No dejes de pasar por mi mejor post
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4084661/Mi-amada-esposa.html
No te vas a arrepentir
SUERTE DE HOLGAZAN
En mis años de adolescencia solo deseaba ser una estrella de rock, me pasaba horas y horas junto a mi amado bajo haciendo temblar todos los vidrios de la casa con mis acordes graves. Soñaba estar en una banda, ser famoso, y me gustaba mi posición, nunca me interesó ser un frontman, el cantante, tampoco el niño maravilla tirando acordes con su guitarrita, no, la base junto a la batería era lo mío, plata fácil con chicas fáciles.
Pero claro, era lindo imaginarlo, imaginarme a mí mismo, pero la realidad de mi familia era diferente, no había mucho dinero, éramos tres hermanos, mamá ama de casa y papá era inspector de tránsito en la municipalidad de la ciudad.
Y claro, era todo demasiado cuesta arriba, papá trabajaba horas extras, y cuando podía hacía algunas changas de custodio improvisado, en algún mercado, alguna granja.
Discutíamos mucho en esos días, yo no podía notarlo, no lo entendía, yo iba ser una estrella, pero él solo veía un holgazán que no estudiaba, no trabajaba y se pasaba el día 'jugando con su guitarrita' como solía decir en un tono despectivo, sabiendo que odiaba que le dijera 'guitarrita' a mi bajo. Por suerte estaba mamá, que siempre intercedía y ponía paños fríos a las acaloradas discusiones.
Pero una vez las cosas cambiaron, haciendo analogía con mi bajo, la cuerda se tensó tanto que al final terminó cortándose, esa vez mamá solo se quedó en silencio, con la mirada resignada, y por primera vez tomaba parte y se ponía del lado de mi padre.
Recuerdo que él se sentó frente a frente, calmado, no había gritos, solo me dijo con voz pausada, resignada, que me daba tres opciones, o trabajaba, o estudiaba, o tenía la puerta para elegir mi propio camino, las cosas debían cambiar, sí o sí.
Con ese ultimátum no había lugar donde escapar, honestamente siempre fui un haragán, y busqué el mal menor.
Papá consiguió por medio de sus contactos, meterme en algunos de los oficios que estaban de moda en esos días en la municipalidad, de casualidad caí en cosas de jardinería, césped, flores, abonos, tierra, y cosas que poco me interesaban, pero al menos era algo, estaba aprendiendo algo nuevo, tranquilizaba un poco a mi familia y, además, me pagaban unos pesos que siempre venían bien.
Yo no pude verlo en ese momento de joven rebeldía, pero hoy, pasados los cuarenta la jardinería es el medio con el que me gano la vida.
Soy un tipo soltero, bohemio, no me interesan las relaciones duraderas, no pienso tener hijos, siendo sigo el haragán de siempre, no soy ambicioso y los pesos que gano, sean muchos, sean pocos los invierto bien invertidos, mujeres, fiestas, cigarros, viajes, y por supuesto, mi fiel amigo, el bajo, siempre me espera en un rincón para hacernos mutua compañía, hoy, ya es un hobby.
Deambulé por muchos sitios con mi oficio a cuestas, en trabajos temporales, en parquisados de algún country, tuve una florería en la puerta de un cementerio, también fui profesor improvisado sobre el tema, y demás actividades del rubro.
Dos años atrás me presenté en una licitación para tomar el mantenimiento de todo 'lo verde' en 'Cinco Cruces', una importante empresa de infusiones de té y café, con varias marcas, muy conocida en el país.
Así gané un contrato por tres años con posibilidades de renovar por otros tres y empecé con largas jornadas y diversas ocupaciones.
La fábrica en sí es bastante grande, trabajan más de trescientas personas en turnos rotativos y existe un ala administrativa en horario central, lo mejor es el constante aroma a café que reina en las inmediaciones, más cuando sopla viento norte, suave, exquisito.
Si bien tengo libertades para moverme por todos lados, la mayoría del tiempo la paso en los exteriores, donde está el césped, pero, sin embargo, uno va haciendo conocidos y amistades, se entera de chimentos y puteríos de todos los días, historias de cuernos, infidelidades, el puto de turno, la secretaria y el jefe, la puta de la cocinera del turno noche, que por unos pesos cogía con cualquiera, si esas paredes hubieran hablado...
Ana era una de las enfermeras de turno, alguien que me atraía, unos treinta años, divorciada, castaña de nacimiento, rubia por elección, ojos cafés, estatura mediana, siempre en su uniforme de camisa y pantalón azul petróleo, prendas holgadas que sin embargo dejaban notar dos pechos llamativos y unas caderas bien formadas.
En mis ratos libres solía visitarla, me gustaba su compañía, el servicio médico estaba apartado de la nave principal y casi nadie llegaba por esos lados, compartíamos mates, charlas. Ana no gozaba de buena reputación, se contaba por los pasillos que era una enfermera bastante liberal por decirlo, que había estado enredada con algunos doctores y que tenía demasiadas caídas, incluso algunos muchachos de planta habían pasado por su consultorio a escondidas. Como fuera, no me importaba, por el contrario, esas historias de pasillo me daban morbo y hacían aumentar mi interés por ella.
