Fotos que tomamos mi esposa y yo, tratando de darle un toque erotico
Total libertad para comentar lo que quieran
Espero sean de vuestro agrado
http://www.poringa.net/posts/imagenes/5909834/Erotismo-en-B-N---01.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/5930158/Erotismo-en-B-N---02.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/5962854/Erotismo-en-B-N---03.html
INTERCAMBIO VIRTUAL
Esta situación sucedió unos años atrás, esas historias que te marcan y te dejan el recuerdo de por vida
En ese entonces, Dalma y yo llevábamos algunos años de pareja, casi como que aun estábamos conociendo y comprobando que las cosas funcionarían bien conviviendo entre cuatro paredes
Ella ya se había recibido de doctora y estaba haciendo un post grado de cirugía, amaba ese mundo y era un poco cómico porque yo veía una gota de sangre y me desmayaba
Yo iba por algo mas tranqui, lo mío era informática, me gustaba el tema de las pc, los celulares, pantallas, comunicaciones y todo ese mundo futuro de robótica que se nos venía encima
Venía un poco atrasado con mis estudios, puesto que trabajaba en una prestigiosa empresa y me consumía demasiado tiempo de mi jornada
Cuando decidimos mudarnos juntos, no nos llevó demasiado tiempo decidirnos por un lindo semipiso que daba al contrafrente, el departamento B de un octavo piso
Nos hubiera gustado el A, cuya vista acomodada daba al río, pero el valor mensual del B, que por dar a la ciudad era más económico, ya estaba por encima de nuestro presupuesto
Era un barrio bastante acomodado en un edificio bastante acomodado, no es que pretendiéramos ser más de lo que éramos, pero buscábamos algo que realmente nos gustara y poder arrancar con un tema menos de que quejarnos
Igual, nos quedaría un sabor amargo por no poder rentar el A, la vista que tenía era impagable
Así habíamos iniciado un camino de amor que no tendría retorno
En no mucho tiempo más, el departamento contiguo también sería alquilado, y llegarían nuestros nuevo vecinos, sentimos los ruidos de las mudanzas y todas esas cosas propias que se dan naturalmente
Al día siguiente, o a los dos días, no recuerdo bien, golpearían la puerta de nuestro departamento, era un poco tarde ya, Dalma se estaba duchando y yo esperaba mi turno después de un día agotador, eran nuestros vecinos que nos traían un presente como de bienvenida, querían presentarse y demás cosas, muy estilo americano, yo se los agradecí pero les dejé notar la hora, y lo inoportuno del momento, ellos comprendieron y dijeron que no habría problemas, tal vez otro momento
Lo gracioso de es que de ese primer encuentro, lo único que me quedaría grabado serían las enormes tetas de mi nueva vecina
Cuando Dalma vio el presente un poco se molesto conmigo, tal vez había sido descortés, pero bueno, contrapuntos que solo suceden en toda relación de pareja
El sábado por la tarde iríamos por la redención de mi torpe actitud, llevamos unas masas finas, golpeamos la puerta y nos invitaron a pasar cortésmente y llegarían los turnos de las presentaciones, sentados cerca del ventanal que daba a esa preciosa imagen que tanto nos había enloquecido, y por un tema de dinero, no había podido ser nuestra
Dalcio era un tipo delgado, poco musculado, de cabellos castaños, con algunas llamativas canas impropias de una persona que recién pasaba los treinta, parecía de buen carácter, esas personas que enseguida dan charla y es fácil amigarse, se notaba su lucir elegante, puesto que estando en su casa tenía ropa deportiva de marca y resaltaban unas zapatillas blancas impecables
Estaba en negocios de importación según dijo, tenía contactos en aduana y era puente a muchos trámites complicados y sin entender mucho de lo que hablaba, deduje que con eso hacía buena plata
Margarita, su esposa, como dije, solo se me iban los ojos en sus enormes tetas, que a esa altura me intrigaba saber si eran naturales o artificiales, puesto que se veían demasiado perfectas, era bastante petisa y retacona, con lo cual sus pechos resaltaban más todavía
Para mi suerte, Margarita era ingeniera en sistemas, y tuvimos una afinidad, un tema en común del que hablar, y noté que también había afinidad entre mi esposa y mi vecino
Hablamos mucho, nos comentaron que su estadía era por poco tiempo, estaban tramitando una visa de trabajo para Estados Unidos, y ya estaba todo muy avanzado
Es que Margarita, ya tenía un empleo casi asegurado en el país del norte, y no me extrañó, yo era bueno en lo que hacía, pero solo cruzar unas palabras con ella me hicieron ver que era una mente brillante, a años luz de mis conocimientos, y obviamente, sería un tesoro en bruto para las grandes corporaciones
Su esposo era quien un poco, gracias a sus contactos estaba acelerando todos los papeleos burocráticos
También nos fuimos un poco por el lado de nuestras historias, nuestras vidas y cuando el sol caía por el horizonte, nos dimos cuenta que había sido suficiente por un día
Y solo siguieron los cruces habituales entre vecinos, a veces cruzando en el ascensor, a veces en la piscina de la terraza, a veces horas en la casa de ellos, a veces en la nuestra y era un poco compartir vida e ir conociéndonos un poco mas
En especial, coincidir la profesión con mi vecina, me llevaba en oportunidades a intercambios de ideas sobre algún tema en común, de nuestra trabajo, pero en verdad, a Margarita no podía mirarla a los ojos, era como que la vista me pesaba y caía inexorablemente a sus pechos que nunca pasaban desapercibidos, usando escotes más que sugerentes, creo que ella siempre lo sabía y jugaba ese juego para beneficio propio
Mi madre siempre decía que a los vecinos había que tenerlos ahí, como vecinos, no demasiado lejos como para ignorarlos, ni demasiado cerca como para que se malentendieran la cosas, y comprendería que Dalcio y Margarita estaban demasiado cerca, más de lo imaginado
En alguna que otra ocasión, nos dejaron saber que eran 'modernos', 'mente abierta' y que se amaban tanto que incluso podrían animarse a experimentar aventuras consensuadas por fuera de la pareja, sin que eso significase un inconveniente
Dalma y yo, a veces conversábamos a solas todo lo que estaba pasando, sin saber si solo nosotros fabulábamos o ellos, nos estaban haciendo propuestas que fingíamos no comprender
Cuando nos cruzábamos por casualidad, Margarita tocaba el tema muy sutilmente de lo linda y apetecible que se veía mi mujer para cualquier hombre y lo afortunado que era en tenerla, cuando esa casualidad se daba con Dalcio, por el contrario, él me hablaba de su mujer, que le hablaba mucho de mi, como agrandando mi ego, y era un poco raro, porque me sentía como que me la estaba ofreciendo en bandeja de plata
Pero lo más raro, era cuando le comentaba estas cosas a mi mujer, porque Dalma tenía la misma percepción que yo tenía pero de su parte, cuando ella se cruzaba con el vecino, él le hablaba muy bien de mi, y cuando ellas se cruzaban, Margarita solo ensalzaba a Dalcio, de lo bueno que era en la cama y lo bien que lo hacía
Assim as coisas iam e vinham, e em pouco tempo se criou uma atmosfera sugestivamente sexual.
