Dar o gostinho

Primero, todas las entregas de los mejores post


http://www.poringa.net/posts/imagenes/4084661/Mi-amada-esposa---parte-1-de-3-.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4389002/Mi-amada-esposa---parte-2-de-3-.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4436535/Mi-amada-esposa---parte-3-de-3.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4802856/Mi-amada-esposa-parte-4.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4802863/Mi-amada-esposa---parte-5.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4868469/Mi-amada-esposa---parte-6.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4896522/Mi-amada-esposa---parte-7.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4905961/Mi-amada-esposa---parte-8.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4915721/Mi-amada-esposa---parte-9.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4956318/Mi-amada-esposa---parte-10.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4965835/Mi-amada-esposa---parte-11.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4974651/Mi-amada-esposa---parte-12.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4985411/Mi-amada-esposa---parte-13.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4991203/Mi-amada-esposa---parte-14.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/5001091/Mi-amada-esposa---parte-15.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/5030636/Mi-amada-esposa---parte-16.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/5156341/Mi-amada-esposa---parte-17.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/5160465/Mi-amada-esposa---parte-18.html

Como siempre, podes escribirnos a dulces.placeres@live.com, te leemos

Gracias por los puntos y comentarios



DARSE EL GUSTO


Mi bisabuelo había sido el famoso comisario del pueblo, tiempo atrás, de hecho, a un lado, en la entrada a la comisaría puede verse un busto en su memoria, lo veo cada día, cuando llego, cuando me voy.
Eran otros tiempos, tiempos cuando los problemas más grandes eran el robo de una gallina entre vecinos, o un pleito entre ebrios en la taberna del pueblo.
Pero las cosas habían cambiado, el pueblo ya era una ciudad enorme, y las tonteras del pasado se habían transformado en robos de coches, asalto a mano armada, problemas de apuestas ilegales, drogas y un sin número de actividades delictivas de esta sociedad decadente en la que estamos inmersos

Mi abuelo había sido policía, mi padre también, algunos tíos y como un tema de herencia, me encontré con el uniforme defendiendo a la justicia.
Me hubiera encantado andar en el fango, en la acción, en la calle, cara a cara con los delincuentes de turno, pero claro, era mujer, la primera en la familia que estaba en la policía y mi padre se encargó personalmente de que yo me mantuviera anclada a un escritorio, en tareas administrativas y rutinarias, y movió sus contactos para que 'la nena' viviera segura. Podía entender sus temores, uno de sus hermanos, había sido abatido en un enfrentamiento en un robo callejero. También era cierto que mi sueldo de oficina era el doble de lo que me hubiera correspondido en la calle.
Así mi figura de mujer policía era un tanto de puras apariencias, a pesar de portar arma reglamentaria, chaleco, esposas y macana, solo eran accesorios para una imagen que distaba de ser real.

Mi empleo consiste más que nada en hacer trámites de papeleos burocráticos, tomar alguna que otra denuncia, manejar un poco la interna del despacho y cuidar de los que están guardados a la sombra por portarse mal.
Justamente, en general teníamos tras las rejas a ladroncitos de medio pelo, de poca monta, esos que están por unos días para escarmentar, los inofensivos que no pueden ser trasladados a cárceles complicadas donde serían de inmediato carne de cañón para sus casuales compañeros

Y era inevitable que ese roce del día a día trajera alguna que otra relación de amistad y se mezclaran las cosas.
Carlos Villalba era uno de los tantos, paraguayo de origen se ganaba la vida en Argentina como albañil. Era un flaco espigado, con unos cabellos llamativos, duros como alambre, con una tonada muy particular, un bonachón tirando a tonto.
Carlos tenía muy pegada una mala costumbre, era su manía de robar pavadas de las casas en las que estaba trabajando, un vuelto de dinero, algún objeto que le resultara llamativo, cosas por el estilo, que siempre le costaban unos días de visita por la comisaría, miles de veces le había explicado que lo que él podía ganar por algo que no era suyo, no compensaba el tiempo que no podía trabajar por estar detenido, pero él jamás entendería lo que trataba de explicarle, para él era solo un juego

Carlos estaba solo, su esposa lo había abandonado y en algún punto creí entender que él disfrutaba de estar tras las rejas, al menos tenía compañía, alguien que le llevarla la charla y parecía feliz en nuestro entorno. Compartíamos muchas horas y me apegué al él, más por lástima que por otra cosa, lo ponía a cebar mates, por cierto, los mejores mates que he tomado en mi vida y a veces lo mandaba a hacer alguna pavada, a la panadería, a la granja, o algún recado, sabiendo que el siempre volvía.
Mis compañeros tomaban a bromas la relación que se hacía más y más notoria entre una uniformada y un recluso de medio pelo, sin embargo, mi padre me advirtió que estaba equivocando mi camino, pero hay veces que las cosas solo suceden.