Mirna era la otra chica a quien tenía en el punto de mira, subcontratada por servicios temporarios, era parte de un plantel tercerizado que se encargaba de toda la limpieza edilicia, y a veces me cruzaba con ella en los horarios de descanso.
Morena, de ojos negros como la noche, siempre llevaba su larga cabellera recogida en una larga trenza, al igual que Ana, era una mujer pisando los treinta, de altura promedio y de muy linda figura, un tanto más delgada. Me encantaba su simpatía, siempre contenta, siempre sonriente. Sabía que tenía una niña, pero no tenía pareja, vivía con sus padres.
Mirna me cautivaba, su forma de hablar, su forma de caminar, tenía una naturalidad para verse sexi sin verse puta, muchos querían cogerla. Su prontuario era tan oscuro como el de Ana, decían que su hombre la había dejado por puta, también se comentaba que era bisexual y que le gustaban más las mujeres que los hombres.
Yo siempre jugaba con las palabras en cada cruce, con una, con otra, entendía que ellas eran receptivas y jugaban de la misma manera en que yo lo hacía, con indirectas, con frases en doble sentido y preparaba la trampa para que cada una cayera a su debido tiempo. Mirna era de jugar bien ese juego, palabras con insinuaciones veladas y esa sonrisa de puta que tan bien le quedaba, no dudaba en decirle directamente que terminaríamos en la cama y ella solo me respondía negándolo con la cabeza, cuando su rostro me invitaba a dar el siguiente paso. Ana era diferente, ella era más de tocar, con la excusa de ser enfermera, la visitaba con cualquier pretexto, y ella solo gustaba revisarme por nada, en más de una oportunidad había notado alguna erección y era en ese momento cuando la maldita se desentendía de lo que hacía y solo me dejaba al límite.
A pesar de tantas indirectas, todo terminó dándose por casualidad y de la forma menos pensada.
Como suele suceder, surgió una idea de compañeros de salir una tarde después de la jornada laboral a tomar unas copas, y a charlar un poco de cualquier tema alejado de lo laboral.
Pasé por casa a tomar una ducha y a ponerme presentable, para oler bien y verme bien, agarré mi moto y me dirigí al bar de la zona céntrica donde ya habían hecho las reservas.
Llegué, dejé la moto a un lado y me dirigí con los chicos donde a la distancia comprobé que ya estaban dándole fuerte a un par de cervezas, fui uno de los primeros, alguno de los muchachos ya habían llegado y también estaba Ana, era evidente que recién se había duchado, sus cabellos aun húmedos lo dejaban saber, estaba maquillada, con alhajas, con un jean celeste desgastado pegado a su piel, por arriba una remera de algodón blanca, simple, sin detalles, pero lo suficiente ceñida a su cuerpo como para resaltar sus muy atrayentes y envidiables pechos, que ricas tetas tenía esa desgraciada y como le encantaba lucirlas! Ana, fuera del ámbito laboral y fuera de los acostumbrados y cansinos uniformes era una mujer muy bonita.
Me senté a su lado y me uní a la conversación del momento.
Mirna llegaría entre los últimos, y su llegada no pasaría desapercibida para propios y extraños, un taxi paró frente al local y pocos segundos después ella descendió del asiento trasero, infinitas y pequeñas trenzas poblaban su cabeza en un trabajo arquitectónico que seguramente le había insumido demasiado tiempo, pero que quedaría en segundo plano por la forma en estar vestida, unos enormes y filosos tacos altos, una minifalda en color rosa chicle que le dibujaba un culo espectacular, era tan corta que la incomodaba en demasía, hacía lo imposible para bajarla una y otra vez y sus límites marcaban la diferencia entre lo normal y lo prohibido, estaba vestida para matar, para una noche de fiestas y no para una tarde para compartir cervezas en un pub entre amigos.
Como fuera, pasaron los minutos, Ana a mi lado se ponía más y más toquetona, con sonrisas peligrosas y charlas de aparente inocencia, casi todos mis sentidos estaban con ella, mis oídos escuchando sus palabras, mi piel recibiendo roces de su piel, mi olfato llenándose con su perfume, pero no mi vista, mis ojos tenían la exclusividad para Mirna quien al otro extremo de la mesa, muy lejos de mi alcance, no dejaba de ser centro de atención, no solo por su físico, sino también por la forma en que tomaba, sin límites.
Cuando el sol ya caía por el horizonte y las primeras sombras del anochecer ganaban el lugar, poco a poco, uno a uno fue dando por terminada la reunión, algunos tenían esposas o maridos que lo esperaban, otros tenían que pasar por sus hijos, y para otros sencillamente ya había sido suficiente, apenas quedamos un puñado de compañeros, Mirna estaba ebria, ya no era centro de atención por su figura, no, ahora la miraban como una borracha alegre y festiva que se mostraba como una payasa haciendo el ridículo, estaba descalza y mecía sus zapatos tacos altos entre sus dedos, de un lado a otro, Ana me dijo por lo bajo que pediría un taxi para llevarla hasta su casa y solo se me ocurrió en ese instante decirle que yo la acompañaría, casualidad, sin premeditar, solo vi que Ana, al ser mujer no podría sola con Mirna, además yo también había bebido bastante y no era prudente andar en dos ruedas.
