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Como siempre, podes escribirnos a dulces.placeres@live.com, te leemos
Gracias por los puntos y comentarios
SALVAR MI MATRIMONIO
Marcos y yo nos habíamos conocido desde muy pequeños, compañeros de curso en los estudios primarios, en una modesta escuela de barrio
Eran esos días donde aun los niños van por un lado y las niñas por el otro, donde no se habla de noviazgo, y a nadie le gusta nadie, puesto que asumir algo así era objeto de burlas y cargadas de todo el entorno, pero a pesar de todo eso, siempre había existido buena onda entre nosotros, y siempre me había sentido bien a su lado, y la única que sabía de mi amor oculto era mi mamá, a quien yo le contaba todo
Eran conversaciones de mujeres, cuando ella lavaba los platos del almuerzo y yo los secaba, lejos de los oídos de papá y de mis hermanos, ella se reía y me acariciaba los cabellos y siempre me decía cómplice
Ana Laura, veo que te gusta ese chico, pero aun tienes mucho que aprender de la vida
La pasábamos bien, siempre me miraba a la distancia y yo le devolvía con vergüenza esa mirada, con sonrojo, con inocencia. Éramos alumnos del montón, ni mejores ni peores, solo ambos destacábamos en educación física, éramos buenos para eso, un don natural, un punto en común, él era líder nato de su equipo de futbol y al mismo tiempo yo también lo era en el de vóley, los deportes de esos días
El comienzo de los estudios secundarios supuso escribir una nueva historia, caminos separados, y un adiós a ese primer amor platónico y comenzar a vivir la vida de adolescencia, pasaron cinco años sin saber de él, y, es más, ya lo había olvidado
Cuando comencé mis estudios terciarios como profesora de educación física, entre tantos nuevos compañeros, estaba él, también empezaba la misma carrera, y a ninguno de los dos nos resultó extraño
Lo reconocí de inmediato, ahora era un hombre, alto, musculoso, viril, con algunos tatuajes y el cabello más oscuro de lo que lo recordaba, pero su mirada dulce y su sonrisa cómplice permanecían inalterables
El también me reconoció, se quedó como impresionado y solo tiró
Guau! Ana Laura! que cambiada estás...
No pude evitar reírme, puesto que era demasiado evidente como él me miraba con descaro las tetas
En poco tiempo nos pusimos a noviar, ambos veníamos de algunas historias previas, pero nada formal, y perder la virginidad con el chico que siempre te gusto, y que él también lo hiciera por primera vez contigo es algo que no se da muy a menudo
Fuimos felices y poco a poco empezamos a imaginar nuestra vida juntos
Marcos había caído muy bien en mi familia, en especial a mamá, su cómplice, quien solía ridiculizarme contándole mis charlas secretas de la niñes
Yo también me sentí muy bien en su entorno familiar todo parecía ser la historia de final perfecto de las películas
La llegada inesperada de Thiago, nuestro pequeño, adelantó los planes y en un abrir y cerrar de ojos la familia estaba conformada
En los primeros dos años, me dediqué a ser madre, Marcos trabajaba a doble turno en un club conocido de la ciudad, tenía a su cargo varias divisiones de fútbol infantil y también daba clases como instructor de tenis, amaba lo que hacía
En esos días, surgió una vacante para el puesto de profesora de vóley y él inmediatamente pensó en mi, Thiago era único nieto, único sobrino por ambas familias así 'que se peleaban' por mal criarlo
Me hice del ambiente del club y en poco tiempo tomaría también algunas horas como profesora de natación
Todo era perfecto, hacíamos el amor como salvajes, con pasión, arrancándonos las prendas una a una, cogíamos cuando podíamos, como podíamos, donde podíamos, era muy feliz, por cierto, todo mi mundo era mejor de lo soñado
En unos años más teníamos muchos amigos y conocidos mutuos, Maira, en especial, colega de natación, quien se hiciera mi amiga íntima y confidente, y Fernando, el colega preferido de mi marido, un muchacho muy guapo, por cierto
No lo vimos venir, pero en seis años las cosas habían cambiado, demasiado, lento, pero sin pausa, las costumbres, las rutinas, y ya no hacíamos el amor como alguna vez lo habíamos hecho, nuestro arcoíris solo tenía tonos de grises y leer un libro en la cama era mejor partido que tener sexo con mi marido
Nos transformamos en extraños bajo el mismo techo, tal vez así era la vida de matrimonio, tal vez así es como todos la vivían, pero yo no quería terminar mis días como lo pasaban mis padres, compañeros, si, pero cada uno en su mundo
Marcos era consiente del bajón por el cual estábamos pasando, hicimos terapia de pareja pero nada parecía funcionar, y el fin de la historia parecía inevitable
Me dolía, y como me dolía, si él era ese chico que siempre me había gustado, desde niños, el objeto inalcanzable, y ahora que lo tenía en mis manos, pues ya no se sentía cómodo tenerlo
Marcos, como buen hombre, podía separar sus mundos y dejar dentro de casa lo que correspondía a dentro de casa, pero yo no, como toda mujer, todo se mezclaba con todo y los problemas me perseguían donde quiera que yo fuese
Maira notaría que yo no estaba bien, lo hablamos una y otra vez, y resultó ser mejor terapeuta que nuestra terapeuta, ella me decía que el ser humando no era monógamo por definición, y la tradición de la familia te llevaba a auto castrarte para reprimir tus impulsos animales, era lógico que pasara lo que pasaba, por eso, ella siempre tenía amores de una noche
Sus palabras me abrieron los ojos, me dijo que buscara esa excitación perdida en otros hombres, esa mística que ya no existía, claro, mi esposo tenía que ser parte, incluso yo debía permitirle que él también tuviera ojos para otra, y en algún punto pregunté
Espera Maira, deixa eu ver se entendi, em resumo, você tá dizendo que a gente tem que abrir o relacionamento? É isso?
