Total libertad para comentar lo que quieran
Espero sean de vuestro agrado
http://www.poringa.net/posts/imagenes/5909834/Erotismo-en-B-N---01.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/5930158/Erotismo-en-B-N---02.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/5962854/Erotismo-en-B-N---03.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/5981636/Erotismo-en-B-N---04.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/5997767/Erotismo-en-B-N---05.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/6004665/Erotismo-en-B-N---06.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/6041938/Erotismo-en-B-N---07.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/6075224/Erotismo-en-color---08.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/6084997/Erotismo-en-color---09.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/6099556/Erotismo-en-color---10.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/6110497/Erotismo-en-color---11.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/6116242/Erotismo-en-color---12.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/6131873/Erotismo-en-color---13.html
https://www.poringa.net/posts/imagenes/6166354/Erotismo-en-color---14.html
https://www.poringa.net/posts/imagenes/6175748/Erotismo-en-color---15.html
https://www.poringa.net/posts/imagenes/6196209/Erotismo-en-color---16.html
https://www.poringa.net/posts/imagenes/6211165/Erotismo-en-color---17.html
https://www.poringa.net/posts/imagenes/6218344/Erotismo-en-color---18.html
https://www.poringa.net/posts/imagenes/6221055/Erotismo-en-color---19.html
https://www.poringa.net/posts/imagenes/6229944/Erotismo-en-color---20.html
https://www.poringa.net/posts/imagenes/6236841/Erotismo-en-color---21.html
https://www.poringa.net/posts/imagenes/6242993/Erotismo-en-color---22.html
https://www.poringa.net/posts/imagenes/6257813/Erotismo-en-color---23.html
https://www.poringa.net/posts/imagenes/6263980/Erotismo-en-color---24.html
https://www.poringa.net/posts/imagenes/6267616/Erotismo-en-color---25.html
https://www.poringa.net/posts/imagenes/6299343/Erotismo-en-color---26.html
https://www.poringa.net/posts/imagenes/6304941/Erotismo-en-color---27.html
https://www.poringa.net/posts/imagenes/6311358/Erotismo-en-color---28.html
QUIEN TIENE EL CONTROL?
No sé exactamente en qué momento empecé a cruzar la línea. Supongo que fue de a poco, como esas grietas invisibles que van abriéndose en una pared hasta que un día la estructura simplemente cede.
Mi nombre no importa, al menos no en esta historia. Lo que importa es que soy una mujer de cuarenta y dos años, casada con un hombre brillante, respetado y, sobre todo, presente. Un pilar en la estructura estatal, como yo. Formamos una de esas parejas que muchos envidian: influyentes, elegantes, siempre impecables en cada acto, en cada saludo, en cada discurso.
Siempre supe que una mujer como yo genera respeto… y deseo. La ropa me sienta como una armadura. Mis tacos altos, mis trajes a medida, el perfume exacto en el momento justo. Me gusta caminar por los pasillos sabiendo que las miradas me siguen al compás del vaivén de mis caderas. Me gusta decidir cuándo sonreír… y a quién.
Él llegó como llegan los que no saben en qué mundo están entrando. Veinticuatro años, tal vez veinticinco. Pelo oscuro, modales torpes pero atentos. Postulante a una unidad estratégica que depende directamente de mí. Su nombre, Matías.
La primera vez que cruzamos palabras fue en la sala de reuniones, mientras yo corregía un informe y él esperaba con su cuaderno en mano. Lo noté tenso. Me miraba como se mira algo que no se entiende del todo, pero se desea intensamente. Esa mirada... la reconocí enseguida. Me excita saber que alguien se desarma por dentro solo por estar cerca mío.
Lo cité a mi despacho. Era lo correcto, claro. Tenía que explicarle las reglas, su rol, lo que se esperaba de él. Pero también, en el fondo, quería jugar.
—Cerrá la puerta, por favor —le dije sin mirarlo, mientras revisaba unos papeles—. Prefiero que nadie interrumpa.
Sentí cómo su respiración se alteró apenas. El sonido seco de la cerradura me provocó un estremecimiento sutil. Cuando levanté la vista, él ya estaba atrapado. No necesitaba decir nada más.
Ese día no pasó nada... en apariencia. Pero yo ya sabía. Y él también.
No hizo falta mucho para que Matías empezara a entender el juego. Yo marcaba el ritmo, y él seguía con esa mezcla de obediencia e impulso contenido que tanto me enloquece. Al principio se limitaba a escucharme con atención, a tomar notas exageradas, como si cada palabra que yo dijera fuese sagrada.