Fuimos los tres al asiento trasero, Mirna al medio, flanqueada por Ana a un lado y yo al otro, el taxi partió y nuestra amiga parecía perdida en el mundo, sus piernas se abrían descontroladas y era imposible esconder la tanga blanca que usaba, ella venía sobre mí, luego sobre ella, la única que hablaba de los cuatro, se estiró para besarme en la boca, la esquivé, entonces hizo lo propio con Ana diciéndole que yo era un maricón.
Llegamos a los tumbos, colgada de mi hombro mientras Ana abría la puerta, no podíamos dejarla así.
Decidimos darle una ducha, ayudé en todo a Ana y solo les di la privacidad del caso cuando fue requerido, esperé en el comedor un buen rato, jugando con mi celular.
Poco después ellas aparecieron, Mirna parecía otra mujer, sobria, con sus cabellos mojados, envuelta en un toallon que iba desde sus pechos a sus caderas, me dijo al verme
Que vergüenza Diego, lo siento...
No te preocupes, está todo bien, para eso estamos los amigos - respondí mirando a Ana -
No sé cómo pagarles... - dijo Mirna -
Ella caminó sola unos pasos, dándonos la espalda a ambos y en un instante se hizo un silencio muy erótico, como si hubiera terminado una película y estaría por comenzar otra, solo soltó la enorme toalla que la cubría y la dejó caer al piso, sin palabras, Ana me miró, pero yo estaba abstraído con el hermoso culo de esa mujer
Te gusta lo que ves? - preguntó Ana, quien estaba fuera de mi alcance visual -
Me encanta - respondí en tono apenas audible
O tal vez te guste más esto? - preguntó ella -
Virei a cabeça, e atrás de mim a Ana já tinha tirado a parte de cima do corpo. Os peitos dela eram enormes e espetaculares, dos melhores que já vi, com uma geometria que beirava a perfeição, com as auréolas maiores e mais impressionantes que você pode imaginar, e uns biquinhos bem pequenos e pontudos.
A Mirna foi ao encontro dela, frente a frente, e começaram a se beijar de um jeito muito erótico, se acariciando e esfregando os peitos uma na outra, trocando olhares cúmplices na minha direção, enquanto eu ficava sentado ali, só assistindo ao jogo.
Ana encheu as mãos com a bunda gostosa da Mirna, e as duas balançavam de um lado pro outro com cadência, como se um blues melancólico do Gary Moore estivesse tocando de fundo. Era muito erótico, muito mulher com mulher enchendo a vista de um homem de pecados.
Eu me despi e fui ao encontro daqueles corpos já nus. Beijei uma, com muita suavidade, com muito tempo, depois a outra, e elas se beijaram de novo. Nós três nos beijamos juntos. Coloquei minha mão sobre a mão da Ana e a guiei pra percorrer juntos as curvas lindas da bunda insinuante da Mirna. No momento certo, comecei a chupar um dos peitos da Ana — não podia perder essa oportunidade — e, de olho, vi que a Mirna copiava o jogo com o peito que ficou livre.
Não demorou pra elas prenderem minha rola entre os dedos e fazerem com meu pau umas coisas tão gostosas que só as mulheres sabem fazer.
Em algum momento, a Mirna nos levou pro quarto. Uma cama de casal bem larga, com colchão grosso e lençóis brancos de cetim, estava nos esperando. Rolando, entrelaçados, os três, como se fôssemos um só.
Acabei sentado na beirada. A Mirna, de um lado, começou a chupar meu pau de um jeito tão gostoso, com umas penetrações tão profundas que não deixava nada pra Ana. Mas a enfermeira parecia ter outras coisas em mente: só chupava minhas bolas, babando os dedos, e começou a acariciar meu esfíncter. Me disse, num tom perigoso, que precisava fazer um exame de próstata.
Longe de me incomodar, foi impossível manter minhas pernas fechadas, e conforme ela... procurou chupar meu cu mais e mais, ela me abria pra ela.
Quando me dei conta, a Mirna tinha quase todo meu pau dentro da boca, quase chegando nas minhas bolas, numa chupada frenética, enquanto a Ana, perdida entre minhas pernas, se deliciava torcendo os dedos indicador e médio bem fundo no meu cu, e tudo aquilo ficava irresistível, eu senti que ia gozar, avisei elas, mas pareciam me ignorar, especialmente a Mirna, que fazia eu sentir a cabeça do pau encravada na garganta dela.
Tava ali, quando a Mirna de repente parou, se afastou pra um lado mantendo meu pau duro e imóvel entre os dedos dela, encostado no meu púbis, minha cabeça do pau parecia que ia explodir e um líquido branco e transparente começou a escorrer pra baixo, a Ana acelerou o ritmo dos dedos, elas se olhavam como duas putas e de repente, já! comecei a jorrar porra quente pra todo lado, pulando sem parar, sujando tudo no caminho, escorrendo na minha barriga, pelo tronco, pelas bolas.
Elas olhavam animadas como eu acabava e morriam de rir, tinham agido de um jeito tão sincronizado que sempre vou ficar na dúvida se foi tudo coincidência ou se já tinham feito aquilo antes.
