Olhos de cobra

No dejes de pasar por mi mejor post

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4084661/Mi-amada-esposa.html

No te vas a arrepentir!


Todo empezó una madrugada en el hospital donde hacia parte de mi rural…

Era raro, pero en esa oportunidad, no estaba allí como médico, solo estaba como la madre de una pequeña de tan solo seis meses de nacida.

Mi pareja, el padre de la niña me había abandonado a mitad de embarazo, había compartido cinco años de mi vida con él, era muy joven cuando me enamoré y tuve que madurar de golpe, a pesar de ser casi una niña.

Como fuera, una cosa fue el noviazgo y otra la pareja, resaltaron las incompatibilidades y tontamente pensamos que un niño fortalecería nuestros vínculos, todo lo contrario, solo logró precipitar el fin de nuestra relación.



Y no me quejo, cuando las relaciones se rompen, mejor no tratar de enmendarlas…

Solo que como dije, era muy joven, me encontré sola, y con una hermosa beba, estaba casi internada en esa clínica, era casi mi vida, compartía mi trabajo de doctora y mi vida de madre.

Esa noche mi pequeña niña ya dormía en el hospital, no había casi nadie, ninguna emergencia que atender, sin embargo, no podía conciliar el sueño, a pesar de que casi todos ya dormían.



La habitación parecía enorme en ese momento, a media luz, apenas la luminosidad de los faroles de la calle se colaba por las rendijas de las ventanas entreabiertas, una dulce brisa mecía levemente los cortinados, lo único que parecía tener vida en la quietud de la noche, miré el reloj en mi muñeca un par de veces, solo para asegurarme que las agujas estuvieran en movimiento, porque sentí que el tiempo se había detenido y esa noche no tendría fin.

Presa del aburrimiento me asomé a la puerta de la habitación, bajo el umbral observé el largo corredor con puertas de lado a lado, solo al final se contemplaba aquel doctor de piel blanca y cabello castaño, alto de contextura musculosa y con esos ojos únicos, con tonos entre verdes y amarillos, muy similares a ojos de serpiente, tan únicos y distintivos en él.

Estaba ojeando algunos papeles que tenía en sus manos, con un impecable guardapolvo celeste que llegaban a sus rodillas.



En una pausa, mientras cambiaba de hojas, levantó la vista, evidentemente notó mi presencia en el filo de la habitación, entonces me llamó con una seña de su mano derecha, caminé lentamente a su encuentro, me extendió las hojas de unos análisis, solo quería pedirme un consejo como de colegas con un caso médico que no viene al caso de que se trataba.

Él me hablaba muy entusiasmado de su paciente y yo solo me concentraba en esos ojos de serpiente, hermosos, que me hipnotizaban, mientras en mi cerebro maquinaba algo más…

Me abstraje de mis morbosos pensamientos, analicé los estudios y al fin le di mi punto de vista, luego solo empezamos a platicar de tantas cosas… una llevó a otra, y otra más, no me di cuenta, pero realmente el tiempo paso volando, así llegó la mañana entre risas, consejos abrazos ingenuos, dado el por el frío que hacía y algún que otro café negro.



Debía volver al cuarto de mi niña, nos despedimos y solo se dio, nuestros labios se encontraron con un beso cómplice, un beso que no puedo describir si fue robado de ambas partes o un deseo de los dos, un beso tan profundo de esos que detienen el tiempo y todo se olvida en ese momento, donde todo el entorno parece desaparecer para ser solo él y solo yo.

Nos miramos fijamente, sentí que sus ojos me quemaban y casi no podía mantenerle la mirada envuelta en la vergüenza de ese precioso beso, hasta que una sonrisa cómplice se dibujó en sus labios.

Entonces compartimos nuestros números de teléfono y cada uno se fue a descansar para disimular lo que había pasado.



Quiero destacar que este médico era una persona comprometida, él tenía esposa y dos hijas, yo lo sabía, por lo que no me dio su número personal, sino el del móvil que nos daban en la clínica para contactarnos en casos de urgencias.

Y él era especial, era un poco como esa joya preciosa, ese collar de diamantes que muchas mujeres ansiaban, pero solo unas pocas habían podido lucirlo en su cuello, y honestamente yo quería ser una de esas pocas…



Pasaron los días, el siguió haciendo su rural allí yo seguía con los temas de mi niña, manteníamos conversaciones por texto a diario, el me movía los cimientos, hasta que una noche, me dijo:



Sebes… me cambian de hospital, no quisiera irme sin verte, por favor, déjame despedirte…


Sentí como si llegara el fin del mundo de repente, no estaba preparada para leer esas palabras, tuve el impulso de llamarlo, necesitaba oír su voz, aunque mas no sea a través de mi viejo y gastado celular.

Conversamos esa noche hasta altas horas, perdí la noción del tiempo, el me hacía soñar despierta, solo recuerdo que al fin de cuentas el sueño me ganó, pero eso fue solo después en arreglar vernos la mañana siguiente en un motel, él me había dicho



Ese beso… el de esa madrugada no puede quedar en solo eso…


Fueron sus palabras al finalizar la llamada para decirme que un taxi me buscaría en la puerta de mi casa y que todo correría por su cuenta.



