Sorteio da Buceta

Primero, todas las entregas de los mejores post


http://www.poringa.net/posts/imagenes/4084661/Mi-amada-esposa---parte-1-de-3-.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4389002/Mi-amada-esposa---parte-2-de-3-.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4436535/Mi-amada-esposa---parte-3-de-3.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4802856/Mi-amada-esposa-parte-4.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4802863/Mi-amada-esposa---parte-5.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4868469/Mi-amada-esposa---parte-6.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4896522/Mi-amada-esposa---parte-7.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4905961/Mi-amada-esposa---parte-8.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4915721/Mi-amada-esposa---parte-9.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4956318/Mi-amada-esposa---parte-10.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4965835/Mi-amada-esposa---parte-11.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4974651/Mi-amada-esposa---parte-12.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4985411/Mi-amada-esposa---parte-13.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/4991203/Mi-amada-esposa---parte-14.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/5001091/Mi-amada-esposa---parte-15.html

http://www.poringa.net/posts/imagenes/5030636/Mi-amada-esposa---parte-16.html

Como siempre, podes escribirnos a dulces.placeres@live.com, te leemos


LA RIFA


Virtudes? me considero inteligente, bonita, atractiva, excelente en la cama, complaciente con el sexo opuesto, muy buena con las matemáticas y en consecuencia, muy buena con el dinero y con los negocios
Defectos? egocéntrica, narcisista, creída, holgazana y muy acomplejada por el tamaño diminuto de mis pechos, de carácter complicado, de explotar con facilidad por cualquier motivo
Dejo a consideración de quien lee, tomar el hecho de que me guste demasiado la verga sea una virtud o un defecto

Vengo de una familia con una relación complicada, de enfrentamientos eternos con mis padres, con ambos. Yo era una tonta adolescente, no me gustaba estudiar, había repetido año, tampoco quería trabajar, ni siquiera en los quehaceres domésticos, solo me interesaba perder el tiempo tirada en la cama escuchando música.
Y mientras los chicos y chicas de mi edad estaban ya en proyectos de una vida futura, yo solo andaba de putita, besando a uno y a otro, por acá y por allá, enredándome entre sábanas y sin pensarlo me hice una adicta al sexo opuesto, y empecé con algún pequeño obsequio y terminé cobrando por lo que hacía

Así, en esos locos primeros años tuve muchos chicos de encuentros casuales y por dinero, no era la típica puta que estaba parada en una esquina por clientes casuales, no, mi nombre estaba de boca en boca de conocidos y siempre busqué esos encuentros de clientes por así decirlo.
Hice buena plata, no voy a negarlo, me permitía vivir bien, comprarme las ropas que a mí me gustaban y poder pagar el alquiler del departamento de un ambiente de calle Florida. No me avergüenza decirlo, mientras mis pares de años anteriores se ganaban el dinero con su cabeza, o con sus manos, yo me lo ganaba con el sudor de mi entrepierna y tal vez lo único doloroso fuera ganarme el destierro eterno de la casa de mis padres.

Y así también me involucraría sentimentalmente con el único hombre al que le entregué mi corazón, Feliciano, y casualmente él no era uno más de mis clientes.
En esos días él trabajaba en una farmacia pequeña que estaba retirada en una galería del barrio, yo siempre iba a ese lugar por la discreción que me daba la ubicación, y el era el único empleado y con quien yo hablaba, ya que el dueño era un viejo ermitaño de mal carácter.
El chico era un rebelde, de cabellos desprolijos y hasta parecía un tanto abandonado, incumplidor con los horarios, un tanto irresponsable y honestamente no entendía como podía trabajar en ese sitio en el que no cuajaba.
Era simpático, siempre me daba charla y siempre me sacaba una sonrisa, aun en mis peores días.