Correto, - sentenciou ela - vocês precisam fazer algo pra afogar a monotonia, ou a monotonia vai afogar vocês.
E não sei se foram todas as palavras dela, ou meus impulsos reprimidos, ou uma situação que não dava mais pra aguentar, ou uma mistura de tudo, mas comecei a olhar pro Fernando com olhos de mulher. Sempre tinha reparado nele pela beleza masculina, mas nunca tinha olhado com desejo.
Comecei a tocar no assunto bem por cima com o Marcos, não podia errar, não podia simplesmente estragar tudo. Talvez ele ficasse chateado, mas ele viu com bons olhos minhas intenções. Contei sobre a Maira, o que ela me dizia, até me animei a sugerir que o Fernando era um cara que me chamava atenção, com o risco de armar uma discussão sem precedentes.
Marcos me olhou intrigado, aquela intriga de casal, os olhos dele grudados nos meus. Então ele me pegou com as duas mãos pelos lados da cabeça, segurando firme e me dizendo quase num sussurro:
Ana Laura, me diz a verdade, quando fazemos amor, nas poucas vezes que fazemos, no que você pensa? Que rosto seus olhos veem?
Não podia ser tão crua e responder o que ele já sabia, só baixei o olhar desviando do dele e com isso ele já não precisou que eu dissesse nada. Então continuou falando enquanto me largava e ia se servir uma taça de vinho:
Não fica mal, pra ser honesto, muitas vezes a gente fala de você com o Fernando, já sabe, coisas de homem.
Coisas de homem? - repliquei intrigada - não entendo a que você se refere...
Já sabe, sexo, e sobre nosso distanciamento. Ele sempre olha pra você mesmo sem você saber e me diz que se eu não fosse amigo dele já teria te comido, e que se você fosse a esposa dele ele não pararia de te comer nunca...
Ele tomou um gole e senti um calor entre as minhas pernas como há muito tempo não sentia. Me lubriquei automaticamente, Deus...
No fim de semana seguinte, estávamos os três em casa, Fernando, Marcos e eu, vestidos a rigor. Eles de terno, eu com um vestido justo de festa e salto alto. A ideia era jantar à luz de velas, com música suave e um vinho saboroso. Seria só conversa, ou talvez não, e teríamos pela frente algumas horas quentes, de papos, indiretas, diretas, e onde senti que, como já aconteceu antes, estava toda excitada, uma putinha sedenta por paus, e aqueles homens com certeza já vinham aguentando ereções doloridas há tempos.
E tudo foi perfeito até o momento. Só aconteceu de Fernando e eu dançarmos suavemente, ele me agarrou pela bunda e tentou enfiar a língua na minha boca. E foi quando quase estraguei tudo. Não dava, simplesmente não dava. A educação de uma vida inteira não me permitia.
Marcos veio ao meu lado, me acariciou e disse que estava tudo bem, que não precisava fazer nada por obrigação. Me beijou e me senti protegida em seus braços. Então Fernando deu alguns passos para trás e ficou observando em silêncio enquanto Marcos e eu nos beijávamos com paixão.
A situação inesperada deu uma ideia ao meu marido. "Já volto", disse, e se ausentou por alguns minutos, tempo suficiente para que um silêncio constrangedor surgisse entre meu suposto amante e eu.
Ele voltou com um lenço de seda nas mãos e me disse:
"Talvez... se eu vendasse seus olhos, e Fernando prometesse só observar... não sei, poderia ser divertido..."
Não sei como deixei me convencer. O certo é que, em minutos, ele amarrou aquele lenço atrás da minha cabeça e de repente me senti cega. Deixei-me guiar até o quarto e me deitei na nossa cama, sem esquecer que um estranho observava das sombras.
O amplo lenço de seda envolvendo minha cabeça, cobrindo meus olhos, me dá a intimidade que preciso ter. Me liberta das minhas amarras e me permite ser eu mesma. É verdade, é uma ilusão. Eu me iludo, porque, apesar de estar com meu marido na cama, sei que Fernando está por perto, expectante, observando, e ele não deixa de ser um estranho.