Después vinieron los roces. Le corregía algo desde atrás y mi mano tocaba su hombro, mi perfume le rozaba el cuello. Me inclinaba más de la cuenta, y él se quedaba inmóvil, tenso, excitado. Sus ojos evitaban los míos, pero yo lo veía todo: la respiración acelerada, el rubor en el cuello, la forma en que sus manos temblaban apenas.
Solo buscaba el punto de quiebre, sin prisa, pero sin pausa, sabia de memoria donde iban sus ojos cada vez que le daba la espalda, y notaba como sus ojos hacían lo imposible para no irse a mis pechos, podía usar alguna frase sugerente, en doble sentido, pero tan sutil que el dudaba lo que yo quería decir
Una tarde cualquiera, con el edificio casi vacío, le pedí que me acompañara al archivo. Tenía que buscar unos informes viejos. Cerré la puerta detrás de nosotros.
El aire estaba denso. Las luces, débiles. Lo observé un segundo en silencio. Él no dijo nada.
—¿Sabés qué es lo que más me gusta de este lugar? —pregunté, acercándome—. Que hay rincones donde nadie escucha nada… salvo que quiera hacerlo.
Matías tragó saliva. Yo no esperé su respuesta. Acerqué mi boca a su oído.
—No digas nada —le susurré—. Solo obedecé.
Y obedeció.
Lo besé con hambre. Con rabia. Con la urgencia de una mujer que siempre tiene el control, pero que en ese instante elige perderlo un poco, solo lo suficiente como para probar lo prohibido.
Sus manos eran torpes, pero sinceras. Su cuerpo temblaba contra el mío, y eso me excitaba aún más. Lo apoyé contra la estantería. Abrí su camisa. Lo miré a los ojos y me arrodillé.
Su miembro a contra luz lucia apetecible, puse una mano en su bajo vientre para retenerlo contra la pared y la otra en uno de sus muslos, solo use mi boca, es algo en lo que soy muy buena y me encanta hacer. Solo sabia a hombre y sentía la suavidad de su sexo en mi boca, un poco más y otro poco aun, cambiaba solo para observar sus expresiones. Me sentía tan mojada, pero tenía ropa interior y medias de nylon hasta la cintura, imposible, pero no me importo, lleve la mano que tenía sobre su muslo y ni las medias ni la tanga impidieron que me frotara con fuerzas por sobre ellas, el contacto indirecto parecía ser aún más adictivo
Estaba en cuclillas haciendo equilibrio sobre mis altos tacos finos, y estos empezaban a querer clavarse en mis talones, la atmosfera húmeda y pestilente del lugar empezaba a marcar gotas de transpiración en mi frente, y acelere el ritmo, entre mis piernas, entre las suyas. Tenía mi ropa de oficina, mi camisa, mi chaqueta, y no podía dejar que 'su final' manchara mi presencia, la excusa perfecta para dejarlo venir donde deseaba que se viniera, y mis dedos terminaron su juego entre mis piernas, cerré los ojos, fruncí el seño y lo deje explotar en mi boca
Me incorpore y me desentendí de él, ya me era prescindible, era parte del juego, y me perfile frente a un viejo espejo de pared que vivía ahí desde toda la historia, Matías me miraba a la distancia, yo lo veía, se acomodaba la ropa y trataba de recobrar la postura pareciendo aun no creer lo ocurrido
—¿Te gustó? —pregunté sin dirigirle la mirada, concentrada en la imagen que me devolvía el espejo—
Me respondió con un 'si' tímido, porque el estaba demasiado atento a la manera en que aun estaba saboreando todos sus jugos, porque yo sentía aun todo ese amargor espeso del semen que terminaba de ingerir
—¿Trae a muchos a este sitio? — soltó de repente, y necesite darle un cierre al juego, con un final abierto, como dejándole entender que había estado bueno, pero no era nada del otro mundo
—Los suficientes...—respondí—pero no lo hago con todos, solo con quien yo elijo, por cierto, eyaculas un montón! eso me gusta! podría incluirte en el top cinco...
Tomé una pastilla de menta del bolsillo de mi chaqueta para tapar mi aliento a infierno y cerré ese juego con un final abierto
Después, fingí que nada había pasado. Salimos del archivo con los informes en la mano y el pulso desordenado.
Fue la primera vez. No fue la última.
