No dejes de pasar por mi mejor post
http://www.poringa.net/posts/imagenes/4084661/Mi-amada-esposa.html
No te vas a arrepentir!
EDIPO
Mi infancia fue paupérrima, hija única, de padre desconocido, mamá una mujer horrible, adicta al alcohol y a las drogas, vivía ebria, o drogada y yo era una carga en su vida.
Ella se ganaba la vida con su cuerpo, llevaba a diario a casa a tipos desconocidos, tipos del montón y se abría de piernas por dos monedas, solo le importaba mantener sus vicios.
Crecí en ese ambiente apestoso, parando en departamentos rentados, de ocasión, vivíamos hasta que nos echaban por falta de pago, y era volver a empezar. Mi madre pasaba más tiempo desnuda que vestida, muchas veces vi como cogía y mis oídos fueron testigos de sus gemidos, de sus palabras, de sus acciones. Aprendí demasiadas cosas para una niña de apenas nueve años.
Y venían toda clase de degenerados, tipos violentos, adictos como ella, golpeadores, sin escrúpulos.
Algunos miraban con ganas 'a la nena' y mamá fue complaciente con ellos, claro, dinero de por medio, me hacía sentar en las faldas de los caballeros y ellos me tocaban.
Tenía once cuando mamá vendió mi propio sexo para su beneplácito, nada le importó, solo contó los billetes y me dejó media hora a solas con un flaco asqueroso, fue repugnante y fue el primero de muchos.
A los trece quedé embarazada, era una nena, y mamá después de maldecirme en todos los idiomas pensó en un aborto ilegal como la mejor salida, ella ya se había practicado varios así que sería parte de su rutina.
Por primera vez en mi vida me opuse a mi madre, la odiaba, la odiaba con todas mis fuerzas, tenía mucho miedo, pero en un descuido solo me escapé, me fui de su vida, no quería eso para mí, y lo que tenía en mi pancita me dio valor para tomar la decisión.
Me las arreglé como pude, escondida del mundo, de las leyes, de lo legal, medité cada paso, no podía terminar en un reformatorio, separada de mi niño, no volví a prostituirme y terminé en un pueblito caído del mapa, en la nada misma, fui mamá y el pequeño Alexis llenó mi vida, alguien por quien luchar, me aferré a él.
Trabajé mucho, muchísimo y con el tiempo logré que el estado me cediera una de las tantas casitas para gente de bajos recursos, conseguí empleo en la oficina municipal y fui feliz con lo que tuve.
Los años pasaron, poco a poco, algunos hombres llegaron a mi vida, y también se fueron, mi hijo y yo hacíamos el mejor equipo y él era todo en mi universo, lo vi crecer, disfruté de sus locuras y lo acompañé en sus enfermedades, mi niño se hizo adolescente, mi adolescente se hizo hombre.
Recuerdo los días de su pubertad, me divertía mucho, lavando las manchas de sus sábanas, los días que se encerraba en el baño, y como lo sorprendía observando mi cuerpo, en algo que era natural, era su mamá, su primera mujer.
Muchas veces noté que revisaba mi cajón de ropa íntima, mis tangas, y se me hacía rico. Lo espiaba cada tanto, él nunca lo supo, pero más de una vez lo pesqué revisando la ropa sucia, buscando mi ropa interior, oliéndolas, muy perverso, muy rico, y lo vi masturbarse con ellas, y confieso que alguna vez, por la noche, yo misma me toqué por ver lo que había visto.
Llegó su primera noviecita, y mis primeras angustias, alguien empezaba a robarme mi joya preciosa, era todo para mí, y no podía quedarme con el nido vacío, pero ella era más linda y más joven, estaba en desventaja.
Alexis jugaba conmigo, me decía que estaba celosa, que era una tonta, que yo era única, irremplazable, me abrazaba con sus brazos musculosos, me levantaba en el aire, me hacía enojar, le decía que me soltara, que era un estúpido, pero él solo se reía.
Una noche vino con su corazón roto, y los brazos de mamá fueron el mejor sitio donde cobijarse, su cabeza recostada en mi pecho, acariciando sus cabellos con los pezones duros en una complicada situación.
Poco tiempo después, un nuevo amor había cicatrizado a su roto corazón, y otra vez caí en la depresión, el miedo a perderlo, a quedarme sola, a que solo me olvidara, y sabía que era la ley de la vida, pero solo no podía aceptarlo.
