Fotos que tomamos mi esposa y yo, tratando de darle un toque erotico
Total libertad para comentar lo que quieran
Espero sean de vuestro agrado
http://www.poringa.net/posts/imagenes/5909834/Erotismo-en-B-N---01.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/5930158/Erotismo-en-B-N---02.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/5962854/Erotismo-en-B-N---03.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/5981636/Erotismo-en-B-N---04.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/5997767/Erotismo-en-B-N---05.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/6004665/Erotismo-en-B-N---06.html
dulces.placeres@live.com
MI VERDADERA IDENTIDAD
Recién pasaba los treinta cuando Sonia, dando un portazo terminaba con nuestra relación. Hacía tiempo ya que nuestra convivencia eran solo discusiones y que en la cama solo éramos extraños, habíamos perdido el mutuo interés, y llegó un punto que no me interesó mantener la relación a flote, y en verdad, me alegré cuando ella se marchó, ya no la soportaba.
Una y otra vez Sonia me recriminaba que era un inmaduro y que no sabía que es lo que quería, y que debía entenderme a mi mismo antes de intentar entenderla a ella.
Nuestra relación había llegado a un punto sin retorno, así que una mañana, se levantó muy tranquila, desayunó, preparó sus maletas y solo me dijo un 'hasta nunca'. En nuestro pequeño departamento arrendado no había mucho para dividir y en fríos números me dejaba con varias deudas por levantar.
Lo narrado podría ser una situación normal para la mayoría, hoy en día no hay relaciones duraderas y la mía no sería la excepción, pero en mi caso, Sonia era la cuarta mujer que me dejaba en diez años, y siempre se repetía el mismo patrón, ellas siempre se terminaban cansando de mi, por un motivo u otro, pero siempre el final de la película era el mismo. No le di importancia cuando Celia, mi primera pareja me abandonó, tampoco cuando Sandra, la segunda lo hizo, con Romina fue diferente, creo que a ella la amé como a ninguna y tal vez por eso su partida me dolió en demasía, y a decir verdad de las cuatro ella fue la que mas luchó por evitar lo inevitable. Con Sonia me había jurado que las cosas serían diferentes, yo intentaría ser diferente, pero su despedida fue un nuevo cachetazo.
Cuatro en diez años me sabía a demasiado, y estaba cansado de mujeres, necesitaba mis tiempos de soledad, para reencontrarme conmigo mismo, a entender que es lo que pasaba conmigo, dejé de justificarme y cargar mis fracasos en mi compañera de turno y verme ami mismo como centro de ese problema.
Re decoré todo el departamento, ya no tenía con quien compartirlo y ya no necesitaba opiniones femeninas, cambié los colores de las paredes, hice una barra con bebidas, también puse una play en el dormitorio y un nuevo equipo de música.
Empapelé las paredes de mi habitación con fotos de Nicki Minaj, Rihanna y Beyonce, mujeres que me enloquecían por sus curvas, por su piel, por sus formas, pero de quienes jamas escuchaba alguna canción.
Esa fue mi nueva vida, sin horarios, sin obligaciones, podía dejar la ropa tirada en el piso sin que nadie dijera nada, podía comer en la cama si se me antojaba, me duchaba si quería, y si no, lo mismo daba.
Llegaron chicas casuales, solo para una revolcada, nada mas, una, otra y otra, pero a pesar de todo, íntimamente, me sentía vacío.
Solo empecé a buscar en momentos de soledad, encerrado en mi intimidad, por la web, por diarios, por conocidos, por experiencias, por consejos, el destino me llevó a conocer a la doctora María del Carmen Ordazabal, a quien llamaría simplemente Carmen
Ella era psicóloga aunque también había estudiado filosofías orientales, alternativas terapéuticas
Carmen era una mujer que pisaba los cuarenta, soltera, si hijos, atendía en su casa, de estatura promedio y contextura delgada. Si bien era cierto que mantenía una tono frío en sus palabras para mantener distancias, físicamente se me hacía muy atractiva, tal vez por tener un tono de piel bastante oscuro recordándome a las chicas de las paredes de mi dormitorio, tal vez por sus llamativos ojos verdes, tal vez por la sensualidad y deseo que despierta una mujer madura, o tal vez por una mezcla de todo.
Ella generalmente usaba ropas negras, y casi siempre vestidos holgados a media pierna, nos sentábamos frente a frente, y naturalmente esos vestidos se subían dejándome ver parte de sus muslos, por cierto tenía unas piernas muy sugerentes, con las marcas e imperfecciones de una mujer ya madura, las mismas marcas e imperfecciones que la hacían tan excitantes.