A él le llamaba la atención que fuera siempre por el mismo motivo, a comprar preservativos, en una cantidad anormal y me reía por dentro de lo que él pensara de mí, seguro imaginaba que era una ninfómana. Y no era solo eso, también compraba lubricantes, geles íntimos y toda cosa que él tuviera en estantería para uso íntimo
Con el correr del tiempo, y ya con más con más confianza, Luciano supo a que me dedicaba y entendió el motivo, así que él sabía todo sobre mi pasado, me conoció como era y no le importó en la forma en que me ganaba la vida.
Y solo se hizo habitual que me preguntara como andaban mis cosas, mi vida, como me trataban mis casuales clientes y sin darnos cuenta empezamos a salir y terminamos en la cama, como amantes.
Me cogió muy rico y me sentí bien en sus brazos, me trató como a una mujer y no me hizo sentir una puta, a pesar de mi vida, y que lo podría haber hecho, Luciano había pasado la prueba de fuego y asumí que me estaba enamorando de ese hombre

En poco tiempo el perdería su empleo, era obvio que sucedería tarde o temprano, estar todo el día prisionero detrás de un mostrador no era lo suyo, no era un pájaro que pudiera sobrevivir enjaulado.
Y se dedicó a lo suyo, a lo que le gustaba, una vida de tatuajes, músculos y motos, amaba las motocicletas y sabía mucho de mecánica así que se armó de una clientela a quien reparar sus monstruos de dos ruedas
Yo seguía con lo mío, no lo ocultábamos, todos lo sabían y a él no le molestaba en absoluto, sus monedas y las mías pagaban nuestras necesidades.

El cruce de Teodoro en mi vida sería solo por azar, situación típica, caminaba por la acera demasiado concentrada en mi celular, sin reparar que llegaba a la esquina y debía cruzar la calle, la estridente frenada del coche me sobresaltó y en un segundo me había golpeado en las piernas y me había hecho caer al piso, para golpear con fuerza mi cadera. No fue nada, pero quedé muy adolorida y en minutos se llenó el lugar de curiosos, el viejo Teodoro, quien conducía el coche parecía asustado, se había aflojado el nudo de la corbata y había soltado un par de botones de su camisa sudada, no sabía cómo pedirme disculpas a pesar que la culpa había sido solo mía.
Solo había sido un susto, sin embargo el viejo insistió en llevarme hasta un hospital para que me revisaran.
Con un poco de ayuda subí a su lado en el coche y con un poco más de tranquilidad pude ver en ese entorno que el tipo era un ricachón, ese coche parecía una nave espacial y sus prendas eran demasiados finas, Teodoro tenía muy pocos cabellos blancos como la nieve, cortados casi al ras, como púas perdidas en medio de una pronunciada calvicie, usaba unos bigotes abundantes como gruesos mostachos, su rostro arrugado me dejaba notar unos setenta años y un perfume dulzón invadía todo el habitáculo.

Cuando Luciano llegó al hospital yo ya estaba por retirarme, dolorida, si, pero con todo en orden, ellos se cruzaron, mi pareja y la persona que me había atropellado, cambiamos palabras entre los tres y el viejo no dejaba de disculparse por lo sucedido, y como para querer compensar, metió la mano en su traje, sacó su billetera y junto a su tarjeta personal nos dejó varios billetes acomodos, demasiado dinero por si necesitáramos algo.
Y fue así que empezó un cambio en mi vida, Luciano vio el negocio, yo hice los números, los chicos con los que me acostaba cogían mucho pero tenían los bolsillos vacíos, en cambio el viejo cogería muy poco y tendría todo el dinero que necesitara tener, solo era ganar y ganar

Con la complicidad de mi pareja, sacamos ventaja de ese accidente y me transformé en la joven amante del viejo y cada vez que podía, me pasaba a buscar por casa, y a veces se quedaba con Luciano hablando de motos, y en esas horas de hotel supe cosas típicas que imaginé saber.
Tenía familia, esposa, que obviamente ya estaba vieja y siempre le habían gustado las jovencitas como yo por fuera de su vida marital, el típico doble cara, doble moral, su familia perfecta para las luces de la sociedad y acostarse con putitas en las oscuras sombras de la clandestinidad.

