Uma noite de putaria

Primero, todas las entregas de los mejores post


http://www.poringa.net/posts/imagenes/4084661/Mi-amada-esposa---parte-1-de-3-.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4389002/Mi-amada-esposa---parte-2-de-3-.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4436535/Mi-amada-esposa---parte-3-de-3.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4802856/Mi-amada-esposa-parte-4.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4802863/Mi-amada-esposa---parte-5.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4868469/Mi-amada-esposa---parte-6.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4896522/Mi-amada-esposa---parte-7.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4905961/Mi-amada-esposa---parte-8.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4915721/Mi-amada-esposa---parte-9.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4956318/Mi-amada-esposa---parte-10.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4965835/Mi-amada-esposa---parte-11.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4974651/Mi-amada-esposa---parte-12.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4985411/Mi-amada-esposa---parte-13.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4991203/Mi-amada-esposa---parte-14.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/5001091/Mi-amada-esposa---parte-15.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/5030636/Mi-amada-esposa---parte-16.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/5156341/Mi-amada-esposa---parte-17.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/5160465/Mi-amada-esposa---parte-18.html

Como siempre, podes escribirnos a dulces.placeres@live.com, te leemos

Gracias por los puntos y comentarios


UNA NOCHE DE FANTASIAS


Las cosas no empezarían muy bien esa noche, estaba de novio con Luciana, moría de amor por ella, aunque nuestros días no eran siempre perfectos yo estaba convencido de que podríamos llevar el barco a buen puerto, cosa que en el futuro jamas sucedería.
Había reservado una mesa en un restaurante moderno de la zona céntrica, un lugar privilegiado, la cita era a las diez de la noche.
Por la tarde, después de ducharme, afeitarme y tratar de verme perfecto frente al espejo, me vestí con las prendas que había seleccionado previamente, las cuales descansaban perfectamente acomodadas sobre al acolchado de mi cama, me puse mi mis zapatos negros que había lustrado con mucho esmero, al punto de poder notar el reflejo de mi rostro en ello.
Me sumergí en una fragancia muy masculina, tomé mis pertenencias, documentos, dineros y las llaves de casa y las del coche, y por supuesto, sin olvidar lo mas importante, el perfumado ramo de rosas borrabinas y la pequeña cajita que contenía las alianzas con las que pensaba pedirle que fuera mi esposa.

Viajé al restaurante con toda la ilusión que se tiene en ese momento, porque son momentos únicos e irrepetibles, esos que quedan grabado en la memoria para siempre, el aire fresco entraba por la ventanilla del coche mientras escuchaba por la radio la voz dulce de la locutora que anunciaba el pronóstico del tiempo, dejándome sabes que se acercaba una tormenta. Llegué con una sonrisa en mi rostro, faltaban diez para las diez, siempre llegaba temprano, una joven mesera me recibió y me acompañó hasta mi sitio, era rellenita, de rostro joven, y muy educada, con voz suave me indicó que ella nos atendería y me dejó la carta de comidas y bebidas, al ver el ramo de rosas me hizo lugar para que no se arruinaran, le agradecí y le dije que iría eligiendo, que mi chica no tardaría en llegar.

Empecé a ver las opciones, tanto para comer como para beber, los precios eran bastante elevados pero que diablos, valía la pena el sacrificio, me perdí en las opciones, la mesera me sorpendió leyendo con algunas galletitas de cortesía para engañar el estómago, le pedí un vino entonces, reservando la elección de la comida para cuando llegara Luciana, miré el reloj, habían pasado ya cinco minutos de la hora señalada, aproveche entonces para acomodar las rosas y junto a ellas dejé abierta la cajita con los anillos, me pareció la mejor manera de recibirla, que su primera impresión dijera mas que mil palabras.