Carmen tenía una manía inconsciente, se cruzaba de piernas, izquierda sobre derecha, una sobre la otra, pero cada tanto cambiaba, derecha sobre izquierda, y ese tic se le hacía inevitable. La razón de comentarlo es que sin que ella supiera en esos cruces me dejaba ver más de lo conveniente y yo solo esperaba una y otra vez a que ella lo hiciera. Y todo esto me llevó sin darme cuanta a una dependencia absoluta de ella, que sobrepasaba mi relación de paciente y eso solo bajó mis defensas para que ella llegara donde nadie había llegado.
Y poco a poco, mi vida fue cambiando hacia lugares que jamas había imaginado, vocablos que en la vida me habían interesado empezaron a ser parte de mi intimidad, 'trans' 'sissy' 'crossdresser' por nombrar algunos.
Asumir que ver un pene me causaba tanto o mas placer que una vagina hizo que se erizaran los pelos de mi piel, por miedo a lo desconocido.
Carmen empezó a traer a la superficie toda esa podredumbre que estaba en lo profundo de mi ser y era todo muy loco, porque a mi me seguían encantando las mujeres, pero también note que me excitaba pensar en lucir como una.
Y así empecé a vivir esa dualidad de closet, hombre por fuera, mujer por dentro.
Llegaron las depilaciones, de pecho, de piernas, si bien fui siempre bastante lampiño el cambio no fue muy notorio, de todas maneras siempre me cuidaba de estar cubierto con ropas para evitar preguntas que no quería responder.
Y fui por mi sexo, y por mi culito, sentir en las yemas de mis dedos la suavidad de mi piel sin bellos, en mi trasero, me sabía tan femenino que me llevaba a a locura, a la masturbación.
Lo cómico es que mas de una chica con la que tenía sexo casual se veían atraídas por mi depilación y todo se hacía muy rico.
Mi psicóloga estaba al tanto de todo, de mis cambios, me sugirió que comprara cosas de mujer si me hacía feliz verme como tal.
Fui discretamente a a varias casas del rubro, perfumerías, lencería, con excusas de 'regalos para mi novia' me hice de rimel, pinturas para labios, para ojos, para uñas, maquillajes, hasta perfume de mujer!, y no solo eso, sostenes, tangas, colaless, medias de red, portaligas y lo que puedan imaginar.
Hubo dos puntos cómicos en esta cuestión, peluca y zapatos, no podía comprar una peluca para mi novia, ni zapatos de mi talla para una chica, así que le pedía a Carmen que ella lo hiciera por mi.
Así llegaron mis días de verme como chica, en mi departamento, en mi soledad, vivía excitado con todo esto y pasaba muchas horas produciéndome como chica y tomándome fotos que nadie vería, porque de eso se trataba, terminaba viendo mi trasero depilado contra un espejo, con hilo dental atravesando mi esfínter, con la verga dura masturbándome en silencio, como hombre, sintiéndome mujer.
Yo no sabía a ciencia cierta si mi doctora me estaba ayudando o me estaba pervirtiendo, pero solo sabía que me sentía feliz, y mi secreto no impedía que siguiera amando a las mujeres, solo necesitaba combinar las dos cosas.
Una llamado de Romina dio un golpe de timón a mi vida, hacía tiempo que no sabía de ella, Sonia, mi última mujer era en extremo celosa, así que había borrado todo mi pasado. Romina de alguna manera se había enterado que ya no tenía mujer y solo llamó para ver como andaba mi vida, un pretexto para cruzar palabras porque como dije, creo que nuestra convivencia nunca se había terminado realmente.
De una simple charla de teléfono pasamos a una de café, frente a frente, estaba hermosa y noté que esa chispa aun perduraba entre nosotros, supe que también había fracasado en algún intento de formar pareja y supimos que de volver a intentarlo todo hubiera podido funcionar.
Romina, dijo naturalmente 'vamos a tu departamento o al mio?', era lógico, pero entonces recordé mis depilaciones del cuello para abajo y eso me dio mucha vergüenza, improvisé una tonta escusa como escape, humillante para mi como hombre, a la cual, Romina tomó como un rechazo, era su ex, era hombre, me proponía coger y yo le decía que 'no', eran lógicas sus conclusiones.
Al día siguiente fui a visitar a Carmen, para contarle todo, la alegría del reencuentro y la angustia de mi presente, hablamos mucho, demasiado, pero en resumen me convenció que le contara todo, y que si ella me amaba, pues me aceptaría como era, y si así no fuese, era mejor cortar por lo sano antes de que la rueda comenzara a girar.
No tardé en llamar nuevamente a mi ex mujer, no quería dejar que la situación se enfriara y la invité a cenar.
Ella llegó a casa en forma puntual, vestida muy elegante, llamativa y deseable, había preparado unas carnes al horno que sabía que a ella le encantaban y un vino malbec (su preferido, como en los viejos tiempos), cenamos a la luz de las velas con nuestros temas románticos sonando de fondo. Hablamos de todo, nuestros mejores días, también los peores, el día que nos conocimos, el día que nos despedimos, el momento de reencontrarnos...