Alexis iba y venía entre chicas del pueblo, enredado en amores, en placeres y fracasos, y yo siempre dispuesta, a sus pies, estaba cuando me necesitaba, y me hacía invisible cuando no me necesitaba.
Él tenía veinte recién cumplidos, lo veía poco y nada, entre mi empleo, el suyo, y su vida social prácticamente parecía olvidarse de su mamá, y yo me desmoronaba poco a poco, por cada chica que le espantaba aparecían dos nuevas, solía llegar a casa cuando yo me levantaba y entendí que a mis treinta y tres años solo había llevado una vida de sufrimientos, y solo fui feliz cuando Alexis dependió de mi para salir adelante.
Ese sábado lo sentí llegar cerca de las cinco de la mañana, me asustó puesto que estaba profundamente dormida e hizo demasiado ruido, adiviné que como de costumbre, llegaba pasado de copas, lo sentí cantar y reírse, en algunos aspectos me recordaba a mi maldita madre. Pasó por el baño, luego a su cuarto y por último el silencio, volví a dormirme.
Me levanté pasadas las ocho, afuera hacía demasiado frio así que tiré unos leños al fuego, desayuné y me quedé haciendo quehaceres, llegaba el medio día y Alexis seguía durmiendo, preparé unas pastas, sus favoritas, y mientras ponía la mesa empecé a llamarlo, una vez, otra vez, sin respuesta.
Fui a su cuarto, dormía como un angelito, tan lindo, tan hermoso, tan perfecto, tan mío.
Abrí un poco la ventana para que entrara luz, noté su slip blanco como la nieve ocultando una pronunciada erección, me mordí los labios, traté de despertarlo, pero el, en un estado de inconciencia respondió
No molestes Marisa, mejor chupame la verga si?
Obviamente yo no era Marisa, eso me dio mucho enojo, pensar que otras tocaban a mi bebe...
Fui a su lado, me arrodillé, tomé su slip entre los dedos, como cuando era pequeño y solo de lo bajé, su verga estaba enorme, su prepucio producto de la erección de había contraído y su glande estaba desnudo, que grande estaba mi pequeño!
Lo tomé con una de mis manos, miré su rostro, irradiaba placer al tiempo que lo masturbaba lentamente, acerque mi olfato, que rica olía! pasé mi lengua, una vez otra vez, llené su glande con mi saliva, tomé sus testículos con mis manos y empecé a acariciárselos con dulzura.
Pasé la punta de mi lengua lentamente por todo su tronco, desde la base hasta llegar a su glande, una vez y otra vez y otra vez más, era tan erótico, metí su glande en mi boca y busqué ir profundo, conteniendo la respiración haciéndolo llegar a mi garganta, me perdía, porque era hombre, porque era rico, porque era mi hijo.
Me tomé toda una vida en darle placer, porque quería que lo disfrutara, respiraba agitado, noté los tensarse los músculos de sus piernas, su vientre, lo sentí venir,
Solo seguí jugando mi juego, sentí en mi lengua un leve amargor producto de lo que estaba llegando, me sentí toda mojada, inundada en placer, sentí el calor en mis entrañas, lo sentí venir
De repente, o esperma quente dele, feito um vulcão sem freio, começou a encher minha boca. Senti pequenos orgasmos pelo meu corpo enquanto provava o gosto dele, enquanto sentia minha boca se encher, me tirando o fôlego. Aos poucos, em pequenos goles, curtindo e prolongando o momento, deixei tudo escorrer pro meu estômago, até não sobrar nada.
Alexis parecia ainda dormir, mas eu sabia que naquela altura era impossível. Só tava fingindo pra não encarar a realidade.
Deixei pra lá, fui pro meu quarto. Tava encharcada, fedendo, precisava trocar a calcinha. Tirei a legging e a calcinha, fui na gaveta onde tantas vezes vi ele fuçar minhas coisas, e escolhi uma branca rendada, bem pequenininha.
Também vesti uma saia curta que me deixava muito gostosa. Era loucura, eu tava tentando seduzir meu próprio filho.
Tive que esquentar o almoço, abri um vinho e um tempo depois sentamos à mesa. Não falei nada do que rolou, ele também não.
Almoçamos em paz, mas senti uma conexão quente com meu filho. Era estranho, a gente não tocou no assunto. Meu pequeno me contava sobre a noite entre minas, amigos e bebidas que ele tinha tido, como quem tenta evitar o nó da questão. Eu só olhava pra ele, excitada, escutava sem prestar atenção. Na minha cabeça, eu revivia o boquete que tinha dado nele, e como eu já tinha alimentado ele com meu leite um dia, agora era a vez dele me alimentar, me dar todos os sucos dele.