Pasaron los minutos, bebí unas copas y como un tic nervioso empecé a ver cada vez mas seguido las agujas de mi reloj pulsera y miraba con insistencia la puerta del lugar esperando sin éxito que Luciana llegara. Empecé a incomodarme un poco, no era de retrasarse tanto, tal vez hubiera tenido algún problema, tal vez no llegara el móvil que le había enviado, tampoco quería llamarla para no incomodarla. Media hora pasadas las diez, volvió la mesera, para preguntarme si todo estaba bien, evidentemente pasaba el tiempo y nada sucedía, así que solo sonreí, le pedí diez minutos mas para darle una respuesta.
Mi celular estaba muerto sobre la mesa, ella no llamaba, no mandaba whatsapp, mensajes, nada.
A las diez y cuarenta me decidí a llamarla, no podía seguir esperando, tomé el móvil y mágicamente, como cosa del destino, ella me ganó por segundos. Atendí para saber si estaba todo bien...

Al otro lado, Luciana con voz acongojada me pidió disculpas, en un monólogo quebrado la escuche narrarme que no vendría, que la disculpara, que lo había meditado mucho, que hasta se había puesto bonita para la cita, pero su cabeza era un loquero, que necesitaba acomodar las cosas antes de seguir adelante, que por momentos me amaba, pero por momentos me odiaba y así palabra tras palabra hasta que en un punto solo la oía, pero no la escuchaba.
Antes de cortar, me dijo que me quedara tranquilo, que ella ya había pagado el coche que yo le había enviado, una pavada, como si fuera relevante.
Me quedé callado, sentado a la mesa, no tuve reacción ni interés para discutir, ella me había dado un golpe bajo que nunca vi venir, estaba por proponerle matrimonio y ella estaba cortando conmigo.

Las miradas indiscretas de la mesera me trajeron a la realidad, yo aun no ordenaba nada y solo ocupaba una mesa, y me di cuenta que le traería problemas con sus superiores, así que bueno, no tenía nada mejor que hacer y me juré que Luciana no me arruinaría la noche, no esa noche.
Elegí rápido un plato, le dije que mi chica no vendría, cosas de la vida, pero yo seguiría adelante.
El tiempo pasó volando, casi sin darme cuenta, era como que mi mente hubiera quedado pausada en ese instante, solo miraba las flores y las alianzas, que tonto había sido, solo cada tanto la mesera rompía la monotonía del tiempo, pedí otra botella de vino, y era como si mi entorno no existiera, miraba sin ver, mi cerebro era una nebulosa.
Pasó el tiempo, aspiré profundo, un fresco llamativo entraba por la puerta, y unas gotas de lluvia me trajeron a la realidad, me sentí como un boxeador que queda inconsciente tras un puñetazo del rival y empezaba a reaccionar, sin entender que había sucedido.

Me enfoqué entonces en el entorno, habían pasado las dos de la mañana y ya no quedaba mucha gente en el lugar, reparé entonces en una barra que estaba a unos metros de distancia, dos mujeres jóvenes y espectaculares bebían unos tragos sentadas a a la par, eran realmente llamativas, una morena, una rubia, con vestidos cortos y ceñidos al cuerpo, y mas llamativa era la situación, dos mujeres solas, así vestidas, a esa hora.
Sus curvas fueron un imán, y noté entonces que ellas estaban muy metidas con mi situación, honestamente no las había visto entrar ni sabía cuanto hacía que estaban ahí, solo noté que ambas miraban con insistencia, supuse atraídas por las flores y las alianzas que aun esperaban la nada misma, ellas miraban con insistencia y parloteaban por lo bajo, reían como chiquillas y cada vez me puse mas atento a la situación.
Llamé a la mesera, para pagar la cuenta, le dejé una buena propina, y le pedí que enviara un par de trago a las chicas de la barra, ella sonrió y se retiró.