Y de esa relación entre presos y guardianes terminamos en un enredo que nos llevó a la cama, una rara situación, como amigos con derechos porque estaba más que claro que nunca habría convivencia entre nosotros, pero si teníamos la libertad como para solo juntarnos a coger, no había proyectos, había solo sexo, no había amor, había solo placer, no había un mañana, había solo vivir el momento
Carlos y yo éramos solo amantes de ocasión, por fuera de su trabajo de albañil y su defecto de quedarse con lo ajeno, era un buen tipo, complaciente y simpaticón.

Y las cosas estaban tan claras en la cama como en nuestras vidas, acostumbrados a que yo era la cara de la autoridad en la comisaría, la que impartía las órdenes y hacía todo a mi voluntad, como un espejo, lo mismo sucedía en la cama, yo era la voz de mando, la que elegía, la que dominaba y Carlos solo era complaciente conmigo.
Dejé caer mis más oscuros deseos castrados de andar imponiendo la ley en la calle a esa cama de intimidad, las esposas, el arma, el uniforme y la macana los llevé a ese ámbito
Carlos me dejó hacerlo y jugábamos que yo lo sorprendía delinquiendo, simulábamos un arresto, una pelea y siempre terminaba doblegándolo, usaba las esposas para arrestarlo, y hasta la macana para apalearlo.
Era inevitable, en esas situaciones de poder y dominio me encendía, me calentaba demasiado y mi rol dominante era el disparador de terribles orgasmos y ante la permisividad de mi sumiso albañil todo era posible


Dar o gostinhoE dei rédea solta às minhas fantasias, não sei o motivo, mas imaginar o Carlos num menage com outro homem me excitava demais, só de pensar já me acendia toda e comecei a sugerir. Ele me chamava de louca, dizia que eu era uma degenerada, mas sabia que eu era boa em insistir e usei minhas melhores armas pra transformar 'minha' fantasia em 'nossa' fantasia.

Lembro que da primeira vez eu tava montando nele bem gostosa, semi-vestida, ou semi-nua, ainda tava com a gorra de lado e as botas de cano alto, algo que o Carlos adorava. Peguei o cacetete que tinha usado pra dar uns tapas nele pra esquentar o clima e tive a ideia de chupar ele um pouco como se fosse outra pica. Ele me olhava em silêncio, então me inclinei um pouco e enfiei na boca dele, mandei ele fazer, um preso tinha que cumprir as ordens da penitenciária e queria ver ele lambendo aquilo, me deixou muito molhada. Às vezes eu chupava, às vezes ele chupava.

Aí comprei uma pica de brinquedo num sex shop, bem realista, cor de pele, com uma cabeça que parecia muito bem feita, precisava testar, e notei que o Carlos lambeu ela com muito tesão, foi muito verdadeiro e entendi que ele tava cedendo aos meus desejos aos poucos, e entendo que a forma como eu gozava vendo aquele espetáculo também deixava ele excitado.

Só precisava dar mais um passo, continuar avançando na conquista, porque a gente conversava muito e eu falava uma e outra vez pra ele realizar minha fantasia de ver ele chupando outra pica, e até queria que ele levasse no cu, e meu amigo paraguaio respondia com silêncios, mas com a pica dura explodindo em orgasmos incríveis.

Me enfiei nesse mundo bizarro que me excitava tanto e tinha o paraguaio, como meu ratinho de laboratório à disposição.

Não hesitei na minha próxima compra de sex shop, um arreio ajustável pra montar uma pica enorme, e só precisava esperar a oportunidade pra usar.

Fazia um tempo que não tinha notícias do meu pedreiro, até que ele apareceu pra visitar. Amanheceu como qualquer outro dia, só que ele era assim, quase como se a polícia já fosse a família dele, e todo mundo cumprimentava com sorrisos inocentes quando ele tava na boa, e metiam ele na cadeia quando aprontava alguma das dele.
E naquela manhã, ele tinha um brilho especial nos olhos, igual aqueles meninos que fizeram uma travessura e não aguentam a vontade de contar pra alguém.
Ele esperou o momento em que ninguém tivesse prestando atenção na gente, pegou uma das minhas mãos e colocou nela um colar com um diamante enorme, bem fino, bem delicado, bem caro.