A pesar de que me había dormido tarde, recién amanecía cuando ya tenía nuevamente mis ojos abiertos, con la mente despejada, sin nada de sueño, la excitación me tenía en vilo y sabía que sería un encuentro único e irrepetible, sabía que no habría una segunda oportunidad.

Llamé a mamá, le pedí que viniera a casa, necesitaba que cuidara a la pequeña, luego empezó el dilema de que colocarme para ese momento, el frío era espantoso esa mañana, así que decidí ponerme un jean muy ajustado al cuerpo con un body muy adherido a mis curvas, en tono marrón chocolate, una chaqueta de cuero rosada y un par de botas de tacos altos también marrones haciendo juego con el body, claro, todo esto sin perder detalle de mi ropa íntima toda negra con algunos detalles de encaje en rojo, esas prendas sexis y perfumadas que una mujer guarda para una ocasión especial. Elegí dejarme el cabello suelto hasta la cintura resaltando las ondas en el mismo, cerrando el círculo con un maquillaje impecable.


Olhos de cobraMinha mãe olhou sem dizer nada, só se preocupou em ajeitar um pouco minha jaqueta, ela é mãe, mas também é mulher, então só me deu uma piscadinha de cumplicidade, me beijou e apertou minhas mãos com força desejando sorte.

O táxi chegou, super pontual, só entrei e me deixei levar ao encontro dele naquele motel, como uma viagem às cegas.

O motorista ficava me encarando pelo retrovisor, uma e outra vez, isso me deixou nervosa, porque ele sabia o destino da viagem, e quem sabe quantas coisas imaginava sobre mim. De qualquer forma, não ia falar com ele pra não ter que dar explicações, então peguei meu celular e fiquei só jogando nele.

Finalmente chegamos ao destino, cumprimentei o motorista sem dar muita importância e fui pro quarto que ele tinha reservado. Cheguei, ao abrir a porta me deparei com umas rosas vermelhas junto com um par de taças e um vinho tinto fino. Levantei o olhar e lá estava ele me observando, de um semi-bar, com aqueles olhos de serpente que mais uma vez me hipnotizavam.

Deixei minha bolsa no cabideiro, então ele se aproximou do meu corpo e nos fundimos num beijo imenso com gosto de desejo, de paixão, de luxúria. A temperatura subiu a cada segundo, imparável.

Tomamos só um gole do vinho espumante delicioso, mas não era hora de beber, tinha algo mais gostoso pra degustar. Revivo o momento como se fosse agora…

As mãos dele buscam meu corpo, percorrem ele, mas é impossível me tocar sem tirar parte da minha roupa, a desculpa perfeita. Aos poucos, nossas roupas voam pelo quarto todo, ele mal me deixa de sutiã e minha calcinha fio dental, aquele conjunto especial preto com detalhes vermelhos, ele só de cueca boxer. Nos contemplamos mutuamente como se não bastasse sermos médicos pra fazer um check-up, porque é disso que tem gosto, mas dessa vez não estamos trabalhando, dessa vez estamos aproveitando…

Ele me abraça forte, tão forte que parece amassar meus ossos, tira meu fôlego, sinto perto O corpo dele colado no meu, os beijos ficam mais intensos, mais profundos, a língua dele invade minha boca, acaricia meu céu da boca e parece querer se perder no fundo da minha garganta, meus mamilos endurecem por baixo do tecido do sutiã e minha calcinha fio-dental começa a encharcar, minhas unhas afiadas, sem eu perceber, cravam nas costas dele, eu suspiro quase sem notar, as mãos dele percorrem minha bunda, minhas costas, aí os dedos dele lentamente abrem caminho pela minha roupa íntima, sinto ele acariciar minha buceta depilada, me sinto ferver e derreter…

Eu fecho os olhos, uma das minhas mãos pousa no pau dele, já tá bem duro e grande. Só acaricio ele de leve por cima do tecido da cueca dele, sei que ele deseja, sabe que eu desejo…

Os beijos dele começam a descer pelo meu corpo, ele me deita na cama que fica pequena com tanto desejo, me deixo levar nesse turbilhão de loucura, continua me beijando por todo lado e eu só olho nos olhos dele cheios de pecado e leio seus lábios que murmuram palavras, porque ele só balbucia, não ouço nada do que ele diz, só de ler seus lábios entendo que ele quer que a gente faça um sessenta e nove, pra que o prazer fosse único, cada um saboreando a intimidade do outro…

Ele termina de se despir e eu faço o mesmo, a gente se deita de lado, finalmente o pau lindo dele tá ao meu alcance, sinto o cheiro gostoso de homem, ele tá duro entre meus dedos, ele dá o primeiro passo, sinto a língua dele na minha xota e me arranca um suspiro…

Aí beijos vêm, línguas vão, entre lamber, chupar e brincar, eu com a cabeça dele, ele com meu clitóris, é uma corrida louca, complexa, mistura perfeita entre dar e receber prazer, o complemento pra ser só um…

Ele enfia os dedos nesse sexo oral que me mata, puta merda, o que mais posso pedir? Sinto que começo a perder essa corrida louca, não consigo explicar o que passa pela minha cabeça, só quero sentir esse pau na minha buceta, ou talvez no meu cuzinho, onde ele preferir, onde ele quiser meter, entre tanta loucura me sinto gozar, já não Posso me concentrar em lamber, só aperto com pressa o tronco do pau dele, acelero o ritmo, gozo, gemo! Puta merda!!!

