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No te vas a arrepentir!
MOLDEANDO UN ESPOSO CORNUDO Y SUMISO
PARTE 2 DE 2
Nunca imaginé que las cosas terminarían como terminaron, me había costado mucho sacrificio llegar donde había llegado y sabía que debía mantener mi ojo vigilante para mantener las cosas en su sitio.
Cada tanto pasaba por alguno de los locales como un cliente mas, de incógnito, quería tener la misma percepción de las personas que elegían mis comidas rápidas por sobre la competencia.
Así salíamos en familia, Brenda, mi esposa en esos días, con Juliana y Joaquín, mis amores. El azar nos llevó a ese local en el shopping, fue cuando el destino me cruzó con Yanina, una chica como tantas otras, pero para mi resultó especial, tal vez fueran sus enorme ojos verdes, tal vez sus largos cabellos morenos, las vez las miles de pecas que poblaban su rostro, tal vez la dulzura de su voz, tal vez la inocente sonrisa que me regalaba, tal vez el perfume embriagador que tenía, o tal vez toda esa combinación al mismo tiempo bombardeando mis sentidos.
No era un tipo mujeriego, nunca lo había sido, pero no se, amor a primera vista, tal vez...
Lo cierto es que una semana después no podría resistir la tentación de volver al local, esta vez en soledad, solo para verla, solo para conocerla.
Me presenté, noté sus nervios de juventud, me reí por dentro, dialogué amablemente con ella y no se como se me ocurrió invitarla a tomar algo, fue una locura, lo sabía, pero no podía dejar de hacerlo.
Poco después la llevé a un hotel y me enamoré de su juventud, Yanina es de estatura media, de pechos diminutos y una cola por demás saltona, llamativa, sugerente, me encantan su piernas y sus pies de princesa. Sin dudas es de otra generación, soy viejo a su lado, varios tatuajes adornan su cuerpo, algunos aros atravesando su ombligo, su nariz y hasta otro en su lengua que aun me impresiona, da risa, pero a veces no entiendo algunas palabras del nuestro mismo castellano.
Como fuera, me enamoré sin darme cuenta y caí rendido a sus pies.
No hice mi fortuna siendo un tonto, así que sabía que ella estaba con alguien como yo por el bienestar que podía darle, pero no me importaba, creo que lo que sentía por ella no lo había sentido por mi esposa, siempre pensé que estaba enamorado de mi esposa Brenda, pero al conocer a Yanina realmente conocí en sentido de la palabra amor.
Por ella tiré todo al demonio, años de matrimonio, mi mujer, mis hijos, mi familia, todo lo que había construido en años, solo fue dejar todo y empezar de nuevo, incluso el divorcio se llevó mucho de mi patrimonio.
Pero si estar junto a Yanina era el premio a obtener, entonces estaba dispuesto a jugar las fichas a ganador
Empezaron los días de convivencia y descubriría en ella cosas buenas, y también malas.
Las diferencias en la cama entre mi ex y mi actual eran abismales, y eso me tenía en llamas, Yanina era joven, fuerte, solo quería coger mañana tarde y noche, era una fiera salvaje, me encantaba la lencería sugerente que usaba, tan diminuta que cabría en la palma de mi mano, su desinhibición, se desfachatez, vivir al límite, sus gritos en la cama, ella no tenía los 'no' que tenía Brenda, 'que la luz apagada' 'que así no' 'que por la cola no' 'que juguetes no' y que esto y lo otro, no, para nada, Yanina era dinamita y me llevaba al infierno.
Pero también tenía su lado oscuro, aunque me pese escribirlo era una holgazana, aduras penas la arrastraba de vez en cuando para que me ayudara en los negocios, intenté si éxito hacerla parte, pero nunca se interesó realmente, no quería trabajar, no quería estudiar, su preocupación era ir al gym todo el día para sacar buen culo y destrozar las tarjetas de crédito con prendas que raramente usaba, a veces era más inmadura que mi hija adolescente y a veces me sentía que estaba en rol de padre con ella, cuando mi lugar era de esposo.
Y todo empezó a desmadrarse, y todo empezó a afectarme en la cama, yo trabajaba como un burro y ella nada, y solo quería coger y coger y yo ya no tenía veinte años, y toda ese infierno que ella proponía en la cama se helaba en mis pensamientos cuando por otra parte sabía que había cosas que no estaban funcionando.
Hacer el amor empezó a ser un castigo mas que un placer, ella pareció tirarse al abandono y solo la veía comer y comer, las cosas empeoraban día a día y en soledad me replanteaba todo, si realmente había jugado bien esas fichas o solo me había pensado con el calor de mi sexo y me había enamorado de un espejismo.
Pero en el momento de mayor oscuridad, cuando todo parecía tocar fondo, cuando parecíamos pasar el punto sin retorno, mágicamente algo cambió, como un nuevo impulso, como un aire fresco, como un avión que aterriza y vuelve a carretear, Yanina había regresado, la Yanina de la que me había enamorado, la de la sonrisa, las jovial, la del culo perfecto, algo había cambiado en ella, me lo decía el brillo de sus ojos y era toda una novedad para mi sentirla cantar bajo la ducha, por cierto, que mal que cantaba!