Durante semanas, todo sucedió en los intersticios: en el baño del segundo piso, cuando sabía que mi esposo estaba en una videollamada a pocos metros; en el ascensor, cuando el edificio dormía la siesta burocrática; en mi despacho, detrás de persianas cerradas y puertas con doble traba.
Él no se atrevía a tomar la iniciativa. Me miraba esperando la señal, la orden, el permiso. Y yo… yo me volvía adicta a esa obediencia.
Pero también aparecieron las grietas.
A veces, después del sexo, me miraba como si quisiera decir algo. Como si esperara más. Yo desviaba la mirada, me acomodaba la falda, le decía que se fuera.
Una noche, en casa, mi esposo me preguntó si estaba bien. Le dije que sí. Me abrazó por la espalda. Su cuerpo era cálido, familiar. Pero no sentí nada. Me odié un poco por eso. Y al mismo tiempo, me excité al recordar cómo, esa misma tarde, había tenido a Matías de rodillas en el baño, entre mis piernas, mientras afuera hablaban de políticas públicas.
Intenté alejarme. Dejé de citarlo. Ignoré sus mensajes. Evitaba sus ojos cuando cruzábamos pasillos.
Pero no podía sostenerlo.
Poder, perigo, desejo… tudo isso era mais forte que a culpa.
Percebi naquele dia no arquivo, quando tinha tudo sob controle e fiz ele acreditar que levar garotos pra aquele lugar era um costume, que na verdade não estava mentindo só pra ele, estava mentindo pra mim também, e sem querer, estava me metendo sozinha num labirinto sem saída.
Soube que as coisas não podiam continuar assim, meu mundo todo virava de ponta-cabeça, eu vivia mais preocupada com o que rolava com o Matías do que com a minha própria vida, meu trabalho, meu marido, e não media as consequências do que podia ter acontecido se algo disso viesse à tona. E além do mais, Matías era jovem e gostoso, quanto tempo até ele se interessar por alguma mina da idade dele? Quando ia passar o tesão que sentia por mim? Precisava dar um ponto final nessa loucura que tava me consumindo.
Uma tarde chamei ele de novo pro meu escritório. Fechei a porta. Sentei com as pernas cruzadas e os lábios pintados com precisão cirúrgica.
— Isso acabou — falei.
Ele me olhou, confuso. Machucado.
— Por quê?
— Porque eu gosto demais.
Ele não disse nada. Levantou. Eu achei que ele tinha entendido. Que eu tinha vencido. Que o controle, como sempre, era meu.
O que eu não sabia… era que ele também tinha aprendido a jogar.
Passaram duas semanas sem contato, só os encontros inevitáveis do trabalho. Me dediquei à minha rotina: reuniões, eventos, notas, o papel de esposa exemplar. Matías parecia ter entendido. Só trabalhava. Me cumprimentava com profissionalismo. Nada mais.
E no entanto, algo em mim tava inquieto. Essa calma era artificial, a calma que vem antes da tempestade. Ele não era assim. Tinha algo por trás do silêncio dele, algo que eu não conseguia ler… e isso me incomodava. Me desesperava, na real.
Tentei mais uma vez decifrar ele, chamei ele de novo pro meu escritório e fechei a porta atrás dele. Me perfumei demais porque sabia o quanto ele gostava.
— Tudo bem? — puxei assunto.
— Sim, tudo bem — respondeu. secas
—Entre nós, digo, tô falando daquilo — percebi que pela primeira vez ele duvidava das minhas palavras, como se já não tivesse mais tanta certeza das coisas
— Perfeito... — respondi — você é minha chefe imediata e você dita o que a gente deve fazer
Era doido, o desgraçado ainda me tratava com "você" apesar de todas as fodas que a gente já tinha dado, de todos os segredos compartilhados, de todo o sexo que tinha corrido nas nossas veias. Mudei a conversa pra assunto de trabalho, uma reunião que teria no dia seguinte com uns caras importantes do governo, meu marido também ia estar lá, e ele precisava preparar pautas, coisas de rotina
Naquela manhã, eu e meu marido chegamos meio atrasados, trânsito, na sala de reunião já tinha um monte de gente importante esperando, cada um no seu lugar. Quando cheguei no meu assento, tinha um envelope fechado me esperando em cima da mesa. Papel grosso, chique. Sem nome, sem remetente. A situação me desmontou e um rubor tomou conta do meu rosto
— E isso? — perguntou meu marido
Tentei uma resposta besta e inocente, é que eu não conseguia pensar direito, e aquela reunião ia ser um lixo, porque não consegui tirar aquele envelope da cabeça, e toda a minha apresentação foi pro ralo
Num intervalo, fui ao banheiro, escondendo o envelope o melhor que pude, sentei no vaso pra mijar e abri ele nervosa.
