Fotos que tomamos mi esposa y yo, tratando de darle un toque erotico
Total libertad para comentar lo que quieran
Espero sean de vuestro agrado
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dulces.placeres@live.com
LA PROFE MAJO
La profe Majo, esa soy yo, vengo a escribir mi historia y contarles en unas líneas una vivencia de un par de años atrás
Había nacido bajo el signo de virgo, en una familia tradicional de clase media, bautizada por fe cristiana bajo el nombre de María José, MaJo en adelante.
Juan María, mi hermano mayor me lleva un par de años, mamá y papá compartían su vida de pareja entre quehaceres domésticos y llevar adelante un modesto almacén de ramos generales que nos daban sustento
Papá y mamá eran muy conocidos en el barrio, todos alguna vez habían pasado por el almacén 'Renacer', ellos profesaban profundamente la religión católica, todos los domingos teníamos cita obligada con la misa de rigor, papá estaba en el grupo parroquial y mamá cada tanto iba a limpiar la iglesia y ambos hacían muy buenas migas con el párroco del momento
Mi hermano y yo éramos de otra generación, rebeldes, y un poco hacían la vista gorda con Juan María, puesto que era el mayor y era el varón, pero a mi, 'la nena', me tenían entre ceja y ceja
Ahora bien, recuerdo dichos de mi abuela, que era enfermizamente religiosa, ella odiaba 'las mujeres de vida fácil' y decía que 'puta no se hace, puta se nace', y para la tragicómica historia familiar, una de esas putas, sería yo
Es que me di cuenta que había nacido para el sexo, y me encantaba ser mujer, además, me había desarrollado mas que la media, enorme culo, enormes tetas, y hasta en la misma iglesia, en esos molestos domingos, sorprendía a mas de un traga ostia con su vista perdida en mis curvas mientras escuchaban la palabra del Señor
Era aun peque cuando probé una verga, y me enloquecí con ello, y después de la primera quise más, y otra y otra, y el sexo en algún punto significó en mi vida el extremo opuesto a la cansina vida dedicada al Señor, donde todo era prohibido, donde todo era pecado
Con el correr de los días cambió mi actitud, poco a poco, mi manera de pintarrajearme el rostro, mis cortes de cabello y lo que mas enfurecía a mi padre, mi forma de vestir, porque mis escotes eran cada vez mas pronunciados, mis pantalones cada vez mas ajustados y mis faldas cada vez mas cortas, y lo que mas lo enervaba, las calzas de licra que me marcaban el culo
Las cosas fueron de mal en peor, más cogía, más puta, más rebelde, me conocían los chicos del barrio y obviamente los comentarios no escapaban a los oídos de mi padre, y la gota que rebalsaría en vaso sería el hecho de que dejara de ir a misa cada domingo
Aun era menor de edad y mi padre no podía con la situación, habló con su párroco amigo y sus contactos de la iglesia y me metieron de pupila en un internado de monjas
El buscaba enderezar mi camino sin notar que así solo lo torcía más y más
Serían días de hastío, la abstinencia a una buena verga me tenía como a una tigresa enjaulada, sería de las peores, indomables, al punto que me enviarían al último cuarto, mientras mas lejos mejor, y si no podían corrgirme, al menos no debía ser la manzana podrida del cajón, el mal ejemplo
Ahi conocería a Sofía, otra perdida como yo, compañera de cuarto con quien sin quererlo iniciamos una relación lésbica, y solo por necesidad
Sofía era una maldita sádica y perversa y no solo sería mi primer encuentro mujer a mujer, sino más, le gustaba el sexo rudo, nalguearme, atarme las manos, aprisionarme el cuello, castigos dolorosos que en medio de la excitación me arrancaba lágrimas
Era loco, porque me gustaba, el papel de mala, de viciosa, y si mi padre me había metido ahí por ser medio puta, ahora saldría puta completa
En esos días de internado aprovechaba mi tiempo en cosas que me interesaban, ahí dentro estudiaba para profesora, algo que me gustaba, tomaba lo bueno y dejaba de lado las estupideces como la doctrina religiosa
También me gustaba la cocina, era buena en eso, así que también pasaba algunas horas ahí, y a las monjas del lugar, con tal que yo no molestara, me dejaban hacer cualquier cosa
Recuerdo que solía robarme cada tanto algún pepino de los que traían de la proveeduría para usarlos como penes imaginarios con mi compañera de cuarto
A Sofía la excitaba cogerme con esos vegetales desproporcionados, y dármelos por el culo, incluso me haría las primeras dobles penetraciones de mi vida y me sentía la mas perra del lugar, aunque en el fondo, siguiera suspirando por la ausencia de una buena pija
Al salir de ese internado, estaba muy adelantada en mi futura profesión de profesora de secundaria, lo que significaba la parte buena de esos días en el infierno, pero por otro, solo había salido mas perra, mas ansiosa por las vergas, con un lado sádico y con una experiencia bastante fuerte sobre el lesbianismo, aunque ya no transitaría por esos caminos
Trabajé un poco de cualquier cosa, lo que pintara, solo era cuestión de ganarme unos pesos para mantenerme a flote, alquiler, comida y estudios, fueron días difíciles, pero cualquier cosa era mejor a volver a mi casa rendida a los brazos de mi padre
Pronto empezarían mis días como ayudante de profesores y en poco tiempo más mis primeras hora de catedra, primero en suplencias, hasta hacerme un lugar
Enquanto isso, a profe Majo não tinha lá uma boa reputação, sendo uma mulher bem mais gostosa que a média e com um "sim" fácil, bom, eu tava repetindo a mesma vida da minha adolescência.