La cuestión era saber porque había cambiado, si en nuestros días nada había cambiado, tuve celos de un fantasma, seguramente estuviera con un joven de su edad, musculoso, viril, con una rica verga que la hiciera sentir mujer, me angustié, me desesperé y tuve miedo de perderla, no quería perderla.
Cuando me contó lo de los obreros no di crédito, me pareció tan absurdo como excitante y necesité verlo con mis propios ojos para creerlo.
Nunca lo había imaginado, pero ver esa situación me causó un placer indescriptible, me descubrí como un voyeurista de mi propia mujer y observarla me causaba tanto o mas placer que hacerle el amor.
Ella me arrastró a esa locura y me hizo parte, fueron días explosivos, hicimos el amor como pocas veces y la loca montaña rusa que era mi vida junto a ella estaba tocando el cielo.
Pero no duraría mucho, cuando los días de la construcción pasaron, empezamos a bajar en esa montaña rusa y nuevamente el calor de la relación comenzó a eclipsarse.
Y algo debíamos hacer, algo faltaba, el fuerte deseo de observar, de sentirse observado, ella era joven y puta y me encantaba que lo fuera, charlamos mucho del tema, como adultos, Yanina a veces insinuaba deseos de estar con otro hombre, alguien joven, que la cogiera bien, y que no me sería infiel, y que yo podría estar presente para mirar, y esto y lo otro.
Yo nunca respondía porque no sabía que pensar al respecto, solo reía nerviosamente pero notaba que solo escuchar sus palabras me provocaban una contenida erección.
Tengo que reconocer que ella era muy incisiva cuando quería algo, y era como la gota que orada la piedra, sabía que siempre me podía y que yo siempre terminaba cediendo, así que ella le dio forma a su idea, coger con otro y que yo mirara.
El tenis era mi pasatiempo y una vez a la semana me cruzaba con algún amigo a despuntar el vicio, jugaba desde chico y siempre fui uno mas del montón, pero en verdad me ayudaba a mantenerme en forma y olvidarme por unas horas los problemas cotidianos.
Se estaba terminando el año y el club necesitaba recaudar fondos así que improvisaron un torneo entre socios, yo sabía que no tenía posibilidades pero me anoté mas para colaborar que para competir.
Gané el primer partido en forma ajustada, pero una semana después las cosas serían diferentes, un muchacho que conocía de vista en cruces casuales del club me tocó en suerte como rival, más joven, mas rudo, más atlético que yo y por supuesto, me hizo correr de lado a lado y me dió una paliza histórica, un contundente seis uno seis cero.
Nos saludamos como corresponde en la red, el tipo en verdad era musculoso y carilindo, tomé mis cosas y fui a las duchas. Minutos mas tarde llegaría el y empezaría la parte rica de la historia, no pude notar que Eduardo - ese era su nombre - tenía una verga enorme colgando entre sus piernas, larga, gruesa, que se movía a su paso de lado a lado, y por si fuera poco, noté que se depilaba haciendo gala de semejante monstruo.
Estábamos lado a lado y no parecía de alguien de mucha charla, pero yo no podía dejar de mirársela, y más cuando se la enjabonaba y parecía nunca terminar, fui tan tonto y evidente que sin querer terminé molestando a mi ocasional rival, quien me increpó directamente diciendo algo como
Que mirás tanto? sos puto?
Me sentí tan idiota, me avergoncé, le pedí disculpas y lo largué como venía, en los minutos que estuvimos bajo la ducha le resumí mi vida con Yanina y que ella buscaba alguien de grueso calibre para satisfacerla y que bueno, el sería un buen candidato.
Eduardo no sabía cuanto era verdad y cuanto era mentira, evidentemente no es habitual que alguien te proponga que le cojas la mujer y entendía perfectamente su confusión. Seguimos hablando del tema, el preguntaba, yo respondía, y se mostró interesado en la propuesta. Mientras nos secábamos tomé mi celular y le mostré algunas fotos de mi esposa, si el tuviera alguna duda, las curvas de mi mujer seguramente las disiparían. Antes de despedirnos cambiamos números de celulares y quedamos en un 'tal vez'
Tres días después me llamaría para decirme que si lo haría, que Yanina le había parecido bonita y bueno, como seguiríamos, conocernos? charlar? tal vez ella lo rechazara.
Pero yo tenía todas las respuestas, no me había hecho un tipo adinerado dudando por todo, yo era de ir directo al hueso, a matar o morir y esta no sería la excepción, arreglé la cita con él, día, horario, y le dí un juego de llaves del departamento donde haríamos el encuentro.
Lembro que naquele dia tava muito excitado, não fui trabalhar e esperei a Yanina em casa. Quando ela chegou da academia, eu tava esperando ela com umas carnes assadas na churrasqueira de dar água na boca. Ela não entendia o que tava rolando, eu só falei que era um dia especial e que tinha um presente lindo pra ela.