Una noche de fantasías


Una noche de fantasíasQuando elas receberam os drinks, riram de novo e agradeceram com gestos minha atitude.
Em instantes, a loira se levantou pra vir até minha mesa, tava um absurdo, com um vestido prateado horrível colado no corpo, marcando os peitos lindos dela, uma cintura desenhada à mão e um quadril dos sonhos, as pernas nuas eram o pecado em pessoa. Sentou bem na minha frente e falou:

— Valeu pelo drink, me chamo Maite, e minha amiga, Priscila, e você é...
— Ricardo — falei rápido.
— Ricardo, nome bonito, sabe, eu e minha amiga tava tentando adivinhar sobre essas flores e essas alianças, o que rolou, bebê, te deram bolo?

Sinceramente, não curti o tom da pergunta, mas me virei como deu. Nisso, a Priscila, a morena, também veio pra mesa, era outra criatura saída do inferno, com um vestido brilhante chamativo, tão chamativo quanto o da amiga.

Eram três da manhã, não tinha mais ninguém no lugar e tava chovendo pra caralho, o bar ia fechar as portas e era hora de vazar. Maite, Priscila, duas mulheres espetaculares, vestidas pra matar, bebendo com um estranho, só era questão de ligar os pontos...

Me ofereci pra levar elas, algo óbvio, e quando chegamos, me ofereceram um café, algo óbvio, só uma desculpa pra subir pro apartamento.

Subimos no elevador, todo mundo molhado da porra do temporal que sacudia a cidade, eu olhava pra essas mulheres esculturais e percebi como a sorte muda num piscar de olhos.

Maite abriu a porta e a gente entrou no loft, um ambiente só, bem moderno, uma mesa grande na frente de uma janelona, de um lado uma cozinha em branco e cinza e do lado direito o lugar do pecado: uma cama enorme de casal, com um edredom delicado em tons turquesa.

Não soube na hora se elas eram um casal, bi ou qual era a parada, também não tava afim de descobrir naquele momento, meu pau já tava doido por elas e queria comer as duas. As duas juntas.
A loira foi correr as cortinas, quase não dava pra ver nada lá fora, só o barulho das gotas arrastadas pelo vento batendo nos vidros, era muito sexy.
Fiquei parado esperando que elas começassem o jogo, e não se fizeram de rogadas, Maite e Priscila ficaram frente a frente e começaram a se beijar, a se tocar, a se esquentar. Fui um espectador de luxo do erotismo daquelas mulheres, os vestidos molhados tinham grudado nos corpos delas e as curvas eram simplesmente perfeitas, a morena, a loira, entrelaçadas num jogo pecaminoso e eu só observando, esperando minha vez de entrar no jogo.
As duas mulheres se jogaram atordoadas em cima da cama, e no caminho deixaram cair os vestidos com esforço. Priscila não tinha sutiã e os peitos dela, claramente operados, se destacavam no corpo; os da Maite pareciam menores, mas naturais. Na meia-luz, notei como os bicos dos peitos se roçavam enquanto os lábios delas pareciam se fundir num só. A morena acariciava os glúteos espetaculares da loira, que usava uma tanga que cabia no punho da minha mão, bem sugestiva, enquanto a loira tinha enfiado a palma da mão pra acariciar a buceta da morena.
Logo os gemidos encheram o quarto e eu comecei a tirar minhas roupas, pra quando fosse minha vez. Uma das mulheres tinha ficado deitada no colchão, a outra foi com cadência lambendo os peitos dela, a barriga, até sumir de vista entre as pernas. A loira tava fazendo sexo oral na morena, era tudo perverso, e mais ainda quando Maite pegou na mesa de cabeceira um vibrador de tamanho médio e, aos poucos, enfiou na buceta da Priscila.
O barulho do brinquedo foi aumentando conforme a vontade da loira, enquanto a morena se contorcia de prazer. Decidi intervir, já que parecia que elas tinham se esquecido de mim. Fui por cima delas e me enfiei na cama, calei os gemidos da morena selando os lábios dela com os meus, apertei com carinho um dos seus peitos, fechei meus olhos e me entreguei àquela mulher

Nosso beijo foi interrompido pelos lábios de Maite, a loira veio ao nosso encontro e roubou meus lábios da amiga, tomou seu lugar, e eu voltei pra morena, e ela foi pra morena, e foram três bocas procurando outras bocas, foi algo muito erótico, mas em algum ponto estávamos nos beijando os três ao mesmo tempo, três línguas, três bocas, seis lábios...