Lembro que uma vez, a gente tinha se encontrado na piscina da cobertura, nós quatro, e os peitos da Margarita num top amarelo fluorescente pareciam que iam explodir, e era impossível não olhar, mesmo que disfarçado porque o marido dela e a minha esposa estavam ali. Ela, de novo, me pegou feito um adolescente punheteiro com meu desejo lascivo.
Me senti um idiota, mas assim que tivemos a primeira chance de privacidade, ela sussurrou discretamente:
— Sergio, Sergio, você devia tentar não ser tão óbvio.
— Do que você tá falando? — respondi, tentando esconder minhas pegadas.
Minha vizinha estufou o peito exultante, como se precisasse, e completou:
— Delas...
Me senti um merda pela burrice da minha situação, aí ela completou:
— Podem ser suas, mas não do jeito que você imagina. Meu marido é um cara muito bom e não faço nada pelas costas dele, e não acho que a Dalma mereça uma traição... mas tem jeitos...
Ficou por isso, porque o marido dela interrompeu o momento, mas eu não sabia se minha interpretação da situação era a certa.
De noite, antes de dormir, contei pra Dalma o que rolou. Admito que, por mais que eu tivesse tesão na minha vizinha, eu não ia trair minha mulher. Ela me ouviu com atenção e, longe de ficar brava, disse que de certa forma sentia que o Dalcio também dava em cima dela na maciota.
Foi justamente meu vizinho quem daria o próximo passo, quando minha mulher veio me contar que eles tinham dividido o elevador, onde ele, sem rodeios, comentou o que a gente já tava imaginando: que eles eram swingers, e que, além disso, nós estávamos no radar, que tanto ela quanto eu éramos pessoas muito legais e que tínhamos uma boa química, mas claro, eles se responsabilizavam pelas ideias deles, e que tudo bem, que a gente ia ser só bons vizinhos.
Não demoraram pra nos convidar pra jantar. Já era comum entre a gente, de vez em quando nos encontrávamos, só que dessa vez já fomos com outras expectativas. A Dalma custou a aceitar ir, mas fiz ela ver que seria óbvio recusar depois do que rolou no elevador. E, pra ser sincero, nossos vizinhos eram gente boa pra caralho.
Tudo seguiu dentro da normalidade, inclusive, o fato da Dalma saber pelas minhas palavras o quanto eu era vidrado nas tetas da Margarita, e ainda saber que eles faziam troca de casais, me deixou comer ela com os olhos, enfiada num vestidinho azul claro que mostrava que ela não tava de sutiã, que só um pano fininho separava os bicos dela dos meus olhos.
Tudo começou a mudar depois do jantar, na sobremesa, com café no meio. Minha vizinha foi até o quarto e trouxe um jogo de tabuleiro. A tampa brilhante deixava ver o título "Verdades e mentiras do sexo", e em letras menores, "um jogo de casais".
Um jogo de corrida num tabuleiro, com dados e cartas de "verdades" e "mentiras", muito engenhoso, porque o segredo do jogo não era chegar primeiro, mas sim conhecer os gostos e fantasias de cada participante.
Obviamente, minha mulher faria dupla com meu vizinho, e a peituda da Margarita comigo, pra ninguém poder mentir, já que teria um rival que te conhecia como ninguém no time adversário.
O jogo esquentou pra caralho, demais, sem querer. Entre aquelas verdades e mentiras, todos os nossos segredos e gostos ficaram nus: oral, vaginal, anal, o que sim, o que não, privacidade, público, ménage e tudo que se possa imaginar, incluindo, claro, a troca de casais.
Lá pras duas da manhã, entre jogadas, bebidas e tesão, a Margarita já tava quase pelada do meu lado, e o Dalcio parecia que ia comer minha esposa a qualquer momento.
Foi a Dalma que, à beira do abismo, deu por encerrada a noitada. Já tinha sido suficiente e o assédio dos nossos vizinhos ficou pela metade.