Só precisava me recuperar, tava exausto, mas elas tavam só começando, se desligaram de mim, e do lado da cama começaram a se beijar loucamente, se comiam de boca, se acariciavam os peitos, as mãos perversas delas se percorriam mutuamente e os gemidos de duas mulheres no cio encheram meus ouvidos de prazer, de repente uma tava em cima da outra, invertidas, se dando sexo oral uma pra outra, a Ana por baixo, a Mirna por cima, a bunda linda da Mirna me dominava e eu só observava como a Ana chupava a buceta dela, eu queria aquilo, fui sentir o gosto, os sucos de uma, os sucos da outra, os lábios da buceta de uma, os lábios da boca da outra, foi muito gostoso, muito saboroso. Depois fui chupar o cu dela, direto no esfíncter, ela de um lado, eu do outro, e quase sem pensar, meu pau já tava duro de novo.
Não teria acontecido nem no melhor dos meus sonhos, mas elas ficaram submissas, uma à direita, outra à esquerda, de quatro, entregues, e enquanto se masturbavam eu comi uma, depois a outra, voltei pra primeira, e de novo pra segunda, os gemidos alternados que eu arrancava delas soavam como melodia pros meus ouvidos, algo melhor que uma mulher na cama? sim, duas mulheres...
Chegou minha vez de deitar de novo, Ana veio montar em mim, engoliu toda minha pica de novo, mas Mirna veio em cima do meu rosto, sentou e já não via quase nada, quase me obrigava a chupar a buceta dela e a outra me destruía a pica do outro lado, eram duas putas e eu percebia como elas continuavam se beijando, provei os sucos da minha amante casual e enchi as mãos com as bundas delas, continuavam gemendo num concerto sem fim.
Mirna nos deixou por um tempo, foi mexer numa das gavetas dela, Ana continuava se movendo de um jeito muito gostoso e acho que com o olhar dela ela curtia como eu acariciava e lambia os peitos dela, que gostosos eram e ela naquele momento se sentia o centro do universo.
De um lado, Mirna tinha tirado um cinto com uma pica de brinquedo gostosa e terminava de ajustar entre as pernas dela e se preparava pra voltar pro jogo.
Ela foi por trás de Ana, me piscou um olho e eu entendi a jogada, Ana suspirou fundo e relaxou enquanto a bunda dela recebia o brinquedo e se abria caminho por trás, por baixo, com minha pica na buceta dela quase não conseguia me mexer, mas sentia aquela pressão extra no meu pau do consolo entrando e saindo do outro lado, tão perto, tão longe.
Ana se perdeu no prazer e Mirna pareceu ter o controle, uma se apoiava nas costas da outra e se viravam pra se beijar, eu mesmo chupava os peitos de Ana, depois chegava nos lábios dela e pra terminar Mirna era quem acabava me beijando na boca, assim eu gozaria pela segunda vez, numa noite de sexo que se tornaria maratônica e inesquecível.
O incrível começaria depois daquela noite, sem querer tínhamos aberto as portas do Inferno e aquele trio improvisado jamais se repetiria, porque não havia compromissos, não havia amor, não havia nada entre nós, ou será que tinha? Ou será que eu estava errado?
Para mim, tinham sido duas putas gostosas com a única intenção de se divertir, mas sei lá, talvez por serem mulheres, as coisas fossem diferentes para elas.
Ana se mostrou aberta a começar um relacionamento comigo, sem a Mirna, o início de uma história de amor, embora eu sempre fosse honesto com ela e dissesse que gostava muito dela, mas só isso. Mas a enfermeira, de algum jeito, só tentou me encurralar, com palavras, com joguinhos, até me provocando com sexo escondido no próprio trabalho, mas também soltava indiretas sobre um suposto relacionamento que só existia na cabeça dela.
Mirna tinha suas próprias obsessões. Ela, por outro lado, parecia buscar o amor da Ana, sim, de mulher pra mulher, e aquele trio só tinha aberto as portas para as fantasias dela, fantasias que não eram correspondidas. E a Mirna, ao ver como as coisas estavam, me viu como um inimigo, uma competição, e nunca ouviu o meu lado da verdade. Eu, feliz da vida, até facilitava a aproximação dela com a Ana, mas as coisas jamais seriam como elas tinham imaginado, nem uma, nem a outra.
Num piscar de olhos, descobri que minhas melhores amigas se transformariam no meu pior pesadelo: uma por não ser correspondida, outra por me ver como competição. Discussões, fofocas, mentiras, golpes baixos, e o ambiente de trabalho virou um inferno.
Já tinham se passado três anos e chegava a possível renovação do contrato, mas entendi que era hora de fechar um ciclo, para o meu bem, para o bem da Ana, para o bem da Mirna. Foi só questão de analisar as outras ofertas que eu tinha na mesa e escolher meu caminho.
Nunca mais cruzei com elas na vida, mas a gente sempre fica preso a essas histórias. Fiquei sabendo que a Mirna saiu da empresa pouco tempo depois de mim, encontrou uma garota à altura dela e pareceu definir suas preferências. A Ana continua sendo a enfermeira do lugar, tentou se recompor. a história com a ex dela, mas deu errado de novo, ela continua sozinha, esperando um homem à altura dela, e eu, bom, eu escrevi pra caralho, é hora de relaxar, meu baixo me encara do canto e me convida a fechar a história com um som do Led Zeppelin
Se você curtiu essa história, pode me escrever com o título 'SORTE DE VAGABUNDO' pra dulces.placeres@live.com
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4084661/Mi-amada-esposa.html
No te vas a arrepentir
SUERTE DE HOLGAZAN
En mis años de adolescencia solo deseaba ser una estrella de rock, me pasaba horas y horas junto a mi amado bajo haciendo temblar todos los vidrios de la casa con mis acordes graves. Soñaba estar en una banda, ser famoso, y me gustaba mi posición, nunca me interesó ser un frontman, el cantante, tampoco el niño maravilla tirando acordes con su guitarrita, no, la base junto a la batería era lo mío, plata fácil con chicas fáciles.