Nem percebo, tô perdida no meu prazer, sinto um líquido viscoso e pegajoso na minha bochecha, ele também tá gozando!!! Ainda no meio do meu orgasmo, enfio o pau dele na minha boca, esqueço de mim, só penso nele, no prazer dele, jorros do néctar dele enchem minha boca, pecado delicioso, me esforço pra saborear até a última gota…

A gente se olha, troca um beijo profundo, a boca dele tem gosto de mim, com certeza ele sente o gosto dele na minha, é erótico, ele pega a taça de vinho de novo, enche e me oferece pra relaxar e aguentar o que vem, algo que só ele conhece, brinca de esconde-esconde e eu adoro brincar…

Tomamos uns copos enquanto nos tocamos, aqui e ali, acaricio o pau dele, logo fica duro de novo feito soldadinho de chumbo, meu médico beija meu pescoço e diz, bem seguro de si:

Vou te comer do meu jeito, e espero que você também curta.

Sem dizer mais nada, pega minhas duas mãos e amarra na cabeceira da cama, me imobiliza, não posso me defender, ele começa a brincar com o pau dele, acaricia minha pele com paciência, começa a me enlouquecer, eu só consigo falar, gemer, suspirar, mas não posso tocar em nada…

Ele se ajeita entre minhas pernas, levanta elas pros lados, tô aberta e indefesa pra ele, se posiciona, finalmente… o pau dele entra e sai da minha buceta como quer, do jeito que ele quer, às vezes suave, com amor, às vezes duro, bruto, com violência, só dos meus lábios saem gemidos de prazer e eu só peço que me dê mais e mais, que por favor não pare, que quero muito sexo, muito prazer, todo o prazer…

O pau dele parece enorme e lindo dentro de mim, meus orgasmos são infinitos, eternos, um atrás do outro como ondas do mar, depois de tanto meter e tirar, sinto ele gozar dentro de mim, sinto ele me encher de porra, pelo menos é o que acho que sinto, mas não, é assim, ele se afasta um pouco, todo o sêmen dele ficou no preservativo, não queremos arriscar nada, e muito menos ele, é um homem casado, eu entendo, no lugar dele teria feito o mesmo…

Estou satisfeita, pra mim é o suficiente, ele solta minhas mãos, mas só me coloca de quatro, me segura imóvel, não consigo vê-lo, está atrás de mim brincando, aponta na minha bunda, força, suspiro, sinto ele entrando devagar, caralho… só uma vez eu tinha feito isso com meu marido, mas o doutor não podia negar nada, o pau dele entra na minha bunda apertada que só tinha sido aberta uma vez, e dessa vez a sensação é só de dor misturada com prazer, dos meus lábios já não sai nem um gemido, eu mordo eles com força, só rolam pelo meu rosto umas lágrimas de dor, mas uma dor diferente, uma dor que não tem preço…

De tanto meter e tirar, minha bunda se adapta, agora peço pra ele meter forte, tão forte quanto quiser, falo pra ele deixar bem dilatada, tão dilatada quanto ele gostar, os orgasmos vêm de novo, um atrás do outro, me sinto tão puta, enquanto ele me penetra, acaricia meu clitóris com os dedos, beija minhas costas, vejo ele de relance, vejo aqueles olhos de serpente que só me excitam ainda mais, fico mais molhada do que já estava, não aguento mais, finalmente ele goza pela terceira vez, agora completamente dentro da minha bunda, sem barreiras, sem preservativos…

Terminamos ali nosso encontro perfeito, entramos juntos no chuveiro, só pra tirar nossos cheiros de sexo, ele meu perfume e eu o dele, ninguém podia saber o que tinha acontecido ali, seria um segredo eterno entre doutores…

Outro táxi passou pra me buscar, pra me levar de volta pra casa, com minhas lindas rosas…

Ele foi embora no dia seguinte, mas depois de alguns anos o destino trouxe ele de volta pro meu querido hospital.

Vejo ele com frequência, mas agora somos só colegas, nada mais…

Quando o destino cruza a gente por acaso em algum corredor, só trocamos olhares, e não passa de uma piscada de olhos. mas toda vez que isso acontece, a lembrança daquela manhã volta na minha mente, como assistir o mesmo filme repetidas vezes, eu derreto quando vejo seus olhos de serpente que hipnotizam…

Se você gostou, pode me escrever com o título ‘OLHOS DE SERPENTE’ para DULCES.PLACERES@LIVE.COM

0 comentários - Olhos de cobra