Mas já não importa. Isso vai ficar entre quatro paredes e será uma experiência que vai turbinar minha vida. de casal O perfume da seda invade minhas narinas e me presenteia com uma onda de prazer Marcos, meu marido, me beija na boca e acaricia minhas nádegas de um jeito muito gostoso, me traz de volta à realidade e me coloca no jogo, respondo aos seus beijos, eles têm um sabor delicioso, quente, doce, e eu me perco em êxtase, e aos poucos vamos tirando as roupas um do outro Minhas nádegas nuas são o destino das palmas de suas mãos, esfrego meus seios contra seu peito e meus mamilos têm uma necessidade lancinante de serem mimados Fazer amor com Marcos é como sempre, mas diferente, porque um terceiro observa escondido, não entendo como pude chegar tão longe, é loucura, é insano As mãos do meu marido finalmente chegam aos meus seios, seus beijos mordem meus lábios e minha resposta é ir direto ao seu pau, está duro, eu o acaricio, esfrego na minha vulva, desejo ele, desejo ele dentro, tudo, completo, me sinto molhada, quente, já não me importo com mais nada, tiro minha calcinha rapidamente, a última barreira, e imploro a Marcos que faça o mesmo com sua cueca, sei que estão me olhando, e me excita ser observada Subo em cima do meu marido, para cavalgá-lo, ele gosta quando faço isso e além disso imagino que minhas nádegas ficam à vista do nosso observador secreto, pego o pau do Marcos com minha mão direita e o posiciono para sentar placidamente sobre ele, fazendo com que minha buceta se encha de amor, movo meus quadris como as ondas do mar, mordo meus lábios para abafar meus gemidos e acaricio meus seios, beliscando os mamilos, meu clitóris raspa uma e outra vez no púbis do meu amado, e sinto seus dedos invadirem minha boca, gosto de chupá-los, para que depois ele os enfie na minha bunda, ele sempre faz esse jogo maldito e perverso. Meus pensamentos vão para Fernando, o que ele estará fazendo? estará se masturbando? gostará do que vê? gemo um pouco mais alto, confesso que estou um pouco atuando, os homens não são capazes de perceber a diferença e ficam excitados quando uma mulher age como uma puta Marcos Ele para um pouco a brincadeira e percebo que algo estranho acontece no quarto, são segundos, são instantes, mas umas mãos estranhas se apoiam na minha bunda, e não são as do Marcos, porque as do Marcos estão brincando agora nos meus peitos, obviamente Fernando pretende se juntar à brincadeira, não era o combinado, um calafrio percorre todo o meu corpo, eu paraliso, estou no momento exato para abortar tudo, para mandá-los para o inferno, para me mostrar como uma mulher decente, mas a tentação do proibido é grande demais, e além disso, me sinto viva como há muito tempo não me sentia...
Ai! Ai! Ai! Dói... devagar por favor... não consigo, não consigo com tanto...
O pau do nosso convidado vai entrando aos poucos por trás, e mal consigo balbuciar entre o prazer de ter dois paus dentro, meus buracos foram feitos para serem preenchidos e lá estou eu como recheio de sanduíche, a vida toda chamando de putas as mulheres que faziam essas coisas e agora, agora eu me encontrava como uma das tantas que costumava julgar
Mas que diabos, eu gosto, assumo que gosto, um marido, um amante, dois paus, quatro mãos, duas bocas para beijar
Continuo com o lenço de seda cobrindo minha visão e é melhor assim, porque não consigo com essa loucura que me embriaga e me envolve, estou naufragando sem remédio entre dois homens, dois paus são demais, na verdade são demais para a minha sexualidade, mas talvez nunca mais se repita
O atrito no meu clitóris é implacável, um pau me enche pela frente, outro por trás, e sinto que vou gozar, umas mãos nos meus peitos, outros dedos nos meus lábios, outra mão puxando meus cabelos
Aiii! Aaaaaah! Aaah! Ai!