Teodoro ponía muy buenos billetes y le daba el mejor servicio que pudiera darle, sin restricciones, la mejor puta que pudiera ser para él, porque cuanto más puta era más dinero podía sacarle. El viejo pareció obsesionarse conmigo y siempre buscaba la forma de deshacerse de su esposa, y la muy cornuda estaba ajena a todo lo que sucedía a sus espaldas.
Cuando me dijo de ese fin de semana especial, donde su esposa estaría de viaje gracias a su insistencia, donde el no la acompañaría por excusas de trabajo, donde su plan secreto era encerrarse entre cuatro paredes conmigo, adiviné que no era una buena idea.
Pero él me estaba haciendo millonaria y el plan le venía como anillo al dedo a mi pareja que estaba con ideas de cambiar su motocicleta.

Las cosas terminarían mal, el viejo abusó de sus pastillas para poder mantenerme el ritmo y no solo se le paró la pija, también se le paró el corazón.
Fue terrible, pasé unos días bajo arresto hasta que los forenses confirmaran la causa de muerte, con su rostro azulado dibujado en mi mente, con la imagen del cuerpo inerte y esa manera de pedir ayuda en forma desesperada, pero ahí recién empezarían los problemas para nosotros, cuando toda la historia salió a la luz.
Una pobre mujer, de vida respetable, en una familia ejemplar, engañada por su marido, por una putita que le sacaba la plata en complicidad con su pareja, así se vieron y se juzgaron las cosas y ya no hubo vuelta a atrás.
Nos ganamos el desprecio de todo el pueblo que sin miramientos tomó partido por la viuda, nos odiaron, nos hicieron la vida imposible, ni siquiera querían vendernos alimentos para subsistir.

Intenté volver a mis días previos a Teodoro, pero los jóvenes ya no parecían interesados en cogerme por dinero, era una mujer oscura a los ojos de todos y nadie o casi ninguno quería arriesgarse a que vincularan su nombre con el mío, Incluso Luciano perdió la mayoría de sus clientes, hasta algunos amigos que juraban dar su vida por él.
En fin, nuestros ingresos mermaron, nuestras deudas crecieron y nos sentimos aislados como enfermos contagiosos en nuestro propio pueblo.
Llegamos a un punto de no retorno y decidimos solo desaparecer y empezar de nuevo, en un sitio distante, donde nadie nos conociera.


Sorteio da BucetaNos estabelecemos numa cidade nova, onde havia um cordão industrial pulsante, com muitas empresas de diversos ramos, cheias de operários — alguns nativos, outros vindos de lugares distantes por contratos —, um lugar ideal para desenvolver minhas habilidades sexuais, como um doce num formigueiro, e voltei a trepar como nos velhos tempos, muito sexo, pouco dinheiro.
O nome 'Jeniffer' ficou popular na boca dos operários, correu de um lado para outro como rastilho de pólvora e, com os meios tecnológicos atuais, não demoraria para eu me tornar uma prostituta famosa.

Ao Luciano não importava que eu provasse cinco ou seis paus diferentes por dia, se isso justificava quase toda a renda do casal, porque ele tinha virado preguiçoso, ficava bebendo cerveja e aproveitando a transpiração da minha buceta.
Mas meu parceiro era ambicioso, e seu sonho de trocar a motocicleta tinha ficado truncado com a morte do velho Teodoro, e a fila interminável de amantes pagos que eu tinha não chegava a compensar o bolso abastado do pobre falecido.
Então ele teve uma ideia: uma rifa, pela loteria nacional, cem números bem pagos para os dez primeiros sortudos, todos juntos, em manada. Ele me consultou para saber minha opinião, e não demorei muito para dar a resposta.