Senti que meus pensamentos me levavam pro abismo. Cruzei as pernas com força porque minhas contrações provocadas me deixavam à beira de um orgasmo.
A gente ficou na sobremesa, e chegou a hora de lavar tudo. Como na maioria dos dias em que dividíamos a mesa, Alexis me alcançava tudo, eu lavava e ele secava.
Assim começamos. Eu tava lavando a louça e, pela primeira vez, minha mente se desligava do que tinha acontecido. Perdi meu filho do meu campo de visão.
De repente, as mãos grandes dele começaram a massagear meus ombros. Me deixei levar e só olhava a espuma do detergente e minhas mãos cobertas pelas luvas de borracha, como um sussurro, as palavras dele chegaram aos meus ouvidos.
— Sabe que é a melhor mãe do mundo? — disse num tom bem quente.
— Sai, bobo! — respondi com um falso desprezo.
— Sério, e sabe que é a mina mais gostosa que conheço? — disse com voz firme.
— Bah... mentiroso... gostosas são aquelas garotas com quem você anda saindo — respondi de novo, tirando o mérito dos elogios dele.
— Sério, mãe, sabe que às vezes tenho sonhos eróticos com você? — já num tom bem sedutor.
— É? ha ha! com a mãe? e o que você sonha? — voltando a brincar de gata e rato.
Alexis se aproximou mais, encostou o pau na minha bunda, a rola dele tava dura, bem dura, e eu fui me esfregando nela, soltei um suspiro preso, fechei os olhos, me mostrei aberta, as mãos dos meus ombros foram pros meus peitos, meu filho amassava minhas tetas por cima da roupa, tão grande, tão másculo, meu próprio sangue...
De novo eu tava molhada, ele sussurrou no meu ouvido:
— Que bunda linda você tem, mamãe!
Eu adorava, aquele "mamãe" era real, não era um "mamãe" de namorados, era uma relação de mãe e filho, meu filho.
As mãos dele desceram pela minha cintura, depois pela minha bunda, senti ele levantar a saia, acariciar minha pele, ele tava excitado com meu rabo, eu gostava, ele puxou minha calcinha fio dental pro lado e enfiou os dedos na minha buceta.
— Filho! mmm... você tá maluco?
Ele tirou os dedos encharcados com meus sucos e enfiou na minha boca, pra eu chupar e beber do meu próprio prazer.
Feito uma estocada, ele meteu a rola inteira até o fundo, me forçando a ficar na ponta dos pés, arrancando um grito de mim.
— Alexis, minha vida, como você é grande!
Alexis, como um touro enfurecido, começou a me comer, feito um animal, a rola linda dele entrando e saindo, agarrado na minha cintura, à beira do colapso, sussurrava no meu ouvido que eu era a mãe perfeita, que sempre me desejou em silêncio e que, sem pensar, realizava todas as fantasias dele, entre gemidos presos e palavras entrecortadas eu dizia que sim, que a mãe Sempre estaria ali pra ele, não importava quantas minas cruzassem seu caminho, quantas partissem seu coração, mamãe sempre estaria ali pra fazer ele feliz.
Suas mãos apertaram minha cintura, o pau dele pareceu inchar e eu deixei ele gozar, explodiu dentro da minha buceta, achei que ia morrer, meu coração batia forte, foram momentos gloriosos.
Alexis pareceu se desmontar nas minhas costas, apoiou o rosto no meu ombro, eu sentia ele ofegando forte, tentando recuperar o fôlego.
Me virei, ficamos de frente um pro outro, acariciei seus cabelos, sempre fazia isso, olhei nos olhos dele, meu pequeno, meu homem, me estiquei na ponta dos pés pra alcançar seus lábios, pra dar o beijo mais lindo e perfeito que uma mulher poderia dar a um homem, que uma mãe poderia dar a um filho, porque nenhuma daquelas vadias que voavam ao redor dele jamais poderia dar o amor incondicional que eu dava.
Senti os fluidos dele escorrendo pelas minhas pernas, ainda estavam mornos, passei os dedos e os lambuzei, comecei a lamber com um olhar cúmplice, deixando Alexis ver o que eu fazia, era tudo muito louco, me mostrando toda puta pro meu próprio filho.
Meu pequeno então me disse:
— Mamãe, sempre tive uma fantasia recorrente... — falou com olhar perverso.
— É? Qual? — respondi com a curiosidade típica.