Porém, já na nossa cama de casal, a gente conversou sobre o que rolou e transamos loucamente, sem freio, selvagem, como se liberasse a pressão acumulada até ali. Uns minutos antes
As coisas não demorariam pra acontecer. Eu e Dalma conversávamos muito sobre o que tava rolando, ela até me confessava que tava morrendo de vontade de dar pro Dalcio e já não sabia mais como evitar. Naquela noite, ela só tinha cortado o jogo pra não pular em cima dele na minha frente.
A gente tava de acordo em se permitir uma licença consentida, só tínhamos medo e insegurança de como seria o dia seguinte.
Era um domingo de manhã, Dalma tinha ido tomar um banho e eu tava num labirinto sem saída com uma apresentação que teria que fazer no dia seguinte no trampo. O assunto tava complicando, e pensei que minha vizinha resolveria num piscar de olhos. Podia ter batido na porta dela, mas preferi ligar no celular. E, coisa de cabeça de TI, não tivemos ideia melhor do que nos conectar por videochamada usando os LEDs como meio visual.
Lúcia apareceu suada, com uma legging roxa e um top branco onde os bicos dos peitos marcavam, deixando claro, mais uma vez, que não tava usando sutiã. Ela disse que tava fazendo um pouco de ginástica, e pra mim foi muito gostoso de ver. O marido dela tava no fundo, com uns papéis na mesa e uma xícara de café do lado. A gente se cumprimentou e comecei a explicar qual era meu problema.
Dalma tava alheia a tudo. Saiu do banho completamente pelada, com fones de ouvido escutando música, esfregando os cabelos molhados com uma toalha, virando o centro das atenções pros meus olhos, pros da minha vizinha e pros do meu vizinho.
Dalcio cravou os olhos na tela, e um silêncio constrangedor se instalou, até que Margarida quebrou o silêncio e reclamou:
— Pelo amor de Deus! Isso não é justo!!!!
Ela só pegou o top branco e levantou. Pela primeira vez, vi os peitos mais grandes, perfeitos e lindos que poderiam existir. Me levantei e só falei:
— Já tô indo pra sua casa, me abre a porta...
E minha mulher, depois do susto inicial, pareceu querer entrar no jogo. Uns poucos metros de corredor que separavam os dois apartamentos, Dalcio e eu nos cruzamos, ele estendeu a mão e, brincando, me disse:
— Que vença o melhor!
Só entrei no apartamento ao lado e ela estava lá, aqueles peitões enormes me esperavam, e Margarita exibia um sorriso como eu nunca tinha visto antes, mas ao mesmo tempo, um pouco mais atrás, na tela de LED, eu via que Dalcio já estava na minha casa e que Dalma, minha Dalma, o esperava completamente nua. A sensação de ver minha esposa com outro cara era, no mínimo, perturbadora.
Mas as cartas estavam lançadas. Minha vizinha e eu começamos a nos beijar loucamente, embriagados não só pelo sexo em si, mas também pelo que víamos do outro lado. Bastaram uns beijos profundos para eu agarrá-la com força pela cintura e puxá-la para cima de mim, de modo que os peitos dela ficassem na altura da minha cabeça. E eu só me perdi entre eles e me esqueci do resto do mundo. Eram perfeitos, e minhas mãos e meu rosto não eram suficientes para morrer naquele lugar. Margarita só gemia enquanto eu lambia os mamilos dela, perfeitos, simplesmente perfeitos.
E a gente tinha todos os segredos de todos os participantes; tínhamos jogado aquele jogo perverso. Então, eu só lambia e acariciava as tetas dela, ela não conseguiria evitar. Sentia a buceta dela se contrair inconscientemente. Minha vizinha me daria o primeiro orgasmo só de eu chupar os peitos dela.
— Me come, tô toda molhada...
Foram as palavras dela. Só a deitei, afastei a calcinha fio dental e meti.
A imagem na tela de LED chamou minha atenção. Dalma estava perdida, chupando a pica do meu vizinho, do mesmo jeito que eu tinha me perdido nas tetas da minha vizinha. E foi muito louco ver aquilo, porque eu nunca tinha imaginado ver minha mulher chupando a pica de outro cara que não fosse eu.
Dalma fez questão de olhar para a câmera, porque sabia que eu estava olhando. Ela chupava toda, ou passava a língua na glande, e quando ele começou a gozar na boca da minha amada, foi demais para aguentar. O líquido branco começou a... escorrendo pelos lábios e pela boca dela, tirei meu pau da buceta da Margarita, fui nos peitos dela e gozei com força, como há tempos não acontecia, e só sujei a pele dela, e ela ficou louca com aquilo, sabia que ela gostava e só fiquei acariciando eles, lambuzando aqueles peitos enormes que eram
Continuamos com os beijos, muito quentes, tirando um tempo pra recuperar o fôlego, e do outro lado, conforme a gente via na tela, acontecia a mesma coisa
Eu não conseguia parar de acariciar os peitos dela, meu leite já tinha secado e isso me parecia ainda mais sexy, eram os peitos mais perfeitos que poderiam existir, eu tava perdido nesse jogo quando Margarita pegou meu rosto e virou pra tela pra me dizer
Acho que eles tão se adiantando...
É que o Dalcio tava sendo montado pela minha mulher, ela tava dando pra ele de novo, e eu ainda não conseguia uma nova ereção apesar das carícias que minha vizinha me dava, eu agora só me concentrava em ver a bunda da minha mulher subindo e descendo, e notei que agora ele olhava pra câmera, era como se olhasse pra mim, e os gemidos da Dalma fizeram o fogo acender de novo entre minhas pernas, Margarita percebeu, e sabendo do que eu gostava e do que minha mulher não gostava, me disse
Agora você mete no meu cu, é o que você queria, né?