O engraçado daquela tarde foi que ela, como toda mulher, não conseguia segurar a curiosidade e me encheu de perguntas, tentando arrancar verdades das mentiras, e eu só curtia vendo o quanto ela tava por fora.
Quando o sol foi se pondo, pedi pra depilar ela com minhas próprias mãos, do jeito que eu gostava. Depois ela foi tomar um banho enquanto eu tirava da caixa um conjunto bem sexy de calcinha e sutiã que eu mesmo tinha comprado, bem pequeno, transparente, cheio de renda. Também escolhi entre as dezenas de vestidos dela um que eu amava mais que os outros, ficava pintado nela, desenhado à mão, num tom areia brilhante, que contrastava com o bronze da pele dela, acompanhando as curvas da silhueta, desenhando a bunda linda dela. Deixei ela escolher o calçado e me certifiquei de que tudo tava perfeito: maquiagem, cabelo, brincos, joias.
Realmente, minha mulher não fazia ideia do que viria pela frente. Quando subimos no carro, ela achou que era algum jantar chique comigo, mas nunca passou pela cabeça dela que eu tava prestes a realizar o sonho dela, tornar as fantasias dela realidade.
No caminho, um WhatsApp do Eduardo me deu certeza de que ele já tava esperando conforme combinado, e isso significava que as peças do quebra-cabeça tavam se encaixando.
Chegamos, minha esposa tava cada vez mais perdida e confusa, sem entender nada. Entramos no salão amplo, peguei um lenço de seda preto que tinha deixado em cima da mesa e pedi pra ela confiar em mim, fechar os olhos e deixar eu vendá-la. Amarrei o lenço atrás da cabeça dela e, com uma ereção do caralho, levei ela pro quarto com todo cuidado pra não se machucar. Entramos no quarto onde Eduardo esperava nu, completamente nu, e começou a se masturbar pra Pra conseguir uma ereção perfeita, pedi então pra Yanina se ajoelhar, por favor. Ela tava muito nervosa e ansiosa, não entendia nada, a curiosidade tava devorando ela e ela insistia perguntando sem parar que porra era aquele jogo todo. Pedi só mais alguns minutos, já tava tudo no lugar.
A pica enorme do Eduardo tava a centímetros do rosto da minha amada, que, sem saber de nada, só perguntava sobre a doce fragrância masculina que sentia no quarto. Peguei meu celular e procurei enquadrar a pica do amante casual e o rosto da minha esposa, queria ter uma lembrança daquele momento.
Aí sim, dei a autorização tão esperada pra ela tirar o lenço que cobria a visão.
Ela tirou devagar, abriu os olhos e a expressão no rosto dela foi impagável, a surpresa com aquela pica monstruosa, ela não saía do espanto, não entendia.
Olhei nos olhos dela com um sorriso cúmplice, falei que íamos realizar nossas fantasias e que eu só ia sentar e observar, que era um presente pra ela e que ela curtisse.
Assumo que a reação da Yanina não foi nem de longe o que eu imaginava, ela não questionou nada, absolutamente nada, nem o nome daquele estranho, só viu uma pica enorme e agarrou a oportunidade, como se tivesse desesperada, começou a chupar, igual uma possessa, devorando o quanto podia, passando a língua por todo aquele comprimento, comendo a cabeça dela.
De vez em quando nossos olhares se cruzavam e eu só ficava de lado, observando, com o pau duro, sem poder fazer nada. Lembrei dos dias em que os pedreiros olhavam do outro lado da rua sem poder fazer nada e agora eu sentia o mesmo que eles sentiam, só que agora iam comer a minha própria mulher e eu não fazia parte, eu era parte do cenário.
E eu adorava ver o que via, não me incomodava, não sentia ciúmes, nada, entendia meu papel de corno manso e era feliz cumprindo ele, tinha dado aquele garanhão pra minha esposa e queria que ela curtisse, queria que ela comesse ele todinho, que se Engasgou com o pau, feito uma puta de verdade.
Ela se levantou sem parar de acariciar o pau dele com as mãos, beijou ele fundo na boca, e depois continuou passando as mãos pelo corpo musculoso e trabalhado dele. Eduardo invadia ela também e, aos poucos, tirou o vestido e o sutiã dela. Ela implorou pra ele comer ela, ali mesmo, sem esperar, esquecendo que eu tava ali. Fez ele recuar até a parede, ela tava desesperada mesmo, toda oferecida. Ele então levantou ela no ar, encaixando os braços debaixo das pernas abertas da minha mulher. Ela agarrou o pescoço dele com os braços, e Eduardo girou no próprio eixo, apoiando as costas da Yanina na parede.
A puta da minha mulher puxou a calcinha fio-dental pro lado e apontou o intruso pro buraco dela. Eu só olhava atentamente de lado, em silêncio, tentando segurar uma ereção violenta. Ele só deixou ela descer o suficiente pra sentir o tamanho dele. Yanina se contorceu no ar e começou a gemer enquanto o amante comia ela sem parar. Era uma delícia, mas era só o começo.