Ya en el postre toqué el tema de 'reencontrarme a mi mismo', trague saliva y la puse al tanto de la doctora María del Carmen Ordazabal, de nuestras charlas y sus consejos, Romina escuchaba con los ojos grandes, inmóvil y sentí que se me cerraba la garganta y que las palabras ya no fluían con naturalidad.
Me levantei, peguei na mão dela e levei ela pro quarto, fui no meu baú, peguei o cadeado e mostrei meus segredos como se estivesse abrindo meu coração, ela viu minhas perucas, meus sapatos, minha lingerie íntima e toda aquela parte de mim que nunca tinha contado pra ninguém.
Ela ficou pensando, incrédula, quis fazer amor com ela, mas ela me evitou, não era uma coisa fácil de engolir e eu sabia disso, ela deu desculpas e eu percebi que o melhor era não pressionar, como a Carmen tinha me avisado, ou ela aceitava ou tudo acabava.
A gente conversou mais um pouco, tomando café, mas notei que ela tinha mudado, os pensamentos dela estavam em outro lugar e quando a gente se despediu e eu vi ela indo embora da porta de casa, adivinhei que dessa vez seria pra sempre.
Passaram-se quinze dias, a Romina me ligou de novo, disse que tinha pensado muito no assunto e queria me visitar de novo, em casa, mas dessa vez não queria jantar comigo, queria conhecer meu outro eu. Foi bom ouvir ela, mas de novo tive que consultar minha médica, a situação não era fácil, pelo contrário, me vestir de mulher na frente da pessoa que me fazia tão bem e com quem eu tava começando a reescrever a história era algo que me apavorava.
Mas lá fui eu, tudo ou nada, cara ou coroa, viver ou morrer.
De tarde eu tinha me depilado bem pra ela, por completo, tomei banho, primeiro com água e sabão, depois com a mais gostosa fragrância feminina que eu guardava em segredo. Fui pegar um sutiã branco e uma tanga fio dental, adorava sentir a cordinha fina roçando no meu cu, até tive que me esforçar pra acalmar a ereção que eu tinha pra encaixar meu pacote dentro da roupa de mulher.
Coloquei ligas, meia-calça e saltos, achei que uma regata simples combinando com uma saia curta seriam suficientes. Por último a parte mais difícil, meu rosto, a maquiagem caprichada, delinear os olhos, o tom nas pálpebras, blush, ajeitar a peruca e um vermelho brilhante nos lábios.
Tava muito nervoso, nunca ninguém tinha me visto assim, e justo a Romina seria a primeira mulher.
Ela chegou na hora, bateu na porta, eu mandei entrar e quando me viu, não conseguiu segurar uma risada abafada, mas disse que tava tudo bem, que tava tudo certo, chegou perto de mim e me examinou com calma, falou que eu ainda tinha muito o que aprender, pegou na bolsa grande que pendia no ombro direito, tirou as coisas dela, limpou meus lábios e depois pintou de novo com um batom cremoso e suave, disse que assim eu ficava mais sensual e que o vermelho forte só me fazia parecer uma puta barata. A gente riu e começou a conversar.
Foi meio cômica a situação, a Romina disse que era pra ela fazer o papel de homem, então quando fui buscar a comida, ela me olhou e falou que eu tava sem peitos, mas que tinha uma bunda muito desejável.
E de papo em papo, vieram os primeiros beijos, depois de tanto tempo os lábios dela grudaram nos meus de novo, tinham um gosto delicioso, eu fui pra cima dela, a gente se enroscou em beijos intermináveis, era estranho, ela seria meu homem, e eu a mulher dela, e mais estranho ainda parecia que, apesar de nos conhecermos intimamente, essa situação era um recomeço.
Eu me enchi dos peitinhos dela, das curvas de mulher, dos sucos dela e enfiei bem fundo, como nos velhos tempos, senti que tinha química, e aos poucos a gente se entendeu numa nova maneira de fazer amor, porque ela via em mim a dualidade de alguém que tava comendo ela, mas ao mesmo tempo tinha aparência de mulher.
Romina, no meio daqueles sucos que a gente experimentava, pegou minha calcinha fio-dental e puxou com força, fazendo o fio se enterrar no meu esfíncter, me fazendo sentir o quanto eu tava excitado, era algo que eu já tinha feito com ela muitas vezes, ela desceu pra chupar minha rola, mas dessa vez com a mão dela procurava acariciar minhas nádegas depiladas e aos poucos se perder na intimidade do meu traseiro, a língua dela chegou no meu cu e naturalmente eu comecei a me abrir pra permitir o avanço, ela fazia com cadência, afastou o fio da minha roupa íntima e só ficou me chupando. Aí ela parou o jogo e disse que tinha uma surpresa pra mim, que fechasse os olhos e esperasse uns minutos, que não espiasse, não valia trapacear.