Pero claro, era lindo imaginarlo, imaginarme a mí mismo, pero la realidad de mi familia era diferente, no había mucho dinero, éramos tres hermanos, mamá ama de casa y papá era inspector de tránsito en la municipalidad de la ciudad.
Y claro, era todo demasiado cuesta arriba, papá trabajaba horas extras, y cuando podía hacía algunas changas de custodio improvisado, en algún mercado, alguna granja.
Discutíamos mucho en esos días, yo no podía notarlo, no lo entendía, yo iba ser una estrella, pero él solo veía un holgazán que no estudiaba, no trabajaba y se pasaba el día 'jugando con su guitarrita' como solía decir en un tono despectivo, sabiendo que odiaba que le dijera 'guitarrita' a mi bajo. Por suerte estaba mamá, que siempre intercedía y ponía paños fríos a las acaloradas discusiones.
Pero una vez las cosas cambiaron, haciendo analogía con mi bajo, la cuerda se tensó tanto que al final terminó cortándose, esa vez mamá solo se quedó en silencio, con la mirada resignada, y por primera vez tomaba parte y se ponía del lado de mi padre.
Recuerdo que él se sentó frente a frente, calmado, no había gritos, solo me dijo con voz pausada, resignada, que me daba tres opciones, o trabajaba, o estudiaba, o tenía la puerta para elegir mi propio camino, las cosas debían cambiar, sí o sí.
Con ese ultimátum no había lugar donde escapar, honestamente siempre fui un haragán, y busqué el mal menor.
Papá consiguió por medio de sus contactos, meterme en algunos de los oficios que estaban de moda en esos días en la municipalidad, de casualidad caí en cosas de jardinería, césped, flores, abonos, tierra, y cosas que poco me interesaban, pero al menos era algo, estaba aprendiendo algo nuevo, tranquilizaba un poco a mi familia y, además, me pagaban unos pesos que siempre venían bien.
Yo no pude verlo en ese momento de joven rebeldía, pero hoy, pasados los cuarenta la jardinería es el medio con el que me gano la vida.
Soy un tipo soltero, bohemio, no me interesan las relaciones duraderas, no pienso tener hijos, siendo sigo el haragán de siempre, no soy ambicioso y los pesos que gano, sean muchos, sean pocos los invierto bien invertidos, mujeres, fiestas, cigarros, viajes, y por supuesto, mi fiel amigo, el bajo, siempre me espera en un rincón para hacernos mutua compañía, hoy, ya es un hobby.
Deambulé por muchos sitios con mi oficio a cuestas, en trabajos temporales, en parquisados de algún country, tuve una florería en la puerta de un cementerio, también fui profesor improvisado sobre el tema, y demás actividades del rubro.
Dos años atrás me presenté en una licitación para tomar el mantenimiento de todo 'lo verde' en 'Cinco Cruces', una importante empresa de infusiones de té y café, con varias marcas, muy conocida en el país.
Así gané un contrato por tres años con posibilidades de renovar por otros tres y empecé con largas jornadas y diversas ocupaciones.
La fábrica en sí es bastante grande, trabajan más de trescientas personas en turnos rotativos y existe un ala administrativa en horario central, lo mejor es el constante aroma a café que reina en las inmediaciones, más cuando sopla viento norte, suave, exquisito.
Si bien tengo libertades para moverme por todos lados, la mayoría del tiempo la paso en los exteriores, donde está el césped, pero, sin embargo, uno va haciendo conocidos y amistades, se entera de chimentos y puteríos de todos los días, historias de cuernos, infidelidades, el puto de turno, la secretaria y el jefe, la puta de la cocinera del turno noche, que por unos pesos cogía con cualquiera, si esas paredes hubieran hablado...
Ana era una de las enfermeras de turno, alguien que me atraía, unos treinta años, divorciada, castaña de nacimiento, rubia por elección, ojos cafés, estatura mediana, siempre en su uniforme de camisa y pantalón azul petróleo, prendas holgadas que sin embargo dejaban notar dos pechos llamativos y unas caderas bien formadas.
En mis ratos libres solía visitarla, me gustaba su compañía, el servicio médico estaba apartado de la nave principal y casi nadie llegaba por esos lados, compartíamos mates, charlas. Ana no gozaba de buena reputación, se contaba por los pasillos que era una enfermera bastante liberal por decirlo, que había estado enredada con algunos doctores y que tenía demasiadas caídas, incluso algunos muchachos de planta habían pasado por su consultorio a escondidas. Como fuera, no me importaba, por el contrario, esas historias de pasillo me daban morbo y hacían aumentar mi interés por ella.
Mirna era la otra chica a quien tenía en el punto de mira, subcontratada por servicios temporarios, era parte de un plantel tercerizado que se encargaba de toda la limpieza edilicia, y a veces me cruzaba con ella en los horarios de descanso.
