas no fueron tan bien como yo hubiera deseado, el problema no era la cama, no, pero había situaciones de discusiones, distintos puntos de vista, como manejar el dinero, las responsabilidades del hogar, mis intromisiones en la crianza de su hija y en cinco años la situación se había degastado peligrosamente, había vuelto a visitar en secreto a mis amigas trans y recordé lo lindo que se sentía comerse una verga de vez en cuando.

Empezó a morir el diálogo entre nosotros y con el paso de los años Dalma solo se había puesto más hermosa, ya no tenía el control de la situación y solo había empezado a salir con amigas, según decía, aunque sabía que había algún carancho revoloteando el nido oliendo la carroña de una situación que parecía caerse a pedazos.
Ella siempre acomodaba bien sus fichas, salía demasiado bonita por las noches y se aseguraba de que yo me quedara en casa cuidando a su hija, de manera de atarme y no darme margen.

Pero esa noche sería diferente, estaba harto de jugar a no ser cornudo e intentar tapar el sol con la mano, discutimos, le dije que no contara conmigo, Dalma levantó la voz, tenía planes con las chicas y yo lo estaba arruinando, le dije que fuera madre por una vez en su vida y se hiciera cargo de sus actos, intentó abofetearme y logré esquivar con habilidad su mano derecha.
Ella ya no volvió a hablarme, cogió su celular y llamó a sus padres, una corta charla y en pocos minutos había ubicado a la pobre criatura.
Al caer la noche, el abuelo había pasado por la nieta, había un silencio marcado en el ambiente y se respiraba la tensión de una discusión que no había terminado, cenamos en silencio, casi sin miraros, como extraños.
Luego fue a nuestro dormitorio a cambiarse, yo me quedé sentado a la mesa bebiendo algunas copas de vino que aún quedaban en la botella.

Dalma salió minutos más tarde para pasar al baño por los últimos retoques de maquillaje y peinado frente al espejo. Dejó la puerta entreabierta y me quedé observándola mientras acomodaba sus lacios cabellos, ahora negros, lejos de mi inspección ocular, una blusa ajustada que marcaba sus generosos pechos, con hombros asimétricos, una pollera símil látex a media pierna que solo la hacía ver llamativa y culona, medias de nylon y zapatos tacos altos, toda de negro, como la noche, apenas unos adornos en plateado para cortar ese color profundo. Pasó a mi lado sin siquiera mirarme, meneando adrede sus caderas y dejándome notar que sexis se marcaban sus tetas, revisó las cosas en su cartera y se dirigió a la puerta de salida dejando en el ambiente un olor profundo y dulzón de su perfume importado, era obvio que era demasiada producción solo para una noche de amigas.


Tudo misturadoAonde você vai? Não acha que está chamando muita atenção? Parece uma puta...

Ela me olhou com raiva, tentou responder, mas me encarou com pena. Eu estava bêbado, ela engoliu as palavras e só me ignorou antes de ir embora.

Fiquei sozinho, e não ia bancar o otário de novo. Fui tomar um banho, me vesti bem, também tinha minhas armas. Com certeza conseguiria pegar alguma buceta das tantas vadias que eu frequentava, ou, se pintasse, uma rola gostosa de alguma garota trans. Mas percebi que não era aquilo que eu procurava. É que eu estava puto com a minha mulher e com a discussão que tinha ficado no ar.

Dei mil voltas e cansei de olhar o relógio. Perto das duas da manhã, resolvi ligar pra ela, imaginando que não atenderia.

No entanto, atendeu. Dalma atendeu e eu ouvi música no último volume. Ela quase gritava pra falar, notei que estava eufórica, talvez bêbada, e me surpreendeu quando disse onde estava e mandou eu ir buscá-la.

Peguei minhas coisas e fui sem pensar duas vezes. Ela estava numa balada conhecida da região, um lugar onde, aliás, não se vai com amigas.

Tinha muita gente, gente pra caralho, não conseguia achar ela. Liguei de novo, ela disse pra nos encontrarmos no bar. Fui até lá e, pra minha surpresa — ou nem tanto —, ela não estava sozinha. Estava acompanhada por um cara de músculos definidos, com uma camiseta justa verde militar, cabelo no estilo da moda e uma barba rala de alguns dias. Pra ser sincero, o cara era bonito pra caralho.

Dalma nos apresentou e deixou claro o que queria: só problemas.

— Sergio, te apresento meu marido, Danilo.
— Danilo, te apresento meu namorado, Sergio.

O cara só esboçou um sorriso nos lábios, deixando claro que o único surpreso dos três era eu, o corno consciente.