Fiz isso, ouvi uns barulhos no quarto e, mesmo a curiosidade me vencendo, mantive os olhos fechados. Passaram uns minutos quando ela mandou eu abrir os olhos: Romina tinha vestido um arnês com uma pica de brinquedo enorme. Fiquei chocado, e ficou claro que, em termos de "tamanho de pau", a gente tinha conceitos diferentes. Ela disse:
"Gostou? Pensei muito, tô disposta a tudo, e se você gosta, eu gosto. Quero tentar de novo..."
"Mas Romina", reclamei, "você vai me matar com isso... o que cê acha?"
Fiquei pasmo, sabia onde aquilo ia parar, e, embora meu pau estivesse explodindo dentro da calcinha, também senti um pouco de medo. Ela então disse palavras que nunca vou esquecer e que ficariam gravadas na minha memória pra sempre:
"Quer saber a verdade? Dói, mas essa dor só dura uns minutos, depois é entrar no paraíso. Essa dor é a coisa mais linda, depois só vai doer quando tirar. É assim que é o sexo anal: um sonho dolorosamente divino, um prazer incomparável e um amor inesquecível..."
Fiquei sem saber o que dizer, ela continuou:
"E tem mais!" — sentenciou, vindo pro meu lado com uma gaiola de plástico pra prender meu pau — "Gastei uma grana nisso" — completou, enquanto, com minha passividade total, enfiava devagar meu pau dentro do compartimento, trancava com chave e guardava ela com ela.
Tudo isso era novo pra mim. Romina percebeu meu estado de choque e sentenciou, me dando um tapa na bunda:
"Vamos, amor, queria ser um sissy boy? Então bora fundo nisso!"
Ela me fez virar, fiquei de frente pro colchão com minha bunda apontada pra ela. Os dedos dela, com um pouco de lubrificante, chegaram em mim, e eu só me preparei pra ser a putinha dela. Romina se ajeitou, mirou e, usando o próprio peso, começou a descer. Era grosso demais, era demais. Dor, eu não aguentava, simplesmente não conseguia, minhas reclamações vieram, me senti violado, mas ela, apoiando o peito nas minhas costas, sussurrava no meu ouvido:
"Calma, meu amor, lembra, essa dor só dura alguns minutos..."
Aos poucos, foi se encaixando, achei que ia morrer, sentia meu cu explodir, e depois de várias tentativas frustradas, finalmente meu esfíncter cedeu. Romina começou a me comer por trás, a arrebentar meu rabo, e como ela tinha me avisado, eu estava no paraíso com a dor mais linda que poderia existir, e já não queria mais que ela tirasse.
Passamos minutos intermináveis brincando com aquela enormidade enfiada no meu cu, ela era homem e era mulher.
Meu pau estava enjaulado, prisioneiro, a sensação de não poder me tocar, me masturbar, nem sequer conseguir uma ereção me levava à loucura, e ela era só uma locomotiva que parecia nunca parar.
Não me perguntem como aconteceu, mas senti que, apesar da minha prisão, ia gozar. Avisei ela, mas ela já tinha notado.
Só acelerou o ritmo, mais e mais forte, e naquela noite mágica, me sentindo mulher, eu teria meu primeiro orgasmo graças a uma penetração anal.
Quando terminamos, o sêmen tinha escapado naturalmente, por toda volta. Romina, levantando a aposta, passou os dedos no meu próprio gozo e fez eu lamber, aos poucos engolindo minha própria porra, me avisando que eu terminasse meu serviço para ser uma autêntica mulherzinha.
Continuamos brincando a noite toda até cairmos no sono.
No dia seguinte, eu morria de vontade de mijar, pedi as chaves da jaula pra minha amante, mas ela negou. Eu tinha que entender como era o mundo das garotas se quisesse ser uma. Tive que fazer sentado, como elas fazem.
E foi gostoso. Testamos a sorte, minha dualidade funcionou e começamos a explorar novas fronteiras, e tudo alimentou nossa sexualidade. Às vezes eu era o homem dela, às vezes era a mulher dela.
Só a doutora María del Carmen Ordazabal saberia do final da minha história. Ela ficou muito feliz que eu consegui me refazer. minha vida ao lado da mulher que sempre amei, e ela me aceitar como eu era, sem recriminações, e naquele último encontro, antes de nos despedirmos, ela me disse:
"Parabéns, você finalmente está descobrindo sua verdadeira identidade!"