Morena, de ojos negros como la noche, siempre llevaba su larga cabellera recogida en una larga trenza, al igual que Ana, era una mujer pisando los treinta, de altura promedio y de muy linda figura, un tanto más delgada. Me encantaba su simpatía, siempre contenta, siempre sonriente. Sabía que tenía una niña, pero no tenía pareja, vivía con sus padres.
Mirna me cautivaba, su forma de hablar, su forma de caminar, tenía una naturalidad para verse sexi sin verse puta, muchos querían cogerla. Su prontuario era tan oscuro como el de Ana, decían que su hombre la había dejado por puta, también se comentaba que era bisexual y que le gustaban más las mujeres que los hombres.
Yo siempre jugaba con las palabras en cada cruce, con una, con otra, entendía que ellas eran receptivas y jugaban de la misma manera en que yo lo hacía, con indirectas, con frases en doble sentido y preparaba la trampa para que cada una cayera a su debido tiempo. Mirna era de jugar bien ese juego, palabras con insinuaciones veladas y esa sonrisa de puta que tan bien le quedaba, no dudaba en decirle directamente que terminaríamos en la cama y ella solo me respondía negándolo con la cabeza, cuando su rostro me invitaba a dar el siguiente paso. Ana era diferente, ella era más de tocar, con la excusa de ser enfermera, la visitaba con cualquier pretexto, y ella solo gustaba revisarme por nada, en más de una oportunidad había notado alguna erección y era en ese momento cuando la maldita se desentendía de lo que hacía y solo me dejaba al límite.
A pesar de tantas indirectas, todo terminó dándose por casualidad y de la forma menos pensada.
Como suele suceder, surgió una idea de compañeros de salir una tarde después de la jornada laboral a tomar unas copas, y a charlar un poco de cualquier tema alejado de lo laboral.
Pasé por casa a tomar una ducha y a ponerme presentable, para oler bien y verme bien, agarré mi moto y me dirigí al bar de la zona céntrica donde ya habían hecho las reservas.
Llegué, dejé la moto a un lado y me dirigí con los chicos donde a la distancia comprobé que ya estaban dándole fuerte a un par de cervezas, fui uno de los primeros, alguno de los muchachos ya habían llegado y también estaba Ana, era evidente que recién se había duchado, sus cabellos aun húmedos lo dejaban saber, estaba maquillada, con alhajas, con un jean celeste desgastado pegado a su piel, por arriba una remera de algodón blanca, simple, sin detalles, pero lo suficiente ceñida a su cuerpo como para resaltar sus muy atrayentes y envidiables pechos, que ricas tetas tenía esa desgraciada y como le encantaba lucirlas! Ana, fuera del ámbito laboral y fuera de los acostumbrados y cansinos uniformes era una mujer muy bonita.
Me senté a su lado y me uní a la conversación del momento.
Mirna llegaría entre los últimos, y su llegada no pasaría desapercibida para propios y extraños, un taxi paró frente al local y pocos segundos después ella descendió del asiento trasero, infinitas y pequeñas trenzas poblaban su cabeza en un trabajo arquitectónico que seguramente le había insumido demasiado tiempo, pero que quedaría en segundo plano por la forma en estar vestida, unos enormes y filosos tacos altos, una minifalda en color rosa chicle que le dibujaba un culo espectacular, era tan corta que la incomodaba en demasía, hacía lo imposible para bajarla una y otra vez y sus límites marcaban la diferencia entre lo normal y lo prohibido, estaba vestida para matar, para una noche de fiestas y no para una tarde para compartir cervezas en un pub entre amigos.
Como fuera, pasaron los minutos, Ana a mi lado se ponía más y más toquetona, con sonrisas peligrosas y charlas de aparente inocencia, casi todos mis sentidos estaban con ella, mis oídos escuchando sus palabras, mi piel recibiendo roces de su piel, mi olfato llenándose con su perfume, pero no mi vista, mis ojos tenían la exclusividad para Mirna quien al otro extremo de la mesa, muy lejos de mi alcance, no dejaba de ser centro de atención, no solo por su físico, sino también por la forma en que tomaba, sin límites.
Cuando el sol ya caía por el horizonte y las primeras sombras del anochecer ganaban el lugar, poco a poco, uno a uno fue dando por terminada la reunión, algunos tenían esposas o maridos que lo esperaban, otros tenían que pasar por sus hijos, y para otros sencillamente ya había sido suficiente, apenas quedamos un puñado de compañeros, Mirna estaba ebria, ya no era centro de atención por su figura, no, ahora la miraban como una borracha alegre y festiva que se mostraba como una payasa haciendo el ridículo, estaba descalza y mecía sus zapatos tacos altos entre sus dedos, de un lado a otro, Ana me dijo por lo bajo que pediría un taxi para llevarla hasta su casa y solo se me ocurrió en ese instante decirle que yo la acompañaría, casualidad, sin premeditar, solo vi que Ana, al ser mujer no podría sola con Mirna, además yo también había bebido bastante y no era prudente andar en dos ruedas.