Margarita se ajeitou de quatro, bem provocante, mostrando a bunda direto pra câmera, sabia que era pra mim, mas no fundo era pra ele, pro Dalcio
Fui por trás com muita vontade, o assunto já tinha sido tocado no jogo, com a Dalma não dava pra falar de sexo anal e a última vez que eu tinha feito isso tinha sido há muito tempo, com uma namoradinha que eu tinha, antes de conhecer quem seria minha esposa
Enfiei bem gostoso, sem dificuldade, senti apertadinho, e me mexi com vontade, tentando como se fosse um ator pornô, fiz questão que nossos sexos ficassem bem evidentes pra que do outro lado não tivessem dúvida do que a gente tava fazendo
Minha vizinha bufava, me Me agarrava pelas panturrilhas e falava pra eu não parar de rebolar, e eu só meti bem gostoso, curtindo meu momento.
Tirei ele e, feito um chuveirinho, comecei a banhar a bunda dela, a buceta e o cu dilatado. Senti uma delícia e caí de lado, porque minhas pernas começaram a cãibrar.
Olhando pra tela, minha mulher, de novo, pela segunda vez, enchia a boca com os sucos do Dalcio. Olhei pra Margarita e falei:
"Ela não mentiu em nada quando a gente brincou, né? Como ela gosta de levar gozo na boca, bem putinha..."
Eu tava falando assim da minha mulher, mas é que ela parecia isso mesmo. Dalma tinha um fetiche especial por levar gozo na boca.
Naquela hora, eu já tinha terminado o jogo, meu pau não queria mais. Me limpei um pouco e me deitei no sofá, apoiando a cabeça nas pernas da Margarita. Só queria admirar os peitos dela, porque ainda tava pasmo e admirado. Os sons da tela chamaram minha atenção, e minha vizinha falou:
"Malditos... não se cansam..."
Meu vizinho tava indo pro terceiro round e minha esposa acompanhava de boa. Margarita falou de novo:
"Tem um pau bonito, né?"
E eu só fiquei olhando até o fim, onde, pela terceira vez, como já era de se esperar, ele gozou tudo na boca dela.
Tudo tinha acabado dos dois lados. A gente se trocou e se encontrou de novo no caminho, cada um pro seu apartamento. Dalcio, sorrindo, estendeu a mão e tentou ser chato, dizendo:
"Hoje eu ganhei, três a dois, né?"
Mas eu retruquei:
"Pode ser, mas eu meti no cu dela, e isso vale dobrado. Além disso... os peitos da sua mulher, amigo..."
A conversa parou por aí. Dalma já tava tomando banho. Não aguentei esperar. Me despi, entrei no chuveiro com ela, virei ela de frente pros azulejos e comi gostoso, bem animal, debaixo da água morna que nos molhava. Só parei quando enchi a buceta dela de porra, enquanto só falava coisas tipo:
"E aí? Matou a vontade de engolir porra, putinha barata?"
A experiência tinha nos deixado gostamos, e pensamos em repetir, mas nossos vizinhos nos disseram que não, eram as regras deles, só uma vez e pronto, a primeira vez é só sexo, mas na segunda, podem começar a surgir outros sentimentos que complicariam a relação
Aceitamos, continuamos sendo bons vizinhos, amigos pode-se dizer, embora eu ainda morresse pelas tetas da Margarita, soubemos aceitar o conselho
Pedimos que nos ensinassem um pouco mais sobre o mundo das trocas de casais, com certeza haveria outros horizontes para explorar, e por mais estranho que parecesse, a Dalma era a que estava mais excitada com o assunto, era como se ter estado com outro homem fizesse com que ela tivesse mais vontade de eu comer ela, e no meu caso, bom, talvez eu não quisesse sair por aí comendo como animais, talvez o meu fosse um desejo pessoal pelas tetas da minha vizinha, e talvez nisso eu visse um pouco o perigo de desviar sua atenção para uma terceira que não fosse a pessoa que você ama
E nosso livro de trocas se fecharia mais rápido do que imaginado, porque a viagem a trabalho para os Estados Unidos dos nossos vizinhos chegaria antes do planejado.