Se você gostou dessa história, pode me escrever com o título MINHA VERDADEIRA IDENTIDADE para dulces.placeres@live.com
Total libertad para comentar lo que quieran
Espero sean de vuestro agrado
http://www.poringa.net/posts/imagenes/5909834/Erotismo-en-B-N---01.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/5930158/Erotismo-en-B-N---02.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/5962854/Erotismo-en-B-N---03.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/5981636/Erotismo-en-B-N---04.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/5997767/Erotismo-en-B-N---05.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/6004665/Erotismo-en-B-N---06.html
dulces.placeres@live.com
MI VERDADERA IDENTIDAD
Recién pasaba los treinta cuando Sonia, dando un portazo terminaba con nuestra relación. Hacía tiempo ya que nuestra convivencia eran solo discusiones y que en la cama solo éramos extraños, habíamos perdido el mutuo interés, y llegó un punto que no me interesó mantener la relación a flote, y en verdad, me alegré cuando ella se marchó, ya no la soportaba.
Una y otra vez Sonia me recriminaba que era un inmaduro y que no sabía que es lo que quería, y que debía entenderme a mi mismo antes de intentar entenderla a ella.
Nuestra relación había llegado a un punto sin retorno, así que una mañana, se levantó muy tranquila, desayunó, preparó sus maletas y solo me dijo un 'hasta nunca'. En nuestro pequeño departamento arrendado no había mucho para dividir y en fríos números me dejaba con varias deudas por levantar.
Lo narrado podría ser una situación normal para la mayoría, hoy en día no hay relaciones duraderas y la mía no sería la excepción, pero en mi caso, Sonia era la cuarta mujer que me dejaba en diez años, y siempre se repetía el mismo patrón, ellas siempre se terminaban cansando de mi, por un motivo u otro, pero siempre el final de la película era el mismo. No le di importancia cuando Celia, mi primera pareja me abandonó, tampoco cuando Sandra, la segunda lo hizo, con Romina fue diferente, creo que a ella la amé como a ninguna y tal vez por eso su partida me dolió en demasía, y a decir verdad de las cuatro ella fue la que mas luchó por evitar lo inevitable. Con Sonia me había jurado que las cosas serían diferentes, yo intentaría ser diferente, pero su despedida fue un nuevo cachetazo.
Cuatro en diez años me sabía a demasiado, y estaba cansado de mujeres, necesitaba mis tiempos de soledad, para reencontrarme conmigo mismo, a entender que es lo que pasaba conmigo, dejé de justificarme y cargar mis fracasos en mi compañera de turno y verme ami mismo como centro de ese problema.
Re decoré todo el departamento, ya no tenía con quien compartirlo y ya no necesitaba opiniones femeninas, cambié los colores de las paredes, hice una barra con bebidas, también puse una play en el dormitorio y un nuevo equipo de música.
Empapelé las paredes de mi habitación con fotos de Nicki Minaj, Rihanna y Beyonce, mujeres que me enloquecían por sus curvas, por su piel, por sus formas, pero de quienes jamas escuchaba alguna canción.
Esa fue mi nueva vida, sin horarios, sin obligaciones, podía dejar la ropa tirada en el piso sin que nadie dijera nada, podía comer en la cama si se me antojaba, me duchaba si quería, y si no, lo mismo daba.
Llegaron chicas casuales, solo para una revolcada, nada mas, una, otra y otra, pero a pesar de todo, íntimamente, me sentía vacío.
Solo empecé a buscar en momentos de soledad, encerrado en mi intimidad, por la web, por diarios, por conocidos, por experiencias, por consejos, el destino me llevó a conocer a la doctora María del Carmen Ordazabal, a quien llamaría simplemente Carmen
Ella era psicóloga aunque también había estudiado filosofías orientales, alternativas terapéuticas
Carmen era una mujer que pisaba los cuarenta, soltera, si hijos, atendía en su casa, de estatura promedio y contextura delgada. Si bien era cierto que mantenía una tono frío en sus palabras para mantener distancias, físicamente se me hacía muy atractiva, tal vez por tener un tono de piel bastante oscuro recordándome a las chicas de las paredes de mi dormitorio, tal vez por sus llamativos ojos verdes, tal vez por la sensualidad y deseo que despierta una mujer madura, o tal vez por una mezcla de todo.
Ella generalmente usaba ropas negras, y casi siempre vestidos holgados a media pierna, nos sentábamos frente a frente, y naturalmente esos vestidos se subían dejándome ver parte de sus muslos, por cierto tenía unas piernas muy sugerentes, con las marcas e imperfecciones de una mujer ya madura, las mismas marcas e imperfecciones que la hacían tan excitantes.