Fuimos los tres al asiento trasero, Mirna al medio, flanqueada por Ana a un lado y yo al otro, el taxi partió y nuestra amiga parecía perdida en el mundo, sus piernas se abrían descontroladas y era imposible esconder la tanga blanca que usaba, ella venía sobre mí, luego sobre ella, la única que hablaba de los cuatro, se estiró para besarme en la boca, la esquivé, entonces hizo lo propio con Ana diciéndole que yo era un maricón.
Llegamos a los tumbos, colgada de mi hombro mientras Ana abría la puerta, no podíamos dejarla así.
Decidimos darle una ducha, ayudé en todo a Ana y solo les di la privacidad del caso cuando fue requerido, esperé en el comedor un buen rato, jugando con mi celular.
Poco después ellas aparecieron, Mirna parecía otra mujer, sobria, con sus cabellos mojados, envuelta en un toallon que iba desde sus pechos a sus caderas, me dijo al verme
Que vergüenza Diego, lo siento...
No te preocupes, está todo bien, para eso estamos los amigos - respondí mirando a Ana -
No sé cómo pagarles... - dijo Mirna -
Ella caminó sola unos pasos, dándonos la espalda a ambos y en un instante se hizo un silencio muy erótico, como si hubiera terminado una película y estaría por comenzar otra, solo soltó la enorme toalla que la cubría y la dejó caer al piso, sin palabras, Ana me miró, pero yo estaba abstraído con el hermoso culo de esa mujer
Te gusta lo que ves? - preguntó Ana, quien estaba fuera de mi alcance visual -
Me encanta - respondí en tono apenas audible
O tal vez te guste más esto? - preguntó ella -
Virei a cabeça, e atrás de mim a Ana já tinha tirado a parte de cima do corpo. Os peitos dela eram enormes e espetaculares, dos melhores que já vi, com uma geometria que beirava a perfeição, com as auréolas maiores e mais impressionantes que você pode imaginar, e uns biquinhos bem pequenos e pontudos. A Mirna foi ao encontro dela, frente a frente, e começaram a se beijar de um jeito muito erótico, se acariciando e esfregando os peitos uma na outra, trocando olhares cúmplices na minha direção, enquanto eu ficava sentado ali, só assistindo ao jogo.
Ana encheu as mãos com a bunda gostosa da Mirna, e as duas balançavam de um lado pro outro com cadência, como se um blues melancólico do Gary Moore estivesse tocando de fundo. Era muito erótico, muito mulher com mulher enchendo a vista de um homem de pecados.
Eu me despi e fui ao encontro daqueles corpos já nus. Beijei uma, com muita suavidade, com muito tempo, depois a outra, e elas se beijaram de novo. Nós três nos beijamos juntos. Coloquei minha mão sobre a mão da Ana e a guiei pra percorrer juntos as curvas lindas da bunda insinuante da Mirna. No momento certo, comecei a chupar um dos peitos da Ana — não podia perder essa oportunidade — e, de olho, vi que a Mirna copiava o jogo com o peito que ficou livre.
Não demorou pra elas prenderem minha rola entre os dedos e fazerem com meu pau umas coisas tão gostosas que só as mulheres sabem fazer.
Em algum momento, a Mirna nos levou pro quarto. Uma cama de casal bem larga, com colchão grosso e lençóis brancos de cetim, estava nos esperando. Rolando, entrelaçados, os três, como se fôssemos um só.
Acabei sentado na beirada. A Mirna, de um lado, começou a chupar meu pau de um jeito tão gostoso, com umas penetrações tão profundas que não deixava nada pra Ana. Mas a enfermeira parecia ter outras coisas em mente: só chupava minhas bolas, babando os dedos, e começou a acariciar meu esfíncter. Me disse, num tom perigoso, que precisava fazer um exame de próstata.
Longe de me incomodar, foi impossível manter minhas pernas fechadas, e conforme ela... procurou chupar meu cu mais e mais, ela me abria pra ela.
Quando me dei conta, a Mirna tinha quase todo meu pau dentro da boca, quase chegando nas minhas bolas, numa chupada frenética, enquanto a Ana, perdida entre minhas pernas, se deliciava torcendo os dedos indicador e médio bem fundo no meu cu, e tudo aquilo ficava irresistível, eu senti que ia gozar, avisei elas, mas pareciam me ignorar, especialmente a Mirna, que fazia eu sentir a cabeça do pau encravada na garganta dela.
Tava ali, quando a Mirna de repente parou, se afastou pra um lado mantendo meu pau duro e imóvel entre os dedos dela, encostado no meu púbis, minha cabeça do pau parecia que ia explodir e um líquido branco e transparente começou a escorrer pra baixo, a Ana acelerou o ritmo dos dedos, elas se olhavam como duas putas e de repente, já! comecei a jorrar porra quente pra todo lado, pulando sem parar, sujando tudo no caminho, escorrendo na minha barriga, pelo tronco, pelas bolas.
Elas olhavam animadas como eu acabava e morriam de rir, tinham agido de um jeito tão sincronizado que sempre vou ficar na dúvida se foi tudo coincidência ou se já tinham feito aquilo antes.