Ele só me pegou pelas mãos e me levou pro meu quarto, disse que era uma surpresa, trouxe uma toalha, creme e um aparelho de barbear, me fez deitar, abrir as pernas, tirou a tanga e se dedicou a trabalhar na minha xota.
Pacientemente, encheu minha buceta de creme de barbear e só se dedicou a depilar tudo, eu ria e dizia que ele era maluco, aquele creme mentolado pro rosto dele ardia entre minhas pernas, e eu só deixei ele fazer, não conseguia negar nada pro meu pequeno.
Quando terminou o serviço, me vi como quando era novinha, lisinha, sem pelos, Alexis olhava extasiado pra obra-prima dele, de joelhos na beira da cama, perdido entre minhas pernas.
Não esperava, mas ele de repente passou a ponta da língua na minha... Clitóris me arrancando um arrepio e um falso protesto da minha parte, e ele repetiu, e de novo, e quando me dei conta, estava grudado na minha buceta, chupando com capricho, pelos meus lábios, pelos meus buracos, descendo até meu esfíncter, voltando pro meu botãozinho do amor, perdi o controle e o domínio da situação, era óbvio que não era a primeira vez que meu menino estava entre as pernas de uma mulher.
Despi com pressa meus peitos, peguei as mãos dele e as levei até eles, me excitava muito que ele as acariciasse e apertasse com doçura meus mamilos, estava uma delícia, mordi meus lábios, me perdi num labirinto de prazer, comecei a me contrair, senti ele chegando, a eletricidade corria sem parar entre meus peitos e minha buceta, explodi de repente, um orgasmo enorme, perfeito, o melhor da minha vida.
Alexis gozou em cima de mim, eu tentava me recuperar, estava muito sensível, beijou minha barriga e se aninhou no meu peito, achei que chegaria o melhor momento daquele dia, quando senti ele lamber meus seios, um, o outro, minhas lembranças foram pros dias em que eu o amamentei, e agora tudo se repetia, antes como bebê, agora como homem, olhei nos olhos dele, eram os mesmos olhos que me olharam vinte anos atrás, e naquele instante uma lágrima contida escapou e rolou pela minha bochecha.
Estendi a mão, procurei o pau dele e notei que estava pronto de novo.
Quer mais, sua safada? – perguntou de um jeito sugestivo
Conheceria um novo lado do meu pequeno, o lado violento dele, uma nova proposta
Ele pegou um par de travesseiros e empilhou na cama, me pegou quase à força e me acomodou em cima deles, de bruços, com aquela montanha improvisada debaixo do meu quadril, com minha bunda erguida pro teto, segurou meu braço direito e o forçou pra trás das minhas costas, pra me imobilizar, com a mão livre passou creme de barbear no meu esfíncter e adivinhei o próximo passo
Ele veio por cima de mim, devagar deixou cair todo o peso do corpo dele no meu, a vara dele afiada como uma adaga abriu caminho no meu cu e eu senti ele entrar por completo no meu cu, caralho, começou a se mexer, que gostoso que tava, que dor linda, bem no meu tamanho.
Não podia acreditar, meu filho tava arrombando meu cu, entrava e saía e eu sentia a respiração ofegante dele na minha nuca.
Mãe, na sua mãezinha você faz isso? — recriminei entre gemidos impossíveis de segurar.
Sempre imaginei isso, não sabe quantas punhetas bati imaginando esse momento... — ele disse feito um lobo faminto.
Vai, meu amor, aproveita, arrebenta tudo, se dá o gosto, bebê — respondi parecendo bem putinha.
Meu filho não demorou pra encher meu cu com o precioso esperma dele, caiu exausto em cima do meu corpo e senti nas minhas costas a batida forte do coração dele.
Ele se afastou, ficou olhando como meu esfíncter dilatado expulsava a porra dele misturada com creme de barbear, ele tinha dado a bunda pra própria mãe, me olhou e perguntou:
Como é que essa história continua?
O que tinha começado naquele sábado terminou no domingo à noite, levando o Alexis a um recorde de vinte e três gozadas, o que me custou ter minha intimidade tão dolorida que não quis saber de mais nada por uma semana, mas tinha valido a pena, meu Alexis, meu amor.
Passaram-se alguns anos, a situação continua a mesma, juramos viver o presente sem olhar pro futuro, ele continua com essas putinhas que tentam me roubar dele, mas ele sabe que não tem e nem vai ter outra como a mamãe, o nosso é um segredo de polichinelo, mas não importa, sou feliz com meu amado filho.