Carmen tenía una manía inconsciente, se cruzaba de piernas, izquierda sobre derecha, una sobre la otra, pero cada tanto cambiaba, derecha sobre izquierda, y ese tic se le hacía inevitable. La razón de comentarlo es que sin que ella supiera en esos cruces me dejaba ver más de lo conveniente y yo solo esperaba una y otra vez a que ella lo hiciera. Y todo esto me llevó sin darme cuanta a una dependencia absoluta de ella, que sobrepasaba mi relación de paciente y eso solo bajó mis defensas para que ella llegara donde nadie había llegado.
Y poco a poco, mi vida fue cambiando hacia lugares que jamas había imaginado, vocablos que en la vida me habían interesado empezaron a ser parte de mi intimidad, 'trans' 'sissy' 'crossdresser' por nombrar algunos.
Asumir que ver un pene me causaba tanto o mas placer que una vagina hizo que se erizaran los pelos de mi piel, por miedo a lo desconocido.
Carmen empezó a traer a la superficie toda esa podredumbre que estaba en lo profundo de mi ser y era todo muy loco, porque a mi me seguían encantando las mujeres, pero también note que me excitaba pensar en lucir como una.
Y así empecé a vivir esa dualidad de closet, hombre por fuera, mujer por dentro.
Llegaron las depilaciones, de pecho, de piernas, si bien fui siempre bastante lampiño el cambio no fue muy notorio, de todas maneras siempre me cuidaba de estar cubierto con ropas para evitar preguntas que no quería responder.
Y fui por mi sexo, y por mi culito, sentir en las yemas de mis dedos la suavidad de mi piel sin bellos, en mi trasero, me sabía tan femenino que me llevaba a a locura, a la masturbación.
Lo cómico es que mas de una chica con la que tenía sexo casual se veían atraídas por mi depilación y todo se hacía muy rico.
Mi psicóloga estaba al tanto de todo, de mis cambios, me sugirió que comprara cosas de mujer si me hacía feliz verme como tal.
Fui discretamente a a varias casas del rubro, perfumerías, lencería, con excusas de 'regalos para mi novia' me hice de rimel, pinturas para labios, para ojos, para uñas, maquillajes, hasta perfume de mujer!, y no solo eso, sostenes, tangas, colaless, medias de red, portaligas y lo que puedan imaginar.
Hubo dos puntos cómicos en esta cuestión, peluca y zapatos, no podía comprar una peluca para mi novia, ni zapatos de mi talla para una chica, así que le pedía a Carmen que ella lo hiciera por mi.
Así llegaron mis días de verme como chica, en mi departamento, en mi soledad, vivía excitado con todo esto y pasaba muchas horas produciéndome como chica y tomándome fotos que nadie vería, porque de eso se trataba, terminaba viendo mi trasero depilado contra un espejo, con hilo dental atravesando mi esfínter, con la verga dura masturbándome en silencio, como hombre, sintiéndome mujer.
Yo no sabía a ciencia cierta si mi doctora me estaba ayudando o me estaba pervirtiendo, pero solo sabía que me sentía feliz, y mi secreto no impedía que siguiera amando a las mujeres, solo necesitaba combinar las dos cosas.
Una llamado de Romina dio un golpe de timón a mi vida, hacía tiempo que no sabía de ella, Sonia, mi última mujer era en extremo celosa, así que había borrado todo mi pasado. Romina de alguna manera se había enterado que ya no tenía mujer y solo llamó para ver como andaba mi vida, un pretexto para cruzar palabras porque como dije, creo que nuestra convivencia nunca se había terminado realmente.
De una simple charla de teléfono pasamos a una de café, frente a frente, estaba hermosa y noté que esa chispa aun perduraba entre nosotros, supe que también había fracasado en algún intento de formar pareja y supimos que de volver a intentarlo todo hubiera podido funcionar.
Romina, dijo naturalmente 'vamos a tu departamento o al mio?', era lógico, pero entonces recordé mis depilaciones del cuello para abajo y eso me dio mucha vergüenza, improvisé una tonta escusa como escape, humillante para mi como hombre, a la cual, Romina tomó como un rechazo, era su ex, era hombre, me proponía coger y yo le decía que 'no', eran lógicas sus conclusiones.
Al día siguiente fui a visitar a Carmen, para contarle todo, la alegría del reencuentro y la angustia de mi presente, hablamos mucho, demasiado, pero en resumen me convenció que le contara todo, y que si ella me amaba, pues me aceptaría como era, y si así no fuese, era mejor cortar por lo sano antes de que la rueda comenzara a girar.
No tardé en llamar nuevamente a mi ex mujer, no quería dejar que la situación se enfriara y la invité a cenar.
Ella llegó a casa en forma puntual, vestida muy elegante, llamativa y deseable, había preparado unas carnes al horno que sabía que a ella le encantaban y un vino malbec (su preferido, como en los viejos tiempos), cenamos a la luz de las velas con nuestros temas románticos sonando de fondo. Hablamos de todo, nuestros mejores días, también los peores, el día que nos conocimos, el día que nos despedimos, el momento de reencontrarnos...