Tentei arrumar briga, mas o cara me ofereceu uma bebida. Também quis discutir com Dalma, mas ela só me deu um beijo como resposta. E, porra, não dá pra discutir com quem não quer, e era óbvio que eles estavam em outros planos.

Calculei minhas chances, socos de... Porra, briga não era minha praia, fazer escândalo também não, cair fora era deixar a comida de bandeja pra ele, e eu fiquei feito um idiota baixando a guarda.
Tomei um gole e outro, Dalma também, e Sergio a mesma coisa, a gente relaxou, deixou a tensão de lado.
Não sei como aconteceu, mas às cinco da manhã meu inimigo virou meu amigo, abraçados a gente ria igual bêbado e, ao sair da balada, os três fomos parar na casa dele.

Sergio colocou música e foi pegar uns copos, minha mulher se pendurou nos meus ombros e só dançou devagar, me beijou fundo enquanto ele ficou de fora com os copos na mão. Dalma, depois de uns minutos, passou os copos das mãos dele pras minhas e foi dançar com ele e beijar ele do mesmo jeito que tinha me beijado, não posso negar, a imagem me excitava e as curvas da minha mulher enfiada em roupas pretas eram perfeitas pros meus olhos.
As mãos do amante dela agarraram as bundas dela e depois levantaram a saia dela até a cintura, uma calcinha fio dental preta minúscula deixava a buceta quase nua, eu já tava aguentando uma ereção dolorida entre as pernas.
Cinco minutos depois, Sergio, Dalma e eu estávamos os três pelados na cama do quarto dele.

Minha esposa me beijava e depois beijava ele, voltava pra mim, ia pra ele, o corpo másculo e nu do Sergio me deixou numa situação desconfortável, é que eu gostava pra caralho, mas Dalma não sabia nada dos meus gostos, ele tinha uma rola normal, até menor que a minha, e eu só disfarcei meus desejos. Dalma desceu um pouco e, o mesmo que tinha feito com nossas bocas, agora fazia com nossos sexos, chupava ele, me chupava, depois ele e de novo eu, direita, esquerda. Minha mulher disse pra gente brincar de 'espadinhas' e obviamente me fiz de desentendido, mas Sergio não ligou de bater de lado a lado nossas rolas duras uma na outra várias vezes.
Dalma então segurou os dois paus juntos entre as duas mãos e, abrindo a boca de um jeito impressionante, tentou chupar os dois ao mesmo tempo. Foi muito quente, não só pelo bem que minha esposa fazia o serviço. só sentir no meu pau a outra encostada, era demais pra mim e se aquilo não parasse, com certeza eu gozava, era questão de tempo.

Saí dessa enrascada, me deitei de lado, peguei a Dalma e a trouxe pra cima de mim, ela se ajeitou pra cavalgar com uma perna de cada lado, pegou meu pau duro entre os dedos e enfiou no dela, tava toda molhada e começou a se mexer muito gostoso, pra dentro, pra fora, uma e outra vez, apertei com vontade os peitos lindos dela e ela colocou as mãos sobre as minhas me guiando no caminho do prazer, até esquecendo do Sergio, mas o Sergio não ia ficar de fora.

Vi ele se ajeitar por trás, entre minhas pernas e as da minha mulher, situação que me encheu de intriga, imaginando uma tentativa de dupla penetração, mas claro, a Dalma era extremamente liberal, menos nisso, o cu dela era imaculado e casto e não permitia nem que alguém pensasse em quebrar essa invencibilidade.

Mas o amante dela me surpreendeu, senti o pau dele se apoiar no meu, e empurrar pra dentro, um pouco mais, um pouquinho mais, fiquei estupefato naquele momento, vendo o quão permeável minha esposa se tornava pra ter dois ao mesmo tempo no mesmo buraco, e com um pouco de esforço ele conseguiu.

O que dizer, minha mulher bufava com os olhos fechados e as costas arqueadas pra trás, inconscientemente cravava as unhas no meu peito me levando ao limite do sangramento, os peitos dela balançavam descontrolados, fechei meus olhos pra não ver, porque aquela cena era impossível de resistir, mas não podia fechar meus ouvidos, muito menos deixar de sentir o que sentia entre minhas pernas.

É que meu pau tava envolto pelo da minha esposa, eu tava parado dentro dela, mas também sentia o roçar pau com pau que o Sergio me dava, entrando e saindo, até as bolas dele batendo nas minhas, tinha prazer dos dois sexos ao mesmo tempo. O amante dela ficou mais duro e só começou a encher tudo de esperma morno, o interior da buceta dela e senti os fluidos dela no meu próprio pau, não dá pra narrar tudo isso, só É preciso viver isso pra ter noção, então sim, eu também cheguei, os dois quase ao mesmo tempo.
Sergio se retirou e naturalmente senti a mistura de porra expelida de dentro, escorrendo pelas minhas próprias bolas numa situação muito gostosa.