Meu pensamento a respeito? Honestamente? Estar com dez homens ao mesmo tempo era mais que um desafio, tão perigoso quanto intrigante. Não seria fácil, mas era uma oportunidade única que certamente não se repetiria.
Além disso, me intrigava e me excitava saber quanto interesse haveria, quão desejável eu poderia ser e quanto pagariam por mim. Me sentia uma joia em leilão, e meu ego feminino estava em jogo.
E a recepção foi maior que o esperado: os números se esgotaram rapidamente, e Luciano se arrependeu de não ter colocado mais números, ou talvez de não tê-los vendido por um valor muito maior. Mas era verdade que ele tinha feito os cálculos com base no que faltava para trocar a motocicleta — era suficiente, talvez, para outra oportunidade, no futuro. outro jogo.

Contamos as notas com muito regozijo e meio na brincadeira, meio sério, Luciano dizia que eu lavasse bem a buceta, porque tanto atrito ia deixar ela polida.
Vivemos o sorteio vespertino em casal, com uma taça de vinho, ouvindo com atenção cada número que saía, com a lista em mãos dos cem participantes, só para ir anotando os dez sortudos, e quando chegou a meia-noite, era só questão de entregar o prêmio dividido aos vencedores.

Naquela manhã de domingo me preparei para a ocasião, isso exigia um esforço extra e contei com Luciano para decidir como eu deveria estar, projetei no olhar dele os possíveis olhares dos meus sortudos vencedores, depilei tudo, como costumava fazer, e olhei meu corpo nu na frente do grande espelho do banheiro, me vi muito magra, é que eu estava magra, mas atraente, com meus longos cabelos loiros de lado, minha bunda ainda parecia firme e em forma e meus peitos pequenos talvez pela primeira vez não me desagradaram e me senti bem comigo mesma, um vestido preto na altura da canela cobriu meu corpo, com audácia suficiente para deixar transparecer que não usava roupa íntima, onde meus mamilos duros pareciam querer rasgar o tecido. Cortei a escuridão do preto com um colar grande prateado, cujas pontas chegavam quase ao meu umbigo, coloquei salto alto, me maquiei um pouco, uns brincos pequenos e um último olhar no espelho para confirmar que o objetivo estava cumprido, me ver como uma dama refinada, porque era disso que se tratava, fazer algo diferente, algo que valesse a pena, desta vez não seria só a putinha transando com os operários sem rosto do montão.

A buzina do táxi me avisou que era hora, Luciano me beijou na boca apertando uma das minhas nádegas com discrição, me disse que eu estava linda e que tudo daria certo.
A viagem foi rápida e ao chegar no salão me senti a rainha do lugar.
A mesa já estava preparada, meu lugar era na cabeceira, cinco pratos de um lado e cinco Do outro lado, observei o ambiente, a sala era bem humilde, mas todos os detalhes estavam cuidados e parecia ter outro nível.
Cumprimentei os sortudos, foi engraçado porque adivinhei que mais de um se sentia desconfortável vestido a rigor, especialmente o gordo Alfio, que já tinha deixado o paletó de lado e arregaçado as mangas da sua camisa branca.
Todos já tinham me pegado, em maior ou menor oportunidade, conhecia de memória cada uma de suas picas, seus gostos, e até seus segredos, mas isso era um recomeço, era o prêmio de uma rifa muito cobiçada e faríamos valer a pena.

No almoço os cavalheiros se comportaram, e o fato de falarem coisas de homens me deixou um pouco fora do jogo, situação que me deu a possibilidade de reparar em detalhes que normalmente não teria notado, rostos, cabelos, gestos, costumes, palavras e depois de comer a sobremesa decidi que era suficiente.
Me levantei, dei uma volta ao redor da mesa deixando de um em um preservativos a discrição, e quando tive a atenção de todos, fez-se um profundo silêncio e apenas deixei meu vestido cair no chão, ficando completamente nua, apenas coberta pelo amplo colar.
Foi um tanto cômico, como uma matilha de cachorros atrás da puta no cio se lançaram sobre mim, fechei os olhos, para apenas sentir lábios de estranhos beijando os meus, línguas intrusas tentando chegar à minha garganta, e mãos indiscretas acariciando cada canto do meu corpo, minha barriga, meus peitos, meus braços, minhas pernas, minhas nádegas, meus cabelos, minha buceta raspada.

