Iryna, a gostosa russa

No dejes de pasar por mi mejor post

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4084661/Mi-amada-esposa.html

No te vas a arrepentir!



IRYNA, LA RUSA


Siempre fui un tipo humilde, tuve que trabajar mucho para conseguir lo poco que tengo, la falta de estudios no es buena consejera y mis manos castigadas son testigos silenciosas de mis pesares. No trabajaba menos de doce horas diarias, no había domingos ni feriados en mi vida, solo viví para trabajar para conseguir comprar un viejo y húmedo departamento en un edificio comunitario de tres pisos. El trabajo siempre fue prioridad, podría escribir un libro, y esto me llevó a una aburrida y pobre vida sexual, sin grandes locuras, es difícil tener sexo con la panza vacía.
Apenas unas noviecitas que cuento con una mano en mi adolescencia, llegando a los treinta me casé con Ruperta, una buena mujer, buena ama de casa, excelente cocinera, culpable de los cien kilos de peso que tengo. Es una noble mujer, un tanto tosca y para nada inteligente, es la triste verdad.
Nos amamos a nuestra manera, con un sexo tradicional y esporádico, una vez al mes con suerte, solo vaginal y siempre con la luz apagada, es muy estricta en esas cosas.

Ella me dio una hija que hace unos años voló para hacer su nido con su novio de la infancia, ahora vivimos solo nosotros dos, ya he pasado los cincuenta y nunca esperé cambios en mi vida, sigo trabajando casi todo el día, mi único lujo es volver al atardecer y sentarme un rato en la vereda para ver cómo se oculta el sol, luego subo los tres pisos por la escalera para terminar el día, esa escalera me parece cada día más alta, los años no vienen solos…
Ese es el panorama, una vivienda pobre en un barrio pobre, gente trabajadora, buena gente…

Solo el año pasado fue diferente para mi, lástima que como vino se fue, pasó tan rápido…
Cuando terminaba Enero pusieron en venta el departamentito que está junto al nuestro, Roque, el dueño, estaba demasiado mayor y había envejecido terriblemente desde que había enviudado, sus piernas estaban flojas y ya no toleraba las caminatas de ascenso, siempre pensaba que ese sería mi futuro no tan distante. Bien, el se fue y el lugar estuvo cerrado hasta fines de abril, principio de mayo. Una tarde al llegar del trabajo Ruperta me dijo que había escuchado ruidos y suponía que teníamos nuevos vecinos, sin embargo yo no había observado nada.
Al día siguiente, un matrimonio de nuestra edad tocaba la puerta presentándose gentilmente como los nuevos vecinos, en realidad habían hecho un esfuerzo para comprarle el lugar a su hija, para que pudiera estudiar en la universidad, ya que provenían de afuera de la ciudad y no podía viajar todos los días.

En los siguientes dos meses las cosas cambiarían rápidamente para mí, la joven vivía sola, se llamaba Iryna, supe que sus abuelos eran inmigrante rusos y no solo la doblaba en edad, también en peso.
Era flaca, de delgadas piernas, acostumbraba a usar remeras ajustadas que marcaban sus huesudas costillas y sus chatos pechos, tenía unos ojos grandes color café, de mirada triste, cabello rubio que siempre cortaba con un flequillo recto arriba de las cejas. Ella despertaba en mí un instinto paternal, tal vez por la reciente partida de mi hija, además tenía una voz muy suave que me ablandaba el corazón.

Casi de casualidad surgió un vínculo entre nosotros, como ella vivía sola, era mujer y no sabía nada del hogar, siempre venía a buscarme por algún problema, la vida me había enseñado un poco de todo, así que era carpintero, albañil, electricista, pintor, plomero y todo oficio que se requiera en una casa.
Mi forma de ver a la joven fue cambiando poco a poco, sin darme cuenta, no se me cruzaba por la cabeza engañar a Ruperta pero ella era una pobre mujer, demasiada ingenua para ver más allá de sus narices, lo cierto es que Iryna parecía pasarla a gusto en mi compañía y mientras yo estaba en su departamento dándole una mano en alguna tarea, ella me contaba sobre su vida, sobre su familia, sobre sus proyectos, sobre sus estudios, siempre me trataba de usted, me decía ‘don Pedro’, río al recordarlo…
Así, las brasas fueron ardiendo en mi interior lentamente, sin darme cuenta.