Minhas pernas se contraem involuntariamente no ritmo da minha pelve em um imenso e interminável orgasmo, infinito, uma atrás da outra chegam minhas ondas de prazer, em um êxtase que parece não ter fim
Marcos não aguenta tanto, sei que ele fica muito excitado quando chego ao meu clímax e simplesmente goza dentro de mim, sinto o pau dele pulsar e explodir lá profundo, me agarro nele, beijo com força e sinto o suspiro do orgasmo dele na minha boca, mas não consigo parar de pensar no Fernando, que como uma criança com um brinquedo novo continua arrombando meu cu à vontade
Mudo as cartas, embaralho e distribuo de novo, eles decidem, eu só obedeço na minha cegueira autoimposta, tem movimentos no colchão da cama, fico atenta, de repente, alguém me agarra pelas panturrilhas e me puxa com força fazendo com que eu caia de bruços inevitavelmente, não entendo o jogo, ainda tem sustos, até que vem a calmaria
Minha mão esquerda encontra uma coxa masculina de um lado, apalpo com a direita e sinto a mesma coisa do outro lado, entendo, meu alvo está na frente, no meio dessas pernas que me cercam, um pau duro está me esperando, busco com meus dedos e encontro, a centímetros do meu rosto, então descrevo na minha mente graças ao meu tato, acho toda depilada, por completo, saco, púbis, tudo, é estranho, é diferente e sei que meu marido nunca se depila
Brinco com minhas mãos, com carícias, gosto, descubro a cabeça até o limite do impossível, puxando o prepúcio bem pra baixo, até doer o freio, uma tortura que é uma delícia e percebo o suspiro contido do meu amante da vez, aproximo meu nariz, preciso sentir o cheiro de homem dele, e com tudo isso me pergunto o que estará fazendo agora meu marido, assistindo? só isso? era o que ele queria? me excita imaginar e sinto ficar molhada, de novo
Agora estico minha língua e percorro esse pau desde as bolas até a ponta da cabeça, bem gulosa, uma e outra vez, amo chupar picas e agora tenho a de alguém que não conheço diante dos olhos do meu marido
Repito o jogo, uma e outra vez, beijo ela, passo meus lábios quentes por ela, enfio a cabeça dentro da minha boca, aos meus ouvidos chega a respiração ofegante e excitada dele, me deixa com tesão, como me deixa com tesão, e se eles não me pararem eu não vou parar, vou continuar nessa tortura eterna até chegar ao final
Uma mão estranha acaricia meus cabelos, me deixando saber que estou indo bem, sigo o jogo, mordo meus lábios, esfrego-os na base daquela glande esponjosa num beijo eterno, sinto uma contração na minha mão que pressagia o fim, suspiro excitada, parece explotar, umas gotas com sabor diferente chegam à minha língua e o aroma inconfundível de sêmen quente chega ao meu nariz, um pouco mais, uma passada de língua a mais, agora já não é só minha saliva, agora tenho gosto de homem na minha boca, meu Deus, que delícia! ele goza mais e mais, eu só continuo com meu trabalho, mal deixo passar uma porção pela minha garganta, para não me privar do prazer, mas a maioria só deixo escorrer, pelo tronco, pela minha mão, pelas bolas dele, mais e mais, e no fundo, sei que meu marido está olhando e tudo é loucura
Hora de embaralhar as cartas pela segunda vez, volta o terremoto de movimentos sobre o colchão e eu não sei o que fazer, só me deixo levar.
Como antes me obrigaram a me deitar, agora me fazem ficar de quatro, me fazem empinar a bunda e me dão palmadas, embora só sinta que estou com um homem e adivinhe que esse homem não é meu marido.
Me pegam pela nuca e me obrigam a descer, mais e mais até que meu rosto cai de lado sobre os lençóis, está tudo molhado, minha bochecha direita apoiada sente um líquido viscoso sobre ela, e pelas minhas narinas entra o inconfundível cheiro de sêmen, é evidente que estou sobre a porra que meu amante acabou de derramar
Mas não tenho tempo para pensar demais, uma pica gostosa me penetra com força e sinto minha buceta encher completamente, lambuzada com os fluidos que meu marido deixou e com os meus próprios
Fernando me fala, me diz que sou muito gostosa e me empurra mais e mais sobre seu próprio sêmen, me diz para fazer meu trabalho, como deve ser, e seu pau me faz sentir que sou mesmo uma puta, e mais ainda imaginando como meu marido está curtindo
Me balanço para trás e para frente, lentamente, fazendo com que seu sexo entre por completo e saia por completo do meu interior, é glorioso, ainda sinto o cheiro gostoso do gozo dele chegando no meu nariz como o melhor dos perfumes, acaricio meus seios, acaricio meu clitóris, e meus gemidos começam a abafar o volume de suas palavras sujas, não acredito, sinto que vou chegar lá, nunca tinha tido um orgasmo nessa posição, mas a situação me supera.
Os dedos do meu amante afundam nas minhas nádegas, continuo me mexendo, o pau dele fica glorioso, estou chegando, estou conseguindo, e eu também, em uníssono, os dois ao mesmo tempo
Aaaaaa!!!! isso!!!! que delícia!!! me fode!!! quero seu pau duro!!!!
Ele me enche de gozo e minhas palavras me condenam a um prazer infinito, esquecendo que Marcos está presente e simplesmente me perco no meu próprio inferno
Depois daquela noite, o encontro com ele não se repetiria, mas por algum tempo Marcos e eu recuperamos a faísca perdida e sentimos que um terceiro havia salvado nosso casamento.
Fernando foi um verdadeiro cavalheiro, pela amizade com meu marido e pelo respeito a uma mulher, tudo o que aconteceu naquela noite morreu naquela noite, eles continuam colegas de trabalho e em nossos encontros casuais no clube apenas em nossos olhares cúmplices ainda vive o que vivemos.
Somos felizes, um casamento aberto, sem segredos, sem traições, com novos planos, com novos objetivos, e sei que agora é a vez dele, outra mulher? certamente, o tempo dirá...