Perguntei onde ele tinha roubado aquilo, porque na vida dele não teria grana pra pagar, e ele só disse que era um presente pra mim, que não importava de onde tinha tirado, e eu soube na hora que dessa vez o erro dele tinha sido grande demais. Guardei o colar depressa pra ninguém mais ver, não dava pra continuar discutindo com ele naquele lugar, era como falar com a parede, e algum dos meus colegas ia perceber logo. Falei que a gente se encontrava de noite, ele já sabia onde, na minha casa, como sempre. Recomendei que ele fosse cuidadoso.

Aquela noite não seria igual às outras. Deixei o colar em cima da mesa principal, não conseguia tirar os olhos dele, e a simples presença daquilo na minha casa já me deixava nervosa. Fui tomar um banho, saí, me vesti sexy e esperei ele chegar.

Carlos chegou com a inocência de sempre, era tão burro que me dava raiva, não entendia o problema em que tinha me metido, mas no fim das contas, eu não conseguia ficar brava com ele.
Ele me disse de novo que era pra mim, que com certeza ia ficar lindo em mim, e eu simplesmente não resisti.

Fui na frente do espelho grande, prendi o cabelo com as mãos e deixei ele ajustar o colar no meu pescoço por trás. Aquilo me pareceu coisa de outro mundo, e eu vi em mim a imagem de alguém que nunca seria, jamais teria um nível financeiro tão alto pra poder ter aquilo de forma legal, mas que se dane, pelo menos por uma noite eu podia brincar, podia merecer.

Mas Carlos era um ladrão, e Tinha que pagar por aquilo. A gente se beijou, se apalpou, ele queria me comer, mas eu não ia deixar, pelo menos não tão fácil. Eu era a lei. A gente se cruzou e foi tropeçando até o quarto, se enroscando nas próprias roupas. O pau dele tava duro, meus peitos famintos debaixo do sutiã, minha buceta encharcada de desejo. No fim, ele me empurrou na cama, se jogou em cima de mim, mas consegui desviar, tipo um jogo erótico de briga, de ladrão e polícia. Ele me pegou por uma das pernas e me arrastou pro lado dele, quis me apalpar, mas empurrei ele com um dos pés, apoiando com força na barriga dele. Rolei pro lado da cama, ele veio atrás de mim e me arrastou pelo colchão, quase me puxando pelos cabelos. Não dava pra competir de igual com ele, ele era homem, então usei minhas melhores armas: o papel de vítima. Falei que ele tinha me machucado, que tinha torcido meu braço. Assim que ele afrouxou e se preocupou comigo, num piscar de olhos, ele se viu com uma algema no pulso direito, presa do outro lado na grade da cama.

Foi uma jogada de xadrez, mas Carlos tava na minha mão.

Deixei claro que as coisas iam ser do meu jeito. Fui pegar meu novo cinto de arnês, aquele que ainda tava pra estrear, e fiquei olhando ele de canto enquanto colocava entre minhas pernas e ajustava o brinquedão que tinha comprado pra ele.

Mandei ele ficar de quatro. Ele não queria, mas dei uns tapas na bunda e falei pra não me irritar, porque as consequências iam ser piores.

Quando ele ficou na posição, me enchi os olhos com as curvas dele. Passei a mão no pau dele, masturbei ele com uma mão, enquanto com a outra acariciava o cu dele. Enfiei um dedinho e depois passei lubrificante. A excitação tomava conta de mim. Eu ia fazer aquilo. Finalmente ia fazer.

Meu paraguaio me implorava pra parar, mas eu tinha o diabo no sangue. Eu tava gostando. Apoiei a ponta do brinquedo no cu dele, empurrei um pouco, mais um pouco, mas ele escapou pro lado. E escapou de novo na segunda tentativa. enquanto aos meus ouvidos chegavam os pedidos de clemência do meu prisioneiro.

No final, acertando o centro perfeito, o brinquedo foi desaparecendo lentamente da minha vista, centímetro por centímetro, até fazer tope nos intestinos dele quando ainda faltava um pedaço pra enfiar.

Comecei a me mexer, metendo e tirando, devagar, mais rápido, e a pressão que aquele arnês de couro fazia no meu clitóris me animava a continuar.

Carlos berrava do outro lado, em gemidos que não conseguia segurar, de vez em quando tirava o brinquedo do rabo dele e me enchia a vista com o esfíncter todo dilatado, coitado do Carlos! tentava fechar sem sucesso, e eu só enfiava de novo pra arrancar outro grito, finalmente de algum jeito conseguia entender o que um homem sentia na minha posição, e só continuei e continuei, mais e mais, até ter um orgasmo lindo, só com a fricção que tinha na minha buceta.

Soltou a algema que prendia ele no espaldar da cama, porque o pulso dele tava ficando roxo de tanto se debater.