Por essas coisas da vida, o destino me cruzaria com Adolfo, um jovem bonitão com quem eu acabaria casando.
Adolfo dirigia um caminhão de transporte pesado pelas estradas do país, tinha horários complicados, às vezes ficava vários dias em casa e às vezes sumia por semanas, era um trabalho meio sacrificado, pra ele e pra mim, uma esposa jovem que passava tempo demais sozinha.
E eu realmente tentava não ser tão fácil, ser uma mulher decente, me vestir bem e não ficar putaneando por aí, mas não demoraria pra trair ele, uma vez e outra, sabendo ainda que, como todo caminhoneiro, ele tinha alguma namorada esperando em cada cidade.
Com quase trinta e quatro, minha situação financeira já tava estabilizada, eu era uma professora popular, tinha uma vida de casal aceitável, com traições mútuas assumidas, e podia dizer que tava numa fase estável depois de anos vivendo numa montanha-russa.
Mas chegaria o ano de 2022, onde uma loucura ia rolar...
O mundo se recuperava da pandemia, onde a gente tinha passado muito mal, onde as aulas virtuais viraram moda, onde não entrava dinheiro e onde eu perdi meu pai, sem conseguir fazer as pazes com ele.
O covid seria um recomeço, um reset do zero, eu tinha perdido parte do meu trampo e surgiriam novas oportunidades, entre elas, algumas horas de aula no nível terciário, com alunos que mal passavam dos vinte, e Jonatan Acuña não seria só mais um...
Joni era um rebelde, um moleque que se destacava do resto, pelo físico, pela altura, pela beleza e pela cara de pau e pela falta de vergonha, meio que me lembrava o que eu era na idade dele.
Ele costumava andar de jeans, jaqueta de couro, e os cabelos lisos passando da linha dos ombros, ia contra a moda das nucas raspadas. Rapados, ele tinha uma moto grande, uma tipo Harley, com a qual chegava todo dia na faculdade e tinha um grupo de parceiros que, embora parecesse um grupo homogêneo de amigos, ficava claro que o Joni era o líder natural.
Com ele, rolaria uma situação que iria além do normal. Eu estava acostumada que meus jovens alunos me vissem como um objeto sexual, que cochichassem pelas minhas costas, mas eu tinha muito claros os limites, e por mais que eu gostasse de pau, meus rolos sempre ficavam fora do trabalho.
Mas o Joni era um cara de pau e não hesitou em acelerar em cima de mim como acelerava a moto dele. Ele me encontrou em algum lugar fora das aulas, só para me dizer na cara que eu o excitava demais e que ele não pararia até me comer, que eu tinha uma bunda de puta e que até os amigos dele só falavam de mim.
Porra, eu tinha quase quinze anos a mais que ele, mas pela primeira vez um pirralho me deixava sem palavras. Eu poderia ter denunciado, feito ele ser expulso, mas a umidade que eu tinha entre as pernas quando ele falava comigo com a voz rouca só me deixava confusa.
Deixei pra lá, pra ver onde isso ia dar, e só piorou.
Joni voltaria a me encurralar em toda oportunidade que aparecesse, e eu só comecei a desafiá-lo, dizendo que eu era mulher demais pra ele, que era exigente na cama, que não me deitava com meninos e que ele não me conhecia, e não entendia nada do sexo pesado que eu gostava.
Eu ficava muito excitada com a ideia de me enroscar debaixo dos lençóis com o Joni, só que eu gostava dele, mas ele falava em 'matilha', nos amigos dele, os quatro, e me dizia que se eu gostava tanto de sexo pesado e se achava que ele não aguentaria, então, bom, o que eu tinha a perder?
