Brisa

Total libertad para comentar lo que quieran
Espero sean de vuestro agrado

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BRISA


Para los que no conocen nuestra historia o para quienes no la vivieron, allá por el año dos mil, Argentina atravesaba una de las crisis más grandes de toda su historia, el estado había quebrado, los bancos se habían quedado con los ahorros de la gente y el pueblo estaba en la calle, a pie de guerra, vendría una sucesión de impresentables presidentes que durarían días en el cargo y todo estaba de cabezas, una disparada del dólar había desacomodado todos los precios relativos y la gente corría como loca por un 'sálvese quien pueda'
Marisa, mi joven esposa, en esos días corría con un embarazo de meses, de Julián, quien sería a la postre nuestro único hijo, nosotros fuimos precavidos y todos nuestros ahorros estaban a salvo bajo el colchón

En medio de ese caos donde todo el mundo estaba quebrado, en la ruina, sin un peso, nosotros vimos una oportunidad
Esos pesos nos alcanzarían para comprar una modesta casita en un modesto barrio, una vivienda interna, de pasillo, y la pagaríamos realmente regalada, puesto que el dueño estaba desesperado y necesitado de dinero
Nos mudamos a nuestro nidito de amor con todas las ganas de una pareja joven que esperaba un niño y dedicamos esos primeros meses a emprolijar a nuestro gusto las habitaciones, en especial la que quedaría para Julián, mientras puertas afuera todo era un caos
La pasamos como pudimos, yo tenía un reparto de lácteos que hacía con una traffic acondicionada, y Marisa tenía un emprendimiento de venta de lencería

Habíamos comprado esa casita como punto de partida, pensando en un futuro cercano, para cuando las cosas se acomodaran y juntáramos unos pesos, poder saltar a algo más confortable, con vista al frente y en un mejor lugar, pero eso nunca sucedería, tener un hijo implicaría nuevos gastos y nuevas obligaciones, y vivíamos casi con lo justo
El pasillo de dos metros de ancho separaba nuestra unidad de otra gemela, edificada en espejo, que hacía tiempo estaba a la venta, y cada tanto veíamos visitas de posibles compradores, posibles nuevos vecinos
Julián tenía unos meses cuando al fin sacaban el cartel de 'se vende' de la propiedad

Llegarían nuestros nuevos vecinos, la familia Fernandez, Marcos era un flaco espigado de casi dos metros, era jugador de básquet retirado, una rodilla lo había dejado tirado y había interrumpido su carrera, en ese momento se dedicaba a instructor y se ganaba la vida con ello, Lorena, su mujer, dividía sus tiempos entre ser madre, ama de casa y se ganaba unos pesos vendiendo una afamada línea de cosméticos, tenían dos pequeños, Laureano y Alejandro, dos ardillas molestas que andaban todo el día entre hermanos inseparables y peleas hasta el llanto
Lorena lucía una pancita en esos tiempos, era el tercer y último intento por una niña, que se llamaría Brisa
Ellos avanzarían rápido, decididos, en poco tiempo había albañiles y materiales de construcción, edificaron un segundo piso donde acomodarían los dormitorios y un nuevo baño y dejarían la planta baja como comedor, cocina y lugar de estar, situación previsible porque cinco no hubieran cabido en tan pequeña casita

Nos hicimos mejores vecinos y hasta una amistad que no habíamos calculado en esos tiempos, Marisa sería la mejor clienta en comprar cosméticos, y Lorena sería le mejor compradora de lencería, las chicas pasaban mucho tiempo juntas hablando de la vida, tener hijos varones no era una tarea sencilla y mi mujer vivía enamorada de la recién llegada Brisa, como le decían a la única princesa
Marcos y yo también habíamos pegado onda, éramos dos parejas humildes y muchas veces nos ayudábamos mutuamente en las cosas de mantenimiento hogareño, así que alguna que otra vez cenábamos en casa, otras en la suya y siempre para las fiestas de fin de año compartíamos algún brindis improvisado
Además, sus hijos y mi hijo formarían un escuadrón insoportablemente molesto, estaban todo el día juntos, y Julián tendría en ellos los hermanos improvisados que la vida no le daría