Deitei no lugar dele e mandei ele montar em mim, enfiando de novo a pica por trás. Era muito gostoso ver aquele homem se movendo só porque eu mandava, ele só se contentava em acariciar meus peitos e eu masturbava ele devagar, a pica dele tava dura e eu adorava fazer isso.

De repente, o semen quente dele espirrou no meu baixo ventre, no meu umbigo, na minha mão, até que Carlos caiu exausto e me beijou fundo.

A gente continuou transando mais um pouco do jeito tradicional, mas pra mim, o melhor já tinha passado.

O despertador tocou antes do amanhecer, Carlos precisava ir, a escuridão seria nossa aliada e a gente tinha que manter o baixo perfil, fui no banheiro, me olhei no espelho e acariciei com saudade aquele colar antes de tirar do meu pescoço. Dei pra Carlos, fiz ele jurar que devolveria, e não deixei ele ir até ter o juramento dele, mas minha surpresa foi enorme quando percebi depois que ele foi embora, o colar delicado continuava imóvel, descansando no mesmo espaldar da A cama onde antes eu o havia algemado
Esse moleque não tinha dois dedos de testa e ia errar de novo, em alguns dias iam fazer na minha cara a denúncia do roubo e pouco depois ele chegaria algemado, e eu senti pena dele e medo de mim.
O pedreiro tinha se ferrado feio, já não eram mais bobagens, já não eram mais besteiras, ele tinha me feito cúmplice do roubo e tudo cheirava a merda

Fui covarde e egoísta, já não dava pra voltar atrás, e no fundo eu queria aquela joia pra mim, e deixei que Carlos fosse pro inferno, porque ele era homem demais pra me dedurar como cúmplice
Sabia que dessa vez ele não ia se safar fácil, os donos do colar eram gente importante, com influência, e entre uma possível deportação pro Paraguai, o juiz decidiu transferi-lo pra cadeia da cidade grande, o otário agora ia jogar nas grandes ligas. Não pude interceder com o juiz, como eu disse, os prejudicados eram gente da alta sociedade e não aceitariam um castigo menor pro meu pobrezinho

Juan José Cuello era o filho da puta que tava na direção da penitenciária, no meio a gente se conhece todo mundo e esse cara não tinha boa fama, era milionário, nunca teria como justificar o patrimônio dele, e num país decente estaria atrás das grades, mas aqui, ele tinha muitos sócios poderosos com a bunda suja, e todos comiam do mesmo prato, eram conhecidos os negócios paralelos que ele mantinha ilegalmente com a máfia interna da própria cadeia, drogas, prostituição, roubos, tudo passava debaixo do olho dele e de tudo ele tirava a parte dele, no palácio dele a justiça e a máfia formavam os dois lados da mesma moeda

O mesmo acontecia com a vida afetiva dele, fora da cadeia, esposa, filhos, o pai exemplar, a família perfeita que todos admiravam e invejavam, mas portas adentro era um sádico sem sangue, por favores, por desejos, até por vingança, ele comia tudo o que se mexia, homens, mulheres, travestis, esposas de presos, colegas de trabalho e o que ele quisesse, amo e senhor, e sim, ele Sabia por experiência própria, também já tinha comido ela na época.

E não aguentei mais minha consciência, minha culpa, não conseguia dormir e o pingente com a pedra preciosa brilhava no escuro e tudo tinha um gosto horrível, e eu simplesmente não aguentei mais.

Tinha contatos que me deviam alguns favores, então pedi uma permissão especial pra acompanhar meu paraguaio até a nova morada, sabia que Carlos seria uma pombinha numa jaula de leões.

JuanJo me atendeu no escritório dele, a portas fechadas, e não hesitou em passar a mão na minha bunda e dar um tapa, pelo amor de Deus, eu podia ser filha dele, ele beijou meu pescoço e não pensou nem um segundo, senti o nojo do hálito de tabaco dele e o incômodo do bigode dele arranhando meu pescoço.

Eu o afastei e falei que queria só conversar com ele, e meio que implorei em cada palavra, ele me ouvia por trás dos óculos de aumento, enquanto eu contava cada palavra desde o começo. Ele não me interrompeu uma vez sequer, mas no final, com um jeito arrogante, começou a rir e disse:

"Olha só, quem diria, parece que temos aqui uma putinha gostosa preocupada com o namoradinho, que ainda é promíscuo! E o que eu ganho com esse puta favor?"

"Por favor, JuanJo! Já te falei, é algo muito pessoal..."