A história foi esfriando um pouco, e por minha culpa. De um lado, porque comecei a dar desculpas, recusei várias vezes o convite pra tomar umas cervejas num pub que eles frequentavam. Às vezes meu marido estava em casa, e quando não estava, a situação de vê-lo como um aluno não deixava de... me irritar
Joni só parecia ter desistido de tentar, já não falava tanto e até dava pra notar uma raiva de mim, já não era mais a sua professora de bunda grande que o excitava, agora me jogava indiretas sobre uma mulher que só era uma provocadora de paus
E eu também comecei a colocar panos frios, se não tinha que ser, então que não fosse
Mas sem imaginar, seria meu próprio marido quem mudaria o jogo
Naquele sábado eu estava prestes a viajar pra Catamarca, a gente tinha tomado café da manhã e o Adolfo revisava toda a documentação como fazia antes de cada viagem, e eu o ajudava como sempre, e fui levar uma bolsa com roupas de troca pro caminhão numa rotina que já era minha
Também gostava de dar uma limpeza porque meu marido era um relaxado, sempre tinha algum saquinho de erva-mate usada, ou cascas de fruta, embalagens de bala, latas vazias de refrigerante, folhas de jornal, ou mapas de estrada já velhos, sempre encontrava alguma surpresa, mas naquela manhã... um par de embalagens de camisinha abertas e usadas...
Eu sabia que ele me traía e isso não me irritava, sabia que ele andava com putas, e isso também não, mas que fosse tão sem noção a ponto de jogar na minha cara e achar que não me incomodaria, era demais
Não falei nada, terminei a limpeza e minutos depois me despedi dele com um sorriso nos lábios
Assim que o monstro de aço se afastou e virou a esquina, peguei minha bolsa e fui fazer compras, precisava de roupas novas pra noite
Quando o sol se pôs, tomei um banho, vesti um conjunto de renda com uma calcinha tão pequena quanto sugestiva, a blusa meio transparente com decote profundo que deixava o começo dos meus peitos sugestivamente à mostra, com a barriga de fora, e a mini saia preta curta, tão curta que mal dava pra evitar que a parte de baixo das minhas nádegas aparecesse timidamente
Obviamente não podiam faltar meus sapatos de plataforma, um penteado e uma maquiagem provocante, as unhas de gel e um punhado de joias que tilintavam como cascavel
Peguei meu Bolsa de mão, minha jaqueta de couro na cintura, me olhei no espelho, meus peitos transbordavam pelo decote e minha bunda grande parecia ainda maior.
Peguei um táxi e fui pro pub que o Joni tanto me convidava e, por sinal, não sabia se ele ia estar lá.
A moto dele e a dos outros caras estavam na porta, fáceis de reconhecer. Entrei, o Marcos, o Daniel e o Mauro estavam no balcão tomando umas cervejas.
E aí, gurizada, como é que vocês tão? — falei, pegando eles de surpresa.
— Profe... — disse o Mauro, meio incrédulo.
— Hoje nada de profe... — respondi — hoje é só Majo, ok?
— Majo, tu tá demais! — falou o Daniel.
— E o Joni? — perguntei — a moto dele tá lá fora...
— No banheiro — repetiu o Mauro — já já sai.
Me inclinei um pouco pro balcão, peguei uma das garrafas dos caras e tomei tudo até não sobrar uma gota. Aí ouvi a voz rouca do Joni atrás de mim:
— Majo, que surpresa! Resolveu mesmo???
— Sim, queria transar a noite inteira, queria umas palmadas, e pensei que com certeza ia encontrar vocês aqui...
O Joni me empurrou de leve pra frente, deu um tapa bem forte na minha bunda direita e eu senti ele enfiar a mão por baixo da saia, entre minhas pernas, abrindo espaço na fio dental pra meter dois dedos bem fundo. Disfarçado, ele começou a me comer com aqueles dedos, fechei os olhos, amei aquilo, gemi, tentei parar ele, mas ele apertou mais forte minhas costas, e quanto mais forte ele fazia, mais minhas pernas fraquejavam e minha resistência ia embora.
Peguei a garrafa do Daniel e também tomei um gole da dele. O Joni não parava, mas finalmente consegui me impor e falei:
— Para... para... isso aqui é lugar público, tem gente, vocês não vão querer me comer na frente de todo mundo, vamos pra um lugar seguro e faço tudo que vocês quiserem, e quando falo 'tudo', é 'tudo'.
Os olhos deles brilharam, não esperaram eu repetir, e em minutos quatro motos barulhentas roncavam no asfalto sob o luar. Eu fui com o Joni, rebolando, me sentindo uma puta, passando a mão no peito musculoso dele, fechei os olhos e deixei o vento acariciar meu rosto, esperando eles pararem no que me disseram ser o apartamento do Daniel.
Subimos apressados e, mal a porta de entrada fechou atrás da gente, falei:
— Alunos, hoje vou dar uma lição prática que vocês nunca vão esquecer na vida.
O Mauro veio me beijar meio tímido, mas eu o afastei, dizendo:
— Assim não. Não, é assim que as freiras do convento beijam...
Joni me pegou pelo braço e me puxou para o lado, apoiou as palmas das minhas mãos na parede, deixando minha bunda virada pra ele, levantou minha saia e me deu um tapa.
Ai... — eu falei — que decepção, tanto músculo e seus tapas são de menininha...
Ele aceitou a aposta da minha provocação, e desceu a palma da mão com muita força pra arrancar um gemido de dor de mim, o som do tapa ecoou no quarto e ele disse:
Assim, putinha?