Lembro que fizemos um jantar de despedida em casa, onde falamos de tudo, do futuro que os esperava, mas também do passado que tínhamos vivido, o Dalcio me deixaria alguns contatos pessoais caso quiséssemos aprofundar nossos temas de trocas, mas depois da partida, era como se tivéssemos perdido nosso norte, nossos mentores
E depois de um tempo, eu e a Dalma fomos esfriando com esse assunto e preferimos guardar como uma lembrança gostosa
Na verdade, era estranho o silêncio do apartamento A, aqueles silêncios que às vezes até machucam os ouvidos, sentimos falta dos encontros casuais no elevador, de compartilhar conversas, da piscina na cobertura e, claro, das tetas mais espetaculares que já vi
Chegariam novos vizinhos, e um retorno à normalidade que a sociedade impõe
Só como fechamento da minha história, nunca conto pra minha mulher, mas toda vez que eu olho nos olhos dela, toda vez que beijo seus lábios, lembro da imagem da boca dela cheia de porra, da porra do meu vizinho, até parece que sinto o gosto dela nela e isso ferve meu sangue, me dá vontade de comer ela igual um bicho
Se você curtiu essa história, pode me escrever com o título INTERCÂMBIO VIRTUAL para dulces.placeres@live.com
Total libertad para comentar lo que quieran
Espero sean de vuestro agrado
http://www.poringa.net/posts/imagenes/5909834/Erotismo-en-B-N---01.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/5930158/Erotismo-en-B-N---02.html
http://www.poringa.net/posts/imagenes/5962854/Erotismo-en-B-N---03.html
INTERCAMBIO VIRTUAL
Esta situación sucedió unos años atrás, esas historias que te marcan y te dejan el recuerdo de por vida
En ese entonces, Dalma y yo llevábamos algunos años de pareja, casi como que aun estábamos conociendo y comprobando que las cosas funcionarían bien conviviendo entre cuatro paredes
Ella ya se había recibido de doctora y estaba haciendo un post grado de cirugía, amaba ese mundo y era un poco cómico porque yo veía una gota de sangre y me desmayaba
Yo iba por algo mas tranqui, lo mío era informática, me gustaba el tema de las pc, los celulares, pantallas, comunicaciones y todo ese mundo futuro de robótica que se nos venía encima
Venía un poco atrasado con mis estudios, puesto que trabajaba en una prestigiosa empresa y me consumía demasiado tiempo de mi jornada
Cuando decidimos mudarnos juntos, no nos llevó demasiado tiempo decidirnos por un lindo semipiso que daba al contrafrente, el departamento B de un octavo piso
Nos hubiera gustado el A, cuya vista acomodada daba al río, pero el valor mensual del B, que por dar a la ciudad era más económico, ya estaba por encima de nuestro presupuesto
Era un barrio bastante acomodado en un edificio bastante acomodado, no es que pretendiéramos ser más de lo que éramos, pero buscábamos algo que realmente nos gustara y poder arrancar con un tema menos de que quejarnos
Igual, nos quedaría un sabor amargo por no poder rentar el A, la vista que tenía era impagable
Así habíamos iniciado un camino de amor que no tendría retorno
En no mucho tiempo más, el departamento contiguo también sería alquilado, y llegarían nuestros nuevo vecinos, sentimos los ruidos de las mudanzas y todas esas cosas propias que se dan naturalmente
Al día siguiente, o a los dos días, no recuerdo bien, golpearían la puerta de nuestro departamento, era un poco tarde ya, Dalma se estaba duchando y yo esperaba mi turno después de un día agotador, eran nuestros vecinos que nos traían un presente como de bienvenida, querían presentarse y demás cosas, muy estilo americano, yo se los agradecí pero les dejé notar la hora, y lo inoportuno del momento, ellos comprendieron y dijeron que no habría problemas, tal vez otro momento
Lo gracioso de es que de ese primer encuentro, lo único que me quedaría grabado serían las enormes tetas de mi nueva vecina
Cuando Dalma vio el presente un poco se molesto conmigo, tal vez había sido descortés, pero bueno, contrapuntos que solo suceden en toda relación de pareja
El sábado por la tarde iríamos por la redención de mi torpe actitud, llevamos unas masas finas, golpeamos la puerta y nos invitaron a pasar cortésmente y llegarían los turnos de las presentaciones, sentados cerca del ventanal que daba a esa preciosa imagen que tanto nos había enloquecido, y por un tema de dinero, no había podido ser nuestra
Dalcio era un tipo delgado, poco musculado, de cabellos castaños, con algunas llamativas canas impropias de una persona que recién pasaba los treinta, parecía de buen carácter, esas personas que enseguida dan charla y es fácil amigarse, se notaba su lucir elegante, puesto que estando en su casa tenía ropa deportiva de marca y resaltaban unas zapatillas blancas impecables
Estaba en negocios de importación según dijo, tenía contactos en aduana y era puente a muchos trámites complicados y sin entender mucho de lo que hablaba, deduje que con eso hacía buena plata
Margarita, su esposa, como dije, solo se me iban los ojos en sus enormes tetas, que a esa altura me intrigaba saber si eran naturales o artificiales, puesto que se veían demasiado perfectas, era bastante petisa y retacona, con lo cual sus pechos resaltaban más todavía
Para mi suerte, Margarita era ingeniera en sistemas, y tuvimos una afinidad, un tema en común del que hablar, y noté que también había afinidad entre mi esposa y mi vecino
Hablamos mucho, nos comentaron que su estadía era por poco tiempo, estaban tramitando una visa de trabajo para Estados Unidos, y ya estaba todo muy avanzado
Es que Margarita, ya tenía un empleo casi asegurado en el país del norte, y no me extrañó, yo era bueno en lo que hacía, pero solo cruzar unas palabras con ella me hicieron ver que era una mente brillante, a años luz de mis conocimientos, y obviamente, sería un tesoro en bruto para las grandes corporaciones
Su esposo era quien un poco, gracias a sus contactos estaba acelerando todos los papeleos burocráticos
