Mãe Gostosa

No dejes de pasar por mi mejor post

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4084661/Mi-amada-esposa.html

No te vas a arrepentir!


EDIPO

Mi infancia fue paupérrima, hija única, de padre desconocido, mamá una mujer horrible, adicta al alcohol y a las drogas, vivía ebria, o drogada y yo era una carga en su vida.
Ella se ganaba la vida con su cuerpo, llevaba a diario a casa a tipos desconocidos, tipos del montón y se abría de piernas por dos monedas, solo le importaba mantener sus vicios.
Crecí en ese ambiente apestoso, parando en departamentos rentados, de ocasión, vivíamos hasta que nos echaban por falta de pago, y era volver a empezar. Mi madre pasaba más tiempo desnuda que vestida, muchas veces vi como cogía y mis oídos fueron testigos de sus gemidos, de sus palabras, de sus acciones. Aprendí demasiadas cosas para una niña de apenas nueve años.

Y venían toda clase de degenerados, tipos violentos, adictos como ella, golpeadores, sin escrúpulos.
Algunos miraban con ganas 'a la nena' y mamá fue complaciente con ellos, claro, dinero de por medio, me hacía sentar en las faldas de los caballeros y ellos me tocaban.
Tenía once cuando mamá vendió mi propio sexo para su beneplácito, nada le importó, solo contó los billetes y me dejó media hora a solas con un flaco asqueroso, fue repugnante y fue el primero de muchos.
A los trece quedé embarazada, era una nena, y mamá después de maldecirme en todos los idiomas pensó en un aborto ilegal como la mejor salida, ella ya se había practicado varios así que sería parte de su rutina.

Por primera vez en mi vida me opuse a mi madre, la odiaba, la odiaba con todas mis fuerzas, tenía mucho miedo, pero en un descuido solo me escapé, me fui de su vida, no quería eso para mí, y lo que tenía en mi pancita me dio valor para tomar la decisión.
Me las arreglé como pude, escondida del mundo, de las leyes, de lo legal, medité cada paso, no podía terminar en un reformatorio, separada de mi niño, no volví a prostituirme y terminé en un pueblito caído del mapa, en la nada misma, fui mamá y el pequeño Alexis llenó mi vida, alguien por quien luchar, me aferré a él.
Trabajé mucho, muchísimo y con el tiempo logré que el estado me cediera una de las tantas casitas para gente de bajos recursos, conseguí empleo en la oficina municipal y fui feliz con lo que tuve.

Los años pasaron, poco a poco, algunos hombres llegaron a mi vida, y también se fueron, mi hijo y yo hacíamos el mejor equipo y él era todo en mi universo, lo vi crecer, disfruté de sus locuras y lo acompañé en sus enfermedades, mi niño se hizo adolescente, mi adolescente se hizo hombre.
Recuerdo los días de su pubertad, me divertía mucho, lavando las manchas de sus sábanas, los días que se encerraba en el baño, y como lo sorprendía observando mi cuerpo, en algo que era natural, era su mamá, su primera mujer.
Muchas veces noté que revisaba mi cajón de ropa íntima, mis tangas, y se me hacía rico. Lo espiaba cada tanto, él nunca lo supo, pero más de una vez lo pesqué revisando la ropa sucia, buscando mi ropa interior, oliéndolas, muy perverso, muy rico, y lo vi masturbarse con ellas, y confieso que alguna vez, por la noche, yo misma me toqué por ver lo que había visto.

Llegó su primera noviecita, y mis primeras angustias, alguien empezaba a robarme mi joya preciosa, era todo para mí, y no podía quedarme con el nido vacío, pero ella era más linda y más joven, estaba en desventaja.
Alexis jugaba conmigo, me decía que estaba celosa, que era una tonta, que yo era única, irremplazable, me abrazaba con sus brazos musculosos, me levantaba en el aire, me hacía enojar, le decía que me soltara, que era un estúpido, pero él solo se reía.

Una noche vino con su corazón roto, y los brazos de mamá fueron el mejor sitio donde cobijarse, su cabeza recostada en mi pecho, acariciando sus cabellos con los pezones duros en una complicada situación.
Poco tiempo después, un nuevo amor había cicatrizado a su roto corazón, y otra vez caí en la depresión, el miedo a perderlo, a quedarme sola, a que solo me olvidara, y sabía que era la ley de la vida, pero solo no podía aceptarlo.