E fez de novo, e outra vez, e uma lágrima escapou do meu olho, a dor me excitou demais.
Joni voltou com o jogo dos dedos dele, igual no pub, eu comecei a gemer, e com a mão livre ele começou a apertar com força meu pescoço, minha garganta.
Dessas cachorras você é? Putinha...
Marcos se enfiou entre a parede e minha testa, pra desnudar meus peitos e lamber, Joni começava a me sufocar com a pressão no pescoço e isso me excitava, apertei minhas tetas contra o rosto do meu aluno, fechei os olhos, Daniel veio por trás empurrando Joni, tirou o pau dele e meteu tudo, me fazia gemer, Mauro tirou o cinto da calça e, ajustando a fivela em volta do meu pescoço, disse:
Vamos dar uma lição na professora pra ela nunca esquecer na vida...
Começou a puxar e o couro apertou meu pescoço, e ele andou até o quarto, comigo atrás e os caras se despindo pelo caminho, me colocaram de quatro com a bunda levantada, Mauro soltou o cinto e encheu minha buceta com o pau dele, Joni, de pé em cima do colchão, passou uma das pernas de lado, e descendo entre o amigo e meu corpo, se enfiou pra meter no meu cu, ao mesmo tempo que o outro enchia minha buceta quente.
Por mais puta que eu tivesse sido na vida, nunca tinha estado com dois homens ao mesmo tempo e as únicas duplas penetrações que tinha experimentado tinham sido com os pepinos nos meus dias lésbicos de convento, mas isso, Deus, isso era diferente, carne dura, quente e real só pra mim. Mas não ia ter muito tempo porque os outros dois vieram na minha frente enfiar os paus na minha boca, era como se eles brigassem pelo lugar e parecia que iam rasgar meus lábios, é que os dois não cabiam ao mesmo tempo.
Eles se cansaram depois de um tempo, saíram das posições, um me pegou pelo pescoço e apertou minha cabeça contra o colchão, depois colocou um travesseiro me deixando coberta, cega e quase sufocando, me excitava, e mais ainda quando entendi que agora eles só se revezavam um pouco cada um pra meter no meu cu, sentia o prazer deles dentro de mim, me acariciava o clitóris me enchendo de orgasmos, enfiava os dedos na minha buceta e sentia a carne masculina entrando e saindo do meu esfíncter dilatado, me contorcia e eles me davam tapas quentes na bunda, gritavam que eu era uma puta e eu só gemia entre o travesseiro e o colchão.
Senti eles gozarem um por um nas minhas costas, na minha bunda, na minha pele, uma vez e outra até não sobrar uma gota de porra nos ovos vazios deles.
Caí de lado e foi como assistir ao espetáculo, Joni foi até a cozinha e voltou com um copo, começou a recolher todo o sêmen que estava por perto, cuidadosamente, até juntar uma quantidade tentadora.
Abri a boca, puta... — ele me disse —
Eu obedeci, abri o máximo que pude, colocando a língua pra fora, excitada com o prêmio que ia receber, mas aí ele me deu um tapa forte na cara e falou:
Você não pode ser tão, mas tão puta!
Na sequência, ele me agarrou com força pelos cabelos e me levou pro lado, derramou toda a mistura de porra no chão e, como se eu fosse uma puta, empurrou minha cabeça pra esfregar meu rosto naquela bagaceira e mandou eu limpar tudo.
Eu fervia de prazer, só passei minha língua várias vezes pelos azulejos até limpar até a última gota...
Hoje já faz quase dois anos daquela noite de sábado e muita coisa mudou. Pra mim, as coisas tinham terminado naquela mesma noite, mas os caras queriam mais e mais, especialmente o Joni, que tinha virado um mimado insuportável que me enchia o saco em toda oportunidade que tinha. E como não conseguia nada, com os amigos bonitinhos dele, começaram a me difamar e espalhar o boato do que tinha acontecido, e as coisas não foram mais fáceis pra mim.
Eu não tinha o melhor histórico, pelo menos não o que se esperava de uma professora. Pra piorar, me pegaram discutindo aos berros com aquele pivete, e isso não foi bem visto.
Me chamaram na diretoria do colégio pra dar a entender que eu pedisse demissão, senão teriam que me mandar embora, o que seria pior pro meu futuro.
A situação tava clara, não tinha mais lugar naquela instituição, e eu fechei aquela porta pra deixar isso no passado. E nesse passado ficaram o Joni e os amigos dele.
Vaguei por várias escolas, mas em todo lugar sabiam dos boatos do que rolou, e acabei dando aula nas piores escolas públicas, onde toda reputação já tá no chão.
Com o Adolfo, o caminhoneiro, continuamos na nossa convivência estranha de enganos mútuos. De longe, ele ficou sabendo de alguma coisa de toda essa confusão, mas como eu tinha feito naquela manhã com a tanga no caminhão dele, ele só preferiu se fazer de desentendido e olhar pro outro lado.