También nos fuimos un poco por el lado de nuestras historias, nuestras vidas y cuando el sol caía por el horizonte, nos dimos cuenta que había sido suficiente por un día
Y solo siguieron los cruces habituales entre vecinos, a veces cruzando en el ascensor, a veces en la piscina de la terraza, a veces horas en la casa de ellos, a veces en la nuestra y era un poco compartir vida e ir conociéndonos un poco mas
En especial, coincidir la profesión con mi vecina, me llevaba en oportunidades a intercambios de ideas sobre algún tema en común, de nuestra trabajo, pero en verdad, a Margarita no podía mirarla a los ojos, era como que la vista me pesaba y caía inexorablemente a sus pechos que nunca pasaban desapercibidos, usando escotes más que sugerentes, creo que ella siempre lo sabía y jugaba ese juego para beneficio propio
Mi madre siempre decía que a los vecinos había que tenerlos ahí, como vecinos, no demasiado lejos como para ignorarlos, ni demasiado cerca como para que se malentendieran la cosas, y comprendería que Dalcio y Margarita estaban demasiado cerca, más de lo imaginado
En alguna que otra ocasión, nos dejaron saber que eran 'modernos', 'mente abierta' y que se amaban tanto que incluso podrían animarse a experimentar aventuras consensuadas por fuera de la pareja, sin que eso significase un inconveniente
Dalma y yo, a veces conversábamos a solas todo lo que estaba pasando, sin saber si solo nosotros fabulábamos o ellos, nos estaban haciendo propuestas que fingíamos no comprender
Cuando nos cruzábamos por casualidad, Margarita tocaba el tema muy sutilmente de lo linda y apetecible que se veía mi mujer para cualquier hombre y lo afortunado que era en tenerla, cuando esa casualidad se daba con Dalcio, por el contrario, él me hablaba de su mujer, que le hablaba mucho de mi, como agrandando mi ego, y era un poco raro, porque me sentía como que me la estaba ofreciendo en bandeja de plata
Pero lo más raro, era cuando le comentaba estas cosas a mi mujer, porque Dalma tenía la misma percepción que yo tenía pero de su parte, cuando ella se cruzaba con el vecino, él le hablaba muy bien de mi, y cuando ellas se cruzaban, Margarita solo ensalzaba a Dalcio, de lo bueno que era en la cama y lo bien que lo hacía
Assim as coisas iam e vinham, e em pouco tempo se criou uma atmosfera sugestivamente sexual. Lembro que uma vez, a gente tinha se encontrado na piscina da cobertura, nós quatro, e os peitos da Margarita num top amarelo fluorescente pareciam que iam explodir, e era impossível não olhar, mesmo que disfarçado porque o marido dela e a minha esposa estavam ali. Ela, de novo, me pegou feito um adolescente punheteiro com meu desejo lascivo.
Me senti um idiota, mas assim que tivemos a primeira chance de privacidade, ela sussurrou discretamente:
— Sergio, Sergio, você devia tentar não ser tão óbvio.
— Do que você tá falando? — respondi, tentando esconder minhas pegadas.
Minha vizinha estufou o peito exultante, como se precisasse, e completou:
— Delas...
Me senti um merda pela burrice da minha situação, aí ela completou:
— Podem ser suas, mas não do jeito que você imagina. Meu marido é um cara muito bom e não faço nada pelas costas dele, e não acho que a Dalma mereça uma traição... mas tem jeitos...
Ficou por isso, porque o marido dela interrompeu o momento, mas eu não sabia se minha interpretação da situação era a certa.
De noite, antes de dormir, contei pra Dalma o que rolou. Admito que, por mais que eu tivesse tesão na minha vizinha, eu não ia trair minha mulher. Ela me ouviu com atenção e, longe de ficar brava, disse que de certa forma sentia que o Dalcio também dava em cima dela na maciota.
Foi justamente meu vizinho quem daria o próximo passo, quando minha mulher veio me contar que eles tinham dividido o elevador, onde ele, sem rodeios, comentou o que a gente já tava imaginando: que eles eram swingers, e que, além disso, nós estávamos no radar, que tanto ela quanto eu éramos pessoas muito legais e que tínhamos uma boa química, mas claro, eles se responsabilizavam pelas ideias deles, e que tudo bem, que a gente ia ser só bons vizinhos.
Não demoraram pra nos convidar pra jantar. Já era comum entre a gente, de vez em quando nos encontrávamos, só que dessa vez já fomos com outras expectativas. A Dalma custou a aceitar ir, mas fiz ela ver que seria óbvio recusar depois do que rolou no elevador. E, pra ser sincero, nossos vizinhos eram gente boa pra caralho.
Tudo seguiu dentro da normalidade, inclusive, o fato da Dalma saber pelas minhas palavras o quanto eu era vidrado nas tetas da Margarita, e ainda saber que eles faziam troca de casais, me deixou comer ela com os olhos, enfiada num vestidinho azul claro que mostrava que ela não tava de sutiã, que só um pano fininho separava os bicos dela dos meus olhos.
Tudo começou a mudar depois do jantar, na sobremesa, com café no meio. Minha vizinha foi até o quarto e trouxe um jogo de tabuleiro. A tampa brilhante deixava ver o título "Verdades e mentiras do sexo", e em letras menores, "um jogo de casais".
Um jogo de corrida num tabuleiro, com dados e cartas de "verdades" e "mentiras", muito engenhoso, porque o segredo do jogo não era chegar primeiro, mas sim conhecer os gostos e fantasias de cada participante.
Obviamente, minha mulher faria dupla com meu vizinho, e a peituda da Margarita comigo, pra ninguém poder mentir, já que teria um rival que te conhecia como ninguém no time adversário.
O jogo esquentou pra caralho, demais, sem querer. Entre aquelas verdades e mentiras, todos os nossos segredos e gostos ficaram nus: oral, vaginal, anal, o que sim, o que não, privacidade, público, ménage e tudo que se possa imaginar, incluindo, claro, a troca de casais.
Lá pras duas da manhã, entre jogadas, bebidas e tesão, a Margarita já tava quase pelada do meu lado, e o Dalcio parecia que ia comer minha esposa a qualquer momento.
Foi a Dalma que, à beira do abismo, deu por encerrada a noitada. Já tinha sido suficiente e o assédio dos nossos vizinhos ficou pela metade.
