Manipulador - parte sete de oito

Primero, todas las entregas de los mejores post


http://www.poringa.net/posts/imagenes/4084661/Mi-amada-esposa---parte-1-de-3-.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4389002/Mi-amada-esposa---parte-2-de-3-.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4436535/Mi-amada-esposa---parte-3-de-3.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4802856/Mi-amada-esposa-parte-4.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4802863/Mi-amada-esposa---parte-5.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4868469/Mi-amada-esposa---parte-6.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4896522/Mi-amada-esposa---parte-7.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4905961/Mi-amada-esposa---parte-8.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4915721/Mi-amada-esposa---parte-9.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4956318/Mi-amada-esposa---parte-10.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4965835/Mi-amada-esposa---parte-11.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4974651/Mi-amada-esposa---parte-12.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4985411/Mi-amada-esposa---parte-13.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4991203/Mi-amada-esposa---parte-14.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/5001091/Mi-amada-esposa---parte-15.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/5030636/Mi-amada-esposa---parte-16.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/5156341/Mi-amada-esposa---parte-17.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/5160465/Mi-amada-esposa---parte-18.html

Como siempre, podes escribirnos a dulces.placeres@live.com, te leemos

Gracias por los puntos y comentarios


MANIPULADOR (PARTE SIETE DE OCHO)




Él se abalanzó sobre mí y me rodeo como pulpo con sus brazos, su paquete duro como piedra comenzó a refregarse en mi trasero, esta vez empujé hacia atrás y lo acompañe en los roces, giré mi cabeza y busqué sus labios con mis labios, lo besé con pasión, nos pusimos ahora frente a frente, nos miramos, le dije



Haceme mujer, haceme gozar, quiero probar otro vino… - haciendo analogía con sus palabras de la cena
Cuando pruebes mi sabor, ya no querrás probar otro… - sentenció en tono arrogante


Las palabras fueron acalladas por los besos, nuestras manos recorrían nuestros cuerpos, estaba mojada, mis pezones querían romper el corsé en el que estaban prisioneros, mi trasero era centro de sus caricias y mi respuesta fue acariciar su slip, notando abajo una dureza de apetecibles proporciones…

El llevaba el ritmo y yo dejaba que lo llevara, me gustaba que fuera de esa manera, besó mis labios, besó mi cuello, besó mi pecho, me levantó en el aire tomándome fuertemente por la cintura entre sus poderosos brazos, mis tetas quedaron al alcance de su boca, comenzó a besarme lentamente los sectores desnudos que escapaban al corsé lejos de mis botoncitos, lo deseaba, pero él sabía cómo hacerlo, con cadencia, tomaba todo su tiempo pasando su lengua húmeda por mi piel, no aguantaba más, me derretía en su brazos, hice que me soltara y bajé un poco la prenda que me tenía sometida, desnudé mis pechos para él, sin decir palabra lo tomé de la cabeza y se la enterré al medio, entonces si me lamió con dulzura cada pezón, los cuales se elevaban amenazantes y calientes, la electricidad iba derecho a mi clítoris, no aguantaría demasiado…



Me hizo recular hasta la mesa, me levantó haciéndome sentar primero y recostar después para levantar mis piernas que habían quedado colgando al borde de la misma, él se sentó en una silla al medio, fue lo último que vi, ya cerré mis ojos y me dejé llevar, los labios y la lengua de mi amante se fundieron en mis genitales, por mi mente pasaban nuevamente esas imágenes de infidelidad, las que venían cuando sola me masturbaba, solo que ahora era real, su pulgar acarició mi clítoris por sobre la tanga, su lengua hizo lo mismo, con la punta rodeaba los elásticos de mi prenda íntima haciéndome arder en el infierno, estaba inundada, al fin se apiadó de mí y fue a mi zanja, lo sentí disfrutar mis flujos mientras yo acariciaba mis duros pezones, al fin corrió a un lado la tela que le impedía llegar limpiamente a mi sexo, al fin sus labios se pegaron a mi clítoris, me sentí llegar, grité, fue grandioso, terminé contrayéndome por la sensibilidad extrema que me había provocado.