Se você gostou dessa história pode me escrever com o título SALVAR MEU CASAMENTO para dulces.placeres@live.com
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Marcos y yo nos habíamos conocido desde muy pequeños, compañeros de curso en los estudios primarios, en una modesta escuela de barrio
Eran esos días donde aun los niños van por un lado y las niñas por el otro, donde no se habla de noviazgo, y a nadie le gusta nadie, puesto que asumir algo así era objeto de burlas y cargadas de todo el entorno, pero a pesar de todo eso, siempre había existido buena onda entre nosotros, y siempre me había sentido bien a su lado, y la única que sabía de mi amor oculto era mi mamá, a quien yo le contaba todo
Eran conversaciones de mujeres, cuando ella lavaba los platos del almuerzo y yo los secaba, lejos de los oídos de papá y de mis hermanos, ella se reía y me acariciaba los cabellos y siempre me decía cómplice
Ana Laura, veo que te gusta ese chico, pero aun tienes mucho que aprender de la vida
La pasábamos bien, siempre me miraba a la distancia y yo le devolvía con vergüenza esa mirada, con sonrojo, con inocencia. Éramos alumnos del montón, ni mejores ni peores, solo ambos destacábamos en educación física, éramos buenos para eso, un don natural, un punto en común, él era líder nato de su equipo de futbol y al mismo tiempo yo también lo era en el de vóley, los deportes de esos días
El comienzo de los estudios secundarios supuso escribir una nueva historia, caminos separados, y un adiós a ese primer amor platónico y comenzar a vivir la vida de adolescencia, pasaron cinco años sin saber de él, y, es más, ya lo había olvidado
Cuando comencé mis estudios terciarios como profesora de educación física, entre tantos nuevos compañeros, estaba él, también empezaba la misma carrera, y a ninguno de los dos nos resultó extraño
Lo reconocí de inmediato, ahora era un hombre, alto, musculoso, viril, con algunos tatuajes y el cabello más oscuro de lo que lo recordaba, pero su mirada dulce y su sonrisa cómplice permanecían inalterables
El también me reconoció, se quedó como impresionado y solo tiró
Guau! Ana Laura! que cambiada estás...
No pude evitar reírme, puesto que era demasiado evidente como él me miraba con descaro las tetas
En poco tiempo nos pusimos a noviar, ambos veníamos de algunas historias previas, pero nada formal, y perder la virginidad con el chico que siempre te gusto, y que él también lo hiciera por primera vez contigo es algo que no se da muy a menudo
Fuimos felices y poco a poco empezamos a imaginar nuestra vida juntos
Marcos había caído muy bien en mi familia, en especial a mamá, su cómplice, quien solía ridiculizarme contándole mis charlas secretas de la niñes
Yo también me sentí muy bien en su entorno familiar todo parecía ser la historia de final perfecto de las películas
La llegada inesperada de Thiago, nuestro pequeño, adelantó los planes y en un abrir y cerrar de ojos la familia estaba conformada
En los primeros dos años, me dediqué a ser madre, Marcos trabajaba a doble turno en un club conocido de la ciudad, tenía a su cargo varias divisiones de fútbol infantil y también daba clases como instructor de tenis, amaba lo que hacía
En esos días, surgió una vacante para el puesto de profesora de vóley y él inmediatamente pensó en mi, Thiago era único nieto, único sobrino por ambas familias así 'que se peleaban' por mal criarlo
Me hice del ambiente del club y en poco tiempo tomaría también algunas horas como profesora de natación
Todo era perfecto, hacíamos el amor como salvajes, con pasión, arrancándonos las prendas una a una, cogíamos cuando podíamos, como podíamos, donde podíamos, era muy feliz, por cierto, todo mi mundo era mejor de lo soñado
En unos años más teníamos muchos amigos y conocidos mutuos, Maira, en especial, colega de natación, quien se hiciera mi amiga íntima y confidente, y Fernando, el colega preferido de mi marido, un muchacho muy guapo, por cierto
No lo vimos venir, pero en seis años las cosas habían cambiado, demasiado, lento, pero sin pausa, las costumbres, las rutinas, y ya no hacíamos el amor como alguna vez lo habíamos hecho, nuestro arcoíris solo tenía tonos de grises y leer un libro en la cama era mejor partido que tener sexo con mi marido
Nos transformamos en extraños bajo el mismo techo, tal vez así era la vida de matrimonio, tal vez así es como todos la vivían, pero yo no quería terminar mis días como lo pasaban mis padres, compañeros, si, pero cada uno en su mundo
Marcos era consiente del bajón por el cual estábamos pasando, hicimos terapia de pareja pero nada parecía funcionar, y el fin de la historia parecía inevitable
Me dolía, y como me dolía, si él era ese chico que siempre me había gustado, desde niños, el objeto inalcanzable, y ahora que lo tenía en mis manos, pues ya no se sentía cómodo tenerlo
Marcos, como buen hombre, podía separar sus mundos y dejar dentro de casa lo que correspondía a dentro de casa, pero yo no, como toda mujer, todo se mezclaba con todo y los problemas me perseguían donde quiera que yo fuese
Maira notaría que yo no estaba bien, lo hablamos una y otra vez, y resultó ser mejor terapeuta que nuestra terapeuta, ella me decía que el ser humando no era monógamo por definición, y la tradición de la familia te llevaba a auto castrarte para reprimir tus impulsos animales, era lógico que pasara lo que pasaba, por eso, ella siempre tenía amores de una noche
Sus palabras me abrieron los ojos, me dijo que buscara esa excitación perdida en otros hombres, esa mística que ya no existía, claro, mi esposo tenía que ser parte, incluso yo debía permitirle que él también tuviera ojos para otra, y en algún punto pregunté
Espera Maira, deixa eu ver se entendi, em resumo, você tá dizendo que a gente tem que abrir o relacionamento? É isso?