Porém, já na nossa cama de casal, a gente conversou sobre o que rolou e transamos loucamente, sem freio, selvagem, como se liberasse a pressão acumulada até ali. Uns minutos antes
As coisas não demorariam pra acontecer. Eu e Dalma conversávamos muito sobre o que tava rolando, ela até me confessava que tava morrendo de vontade de dar pro Dalcio e já não sabia mais como evitar. Naquela noite, ela só tinha cortado o jogo pra não pular em cima dele na minha frente.
A gente tava de acordo em se permitir uma licença consentida, só tínhamos medo e insegurança de como seria o dia seguinte.
Era um domingo de manhã, Dalma tinha ido tomar um banho e eu tava num labirinto sem saída com uma apresentação que teria que fazer no dia seguinte no trampo. O assunto tava complicando, e pensei que minha vizinha resolveria num piscar de olhos. Podia ter batido na porta dela, mas preferi ligar no celular. E, coisa de cabeça de TI, não tivemos ideia melhor do que nos conectar por videochamada usando os LEDs como meio visual.
Lúcia apareceu suada, com uma legging roxa e um top branco onde os bicos dos peitos marcavam, deixando claro, mais uma vez, que não tava usando sutiã. Ela disse que tava fazendo um pouco de ginástica, e pra mim foi muito gostoso de ver. O marido dela tava no fundo, com uns papéis na mesa e uma xícara de café do lado. A gente se cumprimentou e comecei a explicar qual era meu problema.
Dalma tava alheia a tudo. Saiu do banho completamente pelada, com fones de ouvido escutando música, esfregando os cabelos molhados com uma toalha, virando o centro das atenções pros meus olhos, pros da minha vizinha e pros do meu vizinho.
Dalcio cravou os olhos na tela, e um silêncio constrangedor se instalou, até que Margarida quebrou o silêncio e reclamou:
— Pelo amor de Deus! Isso não é justo!!!!
Ela só pegou o top branco e levantou. Pela primeira vez, vi os peitos mais grandes, perfeitos e lindos que poderiam existir. Me levantei e só falei:
— Já tô indo pra sua casa, me abre a porta...
E minha mulher, depois do susto inicial, pareceu querer entrar no jogo. Uns poucos metros de corredor que separavam os dois apartamentos, Dalcio e eu nos cruzamos, ele estendeu a mão e, brincando, me disse:
— Que vença o melhor!
Só entrei no apartamento ao lado e ela estava lá, aqueles peitões enormes me esperavam, e Margarita exibia um sorriso como eu nunca tinha visto antes, mas ao mesmo tempo, um pouco mais atrás, na tela de LED, eu via que Dalcio já estava na minha casa e que Dalma, minha Dalma, o esperava completamente nua. A sensação de ver minha esposa com outro cara era, no mínimo, perturbadora.
Mas as cartas estavam lançadas. Minha vizinha e eu começamos a nos beijar loucamente, embriagados não só pelo sexo em si, mas também pelo que víamos do outro lado. Bastaram uns beijos profundos para eu agarrá-la com força pela cintura e puxá-la para cima de mim, de modo que os peitos dela ficassem na altura da minha cabeça. E eu só me perdi entre eles e me esqueci do resto do mundo. Eram perfeitos, e minhas mãos e meu rosto não eram suficientes para morrer naquele lugar. Margarita só gemia enquanto eu lambia os mamilos dela, perfeitos, simplesmente perfeitos.
E a gente tinha todos os segredos de todos os participantes; tínhamos jogado aquele jogo perverso. Então, eu só lambia e acariciava as tetas dela, ela não conseguiria evitar. Sentia a buceta dela se contrair inconscientemente. Minha vizinha me daria o primeiro orgasmo só de eu chupar os peitos dela.
— Me come, tô toda molhada...
Foram as palavras dela. Só a deitei, afastei a calcinha fio dental e meti.
A imagem na tela de LED chamou minha atenção. Dalma estava perdida, chupando a pica do meu vizinho, do mesmo jeito que eu tinha me perdido nas tetas da minha vizinha. E foi muito louco ver aquilo, porque eu nunca tinha imaginado ver minha mulher chupando a pica de outro cara que não fosse eu.
Dalma fez questão de olhar para a câmera, porque sabia que eu estava olhando. Ela chupava toda, ou passava a língua na glande, e quando ele começou a gozar na boca da minha amada, foi demais para aguentar. O líquido branco começou a... escorrendo pelos lábios e pela boca dela, tirei meu pau da buceta da Margarita, fui nos peitos dela e gozei com força, como há tempos não acontecia, e só sujei a pele dela, e ela ficou louca com aquilo, sabia que ela gostava e só fiquei acariciando eles, lambuzando aqueles peitos enormes que eram
Continuamos com os beijos, muito quentes, tirando um tempo pra recuperar o fôlego, e do outro lado, conforme a gente via na tela, acontecia a mesma coisa
Eu não conseguia parar de acariciar os peitos dela, meu leite já tinha secado e isso me parecia ainda mais sexy, eram os peitos mais perfeitos que poderiam existir, eu tava perdido nesse jogo quando Margarita pegou meu rosto e virou pra tela pra me dizer
Acho que eles tão se adiantando...
É que o Dalcio tava sendo montado pela minha mulher, ela tava dando pra ele de novo, e eu ainda não conseguia uma nova ereção apesar das carícias que minha vizinha me dava, eu agora só me concentrava em ver a bunda da minha mulher subindo e descendo, e notei que agora ele olhava pra câmera, era como se olhasse pra mim, e os gemidos da Dalma fizeram o fogo acender de novo entre minhas pernas, Margarita percebeu, e sabendo do que eu gostava e do que minha mulher não gostava, me disse
Agora você mete no meu cu, é o que você queria, né?