O amante da minha esposa então veio para o lado dela, à minha esquerda, em pé sobre o colchão, com o pau dele meio branco numa mistura de sêmen entre os fluidos dela e os meus, na altura da cabeça da minha mulher. Ela não hesitou, começou a limpar ele com a língua, muito gostosa. Eu olhava a cena, perdido no prazer, e ela só me observava de vez em quando, de canto de olho, pra ver minha reação. O pau de Sergio foi crescendo de novo aos poucos, e ela começou a ter dificuldade pra chupar ele inteiro, e ela percebeu que eu também estava ficando duro de novo dentro da buceta dela.

Foi quando Dalma veio pra cima de mim decidida e me deu um beijo de língua interminável e profundo. Os lábios dela tinham gosto de pau do amante, e eu simplesmente amei. Ela voltou a chupar ele e voltou a me beijar, uma vez e outra, num jogo eterno em que eu só recebia o sabor de Sergio.

Ele se ajoelhou e deixou ela guiar ele. Fechei os olhos e comecei a chupar ele com vontade, adorava fazer aquilo, e entre nós dois demos uma lambida gostosa no pau dele, aquele pau gostoso na boca da minha mulher e na minha própria boca, beijando ela com gosto.

Dalma então avançou sobre meu corpo, sempre montada, levou a buceta dela do meu pau até a minha boca, praticamente sentou na minha cara, e foi minha vez de chupar aquela buceta cheia dos meus fluidos e dos fluidos do namorado dela. Foi muito louco porque, por causa da gravidade, o sêmen escorria e eu só tinha que engolir, e eu gostava de fazer aquilo, lamber aquele clitóris gordo e quente que ela não conseguia controlar.

Foi quando Sergio voltou a ficar entre minhas pernas, acariciou meu pau que já estava duro de novo, levantou minhas pernas e, sem pedir permissão, enfiou ele suavemente no meu cu.

Por sorte não era minha primeira vez, e uma penetração anal não era difícil pra mim. Ele meteu. até o fundo e ela só me deu com gosto.
Tudo era perfeito demais, eu chupava a buceta da minha esposa enquanto o amante dela arrombava meu cu ao mesmo tempo, sentia uma dor gostosa que só me dava prazer e meu pau queria explodir a qualquer momento.

Dalma só se deu por satisfeita quando sentiu que eu já tinha chupado todos os sucos dela e que ela não tinha mais orgasmos pra oferecer, só se afastou pra um lado pra ver como ele arrombava meu cu.
Eu gemia como uma puta gostosa e Sergio me tinha totalmente entregue, ele tirou o pau do meu rabo e gozou em cima de mim, o esperma quente dele espirrou na minha barriga, no meu peito, na minha mão e na minha buceta, eu me senti gozar e tive uma ejaculação tão forte que os dois primeiros jatos chegaram no meu rosto.

Tudo tinha acabado, horas atrás eu queria dar porrada no amante da minha mulher, e agora, eu olhava pra ele enquanto me limpava com os lençóis, ele tinha arrombado meu cu e muitos segredos ficaram expostos pra minha esposa.
Voltamos pra casa, não conversamos muito, não era a hora.

Tivemos que botar muita coisa pra fora, ela descobriu minha ambivalência por homens e mulheres, não deu mais pra esconder, e ela também me contou que há tempos mantinha um caso com Sergio, chamou ele de 'um maldito animal degenerado' que comia ela como ninguém nunca tinha comido.
Nosso casamento era um barco furado à deriva, fazia água por todos os lados, Dalma e eu tentamos levar ele até a costa, mas foi impossível, tava condenado ao fracasso.

Dividimos as poucas coisas que tínhamos em comum, ela teria o futuro dela com o homem por quem se apaixonou, Sergio, só deixei meus melhores votos pra eles, de coração, as coisas só deram certo do jeito que tinham que dar.
Hoje minha vida segue um pouco na solidão de não querer ninguém na cama de forma fixa, tô um pouco mais velho, mas meu táxi continua rodando pelas ruas toda noite até o sol nascer, eu solto as rédeas dos meus prazeres, mulher, homem, transsexual, tudo me É possível e sou muito feliz, mesmo tendo tudo misturado.

Se você gostou dessa história, pode me escrever com o título TUDO MISTURADO para doces prazeres@live.com

1 comentários - Tudo misturado