Dentro, um bilhete escrito à mão, só dizia:
"Você me ensinou muitas coisas. Agora é minha vez."
Sabia que era ele, e comecei a lembrar de tudo que a gente viveu, a loucura, a paixão, e senti meus bicos começarem a roçar o tecido do sutiã, um calor subiu pelo meu corpo, como um vento de primavera, e senti uma coisa queimando por dentro. Não queria, mas não conseguia evitar. Fechei os olhos e acariciei o tecido da blusa por cima dos meus peitos, mordi os lábios com medo de um gemido descontrolado escapar. Levei uma mão entre as pernas e enfiei os dedos o mais fundo que pude, do jeito que ele enfiava, e depois chupei eles pra sentir meu gosto, como ele adorava que eu fizesse. fiz
Mas parei de repente, porque se queria acabar com aquilo, era só terminar de vez, não podia continuar com o jogo, nem mesmo na minha solidão, e preferi ficar quente igual brasa do que deixar aquele desgraçado roubar mais um orgasmo meu. Lavei o rosto na pia, me olhei no espelho e tentei me recompor, arrumando a maquiagem
Assim que a reunião acabou, voltei pro meu escritório, sentei pra pensar, colocando panos frios na situação, franzi a testa. Revisei as câmeras, pedi discretamente pros caras da segurança… nada. O arquivo não tinha registros.
Naquela mesma tarde, chamei ele no meu escritório.
Ele entrou numa boa. Quase… desafiador.
— Foi você?
— Eu, o quê?
Me aproximei, firme. Parei na frente dele, a centímetros, e jogando o envelope em cima da mesa, falei
— Não brinca comigo de novo, Matías. Você sabe o que tá em jogo.
Ele sustentou meu olhar. Já não era mais o garoto nervoso do primeiro dia. Tinha algo novo nele. Algo frio. Algo… meu.
— O que tá em jogo, exatamente? — perguntou, com um sorrisinho no canto da boca e completou —. Seu cargo? Seu casamento? Sua reputação? Porque do meu lado… bom, eu tô só começando.
Congelei. Era a primeira vez que ele me tratava por "você", os papéis tinham virado rápido demais.
Ele enfiou a mão no bolso do paletó e tirou o celular. Me mostrou. Um vídeo. Eu, no banheiro. De joelhos. Ele gemendo. Minha voz. Minhas mãos. Tudo.
Meu mundo desabou num segundo.
— Não quero dinheiro — disse ele —. Nem escândalo. Só quero continuar te vendo. Quero te chamar quando eu quiser. Quero te usar quando precisar. Do mesmo jeito que você sempre fez comigo, só que agora, quem manda sou eu.
Não soube o que dizer. Senti vertigem, raiva, desejo. Ele tinha me lido. Tinha se adiantado.
E o pior… é que uma parte de mim, bem lá no fundo, tava excitada. Porque pela primeira vez… o controle não era meu.
Naquela noite, cheguei em casa antes do meu marido. Tomei um banho, me olhei no espelho, passei o perfume de sempre. Me servi uma taça de vinho. Fiquei descalça pra dar paz pros meus pés, fui pra cama e fiz amor com ele como não fazia há tempos, ele não entendeu o motivo, nunca ia entender.
Levantamos como todo dia, o sol acabava de aparecer no horizonte, fui pra cozinha preparar o café com porra e umas torradas como toda manhã, meu marido no banheiro, se barbeando tranquilo. Aí senti ele chegando, me abraçou por trás e beijou meu pescoço, quase num sussurro falou:
— Te amo, ontem à noite você foi fora de série!
Respondi com um sorriso, me senti bem envolvida no calor dele, aí sentamos pra tomar café da manhã pra continuar com nossos preparos de roupa antes de sair, estávamos quase indo, quando meu celular vibrou.
Uma mensagem. Do Matías. Só umas palavras:
“Hoje vamos ter trabalho extra”
Fiquei em silêncio. Sorri. Falei pro meu marido que precisava de uns minutos, uma troca de última hora. Coloquei os saltos mais altos que tinha, os que ele gostava. E aí saí.