Correto, - sentenciou ela - vocês precisam fazer algo pra afogar a monotonia, ou a monotonia vai afogar vocês.
E não sei se foram todas as palavras dela, ou meus impulsos reprimidos, ou uma situação que não dava mais pra aguentar, ou uma mistura de tudo, mas comecei a olhar pro Fernando com olhos de mulher. Sempre tinha reparado nele pela beleza masculina, mas nunca tinha olhado com desejo.
Comecei a tocar no assunto bem por cima com o Marcos, não podia errar, não podia simplesmente estragar tudo. Talvez ele ficasse chateado, mas ele viu com bons olhos minhas intenções. Contei sobre a Maira, o que ela me dizia, até me animei a sugerir que o Fernando era um cara que me chamava atenção, com o risco de armar uma discussão sem precedentes.
Marcos me olhou intrigado, aquela intriga de casal, os olhos dele grudados nos meus. Então ele me pegou com as duas mãos pelos lados da cabeça, segurando firme e me dizendo quase num sussurro:
Ana Laura, me diz a verdade, quando fazemos amor, nas poucas vezes que fazemos, no que você pensa? Que rosto seus olhos veem?
Não podia ser tão crua e responder o que ele já sabia, só baixei o olhar desviando do dele e com isso ele já não precisou que eu dissesse nada. Então continuou falando enquanto me largava e ia se servir uma taça de vinho:
Não fica mal, pra ser honesto, muitas vezes a gente fala de você com o Fernando, já sabe, coisas de homem.
Coisas de homem? - repliquei intrigada - não entendo a que você se refere...
Já sabe, sexo, e sobre nosso distanciamento. Ele sempre olha pra você mesmo sem você saber e me diz que se eu não fosse amigo dele já teria te comido, e que se você fosse a esposa dele ele não pararia de te comer nunca...
Ele tomou um gole e senti um calor entre as minhas pernas como há muito tempo não sentia. Me lubriquei automaticamente, Deus...
No fim de semana seguinte, estávamos os três em casa, Fernando, Marcos e eu, vestidos a rigor. Eles de terno, eu com um vestido justo de festa e salto alto. A ideia era jantar à luz de velas, com música suave e um vinho saboroso. Seria só conversa, ou talvez não, e teríamos pela frente algumas horas quentes, de papos, indiretas, diretas, e onde senti que, como já aconteceu antes, estava toda excitada, uma putinha sedenta por paus, e aqueles homens com certeza já vinham aguentando ereções doloridas há tempos.E tudo foi perfeito até o momento. Só aconteceu de Fernando e eu dançarmos suavemente, ele me agarrou pela bunda e tentou enfiar a língua na minha boca. E foi quando quase estraguei tudo. Não dava, simplesmente não dava. A educação de uma vida inteira não me permitia.
Marcos veio ao meu lado, me acariciou e disse que estava tudo bem, que não precisava fazer nada por obrigação. Me beijou e me senti protegida em seus braços. Então Fernando deu alguns passos para trás e ficou observando em silêncio enquanto Marcos e eu nos beijávamos com paixão.
A situação inesperada deu uma ideia ao meu marido. "Já volto", disse, e se ausentou por alguns minutos, tempo suficiente para que um silêncio constrangedor surgisse entre meu suposto amante e eu.
Ele voltou com um lenço de seda nas mãos e me disse:
"Talvez... se eu vendasse seus olhos, e Fernando prometesse só observar... não sei, poderia ser divertido..."
Não sei como deixei me convencer. O certo é que, em minutos, ele amarrou aquele lenço atrás da minha cabeça e de repente me senti cega. Deixei-me guiar até o quarto e me deitei na nossa cama, sem esquecer que um estranho observava das sombras.
O amplo lenço de seda envolvendo minha cabeça, cobrindo meus olhos, me dá a intimidade que preciso ter. Me liberta das minhas amarras e me permite ser eu mesma. É verdade, é uma ilusão. Eu me iludo, porque, apesar de estar com meu marido na cama, sei que Fernando está por perto, expectante, observando, e ele não deixa de ser um estranho.