"Se é tão pessoal, vai ter algo mais pra negociar, se você se deu ao trabalho de vir até aqui, não sou tão burro, nem você é tão idiota, a gente se conhece muito bem."

E sim, eu o conhecia muito bem. Enfiei a mão no bolso e tirei a correntinha com a pedra preciosa, a mesma que o paraguaio tinha roubado e que era a culpada por essa situação. Entreguei pra ele, sem dizer uma palavra, esperando a resposta. JuanJo pegou e ficou olhando, como se não acreditasse no que via, depois me olhou nos olhos, balançando ela como um pêndulo entre os dedos, exclamou:

"Uau! Quem diria, a senhorita é cúmplice! Não é à toa que tanto interesse! Seu bisavô, seu tio, devem estar se revirando no túmulo, se seu pai soubesse! Que vergonha!"

JuanJo era um filho da puta que sabia onde doía. pegar pra me fazer sentir um merda, e eu só respirava resignada, então ele continuou enquanto guardava a joia no bolso do paletó

Tá bom, com isso dá pra dar um tratamento vip pra aquele paraguaio de cu roto, mas você? você também tem que pagar pelos seus pecados, é disso que a justiça trata

Ele já tinha tirado o paletó, se levantado e arregaçado a camisa, eu continuava de pé sem dizer palavra, ele se aproximou devagar do meu lado passando a mão na calça e dizendo

girl, girl, você vai ter que me dar o melhor boquete da sua vida...

Eu não hesitei, me ajoelhei e deixei ele enfiar o pau na minha boca, e só comecei a chupar do melhor jeito que podia, sabia quando comecei a viagem que as coisas iam acabar assim, porque JuanJo era assim, e eu me mentalizei pra fazer, só continuei e continuei, por um bom tempo.

JuanJo me fez levantar quando se sentiu satisfeito, me levou perto da mesa pra enfiar a mão por baixo da minha camisa e procurar apalpar meus peitos indo por baixo do sutiã, me olhava de um jeito lascivo e um fio de baba de satisfação parecia escorrer pelo canto dos lábios dele, porque ele gostava de me comer, mas gostava mais de me humilhar, se sentir o dono e senhor de todo o império dele

Ele me fez virar, com a mão nas minhas costas me fez apoiar na mesa, e minha bunda ficou do lado dele, levantou minha saia, e baixou minha calcinha, me apalpou e só me preparei pro que vinha, só com um pouco de saliva ele enfiou no meu cu e começou a me comer com rudeza, com firmeza, daqueles empurrões secos, profundos, pausados mas constantes, e em cada estocada me arrancava um grito

Que puta que você é! como você gosta que eu rasgue seu cu! - ele disse com aquele jeito tão pedante de falar -

Só continuou até gozar dentro de mim e saciar os instintos baixos dele, só se importando com o prazer dele, como se eu fosse só um pedaço de carne

JuanJo se retirou do lugar, depois de deixar meus intestinos cheios de porra, já tinha Guardou o pau dele dentro da calça e me disse:

“Vai, eu! Não é pra tanto, só uma rapidinha, quantos favores essa bunda já deve ter pagado, né?”

Eu mordia a língua pra não responder. Levantei a calcinha, arrumei a saia e implorei pra ele cumprir a parte dele no trato. Ele me mandou ficar tranquila, enquanto pelo interfone avisava a secretária que eu estava de saída e que meu carro de volta já estivesse pronto. Mas, antes de eu ir, ele soltou a última maldade:

“Gorda, vou falar com seus superiores pra te mandarem pra rua. Um pouco de ação, que tal? O que você sempre quis, digo, pra ‘entrar em forma’, porque essa sua bunda tá bem gorda e adiposa, parece que ficar sentada à toa o dia inteiro tá te fazendo mal.”

Olhei pra ele com raiva. Ele tinha aquele sorriso macabro e nojento no rosto, enquanto ajustava o nó da gravata. Esperava que eu o xingasse, porque adorava essas situações, mas eu só dei um último sorriso falso.

JuanJo era um bastardo, mas cumpria o que prometia. Por isso eu deixava ele me humilhar. Não sei como ele fez, mas ele tinha contatos, e a versão oficial é que, durante uma transferência de rotina, Carlos tinha fugido e escapado pro Paraguai. Mas eu sabia que foi tudo armação dele.

Tive medo de que Carlos voltasse por essas bandas, porque ele era burro o bastante pra tentar. Mas já faz três anos que não tenho notícias dele. Pelo menos, do meu jeito, posso me dar o gosto e hoje dormir tranquila.

Se você gostou dessa história, pode me escrever com o título DAR-SE O GOSTO para dulces.placeres@live.com

0 comentários - Dar o gostinho