Se você gostou dessa história, pode me escrever com o título QUEM TEM O CONTROLE? para dulces.placeres@live.com
Espero sean de vuestro agrado
http://www.poringa.net/posts/imagenes/5909834/Erotismo-en-B-N---01.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/5930158/Erotismo-en-B-N---02.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/5962854/Erotismo-en-B-N---03.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/5981636/Erotismo-en-B-N---04.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/5997767/Erotismo-en-B-N---05.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/6004665/Erotismo-en-B-N---06.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/6041938/Erotismo-en-B-N---07.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/6075224/Erotismo-en-color---08.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/6084997/Erotismo-en-color---09.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/6099556/Erotismo-en-color---10.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/6110497/Erotismo-en-color---11.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/6116242/Erotismo-en-color---12.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/6131873/Erotismo-en-color---13.html
https://www.poringa.net/posts/imagenes/6166354/Erotismo-en-color---14.html
https://www.poringa.net/posts/imagenes/6175748/Erotismo-en-color---15.html
https://www.poringa.net/posts/imagenes/6196209/Erotismo-en-color---16.html
https://www.poringa.net/posts/imagenes/6211165/Erotismo-en-color---17.html
https://www.poringa.net/posts/imagenes/6218344/Erotismo-en-color---18.html
https://www.poringa.net/posts/imagenes/6221055/Erotismo-en-color---19.html
https://www.poringa.net/posts/imagenes/6229944/Erotismo-en-color---20.html
https://www.poringa.net/posts/imagenes/6236841/Erotismo-en-color---21.html
https://www.poringa.net/posts/imagenes/6242993/Erotismo-en-color---22.html
https://www.poringa.net/posts/imagenes/6257813/Erotismo-en-color---23.html
https://www.poringa.net/posts/imagenes/6263980/Erotismo-en-color---24.html
https://www.poringa.net/posts/imagenes/6267616/Erotismo-en-color---25.html
https://www.poringa.net/posts/imagenes/6299343/Erotismo-en-color---26.html
https://www.poringa.net/posts/imagenes/6304941/Erotismo-en-color---27.html
https://www.poringa.net/posts/imagenes/6311358/Erotismo-en-color---28.html
QUIEN TIENE EL CONTROL?
No sé exactamente en qué momento empecé a cruzar la línea. Supongo que fue de a poco, como esas grietas invisibles que van abriéndose en una pared hasta que un día la estructura simplemente cede.
Mi nombre no importa, al menos no en esta historia. Lo que importa es que soy una mujer de cuarenta y dos años, casada con un hombre brillante, respetado y, sobre todo, presente. Un pilar en la estructura estatal, como yo. Formamos una de esas parejas que muchos envidian: influyentes, elegantes, siempre impecables en cada acto, en cada saludo, en cada discurso.
Siempre supe que una mujer como yo genera respeto… y deseo. La ropa me sienta como una armadura. Mis tacos altos, mis trajes a medida, el perfume exacto en el momento justo. Me gusta caminar por los pasillos sabiendo que las miradas me siguen al compás del vaivén de mis caderas. Me gusta decidir cuándo sonreír… y a quién.
Él llegó como llegan los que no saben en qué mundo están entrando. Veinticuatro años, tal vez veinticinco. Pelo oscuro, modales torpes pero atentos. Postulante a una unidad estratégica que depende directamente de mí. Su nombre, Matías.
La primera vez que cruzamos palabras fue en la sala de reuniones, mientras yo corregía un informe y él esperaba con su cuaderno en mano. Lo noté tenso. Me miraba como se mira algo que no se entiende del todo, pero se desea intensamente. Esa mirada... la reconocí enseguida. Me excita saber que alguien se desarma por dentro solo por estar cerca mío.
Lo cité a mi despacho. Era lo correcto, claro. Tenía que explicarle las reglas, su rol, lo que se esperaba de él. Pero también, en el fondo, quería jugar.
—Cerrá la puerta, por favor —le dije sin mirarlo, mientras revisaba unos papeles—. Prefiero que nadie interrumpa.
Sentí cómo su respiración se alteró apenas. El sonido seco de la cerradura me provocó un estremecimiento sutil. Cuando levanté la vista, él ya estaba atrapado. No necesitaba decir nada más.
Ese día no pasó nada... en apariencia. Pero yo ya sabía. Y él también.
No hizo falta mucho para que Matías empezara a entender el juego. Yo marcaba el ritmo, y él seguía con esa mezcla de obediencia e impulso contenido que tanto me enloquece. Al principio se limitaba a escucharme con atención, a tomar notas exageradas, como si cada palabra que yo dijera fuese sagrada.