Luego se acoplaría Brisa, ella venía a casa chupando su chupete, arrastrando algún que otro muñeco, con sus mocos chorreando y sus pañales abultados.
Llegarían los días de estudios, siempre con dos colitas ajustando sus renegridos cabellos, y también llegarían los días de peleas con sus hermanos y mi hijo, los varones habían hecho camaradería y no aceptaban a una chica en el grupo, y ella siempre intentaba colarse a como diera lugar, incluso tratando de patear una pelota o jugar con algún coche si fuera necesario
Y el tiempo seguiría pasando, implacable, lentamente, sin prisa, sin pausa

Laureano, Alejandro y mi hijo Julián habían crecido, ya se miraban al espejo y la masculinidad afloraba en ellos, ahora hablaban de chicas a escondidas y se quedaban hasta altas horas tomando alguna que otra cerveza, sus salidas nocturnas eran pronunciadas y solíamos desvelarnos en su ausencia, hasta sentirlo llegar
Con Brisa también habían cambiado las cosas, ya no eran enemigos por sexo, por el contrario, los chicos miraban con ganas sus amiguitas, y las amiguitas se interesaban en esos chicos que le llevaban unos años y cuando nos dimos cuenta, ya estaba peinando mis primeras canas, mi amada Marisa estaba atravesando una anticipada menopausia y el espejo nos devolvía la imagen irrefutable del paso del tiempo

Y Brisa también estaba creciendo, se había estilizado, alta como su padre y flaca en exceso, con su larga cabellera renegrida que le llegaba a la cola y unos pícaros ojos negros, y alguna vez la empezaría a ver con otros ojos
Ese atardecer estaba regando unas plantas en el pasillo y en la casa de mi vecino se sentía un parloteo incesante de cotorras femeninas, ella estaba con unas amigas y se sentía la locura de adolescentes brotando a los cuatro vientos
De pronto ellas salieron, y por primera vez miré a esa joven como un hombre mira a una mujer, recuerdo que tenía un pantaloncito corto de cuero muy ceñido y sus largas piernas estaban desnudas, con una remerita cortita y sus cabellos libres al viento, y me sorprendería al ver su rostro con algunos toques de maquillaje
Ella reía, estaba contenta, jovial, incluso ignoró mi presencia, a pesar de que yo la miraba extasiado
Pero no dije nada, no era correcto y aparté esos pensamientos de mi mente

Pero eso sería solo el comienzo, poco después de casualidad fui a reparar la ventana que daba al pasillo, y mi vista de fue a la casa de mi vecino, aun recuerdo esa imagen que me quedará por siempre grabada en mi cabeza, al otro lado ella estaba desparramada sobre el sillón, adivine que estaba viendo alguna película o algo por tv, puesto que los cambios de colores de la pantalla hacían cambiar los tonos sobre su cuerpo, aunque también parecía muy concentrada en su celular, ajena al entorno
Tenía la parte superior de un pijama se breteles finitos, en un rosa con dibujos, donde apenas se marcaban sus pechos, sus largar piernas estaban reposando una sobre un respaldo y la otra al otro lado, en la posición menos femenina que pudieran imaginar, lucía de ropa interior una bombacha de esas que son como un short, blanca, y se marcaba con nitidez todo su pubis saltón, incluso la línea prohibida de su ingreso al pecado, donde el algodón se su prenda parecía perderse irremediablemente


BrisaMas o que eu podia recriminar, se tava sozinho, na minha casa e era dono de ficar como quisesse, e o problema não era ela, era eu, e quando minha esposa me chamou do outro quarto, voltei pra realidade que não queria voltar.

Me sentiria o pior dos caras, a consciência queimava e imaginar algo a mais só me fazia cair de joelhos, que diabos passava pela minha cabeça? Ela tinha quinze, era menor, eu sabia, mas simplesmente não conseguia.

Me perguntava como fazer pra não sentir esse desejo que tava sentindo, vivemos num mundo hipócrita onde tudo é julgado, onde tudo tá de ponta-cabeça e ninguém parece ligar, alguém dita o que é certo e o que é errado, alguém traça uma linha que divide o inferno do céu, e são as regras com que a gente tem que jogar.

Quando eu transava com minha esposa, de vez em quando ela se enfiava nos meus pensamentos, mas nunca seria mais que isso, nunca.

Além disso, ela nem me notava, ela tinha uma vida inteira pela frente e eu começava a descer a montanha, o que minha mulher diria, meu filho, os irmãos dela, os pais, especialmente o Marcos, ele nunca me perdoaria, e eu nunca me perdoaria.

Só me segurei, ignorei ela, tentei, mas cada vez que ouvia a voz dela, cada vez que via ela, cada vez que falávamos dela, cada vez...

Cada vez ficava mais difícil...