A morena começou a acariciar minha pica e aos poucos largou nossas bocas pra ir descendo lentamente até se prender no meu pau, começou a chupar gostoso pra caralho e a loira também fez a parte dela, ela se enfiou entre minhas pernas e em segundos as duas mulheres brincavam com minha pica, uma chupava, a outra chupava, as duas juntas, enquanto Priscila se engasgava com minha pica, Maite parecia obcecada pelas minhas bolas, ela enfiava elas na boca a ponto de doer.

erotismo

Eu tava perdido entre aquelas duas mulheres que me davam prazer, nunca tinha passado por algo igual, percebi que Maite largava minhas bolas e indo mais pra baixo começava a lamber meu cu, foi gostoso, deixei ela fazer e abri as pernas pra sentir a língua dela cutucando meu rabo enquanto a morena se engasgava com minha pica, mas não tava preparado pro que viria.

Depois de lamber bem, Maite começou a brincar com o vibrador na entrada, e começou a empurrar testando minha reação, fiquei surpreso, mas ela empurrou de novo, foi louco, não vi chegando, e continuou e continuou, doeu e comecei a reclamar, mas ela só dizia

-Calma, papai, calma, relaxa...

Apertei com força os lençóis, fechando os punhos, nisso tudo Priscila não parava de comer minha pica toda, massageando freneticamente minhas bolas, e a loira continuava forçando até que senti ele entrar no meu cu, achei que ia morrer, então ela disse

-Já foi... pronto, bebê, entrou tudo por completo, cê é guloso...

Meu cu doía, mas eu gostava e isso se potencializava com o puta prazer que a morena deixava na minha cabecinha, Maite Começou a vibrar o brinquedo de novo, devagar no começo e, conforme os minutos passavam, aumentava a velocidade até ficar insuportável. Eu ofegava igual um cachorro, e a Priscila viu que ia rolar. Ela soltou minha rola bem na hora, e enquanto as duas riam cúmplices às gargalhadas, igual um chafariz, meu pau jorrava jatos incomuns de porra, num prazer perfeito, como poucas vezes eu tinha sentido.
A loira perversa desligou o motorzinho do brinquedo e tirou ele devagar do meu cu, deixando de lado. Elas vieram pra cima de mim, eu tinha esperma espalhado da minha buceta até o queixo. As duas, feito gatas, começaram a passar as línguas no meu peito e depois se beijaram entre si. Foi tão pornô que eu queria ter filmado aqueles segundos, aquelas duas diabonas brincando com minha porra, se dando beijos eternos e brancos. Aos poucos foram me limpando até que eu me senti fora de jogo de novo. As minhas tinham voltado pra uma brincadeira lésbica numa tesoura linda, esfregando as bucetas lisas uma na outra, e em minutos eu teria uma previsível e nova ereção.

Dessa vez eu não ia esperar e ia botar as coisas no lugar. Eu era o macho, eu daria as ordens. Trouxe uma pro meu lado e só comecei a foder ela na bruta, fundo. Com as pernas todas abertas, a Priscila recebia porradas que faziam ela gemer sem querer. A Maite se encaixou de novo, só sentou na cara da amiga pra receber um boquete bem dado. Ficamos de frente um pro outro e começamos a nos beijar, cada um recebia o seu. Minhas mãos se enchiam das tetas da morena e meus lábios, de vez em quando, desciam pros peitos da loira. Era tipo um quebra-cabeça onde todas as peças se encaixavam perfeito.