Alexis iba y venía entre chicas del pueblo, enredado en amores, en placeres y fracasos, y yo siempre dispuesta, a sus pies, estaba cuando me necesitaba, y me hacía invisible cuando no me necesitaba.
Él tenía veinte recién cumplidos, lo veía poco y nada, entre mi empleo, el suyo, y su vida social prácticamente parecía olvidarse de su mamá, y yo me desmoronaba poco a poco, por cada chica que le espantaba aparecían dos nuevas, solía llegar a casa cuando yo me levantaba y entendí que a mis treinta y tres años solo había llevado una vida de sufrimientos, y solo fui feliz cuando Alexis dependió de mi para salir adelante.

Ese sábado lo sentí llegar cerca de las cinco de la mañana, me asustó puesto que estaba profundamente dormida e hizo demasiado ruido, adiviné que como de costumbre, llegaba pasado de copas, lo sentí cantar y reírse, en algunos aspectos me recordaba a mi maldita madre. Pasó por el baño, luego a su cuarto y por último el silencio, volví a dormirme.
Me levanté pasadas las ocho, afuera hacía demasiado frio así que tiré unos leños al fuego, desayuné y me quedé haciendo quehaceres, llegaba el medio día y Alexis seguía durmiendo, preparé unas pastas, sus favoritas, y mientras ponía la mesa empecé a llamarlo, una vez, otra vez, sin respuesta.
Fui a su cuarto, dormía como un angelito, tan lindo, tan hermoso, tan perfecto, tan mío.
Abrí un poco la ventana para que entrara luz, noté su slip blanco como la nieve ocultando una pronunciada erección, me mordí los labios, traté de despertarlo, pero el, en un estado de inconciencia respondió

No molestes Marisa, mejor chupame la verga si?

Obviamente yo no era Marisa, eso me dio mucho enojo, pensar que otras tocaban a mi bebe...

Fui a su lado, me arrodillé, tomé su slip entre los dedos, como cuando era pequeño y solo de lo bajé, su verga estaba enorme, su prepucio producto de la erección de había contraído y su glande estaba desnudo, que grande estaba mi pequeño!
Lo tomé con una de mis manos, miré su rostro, irradiaba placer al tiempo que lo masturbaba lentamente, acerque mi olfato, que rica olía! pasé mi lengua, una vez otra vez, llené su glande con mi saliva, tomé sus testículos con mis manos y empecé a acariciárselos con dulzura.
Pasé la punta de mi lengua lentamente por todo su tronco, desde la base hasta llegar a su glande, una vez y otra vez y otra vez más, era tan erótico, metí su glande en mi boca y busqué ir profundo, conteniendo la respiración haciéndolo llegar a mi garganta, me perdía, porque era hombre, porque era rico, porque era mi hijo.

Me tomé toda una vida en darle placer, porque quería que lo disfrutara, respiraba agitado, noté los tensarse los músculos de sus piernas, su vientre, lo sentí venir,
Solo seguí jugando mi juego, sentí en mi lengua un leve amargor producto de lo que estaba llegando, me sentí toda mojada, inundada en placer, sentí el calor en mis entrañas, lo sentí venir


Mãe GostosaDe repente, seu sêmen quente como um vulcão incontrolável começou a encher minha boca. Senti pequenos orgasmos no meu próprio corpo enquanto sentia o gosto dele, enquanto sentia minha boca se enchendo, me tirando o fôlego. E aos poucos, em pequenos goles, saboreando e prolongando o momento, deixei tudo descer para o meu estômago, até não sobrar nada.

Alexis parecia ainda estar dormindo, embora eu soubesse que a essa altura era impossível — ele só estava fingindo para não encarar a realidade.

Deixei ele quieto, fui para o meu quarto. Estava encharcada, fedendo, precisava trocar minha calcinha. Tirei a legging e a calcinha, fui até a gaveta onde tantas vezes o tinha visto fuçando minhas coisas, e escolhi uma branca rendada, minúscula.

Também coloquei uma saia curta que me deixava muito sexy. Era uma loucura, eu estava tentando seduzir meu próprio filho.

Tive que esquentar o almoço, abri um vinho e, algum tempo depois, nos sentamos à mesa. Não falei nada do que tinha acontecido, ele também não.

Almoçamos em paz, mas senti uma conexão quente com meu filho. Era estranho, não tocamos no assunto. Meu pequeno me contava sobre a noite entre garotas, amigos e drinks que ele tinha tido, como se tentasse evitar o nó da questão. Eu só olhava para ele, excitada, ouvindo sem prestar atenção. Na minha cabeça, revivia o boquete que tinha dado nele, e como eu o tinha alimentado uma vez com meu leite — agora era a vez dele me alimentar, de me dar todos os seus fluidos.