Después vinieron los roces. Le corregía algo desde atrás y mi mano tocaba su hombro, mi perfume le rozaba el cuello. Me inclinaba más de la cuenta, y él se quedaba inmóvil, tenso, excitado. Sus ojos evitaban los míos, pero yo lo veía todo: la respiración acelerada, el rubor en el cuello, la forma en que sus manos temblaban apenas.
Solo buscaba el punto de quiebre, sin prisa, pero sin pausa, sabia de memoria donde iban sus ojos cada vez que le daba la espalda, y notaba como sus ojos hacían lo imposible para no irse a mis pechos, podía usar alguna frase sugerente, en doble sentido, pero tan sutil que el dudaba lo que yo quería decir
Una tarde cualquiera, con el edificio casi vacío, le pedí que me acompañara al archivo. Tenía que buscar unos informes viejos. Cerré la puerta detrás de nosotros.
El aire estaba denso. Las luces, débiles. Lo observé un segundo en silencio. Él no dijo nada.
—¿Sabés qué es lo que más me gusta de este lugar? —pregunté, acercándome—. Que hay rincones donde nadie escucha nada… salvo que quiera hacerlo.
Matías tragó saliva. Yo no esperé su respuesta. Acerqué mi boca a su oído.
—No digas nada —le susurré—. Solo obedecé.
Y obedeció.
Lo besé con hambre. Con rabia. Con la urgencia de una mujer que siempre tiene el control, pero que en ese instante elige perderlo un poco, solo lo suficiente como para probar lo prohibido.
Sus manos eran torpes, pero sinceras. Su cuerpo temblaba contra el mío, y eso me excitaba aún más. Lo apoyé contra la estantería. Abrí su camisa. Lo miré a los ojos y me arrodillé.
Su miembro a contra luz lucia apetecible, puse una mano en su bajo vientre para retenerlo contra la pared y la otra en uno de sus muslos, solo use mi boca, es algo en lo que soy muy buena y me encanta hacer. Solo sabia a hombre y sentía la suavidad de su sexo en mi boca, un poco más y otro poco aun, cambiaba solo para observar sus expresiones. Me sentía tan mojada, pero tenía ropa interior y medias de nylon hasta la cintura, imposible, pero no me importo, lleve la mano que tenía sobre su muslo y ni las medias ni la tanga impidieron que me frotara con fuerzas por sobre ellas, el contacto indirecto parecía ser aún más adictivo
Estaba en cuclillas haciendo equilibrio sobre mis altos tacos finos, y estos empezaban a querer clavarse en mis talones, la atmosfera húmeda y pestilente del lugar empezaba a marcar gotas de transpiración en mi frente, y acelere el ritmo, entre mis piernas, entre las suyas. Tenía mi ropa de oficina, mi camisa, mi chaqueta, y no podía dejar que 'su final' manchara mi presencia, la excusa perfecta para dejarlo venir donde deseaba que se viniera, y mis dedos terminaron su juego entre mis piernas, cerré los ojos, fruncí el seño y lo deje explotar en mi boca
Me incorpore y me desentendí de él, ya me era prescindible, era parte del juego, y me perfile frente a un viejo espejo de pared que vivía ahí desde toda la historia, Matías me miraba a la distancia, yo lo veía, se acomodaba la ropa y trataba de recobrar la postura pareciendo aun no creer lo ocurrido
—¿Te gustó? —pregunté sin dirigirle la mirada, concentrada en la imagen que me devolvía el espejo—
Me respondió con un 'si' tímido, porque el estaba demasiado atento a la manera en que aun estaba saboreando todos sus jugos, porque yo sentía aun todo ese amargor espeso del semen que terminaba de ingerir
—¿Trae a muchos a este sitio? — soltó de repente, y necesite darle un cierre al juego, con un final abierto, como dejándole entender que había estado bueno, pero no era nada del otro mundo
—Los suficientes...—respondí—pero no lo hago con todos, solo con quien yo elijo, por cierto, eyaculas un montón! eso me gusta! podría incluirte en el top cinco...
Tomé una pastilla de menta del bolsillo de mi chaqueta para tapar mi aliento a infierno y cerré ese juego con un final abierto
Después, fingí que nada había pasado. Salimos del archivo con los informes en la mano y el pulso desordenado.
Fue la primera vez. No fue la última.