Muchas cosas pasaron por mi mente en ese instante, mi esposo, mi hija, mi madre, pero lo hecho, hecho estaba, entonces le dije



Cogeme, ahora cogeme toda, quiero tu pija…
No tan rápido – contestó el mientras me ayudaba a incorporarme
Qué quieres? – pregunté sabiendo la respuesta
Ahora te toca devolverme el favor… - sentenció apoyándose al filo de la mesa e invitándome desde los hombros a que me arrodillara.


Así lo hice, mi cara estaba sobre su bulto que lucía duro como piedra, aún oculto bajo el slip lo acaricié de punta a punta, la comparación con el único pene que conocía se me hizo inevitable y me sentí culpable al percibir con lujuria que era bastante más grande que el de Mario, necesitaba verlo, bajé el calzoncillo con violencia con un tirón seco, de tal manera que su bestia enjaulada saltó golpeando en mi rostro, la tomé con una mano y descubrí lentamente su glande, era más grande de lo que imaginaba, no me llamaba tanto el largo, sino lo gorda que era, me pareció el doble de la de Marito, Gustavo creo que en ese momento estaba el límite de sus posibilidades, me imploró



Vamos nena! hazlo! qué esperas? hazlo una vez por todas…


Cerré los ojos y tiré bien atrás su cuero, apoyé mis labios en su glande, estaba todo mojado con sabor a él, evidentemente tantas erecciones a lo largo de la noche lo habían puesto al límite más de una vez, comencé entonces a besárselo como poseída, a lamerlo todo como una simple mortal que se arrodilla ante su ser supremo, recorrí su cabeza en círculos, al mismo tiempo lo metía y lo sacaba de mi boca. Acariciaba sus testículos y lo masturbaba con la otra mano, el solo repetía



Si nena, si nena… - una y otra vez.


Cuando el lamía mi vagina, estaba concentrada y perdida en mi propio placer, pero ahora, que tenía su sexo en mi boca, mi mente se daba el lujo de pensar, y me sentía culpable, culpable por saber que estos labios eran los mismos labios que besaban a mi esposo, culpable por el morbo que me producía el tamaño exagerado de ese pene y tener que admitir que me encantaba, culpable por sentirme una sucia puta chupa pijas, culpable por no poder evitarlo, porque era como una droga y más se lo chupaba más quería hacerlo…

Y peor aun cuando lo sentí susurrar



Diablos… ves como si sabías hacerlo? conozco a las de tu clase…


Pasados los minutos suficientes, noté que Gustavo se acercaba a su orgasmo, por lo que intenté sacarla de mi boca, pero el por el contrario sujetándome de los cabellos la metió más profundo todavía, hasta el fondo de mi garganta, y no valieron mis reclamos ni mis intentos de zafarme, el maldito iba a acabarme en la boca y yo necesitaba impedirlo, pero no podía arrancarlo de mi lado, tenía demasiada fuerza y el sentimiento de sentirme violada comenzaba a gustarme, los músculos de sus piernas se contrajeron de golpe, su verga estaba tan profundo que por suerte mis papilas gustativas no sintieron nada, solo una melaza espesa cayendo en lo profundo de mi esófago…



Nunca había pasado por una situación similar, dulcemente humillada había bebido por primera vez en mi vida el semen de un hombre, tantas veces Mario me lo había pedido y yo me había negado, porque él jamás me lo había hecho por la fuerza? como sea, Gustavo sacó su verga aún caliente y dura de mi boca y en una defensa de mi orgullo mancillado golpee con discreta furia su pecho con mis puños cerrados, pero él se rio de mi falsa reacción y sentenció


Manipulador - parte siete de ocho -Gostou, putinha? Vai saber o que é um homem de verdade…

Ele ficou firme como se nada tivesse acontecido, se abaixou e, apoiando minha barriga no ombro dele, me levantou como se eu fosse um saco de batatas. Me segurou com força pelas coxas, meu tronco ficou pendurado nas costas dele, e minha cabeça naquela posição me fazia ver tudo de cabeça pra baixo. Ele avançou decidido pro quarto, no caminho senti um dos meus sapatos cair e ficar largado no chão. Eu tava morrendo de vontade de ser penetrada. Ele me jogou com fúria no colchão, eu quiquei e provoquei ele de novo.