Mas já não importa. Isso vai ficar entre quatro paredes e será uma experiência que vai turbinar minha vida. de casal O perfume da seda invade minhas narinas e me presenteia com uma onda de prazer Marcos, meu marido, me beija na boca e acaricia minhas nádegas de um jeito muito gostoso, me traz de volta à realidade e me coloca no jogo, respondo aos seus beijos, eles têm um sabor delicioso, quente, doce, e eu me perco em êxtase, e aos poucos vamos tirando as roupas um do outro Minhas nádegas nuas são o destino das palmas de suas mãos, esfrego meus seios contra seu peito e meus mamilos têm uma necessidade lancinante de serem mimados Fazer amor com Marcos é como sempre, mas diferente, porque um terceiro observa escondido, não entendo como pude chegar tão longe, é loucura, é insano As mãos do meu marido finalmente chegam aos meus seios, seus beijos mordem meus lábios e minha resposta é ir direto ao seu pau, está duro, eu o acaricio, esfrego na minha vulva, desejo ele, desejo ele dentro, tudo, completo, me sinto molhada, quente, já não me importo com mais nada, tiro minha calcinha rapidamente, a última barreira, e imploro a Marcos que faça o mesmo com sua cueca, sei que estão me olhando, e me excita ser observada Subo em cima do meu marido, para cavalgá-lo, ele gosta quando faço isso e além disso imagino que minhas nádegas ficam à vista do nosso observador secreto, pego o pau do Marcos com minha mão direita e o posiciono para sentar placidamente sobre ele, fazendo com que minha buceta se encha de amor, movo meus quadris como as ondas do mar, mordo meus lábios para abafar meus gemidos e acaricio meus seios, beliscando os mamilos, meu clitóris raspa uma e outra vez no púbis do meu amado, e sinto seus dedos invadirem minha boca, gosto de chupá-los, para que depois ele os enfie na minha bunda, ele sempre faz esse jogo maldito e perverso. Meus pensamentos vão para Fernando, o que ele estará fazendo? estará se masturbando? gostará do que vê? gemo um pouco mais alto, confesso que estou um pouco atuando, os homens não são capazes de perceber a diferença e ficam excitados quando uma mulher age como uma puta Marcos Ele para um pouco a brincadeira e percebo que algo estranho acontece no quarto, são segundos, são instantes, mas umas mãos estranhas se apoiam na minha bunda, e não são as do Marcos, porque as do Marcos estão brincando agora nos meus peitos, obviamente Fernando pretende se juntar à brincadeira, não era o combinado, um calafrio percorre todo o meu corpo, eu paraliso, estou no momento exato para abortar tudo, para mandá-los para o inferno, para me mostrar como uma mulher decente, mas a tentação do proibido é grande demais, e além disso, me sinto viva como há muito tempo não me sentia...
Ai! Ai! Ai! Dói... devagar por favor... não consigo, não consigo com tanto...
O pau do nosso convidado vai entrando aos poucos por trás, e mal consigo balbuciar entre o prazer de ter dois paus dentro, meus buracos foram feitos para serem preenchidos e lá estou eu como recheio de sanduíche, a vida toda chamando de putas as mulheres que faziam essas coisas e agora, agora eu me encontrava como uma das tantas que costumava julgar
Mas que diabos, eu gosto, assumo que gosto, um marido, um amante, dois paus, quatro mãos, duas bocas para beijar
Continuo com o lenço de seda cobrindo minha visão e é melhor assim, porque não consigo com essa loucura que me embriaga e me envolve, estou naufragando sem remédio entre dois homens, dois paus são demais, na verdade são demais para a minha sexualidade, mas talvez nunca mais se repita
O atrito no meu clitóris é implacável, um pau me enche pela frente, outro por trás, e sinto que vou gozar, umas mãos nos meus peitos, outros dedos nos meus lábios, outra mão puxando meus cabelos
Aiii! Aaaaaah! Aaah! Ai!