Durante semanas, todo sucedió en los intersticios: en el baño del segundo piso, cuando sabía que mi esposo estaba en una videollamada a pocos metros; en el ascensor, cuando el edificio dormía la siesta burocrática; en mi despacho, detrás de persianas cerradas y puertas con doble traba.
Él no se atrevía a tomar la iniciativa. Me miraba esperando la señal, la orden, el permiso. Y yo… yo me volvía adicta a esa obediencia.
Pero también aparecieron las grietas.
A veces, después del sexo, me miraba como si quisiera decir algo. Como si esperara más. Yo desviaba la mirada, me acomodaba la falda, le decía que se fuera.
Una noche, en casa, mi esposo me preguntó si estaba bien. Le dije que sí. Me abrazó por la espalda. Su cuerpo era cálido, familiar. Pero no sentí nada. Me odié un poco por eso. Y al mismo tiempo, me excité al recordar cómo, esa misma tarde, había tenido a Matías de rodillas en el baño, entre mis piernas, mientras afuera hablaban de políticas públicas.
Intenté alejarme. Dejé de citarlo. Ignoré sus mensajes. Evitaba sus ojos cuando cruzábamos pasillos.
Pero no podía sostenerlo.
Poder, perigo, desejo… tudo isso era mais forte que a culpa. Percebi naquele dia no arquivo, quando tinha tudo sob controle e fiz ele acreditar que levar garotos pra aquele lugar era um costume, que na verdade não estava mentindo só pra ele, estava mentindo pra mim também, e sem querer, estava me metendo sozinha num labirinto sem saída.
Soube que as coisas não podiam continuar assim, meu mundo todo virava de ponta-cabeça, eu vivia mais preocupada com o que rolava com o Matías do que com a minha própria vida, meu trabalho, meu marido, e não media as consequências do que podia ter acontecido se algo disso viesse à tona. E além do mais, Matías era jovem e gostoso, quanto tempo até ele se interessar por alguma mina da idade dele? Quando ia passar o tesão que sentia por mim? Precisava dar um ponto final nessa loucura que tava me consumindo.
Uma tarde chamei ele de novo pro meu escritório. Fechei a porta. Sentei com as pernas cruzadas e os lábios pintados com precisão cirúrgica.
— Isso acabou — falei.
Ele me olhou, confuso. Machucado.
— Por quê?
— Porque eu gosto demais.
Ele não disse nada. Levantou. Eu achei que ele tinha entendido. Que eu tinha vencido. Que o controle, como sempre, era meu.
O que eu não sabia… era que ele também tinha aprendido a jogar.
Passaram duas semanas sem contato, só os encontros inevitáveis do trabalho. Me dediquei à minha rotina: reuniões, eventos, notas, o papel de esposa exemplar. Matías parecia ter entendido. Só trabalhava. Me cumprimentava com profissionalismo. Nada mais.
E no entanto, algo em mim tava inquieto. Essa calma era artificial, a calma que vem antes da tempestade. Ele não era assim. Tinha algo por trás do silêncio dele, algo que eu não conseguia ler… e isso me incomodava. Me desesperava, na real.
Tentei mais uma vez decifrar ele, chamei ele de novo pro meu escritório e fechei a porta atrás dele. Me perfumei demais porque sabia o quanto ele gostava.
— Tudo bem? — puxei assunto.
— Sim, tudo bem — respondeu. secas
—Entre nós, digo, tô falando daquilo — percebi que pela primeira vez ele duvidava das minhas palavras, como se já não tivesse mais tanta certeza das coisas
— Perfeito... — respondi — você é minha chefe imediata e você dita o que a gente deve fazer
Era doido, o desgraçado ainda me tratava com "você" apesar de todas as fodas que a gente já tinha dado, de todos os segredos compartilhados, de todo o sexo que tinha corrido nas nossas veias. Mudei a conversa pra assunto de trabalho, uma reunião que teria no dia seguinte com uns caras importantes do governo, meu marido também ia estar lá, e ele precisava preparar pautas, coisas de rotina
Naquela manhã, eu e meu marido chegamos meio atrasados, trânsito, na sala de reunião já tinha um monte de gente importante esperando, cada um no seu lugar. Quando cheguei no meu assento, tinha um envelope fechado me esperando em cima da mesa. Papel grosso, chique. Sem nome, sem remetente. A situação me desmontou e um rubor tomou conta do meu rosto
— E isso? — perguntou meu marido
Tentei uma resposta besta e inocente, é que eu não conseguia pensar direito, e aquela reunião ia ser um lixo, porque não consegui tirar aquele envelope da cabeça, e toda a minha apresentação foi pro ralo
Num intervalo, fui ao banheiro, escondendo o envelope o melhor que pude, sentei no vaso pra mijar e abri ele nervosa.