Minhas mãos iam de um a outro, abrindo botões de camisas, passando sorrateiramente por cima de picas duras e só foi minha vez de cair de joelhos, não conseguiam me cercar, apenas iam se revezando, passava uma pica pela minha boca, outra e outra, minhas mãos se concentravam de um lado e do outro em outras picas que iam rodando, olhava os homens nos olhos, um a um e meu rosto era batido com carne dura, estava molhada, encharcada, quente.
Me fizeram levantar, de pé, com as pernas retas, mas curvada para frente para continuar chupando e chupando, alguém me deu um tapa na bunda e esfregou o pau no meu, finalmente me penetrou e começou a me comer muito gostoso. Eles se revezavam na minha buceta e na minha boca, me faziam gritar e eu não dava conta de tudo, me agarravam pelo cabelo e me forçavam a encher minha boca, com uma, com duas

Me deitaram sobre a mesa, atravessada, minhas pernas para um lado, minha cabeça pendendo para o outro, eu via tudo de pernas para o ar, e aí começaram de novo, por um lado, por outro e um deles enfiou no meu cu sem pedir permissão, continuaram me dando, agora já pelos três lados, à escolha e, na verdade, tenho que dizer, mesmo que soe muito puta, que era um sonho perfeito para mim, perdi a noção de quantos orgasmos já tinha tido e me transformei em uma máquina sexual sedenta por paus.

Me penetraram pela frente e por trás ao mesmo tempo, como selvagens foragidos, e pareciam determinados a me dar a melhor sessão de sexo anal da minha vida, pareciam obcecados em deixar meu cu todo aberto, inclusive, enfiaram dois ao mesmo tempo por um bom tempo, até tirar meu fôlego

O relógio de parede marcava perto das sete da noite quando tudo chegou ao fim, meu corpo tinha sido coberto por porra quase sem exceção, pela frente, por trás, por cima, por baixo, meu rosto, meu cabelo. Na minha boca ainda sentia a mistura de melaço masculino percorrendo minha língua, não sabia quanto já tinha engolido, meu punho entrava quase por completo no meu esfíncter dolorido e realmente tinha a vagina toda irritada, não aguentava mais, mas fiquei com a consciência tranquila, a recompensa tinha valido a pena.

Fui ao banheirinho para um banho rápido para tirar todo o peso de cima de mim, só deixei a água fria correr por cada canto do meu corpo porque, honestamente, tudo doía pra caralho, fiz alguns bochechos com água para tirar o gosto de puta que tinha na boca e depois me sequei bem por cima, deixando minha pele molhada.
Olhei a hora de novo, o táxi devia estar chegando a qualquer momento, coloquei o vestido preto novamente, embora dessa vez eu notasse até os mamilos doloridos e o simples atrito com o tecido já fosse uma tortura.

Mesmo assim, fiz minha melhor cara, desenhei um sorriso no rosto e, com o cabelo ainda pingando, me despedi educadamente de cada um dos sortudos amantes do dia.

Não demoraria muito para que Luciano finalmente pudesse se dar ao luxo de pilotar sua nova moto, sair para dar voltas pela cidade e passear ao lado dele, sentada atrás, empinando a bunda, agarrada na sua cintura, sabendo pelo olhar de cada homem a forma como juntei o dinheiro para comprá-la.

E não há muito mais para contar nessa história, apenas a experiência de ter tido a chance de realizar algo que poucas conseguem, sou feliz ao lado do meu homem, meu louco boêmio que me permite ser satisfeita por garotos de ocasião. Às vezes, em algum fim de semana de calor, gostamos de voltar à nossa cidade, só para dar umas voltas, para lembrar um pouco das nossas origens e mostrar a toda aquela gente o quanto estamos bem na nossa nova vida.

Estamos organizando uma nova rifa, a ideia é melhorar aquele primeiro encontro, temos muitas ideias novas, e se você quer participar, é só me escrever.

Se você gostou da história, pode me escrever com o assunto A RIFA para dulces.placeres@live.com

0 comentários - Sorteio da Buceta