Minhas pernas se contraem involuntariamente no ritmo da minha pelve em um imenso e interminável orgasmo, infinito, uma atrás da outra chegam minhas ondas de prazer, em um êxtase que parece não ter fim
Marcos não aguenta tanto, sei que ele fica muito excitado quando chego ao meu clímax e simplesmente goza dentro de mim, sinto o pau dele pulsar e explodir lá profundo, me agarro nele, beijo com força e sinto o suspiro do orgasmo dele na minha boca, mas não consigo parar de pensar no Fernando, que como uma criança com um brinquedo novo continua arrombando meu cu à vontade
Mudo as cartas, embaralho e distribuo de novo, eles decidem, eu só obedeço na minha cegueira autoimposta, tem movimentos no colchão da cama, fico atenta, de repente, alguém me agarra pelas panturrilhas e me puxa com força fazendo com que eu caia de bruços inevitavelmente, não entendo o jogo, ainda tem sustos, até que vem a calmaria
Minha mão esquerda encontra uma coxa masculina de um lado, apalpo com a direita e sinto a mesma coisa do outro lado, entendo, meu alvo está na frente, no meio dessas pernas que me cercam, um pau duro está me esperando, busco com meus dedos e encontro, a centímetros do meu rosto, então descrevo na minha mente graças ao meu tato, acho toda depilada, por completo, saco, púbis, tudo, é estranho, é diferente e sei que meu marido nunca se depila
Brinco com minhas mãos, com carícias, gosto, descubro a cabeça até o limite do impossível, puxando o prepúcio bem pra baixo, até doer o freio, uma tortura que é uma delícia e percebo o suspiro contido do meu amante da vez, aproximo meu nariz, preciso sentir o cheiro de homem dele, e com tudo isso me pergunto o que estará fazendo agora meu marido, assistindo? só isso? era o que ele queria? me excita imaginar e sinto ficar molhada, de novo
Agora estico minha língua e percorro esse pau desde as bolas até a ponta da cabeça, bem gulosa, uma e outra vez, amo chupar picas e agora tenho a de alguém que não conheço diante dos olhos do meu marido
Repito o jogo, uma e outra vez, beijo ela, passo meus lábios quentes por ela, enfio a cabeça dentro da minha boca, aos meus ouvidos chega a respiração ofegante e excitada dele, me deixa com tesão, como me deixa com tesão, e se eles não me pararem eu não vou parar, vou continuar nessa tortura eterna até chegar ao final
Uma mão estranha acaricia meus cabelos, me deixando saber que estou indo bem, sigo o jogo, mordo meus lábios, esfrego-os na base daquela glande esponjosa num beijo eterno, sinto uma contração na minha mão que pressagia o fim, suspiro excitada, parece explotar, umas gotas com sabor diferente chegam à minha língua e o aroma inconfundível de sêmen quente chega ao meu nariz, um pouco mais, uma passada de língua a mais, agora já não é só minha saliva, agora tenho gosto de homem na minha boca, meu Deus, que delícia! ele goza mais e mais, eu só continuo com meu trabalho, mal deixo passar uma porção pela minha garganta, para não me privar do prazer, mas a maioria só deixo escorrer, pelo tronco, pela minha mão, pelas bolas dele, mais e mais, e no fundo, sei que meu marido está olhando e tudo é loucura
Hora de embaralhar as cartas pela segunda vez, volta o terremoto de movimentos sobre o colchão e eu não sei o que fazer, só me deixo levar.
Como antes me obrigaram a me deitar, agora me fazem ficar de quatro, me fazem empinar a bunda e me dão palmadas, embora só sinta que estou com um homem e adivinhe que esse homem não é meu marido.
Me pegam pela nuca e me obrigam a descer, mais e mais até que meu rosto cai de lado sobre os lençóis, está tudo molhado, minha bochecha direita apoiada sente um líquido viscoso sobre ela, e pelas minhas narinas entra o inconfundível cheiro de sêmen, é evidente que estou sobre a porra que meu amante acabou de derramar
Mas não tenho tempo para pensar demais, uma pica gostosa me penetra com força e sinto minha buceta encher completamente, lambuzada com os fluidos que meu marido deixou e com os meus próprios
Fernando me fala, me diz que sou muito gostosa e me empurra mais e mais sobre seu próprio sêmen, me diz para fazer meu trabalho, como deve ser, e seu pau me faz sentir que sou mesmo uma puta, e mais ainda imaginando como meu marido está curtindo
Me balanço para trás e para frente, lentamente, fazendo com que seu sexo entre por completo e saia por completo do meu interior, é glorioso, ainda sinto o cheiro gostoso do gozo dele chegando no meu nariz como o melhor dos perfumes, acaricio meus seios, acaricio meu clitóris, e meus gemidos começam a abafar o volume de suas palavras sujas, não acredito, sinto que vou chegar lá, nunca tinha tido um orgasmo nessa posição, mas a situação me supera.
Os dedos do meu amante afundam nas minhas nádegas, continuo me mexendo, o pau dele fica glorioso, estou chegando, estou conseguindo, e eu também, em uníssono, os dois ao mesmo tempo
Aaaaaa!!!! isso!!!! que delícia!!! me fode!!! quero seu pau duro!!!!
Ele me enche de gozo e minhas palavras me condenam a um prazer infinito, esquecendo que Marcos está presente e simplesmente me perco no meu próprio inferno
Depois daquela noite, o encontro com ele não se repetiria, mas por algum tempo Marcos e eu recuperamos a faísca perdida e sentimos que um terceiro havia salvado nosso casamento.
Fernando foi um verdadeiro cavalheiro, pela amizade com meu marido e pelo respeito a uma mulher, tudo o que aconteceu naquela noite morreu naquela noite, eles continuam colegas de trabalho e em nossos encontros casuais no clube apenas em nossos olhares cúmplices ainda vive o que vivemos.
Somos felizes, um casamento aberto, sem segredos, sem traições, com novos planos, com novos objetivos, e sei que agora é a vez dele, outra mulher? certamente, o tempo dirá...
Se você gostou dessa história pode me escrever com o título SALVAR MEU CASAMENTO para dulces.placeres@live.com
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