O clima esquentava cada vez mais. Eduardo se deitou na cama e ela montou nele. Da minha posição, eu só via os pés e as pernas do sortudo, e minha esposa em cima dele, as costas dela e aquele rabo espetacular que me enlouquece. Ela se levantou um pouco e engoliu o pau inteiro de uma vez, grosso e comprido do jeito que era, e começou a se mexer, pra cima, pra baixo, com força, uma vez e outra.
Vai ser difícil explicar meus sentimentos por escrito, porque minha vista se encheu com um filme pornô onde minha mulher era a estrela, mas tinha algo a mais que eu não esperava e me levava ao êxtase. Foram os movimentos, os sons. Ela pulava de um jeito louco, o colchão aguentava as porradas e a cama mal suportava os movimentos, ameaçando se partir em quatro. As pernas rangiam ritmadamente, e os gritos agudos da Yanina simplesmente me enlouqueciam, os "ahhh... ahhh... ahhh... ahhh... ahhh..." sem parar. Perdidos no tempo e no espaço a cada penetração profunda, nunca imaginei, nunca teria conseguido. Só parava de vez em quando pra dizer como o pau dela era maravilhoso, ou lembrando que eu tava olhando. Só virava a cabeça pra me agradecer pela surpresa inesperada e foda.
Tava descobrindo uma putinha gostosa e me descobrindo num prazer novo. Comeu ela como e quanto quis, arrancou os orgasmos mais intensos e quentes que eu jamais imaginei. Até me senti mal pela minha masculinidade e pelo sexo que eu não podia oferecer, mas é a vida, e aproveitei o que tinha que aproveitar.
Ela tava de quatro e ele foi por trás. Sentia minha mulher pedir que metesse no cu dela, num tom de súplica, e honestamente, ouvir a mulher da tua vida pedir isso pra um estranho... o que dizer? Me ferveu o sangue.
Vi os punhos dela apertando os lençóis, gemendo forte, urrando igual bicho. Eduardo, numa cena bem de filme pornô, passou as pernas dela pros lados do quadril pra me dar o melhor ângulo: as curvas generosas da bunda da minha esposa, com a buceta depilada e quente, com o cu dela sendo perfurado uma e outra vez pelo pau daquele animal. No meio de gemidos, prazer, luxúria, onde eu era o melhor dos espectadores.
Não durou muito. Percebi o orgasmo do Eduardo, com aquelas contrações típicas do pênis jorrando porra, segundos de prazer que pareceram uma eternidade.
Tinha acabado. Devagar, ele tirou o pau do cu dela e se afastou.
Foi quando não aguentei. Tomei a decisão. Peguei o lugar do Eduardo antes que minha mulher pudesse se recuperar. Abaixei a calça e a cueca, tirei meu pau, segurei ela pela cintura e meti inteiro. Com força, com luxúria. Comi ela como... meus olhos se fixavam na cintura fina dela, nos quadris largos, nas nádegas perfeitas, como sempre. Mas agora, o que realmente me enlouquecia era o esfíncter dela, como tava aberto e esticado, lindamente. deformada, eu adorava, podia ter enfiado meu pau nela sem dificuldade, mas me excitava ver aquilo, e ainda mais quando, nos movimentos que eu dava, ela começava a cuspir o sêmen do amante, escorrendo pela buceta dela, chegando até o meu próprio pau. Eu queria fazê-la gritar, empurrava com toda a minha força, mas nunca conseguiria nela o que Eduardo tinha conseguido, não me importei, gozei dentro da buceta dela, foram só alguns segundos, mas os melhores segundos da minha vida.
O louco da situação era que, no plano que eu tinha traçado, eu seria só observador, mas acabou que a gente continuou por um bom tempo num trio que não estava programado e que realizou muitas fantasias nossas.
O tempo passou, Eduardo foi o primeiro de muitos. Eu costumava procurar caras pra armar essas cenas, e ela também arrumou alguns. Dei asas pra ela, e com isso a permissão pra pegar outros caras mesmo que eu não estivesse presente. Não me incomodava, desde que ela estivesse do meu lado, podia comer todos os paus que quisesse, mesmo que ela fosse a única na minha cama.
Uns dias atrás, a gente tava tomando café da manhã, costumávamos conversar de vez em quando sobre essa situação, e me bateu a dúvida de saber com quantos homens ela tinha transado. Perguntei:
— Não tenho a conta exata, mas acho que estamos perto de cinquenta, sessenta...
Ela me olhou e respondeu bem segura de si:
— Trezentos e vinte e um, se contar só relações. Se somar as situações em que estive com dois ao mesmo tempo, seria um pouco mais.
Olhei pra ela meio incrédulo e surpreso, ela respondeu enquanto tomava ar:
— Me dá um minuto, deixa eu assimilar...
A gente riu cúmplices, só continuamos tomando café, como todo dia.