Margarita se ajeitou de quatro, bem provocante, mostrando a bunda direto pra câmera, sabia que era pra mim, mas no fundo era pra ele, pro Dalcio
Fui por trás com muita vontade, o assunto já tinha sido tocado no jogo, com a Dalma não dava pra falar de sexo anal e a última vez que eu tinha feito isso tinha sido há muito tempo, com uma namoradinha que eu tinha, antes de conhecer quem seria minha esposa
Enfiei bem gostoso, sem dificuldade, senti apertadinho, e me mexi com vontade, tentando como se fosse um ator pornô, fiz questão que nossos sexos ficassem bem evidentes pra que do outro lado não tivessem dúvida do que a gente tava fazendo
Minha vizinha bufava, me Me agarrava pelas panturrilhas e falava pra eu não parar de rebolar, e eu só meti bem gostoso, curtindo meu momento.
Tirei ele e, feito um chuveirinho, comecei a banhar a bunda dela, a buceta e o cu dilatado. Senti uma delícia e caí de lado, porque minhas pernas começaram a cãibrar.
Olhando pra tela, minha mulher, de novo, pela segunda vez, enchia a boca com os sucos do Dalcio. Olhei pra Margarita e falei:
"Ela não mentiu em nada quando a gente brincou, né? Como ela gosta de levar gozo na boca, bem putinha..."
Eu tava falando assim da minha mulher, mas é que ela parecia isso mesmo. Dalma tinha um fetiche especial por levar gozo na boca.
Naquela hora, eu já tinha terminado o jogo, meu pau não queria mais. Me limpei um pouco e me deitei no sofá, apoiando a cabeça nas pernas da Margarita. Só queria admirar os peitos dela, porque ainda tava pasmo e admirado. Os sons da tela chamaram minha atenção, e minha vizinha falou:
"Malditos... não se cansam..."
Meu vizinho tava indo pro terceiro round e minha esposa acompanhava de boa. Margarita falou de novo:
"Tem um pau bonito, né?"
E eu só fiquei olhando até o fim, onde, pela terceira vez, como já era de se esperar, ele gozou tudo na boca dela.
Tudo tinha acabado dos dois lados. A gente se trocou e se encontrou de novo no caminho, cada um pro seu apartamento. Dalcio, sorrindo, estendeu a mão e tentou ser chato, dizendo:
"Hoje eu ganhei, três a dois, né?"
Mas eu retruquei:
"Pode ser, mas eu meti no cu dela, e isso vale dobrado. Além disso... os peitos da sua mulher, amigo..."
A conversa parou por aí. Dalma já tava tomando banho. Não aguentei esperar. Me despi, entrei no chuveiro com ela, virei ela de frente pros azulejos e comi gostoso, bem animal, debaixo da água morna que nos molhava. Só parei quando enchi a buceta dela de porra, enquanto só falava coisas tipo:
"E aí? Matou a vontade de engolir porra, putinha barata?"
A experiência tinha nos deixado gostamos, e pensamos em repetir, mas nossos vizinhos nos disseram que não, eram as regras deles, só uma vez e pronto, a primeira vez é só sexo, mas na segunda, podem começar a surgir outros sentimentos que complicariam a relação
Aceitamos, continuamos sendo bons vizinhos, amigos pode-se dizer, embora eu ainda morresse pelas tetas da Margarita, soubemos aceitar o conselho
Pedimos que nos ensinassem um pouco mais sobre o mundo das trocas de casais, com certeza haveria outros horizontes para explorar, e por mais estranho que parecesse, a Dalma era a que estava mais excitada com o assunto, era como se ter estado com outro homem fizesse com que ela tivesse mais vontade de eu comer ela, e no meu caso, bom, talvez eu não quisesse sair por aí comendo como animais, talvez o meu fosse um desejo pessoal pelas tetas da minha vizinha, e talvez nisso eu visse um pouco o perigo de desviar sua atenção para uma terceira que não fosse a pessoa que você ama
E nosso livro de trocas se fecharia mais rápido do que imaginado, porque a viagem a trabalho para os Estados Unidos dos nossos vizinhos chegaria antes do planejado.
Lembro que fizemos um jantar de despedida em casa, onde falamos de tudo, do futuro que os esperava, mas também do passado que tínhamos vivido, o Dalcio me deixaria alguns contatos pessoais caso quiséssemos aprofundar nossos temas de trocas, mas depois da partida, era como se tivéssemos perdido nosso norte, nossos mentores
E depois de um tempo, eu e a Dalma fomos esfriando com esse assunto e preferimos guardar como uma lembrança gostosa
Na verdade, era estranho o silêncio do apartamento A, aqueles silêncios que às vezes até machucam os ouvidos, sentimos falta dos encontros casuais no elevador, de compartilhar conversas, da piscina na cobertura e, claro, das tetas mais espetaculares que já vi
Chegariam novos vizinhos, e um retorno à normalidade que a sociedade impõe
Só como fechamento da minha história, nunca conto pra minha mulher, mas toda vez que eu olho nos olhos dela, toda vez que beijo seus lábios, lembro da imagem da boca dela cheia de porra, da porra do meu vizinho, até parece que sinto o gosto dela nela e isso ferve meu sangue, me dá vontade de comer ela igual um bicho
Se você curtiu essa história, pode me escrever com o título INTERCÂMBIO VIRTUAL para dulces.placeres@live.com
1 comentários - Intercâmbio virtual