Só precisava me recuperar, tava exausto, mas elas tavam só começando, se desligaram de mim, e do lado da cama começaram a se beijar loucamente, se comiam de boca, se acariciavam os peitos, as mãos perversas delas se percorriam mutuamente e os gemidos de duas mulheres no cio encheram meus ouvidos de prazer, de repente uma tava em cima da outra, invertidas, se dando sexo oral uma pra outra, a Ana por baixo, a Mirna por cima, a bunda linda da Mirna me dominava e eu só observava como a Ana chupava a buceta dela, eu queria aquilo, fui sentir o gosto, os sucos de uma, os sucos da outra, os lábios da buceta de uma, os lábios da boca da outra, foi muito gostoso, muito saboroso. Depois fui chupar o cu dela, direto no esfíncter, ela de um lado, eu do outro, e quase sem pensar, meu pau já tava duro de novo.
Não teria acontecido nem no melhor dos meus sonhos, mas elas ficaram submissas, uma à direita, outra à esquerda, de quatro, entregues, e enquanto se masturbavam eu comi uma, depois a outra, voltei pra primeira, e de novo pra segunda, os gemidos alternados que eu arrancava delas soavam como melodia pros meus ouvidos, algo melhor que uma mulher na cama? sim, duas mulheres...
Chegou minha vez de deitar de novo, Ana veio montar em mim, engoliu toda minha pica de novo, mas Mirna veio em cima do meu rosto, sentou e já não via quase nada, quase me obrigava a chupar a buceta dela e a outra me destruía a pica do outro lado, eram duas putas e eu percebia como elas continuavam se beijando, provei os sucos da minha amante casual e enchi as mãos com as bundas delas, continuavam gemendo num concerto sem fim.
Mirna nos deixou por um tempo, foi mexer numa das gavetas dela, Ana continuava se movendo de um jeito muito gostoso e acho que com o olhar dela ela curtia como eu acariciava e lambia os peitos dela, que gostosos eram e ela naquele momento se sentia o centro do universo.
De um lado, Mirna tinha tirado um cinto com uma pica de brinquedo gostosa e terminava de ajustar entre as pernas dela e se preparava pra voltar pro jogo.
Ela foi por trás de Ana, me piscou um olho e eu entendi a jogada, Ana suspirou fundo e relaxou enquanto a bunda dela recebia o brinquedo e se abria caminho por trás, por baixo, com minha pica na buceta dela quase não conseguia me mexer, mas sentia aquela pressão extra no meu pau do consolo entrando e saindo do outro lado, tão perto, tão longe.
Ana se perdeu no prazer e Mirna pareceu ter o controle, uma se apoiava nas costas da outra e se viravam pra se beijar, eu mesmo chupava os peitos de Ana, depois chegava nos lábios dela e pra terminar Mirna era quem acabava me beijando na boca, assim eu gozaria pela segunda vez, numa noite de sexo que se tornaria maratônica e inesquecível.
O incrível começaria depois daquela noite, sem querer tínhamos aberto as portas do Inferno e aquele trio improvisado jamais se repetiria, porque não havia compromissos, não havia amor, não havia nada entre nós, ou será que tinha? Ou será que eu estava errado?
Para mim, tinham sido duas putas gostosas com a única intenção de se divertir, mas sei lá, talvez por serem mulheres, as coisas fossem diferentes para elas.
Ana se mostrou aberta a começar um relacionamento comigo, sem a Mirna, o início de uma história de amor, embora eu sempre fosse honesto com ela e dissesse que gostava muito dela, mas só isso. Mas a enfermeira, de algum jeito, só tentou me encurralar, com palavras, com joguinhos, até me provocando com sexo escondido no próprio trabalho, mas também soltava indiretas sobre um suposto relacionamento que só existia na cabeça dela.
Mirna tinha suas próprias obsessões. Ela, por outro lado, parecia buscar o amor da Ana, sim, de mulher pra mulher, e aquele trio só tinha aberto as portas para as fantasias dela, fantasias que não eram correspondidas. E a Mirna, ao ver como as coisas estavam, me viu como um inimigo, uma competição, e nunca ouviu o meu lado da verdade. Eu, feliz da vida, até facilitava a aproximação dela com a Ana, mas as coisas jamais seriam como elas tinham imaginado, nem uma, nem a outra.
Num piscar de olhos, descobri que minhas melhores amigas se transformariam no meu pior pesadelo: uma por não ser correspondida, outra por me ver como competição. Discussões, fofocas, mentiras, golpes baixos, e o ambiente de trabalho virou um inferno.
Já tinham se passado três anos e chegava a possível renovação do contrato, mas entendi que era hora de fechar um ciclo, para o meu bem, para o bem da Ana, para o bem da Mirna. Foi só questão de analisar as outras ofertas que eu tinha na mesa e escolher meu caminho.
Nunca mais cruzei com elas na vida, mas a gente sempre fica preso a essas histórias. Fiquei sabendo que a Mirna saiu da empresa pouco tempo depois de mim, encontrou uma garota à altura dela e pareceu definir suas preferências. A Ana continua sendo a enfermeira do lugar, tentou se recompor. a história com a ex dela, mas deu errado de novo, ela continua sozinha, esperando um homem à altura dela, e eu, bom, eu escrevi pra caralho, é hora de relaxar, meu baixo me encara do canto e me convida a fechar a história com um som do Led Zeppelin
Se você curtiu essa história, pode me escrever com o título 'SORTE DE VAGABUNDO' pra dulces.placeres@live.com
0 comentários - Sorte de vagabundo