FIM
Se você gostou da história, pode me escrever com o título MOLDEANDO UM MARIDO CORNO E SUBMISSO para dulces.placeres@live.com
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MOLDEANDO UN ESPOSO CORNUDO Y SUMISO
PARTE 2 DE 2
Nunca imaginé que las cosas terminarían como terminaron, me había costado mucho sacrificio llegar donde había llegado y sabía que debía mantener mi ojo vigilante para mantener las cosas en su sitio.
Cada tanto pasaba por alguno de los locales como un cliente mas, de incógnito, quería tener la misma percepción de las personas que elegían mis comidas rápidas por sobre la competencia.
Así salíamos en familia, Brenda, mi esposa en esos días, con Juliana y Joaquín, mis amores. El azar nos llevó a ese local en el shopping, fue cuando el destino me cruzó con Yanina, una chica como tantas otras, pero para mi resultó especial, tal vez fueran sus enorme ojos verdes, tal vez sus largos cabellos morenos, las vez las miles de pecas que poblaban su rostro, tal vez la dulzura de su voz, tal vez la inocente sonrisa que me regalaba, tal vez el perfume embriagador que tenía, o tal vez toda esa combinación al mismo tiempo bombardeando mis sentidos.
No era un tipo mujeriego, nunca lo había sido, pero no se, amor a primera vista, tal vez...
Lo cierto es que una semana después no podría resistir la tentación de volver al local, esta vez en soledad, solo para verla, solo para conocerla.
Me presenté, noté sus nervios de juventud, me reí por dentro, dialogué amablemente con ella y no se como se me ocurrió invitarla a tomar algo, fue una locura, lo sabía, pero no podía dejar de hacerlo.
Poco después la llevé a un hotel y me enamoré de su juventud, Yanina es de estatura media, de pechos diminutos y una cola por demás saltona, llamativa, sugerente, me encantan su piernas y sus pies de princesa. Sin dudas es de otra generación, soy viejo a su lado, varios tatuajes adornan su cuerpo, algunos aros atravesando su ombligo, su nariz y hasta otro en su lengua que aun me impresiona, da risa, pero a veces no entiendo algunas palabras del nuestro mismo castellano.
Como fuera, me enamoré sin darme cuenta y caí rendido a sus pies.
No hice mi fortuna siendo un tonto, así que sabía que ella estaba con alguien como yo por el bienestar que podía darle, pero no me importaba, creo que lo que sentía por ella no lo había sentido por mi esposa, siempre pensé que estaba enamorado de mi esposa Brenda, pero al conocer a Yanina realmente conocí en sentido de la palabra amor.
Por ella tiré todo al demonio, años de matrimonio, mi mujer, mis hijos, mi familia, todo lo que había construido en años, solo fue dejar todo y empezar de nuevo, incluso el divorcio se llevó mucho de mi patrimonio.
Pero si estar junto a Yanina era el premio a obtener, entonces estaba dispuesto a jugar las fichas a ganador
Empezaron los días de convivencia y descubriría en ella cosas buenas, y también malas.
Las diferencias en la cama entre mi ex y mi actual eran abismales, y eso me tenía en llamas, Yanina era joven, fuerte, solo quería coger mañana tarde y noche, era una fiera salvaje, me encantaba la lencería sugerente que usaba, tan diminuta que cabría en la palma de mi mano, su desinhibición, se desfachatez, vivir al límite, sus gritos en la cama, ella no tenía los 'no' que tenía Brenda, 'que la luz apagada' 'que así no' 'que por la cola no' 'que juguetes no' y que esto y lo otro, no, para nada, Yanina era dinamita y me llevaba al infierno.
Pero también tenía su lado oscuro, aunque me pese escribirlo era una holgazana, aduras penas la arrastraba de vez en cuando para que me ayudara en los negocios, intenté si éxito hacerla parte, pero nunca se interesó realmente, no quería trabajar, no quería estudiar, su preocupación era ir al gym todo el día para sacar buen culo y destrozar las tarjetas de crédito con prendas que raramente usaba, a veces era más inmadura que mi hija adolescente y a veces me sentía que estaba en rol de padre con ella, cuando mi lugar era de esposo.
Y todo empezó a desmadrarse, y todo empezó a afectarme en la cama, yo trabajaba como un burro y ella nada, y solo quería coger y coger y yo ya no tenía veinte años, y toda ese infierno que ella proponía en la cama se helaba en mis pensamientos cuando por otra parte sabía que había cosas que no estaban funcionando.
Hacer el amor empezó a ser un castigo mas que un placer, ella pareció tirarse al abandono y solo la veía comer y comer, las cosas empeoraban día a día y en soledad me replanteaba todo, si realmente había jugado bien esas fichas o solo me había pensado con el calor de mi sexo y me había enamorado de un espejismo.
Pero en el momento de mayor oscuridad, cuando todo parecía tocar fondo, cuando parecíamos pasar el punto sin retorno, mágicamente algo cambió, como un nuevo impulso, como un aire fresco, como un avión que aterriza y vuelve a carretear, Yanina había regresado, la Yanina de la que me había enamorado, la de la sonrisa, las jovial, la del culo perfecto, algo había cambiado en ella, me lo decía el brillo de sus ojos y era toda una novedad para mi sentirla cantar bajo la ducha, por cierto, que mal que cantaba!