Ya en el postre toqué el tema de 'reencontrarme a mi mismo', trague saliva y la puse al tanto de la doctora María del Carmen Ordazabal, de nuestras charlas y sus consejos, Romina escuchaba con los ojos grandes, inmóvil y sentí que se me cerraba la garganta y que las palabras ya no fluían con naturalidad.
Me levantei, peguei na mão dela e levei ela pro quarto, fui no meu baú, peguei o cadeado e mostrei meus segredos como se estivesse abrindo meu coração, ela viu minhas perucas, meus sapatos, minha lingerie íntima e toda aquela parte de mim que nunca tinha contado pra ninguém.Ela ficou pensando, incrédula, quis fazer amor com ela, mas ela me evitou, não era uma coisa fácil de engolir e eu sabia disso, ela deu desculpas e eu percebi que o melhor era não pressionar, como a Carmen tinha me avisado, ou ela aceitava ou tudo acabava.
A gente conversou mais um pouco, tomando café, mas notei que ela tinha mudado, os pensamentos dela estavam em outro lugar e quando a gente se despediu e eu vi ela indo embora da porta de casa, adivinhei que dessa vez seria pra sempre.
Passaram-se quinze dias, a Romina me ligou de novo, disse que tinha pensado muito no assunto e queria me visitar de novo, em casa, mas dessa vez não queria jantar comigo, queria conhecer meu outro eu. Foi bom ouvir ela, mas de novo tive que consultar minha médica, a situação não era fácil, pelo contrário, me vestir de mulher na frente da pessoa que me fazia tão bem e com quem eu tava começando a reescrever a história era algo que me apavorava.
Mas lá fui eu, tudo ou nada, cara ou coroa, viver ou morrer.
De tarde eu tinha me depilado bem pra ela, por completo, tomei banho, primeiro com água e sabão, depois com a mais gostosa fragrância feminina que eu guardava em segredo. Fui pegar um sutiã branco e uma tanga fio dental, adorava sentir a cordinha fina roçando no meu cu, até tive que me esforçar pra acalmar a ereção que eu tinha pra encaixar meu pacote dentro da roupa de mulher.
Coloquei ligas, meia-calça e saltos, achei que uma regata simples combinando com uma saia curta seriam suficientes. Por último a parte mais difícil, meu rosto, a maquiagem caprichada, delinear os olhos, o tom nas pálpebras, blush, ajeitar a peruca e um vermelho brilhante nos lábios.
Tava muito nervoso, nunca ninguém tinha me visto assim, e justo a Romina seria a primeira mulher.
Ela chegou na hora, bateu na porta, eu mandei entrar e quando me viu, não conseguiu segurar uma risada abafada, mas disse que tava tudo bem, que tava tudo certo, chegou perto de mim e me examinou com calma, falou que eu ainda tinha muito o que aprender, pegou na bolsa grande que pendia no ombro direito, tirou as coisas dela, limpou meus lábios e depois pintou de novo com um batom cremoso e suave, disse que assim eu ficava mais sensual e que o vermelho forte só me fazia parecer uma puta barata. A gente riu e começou a conversar.
Foi meio cômica a situação, a Romina disse que era pra ela fazer o papel de homem, então quando fui buscar a comida, ela me olhou e falou que eu tava sem peitos, mas que tinha uma bunda muito desejável.
E de papo em papo, vieram os primeiros beijos, depois de tanto tempo os lábios dela grudaram nos meus de novo, tinham um gosto delicioso, eu fui pra cima dela, a gente se enroscou em beijos intermináveis, era estranho, ela seria meu homem, e eu a mulher dela, e mais estranho ainda parecia que, apesar de nos conhecermos intimamente, essa situação era um recomeço.
Eu me enchi dos peitinhos dela, das curvas de mulher, dos sucos dela e enfiei bem fundo, como nos velhos tempos, senti que tinha química, e aos poucos a gente se entendeu numa nova maneira de fazer amor, porque ela via em mim a dualidade de alguém que tava comendo ela, mas ao mesmo tempo tinha aparência de mulher.
Romina, no meio daqueles sucos que a gente experimentava, pegou minha calcinha fio-dental e puxou com força, fazendo o fio se enterrar no meu esfíncter, me fazendo sentir o quanto eu tava excitado, era algo que eu já tinha feito com ela muitas vezes, ela desceu pra chupar minha rola, mas dessa vez com a mão dela procurava acariciar minhas nádegas depiladas e aos poucos se perder na intimidade do meu traseiro, a língua dela chegou no meu cu e naturalmente eu comecei a me abrir pra permitir o avanço, ela fazia com cadência, afastou o fio da minha roupa íntima e só ficou me chupando. Aí ela parou o jogo e disse que tinha uma surpresa pra mim, que fechasse os olhos e esperasse uns minutos, que não espiasse, não valia trapacear.