Se você gostou da história, pode me escrever com o título ÉDIPO para dulces.placeres@live.com
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No te vas a arrepentir!
EDIPO
Mi infancia fue paupérrima, hija única, de padre desconocido, mamá una mujer horrible, adicta al alcohol y a las drogas, vivía ebria, o drogada y yo era una carga en su vida.
Ella se ganaba la vida con su cuerpo, llevaba a diario a casa a tipos desconocidos, tipos del montón y se abría de piernas por dos monedas, solo le importaba mantener sus vicios.
Crecí en ese ambiente apestoso, parando en departamentos rentados, de ocasión, vivíamos hasta que nos echaban por falta de pago, y era volver a empezar. Mi madre pasaba más tiempo desnuda que vestida, muchas veces vi como cogía y mis oídos fueron testigos de sus gemidos, de sus palabras, de sus acciones. Aprendí demasiadas cosas para una niña de apenas nueve años.
Y venían toda clase de degenerados, tipos violentos, adictos como ella, golpeadores, sin escrúpulos.
Algunos miraban con ganas 'a la nena' y mamá fue complaciente con ellos, claro, dinero de por medio, me hacía sentar en las faldas de los caballeros y ellos me tocaban.
Tenía once cuando mamá vendió mi propio sexo para su beneplácito, nada le importó, solo contó los billetes y me dejó media hora a solas con un flaco asqueroso, fue repugnante y fue el primero de muchos.
A los trece quedé embarazada, era una nena, y mamá después de maldecirme en todos los idiomas pensó en un aborto ilegal como la mejor salida, ella ya se había practicado varios así que sería parte de su rutina.
Por primera vez en mi vida me opuse a mi madre, la odiaba, la odiaba con todas mis fuerzas, tenía mucho miedo, pero en un descuido solo me escapé, me fui de su vida, no quería eso para mí, y lo que tenía en mi pancita me dio valor para tomar la decisión.
Me las arreglé como pude, escondida del mundo, de las leyes, de lo legal, medité cada paso, no podía terminar en un reformatorio, separada de mi niño, no volví a prostituirme y terminé en un pueblito caído del mapa, en la nada misma, fui mamá y el pequeño Alexis llenó mi vida, alguien por quien luchar, me aferré a él.
Trabajé mucho, muchísimo y con el tiempo logré que el estado me cediera una de las tantas casitas para gente de bajos recursos, conseguí empleo en la oficina municipal y fui feliz con lo que tuve.
Los años pasaron, poco a poco, algunos hombres llegaron a mi vida, y también se fueron, mi hijo y yo hacíamos el mejor equipo y él era todo en mi universo, lo vi crecer, disfruté de sus locuras y lo acompañé en sus enfermedades, mi niño se hizo adolescente, mi adolescente se hizo hombre.
Recuerdo los días de su pubertad, me divertía mucho, lavando las manchas de sus sábanas, los días que se encerraba en el baño, y como lo sorprendía observando mi cuerpo, en algo que era natural, era su mamá, su primera mujer.
Muchas veces noté que revisaba mi cajón de ropa íntima, mis tangas, y se me hacía rico. Lo espiaba cada tanto, él nunca lo supo, pero más de una vez lo pesqué revisando la ropa sucia, buscando mi ropa interior, oliéndolas, muy perverso, muy rico, y lo vi masturbarse con ellas, y confieso que alguna vez, por la noche, yo misma me toqué por ver lo que había visto.
Llegó su primera noviecita, y mis primeras angustias, alguien empezaba a robarme mi joya preciosa, era todo para mí, y no podía quedarme con el nido vacío, pero ella era más linda y más joven, estaba en desventaja.
Alexis jugaba conmigo, me decía que estaba celosa, que era una tonta, que yo era única, irremplazable, me abrazaba con sus brazos musculosos, me levantaba en el aire, me hacía enojar, le decía que me soltara, que era un estúpido, pero él solo se reía.
Una noche vino con su corazón roto, y los brazos de mamá fueron el mejor sitio donde cobijarse, su cabeza recostada en mi pecho, acariciando sus cabellos con los pezones duros en una complicada situación.
Poco tiempo después, un nuevo amor había cicatrizado a su roto corazón, y otra vez caí en la depresión, el miedo a perderlo, a quedarme sola, a que solo me olvidara, y sabía que era la ley de la vida, pero solo no podía aceptarlo.
Alexis iba y venía entre chicas del pueblo, enredado en amores, en placeres y fracasos, y yo siempre dispuesta, a sus pies, estaba cuando me necesitaba, y me hacía invisible cuando no me necesitaba.