E é aqui que minha história termina. história da profe Majo
Se você gostou dessa história, pode me escrever com o título A PROFE MAJO para dulces.placeres@live.com
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La profe Majo, esa soy yo, vengo a escribir mi historia y contarles en unas líneas una vivencia de un par de años atrás
Había nacido bajo el signo de virgo, en una familia tradicional de clase media, bautizada por fe cristiana bajo el nombre de María José, MaJo en adelante.
Juan María, mi hermano mayor me lleva un par de años, mamá y papá compartían su vida de pareja entre quehaceres domésticos y llevar adelante un modesto almacén de ramos generales que nos daban sustento
Papá y mamá eran muy conocidos en el barrio, todos alguna vez habían pasado por el almacén 'Renacer', ellos profesaban profundamente la religión católica, todos los domingos teníamos cita obligada con la misa de rigor, papá estaba en el grupo parroquial y mamá cada tanto iba a limpiar la iglesia y ambos hacían muy buenas migas con el párroco del momento
Mi hermano y yo éramos de otra generación, rebeldes, y un poco hacían la vista gorda con Juan María, puesto que era el mayor y era el varón, pero a mi, 'la nena', me tenían entre ceja y ceja
Ahora bien, recuerdo dichos de mi abuela, que era enfermizamente religiosa, ella odiaba 'las mujeres de vida fácil' y decía que 'puta no se hace, puta se nace', y para la tragicómica historia familiar, una de esas putas, sería yo
Es que me di cuenta que había nacido para el sexo, y me encantaba ser mujer, además, me había desarrollado mas que la media, enorme culo, enormes tetas, y hasta en la misma iglesia, en esos molestos domingos, sorprendía a mas de un traga ostia con su vista perdida en mis curvas mientras escuchaban la palabra del Señor
Era aun peque cuando probé una verga, y me enloquecí con ello, y después de la primera quise más, y otra y otra, y el sexo en algún punto significó en mi vida el extremo opuesto a la cansina vida dedicada al Señor, donde todo era prohibido, donde todo era pecado
Con el correr de los días cambió mi actitud, poco a poco, mi manera de pintarrajearme el rostro, mis cortes de cabello y lo que mas enfurecía a mi padre, mi forma de vestir, porque mis escotes eran cada vez mas pronunciados, mis pantalones cada vez mas ajustados y mis faldas cada vez mas cortas, y lo que mas lo enervaba, las calzas de licra que me marcaban el culo
Las cosas fueron de mal en peor, más cogía, más puta, más rebelde, me conocían los chicos del barrio y obviamente los comentarios no escapaban a los oídos de mi padre, y la gota que rebalsaría en vaso sería el hecho de que dejara de ir a misa cada domingo
Aun era menor de edad y mi padre no podía con la situación, habló con su párroco amigo y sus contactos de la iglesia y me metieron de pupila en un internado de monjas
El buscaba enderezar mi camino sin notar que así solo lo torcía más y más
Serían días de hastío, la abstinencia a una buena verga me tenía como a una tigresa enjaulada, sería de las peores, indomables, al punto que me enviarían al último cuarto, mientras mas lejos mejor, y si no podían corrgirme, al menos no debía ser la manzana podrida del cajón, el mal ejemplo
Ahi conocería a Sofía, otra perdida como yo, compañera de cuarto con quien sin quererlo iniciamos una relación lésbica, y solo por necesidad
Sofía era una maldita sádica y perversa y no solo sería mi primer encuentro mujer a mujer, sino más, le gustaba el sexo rudo, nalguearme, atarme las manos, aprisionarme el cuello, castigos dolorosos que en medio de la excitación me arrancaba lágrimas
Era loco, porque me gustaba, el papel de mala, de viciosa, y si mi padre me había metido ahí por ser medio puta, ahora saldría puta completa
En esos días de internado aprovechaba mi tiempo en cosas que me interesaban, ahí dentro estudiaba para profesora, algo que me gustaba, tomaba lo bueno y dejaba de lado las estupideces como la doctrina religiosa
También me gustaba la cocina, era buena en eso, así que también pasaba algunas horas ahí, y a las monjas del lugar, con tal que yo no molestara, me dejaban hacer cualquier cosa
Recuerdo que solía robarme cada tanto algún pepino de los que traían de la proveeduría para usarlos como penes imaginarios con mi compañera de cuarto
A Sofía la excitaba cogerme con esos vegetales desproporcionados, y dármelos por el culo, incluso me haría las primeras dobles penetraciones de mi vida y me sentía la mas perra del lugar, aunque en el fondo, siguiera suspirando por la ausencia de una buena pija
Al salir de ese internado, estaba muy adelantada en mi futura profesión de profesora de secundaria, lo que significaba la parte buena de esos días en el infierno, pero por otro, solo había salido mas perra, mas ansiosa por las vergas, con un lado sádico y con una experiencia bastante fuerte sobre el lesbianismo, aunque ya no transitaría por esos caminos
Trabajé un poco de cualquier cosa, lo que pintara, solo era cuestión de ganarme unos pesos para mantenerme a flote, alquiler, comida y estudios, fueron días difíciles, pero cualquier cosa era mejor a volver a mi casa rendida a los brazos de mi padre
Pronto empezarían mis días como ayudante de profesores y en poco tiempo más mis primeras hora de catedra, primero en suplencias, hasta hacerme un lugar
Enquanto isso, a profe Majo não tinha lá uma boa reputação, sendo uma mulher bem mais gostosa que a média e com um "sim" fácil, bom, eu tava repetindo a mesma vida da minha adolescência. Por essas coisas da vida, o destino me cruzaria com Adolfo, um jovem bonitão com quem eu acabaria casando.