Más de una vez, me sorprendía a mi mismo mirando su ropa interior que estaba tirada por cualquier lado, trataba de reprimir mis instintos. Ella siempre usaba polleritas tableadas muy cortitas, demasiado cortitas, por nada en especial, siempre las había usado, eran parte de ella, solo que ahora yo la miraba con otros ojos, las cosas iban cambiando, ahora veía lo que antes no veía. Y tenía una nueva costumbre, dado que Iryna llegaba de la universidad casi al mismo horario que yo del trabajo, buscaba la forma de llegar unos instantes después que ella de manera de subir los escalones de los tres pisos unos metros tras ella, con la mirada fija en su colita, tratando de ver bajo su pollera.
Creo que se daba cuenta de la situación, siempre llegábamos arriba y ella cruzaba una mirada con una pícara sonrisa en los labios

Primero de Octubre, estaba arrodillando arreglando un piso, ella recostada en un viejo sillón con una fea remera brillosa y la clásica pollera tableada que casi me dejaba ver la bombacha, mascaba un chicle mientras sus lentes de aumento le permitían leer un libro de estudio, ella me sorprendería mirándola, dejando el libro a un costado entabló un peligroso diálogo, quería saber sobre mi sexualidad, sobre mi vida, sobre mis gustos, que había hecho, que no, que gustos jamás me había dado, justificando sus preguntas en un supuesto trabajo que elaboraba para la facultad.
Yo dejé de hacer lo que estaba haciendo, me puse nervioso, tartamudo, transpiraba… le resumí mi vida en pocas palabras, tratando de no ser grosero, entonces ella se acercó a mí y tomando entre si mis manos castigadas por el tiempo me susurró al oído


Iryna, la rusa- Se quiser, podemos fazer o que você nunca fez...

Depois me beijou fundo, apaixonadamente, docemente, e completou:

- Pedro, se dê o gosto, pegue o que todo dia você quer pegar na escada...

Iryna se acomodou na poltrona, com os joelhos no chão e o peito sobre ela, de costas pra mim. Sentei no chão, atrás dela, com meu rosto perto demais da bunda dela. Levantei a saia até a cintura dela. Uma calcinha fio dental de algodão se perdia entre as nádegas, deixando os quadris brancos à mostra. Coloquei uma mão em cada glúteo, as palmas quase cobrindo eles.

Instintivamente, afastei a carne dela. Meu olhar se fixou no anel marrom que ficava partido ao meio pelo fio roxo da calcinha. Mas minha surpresa só começava. Os minutos passavam e eu tentava abrir mais e mais, só puxando as nádegas pra fora. Devagar, o esfíncter da jovem começava a se abrir, e mais, e cada vez mais.

Eu ainda não tinha feito nada, e o buraco traseiro dela se abria diante dos meus olhos como uma moeda, uns três centímetros. O fio passava no meio, como se fosse uma ponte indefesa atravessando uma cratera perigosa. Era evidente que a russinha não era tão santa quanto parecia. Ela me tirou do meu torpor dizendo:

- Dom Pedro, não gostaria de meter na minha bundinha?

Enquanto enfiava dois dedos babados no cu dilatado dela. Não fiz ela esperar. Me despi rápido, meu pau tava duro. Cuspi na mão umas duas vezes pra lubrificar. Fiquei atrás dela, que esperava impassível. Afastei o fio dental, mirei e penetrei com uma facilidade incrível por trás. Era o primeiro sexo anal da minha vida. A sensação me pareceu maravilhosa, sentindo o anel apertando meu pau. Tirava de vez em quando e meus olhos se enchiam com aquele buraco enorme dilatado, com o gosto do proibido.

Minha maldita joelha direita começou a incomodar. Tive que parar e sentar ao lado dela, mas nada a deteria. Ela se despiu. Rapidamente, ela veio e montou em mim de cócoras, com uma perna de cada lado, pegou meu pau e sentou, enfiando de novo no cu dela. Ela se movia como uma mestra e me dava uns beijos profundos, língua com língua, eu via os olhos dela semi-cerrados de prazer através daquelas óculos eróticos de aumento, não acreditava no que tava vivendo…

Os peitos dela eram praticamente inexistentes, só os biquinhos pequenos aparecendo no peito magro, coloquei minhas mãos neles e acariciei com ternura, ela reagiu bem à minha estimulação, acelerando os movimentos e tentando deixar a penetração anal mais funda, suava, ficava com tesão, se esforçava pra não gritar.