La cuestión era saber porque había cambiado, si en nuestros días nada había cambiado, tuve celos de un fantasma, seguramente estuviera con un joven de su edad, musculoso, viril, con una rica verga que la hiciera sentir mujer, me angustié, me desesperé y tuve miedo de perderla, no quería perderla.
Cuando me contó lo de los obreros no di crédito, me pareció tan absurdo como excitante y necesité verlo con mis propios ojos para creerlo.
Nunca lo había imaginado, pero ver esa situación me causó un placer indescriptible, me descubrí como un voyeurista de mi propia mujer y observarla me causaba tanto o mas placer que hacerle el amor.
Ella me arrastró a esa locura y me hizo parte, fueron días explosivos, hicimos el amor como pocas veces y la loca montaña rusa que era mi vida junto a ella estaba tocando el cielo.
Pero no duraría mucho, cuando los días de la construcción pasaron, empezamos a bajar en esa montaña rusa y nuevamente el calor de la relación comenzó a eclipsarse.
Y algo debíamos hacer, algo faltaba, el fuerte deseo de observar, de sentirse observado, ella era joven y puta y me encantaba que lo fuera, charlamos mucho del tema, como adultos, Yanina a veces insinuaba deseos de estar con otro hombre, alguien joven, que la cogiera bien, y que no me sería infiel, y que yo podría estar presente para mirar, y esto y lo otro.
Yo nunca respondía porque no sabía que pensar al respecto, solo reía nerviosamente pero notaba que solo escuchar sus palabras me provocaban una contenida erección.
Tengo que reconocer que ella era muy incisiva cuando quería algo, y era como la gota que orada la piedra, sabía que siempre me podía y que yo siempre terminaba cediendo, así que ella le dio forma a su idea, coger con otro y que yo mirara.
El tenis era mi pasatiempo y una vez a la semana me cruzaba con algún amigo a despuntar el vicio, jugaba desde chico y siempre fui uno mas del montón, pero en verdad me ayudaba a mantenerme en forma y olvidarme por unas horas los problemas cotidianos.
Se estaba terminando el año y el club necesitaba recaudar fondos así que improvisaron un torneo entre socios, yo sabía que no tenía posibilidades pero me anoté mas para colaborar que para competir.
Gané el primer partido en forma ajustada, pero una semana después las cosas serían diferentes, un muchacho que conocía de vista en cruces casuales del club me tocó en suerte como rival, más joven, mas rudo, más atlético que yo y por supuesto, me hizo correr de lado a lado y me dió una paliza histórica, un contundente seis uno seis cero.
Nos saludamos como corresponde en la red, el tipo en verdad era musculoso y carilindo, tomé mis cosas y fui a las duchas. Minutos mas tarde llegaría el y empezaría la parte rica de la historia, no pude notar que Eduardo - ese era su nombre - tenía una verga enorme colgando entre sus piernas, larga, gruesa, que se movía a su paso de lado a lado, y por si fuera poco, noté que se depilaba haciendo gala de semejante monstruo.
Estábamos lado a lado y no parecía de alguien de mucha charla, pero yo no podía dejar de mirársela, y más cuando se la enjabonaba y parecía nunca terminar, fui tan tonto y evidente que sin querer terminé molestando a mi ocasional rival, quien me increpó directamente diciendo algo como
Que mirás tanto? sos puto?
Me sentí tan idiota, me avergoncé, le pedí disculpas y lo largué como venía, en los minutos que estuvimos bajo la ducha le resumí mi vida con Yanina y que ella buscaba alguien de grueso calibre para satisfacerla y que bueno, el sería un buen candidato.
Eduardo no sabía cuanto era verdad y cuanto era mentira, evidentemente no es habitual que alguien te proponga que le cojas la mujer y entendía perfectamente su confusión. Seguimos hablando del tema, el preguntaba, yo respondía, y se mostró interesado en la propuesta. Mientras nos secábamos tomé mi celular y le mostré algunas fotos de mi esposa, si el tuviera alguna duda, las curvas de mi mujer seguramente las disiparían. Antes de despedirnos cambiamos números de celulares y quedamos en un 'tal vez'
Tres días después me llamaría para decirme que si lo haría, que Yanina le había parecido bonita y bueno, como seguiríamos, conocernos? charlar? tal vez ella lo rechazara.
Pero yo tenía todas las respuestas, no me había hecho un tipo adinerado dudando por todo, yo era de ir directo al hueso, a matar o morir y esta no sería la excepción, arreglé la cita con él, día, horario, y le dí un juego de llaves del departamento donde haríamos el encuentro.
Lembro que naquele dia tava muito excitado, não fui trabalhar e esperei a Yanina em casa. Quando ela chegou da academia, eu tava esperando ela com umas carnes assadas na churrasqueira de dar água na boca. Ela não entendia o que tava rolando, eu só falei que era um dia especial e que tinha um presente lindo pra ela. O engraçado daquela tarde foi que ela, como toda mulher, não conseguia segurar a curiosidade e me encheu de perguntas, tentando arrancar verdades das mentiras, e eu só curtia vendo o quanto ela tava por fora.