Adolfo dirigia um caminhão de transporte pesado pelas estradas do país, tinha horários complicados, às vezes ficava vários dias em casa e às vezes sumia por semanas, era um trabalho meio sacrificado, pra ele e pra mim, uma esposa jovem que passava tempo demais sozinha.
E eu realmente tentava não ser tão fácil, ser uma mulher decente, me vestir bem e não ficar putaneando por aí, mas não demoraria pra trair ele, uma vez e outra, sabendo ainda que, como todo caminhoneiro, ele tinha alguma namorada esperando em cada cidade.
Com quase trinta e quatro, minha situação financeira já tava estabilizada, eu era uma professora popular, tinha uma vida de casal aceitável, com traições mútuas assumidas, e podia dizer que tava numa fase estável depois de anos vivendo numa montanha-russa.
Mas chegaria o ano de 2022, onde uma loucura ia rolar...
O mundo se recuperava da pandemia, onde a gente tinha passado muito mal, onde as aulas virtuais viraram moda, onde não entrava dinheiro e onde eu perdi meu pai, sem conseguir fazer as pazes com ele.
O covid seria um recomeço, um reset do zero, eu tinha perdido parte do meu trampo e surgiriam novas oportunidades, entre elas, algumas horas de aula no nível terciário, com alunos que mal passavam dos vinte, e Jonatan Acuña não seria só mais um...
Joni era um rebelde, um moleque que se destacava do resto, pelo físico, pela altura, pela beleza e pela cara de pau e pela falta de vergonha, meio que me lembrava o que eu era na idade dele.
Ele costumava andar de jeans, jaqueta de couro, e os cabelos lisos passando da linha dos ombros, ia contra a moda das nucas raspadas. Rapados, ele tinha uma moto grande, uma tipo Harley, com a qual chegava todo dia na faculdade e tinha um grupo de parceiros que, embora parecesse um grupo homogêneo de amigos, ficava claro que o Joni era o líder natural.
Com ele, rolaria uma situação que iria além do normal. Eu estava acostumada que meus jovens alunos me vissem como um objeto sexual, que cochichassem pelas minhas costas, mas eu tinha muito claros os limites, e por mais que eu gostasse de pau, meus rolos sempre ficavam fora do trabalho.
Mas o Joni era um cara de pau e não hesitou em acelerar em cima de mim como acelerava a moto dele. Ele me encontrou em algum lugar fora das aulas, só para me dizer na cara que eu o excitava demais e que ele não pararia até me comer, que eu tinha uma bunda de puta e que até os amigos dele só falavam de mim.
Porra, eu tinha quase quinze anos a mais que ele, mas pela primeira vez um pirralho me deixava sem palavras. Eu poderia ter denunciado, feito ele ser expulso, mas a umidade que eu tinha entre as pernas quando ele falava comigo com a voz rouca só me deixava confusa.
Deixei pra lá, pra ver onde isso ia dar, e só piorou.
Joni voltaria a me encurralar em toda oportunidade que aparecesse, e eu só comecei a desafiá-lo, dizendo que eu era mulher demais pra ele, que era exigente na cama, que não me deitava com meninos e que ele não me conhecia, e não entendia nada do sexo pesado que eu gostava.
Eu ficava muito excitada com a ideia de me enroscar debaixo dos lençóis com o Joni, só que eu gostava dele, mas ele falava em 'matilha', nos amigos dele, os quatro, e me dizia que se eu gostava tanto de sexo pesado e se achava que ele não aguentaria, então, bom, o que eu tinha a perder?
A história foi esfriando um pouco, e por minha culpa. De um lado, porque comecei a dar desculpas, recusei várias vezes o convite pra tomar umas cervejas num pub que eles frequentavam. Às vezes meu marido estava em casa, e quando não estava, a situação de vê-lo como um aluno não deixava de... me irritar
Joni só parecia ter desistido de tentar, já não falava tanto e até dava pra notar uma raiva de mim, já não era mais a sua professora de bunda grande que o excitava, agora me jogava indiretas sobre uma mulher que só era uma provocadora de paus
E eu também comecei a colocar panos frios, se não tinha que ser, então que não fosse
Mas sem imaginar, seria meu próprio marido quem mudaria o jogo
Naquele sábado eu estava prestes a viajar pra Catamarca, a gente tinha tomado café da manhã e o Adolfo revisava toda a documentação como fazia antes de cada viagem, e eu o ajudava como sempre, e fui levar uma bolsa com roupas de troca pro caminhão numa rotina que já era minha
Também gostava de dar uma limpeza porque meu marido era um relaxado, sempre tinha algum saquinho de erva-mate usada, ou cascas de fruta, embalagens de bala, latas vazias de refrigerante, folhas de jornal, ou mapas de estrada já velhos, sempre encontrava alguma surpresa, mas naquela manhã... um par de embalagens de camisinha abertas e usadas...