Fiz isso, ouvi uns barulhos no quarto e, mesmo a curiosidade me vencendo, mantive os olhos fechados. Passaram uns minutos quando ela mandou eu abrir os olhos: Romina tinha vestido um arnês com uma pica de brinquedo enorme. Fiquei chocado, e ficou claro que, em termos de "tamanho de pau", a gente tinha conceitos diferentes. Ela disse:
"Gostou? Pensei muito, tô disposta a tudo, e se você gosta, eu gosto. Quero tentar de novo..."
"Mas Romina", reclamei, "você vai me matar com isso... o que cê acha?"
Fiquei pasmo, sabia onde aquilo ia parar, e, embora meu pau estivesse explodindo dentro da calcinha, também senti um pouco de medo. Ela então disse palavras que nunca vou esquecer e que ficariam gravadas na minha memória pra sempre:
"Quer saber a verdade? Dói, mas essa dor só dura uns minutos, depois é entrar no paraíso. Essa dor é a coisa mais linda, depois só vai doer quando tirar. É assim que é o sexo anal: um sonho dolorosamente divino, um prazer incomparável e um amor inesquecível..."
Fiquei sem saber o que dizer, ela continuou:
"E tem mais!" — sentenciou, vindo pro meu lado com uma gaiola de plástico pra prender meu pau — "Gastei uma grana nisso" — completou, enquanto, com minha passividade total, enfiava devagar meu pau dentro do compartimento, trancava com chave e guardava ela com ela.
Tudo isso era novo pra mim. Romina percebeu meu estado de choque e sentenciou, me dando um tapa na bunda:
"Vamos, amor, queria ser um sissy boy? Então bora fundo nisso!"
Ela me fez virar, fiquei de frente pro colchão com minha bunda apontada pra ela. Os dedos dela, com um pouco de lubrificante, chegaram em mim, e eu só me preparei pra ser a putinha dela. Romina se ajeitou, mirou e, usando o próprio peso, começou a descer. Era grosso demais, era demais. Dor, eu não aguentava, simplesmente não conseguia, minhas reclamações vieram, me senti violado, mas ela, apoiando o peito nas minhas costas, sussurrava no meu ouvido:
"Calma, meu amor, lembra, essa dor só dura alguns minutos..."
Aos poucos, foi se encaixando, achei que ia morrer, sentia meu cu explodir, e depois de várias tentativas frustradas, finalmente meu esfíncter cedeu. Romina começou a me comer por trás, a arrebentar meu rabo, e como ela tinha me avisado, eu estava no paraíso com a dor mais linda que poderia existir, e já não queria mais que ela tirasse.
Passamos minutos intermináveis brincando com aquela enormidade enfiada no meu cu, ela era homem e era mulher.
Meu pau estava enjaulado, prisioneiro, a sensação de não poder me tocar, me masturbar, nem sequer conseguir uma ereção me levava à loucura, e ela era só uma locomotiva que parecia nunca parar.
Não me perguntem como aconteceu, mas senti que, apesar da minha prisão, ia gozar. Avisei ela, mas ela já tinha notado.
Só acelerou o ritmo, mais e mais forte, e naquela noite mágica, me sentindo mulher, eu teria meu primeiro orgasmo graças a uma penetração anal.
Quando terminamos, o sêmen tinha escapado naturalmente, por toda volta. Romina, levantando a aposta, passou os dedos no meu próprio gozo e fez eu lamber, aos poucos engolindo minha própria porra, me avisando que eu terminasse meu serviço para ser uma autêntica mulherzinha.
Continuamos brincando a noite toda até cairmos no sono.
No dia seguinte, eu morria de vontade de mijar, pedi as chaves da jaula pra minha amante, mas ela negou. Eu tinha que entender como era o mundo das garotas se quisesse ser uma. Tive que fazer sentado, como elas fazem.
E foi gostoso. Testamos a sorte, minha dualidade funcionou e começamos a explorar novas fronteiras, e tudo alimentou nossa sexualidade. Às vezes eu era o homem dela, às vezes era a mulher dela.
Só a doutora María del Carmen Ordazabal saberia do final da minha história. Ela ficou muito feliz que eu consegui me refazer. minha vida ao lado da mulher que sempre amei, e ela me aceitar como eu era, sem recriminações, e naquele último encontro, antes de nos despedirmos, ela me disse:
"Parabéns, você finalmente está descobrindo sua verdadeira identidade!"
Se você gostou dessa história, pode me escrever com o título MINHA VERDADEIRA IDENTIDADE para dulces.placeres@live.com
0 comentários - Minha verdadeira identidade