Agora sim, quero seu pau dentro…

Gustavo arrancou a calcinha fio dental do meu corpo com um gesto animal. Ela tava apertada no punho direito dele quando ele a enfiou na minha boca, ordenando:

Pega, vaca putinha, chupa pica, chupa seus próprios sucos…

E levantou bem minhas pernas, me abri toda e, de uma vez, enterrou ele em mim, arrancando um grito abafado. Ele se moveu com ritmo dentro da minha buceta, se sentia linda, longa, grossa, tão grossa…

Levei uma mão ao meu clitóris e continuei me masturbando, a outra mão acariciava meu peito esquerdo, e meu outro seio era acariciado pela mão dele. Gustavo apertava sutilmente com a outra mão meu pescoço, me tirando o ar, me levando lentamente à asfixia. Me excitava, me enlouquecia.

Agora eu podia comparar. Embora sempre tivesse jurado que adorava paus pequenos, percebi que só pensava isso por não saber o que era um grande. Me amaldiçoava por ter que aceitar que o pau do Gustavo me dava mais prazer que o do meu próprio marido. Eu tava experimentando coisas novas, lá no fundo, bem no fundo, me sentia toda dilatada, sentia coisas que nunca tinha sentido, e como fichas de dominó, pequenos orgasmos saíam do meu interior, um atrás do outro, infinitas sensações de prazer que me faziam gritar, a ponto de perder a sanidade…

Perdi a noção do tempo. Gustavo me comeu em toda posição que quis me comer. Nunca me senti tão mulher como naquela noite. Soltou, me desinibí, fiz coisas que jamais teria feito com meu marido, queria me enganar pensando que fazia por despeito, ou fingindo estar bêbada, mentiras, puras mentiras, fazia porque amava aquela pica e o jeito que ela me comia, o jeito que me preenchia, o jeito que me acariciava, o jeito que me beijava.

O melhor momento foi quando senti ele gozar pela segunda vez, o pau dele inchou de repente, apertei com força pra não escapar e sussurrei:

Vai! Vai! quero que encha essa buceta de leite…

Gritamos juntos, o prazer dele foi meu prazer, o esperma dele me inundou por completo, nada importou naquele momento, a respiração ofegante e entrecortada pelo orgasmo que ele acabara de ter me deixava extasiada e enlouquecida, nossos corpos estavam encharcados de suor um do outro apesar da temperatura baixa do ar condicionado, achei que era o fim, mas ele continuava se mexendo dentro de mim, sem perder a rigidez, tava me matando!

Ele me fez descobrir que sou multiorgásmica, tive que implorar pro Gustavo parar, tava ardendo de tanto vai e vai, já doía o útero lá no fundo, mas ele só parou quando gozou pela terceira vez, nessa altura do jogo, no meu caso, já nem sabia quantos orgasmos tinha tido.

Nos desacoplamos, dei o encontro por encerrado, mas pra minha surpresa o pau do Gustavo não perdia a ereção, suspeitei que ele devia ter tomado viagra em algum momento, na idade dele era impossível ficar tão firme, mas sabia que não devia fazer esse tipo de pergunta pra um cavalheiro, mas além de ter tomado ou não, tinha coisas mais importantes pra me preocupar, já tava fora de combate, não queria saber de mais nada, mas ele tinha outras intenções…

Ele me pegou pela mão e me levou até a cozinha, onde tinha uma bancada de café da manhã separando os ambientes, quatro banquetas modernas decoravam o lugar, com assentos pequenos, cromados, brilhantes, de pelo menos um metro de altura. Ele me convidou gentilmente pra sentar numa cadeira, como se fosse me oferecer um café da manhã. Eu obedeci, e o frio extremo do metal encostando na minha bunda me deu um arrepio que percorreu meu corpo todo. Minhas cadeiras e meus glúteos eram grandes por onde se olhasse, quase transbordando do assento pequeno. Ele me mostrou como me acomodar, empurrando minha bunda bem pra trás, de modo que minha buceta ficasse exposta. Eu entendi o jogo. Ele, de pé ao meu lado, acariciava minhas nádegas. Eu implorei:

— Chega, Gustavo, tô exausta…

— Vadia, eu é que vou dizer quando é chega… — ao falar, me deu um tapa violento numa das nádegas, como se quisesse marcar território.