Él tenía veinte recién cumplidos, lo veía poco y nada, entre mi empleo, el suyo, y su vida social prácticamente parecía olvidarse de su mamá, y yo me desmoronaba poco a poco, por cada chica que le espantaba aparecían dos nuevas, solía llegar a casa cuando yo me levantaba y entendí que a mis treinta y tres años solo había llevado una vida de sufrimientos, y solo fui feliz cuando Alexis dependió de mi para salir adelante.
Ese sábado lo sentí llegar cerca de las cinco de la mañana, me asustó puesto que estaba profundamente dormida e hizo demasiado ruido, adiviné que como de costumbre, llegaba pasado de copas, lo sentí cantar y reírse, en algunos aspectos me recordaba a mi maldita madre. Pasó por el baño, luego a su cuarto y por último el silencio, volví a dormirme.
Me levanté pasadas las ocho, afuera hacía demasiado frio así que tiré unos leños al fuego, desayuné y me quedé haciendo quehaceres, llegaba el medio día y Alexis seguía durmiendo, preparé unas pastas, sus favoritas, y mientras ponía la mesa empecé a llamarlo, una vez, otra vez, sin respuesta.
Fui a su cuarto, dormía como un angelito, tan lindo, tan hermoso, tan perfecto, tan mío.
Abrí un poco la ventana para que entrara luz, noté su slip blanco como la nieve ocultando una pronunciada erección, me mordí los labios, traté de despertarlo, pero el, en un estado de inconciencia respondió
No molestes Marisa, mejor chupame la verga si?
Obviamente yo no era Marisa, eso me dio mucho enojo, pensar que otras tocaban a mi bebe...
Fui a su lado, me arrodillé, tomé su slip entre los dedos, como cuando era pequeño y solo de lo bajé, su verga estaba enorme, su prepucio producto de la erección de había contraído y su glande estaba desnudo, que grande estaba mi pequeño!
Lo tomé con una de mis manos, miré su rostro, irradiaba placer al tiempo que lo masturbaba lentamente, acerque mi olfato, que rica olía! pasé mi lengua, una vez otra vez, llené su glande con mi saliva, tomé sus testículos con mis manos y empecé a acariciárselos con dulzura.
Pasé la punta de mi lengua lentamente por todo su tronco, desde la base hasta llegar a su glande, una vez y otra vez y otra vez más, era tan erótico, metí su glande en mi boca y busqué ir profundo, conteniendo la respiración haciéndolo llegar a mi garganta, me perdía, porque era hombre, porque era rico, porque era mi hijo.
Me tomé toda una vida en darle placer, porque quería que lo disfrutara, respiraba agitado, noté los tensarse los músculos de sus piernas, su vientre, lo sentí venir,
Solo seguí jugando mi juego, sentí en mi lengua un leve amargor producto de lo que estaba llegando, me sentí toda mojada, inundada en placer, sentí el calor en mis entrañas, lo sentí venir
De repente, o esperma quente dele, feito um vulcão sem freio, começou a encher minha boca. Senti pequenos orgasmos pelo meu corpo enquanto provava o gosto dele, enquanto sentia minha boca se encher, me tirando o fôlego. Aos poucos, em pequenos goles, curtindo e prolongando o momento, deixei tudo escorrer pro meu estômago, até não sobrar nada. Alexis parecia ainda dormir, mas eu sabia que naquela altura era impossível. Só tava fingindo pra não encarar a realidade.
Deixei pra lá, fui pro meu quarto. Tava encharcada, fedendo, precisava trocar a calcinha. Tirei a legging e a calcinha, fui na gaveta onde tantas vezes vi ele fuçar minhas coisas, e escolhi uma branca rendada, bem pequenininha.
Também vesti uma saia curta que me deixava muito gostosa. Era loucura, eu tava tentando seduzir meu próprio filho.
Tive que esquentar o almoço, abri um vinho e um tempo depois sentamos à mesa. Não falei nada do que rolou, ele também não.
Almoçamos em paz, mas senti uma conexão quente com meu filho. Era estranho, a gente não tocou no assunto. Meu pequeno me contava sobre a noite entre minas, amigos e bebidas que ele tinha tido, como quem tenta evitar o nó da questão. Eu só olhava pra ele, excitada, escutava sem prestar atenção. Na minha cabeça, eu revivia o boquete que tinha dado nele, e como eu já tinha alimentado ele com meu leite um dia, agora era a vez dele me alimentar, me dar todos os sucos dele.