Senti que meus pensamentos me levavam à beira do abismo. Cruzei as pernas com força, porque as contrações provocadas me tinham à beira de um orgasmo.

Ficamos conversando depois do almoço, e chegou a hora de lavar tudo. Como na maioria dos dias em que compartilhávamos a mesa, Alexis me passava as coisas, eu lavava e ele secava.

Assim começamos. Eu estava lavando a louça, e pela primeira vez minha mente se desconectou do que tinha acontecido — tinha perdido meu filho do meu campo de visão.

De repente, suas mãos grandes começaram a massagear meus ombros. Me deixei levar e só olhava para a espuma da detergente e minhas mãos cobertas pelas luvas de borracha, como um sussurro suas palavras chegaram aos meus ouvidos.

"Sabe que você é a melhor mãe do mundo?" - disse num tom muito caloroso

"Para com isso, bobinho!" - respondi numa rejeição fingida

"Sério, e sabe que você é a garota mais linda que conheço?" - disse com voz firme

"Ah... mentiroso... lindas são aquelas garotas com quem você anda saindo" - respondi mais uma vez tirando mérito dos seus elogios

"Sério, mãe, sabe que às vezes tenho sonhos eróticos com você?" - já num tom muito sedutor

"É? haha! com a mamãe? e o que você sonha?" - voltando a brincar de gata e rato

Alexis se aproximou mais, apoiou seu sexo na minha bunda, seu pau estava duro, muito duro e eu, sutilmente, busquei esfregar-me nele, soltei um suspiro contido, fechei meus olhos, me mostrei permeável, as mãos dos meus ombros passaram para meus peitos, meu filho me apalpava os peitos por cima da roupa, tão grande, tão másculo, meu próprio sangue...

Novamente estava inundada, ele me sussurrou no ouvido

"Que bunda linda você tem, mamãe!"

Eu adorava, aquele 'mamãe' era real, não era um 'mamãe' de casal, era uma relação de mãe e filho, meu filho

Suas mãos desceram pela minha cintura, depois pela minha bunda, senti ele levantar a saia, acariciar minha carne, ele estava excitado com minha bunda, eu gostava, ele puxou minha calcinha de lado e enfiou seus dedos na minha buceta

"Filho! mmm... você está louco?"

Ele tirou esses dedos impregnados nos meus fluidos e os enfiou na minha boca, para que eu os chupasse e bebesse do meu próprio prazer.

Como uma estocada ele enfiou todo seu pau até o fundo, me obrigando a ficar na ponta dos pés, arrancando um grito de mim

"Alexis, minha vida, como você está grande!"

Alexis, como um touro enfurecido começou a me comer, como um animal, seu pau lindo entrando e saindo, agarrado à minha cintura, à beira do colapso, ele me sussurrava no ouvido que eu era a mãe perfeita, que sempre me desejara em silêncio e que sem pensar cumpria todas as suas fantasias, entre gemidos contidos e palavras entrecortadas eu dizia que sim, que mamãe eu sempre estaria aqui por ele, não importava quantas garotas cruzassem seu caminho, quantas partissem seu coração, mamãe sempre estaria aqui para fazê-lo feliz.
Suas mãos apertaram minha cintura, seu pau pareceu inchar e eu deixei ele vir, explodiu na minha buceta, achei que ia morrer, meu coração batia forte, foram momentos gloriosos.
Alexis pareceu se desmontar atrás de mim, apoiou o rosto no meu ombro, sentia ele ofegar com força, tentando recuperar o fôlego.

Me virei, ficamos frente a frente, acariciei seus cabelos, sempre fazia isso, olhei nos seus olhos, meu garotinho, meu homem, me estiquei na ponta dos pés para alcançar seus lábios, para dar o beijo mais lindo e perfeito que uma mulher poderia dar a um homem, que uma mãe poderia dar a um filho, porque nenhuma daquelas putinhas que ficavam rodeando ele poderia dar o amor incondicional que eu dava.
Senti seus fluidos escorrendo pelas minhas pernas, ainda estavam quentinhos, levei meus dedos e os untei, comecei a lamber com olhar cúmplice, deixando Alexis ver o que eu fazia, era tudo muito louco, me mostrando tão puta para meu próprio filho.

Meu garotinho então me disse:
— Mamãe, eu sempre tive uma fantasia recorrente... — disse com olhos perversos.
— É? Qual é? — respondi com a típica curiosidade.