Mal um ano depois, as coisas iam complicar ainda mais, só o que me faltava, algo que já desconfiava, Julião e Brisa, Brisa e Julião, olhares cúmplices demais, confidências demais, obviedades demais, e com tanta mina no mundo, meu filho justo ia namorar essa gostosa que me fodia a cabeça, e se já era difícil evitar ela, pior agora que com qualquer desculpa tava na minha casa.

A vida tinha ficado retorcida demais pra mim, parecia que tudo era ladeira acima e quando eles se trancavam no quarto, o sangue ferveu imaginando o que podia tá rolando.

Às vezes só ter ela sentada na mesa, com a cara de pau de Sua juventude, falando de ideais, de política, temas de gênero, às vezes soava tão adulta.
Outras vezes, as que eu mais odiava, a gente se cruzava sozinha, por um motivo ou outro, e ela era só um lobo em pele de cordeiro. Eu perguntava sobre o relacionamento dela com meu filho, como estavam as coisas, e só nesses momentos ela me olhava diferente. Talvez fosse loucura minha, mas os olhos dela me intimidavam. Tudo estava errado, porque eu voltava a lembrar quem ela era, toda a teia daquela situação, o quanto eu a desejava em segredo e, o mais importante, ela ainda era menor, tinha dezessete.

Uma noite como qualquer outra, eu já estava na cama, perdendo tempo com o celular. Do meu lado, Marisa, minha mulher, estava na mesma, cuidando das coisas dela. Foi quando entrou uma mensagem da Brisa: era uma foto dela, uma selfie, muito estudada, muito sexy, emoldurada num coração com um ursão gigante de fundo. Era uma foto erótica, não pornô. Com o celular, ela tapava o rosto, mas estava toda aberta de pernas, com meia arrastão. Senti uma ereção espontânea, mas ela apagou a mensagem quase na hora e não me deu tempo de fazer nada. Aquela foto só ficaria gravada nas minhas retinas.

Não falei nada. Só faria minha esposa pagar o pato. Não tinha planos de transar naquela noite, mas tentei convencê-la. E assim, eu faria amor com duas mulheres ao mesmo tempo, porque a Marisa estava no meu corpo, e a Brisa, na minha mente.

Me senti de novo com a culpa de um bastardo degenerado. Eu tinha usado minha esposa, mas desejava a garota do meu filho, a filha dos nossos vizinhos de toda a vida. As coisas não podiam estar piores.

Procurei um momento para falar com ela, meio na correria, meio escondido. Perguntei o que tinha sido aquilo, se ela achava certo, e se o Julián tivesse descoberto. Ela, muito solta, com a maturidade que poucas têm, me disse sem rodeios:

— Sérgio... os caras da minha idade são uns moles, tão em outra, não sabem tratar uma garota. Eles te comem, tiram a vontade deles e pronto, são só eles, e te deixam na mão. Eles não têm um assunto sério pra conversar, e sei lá... sempre gostei de homens mais velhos, tenho um fetiche nisso, e se esse homem mais velho ainda por cima traz perigo, algo proibido, um pecado...

Ela fechou os olhos, se esticou na ponta dos pés e tentou me beijar, mas eu a afastei, recriminando ela com hipocrisia, perguntei se ela era louca, o que que tava rolando? E sentia que nas minhas mentiras uma faca se torcia no meu coração.

Brisa deu uns passos pra trás com a dor da rejeição e me recriminou.

Em alguns meses vou fazer dezoito, vou ser maior de idade e vou morar na Capital Federal, vou fazer aulas de modelo, e quando for famosa, você vai me ver na mídia e vai se arrepender de ter deixado passar a oportunidade da sua vida.

Nos dias seguintes, ela me tratou com uma ignorância total, a tensão dava pra sentir no ar, ela tava magoada, era mais que óbvio, mas as coisas eram como eram.

Chegou o treze de março, era o aniversário dela, eu sabia bem, minha esposa já tinha comprado o presente. Sábado à tarde, Marisa tava no salão, Julián jogando futebol com os amigos, eu tava sozinho em casa aproveitando pra fazer uns reparos, de noite a gente tava convidado pro aniversário, nossos vizinhos, nossos sogros.

A campainha tocou, abri a porta e pra minha surpresa Brisa tava do outro lado, com um top bem curto e uma saia apertada demais, com uma jaquetinha jeans nos ombros e um tênis preto, bem do jeito que as meninas costumam sair hoje em dia.