Quando o sol foi se pondo, pedi pra depilar ela com minhas próprias mãos, do jeito que eu gostava. Depois ela foi tomar um banho enquanto eu tirava da caixa um conjunto bem sexy de calcinha e sutiã que eu mesmo tinha comprado, bem pequeno, transparente, cheio de renda. Também escolhi entre as dezenas de vestidos dela um que eu amava mais que os outros, ficava pintado nela, desenhado à mão, num tom areia brilhante, que contrastava com o bronze da pele dela, acompanhando as curvas da silhueta, desenhando a bunda linda dela. Deixei ela escolher o calçado e me certifiquei de que tudo tava perfeito: maquiagem, cabelo, brincos, joias.
Realmente, minha mulher não fazia ideia do que viria pela frente. Quando subimos no carro, ela achou que era algum jantar chique comigo, mas nunca passou pela cabeça dela que eu tava prestes a realizar o sonho dela, tornar as fantasias dela realidade.
No caminho, um WhatsApp do Eduardo me deu certeza de que ele já tava esperando conforme combinado, e isso significava que as peças do quebra-cabeça tavam se encaixando.
Chegamos, minha esposa tava cada vez mais perdida e confusa, sem entender nada. Entramos no salão amplo, peguei um lenço de seda preto que tinha deixado em cima da mesa e pedi pra ela confiar em mim, fechar os olhos e deixar eu vendá-la. Amarrei o lenço atrás da cabeça dela e, com uma ereção do caralho, levei ela pro quarto com todo cuidado pra não se machucar. Entramos no quarto onde Eduardo esperava nu, completamente nu, e começou a se masturbar pra Pra conseguir uma ereção perfeita, pedi então pra Yanina se ajoelhar, por favor. Ela tava muito nervosa e ansiosa, não entendia nada, a curiosidade tava devorando ela e ela insistia perguntando sem parar que porra era aquele jogo todo. Pedi só mais alguns minutos, já tava tudo no lugar.
A pica enorme do Eduardo tava a centímetros do rosto da minha amada, que, sem saber de nada, só perguntava sobre a doce fragrância masculina que sentia no quarto. Peguei meu celular e procurei enquadrar a pica do amante casual e o rosto da minha esposa, queria ter uma lembrança daquele momento.
Aí sim, dei a autorização tão esperada pra ela tirar o lenço que cobria a visão.
Ela tirou devagar, abriu os olhos e a expressão no rosto dela foi impagável, a surpresa com aquela pica monstruosa, ela não saía do espanto, não entendia.
Olhei nos olhos dela com um sorriso cúmplice, falei que íamos realizar nossas fantasias e que eu só ia sentar e observar, que era um presente pra ela e que ela curtisse.
Assumo que a reação da Yanina não foi nem de longe o que eu imaginava, ela não questionou nada, absolutamente nada, nem o nome daquele estranho, só viu uma pica enorme e agarrou a oportunidade, como se tivesse desesperada, começou a chupar, igual uma possessa, devorando o quanto podia, passando a língua por todo aquele comprimento, comendo a cabeça dela.
De vez em quando nossos olhares se cruzavam e eu só ficava de lado, observando, com o pau duro, sem poder fazer nada. Lembrei dos dias em que os pedreiros olhavam do outro lado da rua sem poder fazer nada e agora eu sentia o mesmo que eles sentiam, só que agora iam comer a minha própria mulher e eu não fazia parte, eu era parte do cenário.
E eu adorava ver o que via, não me incomodava, não sentia ciúmes, nada, entendia meu papel de corno manso e era feliz cumprindo ele, tinha dado aquele garanhão pra minha esposa e queria que ela curtisse, queria que ela comesse ele todinho, que se Engasgou com o pau, feito uma puta de verdade.
Ela se levantou sem parar de acariciar o pau dele com as mãos, beijou ele fundo na boca, e depois continuou passando as mãos pelo corpo musculoso e trabalhado dele. Eduardo invadia ela também e, aos poucos, tirou o vestido e o sutiã dela. Ela implorou pra ele comer ela, ali mesmo, sem esperar, esquecendo que eu tava ali. Fez ele recuar até a parede, ela tava desesperada mesmo, toda oferecida. Ele então levantou ela no ar, encaixando os braços debaixo das pernas abertas da minha mulher. Ela agarrou o pescoço dele com os braços, e Eduardo girou no próprio eixo, apoiando as costas da Yanina na parede.
A puta da minha mulher puxou a calcinha fio-dental pro lado e apontou o intruso pro buraco dela. Eu só olhava atentamente de lado, em silêncio, tentando segurar uma ereção violenta. Ele só deixou ela descer o suficiente pra sentir o tamanho dele. Yanina se contorceu no ar e começou a gemer enquanto o amante comia ela sem parar. Era uma delícia, mas era só o começo.