Ele empurrou sutilmente minha cintura pra frente, me fazendo arquear um pouco mais, deixando a redondeza extrema da minha bunda ainda mais exposta. Se agachou devagar até sumir da minha vista. As mãos dele desceram das minhas costas até parar de novo nas minhas nádegas, uma em cada. Ficou uns minutos, acho que pra apreciar o quadro que eu tava dando. A maciez da língua dele percorreu elas devagar, senti a umidade da saliva, de fora pra dentro, fechando círculos cada vez menores, até se concentrar no meu cu. Toda a atenção dele agora tava no meu esfíncter. Eu deixava ele fazer, meio confusa, não acreditava que ele fosse fazer o que eu imaginava. Fiquei nervosa e me contraí por instinto. Ele deve ter passado uns cinco minutos lambendo meu buraquinho. Se levantou e se ajeitou. Senti o pau dele então acariciar ele, como se procurasse o centro, enquanto sussurrava no meu ouvido:

— Que cu lindo que você tem. Aposto que é virgem, né?

A pergunta dele soou morbosa.

— Sim! É e vai continuar sendo! — respondi convicta, pra ele desistir.

— Isso é o que vamos ver! — disse ele, aumentando a aposta.

— Não, Gustavo! Pelo cu não! Tenho limites e princípios!

— Cala a boca, vadia! Você vai engolir ele todinho!

— Eu não sou uma dessas vadias com quem você costuma ficar!

— Vamos ver. Você vai me implorar pra não parar. Tirei pra fora
Te falei que... ai! ai! para, filho da puta!!!

Percebi que enquanto a gente discutia, ele deu a primeira estocada com o pau, causando uma dor profunda em mim. Isso estava longe de parecer normal, minhas convicções com as quais fui criada não permitiam, mas mesmo assim, eu continuava ali, no mesmo lugar. Teria sido fácil pra mim simplesmente sair do banco, mas por alguma razão estranha eu não fazia isso. Sabia que perderia a virgindade da minha bunda, mas não fazia nada convincente pra evitar.

As palavras foram mudando à medida que Gustavo, mais uma vez, conseguia o que queria. A dor insuportável do começo se transformou numa dor gostosa conforme meu esfíncter se dilatava pra se adaptar à grossura dele. Quis evitar, mas gemidos de prazer começaram a sair da minha boca. Isso excitou e enlouqueceu o Gustavo. Nosso jogo de diálogo já era diferente.

— Tá gostando? Tá gostando, puta?
— Sim! Tô gostando! Vai! Arrebenta meu cu todo, não para!
— Viu que eu tava certo? Você é uma puta!
— Sim, papai, sou mais puta que aquelas vadias com quem você anda. Tá gostando? Tá gostando?

Pra minha desgraça, as palavras só aceleraram o processo. Era minha primeira vez e eu queria ter ele dentro por mais tempo, mas percebi que ele não ia durar muito mais. Fui com tudo.

— Vai! Enche meu cu de porra! Vai! É o que você queria, não é?

As unhas do meu chefe cravaram na minha carne. Minhas unhas cravaram na bancada da copa. Ele gritou de novo até encher tudo por completo.

Agora sim, a gente tinha terminado. Nos separamos, ele me deu uns últimos beijos e foi pro banheiro se higienizar um pouco. Fiquei imóvel por uns minutos, meditando sobre o que tinha feito. O que eu fiz! A sombra da culpa avançou sobre mim como uma frente de tempestade. Mario, Romina, minha mãe, meu falecido pai. Não conseguia nem tocar nos meus mamilos de tão doloridos que estavam. Levei a mão por trás pra ver com os dedos o quanto tinha dilatado. O sêmen escorria dos dois buracos, caindo no chão. Deus! Diabos! céu e inferno se misturavam em súplicas e maldições.





CONTINUA

DOCES.PRAZERES@LIVE.COM

0 comentários - Manipulador - parte sete de oito