Ela veio atrás do meu filho, passou quase me ignorando, nem respondeu quando eu desejei feliz aniversário de dezoito anos, falei que ele não tava, que aos sábados ele jogava futebol, que ela sabia disso.

Ela ficou irritada, me chamou de imaturo, disse que não era um sábado qualquer, aquele era o sábado dela e eles tinham combinado de sair, abriu a bolsa, tirou um cigarro e acendeu.

— O que cê tá fazendo? — recriminei — é louca?

— O quê? — respondeu dando de ombros — entendo que você não queira me comer porque Você é um velho reprimido, mas vai me impedir de fumar? Já sou maior de idade, por via das dúvidas.

Vou te dar o seu presente — falei, já irritado com toda a situação.

Quase à força, fiz ela recuar até que seu corpinho encostou na parede do fundo, peguei a perna direita dela e levantei, apoiando na lateral de um sofá que temos no quarto principal. Ela ficou se equilibrando na perna esquerda, e a saia minúscula subiu, deixando eu ver a frente de uma calcinha fio-dental rosa.

— O que você tá fazendo? — reclamou — ficou maluco?

— Queria saber o que um homem da minha idade pode fazer? — respondi, seguro dos meus passos.

Enfiei as mãos e puxei com força a calcinha dela. A tecia rangeu e cedeu diante da minha fúria, enquanto ela soltava uma baforada de fumaça e largava um gemido abafado.

Já tinha os restos da calcinha num punho, e a buceta jovem dela estava nua diante dos meus olhos, toda depilada, bem cuidada. Fui de joelhos e dei o melhor oral que podia dar. Ela gemia, me deixava saber que tava no caminho certo, era uma loucura total. Bebi o néctar dela, e quando ela gozou, mordeu os lábios pra não gritar.

Me levantei e ela me deu um beijo enorme, muito quente, muito pecaminoso, com gosto de tabaco, e começou a sorrir, dizendo:

— Ei! Seus beijos têm gosto da minha buceta, devia lavar esses dentes!

Ela se ajeitou pra eu meter, mas com toda a dor da minha alma, falei que não era a hora. Apontei pro relógio de parede, minha esposa, meu filho, iam chegar a qualquer momento. Ela entendeu e disse:

— A gente continua isso outro dia, vou pra casa colocar outra fio-dental.

Chegaria aquela festa de aniversário, onde ela ia brincar comigo, com olhares cúmplices, aqueles olhares que não se trocam, ou beijava meu filho na boca pra testar minha reação, e era demais pra mim, porque enquanto tudo ao redor era inocência, entre nós era pecado.

Voltamos pra casa às duas da manhã. Os meninos foram todos dançar, ela, meu filho, os amigos dela. Irmãos, como sempre faziam
Acordei às sete da manhã e fui pra cozinha em silêncio preparar uns mates, a Marisa ainda dormia e o Julián tinha chegado um tempinho atrás
Peguei meu celular pra ver as novidades, de novo tinha a foto da Brisa, a mesma, só que dessa vez não tinha apagado, ela me escreveu que tava em casa, que não conseguia dormir, que muita coisa passava pela cabeça dela

Sentei na mesa, com a chaleira de água quente e meu amigo inseparável, um mate bem gostoso, perguntei como ela tinha passado, e perguntei também por que ela tinha me mandado aquela foto, porque meu filho tava no meio e o que eu menos queria era machucar ele, mas ela me respondeu

Quero que você saiba, ontem à noite terminamos, as coisas não estavam boas entre a gente, ultimamente a gente discutia mais do que se amava e já é melhor assim

Mas é definitivo? – perguntei curioso

Sim – respondeu – o Julián tá saindo com outra mina, você não sabia?, mas não tô nem aí, minha cabeça tá em outro lugar, minha viagem, minha vida nova, não tenho tempo pra besteira

Ela escrevia mais rápido do que eu conseguia ler, então eu disse

Olha, melhor descansar agora, amanhã se quiser, a gente se encontra num bar e conversa, que tal?