Senti que meus pensamentos me levavam pro abismo. Cruzei as pernas com força porque minhas contrações provocadas me deixavam à beira de um orgasmo.
A gente ficou na sobremesa, e chegou a hora de lavar tudo. Como na maioria dos dias em que dividíamos a mesa, Alexis me alcançava tudo, eu lavava e ele secava.
Assim começamos. Eu tava lavando a louça e, pela primeira vez, minha mente se desligava do que tinha acontecido. Perdi meu filho do meu campo de visão.
De repente, as mãos grandes dele começaram a massagear meus ombros. Me deixei levar e só olhava a espuma do detergente e minhas mãos cobertas pelas luvas de borracha, como um sussurro, as palavras dele chegaram aos meus ouvidos.
— Sabe que é a melhor mãe do mundo? — disse num tom bem quente.
— Sai, bobo! — respondi com um falso desprezo.
— Sério, e sabe que é a mina mais gostosa que conheço? — disse com voz firme.
— Bah... mentiroso... gostosas são aquelas garotas com quem você anda saindo — respondi de novo, tirando o mérito dos elogios dele.
— Sério, mãe, sabe que às vezes tenho sonhos eróticos com você? — já num tom bem sedutor.
— É? ha ha! com a mãe? e o que você sonha? — voltando a brincar de gata e rato.
Alexis se aproximou mais, encostou o pau na minha bunda, a rola dele tava dura, bem dura, e eu fui me esfregando nela, soltei um suspiro preso, fechei os olhos, me mostrei aberta, as mãos dos meus ombros foram pros meus peitos, meu filho amassava minhas tetas por cima da roupa, tão grande, tão másculo, meu próprio sangue...
De novo eu tava molhada, ele sussurrou no meu ouvido:
— Que bunda linda você tem, mamãe!
Eu adorava, aquele "mamãe" era real, não era um "mamãe" de namorados, era uma relação de mãe e filho, meu filho.
As mãos dele desceram pela minha cintura, depois pela minha bunda, senti ele levantar a saia, acariciar minha pele, ele tava excitado com meu rabo, eu gostava, ele puxou minha calcinha fio dental pro lado e enfiou os dedos na minha buceta.
— Filho! mmm... você tá maluco?
Ele tirou os dedos encharcados com meus sucos e enfiou na minha boca, pra eu chupar e beber do meu próprio prazer.
Feito uma estocada, ele meteu a rola inteira até o fundo, me forçando a ficar na ponta dos pés, arrancando um grito de mim.
— Alexis, minha vida, como você é grande!
Alexis, como um touro enfurecido, começou a me comer, feito um animal, a rola linda dele entrando e saindo, agarrado na minha cintura, à beira do colapso, sussurrava no meu ouvido que eu era a mãe perfeita, que sempre me desejou em silêncio e que, sem pensar, realizava todas as fantasias dele, entre gemidos presos e palavras entrecortadas eu dizia que sim, que a mãe Sempre estaria ali pra ele, não importava quantas minas cruzassem seu caminho, quantas partissem seu coração, mamãe sempre estaria ali pra fazer ele feliz.
Suas mãos apertaram minha cintura, o pau dele pareceu inchar e eu deixei ele gozar, explodiu dentro da minha buceta, achei que ia morrer, meu coração batia forte, foram momentos gloriosos.
Alexis pareceu se desmontar nas minhas costas, apoiou o rosto no meu ombro, eu sentia ele ofegando forte, tentando recuperar o fôlego.
Me virei, ficamos de frente um pro outro, acariciei seus cabelos, sempre fazia isso, olhei nos olhos dele, meu pequeno, meu homem, me estiquei na ponta dos pés pra alcançar seus lábios, pra dar o beijo mais lindo e perfeito que uma mulher poderia dar a um homem, que uma mãe poderia dar a um filho, porque nenhuma daquelas vadias que voavam ao redor dele jamais poderia dar o amor incondicional que eu dava.
Senti os fluidos dele escorrendo pelas minhas pernas, ainda estavam mornos, passei os dedos e os lambuzei, comecei a lamber com um olhar cúmplice, deixando Alexis ver o que eu fazia, era tudo muito louco, me mostrando toda puta pro meu próprio filho.
Meu pequeno então me disse:
— Mamãe, sempre tive uma fantasia recorrente... — falou com olhar perverso.
— É? Qual? — respondi com a curiosidade típica.