Peguei a Maite pelos cabelos e forcei ela a descer até minha rola. Fiz ela chupar a buceta da amiga e também chupar meu pau, ou só lamber a cabecinha um tempo numa e depois fazia a outra me chupar.relatoJoguei minhas cartas de novo, na malandragem, espalhei elas pela cama, na minha cabeça as ideias se amontoavam e eu queria fazer tudo sem perder nada, coloquei uma de quatro, e depois a outra, do lado, as bundas bronzeadas e deslumbrantes ficaram à minha mercê, fiquei atrás da morena e, segurando ela pela cintura, meti até o fundo, fazendo a bunda dela recuar contra meu corpo, e comecei a comer ela bem gostoso, enquanto à minha esquerda a Maite esperava ansiosa, fui nela, comer a loira, só que dessa vez enfiei meus dedos na buceta da Priscila, e ao mesmo tempo voltei nela pra enfiar os dedos na racha da outra e me mergulhei num jogo de três. Tava comendo a morena, e só troquei de lugar, dessa vez enfiei os dedos no cu da loira, primeiro um, depois dois, entraram super fácil, ela não disse nada, só fez questão que eu fosse mais fundo.

Fui por trás e comecei a esfregar meu pau no cu dela, lembrei do que ela tinha feito com o brinquedo, queria me vingar, falei:

— Vadiazinha, vou arrebentar teu cu todinho...
— Sim, bebê, arrebenta tudo, cê gosta? — respondeu ela aumentando a aposta.

A Priscila se ajoelhou atrás de mim, senti os peitões de silicone dela apertando contra minha pele, passou os braços na minha frente pra acariciar meu peito e senti ela mordiscando de leve meus ombros enquanto sussurrava no meu ouvido que queria ver como eu ia fazer a bundinha da amiga dela e que, claro, depois seria a vez dela.

Me preparei pra penetrar ela, mas senti a morena me puxar pelo ombro e me desequilibrar, só que fui de novo pro cu da loira, mas de novo a amiga dela me puxou pra trás...

Não entendia o que tava rolando, tava perturbado, e na terceira puxada as coisas mudaram, a cara gordinha da garçonete falava comigo mesmo que eu não ouvia, com insistência ela sacudia meu ombro esquerdo, fui voltando à consciência, ela dizia:

— Senhor, senhor... me escuta? Senhor, por favor, já é tarde... temos que fechar... Me localizei no tempo e no espaço, ainda estava sozinho na mesa, não tinha ninguém e já estavam fechando o restaurante, era tarde. Dava pra ver que tava caindo um toró pelos vidros do lugar. Na mesa ainda estavam as flores, as alianças e, claro, três garrafas de vinho vazias arrumadas de lado, mais uma quarta caída de banda. Engoli seco. Luciana não tinha aparecido. Procurei desesperado o lugar onde estavam a Maite e a Priscila, não tinha ninguém. Fiquei na dúvida se pelo menos tinha visto elas antes de dormir ou se eram só fruto da minha imaginação. Perguntei pra garçonete pelas moças, a loira e a morena que estavam sentadas naquele canto, apontando pro lugar. Ela olhou e, com um sorriso, me explicou que não sabia do que eu tava falando. Naquele lugar, ela lembrava de ter visto um casal com uma menininha, muito agitada e tagarela.

Só ri. Dessa vez paguei a conta, deixando uma gorjeta bem gorda pelo mau tempo que fiz ela passar. Fiquei com vergonha de mim mesmo. Me encostei na porta, olhei os relâmpagos, sem dúvida ia me molhar. A voz da garçonete me chamou a atenção:

— Moço! Moço! As flores!!! As alianças!!!

Fiz uma careta besta e respondi, conformado:

— Não importa, não fazem sentido...

Se você gostou da história, pode me escrever com o título para doces.prazeres@live.com

0 comentários - Uma noite de putaria