O clima esquentava cada vez mais. Eduardo se deitou na cama e ela montou nele. Da minha posição, eu só via os pés e as pernas do sortudo, e minha esposa em cima dele, as costas dela e aquele rabo espetacular que me enlouquece. Ela se levantou um pouco e engoliu o pau inteiro de uma vez, grosso e comprido do jeito que era, e começou a se mexer, pra cima, pra baixo, com força, uma vez e outra.
Vai ser difícil explicar meus sentimentos por escrito, porque minha vista se encheu com um filme pornô onde minha mulher era a estrela, mas tinha algo a mais que eu não esperava e me levava ao êxtase. Foram os movimentos, os sons. Ela pulava de um jeito louco, o colchão aguentava as porradas e a cama mal suportava os movimentos, ameaçando se partir em quatro. As pernas rangiam ritmadamente, e os gritos agudos da Yanina simplesmente me enlouqueciam, os "ahhh... ahhh... ahhh... ahhh... ahhh..." sem parar. Perdidos no tempo e no espaço a cada penetração profunda, nunca imaginei, nunca teria conseguido. Só parava de vez em quando pra dizer como o pau dela era maravilhoso, ou lembrando que eu tava olhando. Só virava a cabeça pra me agradecer pela surpresa inesperada e foda.
Tava descobrindo uma putinha gostosa e me descobrindo num prazer novo. Comeu ela como e quanto quis, arrancou os orgasmos mais intensos e quentes que eu jamais imaginei. Até me senti mal pela minha masculinidade e pelo sexo que eu não podia oferecer, mas é a vida, e aproveitei o que tinha que aproveitar.
Ela tava de quatro e ele foi por trás. Sentia minha mulher pedir que metesse no cu dela, num tom de súplica, e honestamente, ouvir a mulher da tua vida pedir isso pra um estranho... o que dizer? Me ferveu o sangue.
Vi os punhos dela apertando os lençóis, gemendo forte, urrando igual bicho. Eduardo, numa cena bem de filme pornô, passou as pernas dela pros lados do quadril pra me dar o melhor ângulo: as curvas generosas da bunda da minha esposa, com a buceta depilada e quente, com o cu dela sendo perfurado uma e outra vez pelo pau daquele animal. No meio de gemidos, prazer, luxúria, onde eu era o melhor dos espectadores.
Não durou muito. Percebi o orgasmo do Eduardo, com aquelas contrações típicas do pênis jorrando porra, segundos de prazer que pareceram uma eternidade.
Tinha acabado. Devagar, ele tirou o pau do cu dela e se afastou.
Foi quando não aguentei. Tomei a decisão. Peguei o lugar do Eduardo antes que minha mulher pudesse se recuperar. Abaixei a calça e a cueca, tirei meu pau, segurei ela pela cintura e meti inteiro. Com força, com luxúria. Comi ela como... meus olhos se fixavam na cintura fina dela, nos quadris largos, nas nádegas perfeitas, como sempre. Mas agora, o que realmente me enlouquecia era o esfíncter dela, como tava aberto e esticado, lindamente. deformada, eu adorava, podia ter enfiado meu pau nela sem dificuldade, mas me excitava ver aquilo, e ainda mais quando, nos movimentos que eu dava, ela começava a cuspir o sêmen do amante, escorrendo pela buceta dela, chegando até o meu próprio pau. Eu queria fazê-la gritar, empurrava com toda a minha força, mas nunca conseguiria nela o que Eduardo tinha conseguido, não me importei, gozei dentro da buceta dela, foram só alguns segundos, mas os melhores segundos da minha vida.
O louco da situação era que, no plano que eu tinha traçado, eu seria só observador, mas acabou que a gente continuou por um bom tempo num trio que não estava programado e que realizou muitas fantasias nossas.
O tempo passou, Eduardo foi o primeiro de muitos. Eu costumava procurar caras pra armar essas cenas, e ela também arrumou alguns. Dei asas pra ela, e com isso a permissão pra pegar outros caras mesmo que eu não estivesse presente. Não me incomodava, desde que ela estivesse do meu lado, podia comer todos os paus que quisesse, mesmo que ela fosse a única na minha cama.
Uns dias atrás, a gente tava tomando café da manhã, costumávamos conversar de vez em quando sobre essa situação, e me bateu a dúvida de saber com quantos homens ela tinha transado. Perguntei:
— Não tenho a conta exata, mas acho que estamos perto de cinquenta, sessenta...
Ela me olhou e respondeu bem segura de si:
— Trezentos e vinte e um, se contar só relações. Se somar as situações em que estive com dois ao mesmo tempo, seria um pouco mais.
Olhei pra ela meio incrédulo e surpreso, ela respondeu enquanto tomava ar:
— Me dá um minuto, deixa eu assimilar...
A gente riu cúmplices, só continuamos tomando café, como todo dia.
FIM
Se você gostou da história, pode me escrever com o título MOLDEANDO UM MARIDO CORNO E SUBMISSO para dulces.placeres@live.com
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