Ele só me pegou pelas mãos e me levou pro meu quarto, disse que era uma surpresa, trouxe uma toalha, creme e um aparelho de barbear, me fez deitar, abrir as pernas, tirou a tanga e se dedicou a trabalhar na minha xota.
Pacientemente, encheu minha buceta de creme de barbear e só se dedicou a depilar tudo, eu ria e dizia que ele era maluco, aquele creme mentolado pro rosto dele ardia entre minhas pernas, e eu só deixei ele fazer, não conseguia negar nada pro meu pequeno.
Quando terminou o serviço, me vi como quando era novinha, lisinha, sem pelos, Alexis olhava extasiado pra obra-prima dele, de joelhos na beira da cama, perdido entre minhas pernas.
Não esperava, mas ele de repente passou a ponta da língua na minha... Clitóris me arrancando um arrepio e um falso protesto da minha parte, e ele repetiu, e de novo, e quando me dei conta, estava grudado na minha buceta, chupando com capricho, pelos meus lábios, pelos meus buracos, descendo até meu esfíncter, voltando pro meu botãozinho do amor, perdi o controle e o domínio da situação, era óbvio que não era a primeira vez que meu menino estava entre as pernas de uma mulher.
Despi com pressa meus peitos, peguei as mãos dele e as levei até eles, me excitava muito que ele as acariciasse e apertasse com doçura meus mamilos, estava uma delícia, mordi meus lábios, me perdi num labirinto de prazer, comecei a me contrair, senti ele chegando, a eletricidade corria sem parar entre meus peitos e minha buceta, explodi de repente, um orgasmo enorme, perfeito, o melhor da minha vida.
Alexis gozou em cima de mim, eu tentava me recuperar, estava muito sensível, beijou minha barriga e se aninhou no meu peito, achei que chegaria o melhor momento daquele dia, quando senti ele lamber meus seios, um, o outro, minhas lembranças foram pros dias em que eu o amamentei, e agora tudo se repetia, antes como bebê, agora como homem, olhei nos olhos dele, eram os mesmos olhos que me olharam vinte anos atrás, e naquele instante uma lágrima contida escapou e rolou pela minha bochecha.
Estendi a mão, procurei o pau dele e notei que estava pronto de novo.
Quer mais, sua safada? – perguntou de um jeito sugestivo
Conheceria um novo lado do meu pequeno, o lado violento dele, uma nova proposta
Ele pegou um par de travesseiros e empilhou na cama, me pegou quase à força e me acomodou em cima deles, de bruços, com aquela montanha improvisada debaixo do meu quadril, com minha bunda erguida pro teto, segurou meu braço direito e o forçou pra trás das minhas costas, pra me imobilizar, com a mão livre passou creme de barbear no meu esfíncter e adivinhei o próximo passo
Ele veio por cima de mim, devagar deixou cair todo o peso do corpo dele no meu, a vara dele afiada como uma adaga abriu caminho no meu cu e eu senti ele entrar por completo no meu cu, caralho, começou a se mexer, que gostoso que tava, que dor linda, bem no meu tamanho.
Não podia acreditar, meu filho tava arrombando meu cu, entrava e saía e eu sentia a respiração ofegante dele na minha nuca.
Mãe, na sua mãezinha você faz isso? — recriminei entre gemidos impossíveis de segurar.
Sempre imaginei isso, não sabe quantas punhetas bati imaginando esse momento... — ele disse feito um lobo faminto.
Vai, meu amor, aproveita, arrebenta tudo, se dá o gosto, bebê — respondi parecendo bem putinha.
Meu filho não demorou pra encher meu cu com o precioso esperma dele, caiu exausto em cima do meu corpo e senti nas minhas costas a batida forte do coração dele.
Ele se afastou, ficou olhando como meu esfíncter dilatado expulsava a porra dele misturada com creme de barbear, ele tinha dado a bunda pra própria mãe, me olhou e perguntou:
Como é que essa história continua?
O que tinha começado naquele sábado terminou no domingo à noite, levando o Alexis a um recorde de vinte e três gozadas, o que me custou ter minha intimidade tão dolorida que não quis saber de mais nada por uma semana, mas tinha valido a pena, meu Alexis, meu amor.
Passaram-se alguns anos, a situação continua a mesma, juramos viver o presente sem olhar pro futuro, ele continua com essas putinhas que tentam me roubar dele, mas ele sabe que não tem e nem vai ter outra como a mamãe, o nosso é um segredo de polichinelo, mas não importa, sou feliz com meu amado filho.
Se você gostou da história, pode me escrever com o título ÉDIPO para dulces.placeres@live.com
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