Eu sabia que ele me traía e isso não me irritava, sabia que ele andava com putas, e isso também não, mas que fosse tão sem noção a ponto de jogar na minha cara e achar que não me incomodaria, era demais
Não falei nada, terminei a limpeza e minutos depois me despedi dele com um sorriso nos lábios
Assim que o monstro de aço se afastou e virou a esquina, peguei minha bolsa e fui fazer compras, precisava de roupas novas pra noite
Quando o sol se pôs, tomei um banho, vesti um conjunto de renda com uma calcinha tão pequena quanto sugestiva, a blusa meio transparente com decote profundo que deixava o começo dos meus peitos sugestivamente à mostra, com a barriga de fora, e a mini saia preta curta, tão curta que mal dava pra evitar que a parte de baixo das minhas nádegas aparecesse timidamente
Obviamente não podiam faltar meus sapatos de plataforma, um penteado e uma maquiagem provocante, as unhas de gel e um punhado de joias que tilintavam como cascavel
Peguei meu Bolsa de mão, minha jaqueta de couro na cintura, me olhei no espelho, meus peitos transbordavam pelo decote e minha bunda grande parecia ainda maior.
Peguei um táxi e fui pro pub que o Joni tanto me convidava e, por sinal, não sabia se ele ia estar lá.
A moto dele e a dos outros caras estavam na porta, fáceis de reconhecer. Entrei, o Marcos, o Daniel e o Mauro estavam no balcão tomando umas cervejas.
E aí, gurizada, como é que vocês tão? — falei, pegando eles de surpresa.— Profe... — disse o Mauro, meio incrédulo.
— Hoje nada de profe... — respondi — hoje é só Majo, ok?
— Majo, tu tá demais! — falou o Daniel.
— E o Joni? — perguntei — a moto dele tá lá fora...
— No banheiro — repetiu o Mauro — já já sai.
Me inclinei um pouco pro balcão, peguei uma das garrafas dos caras e tomei tudo até não sobrar uma gota. Aí ouvi a voz rouca do Joni atrás de mim:
— Majo, que surpresa! Resolveu mesmo???
— Sim, queria transar a noite inteira, queria umas palmadas, e pensei que com certeza ia encontrar vocês aqui...
O Joni me empurrou de leve pra frente, deu um tapa bem forte na minha bunda direita e eu senti ele enfiar a mão por baixo da saia, entre minhas pernas, abrindo espaço na fio dental pra meter dois dedos bem fundo. Disfarçado, ele começou a me comer com aqueles dedos, fechei os olhos, amei aquilo, gemi, tentei parar ele, mas ele apertou mais forte minhas costas, e quanto mais forte ele fazia, mais minhas pernas fraquejavam e minha resistência ia embora.
Peguei a garrafa do Daniel e também tomei um gole da dele. O Joni não parava, mas finalmente consegui me impor e falei:
— Para... para... isso aqui é lugar público, tem gente, vocês não vão querer me comer na frente de todo mundo, vamos pra um lugar seguro e faço tudo que vocês quiserem, e quando falo 'tudo', é 'tudo'.
Os olhos deles brilharam, não esperaram eu repetir, e em minutos quatro motos barulhentas roncavam no asfalto sob o luar. Eu fui com o Joni, rebolando, me sentindo uma puta, passando a mão no peito musculoso dele, fechei os olhos e deixei o vento acariciar meu rosto, esperando eles pararem no que me disseram ser o apartamento do Daniel.
Subimos apressados e, mal a porta de entrada fechou atrás da gente, falei:
— Alunos, hoje vou dar uma lição prática que vocês nunca vão esquecer na vida.
O Mauro veio me beijar meio tímido, mas eu o afastei, dizendo:
— Assim não. Não, é assim que as freiras do convento beijam...
Joni me pegou pelo braço e me puxou para o lado, apoiou as palmas das minhas mãos na parede, deixando minha bunda virada pra ele, levantou minha saia e me deu um tapa.
Ai... — eu falei — que decepção, tanto músculo e seus tapas são de menininha...
Ele aceitou a aposta da minha provocação, e desceu a palma da mão com muita força pra arrancar um gemido de dor de mim, o som do tapa ecoou no quarto e ele disse:
Assim, putinha?
E fez de novo, e outra vez, e uma lágrima escapou do meu olho, a dor me excitou demais.