Ele só me pegou pelas mãos e me levou pro meu quarto, disse que era uma surpresa, trouxe uma toalha, creme e um barbeador, me fez deitar, abrir minhas pernas, tirou a calcinha e se dedicou a trabalhar na minha xota.
Pacientemente encheu minha buceta com creme de barbear e se dedicou a me depilar por completo, eu ria e dizia que ele era louco, aquele creme mentolado pro rosto dele dava um calor entre minhas pernas, e eu só deixei ele fazer, não podia negar nada ao meu garotinho.
Quando terminou seu trabalho, me vi como quando era pequena, suavinha, sem pelos, Alexis olhava extasiado sua obra-prima, de joelhos na beirada da cama, perdido entre minhas pernas.

Não esperava, mas ele de repente passou a ponta da língua no meu... o clitóris me arrancando um arrepio e um falso protesto da minha parte, e ele repetiu, e de novo, e quando percebi estava grudado na minha buceta, chupando-a com esmero, pelos meus lábios, pelos meus buracos, descendo até meu esfíncter, voltando ao meu botãozinho do amor, perdi o controle e o domínio da situação, era evidente que não era a primeira vez que meu garoto estava entre as pernas de uma mulher.

Desnudei com pressa meus seios, peguei suas mãos e as conduzi até eles, me excitava muito que ele os acariciasse e apertasse com doçura meus mamilos, era uma delícia, mordi meus lábios, me perdi em um labirinto de prazer, comecei a me contrair, senti chegando, a eletricidade corria imparável entre meus seios e minha buceta, explodi de repente, um enorme orgasmo, perfeito, o melhor da minha vida.

Alexis veio sobre mim, eu tentava me recuperar, estava muito sensível, ele beijou minha barriga e se aconchegou no meu peito, acho que chegaria o melhor momento daquela jornada, quando o senti lamber meus seios, um, o outro, minhas memórias foram para os dias em que o havia amamentado, e agora tudo voltava a se repetir, antes como bebê agora como homem, olhei seus olhos, eram os mesmos olhos que me olharam vinte anos atrás, e naquele instante uma lágrima contida escapou e rolou pela minha bochecha.

Estiquei a mão, busquei seu sexo e notei que estava disponível novamente.

"Quer mais, safadinha?" - perguntou de forma sugestiva.

Conheceria um novo lado do meu pequeno, seu lado violento, uma nova proposta.

Ele pegou um par de travesseiros e os empilhou sobre a cama, me pegou quase à força e me acomodou sobre eles, de bruços, com aquela montanha improvisada sob meus quadris, com minha bunda elevada para o teto, agarrou meu braço direito e o forçou atrás das minhas costas, para me imobilizar, com sua mão livre passou creme de barbear no meu esfíncter e adivinhei o próximo passo.

Veio sobre mim, lentamente deixou cair todo o peso de seu corpo sobre o meu, seu pau afiado como uma adaga abriu caminho na minha bunda e o senti entrar por completo. no meu cu, caralho, começou a se mexer, que delícia que era, que dor maravilhosa, bem do meu tamanho.
Não conseguia acreditar, meu filho estava me arrombando o cu, entrava e saía e eu sentia a respiração ofegante dele na minha nuca.
"À mamãe, à mamãezinha você faz isso?" – reclamei entre gemidos impossíveis de conter.

"Sempre imaginei isso, não sabe quantas punhetas eu bati imaginando esse momento..." – disse como um lobo faminto.

"Vai, meu amor, aproveita, arromba tudo, se satisfaz, bebê" – respondi soando bem puta.

Meu filho não demorou a me encher com seu precioso sêmen, caiu exausto sobre meu corpo e senti nas minhas costas a batida forte do seu coração.
Ele se afastou, ficou observando como meu esfíncter dilatado expulsava sua porra misturada com creme de barbear, ele tinha feito o "Booty" na própria mãe, ele me olhou e perguntou:
"Como é que continua essa história?"

O que havia começado naquele sábado terminou no domingo à noite, levando Alexis a um recorde de vinte e três ejaculações, o que me custou ter minha intimidade tão dolorida que não quis saber de nada por uma semana, mas valeu a pena, meu Alexis, meu amor.

Passaram-se alguns anos, a situação continua a mesma, juramos viver o presente sem olhar para o futuro, ele ainda fica com aquelas putinhas que tentam roubá-lo de mim, mas ele sabe que não há nem haverá outra como a mamãe, o nosso caso é um segredo de polichinelo, mas não importa, sou feliz com meu amado filho.

Se gostou da história, pode me escrever com o título ÉDIPO para dulces.placeres@live.com

0 comentários - Mãe Gostosa