Tava tudo bem até aquele momento, ia chegar meu primeiro fiasco. Iryna se recostou no sofá e pediu pra eu lamber o cuzinho dela. Tenho vergonha de dizer, me ajeitei entre as pernas dela e fiz o que pude, tava nervoso, apesar da minha idade era um novato idiota no assunto que não sabia direito o que fazer, como fazer, beijei, provei o suco dela e mordi o clitóris dela, pelo menos acho que foi isso porque vi na cara dela umas caretas de dor…

Depois de tentativas frustradas, a jovem teve pena de mim, foi complacente e então me disse:

- Seu Pedro, quero que me coma bem selvagem, a coisa mais louca que te vier na cabeça…

E a coisa mais louca que me veio foi levantar ela nos meus braços e levar até a janela que dava pra sacada, só uma cortininha impedia que nossos corpos nus fossem vistos de fora, levantei ela como se fosse um papel nos meus braços, fazendo ela se abraçar no meu corpo com as pernas, baixei ela até sentir meu pau penetrando ela até o fundo, levantando e abaixando uma e outra vez, comia ela de pé, a buceta dela tava toda molhada e ela dava uns gemidinhos no meu ouvido, feito uma gatinha ronronando, sentia a intimidade dela deslizando na minha carne, ela me abraçava com força, mas parecia que faltava loucura na cena…

Ela soltou uma mão e se segurou na barra da cortina, depois fez o mesmo com a outra. outra, agora sim, eu segurava ela no ar enquanto ela gritava se balançando igual uma puta, toda excitada agora gritava:

- Sim, senhor! Sim! Sim! vou gozar... sim! mais! mais!... vou gozar!!!

Ela se contraía em volta de mim, tudo parecia perfeito, mas no melhor da situação a barra cedeu junto com as cortinas e fomos todos pro chão, rimos do que aconteceu, nós dois estávamos completamente nus, então ela quase se arrastando pelo chão chegou no canto pra baixar a persiana e acabar com o contratempo.
Depois me pegou pela mão e me levou até o sofá onde tudo tinha começado, me fez sentar e foi buscar alguma coisa, enquanto ia e vinha eu observava sua magreza extrema, sua pele branca e seu corpo ossudo.
Iryna voltou com uma caixa debaixo do braço, se acomodou entre minhas pernas, eu tava curioso pra ver o que tinha nela, com um sorriso nos lábios ela me deixou ver o conteúdo, tava cheia de brinquedos sexuais! De todos os tipos e tamanhos! Nunca tinha visto nada igual...

Diante dos meus olhos arregalados ela pegou o maior, realmente grande, uns trinta centímetros, grosso, umas três polegadas, com uma ventosa na base, grudou no chão e lubrificou bastante, eu não podia acreditar que essa menina inocente tinha essas coisas, pegou com uma mão pra manter ele firme e se agachou sobre ele, apontou na sua buceta e começou a descer devagar, centímetro por centímetro foi sumindo da minha vista, até que praticamente não sobrou nada, não entendia onde guardava tanto...

Enquanto brincava em cima dele, pegou meu pau com os dedos e puxando meu prepúcio bem pra baixo começou a me masturbar devagar, minha cabeça tava nua, me enlouquecia...
Os lábios dela foram pros meus testículos, sua língua percorria eles, me surpreendeu quando foi um pouco mais pra baixo e começou a passar a língua no meu esfíncter, senti uma sensação estranha, me acomodei de um jeito que facilitasse o caminho, se minha esposa tivesse me visto...

Ela se preparava pra estocada final, depois de sentir sua língua afiada tentando penetrar meu esfíncter, ela pegou um pequeno vibrador e começou a brincar com ele, em poucos minutos apontou e, quase sem que eu percebesse, foi enfiando devagar. Na minha idade chegar a essas coisas…
Essa foi a imagem que ficou gravada nas minhas retinas, a russinha se divertindo com aquele brinquedo enorme na pussy, com uma mão enfiando e tirando o outro brinquedinho no meu Booty e com a outra me masturbando de leve, me segurando firme pelas bolas. Senti que ia gozar, olhando a ponta do meu cock vi o líquido branco começar a escorrer suavemente por todo o tronco, não saía do meu espanto, da minha fascinação…

Iryna me confessaria depois que ela não estudava em universidade nenhuma, se virava se prostituindo, os pais não sabiam de nada. Nos meses seguintes tive alguns encontros clandestinos a mais, mas a relação foi esfriando, com certeza por causa dos meus pedidos repetidos pra ela mudar de vida, acho que acabei cansando ela…
Um dia de Dezembro ela simplesmente sumiu, o apartamentinho estava de novo à venda, nunca mais soube nada dela, nem dos pais, nunca mais…

Se você é maior de idade, queria saber sua opinião sobre esse relato, me escreve pra ‘IRYNA, A RUSSA’ em dulces.placeres@live.com

0 comentários - Iryna, a gostosa russa