Joni voltou com o jogo dos dedos dele, igual no pub, eu comecei a gemer, e com a mão livre ele começou a apertar com força meu pescoço, minha garganta.
Dessas cachorras você é? Putinha...
Marcos se enfiou entre a parede e minha testa, pra desnudar meus peitos e lamber, Joni começava a me sufocar com a pressão no pescoço e isso me excitava, apertei minhas tetas contra o rosto do meu aluno, fechei os olhos, Daniel veio por trás empurrando Joni, tirou o pau dele e meteu tudo, me fazia gemer, Mauro tirou o cinto da calça e, ajustando a fivela em volta do meu pescoço, disse:
Vamos dar uma lição na professora pra ela nunca esquecer na vida...
Começou a puxar e o couro apertou meu pescoço, e ele andou até o quarto, comigo atrás e os caras se despindo pelo caminho, me colocaram de quatro com a bunda levantada, Mauro soltou o cinto e encheu minha buceta com o pau dele, Joni, de pé em cima do colchão, passou uma das pernas de lado, e descendo entre o amigo e meu corpo, se enfiou pra meter no meu cu, ao mesmo tempo que o outro enchia minha buceta quente.
Por mais puta que eu tivesse sido na vida, nunca tinha estado com dois homens ao mesmo tempo e as únicas duplas penetrações que tinha experimentado tinham sido com os pepinos nos meus dias lésbicos de convento, mas isso, Deus, isso era diferente, carne dura, quente e real só pra mim. Mas não ia ter muito tempo porque os outros dois vieram na minha frente enfiar os paus na minha boca, era como se eles brigassem pelo lugar e parecia que iam rasgar meus lábios, é que os dois não cabiam ao mesmo tempo.
Eles se cansaram depois de um tempo, saíram das posições, um me pegou pelo pescoço e apertou minha cabeça contra o colchão, depois colocou um travesseiro me deixando coberta, cega e quase sufocando, me excitava, e mais ainda quando entendi que agora eles só se revezavam um pouco cada um pra meter no meu cu, sentia o prazer deles dentro de mim, me acariciava o clitóris me enchendo de orgasmos, enfiava os dedos na minha buceta e sentia a carne masculina entrando e saindo do meu esfíncter dilatado, me contorcia e eles me davam tapas quentes na bunda, gritavam que eu era uma puta e eu só gemia entre o travesseiro e o colchão.
Senti eles gozarem um por um nas minhas costas, na minha bunda, na minha pele, uma vez e outra até não sobrar uma gota de porra nos ovos vazios deles.
Caí de lado e foi como assistir ao espetáculo, Joni foi até a cozinha e voltou com um copo, começou a recolher todo o sêmen que estava por perto, cuidadosamente, até juntar uma quantidade tentadora.
Abri a boca, puta... — ele me disse —Eu obedeci, abri o máximo que pude, colocando a língua pra fora, excitada com o prêmio que ia receber, mas aí ele me deu um tapa forte na cara e falou:
Você não pode ser tão, mas tão puta!
Na sequência, ele me agarrou com força pelos cabelos e me levou pro lado, derramou toda a mistura de porra no chão e, como se eu fosse uma puta, empurrou minha cabeça pra esfregar meu rosto naquela bagaceira e mandou eu limpar tudo.
Eu fervia de prazer, só passei minha língua várias vezes pelos azulejos até limpar até a última gota...
Hoje já faz quase dois anos daquela noite de sábado e muita coisa mudou. Pra mim, as coisas tinham terminado naquela mesma noite, mas os caras queriam mais e mais, especialmente o Joni, que tinha virado um mimado insuportável que me enchia o saco em toda oportunidade que tinha. E como não conseguia nada, com os amigos bonitinhos dele, começaram a me difamar e espalhar o boato do que tinha acontecido, e as coisas não foram mais fáceis pra mim.
Eu não tinha o melhor histórico, pelo menos não o que se esperava de uma professora. Pra piorar, me pegaram discutindo aos berros com aquele pivete, e isso não foi bem visto.
Me chamaram na diretoria do colégio pra dar a entender que eu pedisse demissão, senão teriam que me mandar embora, o que seria pior pro meu futuro.
A situação tava clara, não tinha mais lugar naquela instituição, e eu fechei aquela porta pra deixar isso no passado. E nesse passado ficaram o Joni e os amigos dele.
Vaguei por várias escolas, mas em todo lugar sabiam dos boatos do que rolou, e acabei dando aula nas piores escolas públicas, onde toda reputação já tá no chão.
Com o Adolfo, o caminhoneiro, continuamos na nossa convivência estranha de enganos mútuos. De longe, ele ficou sabendo de alguma coisa de toda essa confusão, mas como eu tinha feito naquela manhã com a tanga no caminhão dele, ele só preferiu se fazer de desentendido e olhar pro outro lado.
E é aqui que minha história termina. história da profe Majo
Se você gostou dessa história, pode me escrever com o título A PROFE MAJO para dulces.placeres@live.com
2 comentários - A profe gostosa Majo