Dentro, um bilhete escrito à mão, só dizia:
"Você me ensinou muitas coisas. Agora é minha vez."
Sabia que era ele, e comecei a lembrar de tudo que a gente viveu, a loucura, a paixão, e senti meus bicos começarem a roçar o tecido do sutiã, um calor subiu pelo meu corpo, como um vento de primavera, e senti uma coisa queimando por dentro. Não queria, mas não conseguia evitar. Fechei os olhos e acariciei o tecido da blusa por cima dos meus peitos, mordi os lábios com medo de um gemido descontrolado escapar. Levei uma mão entre as pernas e enfiei os dedos o mais fundo que pude, do jeito que ele enfiava, e depois chupei eles pra sentir meu gosto, como ele adorava que eu fizesse. fiz
Mas parei de repente, porque se queria acabar com aquilo, era só terminar de vez, não podia continuar com o jogo, nem mesmo na minha solidão, e preferi ficar quente igual brasa do que deixar aquele desgraçado roubar mais um orgasmo meu. Lavei o rosto na pia, me olhei no espelho e tentei me recompor, arrumando a maquiagem
Assim que a reunião acabou, voltei pro meu escritório, sentei pra pensar, colocando panos frios na situação, franzi a testa. Revisei as câmeras, pedi discretamente pros caras da segurança… nada. O arquivo não tinha registros.
Naquela mesma tarde, chamei ele no meu escritório.
Ele entrou numa boa. Quase… desafiador.
— Foi você?
— Eu, o quê?
Me aproximei, firme. Parei na frente dele, a centímetros, e jogando o envelope em cima da mesa, falei
— Não brinca comigo de novo, Matías. Você sabe o que tá em jogo.
Ele sustentou meu olhar. Já não era mais o garoto nervoso do primeiro dia. Tinha algo novo nele. Algo frio. Algo… meu.
— O que tá em jogo, exatamente? — perguntou, com um sorrisinho no canto da boca e completou —. Seu cargo? Seu casamento? Sua reputação? Porque do meu lado… bom, eu tô só começando.
Congelei. Era a primeira vez que ele me tratava por "você", os papéis tinham virado rápido demais.
Ele enfiou a mão no bolso do paletó e tirou o celular. Me mostrou. Um vídeo. Eu, no banheiro. De joelhos. Ele gemendo. Minha voz. Minhas mãos. Tudo.
Meu mundo desabou num segundo.
— Não quero dinheiro — disse ele —. Nem escândalo. Só quero continuar te vendo. Quero te chamar quando eu quiser. Quero te usar quando precisar. Do mesmo jeito que você sempre fez comigo, só que agora, quem manda sou eu.
Não soube o que dizer. Senti vertigem, raiva, desejo. Ele tinha me lido. Tinha se adiantado.
E o pior… é que uma parte de mim, bem lá no fundo, tava excitada. Porque pela primeira vez… o controle não era meu.
Naquela noite, cheguei em casa antes do meu marido. Tomei um banho, me olhei no espelho, passei o perfume de sempre. Me servi uma taça de vinho. Fiquei descalça pra dar paz pros meus pés, fui pra cama e fiz amor com ele como não fazia há tempos, ele não entendeu o motivo, nunca ia entender.
Levantamos como todo dia, o sol acabava de aparecer no horizonte, fui pra cozinha preparar o café com porra e umas torradas como toda manhã, meu marido no banheiro, se barbeando tranquilo. Aí senti ele chegando, me abraçou por trás e beijou meu pescoço, quase num sussurro falou:
— Te amo, ontem à noite você foi fora de série!
Respondi com um sorriso, me senti bem envolvida no calor dele, aí sentamos pra tomar café da manhã pra continuar com nossos preparos de roupa antes de sair, estávamos quase indo, quando meu celular vibrou.
Uma mensagem. Do Matías. Só umas palavras:
“Hoje vamos ter trabalho extra”
Fiquei em silêncio. Sorri. Falei pro meu marido que precisava de uns minutos, uma troca de última hora. Coloquei os saltos mais altos que tinha, os que ele gostava. E aí saí.
Se você gostou dessa história, pode me escrever com o título QUEM TEM O CONTROLE? para dulces.placeres@live.com
0 comentários - Quem tá no controle?