Não sabia por que diabos tinha escrito aquela merda, será que tinha enlouquecido?, mas ela me mandou um emoticon de coraçãozinho e pronto

Apaguei tudo, todo o chat, até a foto, o remorso tava corroendo minha consciência, agora a idade já não era um problema, mas era a mesma coisa, minha mulher, meu filho, os vizinhos, uma maldita loucura, nada mais ia pra frente, ponto final

Mas aquele dia passaria, e chegaria segunda-feira, e quando um novo WhatsApp dela me indicou o lugar e a hora pra gente se encontrar, senti minhas pernas tremerem

Me arrumei do jeito que dava, não podia passar em casa só pra vestir minhas melhores roupas, nem me barbear, nem passar perfume, eu era um cara casado e minha vida tinha que seguir normal como sempre

Fui pro lugar que ela tinha me indicado e ainda não tinha chegado, chegou uns minutos depois, vestia uma calça high colada nas pernas finas, fiquei admirando ela de longe, um top pequeno com estampa do Mickey que mal insinuava os peitos dela, e uns óculos escuros que tapavam quase o rosto todo, me cumprimentou com um beijo na bochecha, fiquei bêbado com o perfume doce dela, pediu um copo com gelo e refrigerante, com canudinho, pra chupar ele, me fazendo notar a cada instante o quão jovem era e o quão errado eu estava, parecia um encontro de pai e filha

No entanto, a gente conversou um pouco de tudo, da vida, porque eu a fiz dormir nos meus braços quando era um bebê, e agora tão alta, tão estilosa, começava a se despedir rumo ao próprio futuro

Tudo fluía apesar de tudo, apesar da loucura e entre palavras e palavras ela disse

Bom Sérgio, paga e me leva pra um hotel...

Assim, desse jeito, impróprio pra um adulto da minha idade que tinha que conquistar tudo, mas não ia esperar ela pedir de novo, e quase num piscar de olhos estávamos num motel, trancados entre quatro paredes, era minha chance, aquela que tanto desejei

Só sentei de lado, queria observar ela de corpo inteiro, direto, sem remorso, sem ter que esconder nada

Brisa começou a rebolsar o corpo sensualmente no ritmo de uma música quente que envolvia o ambiente, tudo meia-luz, numa atmosfera muito tesuda, lado a lado os quadris dela rebolavam, as pernas longas seguiam o ritmo, e os ossos salientes do quadril dela se destacavam na cena, tirou a blusinha do Mickey e depois o sutiã rendado em tons de branco e rosa, os peitinhos dela ficaram nus pros meus olhos, quase inexistentes, caberiam de sobra nas minhas mãos, era tão jovem, tão gostosa, tão fodidamente perfeita que não conseguia entender que porra tava fazendo com um cara como eu, o que via em mim, o que a atraía, e de repente, tomaria uma decisão que até hoje ainda questiono

Às vezes a A vida nos coloca diante de dois caminhos, duas alternativas. Às vezes a gente queria pegar os dois ao mesmo tempo, mas não dá, e a gente tem que escolher, mesmo sabendo que nessa escolha vai perder muita coisa por deixar algo de lado. Foi o que aconteceu comigo. Naquele momento, eu voltei a vê-la pequena, anos passados, uma vida inteira. Lembrei da Marisa, minha mulher, que sempre foi incondicional comigo, com seu amor, sua entrega, sua paixão. O nome dela batia no meu sangue enquanto eu observava os movimentos de Brisa. E Brisa... o que eu tinha pra oferecer a ela? Parecia mentira. Pelo menos cinco anos sofrendo em silêncio, escondendo o pecado que ela representava. E agora, agora que eu tinha a oportunidade que sempre quis, simplesmente não conseguia aproveitar.

Me levantei e falei que já chega, que não dava, que nada mais ia rolar entre a gente.

Ela ficou puta comigo, e como não ficar? Parecia que eu tava brincando. Ela vestiu o sutiã e a blusinha de novo, com aquela mistura de raiva e decepção, por se sentir que não era do meu agrado, e por não sei quantas outras coisas que passaram na cabeça dela naquele momento.

Saímos daquele lugar com os olhos dela cheios de lágrimas, e eu sem saber que palavra enfiar pra não piorar a situação. Tudo era uma merda danada.

Eu sabia o que vinha depois, o que ia acontecer: o desprezo eterno daquela gatinha, e meu arrependimento eterno por não ter pegado o outro caminho. Mas, como eu disse, não dava pra pegar os dois.

Hoje em dia, de vez em quando, eu fico sabendo dela pelos pais, por comentários, mas também pelas notícias na mídia, na TV, na internet. Ela é uma modelo que virou famosa, uma mina de passarela. E toda vez que vejo ela, a careta macabra do destino se enfia nos meus ossos. Eu tive a chance, e deixei escapar...

Se você curtiu essa história, pode me escrever com o título BRISA para dulces.placeres@live.com

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